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Entre tu sombra y la mía.- Capítulo XXIV

July 1 2011 at 5:26 PM
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Calipso  (no login)

 


Armando llama al abogado de inmediato y habla largamente con él contándole el encuentro con el padre de Gonzalo de principio a fin.

- Estamos muy preocupados. Si ese tipo consiguiese arrebatarle el niño a Betty, aunque sólo fuese compartirlo... no quiero ni pensarlo!

- Tranquilícense. Vea, Armando, yo ahora mismo voy a consultar la ley y la jurisprudencia por si hubiese algún antecedente que un juez pudiera tener en cuenta, y tan pronto como sepa algo les llamo.

- Gracias, espero sus noticias. Hasta pronto.

- Adiós.




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Capítulo XXIV.- Ya he hablado con Santamaría.



Va inmediatamente a la oficina de Betty y se arrodilla junto al sillón en el que ella está sentada.

- Mi amor, ya he hablado con Santamaría.

- Y? Te ha dicho algo? -Pregunta ansiosa.

- Que va a estudiar el asunto y consultar sus libros, y que nos llamará lo antes posible.

- Ay, señor! Yo estoy segura de que no le concederán nada, pero y si atina con un juez benévolo y le da los fines de semana y parte de las vacaciones? Ya has oído sus planes de llevarle con Román y su panda de gandules por ahí...

- Vamos, Betty, ni pienses que eso puede llegar a pasar. Antes estabas más animada.

- Pues ahora me ha dado el bajón porque a veces los jueces dictan sentencias muy raras. Me ha dado por pensar y...

- Intenta consolarla pero ella no puede dejar de dar vueltas al asunto.

- Gonzalo está acostumbrado al orden, a la higiene, a unas normas y hábitos que Miguel no sabe siquiera que existen. Y qué decir del amor que le damos todos los que le rodeamos: mis padres, tú y yo?

Se seca con las manos las lágrimas que caen por sus mejillas.

- No llores, mi amor. Eso no va a suceder. -Le seca los ojos con un pañuelo y la abraza.- Santamaría nos va a dar buenas noticias. No lo dudes.

- Y si no?

- Pues pagamos y en paz. -Concluye Armando.





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Efectivamente, Santamaría no les hace esperar mucho, y al cabo de un par de horas llama al móvil de Armando.

- Aló, Juan Manuel, ya sabe algo?

- Sí, y le llamo a este teléfono porque es más confidencial.

- Ok! Dígame.

- Lo que he averiguado es tranquilizador, aunque no puedo jurarlo sobre la Biblia.

- Le escucho. -Dice Armando con interés.

- Vea, además de revisar por mi cuenta la legislación relativa al caso que nos ocupa, he llamado a un amigo mío que es juez para consultarle, y...

- Y...? -Armando le exhorta a seguir.

- Y me ha dicho que ningún juez en su sano juicio le otorgaría la tutela ni la custodia a un individuo sin domicilio ni trabajo y, que además, plantea dudas sobre una posible adicción a estupefacientes.

- Bueno, eso me tranquiliza a pesar de que de cuando en cuando algún juez sorprende a la sociedad con sentencias incomprensibles y desconcertantes. -Repite las palabras de Betty.

- Tiene razón, Armando. Me ha dicho que lo máximo que pueden llegar a concederle reconociéndole derecho como padre, es poder visitarle en presencia de la madre o de los abuelos, pero sin quedarse a solas con el niño ni sacarle de casa en ningún momento.

- Está bien, Santamaría. Saber esto nos ayuda mucho a calmar nuestros temores y tratar con el tipo la próxima vez que nos reunamos con él.

- Cuándo va a ser eso? Lo saben?

- Mañana por la tarde.

- Bien, pues si necesitan algo más o quieren que les acompañe, no dude en llamarme.

El abogado se ofrece gustoso porque aprecia mucho a Betty y desea ayudarla en todo lo que pueda en este asunto tan delicado.

- Muchas gracias, Juan Manuel. Ya le avisaré si es necesario. Y repito, muchas gracias.

- Por nada, Armando. Comprendo que Beatriz esté preocupada, pero ya verán como se soluciona favorablemente.




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Armando va rápido junto a su esposa.

- Betty, me ha llamado Santamaría para contarme lo que ha averiguado.

- Y qué te ha dicho? -Le pregunta angustiada.

- Que ha consultado a un amigo suyo que es juez, y le ha dicho que estemos tranquilos porque nadie atendería la reclamación de un progenitor con las circunstancias personales que tiene Miguel. Y menos aún frente a las tuyas de estabilidad familiar y laboral, además de hábitos de vida saludables.

Betty cierra los ojos y suspira.

- Ojalá sea así.

- Será. -Afirma Armando con rotundidad al tiempo que se agacha para darle un beso.- Anímate y apaga el ordenador que casi son las seis.

- Sí, vamos a buscar a Gonzalo que hoy tengo más necesidad que nunca de estrecharle en mis brazos.

- Lo comprendo, porque yo también tengo ganas de verle. Voy a recoger y vengo por ti. Esto... vas a decírselo a tus padres?

- Pues, no sé. Por una parte creo que deben saber que está por el barrio, para que estén sobre aviso, pero que ha tenido la desfachatez de venir a chantajearnos, no. Mientras haya esperanza, no voy a hacerles sufrir gratuitamente.

- Me parece bien.

Le da un nuevo beso y un cálido abrazo y va a presidencia.





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Cuando Miguel vuelve al barrio llega exhausto. Se sienta en la acera junto a Román y apoya la espalda en la pared.

- Hermano, se le ve agotado. -Comenta el amigo.

- Es que he venido andando desde esa empresa, Ecomoda, y está muy lejos. -Respira con dificultad porque le ha supuesto un gran esfuerzo.

- Pues haber venido en una buseta.

- Ya lo intenté, pero como no tenía plata, el conductor me obligó a bajarme.

- Y por qué no le plantó cara? -Pregunta Román que conoce el fuerte carácter de Miguel.

- Porque ando escaso de fuerzas, y el tipo era grandón. -Contesta desabrido e intenta recuperar el ritmo de la respiración.

- Bueno, cuénteme cómo le fueron las cosas. Consiguió hablar con Betty y su marido?

Román insiste en hacerle preguntas a pesar de que se le ve muy cansado.

- Sí, y cuando ella me vio, empequeñeció los ojos y me taladró con la mirada. Si hubiera podido me hubiera hecho desaparecer tragado por la tierra.

- Hermano, es que tiene que entender que lo que le hizo fue muy cruel, y encima no se cuidó y le encargó un hijo, de modo que se enteró todo el barrio. No esperará que le esté agradecida...

- Yo sé, pero aquello ya pasó y ahora está bien contenta con el chino.

- Bueno, y qué? Ande, dígame si le van a dar el dinero.

Román da un giro a la conversación, y Miguel toma aire con dificultad antes de volver a hablar.

- Psss... el marido estaba dispuesto, pero Betty le cortó y me dijo que tenían que hablar ellos dos antes de darme una respuesta. -Se queda pensando.- Está muy cambiada.

- Y usted. -Contesta el amigo.

- Antes era cariñosa, dulce, confiada... y ahora se mostró bien dura, casi altanera. Me habló muy seria y digna sin darme pie a contradecirla. Menos mal que yo había hablado al principio y les dejé bien claro que o me dan buena plata o reclamaré al niño.

- Y cómo va a saber si aceptan sus exigencias?

- Hemos quedado en vernos.

Calla para toser llevándose la mano al pecho con cara de dolor mientras se dobla hacia delante.

Cuando se recupera un par de minutos después, continúa.

- Mañana en la plaza a las siete de la tarde.

- Bueno, Miguel, pues descanse ahora, que se ve derrotado. -Le aconseja uno de la pandilla.

- Sí, voy a ver si mi tía me deja entrar ahora en su casa. -Se levanta con mucho trabajo por lo débil que está.

- Cómo así? No le va a dejar entrar?

- Sólo me deja ir allí a dormir. Es que dice que llevo muy mala vida...

Echa a andar apoyándose en las paredes, y el amigo le grita:

- Dígale que está mal. -Le mira con lástima y añade.- Mañana iré a ver cómo está.




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Betty y Armando llegan a casa de los abuelos Pinzón, y Gonzalo sale a recibirles con la alegría habitual.

La madre le da un abrazo más largo de lo que acostumbra, y el niño se suelta porque está ansioso por contarles lo que ha hecho hoy con el abuelo.

- Un besico, Gonzalo, y luego nos cuentas. -Le dice Armando al tiempo que se agacha.

- Gonzalico, pase con sus papás al comedor y les enseña el cuaderno. -Recomienda don Hermes.

- Has aprendido cosas nuevas? -Le pregunta Armando para dar tiempo a Betty a que se reponga, ya que se ha emocionado mucho al abrazar a su hijo recordando la entrevista con Miguel.

- Cuéntanos, mi niño. -Le dice ella tras respirar hondo un par de veces.- A ver ese cuaderno.

- Sé sumar! -Exclama Gonzalo orgulloso.

- Bien, campeón! Choca esos cinco! -Armando le felicita y ofrece su mano para que el pequeño choque con la suya.

- Me alegra mucho, hijo. Te ha enseñado el abuelo?

- Sí, y es muy fácil

- Muéstranos cómo lo haces.

El niño toma su lápiz y escribe un número y otro debajo del primero, luego pone el signo más, traza una raya y hace sus cálculos ayudándose con los dedos.

- Cuatro más tres... -Coloca sus manitas con los dedos abiertos y cuenta.- ...son uno, dos, tres... siete!

- Bravo, hijo, muy bien! -Exclama Betty contenta.- Así me gusta, que aprendas muchas cosas y que no des guerra a los abuelos.

- Y me ha dicho que también se pueden hacer sumas laaargas, con muchos números.

Gonzalo está admirado.

- Sí, mi amor, y hay otros tipos de cuentas que ya irás aprendiendo sin prisas. Tú, en el cole, escucha siempre las explicaciones y pregunta lo que no entiendas.

- Yo entiendo todo siempre porque la profe explica despacico y muy clarito. -Razona el niño.- Voy a hacer más sumas.

- Ahora no, Gonzalo. Primero vamos a casa y puedes hacer muchas sumas en la pizarrita de tu habitación hasta la hora del baño. Key?

- Key, papi, Vámonos.

Gonzalo guarda rápidamente sus cosas en la mochila, da un beso apresurado a los abuelos y se agarra a la mano de Armando.

- Ya estoy.

Los mayores ríen por la impaciencia del niño y empiezan a despedirse hasta la mañana siguiente.





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Betty y Armando pasan la noche un poco intranquilos por la cita que tienen con Miguel, sobre todo ella, que duerme a ratos y dando botes cada vez que, en sueños, ve la cara del desagradable individuo que tanto le ha hecho sufrir.

En cuanto amanece, Betty se levanta de un salto y entra al cuarto de baño para ducharse y empezar el día.

Toda la jornada transcurre insoportablemente lenta, y cuando por fin llegan a la plaza del barrio de Palermo un poco antes de las siete, observan detenidamente a las personas sentadas en los bancos buscando a Miguel, y se sienten un poco defraudados al no encontrarle.

- Todavía no ha llegado. -Comenta Armando.

- Claro. Como tiene tantas y tan importantes ocupaciones... -Contesta Betty con sorna.

Armando la mira comprensivo con lo dolida que está.

- Paseemos mientras llega.

Pasean alrededor de la plaza atentos a la llegada de Miguel, pero al iniciar la tercera vuelta, el que aparece por la calle de al lado de la iglesia y se dirige a ellos es Román.

Se para justo delante de ellos y saluda bastante nervioso, porque le impone mucho la nueva Betty y y sobre todo su marido.

- Q´hubo, Betty? -Balancea el cuerpo apoyándose alternativamente en una y otra pierna.

- Buenas tardes, Román. Qué desea?

- Vea, es que Miguel me ha pedido que venga acá.

- Le manda en su lugar? -Pregunta ella.

- Él no va a venir? -Armando incrédulo.

- No, no puede.

- Cómo que no puede? Acaso tiene que acudir a algún consejo de administración? De Microsoft, por ejemplo?

Betty está muy enfadada y ataca mordaz.

- Tranquila. -Murmura Armando acercándose a su oído.

- Es que está enfermo. Ayer tuvo que volver andando desde su empresa y llegó agotado. Está en casa de su tía, acostado, sin fuerzas para ponerse en pie.

Ellos le miran no muy convencidos, sospechando que pueda ser una estratagema para ponerles nerviosos y pedirles más dinero.

- Y qué se supone que debemos hacer ahora?

- Miguel me ha dicho que vuelve a quedar con ustedes aquí mismo y a la misma hora el lunes. Que entonces ya estará bien.

Armando ve que Betty va a hablar y, como sabe que está molesta por el cambio de planes y por lo que le parece una imposición por parte de Miguel, se adelante él.

- Está bien. El lunes estaremos aquí a las siete, pero dígale que no vamos a consentir que juegue con nosotros. Si no aparece el lunes, no volveremos.

La firmeza de Armando satisface a Betty, que apostilla:

- Dígaselo. O viene el lunes o no tendrá más ocasiones para hablar con nosotros.

- Ok! Ahora voy a decírselo. -Sonríe nervioso.- Bueno, Betty... Adiós, señor. Nos vemos.

Se vuelve apresurado y desaparece rápidamente por donde había venido.

- Pobre diablo... -Comenta Armando viéndole alejarse.

- Sí. -Compasiva.- Así podría ser mi niño si un juez se lo entrega a Miguel. Un bueno para nada.

Armando le echa el brazo por los hombros.

- Vámonos, Betty, ya no hacemos nada aquí.

- Sí, vamos a buscar a Gonzalo.


CONTINUARÁ...



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Q´hubo, chicas? El asunto se complica más y Miguel, rabioso de impotencia, puede intentar algo...

Han hecho bien en hablar con Román? Besicos.

 
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