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Original Message
  • ESPEJISMOS.- Capítulo final.
    • Calipso (no login)
      Posted Apr 5, 2004 12:01 AM


      - Hasta mañana, Betty. - Dice dedicándola una sonrisa y reclama. – Pero... quiero mis “bechos!” de buenas noches.

      Y durante unos minutos se despiden en condiciones, pero quedándose con más hambre de la que tenían antes de empezar.

      Betty se duerme pensando...

      “Tan pronto como tengas bien la pierna, voy a atreverme y... te provocaré, seré coqueta y me insinuaré con bromas y mimos... Seguro que los dos disfrutamos con el juego de seducción. Te quiero YA!”

      Y aprieta los labios planeando que una de estas noches, en cuanto le den el alta...






      Capítulo XXVII.- Tus sueños son mis sueños.



      Armando se ha recuperado por completo después de unas semanas, y ahora debe asistir a una clínica de fisioterapia para hacer varias sesiones de rehabilitación.

      Pero de todos modos rebosa vitalidad y hace mucho tiempo que no tenía mejor aspecto ni se sentía tan pletórico.

      Y eso, junto al bienestar de tenerla cerca de él, le ha hecho redoblar su deseo natural por ella...

      Camina como un león enjaulado de pared a pared de su dormitorio, y habla bajo, sólo para él.

      “Armando, a QUÉ estás esperando para invitarla a compartir habitación y volver a empezar?” - Se dice. Y en la silenciosa habitación esboza una sonrisa poniéndose en pie. - “Ahora mismo”.

      Simultáneamente, Betty en su habitación permanece acurrucada en el sillón, mientras escucha el repiqueteo de la lluvia que golpea los cristales.

      Se mantiene inmóvil viendo reflejados en el fuego todos los momentos felices que han poblado sus días y sus noches... y los días vacíos sin él, sin su calidez...

      Armando toca con los nudillos y entra sin esperar respuesta.

      Avanza y se planta ante ella. La ve tan tierna, con las piernas recogidas sobre el asiento y esos ojos tan dulces mirándole expectantes.

      - Necesitas algo, Armando?

      - Sueño contigo dormido y despierto... y estoy dispuesto a volver a empezar desde el principio o desde donde tú quieras. Betty, tú me aceptarías como compañero de viaje para toda la vida?

      Le mira desconcertada por las palabras de él. Luego responde.

      - Sí... te quiero para siempre, sin vuelta atrás.

      - Entonces, me pongo en tus manos, porque tus sueños son mis sueños. Cuando tú quieras…

      - Tomo nota. – Le contesta dulcemente.

      Betty se siente tan dichosa que llora de felicidad y siente dos gruesos lagrimones que ruedan por sus mejillas.

      Al fin! Cuando ya temía que iba a tener que acosarle... GRACIAS! Mañana es su cumpleaños y el regalo que le compré me vale, pero voy a planear algo para dar ambientillo...






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      Ya ha llegado a casa todo el grupo de amigos. Están distendidos, a gusto, y bromean repartidos por los sofás y sillones tomando unos aperitivos, cuando se oye el timbre de la puerta.

      Ellos dos se miran extrañados porque ya están presentes todos los invitados, y todavía se sorprenden más al oír a Chelo exclamar:

      - Qué alegría, mi niña!

      Armando comprende y sale veloz, muy ilusionado.

      - Camila, hermanita! – Se funden en un abrazo. – Vienes sola? Y papá y Julia?

      - No han podido venir, y bien que lo sienten, pero papá se hizo un esguince en un tobillo y lo tiene del grosor de una bota! Así que te llamarán cuando calculen que yo he llegado para no estropearte la sorpresa de mi viaje.

      Al reconocer la voz de Camila, todos salen del salón en tropel.

      - Cami! Ya estamos juntos de nuevo! – Dicen varios, y la abrazan dándole la bienvenida.

      - Cuéntanos novedades. – Pide Marcela.

      - La principal es que ya me quedo en Bogotá. Terminé de una buena vez los postgrados y tengo muchas ganas de estar en casa, con las amiguitas y los amigotes.

      Se oye el teléfono y Armando va al estudio para contestar suponiendo que es su padre.






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      Desde que llegó Camila, Daniel tiene instalada en la cara una sonrisa feliz, pero cuando la oyó que se queda en Colombia... la sonrisa se amplió y le llega de oreja a oreja. La monopoliza durante la cena, y le cuesta compartirla con los demás cuando regresan al salón.

      - Bueeeno... – Dice Armando con cara de pillo. – Yo ya os di de cenar... Será que vosotros me daréis mis regalitos?

      - No, pues! Qué cara más dura tiene el tipo! – Protesta Mario.

      Pero todos ríen y empiezan a entregarle sus detalles.

      - Menos mal! Porque hasta ahora sólo mi hijo me había hecho el suyo, y pensándolo bien, no creo que ninguno de los vuestros me haga tanta ilusión!

      - Eres un maleducado, Armandito! – Le regaña Marcela.

      - Eso es competencia desleal! – Añade Nicolás.

      - Cómo vamos a competir con tu retoño? – Apoya Daniel.

      - Y qué te regaló Rob? – Pregunta curiosa Camila.

      - Me llamó “papᔠpor primera vez. – Les informa orgulloso.

      - Qué casualidad! Justo en tu cumpleaños! – Dice Mario.

      - Nada de casualidad! – Explica Betty. – Llevo una semana enseñándole.

      Armando abre los paquetes y les agradece a todos. Luego hablan de ellos: “Los siete magníficos”, bailan y pasan una velada inolvidable.

      Camila se acerca a Betty en un momento que la ve distraída.

      - Cuándo vamos a ser cuñadas además de amigas?

      - No sé, Cami, pero voy a intentar que no tengas que esperar mucho.

      - Si hay que darle un empujón... cuenta conmigo!

      - Creo que no será necesario, pues tengo un plan. Pero si falla... te avisaré. – La promete Betty.

      Al levantar la vista se encuentra con los ojos de Armando que la contemplan tristes y la desconciertan. Qué le pasará? Le ha visto contento y disfrutando toda la noche...

      Ya es tarde y el grupo de amigos decide retirarse.

      Camila sube pronto a su habitación alegando cansancio por el Jet Lag, y Armando dice que está desvelado y que se queda un rato más en el salón.

      Pero la verdadera razón de su desgana, por la que no desea subir a su cuarto y prefiere quedarse aún, es porque se siente decepcionado.

      Betty es la única que no le ha regalado nada y... le cuesta asimilarlo.

      - Buenas noches, Armando. – Se despide y decide aprovechar que él no sube todavía para prepararse.

      - Que descanses, Betty. – Contesta desanimado.

      Rato después, tenso y desilusionado al creer que se la pasó tenerle un detalle, se levanta del sillón, apaga la luz y se encamina hacia las escaleras.







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      Frunce el ceño al llegar al primer escalón porque ve algo oscuro que contrasta con la madera clara del suelo. Enciende la lamparita más cercana y entonces la ve...

      Hay una rosa roja de largo tallo en el peldaño.

      La toma, e intrigado empieza a subir.

      Recoge otra flor varios escalones más arriba y... luego otra más...

      Mira hacia lo alto y descubre un rastro de rosas a seguir.

      Se le iluminan los ojos, sacude ligeramente la cabeza y sonríe enternecido y esperanzado.

      Sigue el camino de rosas lentamente, y va añadiendo flores al ramo hasta llegar a la puerta de su propio dormitorio. Abre y entra nervioso pero ilusionado, anticipándose.

      Inmediatamente se le van los ojos hacia ella.

      Betty está de pie ante el ventanal, y la luz de la luna llena hace transparentar su fino camisón.

      Tiene en sus manos la última rosa y le sonríe tímida, pues no está segura de cual será la reacción de Armando. Y si no...

      Él avanza hasta Betty, toma la flor que le entrega, la besa y la ofrece el ramo con todas las rosas que ha recogido.

      Ella las acepta, aspira el aroma, y luego deposita en una mesita.

      Entonces, Armando posa las manos en sus caderas y la atrae suavemente para besarla con delicadeza y más tarde con pasión.

      Después la toma de la mano y la conduce a la cama donde se recuesta, pero Betty se arrodilla a su lado sobre el colchón, sentada en los talones.

      La brillan los ojos cuando le acaricia los labios con el dedo índice al tiempo que dice:

      - He venido a traerte tu regalo de cumpleaños, pero tendrás que desenvolverlo... – Insinuante.

      Sonríe pícaro y los ojos le despiden chispitas, así que no se hace de rogar y comienza a desabrocharle los botoncitos del camisón.

      - Frío... frío...

      La oye decir y entonces empieza a palpar suavemente, buscando... hasta que en la zona lumbar, sujeta con el elástico del tanga... encuentra una cajita de terciopelo rojo.

      La mira extrañado con el pequeño joyerito en la mano.

      - Pensé que el regalo para todos mis cumpleaños eras tú...

      - Eso no depende de mí. Sólo tú puedes decidirlo. Ábrela!

      Él la obedece y encuentra un anillo de oro con el escudo de la familia Mendoza en esmaltes.

      - Betty, es precioso! Me gusta mucho!

      - Te lo he comprado como anillo de compromiso, si tú aceptas pues... estoy pidiendo tu mano. - Declara Betty al borde del ataque de ansiedad por saber su respuesta.

      Armando la mira con dulzura y lee la inscripción grabada dentro: “Por siempre tuya. Betty”, igual que firmaba las cartas, pero ahora añadiendo su nombre.

      La mira de nuevo sonriendo, pero como no habla, Betty añade en un murmullo:

      - Si tú quieres...

      - Quiero, mi amor! Claro que quiero. Hasta la eternidad! Quiero que ni la muerte nos separe un instante, y que cuando llegue el momento, ya viejitos, caminemos de la mano hasta el cielo...

      Betty se queda sin aliento al verle sentarse y empezar a desabrocharse la camisa y descalzarse sin dejar de mirarla ni de sonreírla.

      Se levanta y la tiende una mano.

      - Ven. – La lleva ante el espejo y se coloca detrás de ella. – Cuando tus ojos me miran pícaros, te seguiría al fin del mundo... Cuando tu boca me sonríe, contengo el aliento esperando tus besos... Cuando tu melena flota enmarcando tu cara y acariciándote, la envidio y siento cosquillas en mis dedos... Toda tú me lanzas guiños, me provocas y me tientas hasta la locura... todos los días, en todo momento y en todo lugar!

      Betty le escucha fascinada y empieza a sentir sus manos atrevidas que descienden por sus costados, se deslizan por el vientre y quedan apoyadas en las caderas.

      Entonces la atrae hacia su cuerpo para que ella perciba el notable efecto que causa en él.

      - Deseo hacerte el amor desde hace tanto tiempo, que ni me acuerdo... Quién dirá que no soy hombre paciente? – Susurra en su oído.

      En respuesta, Betty aparta la melena de un hombro y le invita a deshacer el lazo que une ese tirante del camisón.

      Armando tira de una cinta, y luego de las del otro hombro, contempla caer la prenda al suelo y no puede resistir la tentación de rozar con una larga caricia su cuerpo desnudo, mientras ella contiene el aliento ante las sensaciones que la despierta...

      Las manos de Armando llegan a zonas más íntimas y al ver que ella lo desea tanto como él, la dice:

      - Ayúdame a terminar de desvestirme, sí?

      - Encantada, amor.

      El corazón de Betty alza el vuelo feliz mientras aquellas manos se mueven con provocativa lentitud sobre ella, despertando en su interior una excitación creciente.

      Enreda los dedos en el pelo de Armando y él recorre su cuerpo con los labios, provocando pequeños estremecimientos que la sacuden de la cabeza a los pies.

      Se gira sobre el costado para situarse frente a él y le pasa una pierna sobre la cadera.

      - Armando, te he echado tanto de menos… - Susurra y se aproxima más porque ya necesita sentirle en su interior.

      Comprendiendo que ha llegado el momento, él se voltea dejándola debajo.

      - Esto es aún más agradable de lo que yo recordaba, mi amor. - Afirma entrando en ella consumido por el deseo.

      Betty le abraza con pasión, sus caderas siguen moviéndose lentas, cadenciosas, y de sus labios escapa un leve gemido al sentir el palpitante calor de Armando que se mueve dentro de ella.

      Poco después sienten oleadas de placer compartido que les elevan hacia un éxtasis que les consume, y se detienen disfrutando de la unión cuando sus cuerpos se llenan de mil destellos luminosos, que parecen hacerles estallar más allá del universo.






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      Vuelven a la realidad lentamente, permanecen tendidos uno al lado del otro con las manos y los cuerpos enlazados.

      - La vida es hermosa cuando estamos juntos, verdad cielo?

      - Sí, muy bella. – Le contesta frotando la nariz contra el cuello de él.

      - Te amo Betty! He añorado tanto tenerte así… - La confiesa.

      Ella se acurruca entre sus brazos satisfecha y le pregunta.

      - Entonces, aceptas casarte conmigo? Te provoca?

      - A la primera pregunta, la respuesta es SÍ, y a la segunda: Es lo que más deseo desde hace casi dos años! Ser toditico tuyo!

      Aguarda atento a una respuesta un tiempo que le parece interminable, pero se sorprende al oír lo que parece un sollozo.

      Se incorpora apoyándose en un codo y la acaricia la mejilla sintiendo la humedad.

      - Lloras? – Pregunta asombrado.

      - Sí. – Balbucea entre lágrimas.

      - Pero, por qué?

      - Porque soy MUY FELIZ.


      Armando se deja caer sobre la almohada sorprendido al máximo por la extraña afirmación.

      Llegará alguna vez a comprenderla lo suficiente para reconocer la diferencia entre llorar de gozo… o de dolor…? Lo duda, pero no importa porque está seguro de que a partir de ahora, Betty va a llorar muchas veces, pero sólo de felicidad!




      FIN





      Bueno, m´hijitas… esta historia acabó, y espero que aunque os he hecho sufrir un poco con la terca y desconfiada de Betty, ahora estéis satisfechas con el final apasionado y feliz que les he regalado.

      Gracias por haberla leído y sobre todo por los mensajes, que orientan mucho para conocer vuestra opinión y saber si hay que aclarar algún detalle que no se ha entendido o que no he explicado bien.

      Además, las que escribís sabéis que también animan mucho aunque sean críticos, pues es la forma de saber que compartes la historia con más personas enamoradas de nuestra pareja de tortolitos.

      Sólo adelantaros que estoy madurando una nueva idea, y que tan pronto como resuelva un par de problemillas de nuestros personajes, volveré a zambullirme y empezaré a colgar.

      Esto sí que crea adicción, y no el chocolate!

      Muchas gracias y muchos besos. Calipso.
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