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  • ALMA DE BOLERO. Capítulo X
    • Calipso (no login)
      Posted May 11, 2005 4:33 PM


      - Entonces tomé una buena posición y escuché. –Explica Berta.- Don Mario empezó a tirar de la lengua a don Armando... que “vaya mamasita...” que “seguro que la pasó rico...” que...

      - Vale, Berta. Ya me hago idea y...

      - Betty, espere que ahora llega lo importante: don Armando le dijo que no había sucedido nada entre Alejandra y él. Ni en Caracas ni en Bogotá. Y no porque ella no quisiera, pues estaba bien dispuesta... sino porque él está enamorado de usted... usted es la única que le mueve el piso.





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      CAPÍTULO X.- Querer como te quiero...



      Betty se queda perpleja, y mira a Berta como sí ésta la hubiera jurado dejar de comer entre horas para siempre. Mientras, todas la observan esperando su reacción.

      - Debió de oír mal.

      - Oí perfectamente, y le diré algo más: ante la extrañeza de don Mario, don Armando lo repitió. Por segunda vez le dijo que la ama a usted, y que no ha habido ninguna otra desde que comprendió eso hace meses, Betty.

      Se produce un silencio total, y al cabo de unos segundos las dice con una leve sonrisa:

      - Gracias, muchachas. Gracias, pero déjenme sola un ratico, y por favor, ya no espíen a nadie más.

      Inesita, que la ve muy desconcertada, aconseja.

      - Reflexione, Betty. Seguro que él no ha mentido a su amigo. –Mira a las otras.- Y nosotras volvamos a nuestro trabajo antes de que nos llamen la atención.

      Todas comienzan a salir mientras ella la acaricia la mejilla y las sigue.






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      Durante un rato no consigue creerse lo que le han revelado.

      “No es posible que Armando renunciase a irse a la cama con una mujer como Alejandra, que además estaba encantada de su compañía y de su contacto. Si sólo le soltó para ir al baño. Carajo!
      Pero no sé... igual dijo la verdad porque se sentía obligado a atenderla como buen anfitrión... Sentirá algo por mí? Inesita está muy segura, y ella le conoce desde niño...
      Bueno, estaré alerta y de momento mantendré ante él que nuestro acuerdo está exento de amor y deseo hasta estar segura... No quiero volver a parecer una ingenua ante sus ojos.”


      El repiqueteo del teléfono la saca de sus reflexiones.

      - Aló?

      - Betty! Llama la señorita Alejandra Zing preguntando por don Armando.

      - Pues, pásele la llamada a Sandra.

      - Ay, m´hija, qué estrés! No se lo ponga en bandeja, que al fin y al cabo él es un hombre! –Explota Aura Mª.- Yo la he dicho que no ha llegado y que la ponía al habla con la presidenta. Conteste por la línea dos. –Y corta sin darle ocasión de réplica.

      - Aura Mª! –Se la comería, pero oye a la otra y responde.- Señorita Zing?

      - Sí, doctora Pinzón. Vea, es que necesito hablar con Armando, pero no consigo comunicarme con él y la secretaria ya me ha dicho que no ha llegado...

      - Yo... no le he visto desde anoche. –Dice para no mentir.

      - Ya, y sería tan amable de decirme el número de su celular? Quizá tenga algún dígito confundido... Es que quiero invitarle a ir conmigo a Caracas para que me ayude a buscar un local y me aconseje para elegir la decoración.

      - Sí, yo le digo el número. Apunte. –Dice apretando la mandíbula.

      Se lo dicta y cuelga de golpe, pues no quiere oír más esa voz.

      “Ahora Armando, tendrás la ocasión de demostrarme...

      Quince minutos después, Armando toca en la puerta con los nudillos y entra.

      - Betty, debo ir a Caracas para asesorar a Alejandra sobre el emplazamiento y la decoración de la franquicia.

      - Te has dado cuenta de que quedan ocho días para la boda? –Pregunta con la mayor frialdad de que es capaz.

      - Sólo me llevará tres días como mucho, pero si no quieres que vaya...

      - Tú eres el que hace juramentos... si no te importa demostrar que no son sinceros... –Le mira con desilusión y cierra los ojos.

      - Betty, te prometo que Alejandra no me importa lo más mínimo y sólo voy por la empresa, pues cuanto antes se pueda abrir, mejor.

      - Por mí... haz lo que gustes, pero si el día “D” a la hora “H” no estás en el lugar exacto... te arrepentirás. Te lo juro por mi hijo!

      - Estaré, Betty. Soy el primer interesado en hacerte mi esposa, compartir la vida contigo y ver crecer a nuestro bebé. Te amo. –Llega hasta ella, se arrodilla delante y toma sus manos.- Te juro que ésta es la última vez, y sólo por la empresa.

      - Ya, ya... ni más faltaba. Yo sé que vas porque no queda otra... –Contesta con ironía, y traga saliva para contener el llanto.

      - Te llamaré, mi amor.

      Al verla tan escéptica, besa de nuevo sus manos y sale cabizbajo.

      “Ya estoy harta de tanta mentira...” Dice en la soledad del despacho mientras una gruesa lágrima resbala por cada mejilla ya sin intentar contenerlas.





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      Esa misma tarde está Betty trabajando muy concentrada y...

      - Armando! –Dice Marcela abriendo de golpe.

      La aguda y clara voz autoritaria flota en el despacho al tiempo que Betty da un salto y se queda helada de pie junto a su mesa.

      Malos vientos, presagian tormenta.

      - Bien... bien... –Habla bajo como para sí misma.- Así que por una vez la bandida está sin guardaespaldas.

      La examina de pies a cabeza con minuciosidad, el tiempo se detiene, y Betty siente como un escalofrío le recorre el cuerpo.

      - Armando no está aquí. –Acierta a decir con voz baja y temblorosa.

      - Ya veo. Como no estaba con Mario, creí... pero puedo aprovechar para hablar con usted.- Arquea una ceja.

      Betty la mira expectante y trata de disimular una oleada irracional de puro pánico.

      - Lo siento, pero tengo trabajo. –Farfulla con torpeza.

      Marcela sigue mirándola con gran interés y con los párpados entornados como un felino a su presa.

      - Sólo serán unos minutos. No pensará que usted merece que la dedique más de mi tiempo? -Avanza y se instala en uno de los sillones que hay ante la mesa.

      Betty con la mayor dignidad de que es capaz se sienta en el suyo, y durante unos interminables segundos, aguanta estoicamente ser examinada por esos ojos duros y fríos.

      - Tal parece que debo felicitarla… -Dice al fin.

      - Qué quiere decir, doctora Valencia?

      - Por su aparente y provisional adquirido dominio sobre Armando, mi prometido.

      - EX… su ex-prometido. -Contesta sintiendo como el rubor tiñe sus mejillas.

      - Pro-me-ti-do. -Repite silabeando con rabia e insolencia Marcela.- Cuando rompimos sólo fue una riña de enamorados. Una de tantas que hemos tenido, y luego siempre vuelve a mí porque le soy imprescindible. Entonces nuestras reconciliaciones son apasionadas y maravillosas…

      - Armando está harto de usted. El control que ejercía sobre él le resultaba asfixiante, y su perseguidera… exenta de dignidad.

      De pronto es consciente de su respuesta. “Estoy loca! Cómo he podido…? Ahora será peor, se pondrá histérica y quién sabe…” Piensa espantada.

      Marcela cierra más los ojos y aprieta los labios hasta que se convierten en una fina línea blanca.

      - Qué le ha dado usted a Armando? Alguna sustancia alucinógena o inhibidora de la voluntad? -Sacude la cabeza con gesto de reprobación.- Se da usted cuenta del embrollo que ha montado? Armando es un hombre muy ocupado y está haciéndole distraerse en tontadas como las franquicias, además de haberle arrebatado la presidencia! -Sube la voz.- Esto no puede continuar!

      - No veo por qué. Todos saben que mi presidencia es interina, y la estrategia de las franquicias ha sido idea de él. Y muy buena, por cierto. Ahora mismo está de viaje a Caracas.

      - Qué desinteresada y leal… -Dice sarcástica.- Seguro que además cree que está enamorado de usted, pero ha cometido tremendo error porque Armando tiene muy buen gusto, fino y selecto. Jamás se permitiría enamorarse de una igualada, una secretaria que encima es un garfio transformado! Usted misma puede comprobar que ya se le ha volado tras el aroma de Alejandra Zing.

      - La relación de él y mía no es asunto suyo. -Responde bajo manteniéndose erguida.

      - Tampoco era de su incumbencia la nuestra, y ya ve... se interpuso hasta separarnos.

      - Cuando Armando y yo empezamos, entre ustedes dos no había nada. Bueno algo sí: el hastío de él por su sentido de posesión.

      - Eso cree? -Se la acerca con ojos de loca.- Usted sólo es una más. Todos sabemos que Armando se ha enredado con muchas indeseables, pero siempre vuelve a mí, al hogar!

      - Esta vez no, doctora Valencia. Nosotros nos vamos a casar dentro de una semana. Y usted, por supuesto, no está invitada…

      Una chispa de sorpresa por lo que acaba de escuchar y por la actitud provocadora de Betty, brilla en los ojos de Marcela.

      - Qué dijo? -Pregunta con voz helada.

      - Que voy a ser la esposa de Armando Mendoza dentro de unos pocos días.

      - Insinúa que cuando le vi arrodillado ante usted en el despacho, le estaba pidiendo de verdad que se casase con él?

      Betty asiente.

      Ha ido ganando aplomo y Marcela ha empezado a desinflarse. La mira fijamente dudando de pronto. Aquí hay algo que no termina de comprender. Ve a Betty tan confiada, tan segura de los sentimientos de Armando…

      - Eso no puede ser cierto. Después de la exhibición que hizo con la venezolana… es imposible. Fijo que se fueron directos a la cama. Usted sólo fue una más.

      - Veamos cómo puedo explicárselo mejor… -El tono de Betty es paciente, como si le explicase algo a una persona no muy despierta.- No sé lo que nos durará, pero hoy por hoy, Armando y yo estamos enamorados, nos amamos y vamos a casarnos aunque la pese.

      - Armando no la ama y no se casará con usted. Lo cancelará días antes como me hizo a mí! -Grita a punto de una pataleta.

      - No lo hará. -Responde suavemente.- Pero si no cree en mi palabra… puede preguntar a Margarita, mi futura suegra. Ay, qué tonta soy… si usted ya la conoce… Oj! Oj! Oj! Llame y pregunte.

      Marcela desvía la mirada. Quiere seguir negándolo, pero la realidad se impone como una losa fría y gris.

      Se levanta y, poco a poco, casi arrastrando los pies, llega a la puerta y sale derrotada.






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      Betty tarda en serenarse, pues no ha sido agradable aunque fuese Marcela y hubiese intentado humillarla, como siempre.

      Se pone en su lugar y siente su dolor sabiendo que aumentará con el paso de los días, cuando ellos se casen y ella comprenda que le ha perdido definitivamente. Esa mujer le quiere a su manera.

      Pero también alberga cierto temor, pues con la obsesión que tiene Marcela por Armando y la última frustración… es muy capaz de querer vengarse.

      De pronto cae en cuenta que en el mismo día ha hablado con dos mujeres muy interesadas en ocupar el corazón de Armando. Ninguna de las dos es tímida y le muestran abiertamente su afecto.

      Por Marcela sé que no debo preocuparme, porque él no la soporta y la evita como a la peste, pero Alejandra… es una incógnita.
      Hasta anoche no ha conseguido nada, a pesar de insinuársele abiertamente y de no despegarse de él, pero ahora que se le lleva con ella a Caracas… Y si consigue seducirle, hacerle cambiar de idea, y Armando regresa diciendo que no se casa? O NO regresa…?
      Le amo, le necesito, deseo que vuelva… Si lo hace, juro que no voy a ser áspera, ni volveré a rechazarle… aunque tampoco me voy a arrojar a sus brazos, porque no puede saber hasta qué punto me tiene en sus manos… eso sería poco menos que un suicidio.
      Pero, si le amo irremediablemente… si él jura que me adora… por qué seguir desconfiando… alejarle de mí, y quizá hasta arrojarle en brazos de otra?
      Si aún estoy a tiempo intentaré construir con él algo que merezca la pena…la familia que hemos iniciado sin saber. Si resulta bien, nos beneficiaremos los dos y sobre todo nuestro hijo.
      No puede ser demasiado tarde… Ay, qué cruz! Yo qué sé cómo va a regresar? Porque motivos para estar harto de mi desconfianza y rechazos... tiene de sobra.






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      La llama todas las noches después de cenar cuando llega a su habitación, y entonces le explica exhaustivamente, para evitar suspicacias, todo lo que ha hecho durante la jornada, y la asegura que ya se queda en el hotel.

      - Lo he conseguido, Betty. Estoy muy feliz porque he encontrado el lugar perfecto para instalar el punto de ventas.

      - Me alegro, Armando. –Procura ser amable.

      - Tú sabes que únicamente he aceptado venir a Caracas para que Ecomoda esté emplazada en la mejor zona comercial de la ciudad, sí?

      - Sí. –Habría contestado: “Eso es lo que me aseguraste.” Pero consigue aguantar la tentación.

      - Pues eso ya se solucionó, así que mañana me ocuparé de la decoración del punto de ventas, para que sea la misma que tienen todos los establecimientos de la firma, y me regreso rapidito a Bogotá, contigo.

      - Está bien. –Dice con voz apagada.

      - Mi vida, no te alegras?

      - Claro que sí, Armando, lo que sucede es que...

      - Qué, Betty? Ocurre algo?

      - No, pero llevas mucho tiempo fuera y...

      - Y me extrañas? –Pregunta ilusionado.

      - Bueno... –La cuesta tanto...

      - Es eso?

      - Sí.

      - Eso es porque me quieres, cielo. Dímelo, por favor.

      - Te... te... te quiero. –Tartamudea indecisa.

      - Y yo a ti, mi amor. Tranquila que ya me quedo acá para dormir solito, y tan pronto como termine con el asunto de la decoración me vuelvo. Te prometo que estoy siendo muy juiciosito. Me crees?

      - Sí, Armando y ven pronto, por favor. –Al fin su voz suena tierna.



      CONTINUARÁ...





      @@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@@




      Hola, chicas.

      Las cosas se les volvieron a complicar, pero Betty ha terminado comprendiendo que tiene mucha competencia y teme que si sigue rechazándole... igual le pierda, y claro, eso... son palabras mayores.

      Yo creo que ha reaccionado a tiempo, pero todavía no les tenemos casados... así que no cantemos victoria.

      Besos y gracias por vuestras opiniones.
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