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Original Message
  • Entre tu sombra y la mía.- Capítulo final.
    • Calipso (no login)
      Posted Jul 8, 2011 1:01 PM



      - Está bien. El lunes estaremos aquí a las siete, pero dígale que no vamos a consentir que juegue con nosotros. Si no aparece el lunes, no volveremos.

      La firmeza de Armando satisface a Betty, que apostilla:

      - Dígaselo. O viene el lunes o no tendrá más ocasiones para hablar con nosotros.

      - Ok! Ahora voy a decírselo. Román sonríe nervioso.- Bueno, Betty... Adiós, señor. Nos vemos.

      Se vuelve apresurado y desaparece rápidamente por donde había venido.

      - Pobre diablo... -Comenta Armando viéndole alejarse.

      - Sí. Compasiva.- Así podría ser mi niño si un juez se lo entrega a Miguel. Un bueno para nada.

      Armando le echa el brazo por los hombros.

      - Vámonos, Betty, ya no hacemos nada aquí.

      - Sí, vamos a buscar a Gonzalo.




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      Capítulo final.- Y colorín, colorado...


      Pasan el fin de semana con la familia Mendoza y el niño les muestra a todos sus habilidades con las sumas, pero su primo Robertito que es un año mayor, le enseña otras cuentas que tienen otro signo y son de quitar.

      - Se llaman restas. -Afirma con aire de suficiencia.

      - Y por qué?

      - No sé, pero las de poner se llaman sumas y las de quitar, restas.

      - Y cómo se sabe qué toca hacer? -Interesado.

      - Se mira esto. -Señala el signo.- Si hay una cruz es suma, y si hay una rayita tumbada es resta.

      - Cómo se hacen? -Pregunta ilusionado.

      - A ver: estira tantos dedos como dice el número de arriba y luego dobla los que dice el número de abajo. Los que quedan de pie, los cuentas y eso es.

      Gonzalo extiende los cinco dedos de la mano izquierda, luego mira el número de abajo y, con la máxima concentración y la punta de la lengua asomando levemente, dobla dos.

      - TRES!!! Quedan tres!

      Lo dice entusiasmado, como si hubiese hecho un gran descubrimiento.

      - Ves? Si a cinco le quitas dos, te quedan tres.

      - Ya. -Asiente con la cabeza, encantado.

      - Pues ahora hay que escribir un tres debajo de la raya.

      Gonzalo lo hace, obediente.

      - Ya sé hacer cuentas de poner y de quitar. Mamá! Papá!

      Sale corriendo disparado hasta la terraza del porche donde sus padres, abuelos y tíos toman un aperitivo antes de la cena.

      - Qué ocurre? Qué escándalo es éste? -Pregunta don Roberto al que molestan las voces.

      - Verás, abuelo... -Está tan emocionado que tiene que organizar sus ideas.- Yo ya sabía hacer sumas, te acuerdas?

      - Sí, hijo. -El hombre sonríe al ver lo nervioso que está el niño.

      - Pues ahora Robertito me ha enseñado a hacer cuentas de quitar.

      - Restas, Gonzalo. Se llaman restas. -Le indica Betty regocijada de verle tan contento.

      - Bravo, campeón! -Armando le felicita.

      - Y lo has entendido bien? -Pregunta Camila.

      - Sí, y quiero hacer más.

      - Pues, ven y seguimos. -Le dice su primo.

      - Vale!

      - Eso está muy bien. Mejor estudiando que rompiendo los rosales de la abuela a balonazos. Ja, ja! -Bromea Armando.

      - Desde luego. Y escribid sólo en la pizarra! -Recomienda doña Margarita pero ellos no la oyen porque echaron a correr y ya han desaparecido dentro de la casa escaleras arriba.

      Los mayores continúan hablando plácidamente de los temas que interesan a la familia, como los embarazos de Camila y Betty, y la empresa.

      El caso es que ella está tan a gusto que durante unas horas se olvida de Miguel y de la cita que tienen con él el lunes. Así disfruta el día tranquila y en buena compañía.





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      Inexorablemente llega el lunes, y por fortuna tienen un plan de trabajo repleto de citas y reuniones con clientes y proveedores, de modo que no les da tiempo de acordarse de Miguel, y el tiempo pasa rápido.

      Llegan un poco antes de las siete a la plaza de la iglesia parroquial del barrio de Palermo, aparcan el coche y buscan con la mirada a Miguel, pero no le ven.

      - Igual no se digna aparecer... -Comenta Betty que empieza a ponerse nerviosa.

      - Bueno, pues en ese caso, la próxima vez que nos reclame algo, en vez de acudir nosotros mandaremos a Santamaría a hablar con él.

      - Sí, es buena idea. Hablar con un abogado supongo que le impondrá más que hacerlo con nosotros.

      Pasan unos minutos y, de pronto, ven venir hacia ellos a Román. Pero no viene como es él, despreocupado y guasón, no. Trae cara de disgusto y ojos hundidos con ojeras. Como de no haber dormido.

      Los dos esperan en silencio a que se acerque.

      - Buenas tardes. -Saludan Betty y Armando al tiempo.

      - Buenas tardes. -Contesta Román muy serio.

      - Hoy tampoco ha podido venir Miguel? -Pregunta Betty.

      - No. -Hace una pausa y vuelve a hablar tras tragar saliva.- No podrá venir nunca porque se ha muerto esta noche.

      Betty se queda paralizada por la noticia, pero Armando reacciona rápido.

      - Cómo dice?

      - Que ha muerto anoche.

      - Pero, qué le ha pasado? -Betty sigue impresionada y mira alrededor buscando algo donde sentarse.- Vamos a ese banco, por favor. Ha tenido un accidente?

      - O alguna pelea? -Sugiere Armando.

      - No. Él estaba muy enfermo. No se fijaron en su aspecto?

      - Sí, pero nada me hizo sospechar que estuviera tan grave como para... -Betty no puede terminar.

      - Román, cuéntenos qué sucedió, por favor. -Pide Armando.

      - El sábado por la mañana su tía me mandó a buscar porque Miguel estaba peor. Había pasado muy mala noche y apenas podía respirar. Yo entonces avisé a los compadres de rumba y en el viejo coche del padre de uno le llevamos al hospital. Allí le dejaron ingresado y nos dijeron que no podíamos quedarnos con él porque debía estar en aislamiento, así que todos nos volvimos al barrio.

      - Y cuándo han vuelto a saber algo?

      - Yo fui ayer por la tarde con Bryan y Tomás para ver qué tal estaba, y nos dijeron que había empeorado y que estaba agonizando. -Calla un momento porque está muy afectado.- Seguía aislado, pero pudimos verle a través de un cristal. Tenía los ojos cerrados y estaba enchufado a un montón de aparatos... -Toma aire y continúa.- Ya íbamos a venirnos cuando una máquina empezó a pitar y... a pesar de que corrieron a atenderle, no reaccionó por lo avanzado de su enfermedad y se murió como nos morimos los pobres, sin hacer ruido.

      - Qué tenía Miguel? -Pregunta Armando pidiendo confirmación a su sospecha.

      - Sida.

      - Pero, cómo así? -Exclama Betty.- Él era un muchacho presumido, fanfarrón, algo chulito, pero nunca, nunca... -Se le ahoga la voz.

      - Cuando se fue de Bogotá dio con una mala pandilla y cayó en la droga. -Se encoge de hombros con impotencia.- Empezó inhalando, pero pronto aquello le resultó flojo y pasó a pincharse. Las jeringuillas se las iban pasando unos a otros y, claro, estaba cantado que más pronto o más tarde se iba a contagiar.

      Se nota que su tristeza por la pérdida del amigo es grande y sincera.

      - Lo siento mucho, Román. -Betty intenta consolarle y le apoya la mano en el brazo.

      - Su hijo... el chino sabe...

      - No. Siempre le dije que su papá trabajaba lejos y que por eso no podía verle.

      - Pues ahora no vaya a decirle lo que le ha pasado al pobre porque es muy triste.

      - Sí, es muy triste. -Repite Betty.

      - Bueno... me voy con los compadres.

      - Cuándo es el entierro?

      - Ha sido a las cinco, Betty. Ya está enterrado. Chao!

      Mete las manos en los bolsillos e inicia la marcha con la cabeza y los hombros caídos.

      - Román. -Le llama Armando levantando un poco la voz.- Gracias por venir a avisarnos.

      - Bueno, sabía que estaban aquí esperándole y pensé que debía decirles que no le esperasen porque no iba a venir ni hoy ni nunca. Adiós.

      - Adiós, Román. -Se despide Betty bastante abatida.

      Al quedarse solos echan a andar hacia el coche, callados y cabizbajos. Tras sentarse en su asiento, Betty dice:

      - Yo no le quería cerca del niño, pero no le deseaba ningún mal.

      - Lo sé, Betty. -Le acaricia una mejilla.- Yo sólo pedía que desapareciese tal como había hecho estos años atrás. Que se fuese otra vez a vivir su vida.

      Vuelve a hacerse el silencio mientras Armando conduce hasta la casa de sus suegros. Entonces pregunta:

      - Llegaste a decirles a tus padres que había vuelto?

      - No. No encontré la ocasión.

      - Y ahora qué vas a hacer?

      - Tengo que decírselo porque ellos viven en el barrio y se van a enterar. Y mejor será que lo sepan por mí a que se enteren en la calle, en el mercado, o en cualquier tienda.

      - Y al niño le dirás algo?

      Betty reflexiona un instante.

      - Sí, pero no ahora. Cuando me pregunte por él le diré que me han llamado de donde estaba trabajando y me han dicho que ha tenido un accidente muy grave y... que está en el cielo con Jesusito.

      - Bueno, mi amor, ahora respira hondo, y entiérrale en tu mente en paz. Vamos a la casa.





      &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&





      Según entran, doña Julia con su perspicacia habitual les dice afirmando más que preguntando:

      - M´hijos, sucede algo.

      - Sí, mamá, dónde está Gonzalo?

      - Viendo otra vez esa película de los gatos que ya se sabe de memoria.

      - Perfecto! Pues que siga viéndola, y avise a papá que venga a la salita sin hablar para que él se quede allí tranquilo.

      - Lo de sin hablar va a ser difícil con lo gruñón que es, pero le haré una seña a ver si me entiende.

      Les acompaña la suerte y el niño sigue embebido en la película, de modo que pueden reunirse los mayores en la salita.

      - Qué ocurre? -Pregunta don Hermes entrando sigiloso e intrigado.

      - Ya, m´hijos, hablen que me tienen muy preocupada.

      - Vean... -Comienza Betty.- ...hace unos días Miguel volvió al barrio, se enteró por sus amigos que tenía un hijo, y como estaba como siempre, escaso de plata... pues pensó extorsionarnos y exigirnos dinero a cambio de no reclamar al niño ante la justicia apelando a su condición de padre.

      La cara de don Hermes ha ido cambiando de expresión y de color, desde la sorpresa hasta la indignación y la furia, mas antes de que explote continúa Betty.

      - Pero... afortunada y, también lamentablemente ya no hay motivo para preocuparnos ni temer nada.

      - Cómo así? No entiendo. -Dice doña Julia inquieta.

      - Si no tenemos que preocuparnos por qué dice lamentablemente? -Pregunta el padre descolocado.

      - Porque nos hemos librado de tremendo problema y eso es para celebrarlo, pero no es gozosa la razón por la que hemos recuperado la tranquilidad.

      - Explíquese, Beatriz Aurora. -Exige don Hermes con el ceño fruncido.

      - Miguel... ha muerto.

      - Ay, señor, qué le ha pasado? -Se lamenta doña Julia.

      - Cuando hablamos con él nos llamó la atención el mal aspecto que tenía, pero no pensamos que estuviera tan grave. -Interviene Armando.

      - Estaba enfermo?

      - Sí, papá, parece ser que cuando se fue de aquí hace siete años, se juntó con malas compañías y se metió en el mundo de la droga.

      - Ay, virgencita! -Doña Julia se santigua.

      - El caso es que se contagió de sida y la enfermedad le ha ido minando hasta que ha acabado con él. -Concluye Armando resumiendo.

      - Cuándo se han enterado?

      - Esta tarde. Teníamos una cita con él el viernes por la tarde en la plaza de la iglesia, pero ya no pudo venir y acudió Román a decirnos que se tenía que retrasar el encuentro hasta hoy. -Les explica Betty.

      - Y hoy... -Sigue Armando.- ...estábamos esperándole cuando de nuevo ha venido Román y nos ha contado todo.

      - Pobre diablo. -Murmura don Hermes.- Yo que le he odiado tanto y ahora...

      - Se lo va a decir al niño? -Pregunta la abuela.

      - Sí, pero esperaré a que él me pregunte por su padre.

      - Y si no lo hace? Ahora está muy unido a Armando.

      - Si no me vuelve a preguntar por él, será señal de que no le echa en falta para nada. Y entonces esa información le sobrará.

      - Ay, Bettyca... -Doña Julia se abraza a Betty.- ...lo siento por el muchacho, pero me tranquiliza pensar que ya no les va a causar disgustos reclamando sus derechos de padre.

      - Desde luego. -Reafirma don Hermes.- Porque ya ve que hasta el final estaba dispuesto a dar problemas. Se ve que no le había parecido bastante el sufrimiento que le causó entonces.

      Todos han quedado callados y pensativos, y Gonzalo rompe el silencio al llegar a la salita y verles tan serios.

      - Qué os pasa? Estáis tristes?

      - No, mi amor. -La voz del niño revive a Betty que le sonríe.- Dame un abrazo de oso.

      - Vale! -Corre hasta su madre que le estrecha con ternura y fuerza a la vez.

      - Hola, campeón! Ya terminaste de ver la película? -Pregunta Armando revolviéndole el pelo.

      - Sí. Sabes cuántas veces la he visto?

      - Mmm... -Armando hace que piensa.- Cien.

      - No! Tantas no. -Ríe divertido.- La he visto quince veces y ya sé lo que van a decir antes de que hablen.

      - Ja, ja! Y cómo sabes que han sido quince y no catorce o dieciséis?

      - Porque el abuelo me dijo que fuera poniendo rayitas en un papel y ya hay quince.

      - Muy buena idea. Si se me hubiera ocurrido hacer eso con La guerra de las galaxias cuando la vi por primera vez, ahora también podría saber cuantas veces la he visto. -Comenta Armando como para sí.

      - Pues ya no tiene remedio. -Dice Betty a su marido con una sonrisa.

      - Eso me temo. -Contesta encogiéndose de hombros, y dice bromeando.- Como don Hermes no me avisó...

      - Caballero, usted es muy grande y podía habérsele ocurrido a usted solito.

      Todos ríen descargando tensión.

      - Gonzalo, recoge tus cosas que nos vamos a casa.

      - Ya?

      - Sí, hijo, que hoy se ha hecho más tarde y casi ha anochecido.

      - Vale, qué hay de cena?

      - M´hijo, que ha merendado bien hace un rato. Ya vuelve a tener hambre?

      - Psss... -Ni afirma ni niega.

      - Este niño es un pozo sin fondo. -Dice Betty

      - Se parecerá al estómago con patas de su tío Nicolás. -Refunfuña el abuelo.

      Armando toma al niño de la mano, rodea con otro brazo la cintura de Betty, y dice:

      - Vamos, que se hace tarde y hoy hay un partido que no me quiero perder.

      - Quién juega papá? -Levanta la cabeza para mirarle.

      - Colombia contra Brasil, así que la cosa va a estar difícil y hay que animar.

      - Está bien. Hasta mañana.

      Betty besa a sus padres y sale. Gonzalo y Armando también se despiden y la siguen hasta el coche.





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      El niño sólo ha consentido en acostarse cuando Armando le ha asegurado que va a grabar el partido, de modo que podrá verlo con él al día siguiente.

      Luego, ya los dos solos y arrunchaditos en el sofá ven el encuentro que enfrenta a Colombia y Brasil, y no tienen más sobresaltos que los derivados del juego de los dos equipos.

      Todavía él la nota impresionada, y estrechándola con ternura contra sí, le dice:

      - Betty, mi amor, no temas nada por Gonzalo. Igual que los demás hijos que tengamos... -La acaricia la barriga.- ...yo te prometo que siempre será amado y estará protegido entre tu sombra y la mía.



      FIN.




      &&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&&



      M´hijitas... hasta aquí llegó la historia. Espero que hayáis disfrutado al leerla tanto como yo al escribirla. Un beso a todas.
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