"En esos momentos, su odio secreto por Big Brother cambiaba a adoración, y Big Brother parecía crecer para convertirse en un protector invencible, parado como una roca... y no obstante su desolación, su impotencia y las dudas sobre su existencia misma, le parecía un siniestro encantador, capaz de cimbrar, con la pura fuerza de su voz, la estructura misma de la civilización" (“1984”, George Orwell).