Los finalistas de Big Brother van a estar aislados durante 120 días. Ellos y el mundo exterior van a cambiar mucho en ese tiempo
Por Alberto Rudich
Echémonos 120 días para atrás y pensemos que fue la última vez que vimos el mundo exterior. Supongamos que nuestro aislamiento, del que salimos el 15 de febrero (por redondear las cifras), se inició, el 19 de octubre del 2002.
De inmediato podemos identificar las fechas clave en las que estuvimos fuera de circulación: el día de Muertos, el aniversario de la Revolución Mexicana y el día de la Virgen de Guadalupe. Por supuesto, nos hubiésemos perdido la Navidad, el Año Nuevo, el día de Reyes, además del recién pasado Día de San Valentín. A esto sumemos los cumpleaños de los seres queridos y los compromisos personales que no pudimos cumplir en este período.
Claro, nosotros no estuvimos compitiendo frente a las cámaras, no perdimos nuestra intimidad hasta en el baño, no revelamos lo mejor y lo peor de nuestros caracteres, no acumulamos culpas y temores con los que ahora debemos enfrentar al mundo exterior.
Para los próximos habitantes de la casa el aislamiento será especialmente difícil. Para empezar, el mundo podría entrar en guerra por la situación de Irak y ellos no se enterarían sino hasta el 29 de junio.
Se van a perder del inicio de la primavera y aniversario de Don Benito Juárez. Del mes y día del niño. Del día de las madres, del día del maestro y del día del padre. Quienes hayan presentado exámenes en la universidad tendrán que esperar cuatro meses para saber cómo les fue, además de no poder inscribirse al siguiente semestre.
Y de acuerdo con su comportamiento dentro de la casa, algunos saldrán y sus novias o novios los habrán cortado. Sus padres andarán por la calle con lentes y bigotes de Groucho Marx. Habrán perdido sus empleos y sus vecinos tendrán listo el complot para correrlos de sus departamentos.
Todo esto sin contar el stress del programa y el inestable estado mental en que se encuentren los habitantes, no sólo por las condiciones externas sino porque desconocen la impresión que han causado en el exterior, si la gente los ama o los odia.
Y sólo uno va a tener toda la justificación para haber hecho lo que haya hecho: el premio de los tres millones de pesos. Porque puedes ser una persona terrible, haber hecho cosas vergonzantes, pero si tienes tres millones de pesos la gente entenderá que tenías razón y que esa fue la única forma de lograrlo. Pero, ¿qué pasará con los perdedores?
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