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Capítulo 105

February 26 2004 at 12:45 AM
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Lucia  (no login)
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Capítulo 105





Rosalba está muy emocionada. Saber que su amado ha estado al pendiente de ella y de su hijita es para ella la mejor prueba de amor que él hubiera podido darle. Está segura de que él ya no va a volver a rechazarla. Lo besa una y otra vez.
Rosalba: Te amo tanto... y sé que tú me amas a mí. Me alegro mucho de que por fin hayas decidido olvidar todo para que seamos felices juntos.
Valentino: Rosalba, yo...
Rosalba: No me digas nada... no es necesario. Tráeme a mi hija... quiero darle un beso.
Valentino sonríe. Sale de la habitación y regresa enseguida con la bebita en brazos.
Rosalba llora de la emoción al cargar por primera vez a su niña.
Rosalba: Mi hija... nuestra hija...
Valentino: Nuestra no, es sólo tuya.
Rosalba: Sé que para ti también es tuya, la quieres como si lo fuera. Haz hecho tanto por ella... de no haber sido por ti mi niña hubiera terminado con Gabriel y eso no es lo que yo quería para ella. Él no hubiera sido tan buen padre como tú.
Valentino: Yo sólo hice lo que tenía que hacer. La niña necesitaba un papá, alguien que se ocupara de ella hasta que tú pudieras hacerlo.
Rosalba: Sé que has pasado todo este tiempo velando por ella y por mí y no tengo palabras para agradecértelo...
Valentino: Rosalba... ¿tú podías oírme?
Rosalba: No, pero siempre te sentí cerca de mí. Saber que cuando despertara te vería cerca era la ilusión que me mantenía con vida. Viví por ti... y por nuestra hija. Sé que ahora seremos una familia, una hermosa familia. Tú, nuestra hija y yo... tal vez hasta podríamos tener más hijos. ¿No te gustaría eso?
Ella sonríe, llena de alegría. Valentino la ve tan feliz y tan ilusionada que no se atreve a decirle que no podrá estár a su lado y ver crecer a su hija porque debe cumplir su promesa y alejarse de ella para siempre.

Julia se prepara para su primer día de trabajo. Aunque todavía le duele mucho el engaño de Paul, ha decidido superarlo y salir adelante por su hijo. Al llegar a la empresa, se encuentra con Rosalía, quien se molesta mucho al verla.
Rosalía: ¿Y tú que haces aquí? Creo haberte dicho que no voy a darte trabajo aquí... Vamos, ¿qué esperas para largarte?
Julia intenta explicarle que Gabriel la contrató pero la mujer ni siquiera le permite hablar. Trata de correrla a empujones pero Julia no se deja.
Rosalía: ¿Por qué no te vas? ¡Mira que voy a llamar a seguridad!
La malvada mujer comienza a gritar. Gabriel es uno de los que escuchan sus gritos, y va inmediatamente a ver que ocurre. Dos hombres de seguridad tratan de llevarse a Julia, pero Gabriel se los impide.
Gabriel: ¿Pero se puede saber que significa este escándalo? ¿Por qué esos tipos se querían llevar a Julia?
Rosalía: ¡Le dije a esta que no quería verla por aquí pero se empeña en regresar! No sé que es lo que quiere.
Julia: ¡Yo traté de explicarle pero usted no me dejó!
Rosalía: Es que a mí no me interesan tus explicaciones. -a Gabriel- ¿Y tú qué pretendes defendiendo a esta?
Gabriel: Julia es mi nueva secretaria y no voy a permitir que la trates mal.
Rosalía mira a Gabriel furiosa. Él sabe que va a tener que soportar un escándalo y le pide a Julia que lo espere en su oficina.
Rosalía: ¡¡Quiero que la corras ya mismo!!
Gabriel: Pues que pena, eso no se va a poder.
Rosalía: ¡Yo soy la presidenta y aquí mando yo!
Gabriel: Pero tú no puedes impedir que yo elija a mi secretaria.
Rosalía: ¡Tienes que correrla, Gabriel, te lo exijo! ¡No la quiero en mi empresa y menos trabajando contigo!
Gabriel: Ah, ya comprendo... Estás celosa ¿verdad?
Rosalía: No digas tonterías.
Gabriel: Sí, estás celosa... Porque ella aún es joven y bonita, capaz de atraer a cualquier hombre... no como tú que te has convertido en una vieja amargada y ya ni quien te pele...
Él se va. Rosalía se queda furiosa. Lo ve irse con odio, pero a la vez con amor, ya que a pesar de sus humillaciones ella lo sigue amando tanto como en los tiempos de su juventud.

Daniela continúa intentando convencer a su esposo de someterse a la inseminación artificial. A él la idea no le entusiasma para nada.
Daniela: Ándale, Aitor, acepta... ¿Qué te cuesta permitir que te saquen un poco de esperma? No te vas a morir por eso...
Aitor: ¿No puedes esperar a quedar embarazada normalmente como hacen todas las mujeres? ¿Por qué la prisa?
Daniela: Porque quiero tener un hijo tuyo lo antes posible...
Aitor: Es que no comprendo porque piensas que te tienes que embarazar ahorita mismo... si tenemos toda la vida por delante...
Daniela: ¿Nunca has oído que no hay que dejar las cosas para después? Uno nunca sabe cuanto tiempo tiene para hacer lo que desea... Por eso quiero embarazarme ya.
Aitor: Hablas como si nos fuéramos a morir...
Daniela, en voz muy baja: A morirnos no, pero sé que pronto me vas a dejar y yo tengo que evitarlo a como de lugar.
Aitor: ¿Qué dices? No te escuché.
Daniela: Nada... sólo pensaba en lo bonito que sería tener en mis brazos un hijo tuyo. Es mi gran ilusión, no es justo que me la niegues
Aitor: No te la estoy negando, sabes que yo también quiero tener un hijo contigo.
Daniela: ¡Pues no lo parece! Lo que yo creo es que tú no quieres que tengamos un hijo porque eso sería algo que te ataría a mí para siempre... Seguro que ya tienes otra para que me reemplace ¿verdad que es eso? ¿Ya no me quieres? ¡¡Dímelo!!
Aitor: Creí que ya habías olvidado esas babosadas... ¡Créeme que un hombre que no te quisiera ya se hubiera hartado de ti, de tus inseguridades, de tus complejos y de tus obsesiones!
Daniela: Si me quieres haz lo que te pido... ayúdame a tener ese hijo que me haría tan feliz.
Ella lo mira suplicante. Él sabe que no podrá negarse por mucho tiempo.
Daniela: ¿Y qué me dices? ¿Harás eso por mí o vas a negarme la dicha de ser la madre de tu hijo?
Aitor: Está bien, tú ganas.
Daniela se lanza a sus brazos y lo besa.
Daniela: Mi amor, me haces tan feliz.
Aitor: Pero a cambio tú también tendrás que hacer algo por mí.
Daniela: Sí, mi vida, lo que tú quieras.
Aitor: Yo permitiré que me saquen el...
Daniela: El esperma.
Aitor: Sí, eso... y una vez que te hayan inseminado, nos regresamos a México. Recuerda que no puedes negarte, dijiste que harías lo que yo quisiera.
Para sorpresa de Aitor, Daniela no se niega:
--Claro que sí, mi amor, una vez que yo esté embarazada, nos volvemos a México.
Ella abraza a su marido. No teme regresar ya que piensa que cuando lo hagan ella ya estará embarazada y nada ni nadie podrá separarla de Aitor.

Gabriel entra en su oficina, donde lo está esperando Julia. La devora con la mirada.
Gabriel: Me alegro mucho de que vayamos a trabajar juntos. Estoy seguro de que vamos a llevarnos muy bien...
Julia: Eso espero.
Gabriel: Si eres complaciente conmigo no tendrás ningún problema aquí.
Julia: ¿Qué me está queriendo decir?
Gabriel: No te hagas la inocente, que me estás entendiendo muy bien... Para conservar tu empleo, además de cumplir con tus obligaciones como secretaria, también vas a tener que hacerme algunos favorcitos particulares.
Julia: ¿Me está pidiendo que sea su amante? ¿Pero qué se ha creído que soy?
Gabriel: Una cualquiera, eso es lo que eres... Recuerdo que cuando trabajabas aquí te acostabas con Ricardo y hasta con mi hijastro Aitor. Si lo hiciste con ellos, no sé porque te negarías a hacerlo conmigo.
Julia: Yo no estoy dispuesta a...
Gabriel: Piensa bien en lo que vas a decir... Si no aceptas, pierdes tu trabajo. Y según tengo entendido, tienes un hijo que mantener... ¿Qué sería de ti si yo te corriera?
Julia sabe que él tiene razón y no le queda de otra que aceptar, aunque le da asco pensar que tendrá que estar con él.

Valentino regresa a la recámara de Rosalba luego de acostar a la bebita.
Valentino: Bueno, la pequeña Rosalba ya se durmió y yo creo que tú deberías hacer lo mismo. Es tarde y tienes que descansar.
Rosalba: ¿No vas a darme el beso de las buenas noches?
Valentino: Claro que sí.
Él le da un beso, un último beso, ya que piensa aprovechar la noche para irse sin que Rosalba se de cuenta. Rosalba responde a su beso con mucha pasión y lo hace caer en la cama, sobre ella. Él no ha estado con una mujer desde la noche anterior al nacimiento de la pequeña Rosalba y no puede resistirse a la pasión de Rosalba. No pone ninguna resistencia y los dos acaban haciendo el amor con mucha pasión.

 
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