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Capítulo 106

February 27 2004 at 12:13 AM
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Lucia  (no login)
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Capítulo 106





Valentino se viste mientras observa a Rosalba, que duerme tranquila.
Valentino: Perdóname, mi amor, pero una promesa es una promesa. Aunque esto me va a doler tanto como a ti, tengo que dejarte.
La besa en la frente para no despertarla y se va a terminar de arreglar sus cosas para partir inmediatamente.
Luego va a ver a la pequeña Rosalba por última vez. Sufre muchísimo por tener que separarse de ella, pero sabe que tiene que hacerlo.
Cuando ya tiene todo listo y está a punto de irse, ve a Rosalba que lo mira con los ojos llenos de lágrimas.
Rosalba: ¿Nos abandonas?
Valentino: Rosalba, mi amor, no te estoy abandonando, yo...
Rosalba: ¡No me mientas! Te llevas tus cosas... Nos vas a dejar.
Valentino: Es que tengo que irme, déjame explicarte.
Rosalba: ¿Qué vas a decirme? ¿Que estuviste conmigo todo este tiempo por lástima pero que ahora que ya estoy bien te vas sin decirme nada y sin importarte lo que yo voy a sufrir por esto?
Valentino: ¡Yo también estoy sufriendo, pero tengo que hacerlo! Prometí que si te salvabas me iba a alejar de ti para siempre... ¿No te das cuenta de que lo que te pasó fue un castigo de Dios por lo que hicimos?
Rosalba: Tú no puedes dejarme... ¿qué vamos a hacer mi niña y yo sin ti? ¿Pretendes que regrese con tu padre o que vuelva a las calles a...
Valentino: ¡No! Ninguna de las dos cosas. Aunque yo no esté contigo, siempre te voy a apoyar. El departamento está a nombre de la niña así que nadie te podrá sacar de aquí. Y mensualmente voy a pasarte una pensión para que lo único que tengas que hacer sea dedicarte a tu hija.
Rosalba: ¡Yo no quiero tu dinero, te quiero a ti!
Valentino: Eso no puede ser...
Rosalba: No te vayas, por favor, Rosalbita y yo te necesitamos... ¿qué voy a decirle a mi niña cuando comience a preguntar por su papá?
Valentino: Dile que la quiero mucho, que tú y ella son lo que más quiero en la vida.
Rosalba: Si eso fuera cierto no me dejarías...
Valentino: Tengo que irme, Rosalba, trata de comprenderme.
Rosalba lo abraza con fuerza y no le permite separarse de ella.
Valentino: No hagas esto más difícil de lo que ya es.
Rosalba: ¿Qué puedo hacer para que cambies de opinión y te quedes conmigo?
Valentino: Nada. Esto lo he decidido hace mucho tiempo.
Rosalba: ¿Entonces haga lo que haga te vas a ir?
Valentino: Sí.
Ella lo suelta.
Valentino: Adiós, mi amor. Hasta siempre.
Rosalba: No digas eso... sé que nos volveremos a ver.
Valentino: No lo creo. Espero que tú y mi niña sean felices.
Él la besa a modo de despedida y luego se va. Rosalba se derrumba y llora con desesperación.

Daniela está muy feliz. Ha llegado el día en que van a inseminarla y ella se siente feliz porque está segura de que ahora sí cumplirá su sueño de ser madre.
Daniela: ¿Aitor, ya estás listo?
Aitor: Todavía no...
Daniela: Apúrate, vamos a llegar tarde a nuestra cita con el doctor.
Aitor: Aún es temprano. Daniela ¿estás segura de que quieres hacer esto?
Daniela: Sí, tener un hijo es lo que más deseo.
Aitor: Pero no es necesario que hagamos esto...
Daniela: Claro que sí, llevamos mucho tiempo buscando tener un bebé y no lo hemos logrado... con ayuda de la ciencia podremos tenerlo.
Aitor: Me choca tener que ir a esa clínica. Allí siento que todos me miran como si fuera poco menos que impotente.
Daniela: Ya comprendo, tienes herido tu orgullo de macho. Te duele que se enteren de que no pudiste embarazarme.
Aitor: ¡No fue culpa mía! Si tú te hubieras olvidado de tu obsesión por tener un hijo seguro que ya estarías embarazada.
Daniela: Claro, la culpa es mía ¿verdad? ¿Pero sabes qué? Si no quieres acompañarme voy yo sola... A ti ya te sacaron el esperma así que no te necesito para nada.
Aitor: ¿Eso soy para ti? ¿Un semental?
Daniela: ¡Pues no!
Aitor: ¡Entonces deja de tratarme como si lo único que te importara de mí es que te de el hijo que quieres!
Daniela: Perdóname, mi amor, es que estoy un poco alterada por todo esto... pero ya verás que ahora que me embarace todo va a cambiar... Te lo prometo.

En el hospital donde están internadas Luciana y su pequeña hija, un médico y una enfermera hablan sobre su estado, que es cada vez más delicado.
Enfermera: Me da tanta pena esa niña, tan jovencita y tan grave... ¿Cree usted que se salve?
Doctor: Estamos haciendo todo lo posible pero ya lleva varios días internada y no da signos de mejorar.
Enfermera: ¿Y la bebita?
Doctor: Está en la incubadora. Afortunadamente ya está mejor. De ella sí podemos estar seguros de que se va a salvar, pero de su madre... no tenemos demasiadas esperanzas. Por cierto ¿aún no ha reaccionado?
Enfermera: Sí, doctor. Por momentos despierta, pero se queja tanto por el dolor que es necesario mantenerla sedada casi todo el día.
Doctor: Pero al menos pudo hablar con ella... ¿Le preguntó sus datos personales, su nombre, el teléfono de algún familiar?
Enfermera: Se llama Luciana Álvarez y dice que no tiene familia.
Doctor: Eso es imposible, recuerdo el día que ingresó al hospital, venía muy bien vestida, tenía todo el tipo de una niña de buena familia.
Enfermera: Pues yo le insistí varias veces, pero ella dijo que estaba sola y no quiso decirme nada más, sólo preguntaba por su bebé y yo, aunque no sabía nada, le dije para tranquilizarla que estaba bien y que pronto podría verla.
Doctor: Es muy extraño... Seguro que tuvo alguna pelea con sus padres y se fue de su casa... Pero seguro que su familia la tiene que estar buscando. Ojalá y la encuentren pronto porque no sé si vivirá mucho tiempo más...
Los dos suspiran con pena.

Rafael, aunque no lo quiere reconocer, está muy preocupado por Luciana. Desde que la corrió de su casa tiene un mal presentimiento pero estaba tan enojado que ni siquiera intentó buscarla. Ahora se siente mal por ella y, aunque todavía no le perdona que haya tenido que ver con su padre, le gustaría saber que fue de ella. Piensa que al único lugar que pudo ir es a vivir con Rosalía y Malvina a la casa de su hermana así que llama por teléfono para asegurarse de que su esposa está bien. Lo atiende Marciana.
Rafael: Habla Rafael ¿Podrías decirme si Luciana está allí?
Marciana: ¿Luciana la hermana de la señora Daniela?
Rafael: Sí, ella. Dime si está en la casa y si se encuentra bien... pero ni se te ocurra decirle a ella que yo llamé.
Marciana: Pero si la señora Luciana se fue el mismo día que su hermana... ¿qué no se fue a vivir con usted?
Rafael: Pues sí, pero... ¿Seguro que no volvió hace poco?
Marciana: Ay, ¿cómo no voy a saberlo si yo vivo aquí? Hace meses que no la veo.
Rafael se siente desconcertado, se pregunta a dónde pudo ir. Cada vez se siente más preocupado por ella y por su hijo, ya que ahora sabe que es su hermano, aunque su padre diga que él no está seguro de eso. Finalmente decide buscarla, aunque se dice que no lo hace por ella sino por el bebé que lleva su sangre.

Daniela y Aitor acaban de salir de la sala donde a ella la inseminaron. Luego pasan al consultorio del médico. Ella está ansiosa por que le digan que todo salió bien.
Daniela: ¿Funcionó, doctor? ¿Ya estoy embarazada?
Doctor: Es muy pronto para saberlo. Por lo pronto le hemos implantado el embrión, dentro de unos días sabremos si se logró el embarazo.
Daniela: ¿Cómo cuántos días?
Doctor: Un par de semanas.
Daniela: ¿Pero usted cree que habrá funcionado?
Doctor: Esperemos que sí, sino será cuestión de volverlo a intentar.
Daniela: No quiero volver a intentarlo, quiero estar embarazada ahora.
Aitor: No te angusties, mi amor, seguro que la inseminación funcionó y ya mismo estás esperando un hijo de los dos...
Daniela abraza a su esposo, desea creer que es cierto que por fin va a tener el hijo que tanto desea.

 
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