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Capítulo 110

March 4 2004 at 12:06 AM
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Lucia  (no login)
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Capítulo 110



Daniela se da cuenta de que Aitor está esperando una respuesta y lo mira muy nerviosa. No se le ocurre que inventar.
Aitor: ¿Qué verdad me estás ocultando, Daniela?
Daniela: ¿Verdad? ¿Cuál verdad?
Aitor: ¡No te hagas la tonta! Te escuché decir que ya no temías que se descubriera la verdad porque yo no puedo dejarte.
Daniela: Escuchaste mal...
Aitor: ¡Yo no soy ningún idiota! ¡Te oí perfectamente!
Daniela: ¡Estás equivocado, yo no dije nada de eso!
Aitor: ¿Me quieres volver loco o qué te pasa?
Daniela: ¡Ya estás loco, escuchas cosas que nadie dijo!
Aitor: Mira, Daniela, dime la verdad o...
Daniela, desafiante: ¿O qué? ¿Qué piensas hacer? ¿Me vas a dejar? De todas formas vas a hacerlo... Te vas a ir y no te importa para nada que yo me quedo aquí sola con nuestro hijo y otro en camino. ¡Pues vete, a mí ya no me importa!
Aitor se queda parado sin decir nada. Sólo la mira con tristeza.
Daniela: ¿Qué estás esperando? ¡Vete ahora mismo!
Aitor: ¿Sabes qué? ¡No me voy a ninguna parte!
Daniela cambia su expresión de dureza por otra de alegría y lo abraza:
--¡Mi amor, sabía que no me ibas a dejar!
Aitor: ¡No me voy porque en unas semanas nos iremos tú, yo y el niño!
Daniela: ¡Estás loco! Yo no pienso irme a ningún lado.
Aitor: Claro que sí. Me prometiste que lo harías. ¿Te acuerdas?
Daniela: No, no me acuerdo.
Aitor: ¡Pues yo lo recuerdo muy bien! Lo prometiste a cambio de que yo te apoyara con esa tontería de la inseminación artificial. No te queda de otra que cumplir con tu promesa. Nos quedaremos aquí esperando a que se confirme o no tu embarazo y luego nos regresamos a México te guste o no.
Daniela no insiste, sabe que no podrá convencer a Aitor de quedarse.

Julia está en su oficina de la empresa. Está revisando unos papeles y ve en ellos algo extraño. Llama a Gabriel para preguntarle. Él, como siempre, la mira lleno de deseo.
Gabriel: ¿Qué pasa, mamacita? ¿Estás aburrida y quieres que te haga el favor?
Julia lo mira con asco.
Gabriel: No pongas esa cara... bien que te gusta acostarte conmigo...
Julia recuerda todas las veces que tuvo que estar con él para no perder su puesto. El hombre le da mucho asco pero tiene que hacer lo que él le pide porque necesita trabajar para mantener a su pequeño hijo que es lo único que la hace feliz.
Julia: Tengo algo que decirle, es sobre estos papeles... hay algo que se me hace muy extraño, los números no cierran como deberían...
Gabriel: Luego los vemos, ahora vamos a lo nuestro.
Él se asegura de que la puerta esté bien cerrada y luego se acerca a la joven, que lo mira con desprecio, y comienza a desnudarla. Ella, resignada, se deja hacer.

Valentino se acerca a la recámara donde está Rosalba. Golpea la puerta y ella cree que es Gabriel así que no le hable.
Rosalba: ¡¡¡Te he dicho que no te voy a abrir!!! ¡Lárgate!
Valentino: Soy yo...
Rosalba se estremece al oír la voz de su amado. Le abre y se lanza a sus brazos.
Rosalba: Me viniste a buscar, mi amor... Yo sabía que no ibas a dejarnos solas con el monstruo de tu padre...
Valentino: Claro que no... no te vine a buscar. Ya te dije que tú y yo teníamos que separarnos, que lo nuestro no puede ser.
Rosalba, desilusionada: ¿Entonces no viniste por mí?
Valentino: No, vine porque imaginé que este sería el último lugar donde te encontraría. ¿Me quieres decir que estás haciendo aquí? ¿Qué tenías que venir a buscar a la casa de mi padre? ¡Yo iba a darte todo lo necesario para que fueras feliz con tu hija!
Rosalba: ¡Pero yo no quiero tu dinero, te quiero a ti! Te necesito, Valentino...
Valentino: ¡No, tú no me necesitas! ¡Tú lo que necesitas es un hombre que te caliente la cama y te da igual que sea yo, mi padre o cualquier otro!
Rosalba: ¡No me ofendas!
Valentino: ¡Es la verdad! ¿Si no para qué regresaste a su casa luego de todo lo que te hizo? ¡Tiene que ser solamente porque lo deseas!
Rosalba: Tú sabes que no es así...
Valentino: Dime una cosa ¿ya pensaste que vas a hacer cuando mi padre quiera darle su apellido a la niña y se entere de que ya lo hice yo?
Rosalba: A Gabriel no le importa la niña. No la quiere por el solo hecho de ser mujer. Tienes que escucharme, Valentino, déjame que te explique por qué vine a esta casa...
Valentino: ¡Para revolcarte con mi padre, ya lo sé!
Rosalba: Si ni siquiera duermo en su recámara, me la paso aquí encerrada para que él no pueda ni tocarme. Yo sólo te quiero a ti.
Valentino: Las mujeres como tú no quieren a nadie. Veo que nunca has cambiado, sigues siendo la misma de siempre... Me da mucha pena por Rosalbita, será muy duro para la pobre niña crecer con una madre prostituta.
La alusión al pasado de Rosalba les ha dolido a los dos. Ella lo bofetea con furia y luego se pone a llorar. Valentino sabe que se pasó con lo que le dijo y desea pedirle perdón de rodillas, pero no lo hace y se va

Una vez que Gabriel se ha satisfecho, se vuelve a vestir para irse. Julia trata de detenerlo.
Julia: Espere, acuérdese de que tengo que mostrarle los papeles...
Gabriel: ¿Cuáles papeles?
Julia: Estos que tengo aquí. ¿No le parece que hay algo extraño en los números?
Gabriel: Eso deberías saberlo tú, para eso se te paga ¿no?
Julia: Sí, yo creo que algo anda mal aquí. Los números no coinciden y deberían hacerlo.
Gabriel: Eso es seguramente porque tú hiciste algo mal. Es que eres tan inútil... si no fueras tan buena para otras cosas ya te hubiera corrido.
Julia: Yo diría que habría que mandar a hacer una auditoría.
Gabriel: No seas ridícula. ¿Una auditoría para qué? ¿Por un par de números que seguramente son sólo errores tuyos?
Julia: Pero...
Gabriel: Pero nada.... ya no me molestes para esas tonterías.
Gabriel se va, sin ni siquiera mirar los papeles. Ni se imagina que si le hiciera caso a su secretaria podría desenmascarar a Rosalía en el fraude que está realizando. En cambio, Julia se siente muy preocupada.
Julia: Estoy segura de que aquí hay algo chueco... ¿Pero qué puedo hacer? Con el imbécil de Gabriel no se puede contar para nada... y con doña Rosalía menos... Ojalá estuvieran aquí Aitor o Daniela... ojalá pudiera aunque sea comunicarme con ellos de alguna forma...

Rosalba se siente morir del dolor por lo que le dijo Valentino. No deja de llorar.
Rosalba: Fui una tonta al pensar que él podía llegar a quererme... Valentino nunca va a poder olvidar mi pasado, eso es algo que haga lo que haga no podré borrar nunca. Ahora me doy cuenta de todo, no me dejó porque le duele traicionar a mi padre, lo hizo porque nunca podría tomar en serio a una mujer como yo...
El recuerdo de su pasado la hace sufrir mucho. Lo único que la tranquiliza es ver a su pequeña que duerme tranquilamente en su cunita.

Rafael mira a la hijita de Luciana que está en la incubadora. Gracias a la transfusión ha quedado fuera de peligro. Ahora la que le preocupa es Luciana. Los médicos le han dicho que no está nada bien y él desea verla, aunque por otra parte todavía está muy enojado con ella. Finalmente sus buenos sentimientos pueden más que el rencor y se dirige a la habitación de Luciana. Ella se emociona al verlo.
Luciana: Rafael, viniste... ¿Eso quiere decir que fuiste tú el que le salvó la vida a mi niña?
Rafael: No fue nada, sólo le di un poco de mi sangre... lo hubiera hecho por cualquiera que lo necesitara... más por esa niña que es mi hermanita.
Luciana: Yo hubiera deseado que fuera tu hija.
Rafael suspira, él también lo hubiera deseado.
Rafael: ¿Y tú cómo te sientes?
Luciana: Mejor... ahora que sé que mi hija ya no corre peligro y que tú estás conmigo, ya me siento mucho mejor.
Rafael: Yo ya tengo que irme.
Luciana: No, no te vayas... te necesito a mi lado, no me dejes...
Ella lo mira suplicante y él no puede decirle que no. Todavía sigue sintiendo algo muy especial por ella aunque no sabe si algún día podrá perdonarle que haya tenido una hija con su padre.

 
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