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RITA MACEDO: Señora de señoras

by Luis Roberto

 
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RITA MACEDO: Señora de señoras

Por Álvaro Cueva

Rita Macedo fue una de las grandes privilegiadas de la pantalla chica, pero también una de las grandes solitarias de este negocio, un rostro inolvidable que antes que nada, supo moverse en bueno círculos y garantizar así una espléndida trayectoria que siempre se caracterizó por el prestigio y la buena imagen.
A diferencia de otras estrellas, a doña Rita nunca la acompañaron el escándalo ni la frivolidad, ni siquiera al momento de su muerte. Discreción de principio a fin.
Recordarla equivale a reconocer que a su alrededor había una especie de escudo que nadie podía penetrar, que la protegía de la opinión pública y que la colocaba como una de las figuras más especiales de la industria de la televisión mexicana.
Por lo mismo, no tuvo los personajes protagónicos de una Amparo Rivelles o la promoción de una Carmen Montejo, pero sí tuvo la oportunidad de construir una de las carreras televisivas más serenas, inteligentes, importantes, contrastantes y despreocupadas de la nación.
Da la impresión de que en una época, se peleaban por ella y de que en otra, sólo la contrataban para papeles de un mismo corte. ¿Porque ella lo pedía? ¿Porque los productores tenían miedo de alterar su imagen? ¿De propasarse con ella?
Aún así, Rita, mujer del espectáculo, señora de señoras, navegó del experimento a la seriedad, de los papeles desgarradores a los simbólicos, de las actuaciones especiales a los papeles de carácter.
Incluso se dio el lujo de ir de una televisora a otra sin padecer algún tipo de consecuencia y mucho antes de que se pusieran de moda las guerras entre corporaciones televisivas, cuando el peor de los riesgos estaba en la censura gubernamental.
Probablemente usted no lo sepa, pero la señora Macedo no sólo trabajó de actriz para la televisión mexicana, también se involucró en varias áreas de la producción de telenovelas y programas, escribió y realizó labores de edición literaria, estaba atrás y adelante de la pantalla.
Seguramente usted la recuerda en alguna telenovela, en algún programa unitario o se acuerda de haberla visto en ciertos teleteatros de los años sesenta y setenta, pero hizo de todo. Tenía el talento y los vínculos familiares como para conseguirlo.
Y es que Rita Macedo siempre tuvo a alguien apoyándola. Lo mismo a su madre, que llegó a escribir telenovelas, que a su esposo Luis de Llano Palmer, que a sus hijos Julissa y Luis de Llano Macedo, quien, por cierto, decidió circular la inicial de su apellido Macedo en los créditos de sus producciones, tras la muerte de doña Rita.
Pero no vaya usted a pensar que la señora Macedo hacía televisión gracias a su familia. Ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre. Ella se movía de una oficina a otra, pero no le hacían mucho caso porque la relacionaban con sus parientes y porque la mayoría de los productores temía algún tipo de represalia si la contrataban en algo inadecuado. Desgraciadamente, su familia tampoco la ayudaban mucho que digamos.
A Rita Macedo se le recuerda como una figura solitaria que deambulaba por las instalaciones de Televisa San Angel, especialmente en los últimos años de su vida. Las nuevas generaciones todavía la recuerdan por su participación en La edad de oro o por telenovelas como Alcanzar una estrella. ¿Pero qué hubo antes?
Antes que nada, una larga lista de teleteatros de finales de los años cincuenta, principios de los sesenta. Su transición del cine a la televisión fue gloriosa. Rita Macedo estaba en la mejor edad para conseguirlo.
Y mientras esto se daba, en 1960, Raúl Astor la invitó a protagonizar la telenovela Donde empieza la tristeza con Antonio de Hud para competir contra los éxitos del Canal 4. Rita Macedo fue una de las pocas pioneras de los melodramas nacionales en arrancar su carrera bajo la administración de Emilio Azcárraga Vidaurreta. En aquel entonces era más común iniciar con la familia OFarrill.
Lo bonito de esta telenovela era su historia. Donde empieza la tristeza contaba las amargas experiencias de una mujer que pensaba que casándose iba a encontrar la felicidad. ¡Pobre! Le fue peor. Se casó y lo único que encontró fueron desgracias.
En 1962, Marissa Garrido le escribió un personaje especial en Prisionera donde a pesar de que el objetivo era que Maricruz Oliivier se luciera, Rita Macedo fascinó a propios y extraños. Y es que, invariablemente, en aquellos años, actuar en una producción de Ernesto Alonso era mil veces preferible a hacerlo con Raúl Astor. La proyección era otra, mejor.
El equipo de Prisionera fue un éxito y casi todos ellos volvieron a trabajar juntos en Traicionera de 1963. Maricruz era la mala, la señora Macedo era la buena. Era una buena época para todos. Los repartos trabajaban sin tantas presiones, había un espíritu de solidaridad bastante marcado y la dinámica de trabajo favorecía el compañerismo y la creatividad.
Las telenovelas ya no eran en vivo, pero se grababan en orden cronológico y se alguien se equivocaba, había que repetir no sólo la escena sino todo el capítulo. La producción se había sobre una cinta continua de video, no sobre cassettes independientes con opción a armarse posteriormente.
Después vino un asunto candente: Las modelos. Hablar de estas mujeres, a finales de 1963, era como hablar de prostitutas. La tendencia era a defender a las amas de casa y si una secretaria era vista como una amenaza para el hogar de los jefes, imagínese usted a una nenorra que prestaba su cuerpo para exhibir toda clase de ropa ante la mirada lasciva de los hombres.
Según comentarios de la gente que vivió esos años, la censura arruinó que Las modelos llegara hasta donde tenía que llegar y las inocentes muchachas acabaron castigadas por haber escogido una profesión tan pecaminosa.
Después, en 1964, doña Rita se embarcó en el proyecto La mujer dorada, pero era una telenovela francamente alucinógena y salió del aire porque, al parecer, el público no entendió esa historia sobre una mujer de piel dorada (en blanco y negro), enanos, mutantes y rupturas dramáticas más propias del teatro que de la televisión abierta.
Cabe señalar que Enrique Alvarez Félix debutó al lado de Rita Macedo en La mujer dorada, pero como le deba mucha pena que lo relacionaran con su madre María Félix, aparecía en los créditos simplemente como Enrique Alvarez.
En 1965, la señora Macedo se divirtió estelarizando La impostora, una telenovela de gemelas donde el galán-víctima era Javier Marc. Con todo lo ganado, el escritor Miguel Sabido le propuso continuar rompiendo con los esquemas y actuar en La casa de las fieras (19767), un proyecto de mujeres para mujeres donde la intención era que predominaran los delirios hormonales.
La carrera de Rita Macedo en televisión agarró todavía más ritmo. En 1968, su madre, Julia Guzmán, le creó un personaje en Mujeres sin amor . Luego vinieron Secreto para tres (1969) y Las máscaras (1971), que era una versión matizada de La malvada (All about Eve) donde la señora Macedo intervino a la perfección en ese juego de manipulación y apariencias que tanto gustó en el cine.
Luego vino el gran cambio, la salida de Telsistema Mexicano (Canal 2) para abrir brecha en Canal 8 de Televisión Independiente de México (TIM). ¿Con qué? Con el único gran éxito de esta empresa, una producción que todavía se recuerda: Los hermanos coraje.
El eje central de esta adaptación del éxito Sudamericano de la mismo nombre no eran las mujeres sino los hombres, pero curiosamente esto no impidió que Rita brillara como siempre.
El retorno al Canal 2 se dio en 1973, con aquella famosa fusión que dio origen a Televisa, pero ya nada volvió a ser lo mismo. La empresa de Emilio Azcárraga Milmo no mostró resentimiento alguno para los elementos de TIM, pero la señora Macedo conoció sus últimos momentos de gloria estelar en la década de los setenta.
En ese mismo 1973, hizo Entre brumas con Otto Sirgo y en 1974 actuó al lado de su hija Julissa en El manantial del milagro y compartió créditos con Lucía Méndez e Iirma Serrano en el proyecto histórico La tierra.
La nueva Televisa tenía sus propios intereses, sus propias estrellas. La nueva mega-televisora estaba en la obligación moral de lanzar rostros cada vez más jóvenes y gente de la vieja guardia como la señora Macedo se fue quedando como material de soporte.
Una de los últimos grandes personajes de Rita fue el que tuvo en El milagro de vivir al lado de Angélica María. Posteriormente vinieron Mundos opuestos (1976), Pasiones encendidas (1978) y Mi amor frente al pasado (1979).
Los ochenta no fueron nada generosos con esta estrella que se fue encasillando en papeles de señora recatada justo cuando la tendencia era la explosión de una violencia y de un erotismo relativo con melodramas clásicos como El maleficio, Seducción, Lista negra y De pura sangre.
En 1980, Valentím Pimstein la llamó para un pequeño personaje en Soledad. Al año siguiente, la vimos en Una limosna de amor con Raúl Meraz e igual, con algo muy de relleno y por lo mismo, no reapareció en telenovelas hasta 1986 con Herencia maldita.
Tristemente, ese proyecto no tuvo el éxito que se esperaba y se esperó hasta 1988 para hacerle comparsa a los nuevos lanzamientos de Televisa como Salma Hayey y Daniela Castro en una producción de Ernesto Alonso llamada Nuevo amanecer.
La mala memoria de las nuevas generaciones y los cambios administrativos fueron orillando a Rita Macedo a dejar las grandes telenovelas para aparecer de vez en cuando en algunas producciones de su hijo Luis de Llano Macedo.
El papel más importante que tuvo antes de Alcanzar una estrella (1990) fue en La edad de oro. Lo bueno fue que Alcanzar una estrellas fue un fenómeno que llamó la atención de un nuevo público y que por participación como un ama de llaves fina y eternamente enamorada del patrón (Enrique Lizalde) la puso en el recuerdo de la gente joven.
Rita Macedo fue una de las grandes privilegiadas de la pantalla chica, pero también una de las grandes solitarias de este negocio, un rostro inolvidable que antes que nada, supo moverse en bueno círculos y garantizar así una espléndida trayectoria que siempre se caracterizó por el prestigio y la buena imagen.

TELENOVELAS

Donde Empieza la Tristeza
1960. También catalogada como Donde Comienza la Tristeza. Escrita, producida y dirigida por Raúl Astor. Entre los actores que participaron están Carlos Cores, Fanny Schiller y Antonio de Hud.
Prisionera
1962. Una historia original y libretos de Marissa Garrido. Productor: Ernesto Alonso. Director: Rafael Banquells. Actores: Maricruz Olivier, José Gálvez y Anita Blanch.
Traicionera
1963. Entre los actores que participaron destacan Maricruz Olivier, Luis Aragón y Maruja Grifell.
Las Modelos
1963. Producción de Ernesto Alonso. Elenco: Ariadne Welter, Alma Dalia Fuentes y Pilar Candel.
La Mujer Dorada
1964. De Hugo Argüelles con libretos de él mismo. Producción y dirección de escena de Ernesto Alonso. Dirección de cámaras de José Morris. El reparto estuvo conformado por Amparo Rivelles, Guillermo Murray y Emilia Carranza.
La Impostora
1965. Historia original y libretos de Alejandro Verbitsky. Reparto: Germán Robles, Armando Arreola y Fanny Schiller.
La Casa de las Fieras
1967. El director de escena fue José Solé. Actores: Lucy Gallardo, Beatriz Baz y Alicia Bonet.
Mujeres sin Amor
1968. Escrita y adaptada por Julia Guzmán E. Una producción de Carlos Bravo. Actuaron: Magda Guzmán, Graciela Nájera y Carlos Riquelme.
Secreto para Tres
1969. Una historia original y adaptación de Rodrigo de la Cueva. Productor y director: José Morris. Actuaron: Mauricio Herrera, Eduardo McGregor y Flor Procuna.
Las Máscaras
1971. De Carlos Lozano Dana. Productor: Ernesto Alonso. Director de escena: Raúl Araiza. Reparto: Marga López, Joaquín Cordero e Irán Eory.
Los Hermanos Coraje
1972. Escrita y adaptada por Jeanette Clair. Productor: José P. Delfín. Director: Martín Clutet. Reparto: Jaime Fernández, Jorge Lavat y Fernando Larrañaga.
Entre Brumas
1973. Historia y libretos de Marissa Garrido y Fernanda Villeli. Una producción de Ernesto. Intérpretes: Celia Castro, Ricardo Blume y Narciso Busquets.
El Manantial del Milagro
1974. Original de Vicente Leñero. Adaptación de Fernanda Villeli. Una producción de Ernesto Alonso. Intérpretes: Enrique Alvarez Félix, Tony Carbajal y Ofelia Guilmáin.
La Tierra
1974. En algunas fuentes la llaman Triángulo. Escrita y adaptada por Marissa Garrido y Arturo Shoening. Productor: Ernesto Alonso. Actores: Ernesto Alonso, Claudia Islas y Carmen Montejo.
El Milagro de Vivir
1975. Original de Fernanda Villeli y Arturo Schoening. Producción de Ernesto Alonso. El cuadro de actores estuvo integrado por Fernando Allende, Ana Martín y Norma Herrera.
Mundos Opuestos
1976. Escrita y adaptada por Marissa Garrido y Fernanda Villeli. Productor: Ernesto Alonso. Intérpretes: Ernesto Alonso, Jorge Luke y Lucía Méndez.
Pasiones Encendidas
1978. Escrita y adaptada por Marissa Garrido y Fernanda Villeli. Productor y director de escena: Ernesto Alonso. Actores: Amparo Rivelles, Valentín Trujillo y Carlos Bracho.
Mi Amor Frente al Pasado
1979. Original y adaptación de Kenia Perea. Una producción de Guillermo Díazayas. Intérpretes: Blanca Sánchez, Arturo Beristiáin, y Martha Navarro.
Soledad
1980. Original de Inés Rodena en adaptación de Carlos Romero y Tere Medina. Productor: Valentín Pimstein. Interpretaron a los personajes principales: Libertad Lamarque, Héctor Bonilla y Christian Bach.
Una Limosna de Amor
1981. De Arturo Moya Grau. Producción: Patricia Lozano. Director: Rafael Banquells. Intérpretes: Liliana Abud, José Alonso y Tony Carbajal.
Herencia Maldita
1986. Historia de Caridad Bravo Adams. Adaptadoras: Violante Villamil y Lila Yolanda Andrade. Produjo: Ernesto Alonso. Interpretaron a los personajes principales: Angélica María, Miguel Palmer y David Reynoso
Nuevo Amanecer
1988. Original de Carmen Daniels con libretos de Tere Medina. Un producción de Ernesto Alonso. Trabajo actoral: Jacqueline Andere, Pedro Armendáriz y Manuel Ojeda.
Alcanzar una Estrella
1990. Una historia original de Jesús Calzada con adaptación de él mismo y Gabriela Ortigoza. Una producción de Luis de Llano Macedo. Elenco: Eduardo Capetillo, Mariana Garza y Enrique Lizalde.






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