Una tarde, Paula le hizo una visita a Julia y ambas platicaron en su cuarto.
“¡Paula! ¿Cómo te vá con Mariano?”
“Mariano y yo terminamos.”
“¡Oh! ¡Cuánto lo lamento!”
“¡Bah! ¡El ya está saliendo con otra!”
“¿Verdad? ¿Cómo sabes eso?”
“Me lo dijeron que está saliendo con una tal Vanessa. Dicen que la conoció en una pollada.”
“¿Vanessa? No conozco a nadie con ese nombre.”
“¡Nadie sabe de donde ha venido! ¡Lo único que sé es que vino para robarme a mi Mariano!”
“¿Y qué vas a hacer ahora?”
“¡Absolutamente nada! ¡Si él quiere estar con la tal Vanessa, pues, que la aproveche! ¡Es más, acabo de conocer a un chico absolutamente maravilloso!”
“¿Verdad?”
“Se llama Juan Salgado y es un chico de plata. ¡Además que es lindo y amoroso!”
“Me alegra escuchar eso.”
Ellas siguieron platicando, sobre la cama de Julia.
Mientras tanto, Elvira, la mamá de Fiorella, recibe una inesperada visita. Es Clara, su mejor amiga, que venía acompa~ada de su hija Mariana, que luego se fue a la piscina para reunirse con Fiorella.
“¡Elvira! ¡Como has estado!”
“¡Clara! ¡Dichosos los ojos que te ven!”
Ambas toman asiento en la sala y Elvira le dice a Chochi, la mucama, para traer un té con tostadas. Mientras tanto,
“Cuéntame, Clara, ¿Cuánto llegaste a Lima? ¿Cómo esta la situación en México?”
“Llegué hace unos dias. Todo bien por allá. Vine con mi hija Mariana y mi esposo, Francisco, y su enamorado.”
“¿Su enamorado?”, tomando un sorbo de té.
“Si. Es un chico llamado Pablo. Lo debes conocer... es el cantante Pablo Salgado.”
“¡Claro! ¡Si es el cantante de moda! ¡Fiorella me lo había dicho! ¡Además que Fiorella fue enamorada de un hermano suyo!”
“¿Y como esta tu hija? ¿Qué está haciendo?”
“Está bien, como siempre. Es una gran chica. Es obediente, educada, y está en los primeros puestos de la Univerdad. Es la educación que le hemos inculcado en casa. ¡No puedo estar más orgullosa de ella! Además que, Pedro Gustavo, aparte de ser un excelente esposo, ha demostrado ser un buen padre para ella.”
“¿Haz pensado decirle la verdad a su hija?”
Elvira dejó la taza y respiró hondo.
“Pedro Gustavo se lo dijo.”
“¡Como así!”, exclamó impresionada, “¿Cómo se lo contó?”
“Bueno... Fiorella llegó tarde un día, había salido a una fiesta con unas amigas y llegó hasta horas de la madrugada, entonces, Pedro Gustavo, en un ataque de ira, lo dijo todo.”
“¡Ay, bendito! ¡No puede ser!”, exclamó, colocándose las manos en los cachetes, “¿Y sabes quién es su verdadero padre?”
“Si. El verdadero padre de Fiorella es... Enrique Cisneros.”
Clara se quedó con la boca abierta de la impresión. Colocando la taza en la mesa.
“¡Me acuerdo bien!”, dijo Clara, “¡Ustedes se querían mucho y se iban a casar!”
“Si.”, dijo Elvira, con despecho, “Nos quisimos mucho... ¡Hasta que llegó esa mujer y me lo quitó!”
“¿Qué mujer?”
“Amanda Pérez.”
Clara volvió a quedarse con la boca abierta.
“¿Amanda? ¿Amanda Pérez? ¡Yo conozco a Amanda Pérez! ¿Y qué pasó?”
“Me lo quitó. Quedó embarazada de Enrique y él se casó con ella.”
“¡No puede ser! ¡Chica! ¿Y tú no hiciste nada?”
“Nada. ¿Qué iba a hacer? Había una criatura de por medio y no quería que esa criatura se quedara sin padre por mi culpa. Para cuando me enteré que esparaba un hijo suyo, él ya se había casado con Amanda y , entonces, empaqué mis cosas y, con mi familia, me vine a la capital. A veces, me arrepiento por no haber luchado por mi amor pero, bueno, felizmente, conocí a Pedro Gustavo, y él, de algún modo, llenó el vacío que tenía en mi interior.”
“¿Y no has vuelto saber nada de Enrique?”
“Nada. No he vuelto a saber nada de él. Pero, a veces, te confieso que quisiera encontrarme con él y contarle sobre nuestra hija, el fruto de nuestro amor.”
“Pues, tienes una oportunidad de decírselo.”
“¿Qué estás diciendo?”
“Pues, Enrique trabaja como representante de Pablo, el enamorado de mi hija. Mi esposo Francisco y yo estamos financiando la carrera artística de Pablo y contratamos a Enrique como su representante.”
“¡No puede ser! ¡Qué chico es este mundo! Pero... ¿Y qué pasó con Amanda y el bebé?”
“No lo sé. Pero, él ya no está con Amanda... Ahora está solo y sin compromiso. ¡Y sigue guapo!”
“No creo que se vea buena idea... ¿Y qué va a decir Pedro Gustavo de todo esto? Yo estoy casada con él. Eso habrá sido antes pero, ahora ya no.”
“Bueno, cumplí con decírtelo.”
“¿Quieres más té? ¿Azucar?”, dijo, cambiando la conversación.
Y las dos amigas siguieron platicando en la sala. Mientras tanto, Mariana se dirige a la piscina donde se encontraba Fiorella, tomando el sol, en traje de ba~o, exhibiendo su esbelto cuerpo. Ambas platicaron, mientras llamaban a Chochi, para traer unos refrescos, y se contaron los últimos chismes.
“Terminé con Jerry.”
“¡No puedo creerlo! ¿Pero, como así terminaste con él?”
“Hace unos días. El me dijo para terminar y bueno, así lo hicimos. Y quedamos como amigos.”
“¡Qué tonta eres! ¡Y así como así lo dejaste ir! ¡No puedo creerlo!”
“Es mejor así. A veces creo que yo nunca lo quise. Solo estaba ilusionado en él.”
“¿Y ahora?
Fiorella respiró hondo. En ese momento, vino Chochi trayendo los refrescos. Cada una se sirvió un sorbo. Mariana le volvió a preguntar pero, Fiorella, miró de reojo a Chochi, y volvió a respirar hondo. Sabía que no podía contar de su relación con Mariano, un muchacho de distinta clase social a la suya.
“Ahora no estoy haciendo nada.”
“¡Qué bien! ¿Sabes quién está en Lima? ¡Santiago Salgado, mi cu~ado!”
“¿Santiago Salgado? ¿Y qué hace aquí?”
“Vino hace poco con su hermano Juan. Para la gira de Pablo en el Perú. ¡No te imaginas lo churro que está!”
“Si, me acuerdo de él. Santiago me conquistaba cuando eramos chibolos pero, la verdad, no es mi tipo.”
“¿Qué te parece si salimos a mirar tiendas?”
“Bueno. Voy a cambiarme.”
Fiorella se levantó de su asiento y se dirigió a su cuarto para cambiarse de ropa. Escogió una ropa sencilla. Se despidió de su mamá y de la sra. Clara y con Mariana, en su carro, se fueron a Miraflores. Estando en Miraflores, miraban las tiendas de ropa y joyerías cuando de pronto, el “Patroclo”, bien vestido, reconoce a Fiorella (como Vanessa) y la llamó. “¡Vanessa! ¡Vanessa!” Fiorella trataba de ignorarlo pero, “Patroclo” se acercó para entablar una conversación con ella.
“¡Vanessa! ¡Qué pasa que no me saludas!”
Fiorella estaba nerviosa y no sabía donde esconderse, pensando que Mariana podría enterarse de su otra vida. Pero, intentó seguirle la corriente al “Patroclo” y comenzó a hablar en tono desfachatado. Mariana comenzó a actuar confundida.
“¡Patroclo! ¡Como has estado!”
“¿Y qué haces aquí? ¿Y con ese peinado y esa ropa?
“¿Esto? Me te~í el cabello. Quería cambiar. Y la ropa, me la regaló la hija de mis patrones, por los a~os ofrecidos, pé. Tú sabes que ni con mi sueldo de mucama , podría comprarme esta ropa. Pero, la srta. Fiorella, la hija de mis patrones, es un pan de Dios, me regaló esta ropa, para estar presentable.”
“¿Y quién es esta chica?”, dijo “Patroclo”, mirando de reojo a Mariana, “¿Otra mucama?
“¡Nooo!”, exclamó indignada, “¡Soy Mariana Flores Urteche, hija del empresario Francisco Flores Urteche!”
“Ella es amiga de la hija de mi patrona.”, explicó “Vanessa”, “Y yo vine a acompa~arla a hacer compras. La hija de mi patrona no pudo venir porque estaba un poquito maluca.”
“Es un placer”, saludando a Mariana, “Roberto Aravena, para servirle a usted.”
“Oye, Roberto”, dijo “Vanessa”, ¿Por qué te dicen ‘Patroclo’?”
“Patroclo era un héroe de mitología griega,” exclamó con orgullo.
“Yo pensé que te decían ‘Patroclo’ porque decías ‘puro palo’, o sea... ¡Mentiroso!”
“No, flaca, no soy un mentiroso. Es que me tienen envidia... ¡Como lo ven a uno con plata, pé!”
“Vanessa” lo miraba dichosa. Mariana se sentía incómoda e indignada.
“¡Muchachas!”, dijo Roberto Aravena, “¡Las invito a tomar un lonchecito! ¡Pidan lo que quieran!”
“Gracias, Patroclo... digo, Roberto”, dijo “Vanessa”, dichosa.
Entraron a una Fuente de Sodas y Roberto les invitó unas malteadas y sangúches triples. Y le hablaba y hablaba, diciendo puras mentiras para intentar impresionar a las chicas pero, solo logró ganarse la simpatía de “Vanessa” y la antipatía de Mariana. Pero, al pagar la cuenta, Roberto hizo el ademán de rebuscar sus bolsillos para sacar su billetera, para hacerles creer que iba a pagar...
“Muchachas”, dijo Roberto, “Hubo un inconveniente. Me olvidé mi billetera. ¿Alguien puede pagar la cuenta?”
“Te ayudaría”, dijo “Vanessa”, mirando de reojo a Mariana, “Pero, soy pobre.”
Mariana, enfurecida e indignada, sacó su tarjeta de crédito y pagó la cuenta.
“Gracias, flaca.”, dijo Roberto, “No sé como agradecerte esto.”
Se retiraron de la Fuente de Sodas y en un descuido de Roberto, “Vanessa” le dio la plata del lonche a Mariana.
“No te preocupes, Fiorella.”, dijo, recibiendo la plata, “Pero, ¿Qué es eso que te llamas Vanessa y eres mucama?”
“Es una larga historia... ¡Pero, no se lo digas a nadie!”
En ese momento, se estaciona una limosina y se baja el chofer... ¡Es Mariano! Roberto Aravena se alegra de ver a Mariano y lo abrasa fuertemente en plena vía pública. “Vanessa” no podía ocultar su emoción al verlo. Mariana seguía indignada con Fiorella.
“¡Compadrito Mariano!”, exclamó Roberto, “¡Donde se robó esa limosina!”
“¡No me robé nada, chochera! ¡Estoy trabajando de chofer de limosina! ¡No es fijo pero, algo es algo!”
“¡Mariano!”, gritó “Vanessa,” emocionada.
Mariano volteó la cara y se alegró a ver a “Vanessa”, la abrasó fuertemente, la cargó y levantó dando vueltas en la esquina, y le dió besos en la mejilla. Ella también lo abrasaba fuertemente. Roberto miraba dichoso. Mariana, cruzaba los brazos, seguía indignada. “Vanessa” le presentó a Mariana, diciendo la misma excusa, que estaba acompa~ando a comprar a una amiga de sus patrones. Comenzaron a hablar amenamente. En ese momento, se acercan Paula y Juan con Jerry y Julia. Mariano comenzó a ponerse nervioso. Mariana se alegró al ver a Jerry y Juan, más miraba con desprecio a sus acompa~antes.
“Mariana... Mariano... ¡Qué tal esa, choche! ¡Buena!”, exclamó Roberto.
“¿Así que eres la famosa Vanessa?”, dijo Paula, en tono irónico, “¡Yo te he visto antes pero, no se donde!”
Julia también reconoce a Fiorella pero, no dice nada. “Vanessa” comenzó a ponerse nerviosa. Ella también se acuerda que conoció a Paula y a Julia el día del concierto. Juan también vió a “Vanessa” y la miró con suspicacia.
“¿Fiorella?”, preguntó Juan, mirando a “Vanessa”, “¿Eres tú?”
“¡No! ¡Me llamo Vanessa! ¡Fiorella es la hija de mis patrones!”
“¡Claro!”, exclamó Jerry, siguiendo la corriente, “¡Yo te conozco! ¡Eres mucama de mi ‘ex’ enamorada!”
En ese momento, Mariana le jaló el brazo a Jerry y a “Vanessa” y los juntó, provocando celos a Mariano. Pero, “Vanessa” se soltó, abrasando fuertemente a Mariano. Paula, indignada, abrasó y le dio un beso en la apasionado beso en la boca a Juan. Mariano, indignado, le dio un mucho más apasionado beso en la boca a “Vanessa” dejando impresionados a todos los presentes.
“¡Qué tal chape, compadre!”, exclamó Roberto.
Mariana, incómoda, le pidió a “Vanessa” para retirarse y ambas se retiraron y se despidieron de los demás.
“Estoy seguro que esa chica era Fiorella Domínguez.”, dijo Juan, “Fue enamorada de mi hermano Santiago.”
“¡Noooo!”, dijo Jerry, mintiendo, “¡No puede ser Fiorella! ¡Ella es mas fina!”
“¿Quién es Fiorella, amorcito?”, preguntó Julia.
“Mi ‘ex’ enamorada,” respondió con picardía.
“No me gusta esa mirada, Jerry.”, dijo Julia, celosa.
“Ya terminamos. No te preocupes, flaca. A quién quiero es a ti.”
Y la abrasó y le dió un beso en la boca. Juan y Paula hicieron lo mismo. Paula lo hacía para sacarle celos a Mariano, a tal punto, que se subió a su limosina y se retiró.
Rato después, Fiorella en su casa tuvo una confrontación con Elvira, su mamá. Se había enterado por boca de todos que estaba saliendo con un muchacho pobre y que además, se fue a una pollada... ¡Se enteró de su otra vida!
“¡Esa es la educación que te he dado en esta casa! ¡Contesta! ¡Por qué te tienes que poner en rídiculo ante los demás!”
“¡Y eso solo te importa! ¿Lo que diga la gente? ¡Y que hay de mí! ¡De mis sentimientos!”
La madre le dio tremenda bofetada a Fiorella, lanzandola contra el piso.
“¡No voy a tolerar esto! ¡Me voy de aquí! ¡Adios!”
Fiorella agarró sus cosas y se retiró de la casa, tirando fuertemente la puerta. Su madre, comenzó a angustiarse, mientras pasaba las horas y le dijo a su marido, que su hija se fue de la casa pero, el no quizo ayudar a buscarla.
“¿Y qué quieres que haga? ¡Es una recogida y una malagradecida! ¡Qué se vaya y no vuelva más!”
“No seas así. Te desconozco.”
Ante la negativa de su marido, Elvira no tuvo otro remedio que buscar al verdero padre de su hija... Enrique Cisneros. Y fue Clara la que lo buscó. Y cuando finalmente lo vió, parecía que la vida no hubiera cambiado y lo abrasó fuertemente.
Por su parte, Fiorella, con su maletín de ropa, caminaba por las calles de Lima, cuídandose de los choros y violadores cuando de pronto, vió el Taxi de Ramón Augusto y se subió allí. Pero, no quería ir a donde su tío Simón, porque prefirió ir donde Amanda y sus hijas, diciendo que se quedó sin trabajo. Amanda, enternecida, la aceptó. Y “Vanessa” abrasó fuertemente a Amanda.
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