Enrique ya lo sabía. Fiorella el fruto de lo que ocurrió aquella noche. Aquella noche en Piura, en que Elvira, aprovechando la oscuridad y la confusión, se introdujo en su cuarto y, manipulada por un ardiente deseo, hicieron el amor. Ella ya sabía que había perdido al hombre que amaba pero, por lo menos, no quería irse sin llevarse un último recuerdo del amor que sentía por Enrique. Dias después, ella empacó sus cosas y se retiró del pueblo y de su vida y Enrique inició su vida al lado de Amanda. Pero, varios a~os después, tras la repentina huida de Fiorella, ambos se volvieron a reunir. Y al saber la verdad, Enrique ofreció su ayuda incondicional.
Mientras tanto, Fiorella, asumiendo la personalidad de Vanessa, se hospedó en casa de Amanda y sus hijas, haciendose pasar como empleada doméstica. No fue fácil pero, fue el buen corazón de Flor, que convenció a Amanda, lo que logró que “Vanessa” se quedara en casa. Afortunadamente, cuando estuvo en Miami, visitando a unos familiares de su padrasto, aprendió a hacer los quehaceres del hogar y ser autosuficiente. Por eso, no tuvo problemas para hacer el aseo de la casa. Vivió con Amanda, Flor y Julia, por varios dias, ganandose la estimación y aprecio de ellas. Y “Vanessa” estaba felíz porque encontró en ellas, la familia que tanto anhelaba, además que Amandale llegó a contarle sus mas íntimos secretos, como el nombre del padre de Julia y Flor, el despiadado que las abandonó cuando eran ni~as, el nombre de ese despiadado era... Enrique Cisneros. Curiosamente, “Vanessa” no le tenía ningun rencor a Julia por lo ocurrido con Jerry... porque ella se estaba enamorando de Mariano.
Mientras, “Vanessa”, aprovechaba su tiempo libre a salir con Mariano y sus amigos, como de su tío Simón. Ella se había encari~ado con los esquineros del barrio y ellos también, le tomaron afecto. Tanto que lograron encubrirla de las autoridades, en especial, del Oficial Ardiles. De todos modos, ella se cambió el look, ahora era pelirroja, y con un buen maquillaje, quedó irreconocible ante las autoridades... y su familia. Su madre y Enrique, su verdadero padre, movilizaron a la prensa y radio para dar por su paradero.
Poco a poco, Fiorella se estaba enamorando de Mariano y él empezaba a enamorarse de ella. Y salieron juntos a casi todos lados, sin miedo de que alguien la pudiera reconocer. Solo importaba lo que ellos sentían en ese momento y era el amor que germinaba entre ambos. Al enterarse del noviazgo de Mariano y “Vanessa”, Paula se echó a llorar pero, luego, para desquitarse, decidió formalizar su relación con Juan Salgado, el millonario. Y Julia, por su amistad con Paula, no aprobaba el noviazgo de “Vanessa” y Mariano pero, no la trataba mal, ni le mandaba indirectas.
Una tarde, Mariano se la llevó a pasear el Rimac, lugar de su nacimiento y, paseando por la alameda de los descalzos, una voz llama a Mariano, por detrás.
“¡Se~or! ¡Se~or! ¡Le lustro las tabas!”, gritó un ni~o, de unos 8 a~os, sucio y mal vestido, que trabajaba como lustrabotas.
“¡Eufemio!”, exclamó Mariano, “¿No me reconoces? ¡Soy yo Mariano!”
El ni~o Eufemio abrió bien sus ojitos y reconoció a Mariano y lo saludó.
“¡Uta, Mariano! ¿Y ese milagro?”
“Vine a pasear con mi enamorada.”
“¿Su chica?”, dijo el ni~o Eufemio, confundido, “¿Y donde está la Paula?”
“Paula y yo tronamos hace tiempo. Ven, te presento a Vanessa.”
El ni~o Eufemio se sacudió la mano con el pantalón y estrechó la mano con “Vanessa.” Ella sonrió.
“¡Chucha, bon! ¡Esta jerma es más bacán! ¡Mejor que la Paula que era toda una pendejaza!”
“¡Eufemio!”, exclamó Mariano, “¡Qué es ese vocabulario en frente de la se~orita!”
“Disculpa”, dijo Eufemio, cabizbajo, “Pero, es la verdad, pé. Es mi futura mamá.”
“Vanessa” se quedó estupefacta.
“No te preocupes, flaca”, aclaró Mariano, “Eufemio y yo quedamos que cuando contrajera matrimonio, lo iba a adoptar.”
Ella respiró aliviada. Ambos sonrieron. Platicaron un rato con el ni~o Eufemio hasta que pasó cerca una pareja y se despidió de ambos. Mariano y “Vanessa” continuaron con su caminata.
“¡Qué chico más simpático! ¿Cómo lo conoces?”
“Hace unos a~os. Se me acercó precisamente para saber si quería que le lustrara los zapatos. Eufemio es huérfano de padre y madre y lo único que queda es trabajar para subsistir.”
Ella lo miró tiernamente, respiró hondo, y decidió sincerarse con él.
“Mariano, hay algo que tienes que saber de mí.”
“Si es algo de tu vida, no me interesa. ¡No quiero saberlo!”
“Pero, tienes que sabes que no soy lo que tú crees que soy.”
“¡No, no! ¡Lo único que quiero saber es que tú eres la mujer de amo y eso es solo suficiente para mí! ¡Eres lo mejor que le ha pasado a mi vida! Nunca pensé que te iba a encontrar y te conocí. Y ahora no me arrepiento de nada. ¡Te amo con toda el alma!”
“Yo tambien te quiero.”
Ambos se miraron fijamente a los ojos y acercaron sus labios, poco a poco, hasta besarse. Se querían mucho.
***
Mientras, en casa de Fiorella, pasaban los días y la angustia continuaba. La madre colocó un anuncio en el diario,
Chochi, la mucama, recibió la visita de un viejo amigo... era el “cholo” Jonathan, el muchacho que Fiorella conoció en la pollada, que entró por la puerta de servicio.
“¡Jonathan! ¡Y ese milagro! ¿Donde estabas? ¿Cómo me buscaste?”
“Estaba en cana pero, ya salí. ¡Me dijeron donde chambeabas y decidí pasar a visitar a mi mejor amiga, pé!”
“¡Ja! ¡A quién viniste a visitar es a Vanessa!”
“¡Clarinete, pé! ¡Si Vanessa está más buena! ¡Y me dijeron que chambea contigo! ¿Dónde está?”
“No está.”, dijo seriamente.
“¡Pucha! ¡Qué salado! ¿Y donde está Vanessa ahora?”
“Nadie lo sabe. Y la patrona para angustiada.”
“Pero, contratan a otra y listo.”
“¡Es que no entiendes!”
“¿Qué no entiendo? Explícame bien, flaca.”
“Vanessa, no se llama Vanessa. Se llama Fiorella y es hija de los patrones de la casa.”
El “Cholo” Jonathan quedó paralizado por la noticia. Su adorada Vanessa era realmente Fiorella, una “pituquita”, hija de millonarios, con mucho billete, dinero, vil metal... ¡Ja! Exclamó Jonathan, soltando una carcajada. ¡Al fin encontró la cura a sus problemas! Y acordó con Chochi a ir en búsqueda de Fiorella.
Mientras, Paula, todavía despechada de que Mariano haya aceptado a “Vanessa” decidió salir, una tarde, con Juan. Mientras esperaban que ella se alistara, él decidió hojear un periódico que estaba sobre la mesa.
“¿Una novedad?”, preguntó Paula, ingresando a la sala.
“Ninguna. Lo mismo de siempre: Robos, asaltos, inflación... ¡Nada nuevo!”
En ese momento, leyeron una nota sobre la desaparición de Fiorella, con su foto. Paula miró bien la foto y finalmente, logró reconocerla... ¡La chica del concierto del otro día! Y la miró bien y...
“¡Es Vanessa!”, exclamó, con seguridad.
“¿Vanessa?”
“La que me robó a Mariano. ¿Te acuerdas de ella? La chica que vimos en Miraflores...”
“¡Ah, si! ¡La que afirmaba que era mucama de Fiorella! ¡Yo sí que tenía razón! ¡Esa chica era Fiorella Domínguez!”
“¡Esa arpía! ¡Tenemos que avisarle a todo el mundo!”
“¡Un momento!”, dijo, jalandole el brazo para retenerla, “¿Y qué hay de lo nuestro?”
“¿Lo nuestro?”
“Si, te pregunto: ¿Qué hay de lo nuestro? ¡Tú y yo estamos comprometidos!”
“Bueno, la verdad...”
“¡Nada! ¡Yo no soy plato de segunda mesa! ¡Tenemos una relación juntos y la vamos a cumplir!”
“¡Pero...!”
“¡Pero, nada! ¡De ahora en adelante, todo cambiará entre nosotros! ¡Porque nadie se burla de Juan Salgado!”
Ella intentó darle una bofetada con la otra mano pero, Juan, la contuvo y, forzozamente, acercó sus labios para besarla y aunque ella intentaba zafarse, finalmente, cedió ante sus besos y comenzó a corresponderle. Ella empezaba a enamorarse de Juan.
***
Por su parte, Amanda decidió comprar el periódico. Ella no acostumbraba a leer el periódico porque le deprimía leer noticias tristes pero, una vez, llevada por un inexplicable impulso, decidió comprarlo. Y hojeando, encontró el anuncio de la búsqueda de Fiorella Domínguez. Miró bien su foto y logró reconocer a “Vanessa”. Comenzó a pensar detenidamente en su actitud y las contradicciones que a veces decía sobre su supuesta vida así como recordó que su aspecto no era el de una mucama común y corriente, sino se le notaba algo “refinada”, por decirlo así. Sabía de la noticia que la hija de un general se encontraba extraviada pero, nunca se percató que pudiera ser “Vanessa.” Y se sentía muy decepcionada y herida en amor propio. No quedaba ninguna duda, Vanessa era Fiorella y de inmediato, fue a ajustarle cuentas. Y llegó hasta su casa y la llamó Fiorella. Ella volteó la cabeza.
“¡Ajá! ¡Tú no eres ninguna mucama! ¡Eres Fiorella Domínguez, una pituca mentirosa que se fugó de su casa!”
Ella quedó paralizada, al verse descubierta ante Amanda y trataba de hacerse la desentendida.
“¿Perdon, se~ora? ¿Qué yo soy Fiorella Domínguez? “¡No, se~ora Amanda, yo...!”
“¡Mientes! ¡No sé lo que estás buscando pero, tú no te vas a salir con la tuya! ¡Eres una falsa y una hipócrita! ¡Con qué derecho te atreves a ingresar a esta casa!”
Fiorella respiró hondo y tomó asiento.
“Si, soy Fiorella Domínguez. ¡Pero, no soy lo que usted piensa! ¡Se lo juro! ¡Sería incapaz de hacerle da~o a ustedes! ¡Porque ustedes representan todo para mí!”
“¡Mentira! ¡Todo es mentira! ¡Pero, te vas de esta casa! ¡No soporto a mentirosas como tú!”
“¡Por favor, se~ora, no tengo donde irme!”
“¿No? ¡Y la mansión donde vives, qué!”
“¡No! ¡No! ¡No quiero ir allá! ¡No quiero!,” exclamó, desesperada, jalándose el cabello.
“¡Nada! ¡Largo de esta casa, forajida! ¡Fuera! ¡O te vas a las buenas ó te saco a patadas!”
En ese momento, ingresó Julia, alarmada por los gritos de Amanda y Fiorella.
“¡Mamá! ¡Qué pasó!”
“¡Pasa que ‘nuestra querida Vanessa’, no es otra que Fiorella Domínguez!”
Julia se quedó con la boca abierta de la impresión. Ahora ya recordaba a “Vanessa”, claro, era Fiorella Domínguez, la ex enamorada de Jerry Modugno, su enamorado.
Pero, Fiorella trataba de hacer resistencia, enfureciendo más a Amanda, que la tomó de sus ropas y quizo darle un golpe pero...
“¡Suelte a mi sobrina, sra. Amanda!”
Era Simón, que ingresó a la casa, aprovechando que la puerta estaba abierta. Amanda quedó asombrada.
“¿Simón? ¿Qué quieres decir que ella es tu sobrina?”
Simón quedó enmudecido y no sabía que decir.
“No te preocupes, tío.”, intervino Fiorella, “Ya sabe que soy Fiorella.”
“¿Tú eres sobrina de este hombre?”, dijo Amanda, con voz entrecortada.
“Si”, intervino Simón, “Es hija de mi hermana Elvira.”
“¿Elvira Hinojoza?”
“¿Conoce a mi madre, sra. Amanda?”, preguntó Vanessa.
Amanda pegó un inquisidor grito de dolor. ¡No podía creerlo! ¡Era la hija de Elvira Hinojoza, su rival de amores, por el amor de Enrique, su esposo! Amanda seguía desesperada y confundida, que no sabía como reaccionar. El destino le había hecho una mala jugada. Estaba cara a cara y frente a frente, con la supuesta hija bastarda de su marido. Y la miró fríamente a los ojos, con odio y recelo.
“¿Sabes quién es tu verdadero padre? Pues, tu verdadero padre... Fué mi marido y padre de Julia y Flor. Julia y Flor son tus media hermana. ¡Tu padre fue el hombre que más me ha hecho sufrir!”
Fiorella quedó paralizada por la noticia. Julia quedó peor... ¡Fiorella, la ex enamorada de Jerry, era su media hermana! ¡No podía creerlo! Y de la impresión, sufrió un repentino desmayo. Fiorella, desesperada, se dirigió a querer recoger a Julia pero, Amanda se lo impidió y le dijo que no tenía nada que hacer, que se retirara de la casa.
“¡Es mi hermana y necesita ayuda!”, exclamó Fiorella.
“¡No! ¡Ella no es nada tuyo! ¡Fuera de acá!”
Simón cogió del brazo a su hija y se retiraron de casa de Amanda. Amanda cerró la puerta y fue a atender a Julia. En las calles, Fiorella y Simón se encontraron con Mariano.
“¡Vanessa! ¿Qué sucede aquí?”
Ella respiró hondo, hizo una pausa y con voz entre cortada, le dijo.
“Mariano, necesitas saber una cosa...”
“¿Qué cosa tengo que saber, Vanessa?”
“Mi nombre no es Vanessa. Y no trabajo como mucama. Me llamo Fiorella Domínguez y soy hija de un General.”
Mariano quedó asombrado.
“¡Noooo! ¡No puede ser!”, dijo con incredulidad, “Esta es una broma, ¿No?”
“No es ninguna broma.”, intervino Simón, “Ella es Fiorella... mi sobrina.”
“¡Pero, si tu sobrina tenía mucho dinero y vivía en una mansión con piscina y todo tipo de lujos!”
“Así es.”, dijo Fiorella, “Y yo soy esa sobrina millonaria. Perdoname, Mariano, no fue mi intención pero...”
“¿Pero qué?”, exclamó, “¡Acaso no te imaginas lo que acabas de hacer! ¡Me mentiste! ¡Maldita! ¡Me mentiste!”
“Por favor, disculpamente, pero, yo te amo, te quiero.”
“¡Mentira! ¡No te creo nada! ¡Todo lo que he hecho por ti fue para nada! ¡Terminé con una gran chica como Paula, para estar con una arpía mentirosa como tú! ¡Eres una falsa!”
“No, sigas, por favor...”
“¡Así que te duele saber la verdad! ¡Pues, esto es lo que te mereces! ¡Desgraciada! ¡Atrevida! ¡Falsa!”
Simón tomó a Fiorella y dieron media vuelta y se retiraron. Mariano, herido en el amor propio, comenzó a llorar amargamente y se retiró a un bar, para emborracharse y ahogar sus penas. Por su parte, Simón llevó a Fiorella en colectivo hasta la casa de ella y su madre la recibió alegremente. Fiorella había vuelto a su aburrida vida de antes. Atrás quedó Mariano, Amanda y toda esa gente con la que llegó a querer y apreciar de corazón. Había sido todo tan bello, para haber verdad. Y ahora vendría su dolorosa realidad.
Con respecto a la denuncia, el Oficial Ardiles se enteró que “Vanessa” era en realidad Fiorella Domínguez y fue a arrestarla. Pero, Elvira, la mamá de Fiorella, entregó al presunto denunciante, un cheque por varios miles de dólares, a cambio de que retirara la denuncia. El denunciante aceptó el trato y la plata y Fiorella quedó libre de todos los cargos. Pero, su corazón seguía malherido y triste por haber perdido a Mariano, el amor de su vida...
CONTINUARA...
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