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CAPITULO XI

March 17 2003 at 11:01 PM
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CAPITULO XI

Jerry manejaba su auto, llevando a Amanda para su casa, mientras que cambiaba de estación de radio pero, por lo general, casi todo era salsa, merengue ó tecnocumbia (el ritmo de moda). A Jerry no le gustaba para nada ese tipo de música, es más, él prefería escuchar musica “pop” en Inglés y uno que otra canción en castellano. De pronto, él se detuvo a una estación que sintonizaba música del recuerdo en Inglés, que le gustaba mucho a Julia: “ahahaha.. I Just wanna be your everything!!!”
“¡Déjalo ahí, muchacho, esa canción me gusta!”, exclamó Amanda.
“¡Vaya! ¡Ahora sé porque le gusta tanto esa música a Julia!”
“¡Mis hijas nacieron y crecieron con esa música!”, echando un suspiro de nostalgia, “¡Esa música me trae buenos recuerdos de cuando tenía 20 a~os y todavía vivía en Piura!”
“A Julia le gustaba mucho esa música, ¿Sabe quién es el que canta?”
“No estoy segura, creo que son los BI-GIS... ¡Esos tipos eran muy famosos! ¡Pero, a mí me fascinaba Jhon Travolta!”
Seguían escuchando esa canción en la radio de Jerry. Mientras, paradógicamente, Julia escuchaba esa misma canción, bailando sola en la casa, con la radio como su acompa~ante, como si estuviera en transe por la música, pues, la canción la conectaba con Jerry, su amor y su anhelo por querer estar a su lado. Esa canción era la que simbolizaba todo el amor que existía entre Jerry y ella. Amor que ella se encargó de terminar por hacer una absurda decisión pero, la canción lograba mostrar sus verdaderos sentimientos. El D.J. anunció el título y nombre del interprete de la canción: “I Just Want to be your Everything” por Andy Gibb.
“¡Andy Gibb, pé!”, exclamó Amanda, “¡El también era famoso! ¡Ya no hacen canciones como antes!”
“Tiene razón, sra. Amanda... ¡Ya no hacen canciones como antes!”
Y siguieron rumbo hacia la casa de Amanda.
Mientras, Julia seguía bailando y escuchando aquella estación de radio que transmitía los éxitos de los 1970s: Bee Gees, Abba, Barry White, Gloria Gaynor, Donna Summer, entre otros, que, gracias a Julia, esa música adquiría nuevo significado. En ese momento, llaman a la puerta, y Julia, asustada, apagó la radio y dirigirse, desesperada, a abrir la puerta. Era Paula.
“¡Julia! ¡Como estás! ¡Qué estás haciendo!”
“¿Yo?... esteee... nada... nada...”, dijo con miedo.
“¡Alístate! ¡Qué Erik y su grupo van a tocar hoy y quieren que vayas!”
“No puedo...”, con miedo, “Mi mamá no está en casa y no le he dicho nada.”
“¡Qué importa! ¡Vamos!”
Paula le seleccionó la ropa y practicamente, la convenció para ir al concierto, y se fueron en Taxi (esta vez no manejaba Ramón Augusto) rumbo hacia el lugar del concierto.
El concierto era en un Pub. Tocaban varias bandas, todas de distinto estilo musical. Erik y su grupo esperaban ansiosos por su turno mientras que Claudia, fumando un cigarrillo, conversaba con Don Enrique, y Alonso estaba frustado, solo en un rincón, tomando unas cervezas.
Los primeros en ingresar al escenario era una banda que tocaba Punk Hardcore, que despreciaban rotundamente a la llamada “música comercial” exclamando: “¡No a lo corporativo! ¡Abajo la música comercial!” Al final de su presentación, hicieron el siguiente anuncio: “¡Con solo 10 lucas pueden comprar todos nuestros demos! ¡Y diganle no a la piratería!” Virna, que estuvo en el concierto, corrió para comprarles su cassette. Alonso seguía solo, tomando su cerveza, mientras Claudia seguía coqueteando a Don Enrique.
La banda siguiente decían que tocada rock fusión pero, lo que tocaban era puro pop rock y muy de vez en cuando, incorporaban a un tema, una cortísima pieza musical en ritmo de huayno... ¡Todo para decir que hacían fusión con ritmos andinos! Aún así, fue la banda que más le gustó a Alonso, que seguía tomando cervezas.
Finalmente, apareció una banda que anunciaba: ¡Apoyen el rock peruano! ¡Apoyen al talento local! Pero, tocaban puros covers de grupos argentinos. Y para qué, los tocaban bien. Fue la banda que movió más al público.
Julia y Paula llegaron justo en ese momento que esa banda tocaba, tomaron un asiento y pidieron unas cervezas. Rato después, el vocalista hizo el siguiente anuncio:
“Bueno, esta canción es algo antigua pero, es una de nuestras favoritas...”
Y tocaron, en Inglés, la canción de Andy Gibb, I Just Want to be your Everything, y lo hacían tan exacto al original que pareciera que el espíritu del fallecido Andy Gibb se hubiera posecionado en el cuerpo del vocalista. A Julia le brillaban los ojos de la emoción y se movía sola al ritmo de la canción, mientras pensaba en Jerry.
“¿Te sucede algo, Julia?,” preguntaba Paula, con asombro, “¡Julia te estoy hablando! ¡Vaya, Julia, aún no entiendo como te puede gustar esa música tan antigua!”
Julia no la escuchaba. Seguía moviendose al ritmo de la canción, sin percatarse que Don Enrique, su padre, estaba muy cerca.
Pero, antes que ingresara el grupo de Erik, se aparecieron como los invitados especiales de la noche, una de las bandas mas populares del país, líderados por su carismático vocalista, un popular animador de TV. Ellos hicieron reir y bailar al público con sus canciones cargadas de ironía, sarcasmo y de temática social, escritas con el típico argot de los jóvenes lime~os, donde se burlaban de políticos, madre liberales, violadores y todo lo que se les ocurra en sus disparatadas mentes.
“¡Son geniales!”, exclamó el cholo Jonathan, “¡Definitivamente, la mejor banda de rock peruano!”
En ese momento, Alonso, algo mareado por las cervezas, explotó de indignación.
“¡Oye! ¡Como te atreves a decir semejante disparate!”, dijo Alonso, “¡En el Perú, hay mejores grupos que ellos!”
“¿Ah, si? ¡Dime uno!”
Y mencionó nombres de algunos grupos musicales.
“¡Ja! ¡Ja! ¡El otro dia fuí a un concierto de ellos, y casi me quedo dormido! ¡Fué muy aburrido!”
“¡Es que no sabes apreciar la buena música! ¡Ignorante!”
“¡Chezzz!”, exclamó indignado, “¡Me llamas ignorante! ¡Te voy a sacar la conch...!”
El Cholo Jonathan lo tomó de las ropas y casi le dá un golpe a Alonso pero, lograron contenerlos un grupo de muchachos, entre ellos, se encontraban Virna y Mariano.
“¿Virna? ¿Qué estás haciendo aquí?”
“Vine al concierto, pé. Pero, no es necesario que te pongas así por su comentario.”
“¡Es que estoy harto que la gente diga que esos imbéciles son los mejores!”
“¡Pero, es su opinión, debes aprender a respetarla!”
“¡Pues, que respeten las mías!”, y gritó a viva voz, mareado, “¡En Perú hay miles de grupos musicales que merecen de respeto y admiración! ¡He visto grupos increíbles que nunca tuvieron una oportunidad para surgir y ser populares! ¡Estoy harto que la gente considere a estos payasos mediocres, por encima de todos estos grandes músicos que nuestro país discrimina y desprecia!”
“¡Estoy de acuerdo contigo pero, pelearse no es la solución! A veces, uno tiene que aprender a ser tolerante en la vida, que las cosas caeran por su propio peso. Ya verás, todo se solucionará.”
Virna tomó de las manos a Alonso y lo hizo bailar al ritmo de la música. En ese momento, alguien toca a Virna por detrás, ella voltea y se topa con Claudia que tenía cara de pocos amigos.
“¡Oe tú!”, exclamó Claudia, “¡Como te atreves a sacar a bailar a mi enamorado!”
“¿Tu enamorado?”, dijo Virna.
“¡Asi es! ¡Alonso es mi enamorado! ¡Asi que dejalo tranquilo!”
“Un momento, Claudia, si fuera tu enamorado, entonces, ¿Por qué no estás con él a cada rato?”
“¡Me estoy preparando para una presentación importante!”
“¡Ja! ¿No estarás coqueteando con un representante artístico?”
“¡Oye que te pasa!”, dijo empujándola, “¡Solo estaba haciendo amable con el se~or!”
“Demasiado amable, digo yo”, dijo Virna, con un toque irónico.
Claudia intentó darle una cachetada pero, Alonso logró contener su mano y separarla, no sin antes disculparse con Virna.
Finalmente, como broche de oro, se apareció el grupo de Erik y la verdad, fue la mejor banda de la noche. Por lo menos, todos sus temas eran propios y le echaban muchas ganas a su interpretación, sobretodo Claudia, la cantante, que hacía movimientos sensuales, para atraer la atención de Don Enrique. Don Enrique estaba fascinado, no sé si por la voluptuosa y sensual cantante ó por el grupo musical pero, la verdad, le había gustado mucho el grupo musical que estaba interesado en promoverlos. Finalmente, Erik habló al público: “Esta canción la escribí con mucho aprecio a una persona muy especial: ¡¡¡Julia Cisneros!!!”
Julia se quedó estupefacta de escuchar su nombre y trataba de esconderse de la vergüenza pero, Paula la jaló de un brazo y se la llevó al escenario. El público la aplaudió enérgicamente. Apenas, mencionaron el nombre de Julia, Don Enrique se emocionó y la miró detenidamente y decidió acercarse a saludarla pero, ella trataba de esquivarlo.
“¡Vamos, Julia, no me trates así! ¡Soy tu padre!”
Paula se quedó impresionada. Sabía por su hermano el Jabancho que había vuelto el Padre de Julia a sus vidas pero, todavía, no podía aliviar su sorpresa. Aún así, intentó juntar a Julia con Don Enrique.
“Vamos, Julia, no le tengas miedo a tu padre. Acercate.”
Julia se acercó, pausadamente a saludar a su padre, pero, el la impulsó y la abrazó fuertemente, entre lágrimas, a su hija menor. Todos aplaudieron aquel enternecedor momento. Julia y su padre estaban juntos de nuevo. Por su parte, Amanda y Jerry, al llegar a casa, se desesperaron al no encontrar a Julia en casa y temiendo que le pasó algo pero, uno de los esquineros del barrio, el Cholón, les dijo que se subió en un Taxi con Paula. Amanda comenzó a llenar sus odios de desesperación y resentimiento. Jerry trataba de calmarla.

EDICION ESPECIAL: LA HISTORIA DE AMANDA
(NOTA: El Personaje de Amanda, Joven, es interpretado por MELANIA URBINA, actríz que interpreta a su hija Julia)

Amanda Pérez nació en Piura hace unos 45 a~os. De una familia humilde, padre agricultor, cursó solo la Primaria, pero, suficiente para aprender a leer y escribir, siendo una de las mujeres mas codiciadas por los hombres de la región y forasteros, gracias a su exuberante y exótica belleza. Ella trabajó en un restaurante/cantina ubicado en la carretera, donde atendía a los innumerables viajeros que constatemente llegaban del Norte ó de la Capital y gracias a ellos, se enteraba de la moda de esa época, asi como las veces que su padre viajaba a la Capital para ofrecer los productos que vendían.
Una vez, una pareja llegó a su restaurante, llevando, entre sus brazos, una revista de espectáculos, en la que había una nota con fotos de Jhon Travolta, el ídolo de moda, cuando de pronto, alarmados, se dieron cuenta que perdieron una sortija fínisima de oro. Amanda los ayudó a buscar la sortija y la encontró. La pareja, agradecida, le pidió algo y ella solo les pidió la revista. Ellos le entregaron la revista y Amanda se puso jubilosa de contenta. Aquella revista se convirtió en artículo de colección para Amanda y el inicio de su afición por el mundo del espectáculo, afición que más adelante se las transmitiría a sus hijas.
A partir de entonces, varios viajeros y amigos, que viajaban a la Capital, le traían revistas y cassettes con la música de esa época, 1977, bajo el régimen militar del General Francisco Morales Bermudez. Fue así que conocía a artistas latinos como Julio Iglesias, Camilo Sesto, Nino Bravo, Roberto Carlos pero, un buen día, todo cambió, cuando un extra~o y excéntrico forastero llegó al restaurante donde trabajaba, trayendo cassettes con música rara, repetitiva, contagiosa y voces afinadas y potentes que emanaban un vocabulario de la cual, Amanda nunca había oído antes.
“¿Qué es eso?”, preguntó Amanda, con asombro, “¿Qué estan diciendo?”
“Es música Disco y está en plena moda.”
“¡Pero, no se entiende nada! Eso es Inglés, ¿no?”
“Asi es... muy bien... están cantando en Inglés.”
“¡Uuuuuhhh! ¡Pero, me gusta! ¡Me gusta mucho!”
“Toma este cassette,” dijo él, dandole un cassette, “Te lo regalo.”
“Gracias,” dijo Amanda, dichosa, “Pero, ¿Cómo lo escucho?”
Y el forastero le regaló un peque~o radio portatil para escuchar música y le gustaba tanto que la escuchaba mientras trabajaba junto con su amiga Maritza, porque el restaurante era el único lugar que tenía luz electrica.
“¡Maritza! ¡Amanda! ¡Como pueden escuchar esa música infernal!”, exclamó Don Pancrasio, el cantinero, “¡Si ni siquiera entienden lo que dicen!”
“¡Me dejo guiar por el ritmo, la melodía!”, dijo Amanda, contenta, “¡Vamos, la vida es una! ¡Hay que vivirla!”
“¡Pongan un valsesito ó un huaynito, por favor!”, dijo Don Fulgencio, un cliente.
“¡Bah! ¡Esa música es aburrida!”, dijo Amanda, “¡Esto si es música!”
“¡Hay que apoyar lo nuestro!”, siguió el sr. Fulgencio.
“¡Yo apoyo lo que siento y quiero!”, dijo Amanda.
En ese momento, llega un jóven forastero, vestido en uniforme, a comer al restaurante, dejando todos fríos y atónitos. Todo era silencio y estupor en el restaurante. Amanda agarra un trapo húmedo y le limpia la mesa al jóven uniformado.
“¿Va a comer, se~or?,” dijo Amanda.
“Deme el especial del día.”
“El especial consiste en papas sancochadas, arroz y carne... ¿Lo quiere?”
“Esta bien.”
“¿Qué desea para tomar?”
“Una Inka-Kola, sin helar, por favor.”
Amanda se dirige a la cocina a darle la orden al cocinero. Al regresar, trayendo una botella de Inka-Kola y un vaso, decide platicar con el forastero, que se sirve la Inka-Kola.
“Veo que estás en el ejercito, ¿Qué rango eres tú?”
“Me falta solo un rango para ser General... ¡Estoy emocionado!”
“Pues, te felicito. A propósito, ¿Cómo te llamas?”
“Pedro Gustavo Domínguez. ¿Y tú?”
“Amanda.”
“Bonito nombre”, dijo mirando a sus ojos de la fascinación, “Mucho gusto.”
Los dos siguieron mirandose fijamente a los ojos sin vacilacion. Era amor a primera vista. De pronto, Amanda, sin querer, derrama la Inka-Kola en la ropa de Pedro Gustavo. Todo el mundo se asustó y no sabía como reaccionar. Asustada, y tiritando del miedo, Amanda agarra un trapo limpio que tenía a la mano, y le comienza a secar impacientemente.
“No, no te preocupes,” dijo en tono complasciente.
“No, se~or. Disculpeme... ¡No sé en qué estaba pensando!”
Pedro Gustavo agarra su rostro con delicadeza y la mira fijamente a los ojos.
“Dije que no te preocuparas.”, dijo en tono amigable, “Y no me digas, se~or, que mi nombre es Pedro Gustavo.”
“Esta bien. Le traeré otra Inka-Kola...”
Los demás miraban atónitos por la tan amigable reacción de Pedro Gustavo, porque esperaban una reacción más prepotente, digna de un militar, pero, era obvio que Pedro Gustavo estaba fascinado por la belleza de Amanda y no despega sus ojos de ella. Ella, no se quedaba atrás, e intercambiaban sonrisas y gui~os. Maritza reaccionaba celosa.
“¡Ya, ya, Amanda! ¡Deja de estar perdiendo y hay que trabajar!”
Pero, Amanda no le hacía caso. Seguía mirando a Pedro Gustavo con fascinación. En ese momento, colocó uno de sus cassettes y lo sacó a bailar a Pedro Gustavo. Ambos bailaron muy juntitos y pegaditos a pesar de la música de ritmo frenético. Maritza seguía mirando celosa. Rato después, el cocinero avisa a Amanda que la comida está lista y la recibe para llevársela a la mesa de Pedro Gustavo. El comienza a saborearse la comida mientras mira a Amanda.
“Pedro Gustavo, no hable con la boca llena que se vá a atragantar”
El empezó a comer más despacio. Ella le sirvió otra Inka Kola. A terminar, ella le levantó el plato y caminó hacia la cocina, con un indiscreto caminar coqueto. Maritza seguía enojada. Amanda regresó para entregarle la cuenta y él sacó su billetera y la pagó, ofreciéndo además una suculenta propina, enojando aún más a Maritza. Y se retiró del lugar, sin despegar sus ojos en Amanda.
Rato después, se acaba la jornada laboral para Amanda y ella emprende el camino de regreso. Pero, en el camino, se vuelve a encontrar con Pedro Gustavo.
“¡Amanda! ¡A donde vas!”
“¡Voy a mi casa!”
“Te acompa~o. No es bueno que una muchacha tan linda, ande solita por aquí.”
“No te preocupes. No vá a pasar nada. Todo está tranquilo.”
“Insisto. No te imaginas lo peligroso que puede resultar estos sitios.”
Amanda acepta y comienza a caminar con Pedro Gustavo. Pero, mientras caminaban, comienzan a caer gotones de lluvia y rápido se dirigen corriendo hacia una casa abandonada, cuál ha sido siempre refugio de Amanda, para esperar a que escampe.
“¡Uf!”, exclamó Pedro Gustavo, “¡Qué tal lluvia torrencial! ¡Espero que pare pronto!”
“¡Qué extra~o! ¡Supuestamente, no estamos en temporada de lluvias! ¡Pero, vamos a estar seguros aquí!”
“¡Mira! ¡Unas mantas! ¡Podemos secarnos y cubrirnos con ellas!”
El agarra las mantas y le entrega una a ella. Ella se dirige a un cuarto, en donde se saca la ropa y se cubre el cuerpo solo con la manta. El tambien se quita la ropa y se quita la ropa y tambien se cubre con la manta. Ella enciende unas velas que estaban cerca y se sientan a platicar un rato.
“¿Cómo es la Capital?”, preguntó Amanda, como haciendo conversación.
“Es muy grande y desordenada.”
“¿Lo conoces a Jhon Travolta?”
“¡No, por supuesto! ¡El vive muy lejos, en otro país, en los Estados Unidos!”
“¿Verdad? ¡Yo pensaba que era lime~o de lo mucho que hablaban de él en las revistas!”
“Pues, ahora lo sabes. Pero, dime, me decías que vives con tus hermanos y tus padres.”
“Asi es. Tengo tres hermanos y dos hermanas. Yo soy la tercera y mayor de las mujeres.”
“¿Alguno de tus hermanos es casado?”
“Si. Mi hermano Manuel. El está casado hace unos a~os.”
“¿Hijos?”
Ella comenzó a ponerse nerviosa y las manos le comenzaron a tiritar. No podía revelarle que tenía una hija y que se la había entregado a su hermano en adopción.
“Pero, ¿Quieres decir que si tengo hijos?”
“¡No! ¡Tú no! ¡Tu hermano, por supuesto!”
“Bueno...”, dijo, nerviosa, “Tiene... una hija... si, una hija... Mónica... de a~o y medio...”
“La debes querer mucho.”
Ella comenzó a ponerse nerviosa y las manos le seguían tiritando.
“Los tíos quieren mucho a sus sobrinos.”, prosiguió él.
“Si... si... claro.”
En ese momento, él comienza a juntar sus labios con los de ella y comienzan a besarse apasionadamente. Ambos tiran sus mantas, exponiendo sus cuerpos desnudos, comienzan a envolverse en el más íntimo deseo y pasión, durante toda la noche.
Al día siguiente, ellos reciben una inesperada visita...
“¿Chema? ¡Qué haces aquí!”
“¡Pedro Gustavo! ¡Disculpa por arruinar tan placentero momento pero, necesitamos tu ayuda urgente!”
Pedro Gustavo comienza a vestirse, mientras Amanda sigue durmiendo. El no quiere despertarla asi que decide vestirse rápido y retirarse de la casa, dandole un beso en la frente de despedida a ella. Ella seguía durmiendo.
Pero, días después, Amanda comienza a sufrir de mareos y naúseas, los mismos síntomas que tuvo cuando estaba embarazada de Mónica... ¿Embarazada otra vez? ¡No puede ser! Como sucedió como la otra vez, el padre se fue inesperadamente de su vida y ahora, ella estaba nuevamente sola y desamparada. Estaba en una cruel encrucijada. Ella quería tener a la críatura pero, sabía que no podía ser madre soltera, pues, sería el hazmerreir de todo el pueblo y su hermano no estaría dispuesto a encubrirla por segunda vez. Entonces, no le quedó otro remedio que buscar un padre para su criatura y sabía que el candidato perfecto era Enrique Cisneros.
Enrique Cisneros era un atractivo muchacho que residía en el pueblo desde hace tiempo, amargamente comprometido con la caprichosa Elvira Hinojoza, que solo veía en él, como su pasaporte para viajar a la Capital y salir de la pobreza. Amanda sabía que Enrique no quería a Elvira, entonces, sabía que podía aprovechar la situación para conquistarlo y la oportunidad se le presentó, en una de sus tantas visitas al restaurante donde trabajaba Amanda.
“¿Qué pasó, Enrique? ¿Por qué estás tan alegre?”
“¡Clasificamos! ¡Nos vamos al Mundial!”
“¿Al Mundial?”
“¡Perú clasificó al Mundial de Fútbol en Argentina!”
“¡Felicitaciones!”, exclamó Amanda, abrasandolo. El también la abrazó.
“Pero, todavía nos falta jugar un partido,” dijo Pancracio, el cantinero.
“¡Si pero, es de local asi que ya estamos adentro! ¡Así que venga esas cervecitas para celebrar, compadre! ¡Salud, compadres! ¡Y, mozo, cervezas para todo el mundo que esta vez, yo pago!”
Enrique tomó tantas y tantas cervezas que se emborrachó y, borracho, coqueteaba con Amanda y la sacaba a bailar. Minutos después, ella se lo llevó afuera y se dirigieron a un motel. Antes que pudiera suceder cualquier cosa, Enrique se quedó dormido y Amanda apagó la luz. El dormía profundamente, mientras que su mente maquinaba una cruel mentira. Desnudó completamente a Enrique y ella también se quitó las ropas y se acostó a su lado, pretendiendo que ambos durmieron juntos. Al dia siguiente, Enrique se despertó, ya sobrio pero, con resaca luego de las cervezas que se sirvió, y se sorprendió al estar en una cama de hotel, desnudo.
“¿Amanda? ¿Qué haces aquí?”
“¡Oh, Enrique! ¡Ayer te portaste sensacionalmente conmigo!”
“Perdon, ¿Qué quieres decir?”
“¡Hablo de la noche tan maravillosa que pasamos juntos los dos!”
“¡Nooo! ¡No puede ser! ¡Esto es inaudito! ¡Estaba borracho, no sabía que hacer!”
“¿Niegas ahora lo lindo que hemos hecho el amor?”
“Pero... yo...”
Enrique, alarmado, se salió del Motel en completa desnudez, soltando más de una carcajada a los demás.
Dias después, en pleno anuncio del compromiso de matrimonio entre Elvira y Enrique, ante todos los invitados, incluyendo los padres de Elvira y Enrique, Amanda hace una entrada triunfal y campante y anuncia ante todos, mostrando un papel, lo siguiente:
“¡Se~oras y se~ores! ¡Estoy embarazada y el padre de mi hijo es...! ¡Enrique Cisneros!”
La madre de Enrique se desmaya mientras que cunde el pánico entre todos los de la fiesta.
“Dime, si es verdad, todo esto, dímelo”, dijo Elvira.
Enrique estaba acorralado. No sabía que hacer ni que decir.
“¡Estaba borracho! ¡No me acuerdo de nada!”
“¿No te acuerdas de esa noche tan linda que pasamos juntos los dos?”, dijo Amanda.
Enrique comenzó a tiritar de miedo. De pronto, Elvira agarró su cartera y le comenzó a dar golpes a Enrique y él trataba de cubrirse con sus manos.
“¡Qué te has creído! ¡Mentiroso! ¡Sinverguenza! ¡Atrevido!”
“¡Enrique tiene que responder por su error!”, dijo Amanda, “¡Así es que tiene que casarse conmigo!”
“¡Así será!”, exclamó el Padre de Enrique.
Entonces, la boda de Enrique no fue con Elvira sino con Amanda, la camarera del restaurante en la carretera. Pero, Elvira no quería darse por vencida asi que aprovechó la celebración de la confusión causada por la despedida de soltero de él para seducirlo y llevarlo a un cuarto oscuro y hacer apasionadamente el amor con él.
Dias después, se realiza el matrimonio entre Amanda y Enrique pero, un inconveniente casi impide la boda.
“Amanda, Yo sé que el hijo que esperas, no es de Enrique,” dijo Maritza, su compa~era de trabajo.
“Pero, ¿Co..como sabes eso?”, preguntó con asombro.
“Simplemente lo sé. Pero, no te preocupes, no diré nada. Solo quiero pedirte un favor, a cambio de mi silencio.”
“Dime...”, dijo, nerviosa.
“Ser la madrina de bautizo de la criatura que esperas.”
Amanda, respirando aliviada, aceptó su propuesta y la abrazó. Pero, aquella escena con Maritza solo sería un aviso para lo que ella cometería después: Lograr el amor de Enrique.
Los primeros a~os todo estuvo tranquilo. Amanda y Enrique vivieron en una casita humilde pero, con necesidades básicas, luz eléctrica y agua, Amanda dejó su trabajo como camarera en el restaurante y todo el día, se la dedicaba a hacer los quehaceres del hogar, ayudado con una amiga del pueblo, mientras escuchaba su cassette con la música de la banda sonora de la película Grease, con Jhon Travolta, su ídolo, sobretodo la canción “Sandy”, cantada por el mismo Travolta, que recibió como regalo de bodas, de un amigo que llegó de la capital, lo cual escuchaba varias veces.
Y, por supuesto, le sacaba el jugo a otro regalo de bodas... ¡Un televisor! ¡Era el día más felíz de su vida! Todos los días, eran reuniones con los amigos y familiares, para ver televisión, y más aún cuando eran los partidos de la selección de Fútbol de Perú en el Mundial de Argentina 1978. La selección de Perú le estaba ganando por 2 goles a 1 a la de Escocia, cuando un delantero peruano anota semejante golazo de media distancia, desatando la algarabía en la casa... ¡Gooooooooooooooooollllll!
“¡Uaaaaaaagggghhhh!” exclamó Amanda, sintiendo dolores en el vientre.
“¿Te sucede algo Amanda?,” preguntó Maritza.
“¡Ya viene! ¡Ya viene! ¡El bebe! ¡Ya viene!”
“¡Ya va a dar a luz!”, exclamó Amanda, a todos los invitados, que cada uno, voltearon las caras, y corrieron a auxiliar a Amanda, ya el partido pasó a un segundo plano y la levantaron en brazos, a acostarla en la cama, donde llamaron a la partera. En un parto sencillo y sin mayores complicaciones, Amanda dio a luz a una frágil y delicada ni~a. Enrique estaba contento, de todos modos, a pesar de que preferiría que fuera varón.
“¡Qué linda ni~a!”, dijo Maritza, “Tan suave y delicada... como una flor”
“Flor”, dijo Amanda, “Ese será su nombre: Flor”
Todos aprobaron y esa noche, hubo doble celebracion: La victoria, en fútbol, de Perú a Escocia por 3 a 1 en el Mundial Argentina 1978 y el nacimiento de Flor.
Pero, los dias despues del nacimiento de Flor, no fueron del todo felices. Maritza se quita la máscara y comienza a coquetear y seducir a Enrique, a escondidas de Amanda. Enrique comenzó a vivir una doble vida, al lado de Amanda y Maritza, acostándose con las dos. Pero, él no era la único que llevaba una doble vida... Amanda también comenzó a fijarse en Pedro, el vecino, pero, su relación no pasaba más de una charla amigable pero, que llevaba a malos entendidos entre los habitantes del pueblo. La gracia duró más de un a~o, pero, un día todo se destapó, Amanda sorprendió a Enrique acostado en la cama con Maritza, su amiga.
“¡Qué se han creído! ¡Partida de infelices, desgraciados!”
Maritza cogió sus ropas y se retiró de la habitación.
“Amanda, dejame explicarte...”
“¡No me tienes que explicar nada! ¡Eres un hombre de lo peor! ¡Enga~arme con mi mejor amiga!”
“¿Ah, si?”, exclamó indignado, tomándola de sus ropa, “¡Tú no tienes nada de qué reclamar! ¡Acaso no sabes que me acabo de enterar que te entiendes con el vecino! ¡Y que no sé de la mala fama que te has creado entre la gente del pueblo!”
“¡Quién te dijo todas esas calumnias! ¡No pasó nada, te lo juro!”
“¡Todo el pueblo lo sabe, no puedes ocultar nada! ¡Eres tan falsa, como yo! ¡Admítelo!”
De repente, ante tanta presión e insistencia, Amanda sufrió un fuerte desmayo desplomándose contra el piso.
“¡Amanda! ¡Amanda! ¡Despierta, mi vida! ¡Pronto, un doctor!”
Enrique levantó a Amanda del suelo y la acomodó en su cama, luego, corrió a la calle, desesperado, en busca de un médico. Rato después, después que el médico la examinó, llego a la siguiente conclusión...
“Amanda está embarazada... ¡Felicitaciones!”
¿Embarazada? ¿Amanda está embarazada? ¡Amanda está embarazada y esperaba un hijo de Enrique! Amanda estaba contenta. Enrique estaba dichoso aunque algo discreto, luego que su paternidad estaba en duda por los constantes chismes del pueblo. Chismes que comenzaban a atormentarlo y no lo dejaban tranquilo. Meses depués, ella dió a luz, otra ni~a.
“¡Qué linda ni~a!”, exclamó Amanda, dichosa, “¡Se vá a llamar Julia!”
“¿Julia?”
“Es el nombre de su abuela... tu mamá.”
“Gracias, Amanda.”
Enrique, hizo una breve pausa, respiró hondo y con voz entrecortada, le propuso separarse un tiempo. Ella sintió una fuerte impresión, como una punzada en el pecho.
“P..pero... ¿Que estás diciendo, Enrique?” ella dijo, asombrada.
“No puedo vivir con esta duda. No sé si ese ni~o que esperas es hijo mío.”
“¡Claro que es hijo tuyo! ¡Eres el único hombre con el que he estado!”
“¡Los rumores confirman lo contrario! ¡Dicen que eres mujer fácil que se acuesta con el primero que encuentres por ahí!”
“¡Mentira! ¡Eso es mentira!”
“Lo siento. Pero, no puedo vivir con esta incertidumbre.”
“Pero, ¿A dónde irás? ¿A la Capital? Déjame ir contigo.”
“No. Tengo que ir solo. Tengo que encontrarme a mí mismo. Yo creo que mi destino no está en este país. Me iré a México. Allá si puedo realizar mis sue~os. Allá está Clara...”
“¿Clara? ¿Quién es Clara?”
“Una amiga. Casi como mi hermana.”
“¡Mientes!”, exclamó furiosa, “¡Clara es otra de tus amantes!”
“Piensa lo que sea pero, mi decisión ya está tomada... Adios, Amanda.”
Le quizo dar un beso en la frente pero, ella retiró su cabeza. Y el beso que era para ella, se lo dió a la recién nacida. Enrique, tomó sus cosas y se retiró de la casa y de su vida. Amanda lloraba amargamente, mientras escuchaba en el radio su cassette de Grease, aquella canción de Jhon Travolta llamada “Sandy”, que curiosamente, hablaba sobre un amor perdido. Todas sus amistades le dieron la espalda, más solo le quedó el consuelo de sus dos hijas, Julia y Flor, entonces, cogió sus pertenencias personales y retiró, con sus dos hijas en brazos, rumbo hacia la capital para iniciar una nueva vida.
A partir de entonces, su vida daría un vuelco importante, porque a partir de entonces, dejó de pensar en ella y dedicarse íntegramente a educar a sus hijas y darle todo lo que sus padres, no pudieron darle. Ella no quería que sus hijas pasaran por lo mismo que ella atravezó. También rechazó su vida arrabalera de antes y le prohibía a sus hijas, subirse la altura de la falda y trató siempre que se comportaran como se~oritas decentes. No querían que fueran como ella.
Llegados a la Capital, fueron a casa de una prima lejana mientras que sus hijas se educaban en un colegio del estado. No quería que a sus hijas le faltara educación. Y probó todo tipo de trabajos, trabajando de día y de noche, para sacar adelante a sus hijas. Una de las personas que más la ha ayudado ha sido Galo, un amanerado estilista y due~o de un salón de belleza, que se había encari~ado mucho con las hijas de Amanda, sobretodo con la peque~a Julia, a la cual, le indujo su gusto por la música disco.
***
Por su parte, Elvira, dias antes de la boda de Amanda y Enrique, decidió dejar el pueblo y emigrar hacia la capital con su familia, para estar lejos del recuerdo de Amanda y Enrique. Pero, bastaron unos días, para percatarse que estaba esperando un hijo de Enrique pero, en lugar de anunciarlo a los cuatro vientos, decidió mantener cierta discresión y decírselo solo a Maritza, prometiéndole que le iba a guardar el secreto que esperaba un hijo de Enrique. Pero, Maritza no resistió la tentación y se lo contó a casi todo el pueblo y así, entre chisme y chisme, fue como Amanda se enteró la verdad pero, decidió callar.
Elvira continuó su viaje a la Capital, en contra de los ruegos de su familia que no querían que viajara en esa condición y llegando a Lima, Elvira consiguió un empleo como críada en la casa de un militar, Pedro Gustavo Domínguez, recién ascendido a General. El General se quedó fascinado por la belleza de Elvira y decidió desposarla en nupcias y adoptar al bebé que estaba esperando, a pesar de los ruegos de Fiorella, la mamá de Pedro Gustavo.
“¡Esa mujer no me gusta para ti, hijo mío! ¡Hazme caso! ¡Recapacita del error que estás cometiendo!”
“¡No, mamá, mi vida ya está hecha! ¡Elvira será mi esposa!”
En una gran ceremonia, con todos los lujos, habidos y por haber, contrajeron matrimonio Elvira y el General. Ella estaba dichosa. Había enterrado todo su pasado de una vez. Meses después, en un Hospital, Elvira dio a luz a una preciosa ni~a.
“¡Es una preciosa ni~a!”, dijo la enfermera, “¿Qué nombre tienes pensado ponerle?”
“Fiorella”, intervino la madre de Pedro Gustavo, cuya reacción dejó a todos atónitos y perplejos, “Por ser la más bella.”
Sin embargo, su repudio y desconfianza hacia Elvira continuaba pero, nunca se la tomó con la peque~a Fiorella porque creía que los hijos no tienen ninguna culpa de los errores que los padres cometen. Una lección para Elvira y Amanda.
***



 
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Renzo
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En el especial sobre la historia de "Amanda"...

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April 4 2004, 11:48 PM 

actuaron:

SANTIAGO MAGUILL como el joven PEDRO GUSTAVO.
MELANIA URBINA como la joven AMANDA.
FABRIZIO AGUILAR como el joven ENRIQUE.
VANESSA ROBBIANO como MARITZA, amiga de AMANDA.
VANESSA SABA como la joven ELVIRA.
RICARDO FERNANDEZ como el JEFE DE AMANDA.

 
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