Capítulo XIV
Flor cumplió su promesa y de inmediato, se puso en contacto con amigos periodistas para publicar una nota denunciando al Oficial Ardiles por violar a su hermana mientras que Jerry logró imponer una denuncia a Ardiles por violación, lo que provocó que Ardiles buscara refugio en casa de Mireya, una amiga que hacía muchísimo tiempo no veía.
Mireya estaba barriendo la entrada de su casa, cantando y bailando una canción de Chichi Peralta, su cantante favorito, cuando de pronto, se aparece un irreconocible Ardiles, con sombrero de ala ancha, anteojos oscuros y bigote postizo.
“Perdon, se~or”, dijo Mireya, “¿Le puedo ayudar en algo?”
“No me reconoces Mireya.”
Mireya acerca sus ojos en dirección hacia Ardiles y ella abre sus ojos de la emoción.
“¿Ardiles?”
Ardiles agarra su mano y la introduce a la casa, en donde, con un manotazo cierra la puerta.
“Pero, ¿Qué haces aquí?”
“Me estan buscando. Necesito que me ayudes a esconderme.”
“Pero, ¿Por qué te buscan? ¿Qué hiciste?”
“Violé a una muchacha.”
“¡Y te atreves a venir aquí!”, exclamó con indignación, “¡Fuera de acá!”
Ardiles le dio una bofetada que la dejó tirada al suelo. La coge de sus ropas y le dá otra cachetada.
“¡Nada!”, exclamó Ardiles, “¡Tú no vas a hacer nada!”
Ella comenzó a tiritar del miedo y no tuvo otro remedio que obedecer las órdenes de Ardiles.
“¡Sirveme algo de comer que tengo hambre!”
Ella se dirigió a la cocina a calentar algo de comer mientras que él sentó a la mesa y ella le sirvió algo de tomar. El le dijo que se sentara y decidió platicar mientras esperaban que calentara la comida.
“¿Qué sabes de tu hermana Ursula?”, preguntó Ardiles, “Hace tiempo que no la veo.”
“¿Qué no sabes? Hace 20 a~os que vive en México.”
“¿Verdad? Pero, ¿Cómo así se fue a México?”
“Dijo que quería tener a su hijo allá.”
“¿Su hijo?”, dijo confundido, “¡No entiendo nada!”
“El hijo que tuvo contigo.”
Ardiles se queda impávido por la respuesta de Mireya. En ese momento, sus ojos se llenaron de odio y recelo.
“¡Y por qué esperaron tanto tiempo en decírmelo!”
“¡Y qué quieres que haga! ¡Ingresaste a la academia de policía y no se supo nada de ti!”
“¡Pero, ya me tienen aquí! ¿Y no volviste a ver a tu hermana y al bebé?”
“Ya te dije... ¡No volví a saber nada desde hace 20 a~os!”
Ardiles se quedó pensando en aquella mujer y el bebé, que ya debe ser mayor de edad, y se propuso tratar de localizarlos. Le pidió el favor a su amigo Toribio para buscarlos.
Pero, lo que no sabía Ardiles era que Ursula estaba más cerca de lo que pensaba. Hace 20 a~os, ella viajó a México y como no pudo mantener al bebé, una ni~a, la dió en adopción a una familia peruana, los Modugno Grimaldi, a la que bautizaron como María Guadalupe. Los padres adoptivos prometieron que iban a guardar el secreto entre ellos y ni siquiera sus familiares, ni los padres de Alonso, se atrevieron a revelarle la verdad. Era el secreto mejor guardado de la familia. Pero, el destino colocaría a Ursula muy cerca de su hija María. Ella es la secretaria de Pablo Salgado, el cantante, y Flor tuvo la oportunidad de conocerla.
“Buenas tardes, se~orita”, dijo Flor, “¿Se encuentra el se~or Pablo Salgado?”
“El está muy ocupado en este momento. ¿Quién lo busca?”
“Me llamo Flor Cisneros y yo...”
“¡Es mi hija!”, intervino Don Enrique, que recién ingresaba a la recepción, “Hazla pasar, Ursula.”
Don Enrique le dio un beso en la mejilla a Flor y la hizo pasar a su oficina.
“Dime, hija, ¿Cómo estas? ¿Cómo está tu hermana Julia? ¿Ya está mejor?”
“Julia ya está mejor. Ha estado muy traumatizada.”
“¡Pobrecita! ¡Necesita mucho cari~o! ¡Hoy voy a hacerle una visita! Pero, dime, ¿Qué se te ofrece?”
“Buscaba a Pablo Salgado para ver si me pudiera conceder una entrevista. ¿Dónde está él?”
“Está hablando a solas con Francisco, su suegro. Es un hombre de negocios muy importante. Siéntate, toma asiento. Que ya va a poder atenderte. ¿Gustas tomar algo? ¿Un cafecito? ¿Una gaseosa?”
“Un vaso de agua con hielo, si no fuera mucha molestia.”
“¡De ninguna manera, por favor! ¡Si eres mi hija!”
Flor comenzó a sentirse incómoda y quería confesarle que no es hija pero, prefirió callar para no herir su susceptibilidad. Don Enrique llama a Ursula para que traiga los vasos de agua pero, en ese momento, suena el telefono y Ursula levanta el fono.
“¿Alo? Buenas tardes. El Sr. Francisco se encuentra ocupado. ¿Quién lo busca?”
En el otro fono, una voz le contesta y dice que es el se~or Roberto Modugno. Ursula siente una fuerte impresión, como una punzada en el pecho, el pasado volvía a atormentarla otra vez. Estaba tan nerviosa que no pudo sostener el fono.
“¿Quién es, Ursula?”, preguntó Don Enrique.
“Es el se~or Roberto Modugno.”
“Pasamelo, quiero hablar con él.”
Ursula, temblorosa, pone el telefono en “Hold” y Don Enrique se dirige a su despacho a contestar el telefono.
“¿Modugno?”, intervino Flor.
“¿Lo conoce usted?”, preguntó Ursula.
“Conozco a sus hijos Jerry y María pero, a Jerry lo he tratado más porque ha sido enamorado de mi hermana Julia. A María la he tratado poco pero, me parece una chica muy dulce y linda.”
“Me alegra escuchar eso...”, y suspiró.
En ese momento, sale Pablo Salgado de la oficina con Don Francisco.
“Ursula”, dijo Pablo, “¿Algun recado?”
“Si, Pablo. Esta se~orita quiere hablar con usted.”
“Perdon, se~orita”, dijo Pablo, “¿Quiere hablar conmigo?”
De pronto, Flor voltea su rostro, despeinando su larga y ondulada cabellera. En ese momento, Pablo que impactado por su belleza. Flor queda impresionada por él, también. Ambos perciben un sentimiento increíble, como electricidad, que emana por sus venas, y se miran fijamente a los ojos. En ese momento, ingresa Don Enrique a recepción.
“¡Pablo! ¡Veo que conoces a mi hija Flor!”
“¿Tu hija, Enrique?”, dijo Pablo, todavía anodado, “Muy linda tu hija.”
“Es un placer”, dijo Pablo, mientras la miraba a sus ojos y le daba un beso en la mano a Flor. Ella sonrió.
“Mi hija es periodista y viene a hacerte una entrevista.”
“¡Por supuesto! ¡Pero, tendrá que ser para otra oportunidad que voy a salir en este momento! ¡Ah, Flor, quiero presentarte al se~or Francisco Flores Urteche, padre de mi novia Mariana.”
“Un placer. Flor María Cisneros Perez”, dijo estrechando su mano con el se~or Francisco.
“Mucho gusto, Francisco Flores Urteche.”
“¡Pablo! ¡Francisco!”, intervino Don Enrique, “¡Tenemos una comida en casa de los Modugno Grimaldi!”
“Muy bien”, dijo Francisco, “Entonces, tenemos que alistarnos, son de las familias muy importantes de la ciudad.”
“Mis hermanos conocen a sus hijos”, dijo Pablo, “Es más, Santiago está saliendo con María.”
En ese momento, Francisco chequea su reloj.
“Muy bien. Creo que nos vamos, Pablo.”, dijo Francisco, y luego estrecha la mano a Flor, “Gusto en conocerte, muchacha.”
“Igualmente, sr. Francisco.”
“Enrique, ¿Vas con nosotros?”
“Esperame un ratito más”, dijo Enrique, “Voy a decirle algo a mi hija Flor.”
Nuevamente, Flor comenzó a sentirse incómoda cuando Enrique la trató como su hija. Francisco y Pablo se retiraron mientras que Enrique platicaron juntos en un rincón.
“¡Yo quisiera que vayas a la reunión, junto a Julia!”, dijo Enrique, “¡Quiero que asistan como mis hijas!”
“Te agradezco pero, yo creo que debería ir Fiorella, mejor”, dijo Flor, incómoda.
“¡No, no!”, dijo Don Enrique, “¡Yo solo quiero que vayan Julia y tú! ¡Si Fiorella quiere ir, que vaya con sus padres!”
“¡Pero, ella si es realmente tu hija!”
Don Enrique le dio una fuerte impresión.
“Perdon, ¿Qué dijiste? ¡Claro que eres mi hija! ¡Me casé con tu madre por ti!”
Flor respiró hondo y, con titubeos, no tuvo más remedio que confesar la verdad.
“Sr. Enrique... ejem... no se como decirle esto pero, yo... yo...”
“Dime, Flor, pero, por favor, dime papá.”
Flor comenzó a ponerse nerviosa e incómoda cuando le dijo papá.
“Yo... yo... yo no soy su hija... lo siento...”
Enrique quedó impávido con la respuesta.
“Pero, ¿Qué quieres decir?”
“Lo siento mucho, se~or Enrique... recién me acabo de enterar que yo no soy su hija... lo siento...”
“Pero, ¡Qué es esto! ¡Si yo me casé con tu madre porque precisamente estaba embarazada de tí!”
“Pero, no soy su hija”, dijo Flor, “Mamá le hizo creer que esperaba un hijo suyo porque quería que tuviera un padre.”
Enrique, desesperado, comenzó a dar golpes a la pared. Flor quizo extenderle la mano para consolarlo pero, prefirió retirarse de ese lugar. El, decepcionado, decidió ir a casa de Amanda para hacerle una explicación y se la encontró en la puerta de entrada.
“Amanda, espera un momento, ¿Por qué no me dijiste la verdad?”
“Pero, ¿De qué estás hablando?”
“No tienes porque negarlo. Ahore sé la verdad... Flor no es mi hija.”
“Pe.. pero... “, dijo impresionada, “¿Có..como sabes eso? ¡Quién te lo dijo!”
“Flor me lo dijo.”
Amanda quedó con la boca abierta de la impresión. En ese momento, se aparece Flor, con la cabeza gacha y Amanda le pone cara de amargura a su hija pero, solo dice que entre a la casa. Flor se dirige a su cuarto a reunirse con Julia. Mientras, en la entrada, Amanda le dice que tiene que entrar a la casa pero, Enrique le hace el quite y le exige una explicación. Amanda respiró hondo y, sin titubeos, le explicó lo que realmente sucedió esa noche. Los ojos de Enrique comenzaron a llenarse de cólera e indignación pero, trataba de controlar su carácter, y, entonces, decidió retirarse de su vista.
***
En el camino, Enrique se encuentra con la jóven y coqueta Claudia, y deciden platicar un rato y retirarse juntos. Claudia se ganó la mala fama de la gente por su relación con un hombre maduro como Enrique que podría ser su padre pero, a ella no le importaba nada ya que lo único que le importaba era ser rica y famosa, sin embargo, ella no sospechaba que Alonso estaba enterando de su relación con el maduro Enrique, gracias a las advertencias de Fiorella, Erik y Pancho, y aquellas dudas se disiparon cuando, una tarde, Alonso los sorprendió “in fragantti” a ella, dándole besos apasionados al maduro Enrique.
“¡Claudia!”, exclamó Alonso, “¿Qué significa esto?”
Claudia le dijo a Enrique se retirara y él se retiró.
“Alonso,”, arreglándose el cabello, “¿Qué estás haciendo aquí?”
“¡Jamás pude imaginarte que pudieras hacerme esto! ¡Me has defraudado! Pero, ¿Por qué? ¿Por qué lo has hecho?”
“¿Sabes por qué?”, dijo poniendo las manos en la cintura y masticando su chicle, “¡Porque estoy cansada de estar con un mediocre como tú! ¡Qué vive pensando en sue~os imposibles de realizar! ¡Quiero la compa~ía de alguien maduro y con experiencia, como Enrique, capaz de ense~arme cosas de la vida! ¡Cosas que no me podría ense~ar un inmaduro mequetrefe como tú! ¡Ja!”
“¡Por favor, Claudia, no digas esas cosas de mí! ¡Tú sabes que yo te quiero! ¡Te quiero con toda el alma!”
“¡Pero, yo...! ¡Ya no te quiero!”
Claudia dio media vuelta y se retiró. Alonso, cabizbajo, comenzaron a brotarle lágrimas de sus ojos y comenzó a llorar angustiosamente y exclamaba quejumbrosos gemidos de dolor. En ese momento, se encuentra con María.
“Alonso”, dijo María, mientras le brillaban sus lindos ojitos azules, “¿Qué te pasa? ¿Por qué estás llorando?”
“¡Terminé con Claudia! ¡No puedo creerlo y yo que la quería! ¡Ahora que hago! ¡Mi vida no tiene sentido sin ella!,” y comenzó a dar golpes en su cabeza, “¡Claudia tiene razón! ¡Soy un mediocre y un inmaduro!”
“No digas eso”, dijo tomando su brazo y mirándolo a los ojos, “Eres un muchacho increíble y especial. ¡Cualquier mujer estaría orgullosa de ti! ¡Además, está el libro que estás escribiendo...!”
“Ya no sé si valga la pena escribir ese libro...”
“¡Claro que lo vale! ¡Confía en mí!”
“Gracias por darme alientos, lo dices porque eres mi prima...”
“Lo digo porque soy una persona que te quiere y confía en ti.”
María y Alonso comenzaron a mirarse fijamente a los ojos, sin decirse nada. El intentó darle un beso y ella quizo responderle pero, en ese momento, se acuerdan de su condición de primos y ella le hace el quite.
“¡Por favor, Alonso! ¡Ni lo intentes!”, dijo María, “¡Lo que haces es algo imposible de realizar! ¡Somos primos!”
“Tienes razón. Perdóname. Lo siento. Discúlpame. Sorry.”
“No te preocupes. Ven, vamos que te invito a tomar un helado.”
“Gracias, prima”, dijo más resignado y fueron a la heladería para comprar los helados. Ella pidió helado de chocolate. El pidió helado de lúcuma.
“Y, dime,”, preguntó Alonso, “¿Qué pasó con Santiago?”
“Terminamos. Comprendí que no podía seguir con él porque él todavía quería a Fiorella. Pero, dime, ¿Sabes algo de esa chica que me platicabas? ¿Virna, me dijiste que se llamaba?”
“Hace tiempo que no la veo. Es una buena chica.”
“¿La quieres?”
“Ya no estoy seguro. Creo que lo mejor sería regresar a Miami. ¡Ya no quiero estar aquí!”
“Te voy a hechar de menos, primito.”
“Yo también.”
Ambos se dieron un abrazo fraternal y continuaron comiendo sus helados.
Dias después, Alonso abordó el avión con regreso a Miami, llevandose sus discos, libros, cassettes, videos y revistas, para terminar con su libro. Llegando a Miami, se dirigió al Restaurente Italiano donde trabajaba, para ver si su manager, un italo-venezolano, lo volvía a contratar y, por supuesto, dadas sus buenas referencias, lo contrató para que siga trabajando como bus boy, limpiando las mesas, sirviendo el agua y trayendo los platos. Alonso estaba felíz porque ahora podía pagar las deudas de su tarjeta de crédito por las cosas que le hizo comprar la malévola Claudia además que gracias a su trabajo, podía mantener ocupado su mente y dejar de pensar en María, su amor imposible.
***
Mientras tanto, en Lima, María tuvo un desafortunado encuentro con Claudia.
“¿Claudia? ¿Qué está haciendo aquí?”
“Hola Maria”, dijo con las manos en la cintura y masticando su chicle, “Estoy bien. ¿Sabes algo de Alonso?”
“Alonso está en Miami.”
“¡Pobrecito!”, dijo en tono irónico, “¡La verdad es que él estaba mejor allá en Miami!”
“Dime, Claudia, ¿Por qué eres así?”
“¿Cómo así? ¡No entiendo nada!”
“¿Cómo puedes expresarse de esa manera de Alonso? ¡El es un buen chico!”
“¡Ja! ¿Y te parece un buen chico? ¿Sabes porque se fue a vivir a Miami? Porque, una vez, cuando eran ni~os, él quizo dar un beso en la boca. ¡Alonso te ama y siempre te ha amado!”
“¡Mientes!”, exclamó María, indignada, “¡Lo que dices es inaudito! ¡No lo creo!”
“¡Creelo, queridita! ¡Es la verdad! ¡Fue el mismo Alonso el que me lo dijo!”
Lágrimas comenzaron a brotarle de los bellos ojitos de María. Ella sabía que cuando era ni~a, so~o que su príncipe azul le daba un beso pero, jamás podría imaginarse que ese príncipe azul, era su primo Alonso. Ahora todo estaba claro. Ella estaba enamorada de Alonso y todavía lo quiere pero, por su condición de parientes, ella no podía concebir ese amor. Por eso, que ellos se involucraron en otras relaciones, María con Santiago y Alonso con Claudia, porque sabían que lo suyo era imposible, sin sospechar si quiera que María era hija en realidad de Ursula, la secretaria de Pablo, y del Oficial Ardiles.
Mientras tanto, Ursula decide visitar a su hermana Mireya, sin sospechar que Ardiles se encontraba allí.
“Ursula... hermana...”, dijo nerviosa y atormentada, “Qué milagro que vienes por aquí...”
“Hola Hermanita, ¿No me das un abrazo?”
“Oh, si. Claro que sí, hermanita... ¡Bienvenida al Perú!”
Ambas se abrazaron fuertemente.
“Pero, Ursula, ¿Qué has venido a hacer aquí?”
“Vine a buscar a mi hija.”
“¿Tu hija?”, dijo, con las manos temblorosas.
“Si, mi hija. Sus padres adoptivos la trajeron aquí y se llama María Guadalupe.”
En ese momento, se acerca Ardiles, con cara de pocos amigos, dejando a Ursula, asombrada
“¿Ardiles?”, dijo con estupor.
“Hola Ursula. Tanto tiempo que nos vemos. ¿No es así?”
Ursula miró a su hermana, nerviosa y atormentada, y luego, lo miró cara a cara y frente a frente a Ardiles.
“¡Alégrate!”, dijo Ardiles, con sarcasmo, “¡Tenemos una hija! Pero, ¿Por qué no me lo dijiste?”
“¡Porque te había metido en la academia de policía y no se supo más de ti!”
“¡Pero, aquí me tienes! ¡Después de 20 a~os!”
“¡Pues, no te imaginas lo mal que la pasé en México! ¡Sufriendo sola y desamparada! ¡Y a costa de ese sufrimiento es que he podido volver a Lima a recuperar el tiempo perdido!”
“¡Y lo vas a recuperar! ¡Tenlo por seguro!”
En ese momento, Ardiles dio la orden para que sus amigos localizaran a María y, en ese momento, aprovechando que ella salía de la academia de estudiar, ellos la tomaron a la fuerza y la metieron en el auto, donde le vendaron sus ojos. Una compa~era de estudios, atemorizada, se dirigía a comunicarle a sus familiares, sobre el secuestro. Entonces, gracias a sus conecciones e influencias, comenzaron a buscar insistentemente a María por todas las calles de la ciudad.
“¡Déjenme tranquila!”, exclamó María, “¡Quiero regresar a casa!”
Ardiles estaba cara a cara y frente a frente a su hija.
“Hola, María,” dijo con mirada malévola, queriendole dar un beso en la frente, pero, ella lo esquiva, “Pero, mi amor, ¿Qué te pasa? Yo te quiero mucho.”
“¡Yo lo odio y detesto porque sé muy quién es usted! ¡Usted es el Oficial Ardiles! ¡El hombre que violó a Julia, la enamorada de Jerry! ¡Pero, quiero que sepa que mis padres y mi hermano, me van a encontrar y le van a dar lo que se merece!”
“¡Pero, querida, no sabes quién soy yo! ¡Yo soy incapaz de hacerte da~o! ¡Porque soy tu padre!”
María se quedó impávida y con mirada incrédula.
“¡No! ¡No puedo creerlo! ¡Eso no puede ser! ¡Es imposible!”
“¡Creelo!¡Los Modugno Grimaldi no son tus verdaderos padres! ¡Yo soy tu padre! ¡Y ella...!”, toma violentamente de las ropas a Ursula y la tira contra el suelo, “¡Es tu verdadera madre!”
“¡Creelo, querida María!”, exclamó Ursula, “¡Es la verdad! ¡Discúlpanos por favor!”
María comenzó a exclamar gemidos de dolor.
“¡Me niego a creerlo! ¡Ustedes no son mis padres! ¡Mis padres son los Modugno Grimaldi!”
“¡No!”, exclamó Ardiles, “¡Nosotros somos tus padres! ¡Y si no me crees, pregúntales a ellos!”
María seguía confundida pero, luego, lo pensó bien y dijo, que tal vez, esa sea la única razón del sentimiento que despertaba por Alonso. Ella sabía que lo amaba pero, no era capaz de admitirlo. Sus padres también actuaban algo sospechosos con ella, no tenían su partida de nacimiento y siempre cambiaban esquivaban conversaciones sobre su verdadero origen.
***
Mientras tanto, Jerry estaba desesperado y angustiado por la desaparición de su hermana María y trató de ir en su búsqueda, con la ayuda de Fiorella, Santiago y Flor. A Jerry todavía le guardaba cierto rencor a Santiago por su relación secreta con su hermana pero, Santiago le dijo que fuera rencores, había que buscar a María. Fiorella le pidió ayuda a su tío Simón que, a su vez, acordó con sus amigos del barrio si sabían algo de ella. Flor acordó con varios de sus colegas editar notas sobre su paradero. Asi que por todo lugar, la gente sabía de su paradero, lo cual atormentaba aún mas a Ardiles y sus secuaces. Pero, sería Pablo quién daría con ella, casi por casualidad. El se dio cuenta la reacción algo rara de Ursula, su secretaria...
“Me parece rara su desaparición”, dijo Pablo, a Jerry y Santiago, en una fuente de sodas, “Una vez, me dijo que no conocía a los Modugno pero, hacía preguntas insistentes sobre ellos, como si tuviera un interés especial en saber de ellos y sobretodo de María.”
“¿Sabes donde podría estar ella?”, preguntó Jerry.
“No lo sé. Pero, sé que tiene una hermana viviendo en Lima. Tal vez, si pudieramos ubicar a la hermana, la ubiquemos a ella.”
En ese momento, se aparecen Flor y Fiorella, despertando la fascinación de Pablo y Santiago.
“Hola Flor, ¿Cómo estás?”, dijo Pablo, dándole un beso en la mejilla.
“Hola Pablo,” respondió Flor, fascinada, “Yo estoy bien. ¿Y tú?”
“No puedo estar mejor.”
“Hola Flor”, intervino Jerry, dando un beso en la mejilla, “¿Cómo estas? ¿Cómo sigue tu hermana Julia? ¿Dónde está ella?”
“Julia ya está mejor. Ella está ahora en la casa.”
“Hola Fiorella”, dijo Santiago, con fascinación, dandole un beso en la mejilla.
“Hola... Santiago”, dijo en tono comprometido, “Hola Pablo... Hola Jerry.”
“Hola Fiorella,” dijo Jerry, dando un beso en la mejilla, “¿Cómo estás?”
“Estoy bien. Gracias. ¿Sabes algo de María?”
“No lo sabemos. Pero, Pablo nos dio una idea en localizar a su secretaria porque cree que está vinculada con María.”
“Puede ser.”, intervino Flor, “A mí también me dio esa impresión cuando la conocí la otra vez.”
En ese momento, se aparecen algunas admiradoras de Pablo que se le acercan a abrazarlo, tomarse fotos y pedirles autógrafos. Pablo trata de complacerlas a ellas pero, Flor ya demuestra sus sentimientos sobre Pablo y comienza a ponerse celosa de las fans. Ellos deciden separarse. A Jerry se le ocurrió acompa~ar a Flor y Fiorella hasta su casay lo acompa~aron Pablo y Santiago. Por supuesto, Jerry lo hacía para ver a Julia. En el trayecto, Flor acordó con Jerry que iba a hacer todo lo posible para encontrar a Ursula y su hermana. Pero, en la puerta de entrada, reciben a un invitado especial...
“¡Sr. Dominguez!”, exclamó Jerry, “¿Cómo está usted?”
“Hola Jerry... Fiorella... Flor...”, dijo con una mirada serena.
Fiorella se sentía incómoda de ver a su papá pero, él la quizo contener. Flor y Jerry se excusaron e ingresaron a la casa.
“Hija, por favor, no me huyas. Quiero que reconsideres y vuelvas a casa.”
“Por favor, papá, si es que tengo que llamarte padre...”
“¡Claro que soy tu padre! ¡Eres mi hija!”
“¡Qué curioso! ¡Tú nunca vivías muy orgulloso de ti porque no llevo tu sangre!”
“Asi es, y disculpame. Ahora me he dado cuenta que eres tan hija mía como...”
En ese momento, se aparece Flor, llamando a Fiorella.
“¡Fiorella!”, dijo Flor, “¡Entra a la casa para que saludes a Julia!”
“Gracias, Flor. Disculpa... papá.”
“Sigue... hija.”
Fiorella entra a su casa pero, Don Pedro Gustavo retiene a Flor.
“¡Espera!”, dijo Pedro Gustavo, “Quiero hablar contigo, Flor.”
“Esta bien, sr. Dominguez.”
“Por favor, dime, papá. ¡Eres mi hija y yo soy tu padre!”
“Disculpe usted, sr. Dominguez.”
Don Pedro Gustavo se queda mirando detenidamente con fascinación a Flor.
“¡Caray! ¡Eres tan linda!”, dijo acariciando sus mejillas, “¡Tan igualita a mi madre... tu abuela!”
“¿Qué quiere usted de mí, sr. Dominguez?”
“Dime, si algo se te ofrece, Flor. Quiero recuperar el tiempo perdido, darte todo lo que no te pude dar.”
“No se preocupe, se~or. No necesito nada.”
“¡Pero, yo soy tu padre!”
“Amanda ha sido padre y madre para mí.”
“¡Pero, tiene que haber algo que necesites de mí!”
“El único favor que quiero pedirle... papá... es que ayude a Fiorella... su hija.”
“¡Hija!”, dijo emocionado, tomandola para abrazarla muy fuerte, “¡Me dijiste papá!”
“Asi es... papá... quiero que ayudes a Fiorella...”
“Pero, Fiorella no quiere saber nada de nosotros. Ni de Elvira, su madre, y yo.”
“Ella está muy confundida en este momento por todo lo que ha sucedido. Pero, es una buena chica.”
“Por favor, Flor, te pido que hables con ella y dile que todos estamos preocupados y queremos que vuelva a casa.”
“Lo haré... papá.”
Don Pedro Gustavo, emocionado, soltó lágrimas y abrazó fuertemente a Flor.
En ese momento, se acerca el “Jabancho” como alma que se la lleva el diablo...
“¡Flor! ¡Necesito hablar contigo!”
“¡Qué pasa Jabancho! ¿Por qué corres tan alarmado?”
Ambos excusaron al se~or Dominguez para hablar juntos.
“¡Acabo de ver al Oficial Ardiles!”
“Pero, ¿Cómo?”, dijo Flor, con asombro.
“¡Fuí a visitar a una vieja amiga, Mireya, y no te imaginas que cuando entré a su casa...! ¡Ví al Oficial Ardiles!”
“¿Ardiles?”, dijo Don Pedro Gustavo, “¿Quién es Ardiles?”
“Fue el hombre que violó a Julia.”
“¡Santo Dios!”, dijo Pedro Gustavo, “¡Cualquier cosa que necesiten de mí, avisenme!”
“Gracias, papá.”
“¿Papá?”, intervino el Jabancho, “¿Qué tu padre no era Enrique Cisneros?”
“Es una larga historia. Pero, por favor, Jabancho, dime, ¿Dónde lo viste? ¡Dimelo!”
Jabancho le dio la dirección y, de inmediato, Flor llamó a Jerry para avisarle lo sucedido y de inmediato, todos, incluyendo el “Jabancho”, se dirigieron, dejando a Fiorella con Julia en casa, a buscar a la casa donde se encontraba el Oficial Ardiles. Mientras, el general Dominguez llamaba a las autoridades. Finalmente, luego de varias vueltas, encontraron la casa.
“¿Esa es la casa?”, preguntó Jerry.
“Si, compadre.”, respondió el “Jabancho.”
“¿Cómo ingresamos allá?”, preguntó Santiago.
“¡Tengo una idea!”, exclamó Flor, haciendo una mirada pícara.
Flor tocó la puerta de la casa y Mireya abrió la puerta.
“¿Quién es usted? ¡Y qué desea!”
“Me llamo Flor Cisneros y quiero decirle que usted acaba de ganarse un día con Pablo Salgado.”
“¿Pablo Salgado? ¿El cantante de moda? ¿Es esta una broma? ¿Y dónde está?”
“Aquí estoy.”, intervino Pablo, mientras Flor se hizo a un lado. Mireya se quedó con la boca abierta.
“¡Pablo Salgado! ¡Qué emoción! ¡Tengo todos sus discos! ¡Por favor, pasen, pasen, estan en su casa!”
Flor y Pablo ingresaron a la casa, mientras que ella trataba de ordenar la casa.
“¿Quieren alguito para tomar? ¿Una chicha morada? ¡Estoy preparando un chupe que es para chuparse los dedos!”
“Le aceptaría la chicha morada.”, dijo Pablo.
Pablo trataba de distraer a Mireya para que Flor tratara de encontrar algun indicio de la presencia de Ardiles. Caminaba sigilosamente por los pasadizos de la casa, percatandose que no la descubrieran. Sin embargo...
“¡Flor!”, dijo Ursula, “¿Qué estás haciendo aquí?”
“¿Ursula? ¿Qué es lo que tú estás haciendo aquí?”
En ese momento, se oyeron pasos y Ursula tomó del brazo a Flor y la retiró de allá.
“¡No puede verte aquí!”
“¿Quién? Dime, ¿Quién no debe verme?”
“Ardiles.”
Flor se quedó con la boca abierta, impresionada. Mientras que Ursula le jaló el brazo para sacarle del lugar. Fueron a la sala, a buscar a Pablo para retirarse de la casa.
“Espera un momento, Ursula”, dijo Flor, “¿Sabes algo de María?”
“María está aquí. Ella es mi hija.”
Flor y Pablo se retiraron y se dirigieron hacia el auto donde estaba Jerry. Ellos se encontraban dialogando con unos vagos que se encontraban alli. Finalmente, Flor y Pablo les dijeron lo que encontraron. Ahora todo estaba claro. María estaba con ellos. Entonces, de pronto, comenzaron a trazar un plan para ingresar a la casa y rescatar a María.
Entonces, una noche, con la ayuda de un operativo militar (asesorados por el General Pedro Gustavo Domínguez, que se encargó de los permisos) se introdujeron a la casa, forzando la puerta principal, ingresaron a la casa, armados hasta los dientes, y buscaron por todos los lugares por María, arrestando a todo el que encuentren por allí. Jerry fue detrás de ellos, armado con un rifle y uniformado, buscando a su hermana.
“¡María! ¡María! ¡Donde estás!”
Abre una puerta del sotano, con la ayuda de un soldado, y por fin, encuentra a su hermana. El soldado la desata y de inmediato, ella abraza a su hermano fuertemente.
“¡Jerry! ¡Hermanito!”
“¡Ya está todo bien, hermanita! ¡Ya todo está acabado!”
Los dos se retiraron del lugar pero, en ese momento, escucharon una voz, que exclamó:
“¡Suelte usted a mi hija, hijo de p....!”
Era Ardiles. Jerry y Ardiles estaban cara a cara y frente a frente. Jerry estaba dispuesto a ajustar las cuentas con él, por lo que le hizo a Julia, su amada. Ardiles se tiró contra Jerry y los dos se metieron en una pelea campal, intercambiando pu~os y golpes por aquí y por allá. De pronto, Ardiles le conecta tremendo derechazo tirando a Jerry contra el suelo. Le dá otro golpe cuando de pronto, se oye un disparo... ¡Bang! Y Ardiles cae rendido al suelo. María fue corriendo a abrazar a Jerry y los dos salieron de la casa. Afuera, María se encontró con Ursula, esposada.
“María, hija, yo no hice nada, te lo juro. Soy inocente. Perdóname, por favor.”
“Haré todo lo posible y si, te perdono... mamá,” dijo tocandole las manos en la mejilla.
Jerry se quedó estupefacto.
“¿Mamá?”, dijo Jerry, “¿Qué es esto, María?”
“Es una larga historia. Pero, lo que sé ahora es que mi vida tiene sentido.”
“Para mí, siempre serás mi hermanita menor.”
Jerry y María se abrazaron y se retiraron. Entraron a un patrullero y se dirigieron a casa, donde los recibieron sus padres y los sirvientes, contentos de que el rescate fue todo un éxito. Hicieron una fiesta a la que asistieron Flor, Pablo, Fiorella... y Julia. Jerry la abrazó fuertemente y le dio muchos besos.
“¡Julia! ¡Ya todo ha terminado! ¡Te quiero, mi vida, te quiero!”
Julia lo mira a los ojos y acaricia su rostro. Y los dos se besaron. Todos celebraron la reconciliación.
Mientras, Pablo se acerca a conversar con Flor.
“Hicimos un buen equipo, ¿No es así, Flor?”
“Asi es. El mérito es de todos los que estamos aquí.”
Los dos se miraron fijamente a los ojos, sin decirse nada. Ellos comenzaban a enamorarse. Era lógico que se querían mucho pero, en ese momento, se acerca Mariana, novia de Pablo, y lo retiran de su vista. Flor sabía que se estaba enamorando de un imposible.
***
Mientras tanto, en Miami, Alonso, ya enterado por lo que le sucedió a María, trabajaba minuciosamente como bus boy, recogiendo platos y sirviendo el agua a los clientes, en el Restaurante Italo-Venezolano donde trabajaba. De pronto, escucha una peculiar melodía, era una canción pegajosa que mencionaba de chocolates y bombones. Alonso tenía un extra~o presentimiento pero, no podía creerlo. Era la canción que simbolizaba el amor que sentía por María... que estaba muy cerca de él.
“¿María? Pero, ¿Qué haces aquí en Miami? ¿Cuándo viniste?”
“Vine el Sabado.”
“Supe lo que te pasó, ¿Todo está bien ahora?”
“Todo está claro ahora. Ahora ya sé lo que quiero.”
Y ella le dio un apasionado beso en la boca. El trató de esquivar un beso.
“¿Y ese beso? ¿No estamos obrando mal? ¡Somos primos, parientes!”
“No lo somos.”, dijo con tranquilidad, “Mis padres lo confesaron todo. Ellos me adoptaron hace mucho tiempo, guardando el secreto por todo este tiempo.”
“Pero, ¿Y eso tiene que ver con nosotros?”
“¡Mucho! ¿No te imaginas? ¡No somos parientes! ¡Nada nos une y por eso, podemos amarnos los dos! ¡Te amo, Alonso, siempre te amado desde mucho tiempo! ¡Ahora mi vida ya tiene sentido!”
“Es imposible lo que me propones...”
“¡Vamos a darnos una oportunidad! ¡Te amo y lo gritaré a los cuatro vientos que te amo!”
“Lo siento...”, él dio media vuelta y quizo retirarse a seguir trabajando pero, luego, volteó y corrió rapidamente a sus brazos, “Nunca he olvidado tu amor... mi chocolate.”
“Te amo... mi bombón.”
Los dos juntaron sus labios y se besaron. Se querían mucho.
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