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CAPITULO XVII

March 17 2003 at 11:09 PM
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CAPITULO XVII

Desde que conoció a Don Enrique, Mónica se quedó tan impresionada y fascinada por él que pensaba en él todos los días, descuidando su trabajo. El Padre Miguel estaba desesperado porque no soportaba sus descuidos y decidió hablar con ella, para remediar la situación.
“Mónica, ¿Te sucede algo? ¿No prestas atención a nada?”
“No lo sé, Padre. Es que estoy confundida. La verdad no estoy seguro si debo ordenarme como monja.”
“¿Por qué?”
“Le voy a ser sincera, Padre. La verdad es que si quise dedicarme a esta vocación, fue por la presión de mis padres y no porque realmente, lo quisiera.”
“Te entiendo, Mónica. Pero, afortunadamente, pudiste darte a cuenta a tiempo.”
“¿Me entiende, Padre?”
“Claro que sí. Pero, dime, ¿Hay una razón poderosa que te permite tomar esta drástica decisión.”
Ella hizo una pausa, respiró hondo, y sin titubeos, confesó.
“Si, padre. Estoy enamorada.”
“¿Enamorada?”, exclamó, atónito.
“Asi es. Estoy enamorada.”
“¿Y se podría saber de quién estas enamorada?”
“¿Promete no decirselo a nadie?”
“Esta bien. Te prometo no decirselo a nadie. Pero, ¿Por qué tanto misterio?”
“Es que... estoy enamorada de Enrique Cisneros.”
“¿Enrique Cisneros?”, exclamó con estupor.
“Así es. Estoy enamorada de Enrique Cisneros, el esposo de mi tía Amanda.”
“Pero, Mónica, lo que me dices es increíble. ¿Cómo te puedes enamorar de un hombre como él, que te duplica la edad y puede ser tu padre?”
“Lo amo con todo mi corazón, padre. ¡Lo amo!”
“Respeto tu decisión, querida. Pero, no te preocupes, no se lo diré a nadie.”
“Gracias, Padre.”
Ella abrazó fuertemente al Padre Miguel.
Mientras tanto, Amanda tomaba lonche con Paula, celebrando juntas por el triunfo en separar a Fiorella de Mariano.
“Gracias por el trabajito, sra. Amanda. Con el mejunje que me dio, ahora Mariano, cae rendido a mis pies.”
“De nada, Paula. Todo lo que sea por mandar lejos a la recogida esa.”
“Sra. Amanda, disculpe la indiscresión, pero, ¿Por qué odia tanto a Fiorella?”
“¿No te has dado cuenta? Esa recogida es la causante de todos mis problemas. ¡Es la hija recogida de Enrique, mi marido, y esa mujer, Elvira Hinojoza, además que es una usurpadora, porque ocupa el lugar de mi hija Flor! ¡Ella es quién debería estar en su lugar, no esa recogida! Además, ¿Te parece poco, la manera de cómo se infiltró a esta casa, disfrazada de mucama?”
“Sra. Amanda, cambiando de tema, creo que me vá a tener que dar mas de esos polvillos que ya se me están acabando.”
“¡Uy! ¡Haré lo que pueda pero, te pido que no los desperdicies que son difíciles de conseguir!”
“Por supuesto.”
Las dos seguían platicando, muy alegres. Mientras, el “trabajito” que Amanda le hizo a Fiorella daba resultado. Ella se quejaba angustiosamente de unos dolores de cabeza y andaba siempre desganada y aturdida. Su tío Simón, desesperado, no sabía que hacer en ese momento y salió a la calle, para encontrarse con Flor.
“¡Qué pasa, Simón!”, dijo Flor, “¿Sucede algo grave?”
“Es mi sobrina. La pobrecita de queja de unos dolores de cabeza.”
“¿Ya la fue a ver el médico?”
“¡Si! ¡Y lo curioso es que no le encontró nada!”
“Hummmm.... creo saber que es lo que tiene. ¿Dónde está ella?”
“Ella está adentro, recostada en su cama.”
Flor ingresa al apartamento de Simón y encuentra a Fiorella, tendida en la cama, quejandose de los dolores de cabeza.
“¡Flor! ¡Qué haces aquí!”
“Vine a ayudarte. Vamos, no temas.”
Con la ayuda de Simón, Flor levantó a Fiorella de la cama y de inmediato, tomaron un Taxi, rumbo hacia la casa de María para que le sacara el conjuro a Fiorella. Flor le tenía mucha fe a la se~ora María, a tal punto, que acudió a ella para averiguar sobre el novio muerto de Fiorella que, efectivamente, murió en una balancera y el General no tenía nada que ver en el asunto.
“¿Estás seguro que esto funcionará?”, preguntó Simón, con incredulidad.
“¡Por supuesto! ¡Esto la va a ayudar! ¡Hay que tener fe que todo se arreglará!”
Fiorella se seguía quejando de sus punzantes dolores de cabeza.
Al llegar al lugar, que emanaba un fuerte olor a incienso, los recibió la se~ora Lucía y de inmediato, los llamó a que llevara a Fiorella a un cuarto oscuro en donde Simón y Flor sujetaron fuertemente a Fiorella mientras que Lucía, tiraba unas hierbas a Fiorella, para quitarle de una vez por todas, ese hechizo. Tardaron varios agitados minutos pero, finalmente, Lucía logró quitarle el hechizo y le entregó un collar de protección, con la condición que nunca se lo sacara. Fiorella respiró mas aliviada. Ellos le agradecieron el favor a la se~ora María. Pero, hubo otro dolor que no se le quitaba y era el dolor de haber perdido a Mariano, cosa que la obligó a regresar a su casa, junto a Flor y Simón, con sus padres.
“¡Fiorella! ¡Hija! ¡Haz vuelto!”, exclamó Don Pedro Gustavo.
“Asi es, mamá. Ustedes ganan. Mariano y yo hemos terminado... ¡Y no quiero hablar mas al respecto!”
“Esta bien, hija,” exclamó el se~or, abrazándola fuertemente. De pronto, él miró a Flor.
“Gracias por haber traído a mi hija”, dijo Elvira, “Gracias, Flor.”
“De nada... papá”, dijo Flor, “Ahora nos vamos rápido que puede venir la sra. Elvira.”
“¡Por favor, no se preocupen que Elvira no está y no vendrá hasta muy tarde! ¡Además, no se vayan tan rápido, que ya voy a servir el lonchecito... ¡Chochi! ¡Chochi!”
Como Chochi no regresaba, entonces, el General se dirigió a la cocina y encontró a Chochi besándose con Ramón Augusto.
“¡Chochi! ¡Qué estás haciendo!”
“¡Oh, patroncito, disculpe usted! ¡Lo siento!”
“Anda a servir unos refrescos que la se~orita Fiorella vino con unos invitados.”
“¿La srta. Fiorella está aquí?”, exclamó Chochi, “¡Aleluya!”
Chochi rapidamente sirvió los refrescos y los llevó a la sala donde estaban Flor y Simón.
“¿Flor? ¿Coco Plano?”, preguntó Chochi, “¿Qué hacen acá? ¿Ustedes son los invitados?”
“Asi es, Chochi”, respondió Flor.
En ese momento, Chochi llamó a Ramón Augusto para que viniera a saludar a sus amigos mientras que Flor, Fiorella y Simón se sirvieron los refrescos.
“¡Marisol! ¡Qué haces por acá!”, exclamó Simón, a Ramón Augusto.
“Por favor, Coco Plano, guarda esa flor, no me delates ante las hembritas”, dijo Ramón Augusto, avergonzado.
“Oye, amorcito”, preguntó Chochi, “¿Por qué el ‘Coco Plano’ te llamó ‘Marisol’?”
“Es una larga historia, amorcito. Pero, no es lo que te imaginas. ¡Te lo juro!”
“¡Claro!”, intervino Flor, “En el barrio, cada uno tiene sus ‘chapas’ y estas no reflejan para nada el físico. Por ejemplo, a Simón le decimos ‘Coco Plano’, sin tener siquiera la cabeza plana.”
“¿Y a ti como te dicen Flor?”, preguntó Fiorella.
“¡A ella le dicen...! ¡La Colombiana!”, intervino Simón, “Y no precisamente, por su parecido con Angie Cepeda.”
“Sucede es que cuando Flor viajó a Colombia por unos días,” explicó Ramón Augusto, “Regresó hablando maravillas de Colombia, incluso, empezó a hablar como colombiana y escuchar puros vallenatos.”
“¿Y que tal Colombia?”, preguntó Chochi.
“Chévere.”, respondió Flor, “La gente es de lo más querida y amable.”
“Yo conozco Colombia”, intervino Fiorella, “Estuve en Cali. Es un lugar muy bonito y acogedor.”
Fiorella le pidió a Ramón Augusto y a Chochi que se sentaran. Chochi decidió poner algo de música. Sintonizó radio y para su sorpresa, sonaba una canción de Pablo Salgado: “Que voy a hacer sin ti, cuando te vayas...” De pronto, Flor comenzó a pensar en Pablo.
“¿Otra vez?”, dijo Ramón Augusto, “¡Es la quinta vez que escucho esa canción! ¡Cambia la estación!”
“¡No la cambies!”, dijo Chochi, “¡A mi me gusta esa canción!”
“¡Yo no sé que le ven a ese tipo!”, dijo Ramón Augusto, “¡A mi no me parece gran cosa como cantante!”
“No, amor, no seas celoso que no te queda. Además, mira a Flor, a ella parece que le gustara esa canción.”
“Asi es. Muy linda... la canción.”, respondió Flor, en tono pensante.
“¡Hoy es el concierto de Pablo!”, recordó Chochi.
“¿Vas a ir?”, preguntó Simón.
“No lo sé. Tengo muchas ganas de ir pero, no tengo con quién ir.”
“No me mires así”, dijo Ramón Augusto, “Que tengo que trabajar esta noche.”
“¿Será que Flor podrá ir conmigo al concierto?”
“Preguntale a ella”, dijo Simón.
“¡Flor! ¿Puedes ir al concierto de Pablo conmigo?”
Flor estaba contenta. Sabía que era su oportunidad de poder reencontrarse con Pablo.
“¡Claro! ¡Por supuesto! ¡No faltaba mas!”
“¡Oye Flor! ¡Crees que no me doy cuenta!”, dijo Simón, “¡Yo sé bien que a ti te gusta Pablo Salgado!”
“¡Por supuesto! ¡Para que negarlo! ¡Pablo está buenazo!”
“Además, hay un video que lo prueba”, comentó Simón, en tono sarcasticamente burlón.
“¡Qué has dicho!”, exclamó Flor, dándose por ofendida.
“¡Coco Plano, por favor!”, intervino Ramón Augusto, “¡No hagas ese tipo de bromas pesadas a Flor! ¡Ella que te ha hecho!”
“¡Ooops!”, dijo Simón, abrazando a Flor, “Perdóname, Florcita. No fue mi intención... ¿Me perdonas?”
Simón le dio un beso en la mejilla.
“Claro que sí”, ella respondió sonriente, abrazando a Simón.
En ese momento, viene Elvira con su amiga Clara y su esposo Francisco, que se asustan al ver a los muchachos en la sala. Ellos se asustan apenas ven a la se~ora Elvira.
“¡Qué hacen ustedes aquí!”, exclamó indignada, “¡Por qué arman tanto alboroto!”
En ese momento, ella divisa a Fiorella, su hija, y su expresión se llena de júbilo y alegría.
“¿Fiorella? ¿Eres tú? ¡Fiorella, hija! ¡Has vuelto!”
Ella corrió a abrasar fuertemente a su hija Fiorella mientras que, sigilosamente, los demás se retiran de la sala, despidiéndose de Chochi y de los invitados. Elvira seguía abrazando a su hija Fiorella, felíz por su retorno. El maduro Francisco mira de reojo de Chochi y a ella le enternece su mirada. Clara contempla la expresión de su esposo pero, trata de disimular su descontento. Finalmente, luego de un largo y enternecedor abrazo, Elvira la presentó a su amiga Clara y su esposo Francisco.
“Chochi, ¿Puedes servir té con galletitas a los invitados, por favor?”
“Si, se~ora Elvira.”
Chochi se retiró. Fiorella también pidió disculpas para retirarse. Clara seguía platicando con Elvira. Don Francisco seguía mirando a Chochi con fascinación y luego, para disimularla, preguntar por Pedro Gustavo.
“¿Dónde está tu marido, Elvira?”
“Debe estar en su despacho. Anda con toda confianza, está al fondo del pasillo.”
“Permiso, por favor.”
Francisco se retiró de su asiento y se dirigió hacia el pasadizo y, sin que Elvira ni su esposa se percaten, trató de buscar a Chochi, la mucama que lo dejó fascinado, y finalmente, se topó con ella.
“Hola Chochi, ¿Cómo estas? ¿Eres nueva aquí? Yo no te había visto antes.”
“Llevo como dos a~os trabajando aquí.”
“Bueno, es la misma cantidad de tiempo que llevo desde mi última visita al Perú sin venir. Mi familia y yo vivimos en México y después de tiempo, hemos decidido regresar acá, aprovechando que mi yerno, lo debes conocer, el cantante Pablo Salgado, está de gira en este país.”
“Claro que conozco a Pablo Salgado, es el cantante de moda.”
“Dime, Chochi, ¿Ese es tu nombre?”
“Bueno, asi me dicen. En realidad, me llamo Rosa Angélica Jiménez, para servirle a usted.”
“¿Jimenez?”, dijo atónito.
“¿Sucede algo, se~or?”
“No, nada. Es que hace mucho tiempo conocí a una muchacha llamada Rosalba Jimenez y tú te pareces mucho a ella.”
“¿Rosalba Jimenez? ¡Así se llamaba mi mamá! ¿Usted conoce a mi mamá?”
Francisco se quedó atónito.
“Bueno, no estoy seguro si estamos hablando de la misma mujer. Ella es de un pueblito llamado Barranca.”
“Bueno, mi mamá es de Barranca.”
Francisco volvió a quedarse atónito.
“¿Tienes una foto de tu mamá?”
“Claro. Ya se la traigo.”
Chochi se retira. En ese momento, viene Pedro Gustavo Domínguez, que logra reconocer a Francisco Flores Urteche.
“¿Francisco? ¿Francisco Flores Urteche? ¡Como estás, hombre! ¡Tu esposa y tu hija viene por acá y tú nada, ya te olvidas de los amigos, hombre!”
“¡Disculpa, Pedro Gustavo pero, he estado ocupado antendiendo unos negocios urgentes! ¡Oye! ¡Simpática tu mucama, ¿No?”
“Chochi es una muchacha muy jóven pero, eficiente.”
“¿Sabes, Pedro Gustavo? ¡Ella conoce a Rosalba Jiménez!”
“¿Quién es Rosalba Jiménez?”
“Una muchacha peruana que visité hace mucho tiempo en un viaje a Lima. Era muy linda. Así como tu mucama. Ya han pasado como veinte a~os desde aquella vez que la ví.”
“¡Vaya! ¡Qué bien te lo tenías guardado! ¡Entonces, Chochi podría ser hija tuya!”
“Puede ser. No lo niego. Siempre y cuando estamos hablando de la misma persona.”
En ese momento, se aparece Chochi con la foto de su mamá y se la ense~a a Francisco.... Al ver la foto, a Francisco le dá una fuerte impresión como una punzada en el corazón... Era la misma mujer que conoció hace viente a~os, y que compartió un idilio amoroso de la cual siempre mantuvo en absoluto secreto, ante su esposa y sus amistades.
Pedro Gustavo y Francisco decidieron reunirse con los demás para seguir platicando en la sala. Chochi subió hacia el cuarto de Fiorella y le comentó lo sucedido con Don Francisco.
“¡Vaya! ¡Así que el ilustre se~or Francisco Flores Urteche conoció a tu madre!”
“¡Si no te imaginas como se puso cuando vió su foto! ¡Se quedó helado como un témpano de hielo!”
“¡Qué bien se lo tenía guardado el viejo!”
“Srta. Fiorella...”
“Dime, Chochi.”
“Tengo ganas enormes de visitar a mi madre. Allá en Barranca.”
“Muy bien. Si es por mí, te doy permiso.”
“Es que quisiera que usted vaya conmigo.”
“Bueno... no sé si me den permiso de ir...”
“¡Claro! ¡Es lo que usted necesita! ¡Un cambio de ambiente y olvidar la desilusión de Mariano!”
“No lo sé.”
“Además, así puede ver a su bebé.”
“¿Mi bebé?”, dijo con expresión enternecedora.
“Si ya debe estar mayorcito. El hijo que usted tuvo con el muchacho Francesco, ¿Se acuerda?”
Como Fiorella podía olvidarse de ese bebé que tuvo con Francesco, el amor de su vida, aquel bebé que supuestamente ella le hizo creer a sus padres que había abortado, cuando en realidad, convencida por Chochi, decidió tenerlo en secreto, escondida en una casona humilde por siete meses, para luego, entregarselo, recién nacido, a la mamá de Chochi y ella marcharse hasta su pueblo. Fiorella, entonces, con el remordimiento y el amor de madre que sentía decidió aceptar la invitación de Chochi para dejar atrás sus problemas. Ambas acordaron hacer el viaje... luego, del concierto de Pablo Salgado, de la cual, se agotaron todas las entradas.
En el auditorio, había un lleno de ruidosas fanaticas que esperaban ansiosas poder ingresar al escenario para poder ver en vivo y en directo a su cantante favorito. Allá estaban Chochi y Flor buscando sus asientos, tratando de estar lo más cerca del cantante. Ramón Augusto vino a dejarlas y cuidar por ellas, de que nadie se atreviera a molestarlas. Mientras, Pablo se encontraba con Enrique, su representante, preparandose para el gran concierto.
“¡Vamos Pablo! ¡Levanta ese animo! ¡Hoy es el gran día! ¡La vida es una, hay que disfrutarla!”
“No se como decirle esto, Don Enrique, pero, tengo que hacerle una confesión...”
“Que es lo que quieres decirme, Pablo”
“Don Enrique, yo... ejem... yo... estoy enamorado de Flor, su hija.”
Don Enrique se quedó impávido con la respuesta de Pablo.
“¿Es cierto lo que me dices?”
“¡Ya no puedo ocultarlo! ¡Estoy enamorado de Flor! ¡La amo con todo mi corazón!”
“Pero, ¿Y Mariana?”
“A Mariana le tengo aprecio pero, a quién quiero realmente es a Flor... todos los días, no dejo de pensar en ella, besar sus labios, tocar sus rizos, acariciar su rostro... ¡La amo!”
“La verdad Flor es una muchacha especial.”
“Pero, sé que si estoy con ella, puedo perder todo el apoyo que me dá el se~or Flores Urteche. No sé que hacer, Don Enrique, quiero a Flor pero, también quiero mi carrera artística...”
“La verdad es que estás metido en una grave aprieto. Haz estado con mucha tensión, ultimamente, ¿Qué te parece si te vas con Mariana a tomar unas vacaciones, a un lugar alejado de los fanáticos? Conozco un pueblito que te puede agradar.”
“Es lo que necesito, un descanso. Para ordenar mis ideas. Gracias, Don Enrique.”
“De Nada, Pablo.”
Ambos estrecharon las manos y se dirigieron al concierto, en donde los espero un billicio enorme, la voz del presentador que hizo la fanfarría de presentación al cantante.
“¡Se~oras y Se~ores! ¡Llega directamente desde la hermosa ciudad de México, Distrito Federal, y luego de triunfar en diferentes lugares de México, Europa y Latinoamérica, el cantante más carimático y talentoso del momento! ¡Con ustedes, desde México y por primera vez, en Lima, Perú, reciban con un fuerte abrazo a....! ¡¡¡¡Pablo Salgado!!!!”
Las fanáticas gritaban fuertemente y sin cesar, mientras que Pablo ingresaba al escenario, vistiendo ropa de charro y acompa~ado de un mariachi, cantando sus canciones, ante un júbilo total. Las chicas que gritaban alborotadas y trataban de lanzarse contra el escenario para abrasarlo, mandarle piropos y declaraciones de amor y algunas atrevidad le tiraban su ropa interior.
“¡Cuero! ¡Papacito! ¡Cuero! ¡Qué bello estas! ¡Papacito!”
Una fanatica logra introducirse en el escenario y logra abrasarlo, en plena canción pero, rapidamente, vienen unos guardias de seguridad y la sacan rapidamente del escenario pero, ella, sin importarle nada, le mandaba besitos volados.
Varias canciones y un descanso después, Pablo decide llamar a alguien del público para que suba al escenario. Todas, sin excepcion, levantan sus manos al unísono pero, Pablo tiene la mirada fija en Flor. Entonces, guiado por sus impulsos, se acerca en dirección hacia ella y le extiende su mano, para que ingrese al escenario. Flor sabía que era a él la estaba llamando también y guiada por sus impulsos, acepta la invitación y, con algo de esfuerzo, logra subirse al escenario. Pablo hace que recién la conoce y le pregunta por su nombre... y comienza a cantar su canción más conocida: “Que voy a hacer sin ti, cuando me vaya...”
Flor y Pablo comienzan a mirarse fijamente a los ojos. Era obvio que se querían mucho y querían dar rienda suelta a sus emociones y al amor que sentían entre los dos. Mientras que las demás, celosas, la pifiaban e insultaban. Al terminar la canción, Pablo pidió a Flor que la despidieran con un fuerte aplauso mientras que ella se retiraba del escenario donde la esperaba Don Enrique.
“¡Flor! ¡Se puede saber que estás haciendo aquí!”
“Vine al concierto, pues.”
“¡Pero, no te imaginas el peligro con el que estás envuelta, afortunadamente, Mariana no está en el concierto pero, tarde ó temprano se enterará de lo que hiciste y...!”
“¡Y que vá a pasar, ah! ¡Ya está bueno y lo voy a decirlo! ¡Amo a Pablo Salgado y ni tú ni nadie van a impedirlo!”
Enrique decidió callar. Mas adelante, ella se reencontró con Chochi y Ramón Augusto y finalmente, regresaron todos, sanos y salvos a casa. En el camino, Chochi le recomendó a Flor si quería ir a Barranca un pueblito en la sierra y Flor, sin titubeos, aceptó la invitación, simplemente porque necesitaba el descanso.
Dias despues, Fiorella preparaba su equipaje para ir a Barranca con Chochi y Flor.
“¿Otra vez te vas, hija?”, preguntó tu mamá, “¿Estas segura de lo que estás haciendo?”
“Asi es, mamá. Necesito un descanso.”
“Pero, no está bien que la hija de un General salga con la mucama de la casa.”
“Ya, mamá, no seas anticuada. Estamos en el siglo Veintiuno... ¡Esa manera de pensar ya pasó!”
“Pero, ¿Vas a ir solita?”
“¡No te preocupes! ¡Me sé cuidar! ¡Chochi es una persona responsable! ¡Además, vamos a ir con Ramón Augusto, su enamorado, que lo conozco y es una bella persona! ¡Así es que no hay nada que temer! ¡Ya verás que nada vá a pasar!”
“Bueno, si tu lo dices, cuidate mucho, hijita, por favor. Rezaré todos los días para que estés bien.”
En ese momento, Elvira vió el collar que le entregó la bruja de protección de cualquier hechizo.
“¿Y ese collar tan raro? ¿Dónde lo conseguiste?”
“Esteee... ¿Te gusta? Me lo regaló... mi tío Simón...”
“No le viene a tu ropa.”
“Me queda bien. Bueno, voy a buscar a Chochi a ver si está lista.”
Luego, Ramón Augusto toca a la puerta para recoger a Chochi y a Fiorella. Elvira le dá la bendición a su hija y a Chochi y ambas se despiden de ella. En el camino, ellas se encuentran con Flor, con su maletín de viaje y en el auto de Ramón Augusto, emprenden camino rumbo hacia Barranca, un pueblito, que por esas cosas de la vida, era el mismo pueblo hacia donde Pablo se dirigia con su hermano Santiago.... El destino se esmeraría en juntar nuevamente a Pablo con Flor y a Santiago con Fiorella.
***








 

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