Capitulo XXI
Julia caminaba apurada por los pasadizos de la Universidad, cargando sus libros, con los hombres recogidos, cuando de pronto, y sin dares cuenta, tropieza con Sergio Altamirano, dejando caer sus libros.
“¡Ups!”, exclamó Julia, “¡Disculpe usted, señor!”
De inmediato, él también se agachó para recoger sus libros cuando de pronto, viró su mirada en dirección a ella y la reconoció.
“¿Julia? ¿Eres Julia Cisneros?”, exclamó.
Julia comenzó a ponerse nerviosa, al ser reconocida.
“¿Perdon? ¿Usted me conoce?”
“¡Claro! ¡Soy Sergio! ¡Te veo todos los domingos en Misa, con el Padre Miguel!”
“¡Oh, si! Claro, claro… ya me acuerdo de ti… Tu estas con mi prima Monica, ¿No es asi?”
“Bueno… tu prima y yo, hemos terminado.”
“¡Ooooohhh! ¡Qué lástima!”
“Bueno, asi es la vida… ¿Hacia donde te diriges?”
“Bueno… ahora me dirigo a mi clase…”
“No sabía que estudias aquí.”
“Es mi primer semestre… ejem… estoy nerviosa…”
“En cambio, a mi me falta poco, mientras que haciendo mis practicas en un hospital.”
“Me alegra escuchar eso.”
“Gracias”, dijo Sergio, haciendo una pausa, “Cambiando de tema, ¿Tienes enamorado?”
“Si. Estoy saliendo con un chico llamado Jerry Modugno.”
“¿Jerry Modugno?”
“¿Lo conoces?”
“¡Su viejo tiene mucho billete!”
“Si, pero, él es de lo mas sencillo.”
“¿Conoces a su familia?”
“Si, los conozco.”
“¿Como te llevas con ellos?”
“Bien. No me puedo quejar. Sus viejos son buena gente asi como su hermana María, de la cual nos hemos hecho buenas amigas hasta que ella viajó a Miami.”
“¿Te mantienes en contacto con ella?”
“Bueno… es que… no tengo computador… para comunicarme por Internet…”
”¿Por qué no le dices a tu enamorado que te compre uno?”
“Es que… no quiero molestarlo… seria un abuso de confianza… Lo quiero por lo que es, y no por lo que tiene… es que… ¡Lo quiero mucho! ¡No sé que podría hacer sin él! ¡Asi como él me quiere mucho a mí!”
“¡Qué bien se siente cuando se tiene un amor correspondido! ¡Te felicito!”
“Gracias, Sergio”, dijo, con las mejillas sonrojadas, “Bueno, permiso, tengo que ir a clase.”
“Sigue no mas, Julia.”
Julia se dirige hacia su clase.
Mientras tanto, Jerry se encontraba en un parque con Virna, abrazados y conversando muy acarameladitos cuando de pronto, divisan a una carretilla helados D’Onofrio, con un heladero que llamaba la atencion con su chicharra…
“Ay, Jerry, comprame un helado, por favor.”
“Claro que si, flaca, no faltaba mas.”
Se acercan hacia donde estaba el heladero.
“¡Heladero!”, exclamó Jerry, “¡Dame un helado!”
“¿Qué tipo de helado quiere?”
“¿Tiene helado de lúcuma?”, intervino Virna.
“Lo siento. Ya se me acabó. Tengo de fresa, vainilla y chocolate.”
“¡Ay!”, ella exclamó frustrada, “¡Yo quería helado de lúcuma!”
“¿No quieres un helado de chocolate?”, preguntó Jerry.
“Soy alergica al chocolate además que no me gusta ni la vainilla ni la fresa.”
“¿Estas seguro que no tienes helado de lúcuma?”, le pregunto Jerry al heladero.
“¡No tengo, pues!”, respondió de mala gana, revolviendo los helados, “¡Mire! ¡No hay!”
“¡Pero, rebusque bien!”, dijo Jerry, “¡A mi me parece que vi uno por ahi!”
“¡Si no quieren comprar helados! ¡Me voy!”
“¡Oye insolente! ¿No sabes con quien estas hablando?”
“¡No!”, exclamó el heladero.
“¡Soy Jerry Modugno, hijo del empresario Roberto Modugno!”
“¡A mi que me importa!”, exclamó el heladero y le dió la espalda. En ese momento, Jerry se envalentonó, lo tomó de las ropas y le aplicó tremendo puñetazo, que casi deja grogui al heladero insolente.
“¡Oye pituquito de mier…!”, exclamó el heladero, empujandolo, “¡Qué te has creído!”
“¡Ya, Jerry, dejalo así!”, intervino Virna, conteniendo a Jerry, “¡Vamonos major, allá veo otro heladero!”
Virna logró retirar a Jerry de la vista del heladero y lo calmó.
“Debes controlar tu temperamento, Jerry, no vale la pena discutir así. Te puedes meter en problemas.”
“¡Te parece poco la manera grosera que te contestó ese indio infeliz!”
“No vale la pena… tranquilizate… yo tambien tengo que lidiar con esa gente todo el dia, en el trabajo… ¡Uf! ¡Ni te imaginas los aviones que me hacen! ¡El otro dia, me pagaron con un billete falso! ¡Todo estaba perfecto, excepto por un detalle: Tenia la imagen del chorrillano Palacios!”
“¿Y has pensado en denunciarlos?”
“Dificil. Aqui las autoridades son ineptas… ¡No les interesa nada de nada! ¡Ni siquiera son capaces de controlar la pirateria fonografica! ¡A tal punto, que estoy viendo por otras formas de recursearme! Tienes suerte, Jerry Modugno, en tener un papa millonario, pero, aquí, ¡La vida es muy dificil!”
“En cualquier sitio, flaca… en cualquier sitio…”
Jerry abrazó a Virna y siguieron caminando por el parque, muy agarritos los dos.
***
Mientras tanto, en una esquina del barrio, estaba el Jabancho con sus amigos Piolin y el Cholón.
“Ay, cuñao, estoy con una resaca horrible”, dijo el Cholon, “Tome unas chelas mas de la cuenta. Pero, les juro que ayer la pasamos de lo lindo con la Mónica Pérez… ¡Es un hembrononón! ¡Qué tal mamacita rica es Mónica!”
“La verdad, Mónica es una chica muy linda”, dijo Piolin, “Menos mal que dejó los hábitos.”
En ese momento, Cholón divisa a Mariano.
“¡Oye, cuñao! ¡Allí viene el saco largo del Mariano!”
“¡Uy, cuñao!”, dijo Piolin, “¿Verdad que terminó con la Vanessa para volver con Paula?”
“Asi es.”, dijo Jabancho, “Mariano volvió con mi hermana.”
“¡Oiga, compadre Jabancho”, dijo Cholón, “No es por nada pero, creo que su hermana le está haciendo brujería a Mariano porque, por lo que sé, es que estaba muy enamorado de la tal Vanessa!”
“¡En primer lugar, ella se llama Fiorella, no Vanessa!”, exclamó indignado, “¡En Segundo lugar, la tal Fiorella lo engañó! ¡Y en tercero, mi hermana no cree en brujerías!”
“¡Tranquilo, compadre!”, dijo Cholón, “No se ensañe que le hace daño para su salud. ¡Pero, a millas conozco a alguien embrujado y Mariano, seguro que lo está!”
En ese momento, vino Mariano…
“¡Que tal compadres! ¡Como estan!”
“¡Aqui pasandola no mas, compadrito!”, dijo Piolin, “¡La situacion que esta cada vez mas dificil! ¡No hay chamba!”
“Oye, cuñao”, dijo Jabancho, “Aquí el Cholón ha dicho que a usted le están haciendo brujería.”
“¡¡¡Que cooossaaa!!!”, exclamó Mariano con indignación.
Cholón le dió una bofetada por detrás y sin discresión al Jabancho por su metida de pata.
“No, compadre”, dijo Cholón, “No quise decir eso. ¡Le hablaba de esa salsa que dice: ‘Tu me hiciste Brujería!”
“¡Claro!”, dijo Mariano, “¡Es mi canción favorita! ¡Es un clásico! ¡Ya no hacen canciones como antes! ¡Ay, tengo unas ganas de llevar a mi Fiorella a un salsódromo!”
“¿Fiorella?”, dijo Piolín, “¿Qué no estás con Paula?”
“¡Uy, si, claro!”, dijo Mariano, “¡Me olvidaba que estaba con Paula! ¡Qué cabeza la mía!”
“¡Muchachos!”, intervino el Cholón, “¡Qué les parece si vamos al restaurante del Chato para picar unas pancitas!”
“¡Claro, compadre!”, intervino Piolin, “¡Tengo un hambre que seria capaz de comerme un caballo!”
“¡Vamonos, pues!”, dijo Jabancho.
Los cuatro se dirigieron al restaurante del Chato pero, en el camino, Jabancho se distrae el ver a su hermana Paula conversando con la sra. Amanda, y le pide a sus amigos que se dirigieran al restaurante sin él, que iba a saludar a su hermana.
“Oye, cuñao, ¿Qué mosca te picó?”, dijo Piolín, “¿Como así que dejas de comer por estar con tu hermana?”
“Tengo que hablar una cosa urgente con ella… ¡Ya vengo!”
“¿No le diras sobre lo de la…?”, intuía el Cholón, pensando que le iba a contar sobre la brujería.
Jabancho, sin prestarle atención al Cholón, se dirige hacia donde esta Paula con la sra. Amanda pero, sin querer, escuchó lo que ellas platicaban.
“Estoy confundida, sra. Amanda”, dijo Paula, “La verdad no sé si seguir con esto.”
“¡Claro que debes seguir con esto! Lo quieres a Mariano, ¿O no?”
“Si, lo quiero… pero…”
“Pero, que…”
“Pienso en el pobre de Juan…”
“¡Ya dijiste lo que dijo la sra. Laura! ¡No hay nada de que preocuparse!”
“Pero… no se lo que realmente siento por Mariano…”
“¡Ya! ¡No des marcha atrás con lo que hemos hecho! ¡Haz logrado separar a Mariano de la recogida esa! ¡Hasta me has hecho conseguir unas hierbas dificiles de conseguir, para preparar ese conjuro!”
“Aun creo que Mariano piensa en Fiorella…”
“Pues, entonces, no le estas dando el brebaje como es debido, supuestamente, ese conjuro lo preparó para que Mariano se olvidara de la recogida esa y te entregara a tus brazos!”
En ese momento, Jabancho que lo escuchó todo, sintió una fuerte impression como una estocada en el corazón… ¡No podia creerlo! ¡Su hermana Paula le estaba haciendo brujería a Mariano! Y herido en el amor propio, se dirigió a otra esquina, cuando se encontró con el “Patroclo”, quién muy feliz y campante, le dió ánimos y lo invitó a dirigirse al otro lado de la ciudad, al Jockey Plaza, un Centro Comercial exclusivo de la ciudad, para mirar chicas.
“¿Y que hay de malo con las chicas de acá?”, preguntó Jabancho.
“¡Qué vá! ¡Uno tiene que apuntar a lo alto! ¡Además, las pitucas me fascinan!”
“¡Bah! ¡Las pitucas son unas engreídas y disforzadas! ¡Yo prefiero mujeres de caracter!”
“Bueno, chochera, cada quien tiene sus gustos…pero, ¿Qué dices? ¿Vamos ó no vamos?”
“¡Vamos!”, dijo Jabancho, “¡Asi me acuerdo de cuando mi familia y yo eramos parte de la ‘high’!”
“¡Bah! ¡Ahora va a decirme que usted y su hermana fueron millonarios! ¡Esa no se la creo!”
“¡Firme, compadrito! ¡Se lo juro por mi madrecita! ¿No ve que mi hermana Paula salió rubia y ojos azules?”
“¡Bah!”, exclamó Patroclo, “¡Se tiñó el pelo y usa lentes de contacto!”
“¡No! ¡Es su color natural y así son sus ojos!”, respondió Jabancho, “¡Y yo tambien tengo mi pinta a tal punto que las chicas me confundían con Christian Meier! ¡Pero, yo soy mucho mas bonito!”
“¡Ya, compadre! ¡No me haga competencia que aquí los ‘palos’ lo digo yo! ¡Usted se parece es al gordo Pomar!”
“A mí el gordo Pomar me cae muy bien! ¡Es muy talentoso! ¡Ahora canta Rap y lo hace muy bien!”
“Ya, compadre, si es cierto lo que dice, entonces, ¿Por qué se quedó sin billete?”
“¡Mi Viejo era muy mano abierta y a todo el mundo, le prestaba plata!”, explicó el Jabancho, “¡Pero, nadie le pagó ni un sol! ¡Y por andar prestando plata, nos quedamos en la ruina! ¡Claro que a Paula le afectó poco porque ella era chiquitita pero, en cambio, a mí me chocó mucho! ¡Imaginate, cuñao, estar un dia comiendo con ministros y gerentes de banco, para luego, ir a comer con la servidumbre! ¡Por eso mis viejos quieren que Paula se case con un millonario, para recuperar su verdadero status!”
“¿Y que pasó con Mariano? ¡Porque Mariano si que es bien misio, por mi madre!”
“¡Mariano es buena gente! ¡Y a mí me gusta que mi hermana esté con él porque es un chico con aspiraciones que la puede sacar adelante!”
“¿Y, compadre? ¿Por qué no se consigue alguna jerma ó usted juega para el otro equipo?”
“¡No, compadre! ¡Las jermas les gusta que le gasten y yo gano lo suficiente para comprarles!”
“¡Claro! ¡Me olvidaba que usted es tan devoto de la virgen del puño! ¡Porque usted es mas agarrado, compadre!”
“¡No, chochera, no soy tacaño! ¡Tan solo soy prevenido y no le gasto a cualquiera!”
“¿Y a mí me va a gastar?”
“¡Claro, compadre! ¡Si usted es mi chochera, pé!”
Los dos se abrazan fraternalmente y se dirigen a tomar la combi para que los llevaran rumbo al Jockey Plaza.
Mientras, Paula caminaba por las aceras del barrio, mirando a unos chiquillos jugar fulbito en el barrio, de pronto, ella comenzó a pensar en su plática con la sra. Amanda, sobre su relacion con Mariano y pensó que tal vez tendría razón, y decidió entregarse a Mariano. De todos modos, lo suyo con Juan era imposible a pesar que sus padres le ponían presión para que prefiriera al millonario Juan en lugar del pobretón Mariano para que, de una vez, recuperar el status privilegiado del que alguna vez tuvo su familia. Paula siempre había sido muy rebelde y le gustaba mucho desobedecer a sus padres, es por eso que sus amigos mas allegados, pensaban que tal vez que ella no quería a Mariano, sino por el contrario, solo estaba con él para darle la contraria a sus padres. Pero, Paula, cegada por el orgullo propio, prefierió hacer caso a los consejos de la sra. Amanda y prefirió aferrarse al capricho de estar con Mariano. Para alegría suya, Mariano pasaba cerca de allí saludando a los niños que jugan fulbito. Ella se le acercó por detrás y le tapó los ojos.
“¿Adivina quien soy?”, dijo ella en tono muy sexy.
“¿Vanessa? No, perdon, ¿Fiorella?”
Paula comenzó a indignarse y Mariano, confundido, volteó el rostro y se sorprendió al ver a Paula.
“¿Paula? Disculpame, pense que era Vanessa, perdon, Fiorella…”
“¡Tú no has olvidado a la tal Fiorella!”
“¡Es cierto, no he olvidado a Fiorella, pero, soy incapaz de perdonarla por lo que hizo!”
Paula, indignada, se retiró de su vista y se refugió a una esquina a llorar amargamente. En ese momento, ella mira la Iglesia y decide ingresar allá. Al llegar, ella recoge un poco de agua bendita y hace la señal de la cruz ante el crucifijo y se dirige hacia donde se encontraba el Padre Miguel.
“Hola Paula, ¡Qué milagro tenerte por acá!”
“Padre Miguel, quiero confesarme…”
“Esta bien, vamos al confesionario…”
El Padre se sentó dentro el confesionario y ella se sentó de rodillas…
“Dime, hija, cuales son tus pecados…”
“Confieso que he separado a una pareja, usando brujería.”
“¡Pero, hija lo que haz hecho es una falta grave! ¡Y te arrepientes de todo eso!”
“Asi es, padre. Lo hice por satisfacer un capricho pero, no me dí cuenta que estaba hiriendo los sentimientos de mucha gente, como el hombre a quién quiero realmente…”
“Lo importante es que has reconocido tu error y que no vuelvas a cometerlo…”
“¿Me va a dar una penitencia, Padre?”
El Padre Miguel le dió la penitencia y la absolvió de sus pecados.
“Gracias, Padre Miguel.”
“Dime, Paula, sabes quien es la pareja a quien has intentado separar…”
“Si, Padre Miguel. Se trata de Mariano y Fiorella.”
El Padre Miguel se quedó impávido por la reacción.
“Debes tratar de hablar con Mariano y sincerarte con él.”
“Así lo hare, Padre. Gracias.”
Paula sale del confesionario y para su sorpresa, se encuentra con Mariano…
“¿Paula?”, dijo Mariano, sorprendido, “¿Qué estás haciendo aquí?”
“Vine a confesarme.”, ella, nerviosa, respiró hondo, “Disculpame, pero, creo que debo ser sincera contigo.”
“Pero, ¿Qué pasó?”
“Quiero que terminemos nuestra relación. Sé que aun quieres a Fiorella y no voy a hacer nada para impedir que estes con ella. Lo siento. Ademas, que no soy digna de tu cariño. No soy la persona digna que crees que soy.”
“Pero, Paula, yo…”
“No hay pero que valga, quiero terminar nuestra relación. Lo siento. Pero, yo no te merezco...”
“Esta bien. Pero, ¿Podemos ser amigos?”
“Esta bien… amigos.”
Los dos estrecharon las manos. Mientras, a lo lejos, el Padre Miguel los miraba dichoso.
Mientras, Patroclo y el Jabancho llegaron al Jockey Plaza cuando de pronto, se encontraron con Juan que estaba en una fuente de sodas, comiendo un sandwich con Inka-Kola y conversando con Mariana…
“Ya, Juan, tranquilízate, no vale la pena lamentarse por una mujer así…”
“¡Es que yo quiero a Paula!”
En ese momento, alguien se acerca a conversar con ellos…
“¡Mariana Flores Urteche! ¡Juan Salgado!”
Ellos voltean y se alegran a encontrar a…
“¡María Modugno!”
Era María que regresó sorpresivamente de Miami. Estaba radiante y Hermosa, con sus ojitos azules, dulces y soñadores. El se levantó de su asiento para saludarla con un beso en la mejilla.
“Pero, ¿Qué ha sido de tu vida?”
“Acabo de regresar de Miami. Estuve con Alonso que les manda muchos saludos.”
“Pensé que te quedabas allá”, dijo Mariana.
“¡No pude acostumbrarme allá! ¡Además que la visa se me expiraba y no quería quedarme ilegal!”
“¿Y Alonso?”, preguntó Juan, “¿El como está?”
“Está bien. Les manda muchos saludos pero, con mucho pesar porque lo dejé sola. ¡Pero, es que trabaja todo el dia y yo nunca lo veo! Pero, cuenteme de ustedes, ¿Como estan?”
“Yo estoy bien.”, dijo Mariana.
“¿Sigues con Pablo?”
“Asi es, María. Pero, ahora estamos separados. Es que él está de viaje en provincias”
“¡Chica! ¡Y no lo acompañaste!”, dijo María.
“Quise acompañarlo pero, él no quizo que lo acompañara. Se fué con Santiago.”
“¿Santiago? ¿Y él como está?”
“Santiago está muy bien.”, intervino Juan, “Siempre se acuerda de ti.”
“Yo tambien me acuerdo de él…”, dijo María, “¡Tan buen chico que es!”
En ese momento, se acercan Patroclo y Jabancho. María los reconoce y se alegra el verlos.
“¡Patroclo! ¡Jabancho! ¿Se acuerdan de mí?”
Ellos la miraban extrañados. Sabian que su rostro era familiar pero, no podían adivinar quién era.
“¡Soy María, la hermana de Jerry!”
“¿Jerry? ¿Quién es Jerry?”, preguntó Jabancho.
“Jerry Modugno, el enamorado de Julia, ¿No se acuerdan acaso?”
“¡Ahhh si!”, dijo Jabancho, “¡La chica que secuestró el Oficial Ardiles!”
“Bueno…”, dijo en tono complasciente, “Asi es. Yo estuve secuestrada en ese lugar. Y si no fuera por tí, no me hubieran rescatado. Mereces un beso por eso.”
María se acercó a darle un beso en la mejilla al Jabancho. El se sonrojó.
“¡Y yo qué!”, intervino Patroclo, “¡No hay beso para mí!”
“¡Ja! ¡Ja! ¡Por supuesto!”, y Patroclo acercó su mejilla para que ella lo besara. Y lo besó.
“¡Vaya! ¡Jamás me lavaré esta mejilla!”, exclamó Patroclo.
“¡Uy, si!”, dijo Jabancho, con chacota, “¡Qué cochino!”
“Perdon”, dijo María, “Olvidé presentarles a Mariana Flores Urteche y a … Juan Salgado.”
Juan se levantó de su mesa y le dió la mano a los demás. Jabancho quizo saludar a Mariana pero, ella solo dijo hola, esquivando su mirada. Patroclo fué mas arriezgado. Tomó su mano y le dió un beso.
“Mucho gusto, bella dama”, dijo Patroclo, con fascinación, “¿Nos conocemos antes?”
“No lo creo”, contestó Mariana, esquivando su mirada.
“¡Claro que sí! ¡Tú estabas esa vez con Vanessa, la hembrita de Mariano!”
“¡Yo no conozco a ninguna Vanessa…!”
“Perdon”, intervino Jabancho, “El se refería a Fiorella, la hija del general Dominguez.”
“Puede ser.”, dijo Mariana, en tono esquivo, “Pero, hace tiempo que no la veo.”
“¡Maria!”, intervino Juan, cambiando la conversación, “Siéntate y pide algo.”
“Gracias, Juan.”, respondió y le habló a Jabancho y Patroclo, “¿Nos acompañan muchachos?”
“¡Clarinete, pues!”, respondió Patroclo, y con tronando los dedos, llamó a Jabancho para que trajera tres sillas. Juan llamó al mozo y trajeron las sillas y una mesa para que pudieran comer. Antes que Jabancho se sentara, Patroclo comenzó a tocar y mirar detenidamente la silla.
“¿Para que haces eso, compadre?”, preguntó Jabancho.
“Para ver si está lo suficiente resistente para tí. Y lo está. Ya puedes sentarte.”
Jabancho se sentó.
De inmediato, vino el mozo con la carta. María pidió un milkshake de fresa, Patroclo pidió un sandwich de jamón con queso y mucha mayonesa y mostaza y Jabancho, como era su costumbre, pidió una hamburguesa con papas, lechuga y tomate, ademas, que pidió un banana split con tres copas de helado.
“¡Te vas a comer todo eso!”, exclamó Juan, impresionado, “¡Te vas a indigestar!”
“¡No, que vá!”, dijo Patroclo, “¡El Jabancho es un barril sin fondo!”
Siguieron comiendo. Patroclo miraba de reojo a Mariana que lo había dejado fascinado. Ella se sentía incómoda pero, trataba de disimularlo. Pero, él estaba tan distraído que casi se atragantó… ¡Cough! ¡Cough!
“¡Eso te pasa por estar distraído! ¡Toma agua!”, dijo Jabancho, mientras María le alcanzaba el vaso de agua.
“Gracias, flaca, es cierto, voy a comer con más cuidado.”
Siguieron comiendo. Jabancho siguió comiendo rápido y se lo terminó todo de un santiamén, dejando a Mariana y Juan, con la boca abierta, sorprendidos, pues, no dejó ni un arroz.
Finalizado de comer, Juan pidió al mozo que le trajeran la cuenta. Pero, cuando dejaron la cuenta en la mesa, Juan quizo sacar su tarjeta de crédito pero, Patroclo colocó su mano para impedirselo.
“No, compadre. Agueita un momentito que yo pago.”
Entonces, metió las manos en los bolsillos e hizo un ademán como si fuera sacar la billetera pero, hizo un gesto que se le olvidó.
“¡Ups, disculpen! ¡Creo que me olvidé la billetera en el otro pantalón!”
“¡Ya, ya!”, exclamó Juan, “¡Como que no conociera ese Viejo truco!”
Juan colocó su tarjeta de crédito y de inmediato llamó al mozo para que se llevara la cuenta de pago.
“Bueno, muchachos”, dijo María, “Fué un placer, haber compartido tan bello momento con ustedes.”
“¿Vas a casa, María?”, preguntó Mariana.
“Me voy un rato a la oficina de Don Enrique Cisneros.”
“Bueno”, dijo Mariana, “Te cuento que él esta de viaje de negocios con mi papá.”
“¡No! ¡Vengo a visitar a alguien!”
“¡Yo te llevo María!”, intervino Juan.
María aceptó y de inmediato, se despidieron de Patroclo y Jabancho, que siguieron caminando por las calles del centro comercial Jockey Plaza.
“¡Oye, cuñao!”, dijo Jabancho, “¡La verdad si que es linda, la tal María! ¡Tiene unos ojazos soñadores!”
“No la ví bien. Estaba ocupado viendo a Marianita… ¡Qué linda está!”
“¡Cuidado, Patroclo! ¡Qué esa chica es la enamorada de Pablo Salgado y se van a casar muy pronto!”
“¡Hay tipos que tienen una suerte!”
***
Mientras tanto, Mónica se encontraba con Pancho en la oficina de Don Enrique Cisneros. Ella ordenaba unos archivos mientras que Pancho, con cara de aburrido, estaba arrecostado, con los pies tendidos en la mesa.
“¡Ya, Pancho!”, exclamó Mónica, “¡Saca los pies de la mesa, que estamos en una oficina!”
“¡Pucha! ¡Estoy aburrido! ¡No hay nada que hacer aquí!”
“¡Hay miles de cosas que hacer por aquí! Por ejemplo, ayudame a arreglar estos archivos por orden alfabético.”
“Yo no sirvo para estas cosas. Yo prefiero mejor sentarme con mi guitarra y componer canciones. ¡Eso es lo mío!”
“¡Pero, si no eres famoso, no puedes vivir de eso! ¡Ya, vamos a trabajar!”
Pancho comenzó a ayudar a Mónica a arreglar los archivos mientras que trataba de entablar comunicación.
“¿Lo conoces al señor Francisco Flores Urteche, el socio de Don Enrique?”, preguntó Pancho.
“Si. Solo de vista. Me pareció un señor muy serio y exigente.”
“¿Y que sabes de su familia?”
“Sé que está casado con una señora peruana llamada Clara y tienen una hija, Mariana.”
“¿Y conoces a Mariana?”
“Bueno… los conozco en fotos. Me pareció una muchacha muy engreída. Pero, por qué preguntas tanto de esa familia, con sumo interés.”
“Bueno… yo… soy…”
En ese momento, tocaron la puerta y Pancho abrió la puerta. Era María.
“A ver, señorita, que se le ofrece”, dijo Mónica, en tono muy serio.
“Vengo a buscar a la señorita Ursula.”
“Ella ya no trabaja aquí.”
“¿Usted sabe donde puedo ubicarla? Quisiera hablar con ella.”
“No lo sé.”
“¡Yo te conozco!”, intervino Pancho, “¡Eres María, la prima de Alonso Grimaldi! ¡Te conozco por fotos! ¡Vaya! ¡Eres mucho mas bonita en persona!”
“Gracias”, respondió sonriente. Mónica la miró de mala gana.
“¿Sabes algo del amigo Alonso?”
“Alonso está en Miami. Trabajando duro. Yo precisamente estuve en Miami con él.”
“Dile que le mando muchos saludos y que cuánto se viene a dar otra vueltita por Lima. La escena rockera necesita gente como él, tan colaboradores.”
“Le hare presente. Mas bien, el me dió una lista para comprar. A ver si me puedes ayudarla.”
“¡Clarinete, pues! ¡Aquí soy el experto en esos asuntos!”
“¡Ya terminaron!”, intervino Mónica, impaciente, “¡Disculpe, señorita, pero, aquí estamos trabajando!”
“¡Mónica!”, dijo Pancho, “¡No sabes quién es ella!”
“¿Y quién se supone que es esta señorita? Dímelo, pues.”
“¡Mónica! ¡Ella es María Modugno, la hermana Jerry, el enamorado de tu prima Julia.”
“¿Julia?”, preguntó María, “¿Y ella como está? ¡Tengo unas ganas de verla!”
“Ella está bien.”, respondió Pancho, “Estudia Medicina y le vá muy bien.”
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