CAPITULO XXII
Julia y Maria se abrazaron fuertemente por el feliz reencuentro. Mientras que Juan Salgado, Pancho, Mariana, y Monica las miraban dichosos.
“¡Maria!”, exclamo Julia, “¡Qué milagro! ¿Cuándo volviste?”
“Vine esta ma~ana... ¡Ay, no te imaginas lo mucho que te extra~e, Julia! ¡Te traje un detallito!”
De su cartera, saco un paquetito y se lo ofreció a Julia.
“¿Y..y e..ese regalo?”, dijo, atónita, tiritando del miedo.
“Es tuyo... toma... abrelo...”
“Esteee... no te hubieras molestado...”
“¡Nada! ¡Lo hice pensando en ti!”
Julia tomó el regalo y ella, nerviosa y confundida, lo abrió y se sorprendió al encontrar una cadenita de oro. Ella, emocionada, abrazó fuertemente a María de la dicha. En ese momento, vino la sra. Amanda.
“¡Julia! ¡Monica! ¡Qué está pasando aquí!”, exclamó Amanda.
Julia comenzó a tiritar del miedo.
“¡Sra. Amanda!”, intervino María, “¡Como está usted! ¿Se acuerda de mí?”
“¡Por que me tengo que acordar de usted, ah! ¡Y quién es usted para hacer ese tipo de regalos a mi hija!”
“¡Mamá!”, intervino Julia, “¡Ella es María, la hermanita de Jerry, que regresó de Miami!”
Amanda la miró detenidamente y de pronto, su rostro comenzó a cambiar, tornandose mas amigable.
“Asi es, sra.”, le afirmó María, extendiendole un paquete a ella, “Soy María Modugno y vengo a entregarle su regalo...espero que le guste...”
“¿Para mi?”, exclamó Amanda, atónita, recibiendo el regalo, “No te hubieras molestado...”
“¡Para nada! Espero que le guste.”
“Pero, pasa, que estas haciendo alli, ¿No gustas tomar un lonchecito?”
“No será mucha molestia...”
“¡Ninguna, hija! ¡Pasa, por favor! Pueden entrar tus amigos...”
María se acerca a hablarles a Juan y Mariana.
“Lo siento, flaca”, intervino Juan, “Creo que nosotros nos vamos. Ya se está haciendo tarde. Además que tengo que dejar a Mariana a su casa.”
“¡Por favor!”, intervino Amanda, “¡Es solo un ratito, pasen, por favor!”
“No, se~ora!”, dijo Juan, “Se lo agradezco pero, ahora no puedo, otro día, mejor.”
“¡Juan!”, intervino Julia, “¡Vayan ustedes y que María se quede aquí!”
“Pero,”, dijo Mariana, “¿Cómo se regresa a su casa?”
“Jerry no debe tardar en venir... vamos, María, quedate un ratito con nosotras...”
“Está bien, Julia, si insistes... me quedo...”
Julia se puso contenta y abrazó fuertemente a María. Ellas ingresaron a la casa...
“Yo me quito”, intervino Pancho, “Tengo que ir a mi jato a descansar... tuve un día muy agitado.”
“Sigue no mas, Pancho”, dijo Monica, “Gracias por todo y nos vemos ma~ana en el trabajo.”
Pancho se despidió de los demás y se reitró hacia la otra esquina. Mientras que María, Amanda, Monica y Julia ingresan a casa a tomar el lonchecito. Allí estaba el Padre de Mónica para despedirse puesto que regresaba esa noche a Piura. Mónica pudo haberse quedado ese día y compartir con su padre pero, ella tenía que trabajar, porque Don Enrique, su jefe, se lo había pedido, ademas que ella aprendió a ser muy responsable, cualidad que le inculcaron sus padres... además que quería estar bien con Don Enrique, su amor.
Mientras tanto, Juan y Mariana ingresaron al auto pero, mientras ingresaba al auto y ponía la llave en el encendedor, veía por un espejo retrovisor a alguien que lo llamaba... era Paula, que lo había reconocido y quería darle alcance pero, él, tratando de hacer oídos sordos, prendió el motor del auto y le puso el acelerador...
“¡Juan!”, preguntó Mariana, “¿Qué te pasa? ¿No ves que esa chica te está llamando?”
“Si, la he visto, flaca... Pero, no tengo ningun interés en hablar con ella...”
“¡Ya! ¡No seas malcriado! ¡Y para de una vez ese auto y habla con ella! ¡Puede ser algo importante!”
Juan, resignado, paró el auto y se dirigió rumbo hacia donde estaba Paula. Paula, notando que estaba estacionando el auto, corrió contenta para reencontrarse con él.
“¡Juan! ¡Juan! ¡Quiero hablar contigo!”
“¡Qué quieres hablarme, conmigo! ¡Habla, se breve que estoy apurado!”
“Por favor, no te pongas asi... tu me quieres...”
“¡Y como quieres que te trate, luego del mal momento que me hiciste pasar! ¡Yo te quiero mucho, Paula, pero, es obvio que tú no me quieres! ¡Porque eres incapaz de comprender mis sentimientos!”
“Si lo dices por lo de tal Mariana, te entiendo, pero, escúchame, comprendo que no obré bien pero, es que... no se...”
“Anda, dilo, que quieres decirme... y se breve que estoy apurado... tengo que dejar a Mariana a su casa...”
“¿Mariana está aquí?”
“Asi es. Ella está aquí. Pero, no es lo que piensas...”
“¡Estas equivocado! ¡Yo entiendo muy bien tu posición! Juan... dejame decirte que yo... yo...!”
“¡Ya, ya! ¡Dejate de rodeos y se breve!”
“¡Yo... yo...! ¡Yo te amo! ¡Te amo con todo mi corazón!”
Juan hace un gesto de incredulidad. Pero, en ese momento, Paula lo toma de las ropas y lo besa apasionadamente. El le responde el beso y ambos comienzan a besarse. Sin embargo, se aparece Mariano...
“¡Paula! ¡Qué esto! ¡Con razón querías terminar conmigo! ¡Para estar con este...!”
“¡Oye que te pasa!”, intervino Juan, “¡Mas respeto conmigo!”
“¡No estoy hablando contigo!”, exclamó Mariano, “¡Tú aprende a respetar!”
“Por favor, Mariano, Juan, no peleen...”, intervino Paula.
“¡Nada! ¡Ahora lo entiendo todo!”, dijo Mariano.
“Yo no entiendo nada..”, dijo Juan, “Paula, explicame, ¿Que es eso que este tipo dice que terminaron?”
“¡Paula y yo fuimos enamorados!”, exclamó Mariano.
“Pero, ¿Qué es esto?”, dijo Juan, confundido, “¿Por eso querías que terminaramos para volver con él? ¡No entiendo nada!”
“¡Un momento!”, dijo Mariano, “¡Aquí hay algo que no entiendo tampoco! ¿Cómo así que este tipo dice que terminó contigo? ¡Si los que terminamos fuimos tú y yo...!”
“Mariano... Juan...”, dijo Paula, sollozando, “Disculpenme... no sabía que estaba haciendo... perdonenme si herí los sentimientos de ambos... estaba cegada por el orgullo... perdonenme, por favor... perdonenme...”
“Entonces, tú estabas conmigo y con él”, intuyó Juan, “¡No puedo creerlo! ¡No te creí capaz de hacer una cosa así!”
“Perdonenme... por favor... perdonenme...”, ella exclamó, mientras le brotaban lágrimas de angustia. Y de su desespero, ella ocultó su rostro y se retiró de la vista de ambos, dejandolos perplejos. Mariano y Juan, hicieron las pases y se retiraron, tomando rumbos opuestos. Mariano trató de darle alcance pero, se encontró con el Padre Miguel.
“¡Mariano! ¿Qué te sucede, hijo?”
“¡Tengo que alcanzarla! ¡Ella me tiene que explicar todo lo sucedido!”
“¿Alcanzar a quién? Hablame, hijo, quizas, pueda ayudarte...”
“No creo que usted pueda ayudarme, Padre Miguel...”
“Tranquilízate, hijo, ¿Es referente a esa chica... Paula...? ¿No es así? Vamos, no te pongas así, a veces las cosas pasan siempre por algo bueno... seguro conocerás a una mujer que te quiera...”
“Creo que no voy a confiar mas en las mujeres...”
“Vamos, Mariano, no digas esas cosas, sé que te dolió mucho que tengas que terminar con esa chica...”
“Es que Paula jugó con mis sentimientos. Ella estaba conmigo y con otro al mismo tiempo.”
“¡Vaya, hijo!”, exclamó el Padre Miguel, atónito, “¡Lo que me dices que grave! Pero, que tienen que ver las mujeres con lo que cometió esa muchacha...”
“No es la única que me mintió... ¿Se acuerda de Fiorella, la muchacha que supuestamente yo me iba a casar?”
“Asi es. Muy linda chica. Me acuerdo muy bien.”
“Ella tambien me mintió... no me dijo nada que abortó al ni~o que estaba esperando...”
“¿Ella estaba embarazada? ¿Y el hijo era tuyo?”
“¡No! Ella tuvo una relación, mucho tiempo antes de conocerme y de esa relación, quedó embarazada pero, abortó.”
“Pero, sus razones pudo haber tenido...”
“¡Nada! ¡Yo no puedo perdonarla porque ella fue incapaz de contarme! ¡Eso quiere decir que nunca confió en mí!”
“¿Y la has dejado que te explique sus razones?”
“¡Para qué! ¡Pierdo mi tiempo!”
“¡A lo mejor ella actuó presionada por su familia! ¡A lo mejor, ella no quería hacerlo pero, las circunstancias la obligaron a hacerlo! ¡No te das cuenta que quizas, la estas juzgando indebidamente!”
“¡Ya, Padre! ¡Usted no entiende de estas cosas!”
“No, hijo, entiendo perfectamente... porque yo tambien he pasado por algo igual... Vamos, cálmate, y vamos a la Parroquia, allá podemos platicar con mayor tranquilidad.”
Mariano se tranquilizó y optó por acompa~ar al Padre Miguel. Allí, ellos ingresaron a la Parroquia en donde el Padre Miguel, cerró la puerta de su despacho, le ofreció café y le contó su historia.
“Esto sucedió mucho tiempo antes que me ordenara como Sacerdote”, narraba el Padre Miguel, “Yo era un chiquillo locuaz y extrovertido y vivía enamorado perdidamente de una muchacha, que era mucho menor que yo. Mis padres, obviamente, como los padres de ella se opusieron a la relación debido a la diferencia en edades, además que mis padres siempre quisieron que yo fuera sacerdote. Y a ella la castigaron severamente, prohibiendole que tuviera todo tipo de contacto conmigo. Yo estaba desesperado, quería estar con ella pero, sus padres no la dejaban estar sola... siempre la veía con alguien... pero, una felíz tarde... ella y yo nos encontramos y nos fugamos... con la promesa de iniciar una nueva vida en un nuevo lugar... hasta que, en un restaurante en la carretera... apareció ella... (En ese momento, aparece la imagen de Amanda de joven, interpretada por la actriz Melania Urbina)... ella trataba de seducirme... con su pícara y seductora mirada... y esa larga y rebelde cabellera... pero, yo trataba de controlarme... sabía que lo que estaba haciendo no era correcto y trataba de alejarme de su presencia pero, ella se las ingeniaba para ganarse nuestra confianza... incluso, ella quizo ayudarnos a escapar pero, Clara, así se llamaba la chica con la que me fugué, sabía que ella lo hacía para estar conmigo... alguien avisó a nosotros de nuestro paradero y nos encontraron... los padres de ella la reprimieron y la enviaron lejos... dicen que al extranjero... yo estaba triste y desconsolado... hasta que ella, la muchacha de la carretera, se ofreció a darme consuelo y nos entregamos en una noche de pasión...”
“¿Y qué pasó, después? ¿Se casaron?”
“¡No! ¡Mis padres no la querían para nada por ser pobre e hicieron todo lo posible para alejarla de mi vista! ¡Y yo me embarqué rumbo hacia el sacerdocio!”
“Entonces, ¿No volvió a ver a ninguna de las dos? ¿A Clara ó a la otra, la chica de la carretera?”
“No. Hasta hace poco que me encontré con ellas... Clara viajó a México y se casó y tuvo una hija... mientras que la otra, la chica de la carretera... vive en este barrio...”
“¿Vive en este barrio?”, dijo Mariano, atónito, “¿La conozco?”
“Si, es Amanda Perez.”
“¿Amanda Perez?”, dijo Mariano, impresionado, “¿La mamá de Julia y Flor?”
“Asi es. Ella y yo tuvimos una relación corta...”
“Pero, qué tiene que ver su historia con lo sucedido con Fiorella y Paula...”
“Mucho que ver... ¿No te das cuenta? Nuestros padres se interpusieron entre Clara y yo, ellos vieron sus propios interes y no les importó para nada que fueramos felices... asi como Paula y Fiorella actuaron presionadas por alguien, para cometer lo que hicieron...”
“Pero, ¿Esta seguro de todo eso?”
“Asi es, hijo. La experiencia me ha hecho ver muchas cosas y te puedo decir es que ambas muchachas no son malas, simplemente, son víctimas de las circunstancias y actuaron presionadas por alguien o algo...”
Tocaron la puerta principal y el Padre Miguel, se levantó de su silla y se dirigió a abrir la puerta y apareció... Eufemio, el ni~o amigo de Mariano...
“¿Eufemio?”, dijo emocionado y perplejo, “¿Qué haces aquí?”
Eufemio le dio un pu~ete en el estomago a Mariano.
“¡Auch! ¡Eufemio! ¡Y eso porque!”
“¡Por no haber cumplido tu promesa! ¡Me prometiste que cuando te casabas con Vanessa, me ibas a adoptar!”
“Disculpame, Eufemio, pero, no puedo estar con Vanessa... lo siento...”
“¡Entonces, no vuelvas a hablarme en su vida!”
Eufemio, enojado, dio media vuelta y se retiró. Mariano se disculpó con el Padre Miguel y se retiró, para dar alcance al ni~o. Mientras tanto, Fiorella (o Vanessa) todavía seguía en su viaje junto a Flor, Chochi y Ramón Augusto...
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