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CAPÍTULO 2: "NUEVOS ALIADOS"

April 7 2003 at 10:11 AM
GUMANO 
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M: Bueno, bueno.....podríamos dejar los temas personales para después y proseguir con la junta- dice muerta de la envidia, al borde del colapso, por las miraditas que se están echando Mario y Betty y como esté discretamente pierde su mano izquierda por debajo de la mesa para “sobar” la pierna de Betty-.

Una hora después la junta se disolvía y Armando daba la bienvenida de nuevo a Beatriz estrechándole la mano.

A: Espero que se encuentre a gusto trabajando para esta empresa – la dice mientras intenta quitarse de en medio a Maria Beatriz que se ha vuelto a colgar de su cuello-.

B: Claro Dr....no se preocupe por nada yo al lado de Mario me siento a gusto siempre –le dice fastidiada por aquella pesada de voz insoportable que no deja de besar el cuello de Armando-.

M: Ciao presidente...me llevo a esta linda señorita a almorzar.....

Y saliendo de la sala de juntas, Armando ve alejarse a Mario y a esa morena agarrados de la mano. Mientras esperan el ascensor ve como él, coqueto, se arrima hasta la oreja de Beatriz y allí le murmura algo con cara de sátiro que, a Beatriz, la hace sonreír y la mano de Mario que hasta ahora estaba pegada a la cintura de ella desciende sutilmente hasta su trasero. El elevador abre sus puertas, entrando ambos y, cuando están a punto de cerrarse, observa como Mario levanta la mirada hacia él y provocándole, empieza a besar el cuello de Beatriz juguetón.

CAPÍTULO 2: "NUEVOS ALIADOS"


No se había podido sujetar. Aquella mirada provocadora a Armando se la tenía guardada hacia muchos años... Casi desde la universidad. Pero debía olvidarse de Armando, de ECOMODA, de todos aquellos insoportables y concentrarse en ella, en Betty. Acarició de nuevo aquella cintura que lo volvía loco. Betty lo miró y le sonrió. Ya comenzaba a relajarse de todos los nervios que había pasado en la junta y sobretodo,... con Armando. Habían pasado muchísimos años; él ni siquiera la había reconocido, pero la sensación de retroceder años en segundos, había sido muy dolorosa, y sobretodo, la había agotado. Suerte tenía de Mario, hombre que en ese momento tenía a su lado. Él había sido su guía y su mástil cuando estaba a punto de caer. Seguía siendo tan atractivo como en la universidad, sino más. Era como un buen vino, como un reserva; mejoraba con los años. Ahora lucía un cabello sin las ataduras de la gomina y una cuidada barba que a ella le encantaba. Se volteó a mirarlo y le regaló una sonrisa.

M: ¿Y bien? ¿Qué opinas? ¿Qué te parecieron?

B: Que me extraña.

M: ¿Te extraña? ¿El qué?

B: Que no te hayas vuelto loco en ese zoológico... - La carcajada resonó en el elevador. - Dios mío!!! Yo solamente conocía los gritos del Presidente, pero los de... esa mujer... Marcela, eso, Marcela Valencia, tampoco se quedan atrás. ¿Qué sucede entre ustedes?

Mario soltó un largo suspiro. Nunca le había comentado nada sobre ella, sobre Marcela. Las puertas del elevador se abrieron y aquello le dio un pequeño respiro. Se dirigieron a buscar el carro.

M: Bien... Pues... Ella...

B: ¿No lo eres indiferente? ¿Eso quieres decir?

M: Podríamos decir eso...

Betty sonrió. Mario se había sonrojado. Ya estaban acomodados en el carro y se dirigían al restaurante.

B: No me importa y lo sabes. Nunca he sido celosa... Sería una locura... para mi salud mental. Tú, un tipo tan atractivo,... Rodeado todos los dias de mujeres tan hermosas, de tantas modelos... Estás conmigo, pero no estás ciego Mario.

M: Aja.

B: Pero no quiere decir que puedas hacer lo que desees ¿Eh? - Lo miró sonriendo. Acarició la mano apoyada en el cambio de marchas. - Eres mío y eso, todo el mundo en ECOMODA, debe tenerlo muy claro. ¿Okey?

M: Creo que quedó muy claro en la Junta. ¿No oíste los gritos de Marcela? Y no solo le quedó claro a cada uno de los miembros de la Junta, si no a todos los empleados. - Comentó, guiñándole un ojo. - ¿Y del resto?

B: No sé... No he tenido tiempo de analizarlos. Vamos a ver; en la Junta estaba... estaba Hugo, el diseñador...

M: Buen tipo... Agradable, un poco alocado. Es con el que mejor me llevo de toda la Junta. Se puede hablar con él y si en algo considera que llevas la razón, te defiende ante el Presidente, ante Daniel,... ante todos.

B: Aja. ¿Y Daniel?

M: Bufff... Daniel... Es el amigo íntimo de Armando. Donde va uno, va el otro; lo que opina uno, lo opina el otro. Son un muro infranqueable (se puso nostálgico).... Creo que durante un tiempo estuvo celoso de mi amistad con Armando (Betty lo miró y él, algo avergonzado, cortó ese sentimiento). Ellos dos reúnen la mayoría de las acciones de la junta... Luego, está Camila... Nada que ver con su hermano. Una mujer muy centrada, nunca alza la voz más de lo necesario. Trabaja con Hugo en los diseños. Luego está Saúl... Un tipo muy desagradable... Un sobón con las mujeres. Tiene a todas las secretarias martirizadas. Pero... Tu me tendrás allá para defenderte de sus... avances.

B: Mmmm... Me encanta tener a mi propio guardaespaldas en la empresa, mi príncipe valiente. Pero no te preocupes, amor. Ya he aprendido a pararle los pies a esos tipos. - Y la sonrisa que lucía se convirtió en una triste mueca. Volteó su cara, para que Mario no la viese y comenzó a mirar por la ventanilla del carro. Sus ojos no veían el paisaje; recordaban la primera vez que vio a los tres juntos.

Era su primer día en la universidad. Estaba muy nerviosa y lo primero que le sucedió cuando llegó a aquel edificio inmenso fue tropezar y caer sobre un muchacho de algún curso superior. En aquella época aún era muy torpe, pero había sido una suerte que la persona a la que accidentó fuera a él.

B: Ay... Lo siento... discúlpeme... no le vi... (al levantar la vista, lo vio)... Mario?... es usted?... hacía meses que no lo veía... perdóneme es que iba distraída... Es que no sé dónde debo acudir...

El muchacho la miró. La vio tan nerviosa, pobrecilla. Se agachó a ayudarla a recoger los libros y cuadernos que se habían desparramado por el suelo.

M: No se apure... ¿Es su primer día? ... verdad Betty? - ella asintió. - En mi primer día, yo le tiré un café por encima al decano de la facultad, a causa de los nervios. Es normal. Dígame ¿A qué facultad pertenece? (Mientras se lo decía la abrazó, siempre le había tenido cariño a esa muchachita, desde que la conoció, a través de su padre, ya que Don Hermes solía llevar la contabilidad de algunos negocios de su padre).

B: Económicas.

M: Okey... Veo que al final se decidió por las finanzas... aunque no era de extrañar (le sonreía, cómplice, mientras se lo decía)... Pues mire. Debe acudir a la planta superior, y frente a secretaria, hay unas escaleras. Sube por ella y el pasillo que encuentra, al final, existe un corredor que comunica con la facultad de económicas. ¿Okey?

Betty le sonrió. Mario siempre había sido muy agradable y amable con ella.

B: Muchas gracias. La verdad es que me siento más tranquila sabiendo que usted estará por aquí. - Extendió su mano.

M: (sonría, siempre era tan formal) Bueno, en realidad ya terminé... este año voy a hacer un master sobre relaciones internacionales... pero me alegra mucho que esté en esta universidad... así nos veremos más a menudo (le guiñó un ojo).

Un grupo de muchachos llamaron la atención a Mario.

A: EY CALDERÓN!!! VENGA YA, HOMBRE. LLEGAREMOS TARDE.

D: DEJE YA DE TONTEAR CON MUCHACHAS!!! VENGA!!!

Betty se enrojeció hasta la punta del cabello. Mario la miró.

M: No les haga caso. Son mayores que usted, pero como si fuesen criaturas. - Le guiñó un ojo.

B: Gracias por su ayuda, y de nuevo me alegro de que estudie aquí... siempre es bueno conocer a alguien.

M: Ha sido un placer......... nos vemos.

Cuando Mario se acercó a sus amigos, Betty se quedó mirándolos. Eran dos y mayores que ella y, a parte de Mario, había un muchacho... Que ojos tenía el condenado. Negros y profundos. Con una mirada suya, se derretiría. El otro era mas rubito y tenía una cara, una expresión... desagradable, como malvada. No sabía como explicarlo, pero le repelía.

Se volteó y comenzó a seguir las indicaciones de aquel viejo conocido y llegó, sana y salva, a su facultad, sin ninguna contrariedad más.


Una leve frenada del carro la volvió a la realidad. Estaban frente al restaurante donde acudían a almorzar.

M: Bien, amor. Ya estamos. ¿Qué te provoca almorzar?

B: Mmmmm... Me dejaré guiar por las indicaciones de mi guardaespaldas.

M: Okey... - Mario se bajó del carro, lo rodeó para abrirle la puerta y entrar al restaurante.





Una hora después regresaban a ECOMODA, entrando en el edificio, cogidos de la mano.

H: Ay, ya llegó la alegría de esta empresa... MARIO!!! Ay... Con todo el escándalo de la junta, no pude felicitarte por tu compromiso y por el bellezón de novia que luces. Ay, si a mi me gustasen las mujeres... Pero tengo una gran virtud... ME ENCANTAN LOS HOMBRES!!!

M: Sí, Hugo, conozco tus virtudes. Pues, ahora aprovecho para presentarte en condiciones a Beatriz Pinzón. Beatriz, él es Hugo, nuestro “genial diseñador”

Betty extendió la mano, pero Hugo, la atrajo hacia sí y le plantó dos besos, uno por mejilla.

H: Ay niña... A mí eso de dar la mano... como que no... Encantado de conocerte... Realmente hacéis una pareja de lo más bombi... Yo, a este hombre, lo he intentado llevar a mi redil, pero ahora entiendo por que no se acercaba a mí como yo deseaba... - Suspiró con melancolía. - Con esta mujer en casa... No como esa loca... - Se plantaron los 3 ante las puertas del elevador, esperando que éste bajase y abriese sus puertas.

B: ¿Loca?

H: Sí, loca.

M: ¿A quien te refieres, Hugui?

H: A la loca de la cirugía esa... a Mª Beatriz....... Maribet para los amigos....... jajjajaja . OHH Que casualidad. Beatriz y Mª Beatriz... Pero ni punto de comparación entre ustedes dos, querida Beatriz. Fijaos que entrada hizo en la Junta. YO, UN GENIO, SOLO YO PUEDO ENTRAR ASÍ E INTERRUMPIR UNA JUNTA!!! Y luego... Retoques por aquí... retoques por allá... Ahora el pecho... Ahora la nariz... Después el mentón. Cuando era jovencita era una monada de criatura, un poco locuela, pero ese era su encanto... Por dios, que estrés... Un día de estos se le va a caer la cara a cachos, con tanta cirugía...

A: ¿Interrumpo la sesión diaria de cotilleo, Hugo? - La airada voz de Armando resonó a sus espaldas.

Los tres se voltearon bruscamente. Betty apretó la mano de Mario con fuerza. Allá estaba Armando, con el maletín en la mano, mirándolos con cara de pocos amigos.

H: No, Armando, no la interrumpes. Si quieres unirte a ella... Estaba comentando que...

A: Ya oí tus comentarios, Hugo. Y no me han gustado. Así que te rogaría que si deseas criticar a mi novia y futura esposa... te lo pienses y observes primero quien puede oirte. ¿Entendiste?

H: Sí. Te oí y te entendí.

Se abrieron las puertas del elevador y los cuatro entraron en él. Armando se apoyó en la pared, detrás de todos. El silencio que existía allá era muy incomodo. Pero nadie se atrevía a decir nada. La cara furiosa de Armando cortaba cualquier intento.

Cuando se abrieron las puertas en la planta ejecutiva, Hugo salió disparado hacia el departamento de “diseño”, mientras Mario y Beatriz se despedían con un ligero beso. Armando, que aun estaba en el elevador, los observaba, con los brazos cruzados sobre el pecho y el maletín en el piso. Se agachó, recogió el maletín y salió.

A: ¿Me permiten? - Obligó a la pareja a separarse, sin haber acabado de despedirse. Mario lo acribillaba con la mirada, mientras Armando marchaba hacia Presidencia. NO!!! No podía esperar o rodearlos. Él debía pasar por medio de ellos dos. Betty le dirigió una última mirada cómplice y se marchó a su despacho. Cuando llegó, su secretaria, ................., le comunicó que en la sala de visitas le esperaba un caballero.

Su alegría fue inmensa cuando vio allá sentado a Nicolás Mora.

B: ¿NICOLAS? ¿Qué hace usted acá?

N: Su padre, que me pidió que le trajera unos documentos para que cuando pueda le eche un vistazo, dice que hay algo extraño y que quiere saber la opinión de la mejor economista de Bogota

B: No exagere, Nicolás.

N: ¿Exagerar?... Oiga no se ofenda pero yo no lo creo... porque somos dos los que ostentamos ese titulo (se señaló así mismo)... usted y yo mi querida amiga... Sólo repito lo que su papá me dijo... y óigame bien... ¡¡Con palabras textuales!!!

B: Jajajajaja... ay Nicolás usted si que es payaso!

N: No, por favor, no me recuerde lo que me ha sucedido nada mas llegar a esta maldita empresa. (con cara de asustado)

B: (sin entender nada) Dígame, ¿Qué le ha sucedido?

N: ¿No le dije que no me lo recordara? - Con voz desesperada. - He hecho el ridículo más espantoso... Y delante de una mujer hermosa ¿Qué mas puede sucederme a mí? ¿EH? Diosito ¿Qué le hice yo para que me castigara con este cuerpo tan torpe?

B: A ver... - Sentándose en la silla junto a él. - ¿Mujer hermosa? ¿Nicolás Mora? ¿La tiro, la empujó, la dañó, la pintó? ¿Qué le hizo a la modelo?

N: No, no. No era una modelo... No me dijo su nombre... Pero no era una modelo... Era un ángel... Tan bella... - Compuso una mueca de cordero degollado.

B: ¿No era modelo?

N: No tenía aspecto de modelo. No es que no fuese bella, que lo era... Era diferente... No sé... Bueno, le explico. Pues yo llegué para entregarle este documento. - Le alarga una nota simple del Registro de la Propiedad de Bogotá. - Cuando entré, el piso estaba mojado... y resbalé, pero no caí. Fui deslizándome a través de todo el hall, moviendo los brazos y gritando como un energúmeno “QUE ME CAIGO, SUJÉTENME, QUE ME CAIGO”. Solté la maleta y los expedientes, que cayeron al piso, esparciéndose por todo el hall. Y cuando por fin, Diosito decidió que cayera, caí. Pero no en cualquier lugar... NOOOO Eso hubiese sido demasiado fácil. Mi cabeza chocó con unos pies... deliciosos, divinos, increíbles...

B: Los de ese ángel encarnado en mujer.

N: Aja. Los de ella. Imagíneme allá, estirada toda mi humanidad, que no es mucha, en aquel piso mojado y mi cabeza apoyada en los pies de esa dama... Pues sucedió lo que suele ocurrir en estos casos...

B: ¿Y fue...?

N: Unas humillantes, grandes, e imparables carcajadas de ella. - Se tapó la cara con sus manos. - Comenzó a reír... Sus carcajadas retumbaron en todo el hall. Me levanté como pude... Pero mi deshonra no acabó allá, no. Fui a recoger mi maletín y los expedientes y volví a caer. Pero estaba vez no encontré sus pies para detener el golpe. Mire. - Se apartó un poco el capul. Allí se veía una zona enrojecida. - Me golpee con el mostrador de recepción. Increíble. Como pude me levanté y huí de allí. Dios, que vergüenza.

B: Bueno, Nicolás, tranquilícese... No volverá a ver a esa señorita.

N: Exacto. Es mi único consuelo. No podría ni mirarla a la cara. Fue tan humillante...

B: Pues, Nicolás, venga y le muestro mi despacho. - Lo cogió de la mano y lo llevó arrastrándolo por los pasillos de ECOMODA.

Cuando pasaron ante Presidencia, las puertas se abrieron y salieron Camila y Armando. Armando observó a aquel sujeto tan extraño que acompañaba, cogido de la mano, a su vicepresidenta. Pero aquel tipo no lo miraba a él; miraba con autentico horror a su hermana a Camila. Armando volteó la cabeza y vio sonreír a su hermana.

C: Hola. ¿Se recuperó del golpe?

Nicolás se quedó mudo. Miraba a Beatriz, pidiéndole auxilio.

B: Camila. Era Camila Mendoza. - Susurró a Nicolás, entre dientes. - Mmmm... Quiero presentarles a un buen amigo... Nicolás Mora... Camila Mendoza y Armando Mendoza. - Golpeó ligeramente con el codo las costillas de Nicolás, para que reaccionase y, como mínimo, extendiese su mano.

C: Ay, que pena con usted. - Encajando su mano con la de él. - Discúlpeme por lo sucedido en el hall. No sabe lo apenada y avergonzada que estoy. - Miró a Armando. - Es que el señor Mora cayó al piso en el hall de ECOMODA... y yo me reí. ¿Se dañó? - Volteó su mirada a Nicolás. - No sabe como lo siento. Es que me hizo mucha gracia. Y no sabe lo necesitada que estaba de un poco de risa, con tanto estres y tanto hombre prepotente que me rodea. Es reconfortante saber que existen hombres como usted, señor Mora. Es un alivio saber que una mujer, como yo, no debe ser perfecta para encontrar a un hombre como usted, tan encantador. - Armando y Beatriz observaban perplejos, aquellos piropos dirigidos hacia Nicolás. - Espero que esta no sea su primera y última visita a ECOMODA. Sería una verdadera lástima no poder gozar de su compañía en mas ocasiones.

N: Mmm... No, no... Supongo que... Habrá alguna visita más.

C: Okey. No sabe la alegría que me da saber eso. Bueno, debo despedirme de ustedes. Debo regresar a “Diseño” o Hugo me matará. Un placer, Nicolás. - Se volteó y se marchó. Ni siquiera se despidió de Beatriz y de Armando. Cuando llevaba dados unos pasos, volteó su cara ligeramente, para descubrir si ese hombre la miraba. Sonrió. Sí, sí que la estaba mirando. Y parecía que le gustaba lo que veía.

B: Nosotros también nos retiramos... Don Armando, con su permiso. - Se marcharon al despacho de Beatriz. Cuando cerraron la puerta, Betty miró a Nicolás, muy sonriente. - PERO BUENO NICOLÁS MORA!!! Esos golpes los tenía usted muy escondidos!!!

N: ¿Golpes? ¿A qué golpes se refiere? - Preguntó, tocándose la frente con su mano.

B: ¿Pero no se fijó? ¿No oyó los piropos que Camila Mendoza le dedicaba? - Comenzó a imitar la voz de Camila. - “Es reconfortante saber que existen hombres como usted.... Es un alivio saber que una mujer como yo no debe ser perfecta para encontrar a un hombre como usted, tan encantador...” ¿Y lo de sus próximas visitas? “Espero que esta no sea su primera y última visita a ECOMODA. Sería una verdadera lástima no poder gozar de su compañía en mas ocasiones.” Eso es una verdadera declaración de intenciones.

N: ¿De intenciones?

B: Sí, de intenciones... para asediarlo, para perseguirlo... Creo que tiene una enamorada, Nicolás Mora...

N: No diga esas cosas, Betty - Nicolás tenia la cara totalmente enrojecida. - Una mujer como ella... nunca se fijará en mí.

B: Disculpe que lo contradiga... Es que ya se fijó en usted. - Contestó Betty, con una gran y enorme sonrisa.




Betty estaba sentada en el sofá de su apartamento, con los ojos cerrados. De pronto sintió como unas manos expertas y conocidas iniciaban un masaje en sus hombros.

B: Mmm... ¿Acostaste a la niña?

M: Sí, se quedó totalmente dormida... después del cuarto cuento...

B: Mmmm... Un poco más abajo... Ayyyy, que daño, pero que placer... Sigue... aahhh.

M: ¿Te gusta?

B: Ya lo sabes... Me encanta... Tienes unas manos... Haces maravillas con ellas...

M: Mmmm... No sólo con las manos. - Mario continuaba masajeando los hombros y la nuca de Betty. La tensión se le acumulaba allá y siempre agradecía sus masajes.

B: Tienes razón. No solo con las manos. - Betty continuaba con los ojos cerrados. - Con otras partes de tu anatomía... Mmmm... Tu boca, por ejemplo...

M: ¿Mi boca?... ¿Quieres que se lo demuestre Dra.?

B: Por supuesto. Yo siempre estoy dispuesta a todo tipo de demostraciones. - Contestó, provocándolo.

Mario abandonó el masaje, rodeó el sofá y cargó a Betty entre sus brazos, llevándola al dormitorio que compartían.




Al otro lado de la ciudad, Armando Mendoza estaba echado sobre la cama con un pijama azul rayado. Estaba releyendo “El Quijote”. Por la puerta del dormitorio apareció Maribet, con su camisón de blonda. Armando levantó, levemente, la mirada del libro y observó los movimientos de su novia. Cuando, finalmente, se decidió acostarse junta a él, Armando cerró el libro, dejándolo sobre la mesilla de noche. Se volteó hacia ella y la abrazó por la cintura, besándola en el cuello.

MB: Armando... Tengo que preguntarte algo... Algo importante... Tienes que ser sincero ¿Okey?

A: Por supuesto, Maribet... ¿Qué sucede?

MB: Sí tu fueses yo... Tienes que ser sincero,, Armando.

A: Okey...

MB: ¿Te operarias los pechos o te pondrías un poco de silicona en las nalgas para realzarlas?

Armando cerró los ojos y la soltó bruscamente.

A: ¿Esa era tu pregunta, Maribet?

MB: Sí... ¿Qué sucede?

Armando se volteó, se acurrucó bajo las sabanas y respiró profundamente.

A: Nada, Maribet... Vamos a dormir...

MB: Pero... ¿Qué me respondes? ¿Pecho o nalgas?

A: Lo que a ti te apetezca, Maribet.

MB: Okey. Nalgas. Prefiero las nalgas. Buenas noches, amor. - Besó la nuca de Armando y se dispuso a dormir.

Armando fingía dormir, pero su mente no dejaba de funcionar. Estaba recostado, apoyado sobre su lado izquierdo. ¿Cómo podía estar con ella? Era una fanática de la cirugía... Su mundo giraba en torno a un bisturí, a la silicona, a los retoques... Pero ¿Y ellos? ¿Dónde había ido a parar su amor? Algún cirujano lo habría extirpado, pensando que se trataba de algún cúmulo de grasa, que afeaba la figura de Maria Beatriz Valencia.

Aún recordaba la primera vez que la vio... Bueno, debía ser sincero, la había visto en varias ocasiones, pero siempre la había considerado como una niña. Pero aquel día fue diferente. Fue en ECOMODA. Él había ido a buscar a su padre; debía acompañarlo al aeropuerto. Hacía poco que había estrenado su primer coche y quería lucirse con él ante las modelos de la empresa. Y la vio. Estaba en la puerta, con Marcela. Lucía una espectacular figura con vaqueros ajustados y camiseta en colores rojos de Ágata Ruiz de la Prada. Aquel día vio como aquella niña se había convertido en una mujercilla... muy deseable. ¿Cómo había podido cambiar tanto? Siempre había sido una chiquilla alegre, locuela, simpática, con mucho sentido del humor. Lo había cautivado con esa personalidad y su carácter, no solamente por su físico.

De pronto como la mano de Maribet comenzaba a acariciarle la cadera y se dirigía hacia otros lugares explorándolos. Armando no cambió de posición. Simplemente, agarró la mano de su novia y la apartó. Pero Maribet no se distinguía por su perspicacia y volvió a intentar provocar a Armando. Se había colocado aquel camisón, medio transparente, por él. Cuando volvió a intentarlo, Armando le espetó.

A: Basta, Maribet.

MB: ¿Basta?

A: Sí, basta, no me apetece.

Maribet se sentó bruscamente, cruzando sus brazos sobre su pecho.

MB: ¿CÓMO QUE NO TE APETECE? SIEMPRE TE APETECE!!!

A: Pues hoy es la primera vez que no me apetece. Estoy cansado, y las conversaciones sobre tus operaciones pues... no levantan mi libido, muy al contrario. Así que cuando desees una noche de desenfreno... Ni una palabra de operaciones, nalgas, bisturí o anestesias... ¿Okey?

MB: ¿OKEY?

Maribet se volteó y durmieron toda la noche, espalda contra espalda, sin rozarse ni un cabello.


Continuará


Esperamos que os haya gustado. Besos para todas.


Guaya (Atenea), Maeva y Noelia (Nemesika).


 
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Respuestas

  1. bua - saya on Apr 7, 1:07 PM
  2.  
  3. pero como puede estar armandito con niña-operaciones???. Que tierno es mario - belanuri on Apr 7, 1:12 PM
  4.  
  5. aun sigo sin - ilargi on Apr 7, 3:00 PM
  6.  
  7. Debe ser a causa de la... - Guiomar y Celia on Apr 7, 3:43 PM
  8.  
  9. Bueno - SoniaChe on Apr 7, 5:40 PM
  10.  
  11. lo siento, lo siento y lo siento.... - belengd on Apr 7, 5:48 PM
  12.  
  13. Debe ser un sufrimiento... - Sara Guerrero on Apr 7, 7:41 PM
  14.  
  15. desde luego - mari on Apr 7, 9:25 PM
  16.  
  17. ¡¡Qué historia tan diferente!! - María quehubo? on Apr 7, 10:19 PM
  18.  
  19. que raro se me hace ver a - marisa on Apr 8, 12:00 AM
  20.  
  21. Que bello es Mario!! - Mar (mex) on Apr 8, 3:53 AM
  22.  
  23. pues ... - isabel on Apr 8, 11:47 PM
  24.  
  25. yo creo que hay gato encerrado - Lika on Apr 10, 12:53 AM
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  27. ARMENDO Y LA NOVIA DE FRANKESTEIN.......... - KARMEN on Apr 12, 12:29 AM
  28.  
  29. No sé, me estoy adelantando... - Atenais on Apr 12, 8:05 AM
  30.  
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