Selecciona alguno para leerlo

 

 

 

 

 

 


LA GRAN HISTORIA DE AMOR

by (no login)

 
La gran historia de amor

Su relación fue muy complicada, hubo muchas idas y vueltas en el medio, y terceros en discordia también, y, como dice el dicho “muchas manos en un plato hacen mucho garabato”, por eso fue que su historia no llegó a buen puerto rápidamente, y no pudieron cumplir el sueño de ambos tan rápido como deseaban.
Ella era una mujer volcada a su profesión, su vida sentimental ya no tenía tanta importancia, creía estar plenamente enamorada de su marido hasta que lo conoció a él. Ese hombre de mirada tierna y porte firme, ese hombre de hombros fuertes y espaldas anchas que la hacía estremecerse cuando la abrazaba, ese hombre tan fiel a sus principios, tan reservado en su intimidad, en su vida, tan correcto, que al conocerla a ella, pareció perder lentamente todos los escrúpulos, sus normas fijadas hasta entonces, y dejarse embeber en esa magia que lo transportaba a otros mundos, que le abría las puertas de algo que había perdido hasta entonces: el amor.

Así se fueron conociendo, lentamente, siempre pendientes de los secretos, las mentiras, las dudas, los eternos encuentros de dos amantes que descubrían ese gran sentimiento capaz de mover montañas.
Pero ella se fue, se alejó para afirmar su amor, para confirmarse a ella misma que él era el hombre de su vida, que era junto a él que querían pasar todos los días, las noches, los meses, los años, los minutos...
Él no supo comprenderla, creyó que huía de eso que sentía, y que otra vez le fallaban, que otra vez lo abandonaban, que otra vez la vida le había quitado lo más preciado que tenía, sin pedirle permiso. Se sentía inútil, y buscó refugio en otros brazos que no supieron comprenderlo, que lo humillaron, y lo lastimaron, y conoció a esa mujer que también fue importante para él, pero nunca logró olvidarla, nunca logró olvidar al amor de su vida, a Lola.
Pasaron los meses y se sintió traicionado por aquella otra mujer, tomó distancia, estaba decidido a no encariñarse más con ninguna otra mujer, a olvidar todo, cuando se vio sorprendido por su regreso, por el regreso de ella, que volvía para recuperarlo, para decirle que lo amaba, que no se había olvidado de él, que lo recordaba todos los días, y que quería terminar su vida con él.
Se reencontraron. Al principio su reencuentro no tuvo nada de mágico, como Lola deseaba, pero después se convirtió en uno de los momentos más felices de su vida. Esa alegría se hizo aún mayor, cuando él, Sánchez, le propuso matrimonio. Vivieron apasionados esos días de ensueño, volaron a otras dimensiones, se transportaron al infinito y volvieron en una carrera sin escalas, envueltos en estrellas, en popas de jabón, para que una nube negra tiñera sus vidas.
Ese día, el día que supuestamente sellarían su amor para siempre, y se unirían para formar parte de un único ser, otro ser que recién comenzaba a asomarse en la panza de su madre, desarmó sus proyectos de vida. El hijo era de aquella mujer que en algún momento fue importante para él, y que ahora volvía a serlo a partir de esa noticia.
Pero Lola no pudo soportar ese dolor, decidió cargar acuestas y sola con su pena, con su corazón partido en pedazos, y se marchó, para cerrar su historia, con un beso, que no olvidaría en toda su vida, con recuerdos, emociones, sentimientos, que iban a quedar grabados en lo más profundo de su alma.


El tiempo pasó. Sánchez formó una familia, junto con aquella mujer, su hijo y sus sobrinos. Tenía armada toda una vida, pero nunca pudo olvidarla, y las largas noches de melancolía que pasaba sin dormir, con su mirada clavada en un punto fijo, sólo recordándola, eran testigo de su dolor.


Hasta que un día, la vida, o tal vez el destino, o tal vez alguna fuerza mayor que había vivido junto con ellos su historia, y que ahora deseaba que fueran felices de una vez por todas, que dejaran a tras los dolores, que se entregaran completos y sin rodeos a los brazos del amor, quiso que se cruzaran por casualidad esa tarde, en las calles de ese barrio que años atrás los vieron caminar tomados de las manos. Esta vez sí el encuentro fue mágico. Era como si el corazón de ambos se uniera en un solo corazón, como si la razón no entendiera lo que estaba ocurriendo, y le daba lugar al corazón para explicar lo inexplicable. Sus ojos no se cerraban, estaban unidos por ese brillo tan característico, mientras las lágrimas se deslizaban por sus mejillas. Parecía que el tiempo no había pasado, porque ese sentimiento continuaba más latente que nunca, más vivo que nunca y florecía más y más con sus sonrisas, con ese beso con el cual terminaron de reconocerse, de confirmar lo que ya estaba confirmado. Y aunque el espejo les demostrara que el tiempo sí había pasado, que ambos habían vivido su propia vida por separados, a pesar de que muchas veces la luna los encontró recordándose mutuamente, extrañándose mutuamente, amándose mutuamente, Lola y Sánchez estaban dispuestos a recuperar todo el tiempo perdido, a empezar de nuevo.

Sánchez sabía que tenía una familia, y no pretendía desentenderse de ella, pero quería ser feliz aunque fuese el último día de su vida, quería ser feliz y vivir junto a la mujer más importante de toda su vida. Esto puede sonar egoísta para algunos, pero no para aquellos que conocen y comprenden el amor como algo superior, como algo que a pesar de ser el hombre más rico del mundo, nunca te puede faltar para lograr hallar la verdadera riqueza. Y Sánchez, a pesar de haber tratado todos esos años de darle otra definición, de mentirse a sí mismo, entendía al amor de esa manera, y quiso afirmar esa teoría de una vez y para siempre.

Así fue como nuevamente, una iglesia lo vio entrar vestido de traje, así fue como nuevamente, una iglesia la vio entrar vestida de blanco. Con lágrimas en los ojos, esta vez de felicidad, sellaron su amor con la bendición de Dios. Se juraron amarse, cuidarse, protegerse, hasta que la muerte los separe. Y, fue un beso, apasionado, en el que se juntaron una mezcla de sentimientos, una mezcla de alegrías, tristezas, melancolía, recuerdos, emociones, idas, vueltas, amores, el que le puso la firma a ese “romance sin igual”.

(Era el final soñado que me atreví a ponerlo por escrito)

Belén.





Escrito desde Oct 20, 2003, 9:42 PM
de la dirección IP 200.70.123.26


Respond to this message

Return to Index
Respuestas

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2009 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement