Capítulo 24

by Cris (no login)

 
Diego miró nuevamente el papel.
- ¿¿Kate Vilela??¡Yo conozco ese nombre! –dice intentando acordarse de donde conocía el apellido de Kate.

Helen sonrió.
- Es obvio que tú lo conoces. Es el apellido de Kate. Por lo menos el apellido de soltera. Ahora ella es Katherine Vilela D’Avilla. ¿¿Pero por qué esa cara??

Diego comenzó a salir de la casa en dirección al coche para irse mientras le decía a Helen.
- ¡¡¡¡¡Helen!!!! ¡¡¡Mi Dios, es claro!!! ¡¿¡¿Cómo no me di cuenta antes?!?! –preguntó recordando repentinamente de donde conocía a Kate.
- ¿Qué pasó, Diego? ¡Me estás asustando!

Diego entró en el auto, seguido por Helen, pero no lo encendió. Apenas miró a la esposa.
- ¡Katherine Vilela es el nombre de la muchacha que estaba involucrada en el accidente de Clara! ¡¿¡¿Tú no te acuerdas?!?! ¡¡¡Era Kate!!!

Helen quedó pálida.
- ¡¡Ay, mi Dios!! ¡¡¡Tienes razón!!! ¡¡¡Es ella misma!!!¡¡Nunca había pensado en eso!! ¿Será que Felipe sabe?

Diego quedó pensativo.
- ¡¡¡Yo creo que él sabe!!! Él la vio el día que ella fue a prestar declaración. Pero... ¡él tenía tanta rabia! ¡¿¡¿Cómo se casó con ella?!?! ¡Él la odiaba! Quedó furioso cuando ella fue considerada inocente.
- ¡¡¡Pero ella era inocente, Diego!!! ¡Fue un accidente!

Diego concordó.
- Si, ¡yo sé que fue un accidente! Todo mundo lo sabe, pero Felipe no se conformaba. Él tenía la absoluta certeza de que ella era culpable.

Helen sonrió.
- ¿¡¿Viste como el mundo da vueltas?!? Él la odiaba cuando la conoció, principalmente por haber sido en aquellas condiciones. Y además Kate solo tenía 16 años. Pero solo mira ahora... ¡¡Él se casó con ella y hasta tienen una hijita!! ¡¡¡Ay, lo encuentro tan romántico!!! –suspiró Helen.

Diego rió.
- Realmente tú no tienes remedio. ¡Eres una romántica incurable!
--------------------------------------------------------------------------------

Mientras, Felipe acababa de entrar al cuarto. Kate estaba acostada de lado, teniendo a Alysa acostada a su lado también, mientras la amamantaba.
- ¿Qué estás haciendo? –preguntó al ver la escena curiosa de las dos.

Kate sonrió.
- Estoy amamantando a Alysa. El médico me dijo que esta es una de las posiciones más confortables para amamantar un bebé. Nosotras acostadas de lado una enfrente de la otra. –dijo Kate mirando fascinada a su hijita que acabara de llegar al mundo.

Felipe se cambió de ropa y se acostó al lado de las dos, haciendo cariños en la espaldita de la pequeña.
- ¡Ella es tan pequeña!

Kate rió.
- Parece mismo, ¿no? Pero ella nació grande para un bebé. 51 centímetros, para un bebé, es grande.

En ese momento, Alysa paró de mamar. Kate cerró la camisola que usaba y se sentó en la cama con la hija para que hiciera provecho. En esa posición, Alysa estaba con la cabeza recostada en el hombro de Kate y con el rostrito en dirección de Felipe.
- ¡Ella es linda! –decía encantado con la hija.

Kate sonrió.
- Ella sacó mucho de ti.
- ¿Lo crees? Yo no la hallo ni un poco parecida conmigo.

Kate rió.
- Mírala bien, Felipe. Ella es rubia como tú. Además, es más rubia que tú. Probablemente tú eras blanquito así como ella cuando naciste. Y no tengo certeza del color de los ojos de ella, porque tiene ojos azul marino como todo bebé, pero serán verdes ó azules. Y si fuesen azules será del lado de tu familia y no a ti, porque tú tienes ojos verdes, mas me dijiste una vez que toda tu familia tenía ojos azules.

Felipe sonrió todo orgulloso.
- Finalmente nosotros conseguimos escoger un nombre correcto para ella, ¿no?

Alysa ya había arrojado y estaba casi dormida. Kate la colocó acostada de lado en la cama, entre ellos.
- Alysa Carolyne. En un lindo nombre. Combinó bien. ¡Me gustaba Carolyne y tú querías Alysa ahí dio para juntarlos dos! -dice Kate riendo.

Felipe rió también.
- Ahora llévala para el cuarto de ella para que podamos dormir.

Kate inmediatamente paró de sonreír.
- Ah... Yo no quiero dejarla durmiendo sola en el cuarto de ella. Por lo menos por ahora. Ella es muy chiquita.

- Katherine, si ella se acostumbra a dormir con nosotros, nunca más conseguiremos dormir solos. Y además, tenemos el transmisor que nos deja escuchar cualquier ruido que venga de su cuarto. No tienes porque tener miedo.

Kate estaba indecisa...
- Yo... Yo no sé.
- Vamos Katherine. Si queremos educar nuestra hija tenemos que comenzar ahora. Colócala en la cama y vuelve para acá. Si quieres le pido a Anne que duerma con ella, mas aún no creo que sea necesario.

Kate acabó concordando. Tal vez Felipe tuviese razón. Alysa era muy pequeñita aún, pero si los dos comenzasen a ceder, quedarían tan acostumbrados con eso, que cuando Alysa comenzase a exigir sus voluntades, ellos ni percibirían y acabarían mimándola demasiado. Y no seria capaz de pedir a Anne que durmiese con la bebé.

Kate la tomó en brazos y se dirigió al cuarto de ella. La colocó en la cuna, la cubrió y enseguida cerró las cortinas de velo que rodeaban la cuna. Así no tendría riesgo de que algún bicho la picase durante la noche. Encendió el transmisor y lo prendió de la cuna. Apagó las luces y entornó la puerta, sin cerrarla totalmente, con la otra parte del transmisor fue para su cuarto.
Felipe estaba acostado en la cama, con la portátil de su lado apagada. Kate colocó el transmisor en el último volumen al lado de la cama, apagó la luz y durmió.
--------------------------------------------------------------------------------

Durante la noche, Kate tuvo que levantarse 3 veces más para amamantar a Alysa, siendo la última vez a eso de las 5 de la mañana.
Felipe despertó a las 6, dio su zambullón habitual y después fue a ver a Kate y Alysa. Kate aún estaba durmiendo en el cuarto, por eso Felipe fue al cuarto de Alysa. La beba estaba despierta moviéndose en la cuna pero sin llorar. Felipe sonrió. Era increíble tener una hija. El sentido de responsabilidad aumentaba de una forma estratosférica, pero el amor que sentía por ella era inimaginable. Era un amor diferente, intenso, inexplicable.

Era increíble mirar aquella cosita pequeña y saber que él la criaría. Era realmente linda. La cabeza rubia, la piel clara como la de él y los ojos de un tono oscuro de azul. El amor que descubriera sentir por su hija le daba fuerzas para todo. La tomó en brazos, sintiendo el olorcito de bebé mezclado con talco infantil y la abrazó. Supo en ese momento que sería capaz de todo por ella; de matar y de morir. Y pobre de aquel que intentase algún día lastimar a su hija.

Salió del cuarto de la pequeña y fue al suyo. Kate acababa de despertar y sonrió al ver a su hija.
- ¡Mira quién te vino a visitar! –dice colocando la beba en los brazos de Kate que se sentara en la cama.
- ¡Hola, mi amorcito! –dice tomándola.
Después escuchó un ruidito extraño que la niña hacía y constató que ella se chupaba el dedo.

Comenzó a reír.
- ¿Qué fue? –preguntó sentándose al lado de ella en la cama.
- Ella se está chupando el dedo. Y eso siento decirlo, ¡pero ella lo sacó de mí!

Felipe sonrió.
- ¡Creo que consigo perdonarte! –dice acariciando los suaves y rubios cabellos. – ¿Viste como ella tiene cabello?

Kate sonrió.
- También lo sacó de mí. Tengo mucho cabello y nací peluda también, solo que los de Alysa son rubios como los tuyos.

Se quedaron algunos minutos más observando la hija, y entonces Felipe fue a trabajar. Kate cambió los pañales y las ropas de Alysa, la colocó en la cestita que comprara, dejando que Anne diese una ojeada a ella.

Se dio una ducha y fue a dar de mamar a Alysa. Kate estaba encantada con su hija. Había acabado de amamantarla cuando el teléfono sonó.
- ¿Alo?
- ¡¡Hola hijita!! ¡¿¡¿Todo bien?!?! ¡¡¡Estaba muriendo de nostalgia!!!

“Hasta puedo imaginar cuanto”, pensó Kate.
- Todo bien, mamá. ¿Qué deseas?
- ¡¡Ay, Katherine!! Tú con esa manía de pensar que solo te llamo cuando quiero algo.
- Madre, la Sra. solo me llamó unas 3 veces desde que me casé. Y ya hace casi un año que estoy casada.

Isadora suspiró irritantemente.
- OK, amor. Prometo llamarte más veces, pero lo que quiero hablar contigo es otra cosa.

“Ah, yo sabía”, pensó Kate.
- Dime, mamá.
- Quería pedirte la dirección. Solo sé que vives en una isla en el fin del mundo que debe ser horrible, pero no conozco la dirección.

Kate rió. Si su madre supiera la mansión en que moraba.
- Todo bien, yo te paso mi dirección, ¿pero para qué?
- ¿¿Cómo para qué?? Para mandarte la invitación de casamiento da tu hermana. ¡¡¡Susan consiguió un marido muy guapo y rico!!!
- Muy bien, mamá. Anota: Puhínui Pacific Island, Ville 2, New Zeland.
- ¿Solo eso, mi vida? Que horror, vives en el medio del océano.
- Mamá, ¿la señora sabía que su nieta nació? –preguntó fríamente.
- Vamos,¿¿en serio hijita?? ¿¿Una niña?? Yo no sabía, también, tu ni me cuentas nada.
- Nació hace poco tiempo, mamá. Es una niña y se llama Alysa Carolyne.

Isadora rió.
- ¡¡Que nombre más bobo hija!! Pero está bien, la hija es tuya. Solo espero que ella se parezca a su padre, ¿eh? No que yo te halle fea hija, ¡¡mas es que tu marido es tan guapo y elegante!!

Kate sintió como si la madre la hubiese abofeteado.
- Si, ella se parece mucho a Felipe. ¿No quieres venir para conocerla?
- ¡¿Estás loca?! ¡¡¡No puedo salir de Melbourne ahora!!! ¡¡Tu hermana se va a casar!! Mas cuando vengas para la boda la veo. Ahora tengo que colgar. ¡Besitos y te cuidas, queridita!

Isadora colgó el teléfono dejando Kate con lágrimas en los ojos. No lloraría por la madre.

Había acabado de poner el teléfono en la base, cuando Anne entró y la vio llorando.
- ¿Qué pasó? ¿Por qué estás llorando?



Escrito desde Jun 25, 2004, 4:04 AM
de la dirección IP 200.243.65.126


Respond to this message

Return to Index

Create your own forum at Network54
 Copyright © 1999-2014 Network54. All rights reserved.   Terms of Use   Privacy Statement