Juan y Mónica, bajan y encuentra a Mariana, que los esperaba con cara preocupada en la sala.
--Juan, Mónica, --Dijo ella, con voz, angustiada; cada día es peor, no sé qué es lo que tiene, pero sé que si no hacemos algo ahora, será tarde. Las palabras se le atragantaban en la boca, al sentir que ellos eran su única esperanza. Juan y Mónica no terminaban de entender aunque algo suponían de lo hablaba; por eso, Juan haciéndose cargo de la situación y viendo el estado en que se encontraba Mariana, ordena a Meche que le prepare una tizana para los nervios. Ella de inmediato se dirige a la cocina para cumplir la orden de inmediato. Mónica se acerca a Mariana y le da un abrazo, para luego indicarle que se sentara, y les explicara mejor, lo que la traía a su casa.
Mariana, sentada y un poco más tranquila, les cuenta que viene de donde Enrique, al que ha visto cada día más desmejorado. Ella tiene un mal presentimiento. < Mala época la que escogió Tegua para ausentarse de San Pedro, ella sin duda, sabría qué era lo que afectaba a Enrique y ya lo tendría mucho mejor, pero eso ahora no era posible por eso el viaje que ya con Mónica habían hablado, era el momento de contárselo a Mariana para dejarla más tranquila>>.
Mariana, justamente con Mónica habíamos conversado del tema de ir a Veracruz para buscar un Dr. Que pudiera revisar a Enrique y decirnos que es lo que le pasa. Dijo, Juan; con voz calmada para trasmitirle ese mismo sentimiento.
Ellos luego de todo el mal entendido inicial, en este momento se trataban y se querían como hermanos, unidos por el afecto que los dos le tenían a Don Noel por ser el padre de uno y haberse comportado como tal para el otro. Por esos mismos sentimientos. Cuando Juan vio el sufrimiento de Mariana con la perdida de Marcelo, casi le parte el alma; por eso ahora que veía que su cuasi hermana, al parecer había encontrado un nuevo motivo para sonreír, no quería que volviera a perderlo sin siquiera haber comenzado algo formal entre ellos. Pues a leguas se veía que ese par eran el uno para el otro, pero que las circunstancias, inseguridades y orgullo de ambos impedía hasta ahora que se dieran una segunda oportunidad y que el destino cruel parecía, querer de nuevo empañarles su felicidad.
Meche llega con la tizana para Mariana. Luego de oír los planes de Juan de viajar, la embarga un sentimiento de esperanza que esa mañana la había empezado abandonar. Y cuando harías el viaje???, no quiero ser insistente, pero la verdad el caso de Enrique es de vida o muerte. Pues en realidad esta misma mañana se lo he planteado a Mónica y pensaba hacerlo dentro de una o dos semanas. Dijo Juan. Pero si lo que nos dices es cierto podría sin duda adelantarlo y hacerlo dentro de menos tiempo. Si estás de acuerdo Mónica???. Dice esto muy atento a la expresión de sus interlocutoras. Las dos al parecer quedan más tranquilas con su nueva propuesta ; luego de acordar que eso sería lo que haría se despiden de Mariana quien sale mucho mas calmada sabiendo que se haría todo lo posible para que Enrique mejorara y poder tener una posibilidad con él. Claro si él quería aun las palabras por el dicha le retumbaban en su cabeza. Pero la verdad, se dio cuenta que aun si la volviera a rechazar lo que no soportaría era perderlo.
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Lina María, al llegar al pueblo, pregunta las indicaciones para llegar a la casa de los Santana; May la esperaba y al ser avisada por su criada de su llegada, sale a recibirla. Definitivamente había cambiado mucho desde aquella vez en que en su viaje a España la viera. En esa época aunque se veía que sería hermosa ahora, con sus 23 o 24 años cálculo ella estaba definitivamente radiante. Aun a pesar de venir de un pesado viaje. Acordándose de esto le pregunta cómo había estado su viaje y cómo se encontraban sus hermanos, eran dos una hermana mayor y un hermano también mayor sino le fallaba su memoria; Ella después de darle las respuestas de rigor dijo que estaba muy cansa, por esto May le indicó cual era su habitación, le dijo que podía asearse y descansar un rato. Luego de lo cual le presentaría a su familia. Ella agradeció y se retiró a su cuarto.
> Pensó May Santana, mientras terminaba de dar las órdenes para que subieran el equipaje de su prima.
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Luego de mucha insistencia Andrés había conseguido que Dolores y Viviana aceptaran pasar un día de campo con él, en Campo Real. Desde el día que lo abandonara luego de su impulsiva propuesta, Dolores no había vuelto a la Hacienda. Pero debido a la insistencia de Viviana, que en realidad ya viendo que lo suyo con Andrés era un imposible, lo aceptó y ya solo sentía un gran aprecio por el amable caballero. Lo que si quería era que él y Dolores pudieran reconocer el sentimiento que entre ellos aumentaba cada día más. Ella tendría paciencia y esperaría por el hombre que retribuyera su cariño, pero por ahora ese no había sido Andrés, al haber puesto sus ojos en otra mujer, su querida Dolores.
El día fue maravilloso y al ver que estaba anocheciendo, y no queriendo que ese momento concluyera Andrés propuso que podrían quedarse, al fin y al cabo no tenían prisa por volver a San Pedro. Viviana encantada con la idea acepto de inmediato, impidiendo que Dolores se opusiera. Andrés no podía de la emoción el tener a Dolores más tiempo para él sin tener que compartirla con el fastidioso de Alberto. Ya se habían visto en una o dos ocasiones pero entre ellos la confianza del pasado había terminado por completo ahora su trato era solo, una mera formalidad. Dolores la verdad se alegró que la situación le hubiera impedido negarse pues muy en el fondo cada día el sentimiento que albergaba por Andrés casi la inundaba por completo y solo era cuestión de tiempo para bajar por completo las barreras que impedían reconocer que el sentimiento era mutuo. Pero también estaba el asunto de Alberto, por él tenía un sentimiento, un aprecio y por supuesto una nostalgia del pasado. Pero de momento solo pensaría en el momento en el hoy y en el ahora. Estaba con Andrés y él a pesar de todas sus negativas que en realidad habían sido bastantes. No se habia daba por vencido fácilmente; cuando más de una vez. Pensó que ya no lo volvería a ver. Luego de irse para la Hacienda, dejándola sumida en una gran tristeza, a los pocos día regresaba más entusiasta que antes. Era todo esto lo que le habían hecho ganar la confianza de Dolores. Y lo que ahora los tenía frente a una nueva etapa de su relación. La cercanía con Andrés hacia que Dolores desde hacia días tuviera unos estremecimientos que ella misma se sorprendía de sentir, ese hombre tenía cada día sobre ella una influencia mayor. Dejándola a su merced; pero por fortuna había logrado esconder todo esto a los ojos de Andrés. Quien estaba cada día más enamorado, pero al mismo tiempo perdía las esperanzas frente a la única mujer que deseaba; cuando mas desmoralizado se sentía, acudía donde Juan, el se reía y le decía que debía tener paciencia y nos desfallecer él lo sabía por experiencia propia; con Mónica él había pasado por épocas donde la constancia de su parte hizo que su amor sorteara cualquier obstáculo. Andrés reconfortado con las palabras de su hermano, volvía a la carga y al parecer cuando ella aceptó acompañarlo a Campo Real, vio los frutos de no haberse dado por vencido.
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Pasados los días Manuela por fin tranquila, veía complacida que las noches de pasión pasadas con aquel marinero de ojos claros, habían dado sus frutos, era una noticia perfecta para sus planes pues las fechas coincidirían por poco con el viaje de Juan y el momento de la gran pelea. No veía la hora de borrarle la sonrisa que desde hace días no abandonaba la cara de esa mosquita muerta de Mónica Altamira, ella sufriría y ella se encargaría de ser la directa responsable de ese sufrimiento.
Aunque también hacia días que veía preocupada que su hermano con el que solía discutir casi a diario, no se encontraba bien. Ella lo atribuyo a un mal pasajero, pero con los días viendo que no mejoraba, consultó con Ekea sobre algún tipo de hierba para darle. Ella le dijo que revisaría entre las notas que le había dejado su abuela para recetarle algo. Manuela olvidándose del tema, regresó a sus asuntos.
Ella sabía del hijo de Juan, abandonado por él en Veracruz, además sospechaba que en cualquier momento él viajaría nuevamente con cualquier excusa. Y estando él lejos encontraría la forma de sembrar la duda en Mónica sobre la fidelidad de su marido. Ella sabía que la duda era el peor de los martirios y estando Juan de viaje eso lograría atormentarla y hacerla vulnerable frente al resto de artimañas que ella estaba poniendo en práctica.
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Juan organizó el viaje, feliz de poder por fin volver a ver a Juan Camilo, ya habían pasado casi dos meses desde su último viaje, Mónica se encontraba en su cuarto mes de embarazo y aunque desde aquel susto durante su último viaje no se había puesto mal, Juan no podido decirle nada por el miedo constante de causarle un disgusto que pudiera indisponerla nuevamente. Además la ausencia de Tegua y el estado actual de Enrique lo ponían en una zozobra constante.
Pero por el mismo Enrique a quien necesitaba completamente recuperado para el momento definitivo del parto y para visitar a su hijo; haría este viaje. El cual calculó duraría unos cuatro o cinco días máximo. Esto fue lo que pensó necesitaria , para averiguar por un Dr. Que lograra dar con el mal de Enrique y que al mismo tiempo estuviera dispuesto a viajar hasta San Pedro para revisarlo; el dinero por supuesto no sería problema, dado que el asumiría todos los gastos.
Partiría en el Santa Mónica, pero cambió de planes pues el timón debía ser reparado; por eso iría en otro de sus barcos. Tal vez en el Diablo Rojo o en el San Telmo, nombres escogidos por su gran significado con su pasado y su presente. Antes de partir habló con Rafael, y le preguntó que opinaría de tener otro hermano. El extrañado le dijo, que estaba feliz con el hermanito que tendría dentro de poco. Pero Juan, volviéndole a preguntar más específicamente, sobre qué pensaría de él, si tuviera otro hijo que no fuera de Mónica. Por casualidad Meche pasaba por ahí cuando oyó la conversación. Esto la dejó muy intranquila, pues lo por Juan preguntado sería porque en realidad del hijo que hablaba debía existir. Pero lo que Meche no terminaba de entender era de quien podría tratarse y con quien. Esa noche hablaría con Facundo, y le preguntaría si sabía algo al respecto. Por supuesto que ella no le iría con el chisme a su señora; no quería ser portadora de malas noticias. Pero su orgullo como mujer se encendió por la certeza de una infidelidad de su patrón a Mónica que más que la señora de la casa era su amiga.
Continuara...
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