A la memoria de Eduardo Palomo
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CORAZON SALVAJE II (Autora:Beatry)
by Cris (no login)Bueno niñas, les dejo mi historia espero les guste
CORAZON SALVAJE II
Autora:Beatry
Escrito desde Nov 22, 2008, 2:49 AM
de la dirección IP 189.107.16.191
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by Cris (no login)Es una tarde en San Pedro, un poco particular para Mónica cree ver más brillante el sol que se oculta y las gaviotas mas excitadas, ha regresado de ver al doctor Zamora pues debía revisar su brazo y algunas molestias más. Al entrar a su habitación ha tenido unas ganas inmensas de gritar, decir lo que le ocurre lo mejor que le ha podido pasar- voy a tener un hijo- pensaba, un hijo de Juan del hombre que me devuelto todo las ganas de vivir, de soñar y de amar; luego recuerda que en la mañana él habia insistido en que volvieran que ya los papeles que le devolverian su apellido se los entregarian al día siguiente pero que no queria esperar más, la necesitaba le dijo; sin embargo ella prefirió esperar, no le importaba el que diran, eran sus principios y su moral lo que le hacia esperar aunque ya había fallado a ellos esa noche en que aceptó hacer el amor con Juan, esa noche llena de amor y pasión y que ahora le regalaba un hijo, lo mejor que le puede pasar.
Mónica: Meche no te parece maravilloso?
Meche: si doña Mónica un hijo siempres es una bendición.
Mónica: crees que le agradará a Juan? aunque eslla sabia que esa noticia lo haría felíz, ya habían antes hablado de eso. Ella decide esperar para contarle al día siguiente cuando Juan fuera a buscarla.
Andrés ha estado todo el día en su biblioteca, la noticia que le devolverian el apellido a Juan lo tiene trastornado y el alcohol que ha tomada mucho más, sabe que al devolverle el apellido a Juan, Mónica regresaría con él y eso lo enfurece no quiere que ellos sean felices si yo fui humillado y mi vida se ha llenado de amargura ellos tampco lo seran- ha pensado, se levanta toma su chaqueta y sale de su casa.
Juan en la sala de su casa ha estado intranquilo, la actitud de Mónica en la mañana ha sido muy extraña, necesitava verla hablar con ella su rechazo lo vuelve loco.
Mónica ha merendado ya y se despide de Meche para acostarse a dormir, luego de un rato tocan a su puerta muy fuerte ella se levanta y la abre pues podría ser algo grave, es Andrés. Andrés, que haces aquí- le pregunta.
Andrés: mónica, mi vida es un infirno y no dejaré que Juan se salga con la suya.
Mónica: pero de que Hablas Andrés?
Andrés: que serás mía y así me vengaré de él.
Andrés intenta propasarse ella le pide le suplica que la suelte, al ver que no Andrés no reacciona le grita que esta embarazada y le pide por favor que no lastime, Andrés retrocede y ante esto una luz de cordura vuelve a él saliendo rápidamente de allí.
Fuera de casa de Mónica estaba Juan que había visto a Andrés entrar a la casa de doña Prudencia cuando Andrés sale lo confronta:
Juan: ¿Qué haces aquí Andrés?
Andrés: que crees cobrándome tus actos
Juan: ella no se atrevería
Andrés: Pues lo hizo, así que ya te puedes quedar con tu mujer y tu apellido
Juan lo golpea y se va creyendo todo lo que le dice este, mientras Andrés prefirió callarse lo del hijo.
En la Cantina del tuerto
Juan llega golpeando fuerte y manda a buscar a Segundo con Serafín y se pone a tomar.
Tuerto: Que pasa Juan
Juan: Nada!!!!
Segundo: ¿qué pasó?
Tuerto: no ha querido decir nada desde que llegó.
Segundo: que me mandaste buscar
Juan: Si, quiero que prepares todo para zarpar al amanecer
Segundo: pero por que
Juan: Porque así lo quiero, levantándose y tirando la silla donde estaba sentado cuando este todo listo me avisas.
Segundo: esta bien Juan.
Serafín y Segundo salen para prepararlo todo. En la mañana se van la tripulación del barco, Segundo y Juan.
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Escrito desde Nov 22, 2008, 2:55 AM
de la dirección IP 189.107.16.191
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Parte II
by Cris (no login)Casa Mónica
Bien temprano en la mañana asiste a la misa y de allí va a la Posada del tuerto a buscar a Juan:
Mónica: Buenos días Serafín, podría decirle a Juan que necesito hablar con él.
Serafín: Buenos días Señora, el capitán no está.
Mónica: estará en su casa de la playa?
Serafín: no, esta mañana se fue de viaje.
Mónica: pero, a donde?
Serafín: no se, anoche llegó muy enojado y mando que prepararan todo
Sale el tuerto y en ese momento Mónica se desmaya este la carga y la entra para sentarla, cuando ella ya está con alientos pregunta
Mónica: por qué Juan se fue?, tenia algún viaje pendiente?
Tuerto: no señora no tenia viaje, pero Usted está bien? le mandamos buscar a un doctor?
Mónica: no es necesario, es normal en mi estado se levanta y se va a casa de Don Noel.
Casa de Don Noel
Llega Mónica y el no está, la recibe Amanda
Amanda: Hola Mónica como estas?
Mónica: bien gracias, a donde fue Don Noel?
Amanda: salio a encontrarse con Juan al registro civil, para lo de su apellido.
Mónica: Yo fui a buscar a Juan a la cantina del Tuerto y me dijeron que se había ido en su barco.
Asombrada Amanda, no sabe que decirle a Mónica.
Al rato llega Don Noel.
Mónica: Don Noel, ¿encontró a Juan?
Don Noel: No. Espere un rato en el registro civil y al ver que no llegaba lo fui a buscar donde el Tuerto.
Mónica: Pero allá no estaba o sí?
Don Noel: no! El tuerto me dijo lo mismo que te dijo a ti, pero hubo algo que no me gustó
Amanda: Y que es?
Don Noel: que Juan estaba golpeado y hablaba pestes de Andrés.
Mónica se pone nerviosa y dice: de Andrés, pero por qué? Ella recordó lo que Andrés había intentado hacerle esa noche.
Don Noel: no lo sé
Mónica: y a que hora llegó Juan a la cantina?
Don Noel: como a las once. Por que?
Mónica les cuenta de la visita de Andrés y que quizás Juan lo hubiera visto.
Amanda: Mónica, pero tu estas bien? De verdad no te lastimó?
Mónica: si, no te preocupes.
Don Noel: Andrés está realmente loco!!! Y si Juan lo vió como tu supones, que pudo haberle dicho Andrés a Juan que lo llevó a tomar esa dedición?...será que se atrevió a invertar calumnias
Mónica: habrá sido capaz?
Amanda: confiemos que no sea eso.
Don Noel: Ah otra cosa Mónica, Serafín me dijo que habías tenido un desmayo, estás enferma?
Mónica: no, es que estoy embarazada.
Amanda: oh Mónica felicidades!!!
Don Noel: bueno, me alegra mucho!
Amanda: y ya Juan lo sabía?
Mónica: no, por eso lo fui a buscar a la cantina
Don Noel: Debemos tratar de localizarlo
Mónica: Don Noel agradezco su ayuda, pero si Juan creyó lo que pudo haberle dicho Andrés de mi, entonces nunca me tuvo la confianza que decía tenerme. Ella se levanta se despide y se va para su casa.
Don Noel sale a casa de Andrés para averiguar que había pasado exactamente.
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Escrito desde Nov 22, 2008, 2:56 AM
de la dirección IP 189.107.16.191
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PARTE III
by Cris (no login)Casa de Andrés:
Don Noel ha llegado y pregunta por Andrés, la criada le dice que esta en su estudio.
Sin anunciarse pasa y sigue hasta allá.
Andrés: que hace aquí?, no me diga que ya su protegido fue a quejarse.
Don Noel: Juan no me ha dicho nada!!!, pero por tus golpes puedo confirmar que si te peleaste con el. Que le dijiste Andrés?
Andrés: eso no le importa, lo que importa es que por fin me desquite
Don Noel: a costa de Mónica? Que te ha hecho ella? No mereces perdón
Este se va y Andrés sigue tomando y diciendo que no le importa.
En toda la semana Mónica no sale de su habitación y no recibe visitas, si siquiera de de Doña Catalina.
Es domingo, ella se levanta y asiste a su misa de 10 AM de manera normal, pasa a visitar a Doña Catalina y le cuenta todo. Esta:
D Catalina: te das cuenta Mónica, Yo te lo decía que ese hombre no te quería, es un sinvergüenza que te abandono en tu estado.
Mónica: mamá Juan no lo sabe y no quiero que lo sepa, tendré que hacer mi vida sin el.
D Catalina: estas seguras? Mira que la criatura que llevas en tu vientre siempre te lo recordara.
Mónica: aunque sea así, el me dará la fuerza para olvidar.
Ahora debo irme, buenas tardes mama.
D Catalina: adiós mi cielo.
Al salir se encuentra con Teresa su amiga y esta la acompaña a su casa.
Casa de Mónica
Teresa: Mónica cuéntame que esta pasando? En la calle todos hablan que Juan se fue.
Mónica: por favor Teresa no quiero hablar de Juan, pero te quiero contar algo muy importante, estoy de encargo.
Teresa: oh Mónica, no me digas, pero Juan ya lo sabe
Mónica: no lo sabe, y no me interesa pues no lo necesito.
Teresa: pero, vas a criar sola a la criatura?
Mónica: si, no veo por que sea un problema, muchas mujeres lo han hecho y yo estoy dispuesta a todo por mi hijo.
Teresa: bueno, si es tu lo que deseas cuenta con mi apoyo.
Mónica: gracias Teresa aunque no creo que a tus padres les guste la idea que vengas a verme, a lo mejor te lo prohíben, si es así lo entenderé.
Teresa: mis padres no tienen porque oponerse, tampoco es un delito lo que pretendes hacer, no te apures y si se molestan buscare la forma de visitarte.
Ahora me tengo que ir. Mañana vengo.
Teresa se despide de Mónica y se encuentra con Andrés que quiere hablar con Mónica
Andrés: Teresa, como estas,
Teresa: hola Andrés hace tiempo no te veo.
Andrés: estabas visitando a Mónica?
Teresa: si, estuve un rato platicando con ella.
Andrés: por favor le avisa a la señora Mónica que necesito hablar con ella.
Meche: si señor.
Meche: señora Mónica, Don Andrés pide hablar con usted.
Mónica: Dile dile que no quiero atenderlo y que por favor no regrese!
Meche: señor, Doña Mónica dice que no lo puede atender y que no regrese por aquí.
Teresa aun presente nota el episodio y se acerca a Andrés.
Teresa: Andrés, debes comprender que Mónica está muy dolida por todo lo que ha pasado y más porque no se ha sabido nada de Juan.
Andrés: Teresa, yo estoy muy arrepentido de lo que hice y necesito que Mónica me escuche, pero Juan se fue?
Teresa: si, al parecer la misma noche en que tu y el se enfrentaron, por eso no creo que sea el momento de que hables con ella, debes darle tiempo.
Andrés se despide y cada uno toma su camino.
Don Noel va a visitar a Mónica
Don Noel: buenas tardes Mónica. Como estas?
Mónica: bien Don Noel, y ustedes como han estado?
Don Noel: bien un poco preocupados por ti y por Juan que no da noticias.
Mónica: Don Noel, no quiero ser descortés con usted pero no quisiera hablar de ese tema.
Don Noel: bueno esta bien.
Mónica: Dígame que ha sabido de Mariana y Marcelo?
Don Noel: hace poco recibimos noticias de ellos, están viviendo en Querétaro, han nombrado a Marcelo alcalde de allí.
Mónica: me alegra mucho saberlo
Don Noel: Mónica, discúlpame que insista en ese tema, tu sabes que tengo acceso al dinero de Juan, así que te asignare una cantidad mensual para tus gastos
Mónica: no! Don Noel, ni antes ni ahora quiero recibir dinero que venga de Juan, Yo misma cuidare de mi y de mi hijo.
Don Noel: Mónica no seas orgullosa, eres su esposa y tienes todo derecho, además es su hijo y es su obligación!
Mónica: no insista Don Noel, no lo aceptaré.
Don Noel: esta bien, si así lo quieres, pero por lo menos múdate a la casa que era de tu madre, allí estarás mas tranquila y podrás tener más espacio Y no acepto un no como respuesta.
Mónica sonríe.
Mónica: esta bien Don Noel solo aceptare eso, y es que así podré darle clases a los niños de los pescadores que viven allí cerca.
Don Noel: bueno, no se diga mas, ahora me despido, ah! Amanda te manda saludos.
Mónica: déselos de mi parte también.
Esa semana Azucena va donde Mónica:
Mónica: hola Azucena, como estas?
Azucena: bien doña Mónica, quisiera hablar con usted.
Mónica: bien, que me querías decir?
Azucena: es que Yo usted sabe que me escape del convento y nunca mas fui donde las monjitas y ahora quisiera prender a leer y escribir bien, usted me puede enseñar?
Mónica: claro que si Azucena, cuando quieres que empecemos?
Azucena: mañana! Es que me urge
Mónica: Esta bien, después de misa te espero. Pero no vengas aquí, ve a la casa que era de mi madre, hoy en la tarde me paso para allá.
Azucena: a la casa de Juan?
Mónica: si, a la casa de Juan, Don Noel no me dejo otra opción, así que eso será lo único que tomare de Juan.
Azucena: Bueno Doña Mónica, nos vemos mañana.
Mónica: hasta luego Azucena.
Azucena inicia sus clases en casa de Mónica a diario.
Con el pasar de los días ella nota los malestares matutinos del embarazo de Mónica y se lo pregunta.
Azucena: Doña Mónica usted esta de encargo?
Mónica: así es Azucena.
Azucena: y Juan ya lo sabía
Mónica: no, el no alcanzo a saberlo y no quiero que lo sepa.
Azucena: pero tiene derecho.
Mónica: Cual? Prefirió irse y creer todo lo que le dijo Andrés Azucena por favor no deseo hablar de Juan y no se lo digas por ahora a nadie.
Azucena: Esta bien se lo prometo.
Transcurre el tiempo y no se tiene noticias de Juan, Andrés decidió irse de San Pedro por un tiempo y Mónica se dedica a dar clase a los niños y adultos que se lo piden y en las tardes da clases a los niños de los aristócratas de San Pedro (no hay prejuicios en contra de Mónica, pues todos saben que ella se había casado con el padre de su hijo y que este la había abandonado; además Mónica siempre había demostrado ser una persona de buenos sentimientos y costumbres) pronto azucena y Meche ayudan también.
Azucena se casa con Joaquín.
Unos meses después
Casa de Mónica:
Meche: Doña Mónica, quisiera saber si me daba permiso de ir a visitar a la Azucena pues me gustaría saber que tiene que no ha venido en estos días.
Mónica: Claro Meche pero yo voy contigo.
Así las dos se van a ver a Azucena.
Escrito desde Nov 22, 2008, 10:42 PM
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PARTE IV
by Cris (no login)En Casa Azucena:
Están con ella serafín, Joaquín, el Tuerto.
Meche: se puede?
Azucena: si, Meche Pasa.
Meche: es q ue vengo con la señora Mónica.
Azucena: Y que, que pase también!
Mónica: Buenas tardes como estas Azucena, te hemos extrañado estos días?
Azucena: no se apure Doña Mónica, es que he estado un poco indispuesta, pues ya estoy de encargo. Ja ja ja
Mónica: que bueno Azucena Joaquín! los felicito.
Joaquín: gracias Doña Mónica.
Meche: Azucena, que alegría!!! Jiji
Todos los presentes disimulan su asombro al verle el embarazo de Mónica; la visita transcurre normal hasta que entra
Pedro: muchachos, muchachos! Vieron a Juan por Tampico.
Al ver a Mónica se calla.
Mónica: Azucena, me retiro, te espero pronto por la casa para que retomemos las clases.
Azucena: esta bien Doña Mónica.
Mónica: Meche, si quieres quédate, yo me puedo regresar sola.
Meche: no Doña Mónica yo la acompaño.
Serafín: si quiere Yo las puedo acompañar.
Mónica: Gracias Serafín buenas tardes.
Todos: buenas tardes.
Pedro: Azucena! por que no me avisaron que la señora Mónica estaba aquí?
Azucena: pero como? Si no sabíamos que vendría.
Tuerto: por que te callaste su embarazo Azucena?
Azucena: es que ella me pidió que no dijera nada, pero si se atrevió venir, debe ser que ya no le importa le avisamos a Juan?.
Tuerto: yo creo que es lo mejor.
Azucena: si, el tiene que saberlo, después de todo es su hijo no! Pedro, será que Javier te dará más información de a donde iba Juan?
Pedro: no se, es cuestión de averiar y luego?
Azucena: pues te vas a buscarlo y no regresas hasta no dar con el.
Tuerto: vamos a contarle a Don Noel para que este enterado.
Azucena: si, el debe saberlo también y nos puede ayudar!
En todo este tiempo Juan se había dedicado a trabajar, compraba y vendía mercancía, sus días trascurrían sin menores problemas aparentemente, pero llevaba una lucha interna...
Pedro inicio la búsqueda desde Tampico pero pasaba el tiempo y no daba con el, un mes después, Pedro llega a Progreso, allí le informan que hacia dos noches había pasado y que se dirigía a Ciudad del Carmen porque estaba esperando un cargamento de cacao, así que de inmediato salio para Ciudad del Carmen con la esperanza de encontrarlo.
Al llegar al muelle, vio el barco de Juan, los de la tripulación le dijeron que estaba en la Posada de Rita.
Posada de Rita
Juan y Segundo se encuentran tomando.
Pedro: Juan!, Juan!
Segundo: Juan, ese no es Pedro?
Juan: Pedro! Se levanta y le da un fuerte abrazo-
Pedro: que paso Juan, como haz estado. -también lo abraza al igual que a Segundo-
Pedro: hace meses los busco.
Segundo: paso algo en San Pedro nuestras familias?
Pedro: no, todos están bien todos hemos estados preocupados por ustedes, el Tuerto, Azucena, Serafín, Don Noel y también
Segundo mira a Juan y este se levanta.
Segundo: Juan no quiere saber nada de San pedro y si mandamos algún recado, nuestro paradero se sabría.
Pedro: lo dices por Doña Mónica?
Segundo: si.
Pedro: y cuando hemos sido unos soplones?... Don Noel esta muy preocupado.
Segundo: Tu sabes como es la Azucena, no se queda callada.
Pedro: bueno, eso es cierto aunque esta un poco cambiada.
Segundo: bueno, pero como están todos?
Pedro: bien, no te apures, los chamacos están bien, el Tuerto en su negocio ya sabes que tiene que irse con cuidado, ya la Azucena esta de encargo y Doña Mónica también.
Segundo: entonces, por eso viniste a buscarlo?
Pedro: si, creemos que Juan debe saberlo.
Juan regresa a la mesa.
Juan: que cosa?
Segundo: Juan, la señora Mónica esta de encargo.
Hay un silencio.
Juan: Mónica!
Pedro: si Juan, por eso estoy aquí.
Juan: y a mí que?
Pedro: Juan, a la señora Mónica no le debe faltar mucho para dar a luz, Don Noel dice que es tu hijo.
Juan: y por que no me buscaron antes?
Pedro: nosotros nos enteramos hace poco, cuando visitó a Azucena, ella no quiere que tú lo sepas
Juan: entonces
Pedro: cuando fuimos a decirle a Don Noel que te buscaríamos, el me pidió que te llevara de regreso como fuera.
Juan: y Andrés?
Pedro: Don Andrés se fue del pueblo poco tiempo después que tú la Azucena dice que es tuyo Juan...
Juan: ellos que van a saber
Segundo: y si es verdad Juan, si la criatura si es tuya
Juan: Ya basta!
-se levanta y se va a su habitación-
Pedro: tú que crees que este pensando?
Segundo: para mi que el sabe que si es suyo, yo no creo que Doña Mónica lo haya engañado.
Juan en su habitación se desvela con pensar en esa criatura, los sentimientos de felicidad todos los sueños que tenia de tener una familia con Mónica pero la duda lo vuelven loco en el fondo sabe que es suyo-
Pedro se queda con ellos.
Escrito desde Nov 22, 2008, 10:44 PM
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PARTE V
by Cris (no login)Una semana después
San Pedro, Mónica sale de misa.
Tegua: buenas Doña
Mónica: buenos días.
Tegua: pronto nacerán las criatura?
Mónica: si
Tegua: no se asuste, sus ojos me lo dicen, no hay nada oculto para tegua.
Mónica asombrada solo sonríe.
Ella y Meche siguen su camino a la casa.
Casa de Mónica
Mónica: Meche, esa mujer Tegua, fue la que curo a Juan de su herida?
Meche: si Doña Mónica, ella es y desde entonces cuando me la encuentro en el mercado me pregunta por Usted y si el señor Juan ya regreso.
Mónica: o sea que ella sabe que Juan se fue.
Meche: si.
Mónica: seran ciertas sus palabras?
Meche: no lo se, todos dicen que no es una mala persona y que sabe muchas cosas.
Mónica: de veras
Meche: se le ofrece algo más?
Mónica: no Meche, vamos a ver si ya llegaron los niños.
Meche: si
Casa de don Noel
Esta el en su oficina y le llega una carta del gobernador informándole que lo habían nombrado Juez de San Pedro
Amanda: que te llegó?
Don Noel: es una carta de la oficina del gobernador, me han nombrado Juez de San Pedro.
Amanda: oh! Noel que alegría!
Don Noel: si, pero seria completa si supiera algo de Juan.
Amanda: es cierto En la tarde me gustaría ir a ver a Mónica, ya esta casi para dar a luz y quisiera acompañarla un rato.
Don Noel: si, yo también quisiera verla.
Casa de Mónica
Mónica esta intrigada por el comentario de tegua, así que se va donde el doctor Zamora.
Consultorio Dr. Zamora:
Mónica: doctor, buenos días, podemos hablar?
Dr. Zamora: Buenos días Doña Mónica como ha estado, su consulta no es hasta mañana?
Mónica: si doctor pero no puedo esperar.
Dr. Zamora: dígame que se le ofrece.
Mónica: vera me gustaría saber si es posible que una mujer de a luz dos criaturas?
Dr. Zamora: por que me pregunta eso?
Mónica: Doctor, es cierto?
Dr. Zamora: si hija, es posible, han habido casos donde la mujer no tienen una, si no dos criaturas, pero son pocos esos casos.
Mónica: eso es peligroso doctor?
Dr. Zamora: no, no lo es, por que le preocupa?
Mónica: vera, Tegua la curandera, me dijo en la mañana que voy a tener dos criaturas.
Dr. Zamora: no hay de que preocuparse señora, como sabe ella eso?
Mónica: no sabría decirle doctor.
Dr. Zamora: Bueno, eso ni yo se lo podría asegurar, solo hasta el momento del nacimiento lo sabremos.
Mónica: gracias Doctor, entonces nos vemos mañana.
Dr. Zamora: si y tranquilícese, es por su bien...
Casa de Mónica
Tocan
Don Noel: La señora Mónica?
Meche: pasen.
Mónica esta en la sala y los recibe.
Mónica: Buenos tardes Amanda, Don Noel, como han estado?
Amanda: buenos tardes Mónica, queríamos saber como te has sentido.
Mónica: bien gracias, pasen y siéntense por favor.
Don Noel: no cabe duda, que la maternidad hace a las mujeres más hermosas!
Mónica: Muchas gracias Don Noel, Usted siempre tan amable. Les provoca tomar algo? Te, refresco
Amanda: yo un refresco.
Don Noel: yo también.
Amanda: Mónica, ya pronto nace ti hijo, se te ofrece algo?
Mónica: Gracias Amanda por preocuparte, pero no, mi madre y yo hemos ido haciendo lo necesario para el ajuar del niño. En la mañana estuve con ella
Amanda: ocurre algo?
Mónica: bueno, no se si es algo de que preocuparse.
Mónica: Amanda, no hay de que preocuparse.
Don Noel: entonces si hay algo que es Mónica?
Mónica: es que yo no creo en esas cosas me encontré en la mañana a Tegua, y me ha dicho que voy a tener dos criaturas.
Amanda: pero como va ella a saber eso?
Mónica: no lo se!... fui con el Dr. Zamora y me dijo que no me preocupara, que ya habían habido otros casos.
Amanda: es verdad, en Puebla escuché de mujeres que daban a luz dos criaturas pero solo hasta el parto se sabe.
Don Noel: Mónica! si fuera eso cierto, supongo que ahora si vas a aceptar la ayuda que te ofrecí!
Mónica: no Don Noel, hasta ahora he vivido con la renta de la casa y usted sabe que pienso al respecto, además tengo unos ahorros, lo suficiente para cuando nazca mi hijo
Posada de Rita
Es de noche y
Juan: Pedro, nos regresamos a San Pedro esta misma noche Segundo quédate con el barco y esperas a que terminen de cargar la mercancía, la dejas en Veracruz y te regresas; mañana temprano le colocas este telegrama a Don Noel.
Segundo: Pedro, los caballos los consigues con Don Porfirio allí afuera.
Pedro sale
Segundo: Juan, por que no te esperas que amanezca?
Juan: no, ya he dejado pasar mucho tiempo
Casa de Mónica
Don Noel: nos despedimos Mónica, que pases una buena noche y piensa lo que te dije.
Mónica: Gracias Don Noel que tengan buenas noches.
Amanda: buenas noches Mónica.
Mónica pasa a su habitación, se acuesta y recuerda la última vez que vio a Juan.
Campo real: al día siguiente
Sofía: llama a Juanita para que le busque a Bautista.
Bautista: mande señora.
Sofía: quiero que me arreglen la carreta para ir a San Pedro.
Bautista: como mande Doña, Don Andrés ya regresa?
Sofía: si! Andrés debe regresar en una semana y quiero que la casa este en orden; vamos Juanita ayudame a arreglar el equipaje.
Casa Don Noel en la mañana:
Tocan a la puerta abre la mucama
Mensajero: Telegrama para Don Noel.
Mucama: aquí le dejaron.
Don Noel lo recibe y lee: pronto regreso. Juan
El se emociona y va a decírselo a Amanda.
Don Noel: Amanda, Amanda! Juan ha escrito, y dice que esta de regreso.
Amanda: Noel que emoción, habrá que decírselo a Mónica?
Don Noel: no!, es mejor esperar.
Amanda: Esperar a que? Ella debe saberlo.
Don Noel: yo conozco a Juan y si no dice nada en el telegrama es mejor esperar.
Camino a San Pedro
Cuando Juan y pedro salieron de Ciudad del Carmen estában a dos días de San Pedro, Juan para no demorar tanto solo descansa caída la noche en una posada del camino.
Están cenando y
Pedro: Juan vamos a pasar la noche aquí?
Juan: no lo se, unas pocas horas para que los caballos descansen y tú estas muy cansado?
Pedro: no, bueno solo un poco
Juan: y Mónica sigue viviendo donde Doña Prudencia Santamaría?
Pedro: no, Don Noel le ofreció tu casa, la que era de su mamá, pero no ha querido recibir nada más.
Juan: y entonces de que vive?
Pedro: Azucena dice que del alquiler de la casa que le regalaste y además da clases a los niños de los aristócratas del pueblo.
Juan.: Y Doña catalina?
Pedro: Ella sigue viviendo con las monjitas, Doña Mónica la visita a diario después de la misa.
Terminan de cenar, descansan un poco más y siguen el camino.
Es miércoles caída la noche Juan y Pedro llegan a San Pedro, pasan por casa de Mónica.
Pedro: vas a entrar?
Juan: no, mejor espero hasta mañana.
Siguen a la casa de la playa.
Escrito desde Nov 22, 2008, 10:49 PM
de la dirección IP 189.107.48.104
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PARTE VI
by Cris (no login)En la mañana Juan llega a la cantina del Tuerto.
Tuerto: Juan, Juan! Sale de la barra y le da un abrazo, también saluda a Pedro.
Serafín: capitán, pensé que ya no lo volvería a ver.
Juan: imposible! tarde o temprano tendría que regresar.
Tuerto: de verdad Juan, nos da gusto verte!
Juan: gracias, a mi tambien Y bien, como estan las cosas
Tuerto: bien Juan
Juan: y Azucena?
Serafín: esta viviendo cerca de aquí, con Joaquín.
Juan: me alegro, al rato paso a verla. Ahora quiero ir donde Don Noel. Nos vemos!
Todos: hasta pronto.
Casa Don Noel:
Tocan a la puerta.
Don Noel: muchacho!!
-abrazo
Juan: Don Noel!
Don Noel: que alegría verte, me tenias muy preocupado, esa no es manera de irse! Con voz de reclamo-
Juan: Don Noel no diga nada, se que no debi haberme irdo asi
Don Noel: es cierto
Juan: he tomado malas decisiones...
Don Noel: si Juan y muchos han sifrudo
Juan: lo se, no le hice caso, ya ve!
Don Noel: y Mónica, ya la viste?
Juan: no! He querido hablar primero con usted.
Don Noel: y que te puedo decir??
Juan: no lo se!!! Como esta? Que piensa?...
Don Noel: solo te puedo decir Juan, ella esta muy dolida ya sabes lo de su embarazo?
Juan: si, Pedro nos encontró en Ciudad del Carmen y me lo contó todo está usted seguro que el niño sea mió?
Don Noel: y todavía lo dudas Juan? De eso no te quepa la menor duda!!!
Juan: pero Andrés.
Don Noel: lo que te dijo Andrés, lo dijo por desquitarse! Me lo contó, unos días después que te fuiste.
Juan: y Mónica también lo sabe?
Don Noel: si, quizás eso es lo que mas le duele, que hayas vuelto a dudar de ella.
Juan: pero yo se que ella no me ha faltado! Yo la amo Don Noel! Y se que ella también me ama, nuestro amor es para siempre.
Don Noel: si pero irte sin confrontarla! Eso no se hace Juan!... ja! habrá que darle tiempo.
Juan: Pedro me dijo que solo acepto vivir en mi casa y que no le recibe dinero a usted? Por que?
Don Noel: bueno, tu conoces a Mónica, es un tanto orgullosa y solo acepto vivir en la casa porque no le deje otra opción.
Juan: pero, ahora que de a luz que piensa hacer?
Don Noel: me dijo que ha ahorrado un poco para unos meses pero con la posibilidad de que sean dos criaturas no se
Juan: Dos criaturas!!!! Como?
Don Noel: si, Tegua se lo dijo.
Juan: y es posible?
Don Noel: ella le pregunto al Dr. Zamora y este no le dio certeza porque en estos casos hay que esperar a que se de a luz, pero si podría ocurrir.
Juan: dos criaturas
Entra Amanda
Amanda: Juan, que sorpresa, te esperábamos pero no creí que fuera tan pronto.
Juan: como le va Doña Amanda Bueno, me despido regreso mas tarde quiero ir a ver a Azucena.
Don Noel: Hasta Luego Juan.
Amanda: se lo dijiste?
Don Noel: si, y creo que lo ha recibido con agrado.
Amanda: de veras?
Don Noel: si, ahora será esperar a la reacción de Mónica.
Casa de Monica
Monica: Meche, ven quiero hablarte.
Meche: digame Doña Monica.
Monica: tu sabes que yo te tengo mucho cariño y que se que eres incondicional conmigo, pero temo que no puedo seguir pagandote.
Meche: pero Doña Mónica no se preocupe, usted sabe que si no me puede pagar yo aun me quedaria con usted.
Monica: no Meche, no es justo, tu ayudas a tus abuelitos con ese dinero y si no te pago que harian ellos.
Meche: bueno eso si es cierto, pero ya veremos como hago, ahora es cuando menos debe quedarse sola.
Monica: esta bien dejame pensarlo, ahora ve donde Azucena y avisale que no tendremos clases en la tarde.
Meche: esta bien, con permiso.
Casa Azucena:
Juan llega.
Azucena: Juan!!! Como estas, como te has demorado? Donde te habías metido? Pedro ya hablo contigo?
Joaquín: Azucena, no ha terminado de llegar y tu ya lo esta llenando de preguntas.
Juan: como estas Joaquín?
Joaquín: bien señor Juan.
Juan: veo que ya encargaron.
Azucena: si, y queremos que Doña Mónica y tu sean sus padrinos, ya hablaste con ella Juan?
Juan: aun no he ido a su casa.
Azucena: Juan no dejes pasar más tiempo,
Juan: si, es lo que todos dicen pero
Entra Meche
Meche: señor Juan!
Juan: como estas Meche, Y Mónica viene contigo?
Meche: no ella esta en casa, me mando a decirle a Azucena que en la tarde no habría clase.
Juan: Y por que? Esta enferma?
Meche: no, ella esta bien --tiene cara de tristeza--.
Azucena: que te pasa Meche?
Meche: es que doña Mónica hace un rato me dijo que tendría que irme de regreso a Campo real.
Azucena: pero por que?
Meche: la señora Mónica me dijo que no podía pagarme mas y que tendría que regresarme a Campo real, pero yo no quiero, le dije que aunque no me pagara yo me quedaba, ahora es cuando mas me necesita.
Juan: Meche, quédate con ella, dile que tu te quedas aunque no te pague, Yo lo hago.
Meche: pero si ella insiste
Juan: tu también
Meche: va volver con ella?
Juan: solo si ella quiere.
Meche: yo se que si, en las noche a veces la oigo caminar por la casa llorando. Por favor no la valla a lastimar mas, si yo me quedo será solo por ella; no me haga hacer cosas que me pongan en problemas con ella, yo la quiero mucho.
Juan: yo se que si, y no te preocupes, ahora ve y ya sabes, no digas que me viste, pronto iré a verla.
Cantina Tuerto:
Tuerto: Hola Juan!
Juan: buenas, y Serafín?
Tuerto: esta atrás, revisando unas cajas.
Juan: llámalo!
Sale el Tuerto a buscarlo.
Serafín: mande mi capitán.
Juan: necesito que vayas a casa de Mónica y sin que te vean, vigilas la casa.
Tuerto: la vas a espiar?
Juan: no, es simplemente que quiero estar enterado de algunas cosas, de su salud, el nacimiento de mi hijo Serafín, si sale te vas detrás y me avisas cualquier cosa, ya sabes.
Serafín: esta bien capitán. se va-
Juan: Pedro esta en la habitación?
Tuerto: si.
Sube a la habitación.
Juan: descansaste Pedro?
Pedro: si Juan.
Juan: Pedro, necesito que vayas donde Don Hilario Lizcano necesito que me consiga unas cosas
Por la mañana Casa Mónica
Meche: buenos días doña Monica, como amaneció?
Mónica: bien Meche, buenos días.
Meche: vine por que se me hizo raro que no se hubiera levantado.
Mónica: no te preocupes, es solo que anoche estuve un poco inquieta y no pude dormir casi haz pensado lo que hablamos?
Meche: si, pero no me quiero ir Doña Mónica, si Usted no me puede pagar no importa, Yo hablo con mis abuelitos y les explico, Yo se que ellos no permitirían que yo la deje sola, usted ha sido muy buena con nosotros y es lo menos que podemos hacer.
Mónica: Meche, no es justo, de que van a vivir?
Meche: Bueno, ellos comprenderán la situación, además estamos acostumbrados a vivir con lo necesario, no se apure.
Mónica: no lo se Meche
Intenta levantarse y ella le ayuda.
Escrito desde Nov 23, 2008, 7:39 PM
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PARTE VII
by Cris (no login)Por la tarde, van Mónica y Meche por la plaza, vienen de visitar a doña Catalina, de pronto, Mónica siente que la miran tan fijo e insistente que le recuerda, como Juan la miraba en Campo Real, ella se detiene y mira a su alrededor al no ver a nadie conocido sigue caminando, sin embargo Meche ve que Juan esta detrás de unos arbustos; él, la había visto a lo lejos y no creyó conveniente acercársele, unos niños que estaban jugando en la plaza empezaron a llamarlo, capitán! Capitán!
Mónica reacciona con los gritos de los niños y se detiene para ver a quien llamaban, como solo vio que los niños estaban jugando siguió su camino En su interior su corazón latía a mil.
Casa Andrés, en San Pedro
Sofía: hijo, que bueno que ya regresaste
Andrés: Buenas tardes mamá, como has estado?
Sofía: bien, pero me he sentido muy sola todos estos meses, Andrés! por favor no te vuelvas a ir.
Andrés: madre sabes bien que era algo que debía hacer y dime, que hay de nuevo en San Pedro?
Sofía: nada, que va ver en este pueblo!
Andrés: y Mónica, ya tuvo a su hijo?
Sofía: no lo se, desde que te fuiste no he tenido noticias de ella ni su madre, Catalina esa ingrata.
Andrés: madre no empecemos te pedo permiso, quiero cambiarme y descansar un rato.
En la Mañana Cantina del Tuerto
Todos reunidos llega Serafín
Juan: que pasó, le ocurrió algo a Mónica?
Serafín: no, ella esta bien, vine ahorita, aprovechando que esta con ella la esposa del Licenciado Mancera.
Juan: esta bien.
Tuerto: ve a la cocina y desayuna!
Juan: nos vemos al ratose levanta y se va.
Casa Mónica
Amanda había ido a visitar a Mónica pues no la vio en misa en la mañana y se le hizo raro, ellas estaban tomando te en los jardines de la casa.
Amanda: Mónica, te haz sentido mal?
Mónica: estoy bien Amanda, no te preocupes, solo he estado un poco cansada.
Amanda: Y dime, crees que realmente son dos las criaturas?
Mónica: bueno, aunque mi idea de dos en un principio me atemorizó, si resultara cierto ya no me preocupa
Llaman a la puerta, va Meche a ver
Meche: señor Juan! nerviosa-
Juan: y Mónica?
Meche: está con la Señora Amanda en el Jardín. Espéreme lo anuncio
Juan: No! Yo se el camino.
Amanda al verlo exclama Juan!
Mónica, se queda quieta casi sin respiro, mil ideas vienen a su mente.
Juan: buenas tardes.
Amanda: buenas tardes Juan, como estas?.
Juan: bien, buenas tardes, Mónica?
Mónica: buenas tardes.- no lo mira-
Amanda se levanta y dice: Mónica me retiro, es mejor que hablen a solas. Nos vemos Juan.
Juan: hasta pronto -le besa la mano-
Quedando solos él y Mónica.
Mónica sigue sentada y el se va acercando.
Mónica: cuando llegaste?
Juan: hace dos días.
Mónica: entonces si eras tú el de la plaza.
Juan: si, no creí que fuera el mejor lugar para hablar.
Mónica: tú siempre decidiendo por los demás!
Juan: pero
-Ella se levanta, empieza a caminar hacia la casa-
Mónica: además, no creo que tu y Yo tengamos algo de que hablar.
El la detiene-
Juan: pero vamos a tener un hijo!
Mónica: este hijo es solo mió y ni tu ni nadie tienen derecho, solo Yo! Así que te pido el favor que te vayas.
Juan: Mónica por favor solo quiero que hablemos!!!
Mónica: vete Juan!
El la mira tiernamente.
Juan: luces más hermosa
Ella se sonroja tratándolo de disimular.
Juan: No quiero inquietarte, pero debemos hablar
Le toma la mano y le da un beso.
Juan: con permiso.
Mónica se sienta nuevamente y comienza a llorar, Meche que estaba pendiente le brinda consuelo.
Mónica: Meche, tu sabias que había vuelto?
Meche: si señora, pero por favor no se enoje conmigo, apenas si me entere ayer y el Señor Juan me pidió que esperara a que el viniera.
Mónica: esta bien, no te preocupes.
Amanda estaba esperando a Juan en la puerta, pues lo considero conveniente.
Amanda: Juan, como lo tomo?
Juan: nada bien, pero debemos volver a vernos, Señora Amanda por favor hable con ella!
Amanda: no te preocupes hablaré con ella.
Se despiden y Juan decide hacer una visita.
Casa Andrés, en San Pedro
Andrés y Sofía están Almorzando.
Andrés: he decidido visitar a Mónica, todavía vive donde doña Prudencia Santamaría?
Sofía: no, esta en la casa que era de Catalina.
Andrés: entonces en la tarde iré a verla.
Sofía: para que? seguro no te recibe.
Andrés: no importa madre haré el intento, tengo que disculparme con ella, lo que le hice no se lo merecía.
Sofía: quien la manda a casarse con ese rufián!.
Convento
Avisan a Doña Catalina que la buscan.
Catalina: a mi, pero quien?
Monjita: no lo se, la esperan en la entrada.
Sale y ve que es Juan.
Catalina: Usted!!! sorprendida- pero, que hace aquí?
Juan: doña Catalina, necesito que me escuche.
Catalina: pero como se atreve? y Mónica ya sabe que volvió?
Juan: si, es por eso que necesito hablar con Usted.
-El le explica lo sucedido-
Catalina: y para que me dice todo esto?
Juan: señora!! De verdad estoy muy arrepentido, no debí haberme ido de eso modo, no debí creerle a Andrés!!!
Catalina: y mi pobre hija pago las consecuencias
Juan: si, es verdad.
Catalina: porque en todo este tiempo, aunque ella no me lo haya dicho, se que ha estado sufriendo mucho Y la verdad Juan, no quiero ayudarlo.
Juan: doña Catalina, aunque Usted no me quiera como esposo de su hija y aunque alguna vez le pedí que me ayudara a alejarla de mí, fui muy tonto en creer que ella y Yo estaríamos mejor separados, no es así
Catalina: Juan, usted no nos ha traído mas que desgracias, primero Aimee y ahora Mónica!
Juan: se que mi comportamiento con Aimee no fue el mas adecuado, pero ella siempre me busco y usted lo sabe, a Mónica yo la amo, es la mujer de mi vida.
Catalina: no se no se solo quiero que Mónica sea feliz!!
Escrito desde Nov 23, 2008, 7:52 PM
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PARTE VIII
by Cris (no login)Catalina: pero Juan, que puedo hacer yo?
Juan: solo quiero que ella me escuche y si usted le dice que lo haga quizás le haga caso.
Catalina: esta bien Juan, haré el intento, aunque ya Mónica no escucha mis concejos; solo le pido que si ella decide regresar con usted, la haga feliz.
Juan: Doña Catalina, solo con la muerte dejaría de amar a Mónica! le prometo que lo será, Buenas noches
Catalina: buenas noches Juan.
Casa Mónica
Tocan a la puerta.
Abre Meche y es Andrés: la señora Mónica?
Meche: si esta, ya le aviso.
Mónica: quien es Meche?
Meche: es el señor Andrés de Alcázar, dice que quiere verla.
Mónica: ya van a empezar los problemas otra vez!
Meche: que le digo?
Mónica: dile que no quiero verlo, que por favor no regrese.
Meche: esta bien.
Meche: la Señora no desea verlo y dice, que por favor no vuelva.
Andrés: está bien, pero dile que necesito hablar con ella. se va-
Mónica sale de su habitación, ya se fue?
Meche: si, pero que necesita hablar con usted Va para su misa?
Mónica: no, creo que mejor me quedo, estoy un poco cansada.
Meche: si ve? No se queda quieta!
Mónica: no te preocupes Meche.
Al salir Andrés de casa de Monica se encuentra con Teresa la amiga de Mónica.
Teresa: como estas Andrés, cuando regresaste?
Andrés: ayer, vienes a ver a Mónica?
Teresa: si, hace días que no la veo y quiero saber como está, y tú vienes de saludarla?
Andrés: eso intente, entre otras cosas pero ella no me ha recibido, parece que aun esta enojada conmigo y no la culpo.
Teresa: si quieres yo hablo con ella.
Andrés: de veras! te lo agradecería.
Teresa: con gusto.
Andrés: Yo paso a tu casa mas tarde, si no es molestia.
Teresa: no, ninguna.
Andrés: con tu permiso le besa la mano-
Teresa: propio.
Todos estos movimientos los estaba viendo Serafín escondido desde un árbol.
Teresa y Mónica hablan un rato y esta le comenta que había visto a Andrés irse de su casa muy triste.
Mónica: Teresa, lo que le pase a Andrés no me importa, tu sabes que yo no soy rencorosa pero lo que el me hizo no tiene perdón. Y te agradezco no hablemos de el, además ahora que Juan esta de vuelta no quiero volver a los mismo.
Teresa: esta bien, pero dime, que sentiste al ver a Juan.
Mónica: no se Tere, fue como si todo lo que viví con el, desde lo conocí volviera, tantos sentimientos, momentos buenos, malos, de amor
Teresa: Mónica, aun lo amas?
Mónica: no lo puedo negar, pero eso no importa, ese vació que me dejo al irse no creo poder llenarlo.
Catalina: cuando hay amor todo se puede!
Mónica: mamá, cuando llegaste?
Catalina: apenas ahorita, y después de escucharte creo que tu esposo y tu merecen una oportunidad.
Mónica: y como sabes que Juan regreso? Tu también lo sabias y me lo ocultaste?
Catalina: no hija, Juan estuvo hace un rato en el convento y hablo conmigo, me pidió que viniera a verte y te convenciera de que hablaras con el.
Mónica: pero si tu eras la que menos querías que volviera con el.
Catalina: lo se Mónica, Yo no estaba muy convencida, pero al escucharte hablar como lo hiciste, ahora lo estoy.
Mónica: pero mamá han pasado muchas cosas, no creo estar preparada para eso
Catalina: Hija mía mereces ser feliz y creo que Juan lo puede hacer- la abraza y llora- escúchalo y luego escucha lo que tu corazón te diga.
Teresa: si Mónica, piensa en tu hijo
Casa de Don Noel.
Amanda: Noel, como te fue?
Don Noel: bien, que ha pasado por aquí?
Amanda: ya Juan estuvo con Mónica.
Don Noel: y que paso?
Amanda: lo que se esperaba, Mónica no quiso hablar con el.
Don Noel: quien te lo dijo?
Amanda: el, estaba visitándola cuando el llego, pero me espere a que el saliera por si se presentaba algo.
Don Noel: y que podría ser?
Amanda: Noel, acuérdate que a Mónica no le falta mucho para tener a su hijo y una impresión así podría adelantarle el parto.
Don Noel: tienes razón!, bueno que te dio Juan?
Amanda: que hablara con Mónica, pero preferí esperarme un poco, que ella lo asimile. Juan no te fue a ver?
Don Noel: no, estuve bastante ocupado con unos ladroncitos de cosecha.
De regreso en casa de Mónica.
Estaban de salida, Doña Catalina y Teresa cuando Mónica ve a Serafín y se le hizo extraño, no dijo nada y le pidió a Meche que acompañara a su mamá.
Al volver Meche, Mónica estuvo pendiente y efectivamente serafín estaba allí como si estuviera dándole vueltas a la casa.
Mónica: Meche, cuando ibas con mí mamá estaba Serafín en el camino?
Meche: no me fije, pero ahora que regresé si lo ví!
Casa de Teresa
Llega Andrés a verla
Andrés: buenas tardes Teresa, como estas?
Teresa: buenas tardes Andrés, muy bien gracias, pero pasa por favor. Deseas algo de tomar?
Andrés: no gracias así estoy bien y tu madre? Quisiera saludarla.
Teresa: salio a misa pero no tarda.
Andrés: y bien Teresa, que te dijo Mónica.
Teresa: Andrés, me da pena decírtelo, pero ella no quiere hablar de ti, esta resentida y creo que es mejor dejar las cosas como están.
Andrés: es que no puede ser, yo de verdad quiero disculparme y ofrecerle mi apoyo.
Teresa: creo que no seria lo mejor.
Andrés: por que?
Teresa: es que Juan ha vuelto.
Andrés: volvió? Cuando?
Teresa: hace unos días.
Andrés: entonces, volvió por Mónica!.
Teresa: parece que si, pero ella no quiere verlo.
Andrés: pero no puede ser! Ella tiene que regresar con Juan!!
Teresa: lo se Andrés, pero ahora Mónica lo que necesita es tranquilidad y el regreso de Juan la tiene inquieta y en su estado es mejor no molestarla.
Andrés: quizás tienes razón, en todo caso debo hablar con Juan.
Siguen conversando de otros temas Andrés se muestra interesado en la plática-
Mientras ellas hablaban, Serafín fue a contarle a Juan a la cantina del Tuerto.
Serafín: buenos noches capitán.
Juan: buenos noches, alguna novedad?
Serafín: si, Don Andrés de Alcázar estuvo en casa de la Señora, pero ella no lo recibió.
Juan: Andrés ya regreso?, cuando?
Tuerto: ayer, lo escuche hace un rato.
Juan: estas seguro que no habló con Mónica?
Serafín: no, no pasó de la puerta de entrada, luego charlo con una señorita que entro a la casa y por luego llegó la mamá de la señora Mónica, enseguida me vine a contarle.
Juan: bueno, regrésate enseguida y hablamos mañana.
Serafín: esta bien.
Tuerto: que crees que haya ido hacer?
Juan: no se, pero esta vez ese imbecil me las va a pagar.
Juan: que se ha creído ese imbecil!! esta vez seré yo quien cobre todo lo que me ha hecho.
Tuerto: Juan, espérate no sea que la riegues, espérate.
Tuerto: si Juan, es mejor que esperes a hablar con la señora Mónica.
En la mañana Casa Mónica
Mónica manda a Meche a comprar al mercado y le pide que se fije si Serafín esta cerca.
Meche sale hacia el mercado y ve a Serian cerca de la casa, de regreso entra a casa de azucena.
Meche: Azucenas, Azucena!
Azucena: como estas Meche! Pásale!
Meche: y Joaquín?
Azucena: ya se fue, esta en la bodega de Juan.
Meche: a que no sabes el señor Juan estuvo ayer en casa de la señora Mónica.
Azucena: de verdad? Y que hizo doña Mónica?
Meche: doña Mónica no quiso hablarle, es que esta muy dolida Azucena.
Azucena: si pero ella tiene que regresar con Juan!
Meche: yo lo se pero que sufra un poco no?
Azucena: bueno, a mi no me gusta ver triste a Juan.
Meche: me voy, doña Mónica me debe estar esperando.
Azucena: me la saludas ah! El Tuerto te manda saludos.
Meche: Azucena!!!
Escrito desde Dec 9, 2008, 5:29 PM
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PARTE VIX
by Cris (no login)Al regresar Meche ve nuevamente a Serafín.
Meche: doña Mónica, Serafín ha estado en el mismo lugar desde que me fui.
Mónica: bien, ve donde él y le preguntas que hace ahí.
Meche: si señora..
Meche: buenas serafín, dice la señora Mónica que entres a la casa.
Serafín: esta bien.
Dentro de la cocina.
Meche: la señora quiere saber que haces allí afuera?
Serafín: yo?... este nada!
Meche: eh! Como nada, si desde hace rato te veo que estas paradote aquí y no te mueves, ni te vas ni vienes dime fue el señor quien te mandó?
Serafín: el capitán?... este, este. No mi capitán ni siquiera sabe donde estoy.
Meche: y entonces, no que trabajas con el? Eso si esta raro a poco que te le estas escapando para no hacer nada?
Serafín: noooo, pero si estoy cumpliendo con mi trabajo.
Mónica: cual? Vigilarme?
Serafín: señora, como esta, no, no yo solo pasaba por aquí.
Mónica: si Juan me ha mandado vigilar quiero saber por que?.
Serafín: que el capitán no la ha mandado vigilar, solo
-se queda cayado se da cuenta que metió la pata-
Mónica: solo que? Serafín por favor no creo que Juan lo lastime si me lo dices, solo qué?
Serafín: el solo quiere saber como esta Usted y quiere saber cuando nazca su hijo.
Mónica: pues dile a Juan que el no tiene por que vigilarme y que este solo es mi hijo! Ahora vete que no quiero ver a nadie vigilando la casa!
Mónica se retira a su cuarto.
Cantina del Tuerto
Tuerto: Juan y viste a la Meche?
Juan: ya te la declaraste?
Pedro: ella no se ha dejado. jajaja
Tuerto: esto no es en broma!
Juan: voy al cuarto, me avisas cualquier cosa.
Tuerto : esta bien Juan.
Llega Serafín.
Serafín: y el capitán?
Tuerto: allá arriba
Toc toc
Juan: adelante!
Serafín: capitán, la señora Mónica se dio cuenta que estaba vigilando.
Juan: pero como? Te dejaste ver?
Serafín: nooo, Meche se me acerco y empezó hacerme preguntas, yo no supe que decir y luego la señora llego y se me salio, pero yo no quería hacerlo!
Juan: que!!!
Pedro: tranquilízate Juan.
Juan: Esta bien, no te apures y ella que dijo.
Serafín: estaba muy enojada y me dijo que le dijera que ella no necesita que la vigilen y que me retirara.
Juan: pues ahorita mismo te vuelves y sigues haciendo lo que te mande.
Serafín: y si ella me corre?
Juan: pues tú no te mueves de ahí.
Serafín: esta bien.
Pedro: Juan, se me había pasado decirte que el encargo que se le hizo a don Hilario ya lo tiene.
Juan: entonces llévalo a la casa de la playa, al rato voy.
Pedro y Serafín salen juntos.
Andrés esta en su estudio redactando un documento, llega Sofía.
Sofía: hijo, cuando nos regresamos a campo Real?
Andrés: madre, por ahora no será.
Sofía: pero Andrés, has dejado mucho tiempo desatendida la hacienda y la verdad es que no confío mucho en Bautista.
Andrés: todo a su tiempo, por ahora te informo que he decido cumplir con la ultima voluntad de mi padre.
Sofía: no me digas que
Andrés: si madre, las tierras que dejo mi padre para Juan, se las entregaré
Sofía: pero si ese desarrapado no merece nada.
Andrés: no es un tema a discutir, quiero tener una vida tranquila y solo lo lograre cumpliendo con mi padre y dejando atrás lo que ha pasado.
Sofía: Andrés, te lo prohíbo, campo Real también es mió y no pienso darle nada a ese bastardo.
Andrés: entonces le daré la mitad de mi parte y no hable más. Se retira dejándola hablando sola.
Sofía: Andrés! Andrés!
Mónica ha pasado inquieta toda la tarde Teresa le hace visita al retirarse Mónica se percata que Serafín persiste en vigilarla.
Ya es tarde y Mónica sueña con Juan.
Se levanta y se asoma ve a Serafín aun
Ella toma su abrigo
Meche que estaba apagando las luces la ve salir.
Meche: doña Mónica, no es bueno que salga ahorita.
Mónica: no importa Meche no pasara nada.
Camina hacia Serafín-
Monica: no le dije que no volviera?
Serafín: el capitán me dijo que me regresara.
Mónica: pero que se ha creído?... donde esta?
Serafín: escuché que iba a la casa de la playa, pero no estoy seguro
Mónica enojada se apresura a tomar el camino a la casa de Juan y demuestra sentir un leve malestar.
Meche se va con ella mientras le insiste que no debería ir a esas horas y menos por la playa.
Mónica: si quieres quédate Meche, que nada me va a pasar. Meche insiste y va detrás.
Serafín va con ellas.
Casa de Juan en la Playa
Pedro: Juan, esas cosechas no tardan en ser recogidas.
Juan: lo se y ya estoy negociándolas, para cuando llegue Segundo ya estará cerrado el trato y
Mónica: me quieres explicar por que me estas vigilando?
Juan: Mónica!!!Cálmate!
Mónica: no!!! No me calmo! Quien te crees que eres, mi dueño?
Juan: no! Pero todo lo tuyo me interesa.
Mónica: Juan,entiende que no soy de tu propiedad!
Juan: Mónica! Solo quiero saber de ti, de cuando nazca mi hijo
Mónica esta exaltada y de pronto expresa dolor. Aaaahhhh!!!
Mónica: este es solo mi hijo ahhh!!!
Escrito desde Dec 9, 2008, 5:44 PM
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PARTE X
by Cris (no login)
Mónica sigue con los dolores de parto.
Mónica. Ahh ju ju
Juan: Mónica! Que te pasa?
la toma entre sus brazos y la ayuda a sentarse-
Meche: yo le dije que no saliera, desde temprano ha estado indispuesta
Juan: pero porque no me avisaste?
Meche: es que ella me decía que no era nada de importancia.
Mónica: no tengo nada, ahhh
Pedro: Juan, yo creo que la señora Mónica va a dar a luz.
Mónica: no! Yo estoy bien! Aaaahhhh!
Intenta levantarse, pero el dolor no se lo permite
Juan: Meche preparale la cama.
Meche: si.
Juan, la levanta y la lleva a su recamara-
Mónica: no! Suéltame yo me regreso a mi casa! Ahhahaaa
los dolores son fuertes-
Juan: no!, es mejor que te quedes aquí! Pedro, ve a buscar a Tegua, y tu Serafín ve a buscar al doctor Zamora y dile que la señora Mónica ya va a dar a luz.
Los dos se van.
Juan: Meche, ve a la cocina y dile a Jacinta que caliente suficiente agua.
Mónica aun en su dolor escuchaba todo lo que Juan decía.
Los dolores de las contracciones eran tan fuertes que por un momento sintió que se moría.
Mónica: Juan! Juan!
Juan: dime!!!, ( la toma de la mano) no te preocupes, todo va a salir bien ya mande a llamar al doctor.
Mónica: Juan, por favor cuida de nuestro hijo! Ahh
Juan: pero
Mónica: te juro que es tu hijo! Andrés no
Juan: Mónica yo lo se!
Mónica: Prométeme, que cuidaras de el si yo muero! Ahí!!
Mónica: Juan, prométemelo, júrame que no lo desampararas ahah
Juan: eso no va a pasar Mónica, te prometo lo vamos a cuidar juntos.
La besa y abraza-
Mónica: ahahaaaa!!!!
Meche: aquí traigo las vendas y las tijeras.
CASA DE TEGUA
Tocan a la puerta
Tegua: Pedro!
Pedro: Tegua, la esposa de Juan va a dar a luz.
Tegua: Vamos!
Casas Dr. Zamora:
Serafín toca y la criada le dice que hacia unas horas lo habían ido a buscar para que atendiera un parto, que lo esperaran pues no creía que demorara.
En la Palapa.
Mónica tiene contracciones bastante seguidas y llega Pedro con Tegua.
Juan: Tegua!
Tegua: capitán, no se apure, ya estoy aquí.
pidió el agua caliente, las compresas, las tijeras.
Tegua: me quedare con ella y la niña (Meche), los demás retírense.
Mónica: no! Juan! Quédate por favor! No me dejes!! AAAHHH
Juan: Tegua, yo me quedo!
Tegua: esta bien
- Entonces le explica a Meche que debe hacer para ayudarle en la atención del parto- le pide a Mónica que tome una bebida que ya ella traía para ayudarla a relajarse y sintiera menos dolor.
Mónica: no quiero. Aaaaa!!!!
Juan: Mónica, yo confió en Tegua, por favor es por el bien tuyo y del niño.
Mónica:esta, bien.
Juan estaba arrodillado tomándola de la mano, angustiado de no poder hacer nada mas.
Tegua: señora, cuando sienta una contracción puje, hágalo no se detenga hasta que le diga.
Después de un rato Mónica tuvo la contracción y en ese momento nació
Tegua: es una niña
-la niña llora y pronto la envuelve Meche en una manta, se la da a Juan, el se la lleva a Mónica y esta llorando de felicidad, la toma.
Tegua: aun no hemos terminado falta otro.
Juan: por que estas tan segura?
Mónica le sorprende que a Juan no le inquiete que puedan ser dos.
Unos minutos después ella siente nuevamente las contracciones y le entrega la niña a Juan.
En ese momento llegan Serafín con el Dr. Zamora.
Juan: Doctor, por favor revise a la niña, Mónica esta con la partera y creo ya va nacer la otra criatura.
Dr. Zamora: esta bien Sr. Juan.
Mientras eso ocurre Mónica tiene nuevamente contracciones
Tegua: es tiempo, señora, puje cuando sienta la contracción.
Mónica siente la contracción y nace un niño-
Juan regresa en ese momento de estregarle al Dr. Zamora la niña y recibe a su hijo.
Con los ojos húmedos lo toma y se lo lleva a Mónica, esta lo recibe y sonríe con los ojos llenos de lágrimas.
El doctor Zamora entra y les dice que la niña esta en perfecto estado y les recibe al niño enseguida lo revisa y también da un buen diagnostico.
Juan: doctor, Tegua esta terminando de atender a Mónica, pero me gustaría que la revise también a ella.
Juan: Meche, atiende a los niños por favor.
Meche: si señor Juan.
Juan se dirige a donde Tegua.
Juan: Tegua, una vez más me haz ayudado, muchas gracias. Que puedo hacer por ti?
Tegua: todo lo hago porque eres una persona buena y noble con los que lo necesitan.
Juan: pero me gustaría que recibieras tu pago, es tu trabajo!
Tegua: no, con las gracias es suficiente, solo le digo que sus hijos necesitan que este cerca, una sombra de maldad esta rondándolos.
Juan: pero sabes que puede ser?
Tegua: no, aun es muy pronto para saber.
Juan queda intrigado.
![[linked image]](http://img143.imageshack.us/img143/820/corazonsalvaje103ov6.png)
Escrito desde Dec 10, 2008, 12:05 AM
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PARTE XI
by Cris (no login)Meche: la Señora Mónica se ha dormido y no tenemos nada para vestir a los niños.
Juan: no te apures Meche, ve con Serafín a buscar la ropa de los niños y la de Mónica, que sea suficiente! Yo me quedo mientras.
Meche: y la cuna?
Juan: dile a Pedro que traiga la que le compramos a don Hilario y ustedes traen la que esta en casa de Mónica.
Meche: esta bien.
Tegua: la señora va a alimentar a las criaturas?
Juan: no lo se.
Meche: si, ella me lo dijo.
Tegua: entonces voy a prepararle un te que le servirá para tener suficiente alimento y aquí te dejo para que le sigas dando, debe tomarlo cada vez que los alimente.
Meche: esta bien, con permiso.
Meche sale con serafín.
Tegua: capitán, hasta pronto.
Juan: gracias, nos vemos.
Pedro: Juan! Juan!
Juan va a la sala-
Pedro: felicidades Juan!
Juan: Pedro, no sabes lo feliz que estoy! Te pido un favor?
Pedro: el que quieras Juan!
Juan: ve en la mañana al convento a avisarle a doña Catalina y la acompañas hasta acá.
Pedro: que reacción podrá tener la señora?
Juan: no lo se, pero no creo que se disguste.
Se oye un leve llanto de uno de los niños Pedro se despide.
Juan se va rápidamente ver que ocurre, al llegar Juan se queda observándolos a los tres dormir y se siente feliz.
Por la mañana
Mónica despierta y lo primero que ve es a Juan que sostiene a uno de los niños en sus brazos.
Juan: buenos días.
Mónica: buenos días como están?
Juan: bien, él es el que esta ya un poco inquieto, creo que tiene hambre.
Meche: buenos días Señora, aquí le traigo este té que le dejo Tegua.
Monica: y que es?
Meche: es para que tenga suficiente leche para alimentar a los niños.
Juan: estas segura de querer alimentarlos?
Mónica: si.
Juan: por que podemos mandar a buscar una nodriza.
Mónica: no es necesario, yo quiero alimentarlos.
Juan: como desees.
- coloca al niño en la cuna-
Juan: creo que mejor me retiro para que estés más a gusto ah! Ya le mande a avisar a Doña catalina, no creo que demore en venir.
Mónica: esta bien, muchas gracias.
Casa de Don Noel.
Tocan.
Abre Don Noel.
Don Noel: Andrés! que sorpresa verte, cuando llegaste?
Andrés: hace unos días don Noel, disculpe que no haya venido a saludarlo antes, pero estaba resolviendo unos asuntos.
Don Noel: no te apures pero cuéntame como has estado?
Andrés: muy bien Don Noel, vine porque quisiera que me ayudara en algo.
Don Noel: bueno, si esta en mis manos con mucho gusto.
Andrés: quiero darle a Juan la mitad de campo real.
Don Noel: pero, estas seguro de lo que dices y doña Sofía que opina?
Andrés: ella no esta de acuerdo, pero eso no me importa, quiero cumplir con la voluntad de mi padre, puede ayudarme?
Don Noel: claro! Pero tu padre le dejo a Juan las tierras de valle pequeño, no la mitad de Campo real, además a Juan ya no le interesa.
Andrés: por eso necesito que Usted lo convenza, se que el lo escucha, quizás acepte.
Don Noel: no te creas, a Juan no siempre me escucha y no creo que acepte.
Andrés: bueno, si el no lo recibe, se lo daré a su hijo, en ese caso que sea Mónica quien decida.
Don Noel: Mónica también es igual de orgullosa y sabiendo que a Juan no le importa Campo real ella tampoco aceptara.
Andrés: esperemos a ver que dice... Podemos iniciar con el papeleo?
Don Noel: claro enseguida redacto el documento y te estoy avisando cuando lo legalizamos.
Andrés: muchas gracias, estaré esperando, con su permiso.
Don Noel: pasa.
Convento
Doña catalina: que!!! Mónica ya dio a luz!
Pedro: si señora y están en casa de Juan.
Doña Catalina: pero que paso? Por que esta allí?
Pedro: seguro que la señora se lo explica mejor, a mí me mando Juan para que la llevara.
Doña Catalina: si, si claro, vamos.
Casa Juan La Palapa.
Sale Meche de la habitación y entra Juan.
Juan: como te sientes?
Mónica: bien, un poco cansada me dijo Meche que mandaste buscar nuestras cosas a la casa.
Juan: si, creo que por ahora deben quedarse, hasta que estén mas fuertes.
Mónica: y esa otra cuna?
Juan: cuando Don Noel me dijo que había la posibilidad de que fueran dos niños se la encargue a Don Hilario, te molesta?
Mónica: no, te lo agradezco pero yo creo que mejor nos vamos hoy.
Juan: Mónica! Espérate a que estén lo suficientemente fuertes! Unos cuantos días.
Mónica: es que no quiero incomodar, veo que solo tienes esta cama y tú
Juan: por mi no te preocupes, ya sabes que estoy acostumbrado a dormir en cualquier lugar.
Silencio. El la mira y se le acerca poco a poco.
Juan: Mónica quisiera que me escuches, se que no es el momento, pero no quiero seguir así, he cometido muchos errores con respecto a nosotros y créeme los he pagado!
Todos estos meses lejos de ti han sido un infierno, por favor perdóname!!!
Juan: Mónica, en todo este tiempo mis pensamientos, mi corazón y mi alma no han dejado de estar contigo Te amo! te amé desde el día que me miré en ti!! Descubriéndote aprendí tantas cosas maravillosas... Sólo quiero estar contigo...
Mónica: Juan es que. Ya nada puede ser igual!
Juan: claro que si! Yo te amo, y yo se que tu a mi también, lo veo en tus ojos
Mónica: tú te fuiste
Juan: y es el peor error que he cometido, solo pido una oportunidad!
No importa el tiempo que tenga que esperar, quiero poder demostrarte que la vida tranquila que te prometí, la podemos tener, yo se que si!
Mónica: no dudo que tus deseos sean esos pero para mi tus dudas aun me duele creí que yo te había demostrado cuanto de amo!
Juan: ves! Me amas!
En medio de la conversación llega
Doña catalina: Mónica! Hijita! Cómo te sientes?
Mónica: estoy bien mamá, no te preocupes.
Doña Catalina: y los niños?
Mónica: muy bien, míralos!
Juan: buenos días señora.
Doña Catalina:: buenos días Juan, como le va.
Juan: bien, espero no le disguste que Mónica este aquí.
Doña Catalina:: No se preocupe Juan, pero que paso???
Juan: bien, con su permiso. Si necesitan algo, le avisan a Pedro.
Mónica: está bien, gracias.
Juan: Mónica Por favor piensa lo que te dije.
Ella asienta con la cabeza. El se va.
Doña Catalina: mi vida pero por que estas aquí?
Mónica: mamá, ahorita te cuento, ahora me gustaría tomar un baño.
Doña Catalina: si mi amor, voy a buscar a Meche.
Meche venia en ese momento.
Doña Catalina: Meche manda a buscar agua, Mónica se quiere bañar.
Meche: si señora.
Llega Juan.
Juan: don Noel!!! Ya nacieron mis hijos.
Don Noel: Juan!! , felicidades! Amandaaa Amandaaa!
Le da un gran abrazo-
Amanda: que pasa, que son esos gritos.
Don Noel: ya nacieron los hijos de Juan y Mónica.
Amanda: bendito sea Dios, y Mónica como esta ella?
Juan: todos están muy bien. Mónica un poco cansada... Ahora esta con doña catalina.
Amanda: Noel quiero ir a verlos.
Juan: no mas que tiene que ir a mi casa de la playa...
Amanda: cómo? Por qué allá?
Juan: es una larga historia, pero primero me gustaría Don Noel que me acompañara donde el Tuerto, quiero celebrar con los míos!!!.
Don Noel: claro!, déjame guardo estos papeles y vamos, al rato pasamos por ti Amanda.
Amanda: esta bien, así dejo todo listo en la casa
Casa Teresa
Tocan a la puerta.
Andrés: esta la señorita Teresa?
Lucha: si, déjeme avisarle, de parte?
Andrés: Andrés de Alcázar.
Teresa: quien es Lucha?
Lucha: es el señor Andrés de alcázar, niña.
Teresa: dile que pase.
Andrés: buenos días Teresa, discúlpame por venir sin avisar, pasaba por aquí cerca y decidí entrar a saludarte.
Teresa: Andrés, no te apures, eres bienvenido.
Andrés: esta tu señora madre, me gustaría saludarla.
Teresa: salio al mercado, pero no tarda.
Andrés: entonces no es prudente que me quede, volveré mas tarde.
Teresa: esta bien Andrés, como gustes, yo le daré tus saludos. Hasta pronto.
Andrés: hasta pronto
- le besa la mano-
Llegan Juan y Don Noel, ya la noticia del nacimiento de los hijos de Juan se había regado por el pueblo todos se le acercaban para felicitarlo.
Don Noel: todos te aprecian Juan!
Juan: si, es algo que se siente muy bien.
Tuerto: Juan! Felicidades! Y los chamacos como están?
Juan: muy bien, tienes que ir a verlos.
Tuerto: claro!! que se toman? la casa invita!
Juan: no!, yo invito, un trago para todos!!!!
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Escrito desde Dec 10, 2008, 12:08 AM
de la dirección IP 189.107.41.232
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Colgarei las imagenes mas tarde...
by Cris (no login)colocarei as imagens aos poucos,porque da mucho trabalho postalas.
besos
Cris
Escrito desde Dec 10, 2008, 12:12 AM
de la dirección IP 189.107.41.232
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PARTE XII
by Cris (no login)
Todos en la cantina celebran el nacimiento de los hijos de Juan.
Don Noel: ahora que te veo tan contento, no quisiera molestarte pero me gustaría decirte algo.
Juan: que será?
Don Noel: Andrés estuvo en la mañana en mi casa.
Juan: don Noel, no quiero hablar de esel!
Don Noel: Juan! El quiere arreglar las cosas y lo noto sincero.
Juan: Usted de verdad cree en él?... desde que se que esta en San Pedro, he querido ir a reventarle la cara, pero no lo he hecho por Mónica, no quiero darle un sufrimiento mas!
Don Noel: escúchame! El desea hacer las pases contigo y darte la Mitad de Campo real.
Juan: usted sabe que no me interesa campo real y que desee hacer las pases lo dudo, quien sabe que estará planeando!
Don Noel: si, ya se lo dije, pero el quiere cumplir con la voluntad de tu padre y dice que si tu no quieres la mitad de Campo real se lo dará a tu hijo y para eso debo preguntarle a Mónica.
Juan: quiere provocarme?
Don Noel: no! No te quiere provocar, simplemente quiere hacer la ultima voluntad de Don Francisco.
Juan: además estoy seguro que Mónica no lo aceptará.
Don Noel: porque estas tan seguro? Ella debe ahora pensar en el bienestar de sus hijos.
Juan: pero para eso estoy Yo!
Don Noel: esta bien Juan, cálmate! Hablaremos luego de eso.
Juan: y que dice doña Sofía? ella nunca lo permitirá.
Don Noel: es probable pero eso a él no le importa.
Casa Juan La palapa
Meche: señora, esta listo el baño.
Mónica: Gracias Meche.
Cuando Doña Catalina ve el baño.
Doña Catalina: pero hija mía! Aquí te vas a bañar?
El baño de la casa es al intemperie-
Mónica: mamá, no sabia que era así.
Meche: si quiere entre su mamacita y Yo la envolvemos y Usted se baña rapidito.
Mónica: esta bien Meche, después bañamos a los niños.
Después de baño
Doña Catalina: Mónica, no quiero ser metiche, pero quiere que pienses Juan?
Mónica: Juan quiere que nos quedemos un tiempo hasta que los niños y yo estemos totalmente recuperados.
Doña Catalina: mi vida y no es mejor que regreses con el?
Mónica: mamá, eso ya lo hablamos Juan y Yo no podemos volver a estar juntos. (ella piensa "sera verdad?)
Meche: señora, llego el señor con Don Noel y doña Amanda.
Mónica: Meche, diles que pasen.
Meche va a la sala.
Meche: doña Mónica dice que pueden pasar.
Amanda: Mónica, como te siente? Se acerca a ver a los niños.
Don Noel: felicidades Mónica y a la abuela también.
Doña Catalina: Don Noel, Usted siempre tan especial.
Amanda: están hermosos tus hijos, Mónica!
Juan: no se olviden que también son míos!
Todos sonríen.
Juan: por favor siéntense, desean tomar algo?
Amanda: un refresco esta bien.
Don Noel: lo que tú tomes Juan.
Juan sirve coñac.
Amanda: ya Juan nos contó todo sobre el nacimiento y que te piensas quedar unos días más hasta que estén recuperados.
Mónica: si, creo que será así. Contesta afirmativamente, como para no entrar a discusiones con Juan en ese momento-
Meche: señora creo que tienen hambre.
Amanda: creo que mejor nos retiramos.
Don Noel: si, Juan vayamos a la sala.
Juan: esta bien
Meche y Doña Catalina se quedan en la habitación.
Mónica: Meche, dile a la señora de la cocina que los señores se quedan a almorzar.
Meche: esta bien señora.
Juan ve pasar a Meche.
Juan: Meche, para donde vas?
Meche: es que dice doña Mónica que le avise a Jacinta que los señores se quedan a almorzar.
Juan: esta bien.
el se alegra que Mónica disponga en la casa-
Llega doña Catalina a la sala: Juan, Mónica quiere hablarle.
Se levanta.
Amanda: Catalina tus nietos son adorables.
Juan llega a la habitación.
Juan: me mandaste llamar?
Mónica esta de pie mirando hacia al cuarto de baño.
Mónica: si, quisiera que habláramos unas cosas, si es que quieres que me quede esos días que dices.
Juan: ya lo pensaste?
Mónica: creo que no tuve alternativa.
Juan: lo dices por lo que dijo Amanda?... Eso no tiene importancia.
Mónica: no, creo que tienes razón y es mejor esperar a que los niños estés más fuertes.
Juan: bueno, tu dirás!!
Mónica: el cuarto de baños...
Juan: que con él?
Mónica: no te parece demasiado expuesto?
Juan: eso, pero si aquí no hay curiosos.
Mónica: pero estaría mas tranquila si tuviera mas privacidad.
Juan: si así lo deseas, esta tarde le encargare a Pedro de eso.
Mónica: te lo agradezco.
Juan: Algo mas?
Mónica: no, creo que eso seria todo, bueno! no creas que por que estoy aquí quiero que las cosas estén claras, tú y yo no volveremos a estar juntos.
Juan: pero yo te Amo Mónica y quiero que te quedes!.
Mónica: ya es muy tarde Juan, estoy cansada de todas las intrigas, rechazos y dudas
Juan: ya lo se, y nuevamente te pido perdón si dude!
Mónica: no tiene caso seguir con esta conversación.
Juan: por ahora...
El se acerca las cunas y mira con ternura los niños, ella lo observa.
Juan: nos acompañas a almorzar?
Mónica: creo que mejor no, estoy un poco cansada, me disculpas con Amanda y don Noel?.
Juan: esta bien.
En la tarde los amigos y conocidos de Juan van a visitarle y a ver a los niños, Mónica no pone objeción y los recibe con agrado.
Caída la noche
Doña Catalina: hasta mañana Mónica regreso en la mañana, no creo que necesites que me quede aquí esta Meche.
Mónica: tienes razón mamá, hasta mañana.
Durante la noche Juan esta atento a cada sonido o murmullo que los niños hacen.
Esa mañana el se esta bañando, Mónica se despierta y no lo ve, cree que no esta en la casa y va al baño pues aun no han empezado a poner las paredes y deseaba bañarse antes que alguien estuviera fisgoneando por allí, escucha el sonido del agua que cae y ve que es Juan quien se baña, en ese momento el se levanta para secarse y ella nerviosa retrocede y se retira calladamente, ya Juan se había dado cuenta de la situación pero no dice nada, simplemente se viste y llega a la habitación la encuentra a ella observando a los niños.
Juan: buenos día!
Mónica: buenos días.
Juan: en la mañana empiezan los trabajos para cubrir el baño, creo que tienes razón es mejor hacerlo...
Mónica: de veras, y por qué?
Juan: es que me pareció que me espiaban te vas a bañar?
Mónica: si, pero
Juan: no te preocupes ya se fueron
(Ella disimula, pero se cree descubierta, pues ella quería bañarse antes que los trabajos comenzaran y sin querer vio cuando Juan tomaba su baño)
Juan: también quería darte las gracias.
Mónica: por que?
Juan: Mónica, me haz hecho muy feliz al tener a mis hijos.
Mónica: querrás decir nuestros hijos!.
Juan: si, tienes razón nuestros tu sabes que siempre soñé con tener una familia y ahora solo falta que te quedes
Mónica: Juan! ya esta decidido! Ahora no quiero hablar de eso!
Juan: esta bien, voy a llamar a Meche para que te acompañe.
Mónica: Gracias.
Juan va a buscar a Meche.
Escrito desde Dec 10, 2008, 12:13 AM
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PARTE XIII
by Cris (no login)
Bien temprano llega Azucena a ver a Mónica y los niños.
Mónica: Azucena, como has estado?
Azucena: bien Doña Mónica y usted, hola Meche.
Mónica: muy bien, ya vez ellos son muy juiciosos.
Azucena: ya veo, ojala mi chamaco también lo sea.
Meche: yo lo dudo porque con esa madre tan inquieta
Azucena: no digas eso Meche ya vas a ver con los tuyos.
Meche: Y con quien?
Azucena: y el Tuerto?
Meche: ya! Azucena, no molestes.
Juan: pero el Tuerto es una buena persona y de verdad le interesas.
Azucena: Juan! Felicidades, no sabes que alegría me dio cuando Joaquín me dijo que Doña Mónica estaba aquí contigo.
Ellos se miran
Mónica: Azucena, solo voy a estar unos días nada más, el doctor Zamora quedo en venir en dos semanas y depende de lo que me diga.
Azucena: pero yo creí que ya las cosas se habían arreglado.
Juan: yo las dejo regreso en la tarde.
Mónica: esta bien.
Azucena: entonces no ha perdonado a Juan?
Mónica: no es eso Azucena.
Azucena: AY!! Pero si a usted se le ve en eso ojos como le brillan cuando lo ve.
Meche: yo ya se lo dije, pero no me escucha.
Azucena: doña Mónica, usted sabe que yo antes creí estar enamorada de Juan y por eso me porte muy mal con Usted, pero me di cuenta que Juan la ama y haría cualquier cosa por Usted, por favor no la haga sufrir mas, dele una oportunidad!
Mónica: Azucena, comprendo tus palabras, pero (duda) bueno! este no quiero hablar mas!
Pasan los días
una tarde
Doctor Zamora: señora, los niños están en perfecto estado y usted también.
Mónica: Entonces doctor ya puedo llevarme a los niños a la casa?
Doctor Zamora: bueno, no veo por que no!
Meche: con permiso.
Mónica: Dime Meche.
Meche: doña Mónica, la señora Amanda vino a verla.
Mónica: dile que pase.
Doctor Zamora: yo me retiro, con permiso.
Mónica: muchas gracias doctor.
El doctor sale de la habitación y pasa por donde viene Amanda.
Doctor Zamora: Señora! - Le hace una venia- con su permiso.
Doña catalina: pase Amanda, como ha estado?
Amanda: bien doña Catalina y usted?
Mónica: hola Amanda, que bueno tenerla por aquí.
Amanda: como estas Mónica, ese era el doctor Zamora?
Mónica: si, ha venido a revisar a los niños y los ha encontrado perfectamente, ya pronto me regreso a la casa.
Amanda: pero cómo? No vas a volver con Juan?
Mónica: No.
Doña catalina: hija, piénsalo bien.
Mónica: bueno, y como esta don Noel?
Amanda: muy bien, ahorita esta con Juan y quedamos en vernos aquí.
Mónica: bueno entonces se quedan a merendar.
Doña Catalina: que bueno, así no tendré que regresarme a San Pedro tan sola
Casa Teresa
Andrés ha estado frecuentando a Teresa
Teresa: ya sabes que Mónica tuvo dos niños?
Andrés: como? Cuando nacieron.
Teresa: hace unos días, me entere por Doña Catalina en la iglesia, esta muy contenta. Lastima que no me dejen ir a verla.
Andrés: pero por que, tus padres te han permitido ver a Mónica siempre.
Teresa: si, pero es que ella esta en casa de Juan en la playa y a ellos no les parece bien eso.
Andrés: entonces por fin se reconciliaron?
Teresa: según doña Catalina No, ella solo estará allí hasta que el Doctor Les permita regresar a la casa.
Andrés: Y como es que Mónica dio a Luz allí?
Teresa: es que -relata lo sucedido-
Cantina tuerto
Juan y Don Noel llegan encuentran que Segundo ya regreso de entregar el cargamento de cacao.
Segundo: Juan! ya me contaron las noticias, felicidades!
Juan: gracias, y a ti como te termino de ir?
Segundo: todo bien, en Veracruz se me acercaron dos compradores mas, quieren un cargamento para dentro de tres semanas.
Juan: Yo, ya hice contactos en Cupilco, están dispuestos a entregarnos toda la producción.
Segundo: que bien, debemos entregar en el menor tiempo posible.
Juan: entonces, yo voy a Cupilco a cerrar la compra, tu debes descansa unos días para que estés con tu familia.
Don Noel: y Mónica?
Juan: serian unos dos o tres días máximo, Pedro tú entregarías el cargamento en Veracruz, te parece?
Pedro: si Juan no te preocupes.
Don Noel: veo que el negocio esta creciendo.
Juan: si, creo que va siendo hora de comprar otro barco.
Don Noel: debes tener cuidado, porque hay una banda de ladrones que están asaltando los cargamento con las cosechas.
Segundo: si es cierto, a don Felipe Ortiz lo asaltaron y se le llevaron todo por la vía al mar.
Juan: habrá que estar más pendiente. Nos vamos?
Don Noel: esta bien.
Tuerto: ya te vas Juan?
Juan: si, los espero por la casa!
Ellos se van.
Segundo: y ahora tú por que esa cara?
Tuerto: es que ahora que la señora Mónica tuvo sus hijos la Meche se va demorar en darme el si.
Segundo: eso no se te haga raro.
Casa Andrés
Sofía: hijo, que bueno que cenas conmigo, hace días que no lo haces.
Andrés: mamá, prefiero evitar disgustos.
Sofía: y dime hijo, como esta Teresa?
Andrés: veo que ya te contaron.
Sofía: que tiene de raro, eres mi hijo y lo mas normal seria que fueras tu quien me lo dijera:
Andrés: mamá prefiero que no te metas y también te contaron que Mónica dio a luz?
Sofía: eso no me interesa.
Andrés: pues te debería importar, pues son también mis sobrinos y futuros dueños de Campo real.
Sofía: pensé que eso se te había olvidado.
Andrés: no madre y si Juan no acepta, serán ellos quienes recibirán lo que mi padre quiso que fuera de Juan.
Sofía: Andrés te lo prohíbo!
Andrés: Mamá! Usted a mi ya no me prohíbe nada! Y si quiere que la acompañe a cenar mejor no hablemos más de ese tema.
Sofía: pero Andrés! Esos niños no
El Se levanta, tira la servilleta- con permiso
Sofía: Andrés! Andrés
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PARTE XIV
by Cris (no login)
Casa Juan La Palapa
Don Noel y Juan ya están allí.
Mónica: cuénteme Amanda, que saben de Mariana y Marcelo?
Amanda: están muy bien y saben, vamos a ser abuelos!!!
Juan: Don Noel, eso no me lo había contado, felicidades!!
Don Noel: no había tenido la ocasión.
Doña Catalina: siempre los nietos son una bendición, muchas felicidades.
Mónica: y supongo que ustedes estarán para el nacimiento.
Amanda: por supuesto Mónica, ya hasta hemos hablado del nombre y hablando de eso, ya le tienen los nombres a los niños?
Juan mira a Mónica pues de eso no habían hablado, pero ella muy segura dice:
Mónica: si!
Juan no la contradice.
Doña Catalina: y cuales son mi cielo.
Mónica: yo siempre quise, que si era niña la llamaría, Ana Catalina, y si era niño Juan Francisco, ahora los tengo a los dos!
Juan sigue callado y no le quita la mirada a Mónica, ella no se atreve a verlo.
Amanda: Ana Catalina es un bonito nombre.
Doña Catalina: pero Mónica, si en nuestra familia no hay nadie llamado Ana.
Don Noel: pero en la de Juan Si!! Vera Doña Catalina, la madre de Juan así se llamaba.
Doña Catalina: ahhhh mira a Juan y un poco avergonzada baja la mirada-
Amanda: y los padrinos, ya saben quienes van a ser?
Juan: creo que en eso si puedo responder y aunque no lo hemos hablado creo que Mónica estará de acuerdo en que Ustedes sean los padrinos de Juan Francisco.
Don Noel: eso, seria un honor Juan!
Amanda: por supuesto que aceptamos! Y quienes serán los de Ana Catalina?
Mónica: para ella, creo que debemos esperar.
Doña catalina: mi vida ya veras que habrá alguien que con gusto aceptara
ese honor.
Don Noel: Mónica, ahora que los Cervantes desocuparon la casa, me gustaría que me la alquilaran, quisiera pasarme con Amanda para allá.
Mónica: Don Noel no veo el inconveniente y me parece muy bien.
Don Noel: creo que Amanda estaría mejor, mi casa es muy chica y quiero que ella este a gusto.
Amanda: pero a mi me gusta nuestra casa!
Don Noel: lo se, pero quiero que estés mejor!
La toma de la mano y se la besa.
Doña Catalina: bueno Mónica creo que mejor me voy estoy un poco cansada.
Don Noel: nosotros también nos vamos y la llevamos con mucho gusto.
Doña Catalina: gracias.
Todo: Buenas noches.
Juan y Mónica: buenas noches.
Mónica un poco nerviosa camina hacia la habitación
Juan: Mónica!
Ella se da vuelta y lo mira.
Juan: te acompaño.
Mónica: esta bien.
Camino a San Pedro.
Don Noel: D. Catalina, que opina usted de todo esto?
Doña Catalina: ay Don Noel, estoy muy angustiada, se que Juan nunca a tenido mis afectos pero es el padre de mis nietos y creo que Mónica debe dejar de lado su orgullo y perdonarlo.
Amanda: yo no creo que Mónica seda tan fácil, esta muy dolida.
Don Noel: he bueno, quizás en estos días que están cerca Mónica recapacite.
Doña Catalina: dios lo quiera Don Noel.
Ya en la habitación.
Juan: te puedo hacer una pregunta?
Mónica: si.
Juan: Por que decidiste escoger el nombre de mi madre?
Mónica: me pareció bonito que si era una niña tuviese los nombres de sus abuelas.
Juan: Y cómo supiste su nombre?
Mónica: se lo pregunte a Don Noel, te molesta?
Juan: no! Es que se me hace un poco extraño tu sabes los prejuicios, no creo que el nombre de una mujer que se atrevió a engañar a su marido pudiera gustarte.
Mónica: desde hace mucho lo que la gente diga o piense dejó de importarme. Además, no sabemos como fueron las cosas entre tu padre y ella, aun así sigue siendo tu madre y la abuela de los niños.
Juan: y por que Juan Francisco?
Mónica: porque porque esa es la costumbre, los niños siempre llevan el nombre de su padre y mi hijo no tendría que ser diferente y si no te gusta Francisco no me importa, Mi tío Francisco siempre fue muy bueno con nosotras y nos quería mucho.
Juan: No digo que no me guste.
Mónica: En la tarde estuvo el doctor Zamora y me dijo que ya puedo regresarme a la casa.
Juan: pero?
Mónica: así que mañana me voy.
Juan: no puedes irte Mónica.
Mónica: por que? Nada me lo impide.
Juan: yo si!
Mónica: me vas a obligar?
Juan: si es necesario!!
Mónica: no lo hagas Juan además nuestro matrimonio esta anulado.
Juan: Ya no, hace días que don Noel y Yo fuimos al registro civil para que me devolvieran el apellido así que nuestro matrimonio es válido.
Mónica: entonces todavía no estoy obligada a quedarme y te agradezco te retires es que me quiero cambiar.
Juan: que pases buenas noches! (enojado)
Casa Andrés en la mañana.
Bautista: me mando a llamar patrona?
Sofía: si Bautista, quiero que me hagas un favor.
Bautista: no más dígame.
Sofía: quiero que mandes a vigilar al sinvergüenza de Juan del Diablo, a donde va? Que hace? Todo!
Bautista: como para que patrona.
Sofía: ya te lo diré.
Escrito desde Dec 10, 2008, 12:16 AM
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PARTE XV
by Cris (no login)
La Palapa.
Están desayunando.
Juan: Mónica, debo salir unos días y me gustaría que te esperas a mi regreso para irte, en la casa quedan Segundo y Joaquín por si se necesita algo.
Mónica: pero te tardaras mucho?
Juan: por que? Te haré falta?
Silencio.
Mónica: solo quiero saberlo.
Juan: entonces, te quedas?
Mónica: es que no quiero incomodar.
Juan: no incomodas! -le toma la mano- tu sabes que esta será siempre tu casa.
Mónica se la suelta enseguida.
D. Catalina: buenos días Mónica, como esta Juan?
Mónica: buenos días mamá.
Juan: buenos días. Me retiro.
Se levanta y se da vuelta.
Juan: Mónica! Espera por lo menos mi regreso,me sentiría mas tranquilo.
Mónica: esta bien.
D. Catalina: que ocurre Mónica?
Mónica: es que le dije a Juan que me regresaría a la casa y el insiste en que me quede.
D. Catalina: pero mi amor, claro que quiere que te quedes, eres su esposa.
Mónica: no mamá, ya no soy su esposa! A una esposa no se le hace lo que el hizo!
D. Catalina: ante los ojos de Dios si lo eres! Y además piensa en tus hijos.
Mónica: mis hijos no serán una excusa para que vuelva con Juan.
Casa Teresa dos días después.
Andrés: buenas tardes, la señorita Teresa.
Mucama: ya se la llamo, pase por favor.
Aristóbulo: Andrés, que bueno tenerte por aquí.
Andrés: buenas tardes Don Aristóbulo, vine a invitar a Teresa a dar un paseo por la plaza, si Usted lo permite.
Aristóbulo: claro que si, no veo el problema.
Andrés: quisiera pedirle me permita invitarlos a cenar en mi casa la próxima semana.
Aristóbulo: será un placer.
Teresa: papá, Andrés buenas tardes.
Andrés: como estas Teresa.
Aristóbulo: Andrés ha venido a invitarte a dar un paseo por la plaza hijita, quieres ir?
Teresa: si usted me lo permite, papá.
Aristóbulo: claro hija.
Andrés: entonces, nos vamos?
Teresa: si, claro no más déjame ir a buscar mi chal.
Andrés: con su permiso y buenas tardes.
Aristóbulo: hasta pronto.
En el registro civil
Don Noel va en busca del certificado que le devuelve a Juan su apellido.
Don Noel: buenas tardes, se encuentra el magistrado?
Asistente: no esta, esta enfermo y va a tardar unos días en volver.
Don Noel: gracias. Con permiso.
Durante el paseo por la plaza
Teresa: Andrés, me gustaría que me llevaras donde Mónica.
Andrés: no hemos pedido permiso y no quisiera traicionar la confianza de tu padre.
Teresa: Tienes razón, pero que tal si mañana se lo preguntamos?
Andrés: como tú digas.
Teresa: gracias.
La palapa unos días después.
Juan regresa de su viaje.
Juan: buenos días doña Catalina.
D. Catalina: buenos días Juan, como le fue en su viaje?
Juan: bien! Y Mónica?
D. Catalina: esta tomando su baño.
Juan y los niños como han estado?
D. Catalina: bien.
Juan sigue al cuarto.
D. Catalina: Juan a donde va?
Mónica estaba ya en la habitación,
Mónica: Juan cómo te fue?
Juan: bien.
Mónica: por que llegas así?
Juan: quería verte.
Mónica: Por favor esperas a que acabe d vestirme?
Juan: Meche, quisiera hablar a solas con la señora.
Mónica: pero!
Juan: salte Meche
Meche sale.
Juan: a que le temes? -El va acercándose-
Mónica: a nada, es que no esta bien.
Juan: por que? Tú y yo estamos casados.
Mónica: ya no!
Juan: Mónica! Por que no entiendes que yo te amo y deseo estar a tu lado con mis hijos me haces mucha falta
Están frente a frente ella baja la cabeza.
Juan: te espero afuera.
Mónica: Meche!, Meche!
Meche: si doña Monica.
Entra D. Catalina.
D. Catalina: que paso mi cielo.
Mónica: nada mamá, es tiempo de regresar a mi casa.
D. Catalina: como tú quieras mi vida.
Mónica termina de vestirse y sube a la sala donde Juan la espera.
Mónica: quiero que sepas que me regreso hoy mismo a la casa.
Juan: pero, por que?
Mónica: creo que lo que acaba de ocurrir es suficiente explicación.
Juan: esta bien, tienes razón y te pido perdón.
Mónica: si, pero creo que es mejor que nos marchemos.
Juan: por favor espera unos días más.
Mónica: no Juan, me pediste que esperara a tu regreso, ya estas aquí así que hoy vuelvo a la casa.
Mónica se retira y lo deja con la palabra en la boca.
Juan: Mónica! Mónica!!
Juan enojado sale hacia la playa.
En ese momento llegan Teresa y Andrés, este último ve cuando Juan se aleja y decide ir tras el.
Teresa llega a la sala se encuentra con Meche y le dice que la lleve donde Mónica.
Teresa: buenos días Mónica, creo que llagamos en mal momento.
Mónica: buenos días Teresa, no te preocupes cuéntame como has estado?
Teresa: bien Mónica, tengo mucha cosas por contar, antes quisiera disculparme por no haber venido antes, mis padres no me dejaban venir sola.
Mónica: y con quien haz venido?
Teresa: Ya lo veras pero primero, quiero ver a esos hermosos niños.
Mónica: Por supuesto Teresa, pasa por favor, están con mi madre en la recamara.
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PARTE XVI
by Cris (no login)
En la playa.
Andrés: Juan!!! Juan!!!
Juan: Andrés que haces aquí?
Andrés: vine a traer a Teresa.
Juan: ya lo hiciste, te puedes ir!
Andrés: Juan, por favor permíteme unas palabras.
Juan lo piensa un poco
Juan: esta bien, te escucho.
Andrés: Juan, entiendo que estés enojado conmigo por lo que te dije quiero que sepas que es falso.
Juan: lo se!
Andrés: cómo? sorprendido
Juan: Mónica me lo dijo.
Andrés: quiero que sepas que estoy arrepentido si es posible deseo que me perdones.
Juan: Andrés nos haz lastimado mucho, yo se que las circunstancias te han llevado a eso pero
Andrés: por favor Juan, créeme!! Lo que más deseo en este mundo es poder tener una vida tranquila y quisiera que tú y yo pudiéramos llevarnos como los hermanos que somos.
Juan: de verdad lo crees?
Andrés: una vez tu lo intentaste y la ira no me dejo ver, ahora se que es posible por eso apelo a tus nobles sentimientos, por los días que vivimos en Campo real cuando éramos chicos.
Juan: no lo se
Andrés: quisiera que Mónica me perdonara también.
Juan: no creo que yo pueda ayudarte.
Andrés: si me lo permites, podría hablar con ella y pedirle perdón por lo que le hice, se que ella te ama.
Juan: ya no estoy tan seguro
Andrés: te dijo don Noel lo que pienso hacer?
Juan: lo de Campo Real, Si!
Andrés: y estas de acuerdo?
Juan: no me interesa, si en algún momento pensé en exigirlas, ahora no!
Andrés: entonces serán para mis sobrinos y no estoy dispuesto a echarme para atrás.
Juan: y doña Sofía? Que opina?
Andrés: mi madre tendrá que aceptar lo que yo he decidido.
Juan: no estoy tan seguro
Andrés: entonces Juan, me perdonas?
Juan lo mira, se queda pensando un rato y Lugo le extiende la mano.
Andrés: Gracias Juan! Lo abraza.
Juan: quieres pasar?
Andrés: me gustaría mucho.
Van subiendo a la casa y a Juan lo retiene Serafín.
Teresa, Mónica y D. Catalina están en la sala.
D. Catalina: Andrés!!! Hijo!! Pero que haces aquí?
Mónica: Andrés!!! Te ruego el favor y te marches!
(Mónica no siente rencor hacia Andrés, lo que más le preocupa es la reacción de Juan si lo encuentra allí.)
Teresa: Mónica espera! el viene conmigo.
D. Catalina: contigo?
Andrés: si tía, como esta Usted?
Mónica: Andrés no creo que sea buena idea que estés aquí, no quiero problemas con Juan.
En ese momento Juan llega a la sala.
Juan: yo lo invite a pasar.
Mónica: de veras?
Juan: espero que no te moleste.
Mónica: no
Juan: quiero que sepan todos que Andrés y yo hemos decidido dejar de lado nuestros problemas del pasado y llevarnos como hermanos.
Mónica: de verdad? Me alegro.
Teresa: vaya! Ya era hora!.
Andrés: Mónica, ante todos los presentes quisiera ofrecer mi disculpa por ese momento
Mónica: Andrés, ya eso esta en el pasado y es mejor dejarlo allí.
Andrés: te lo agradezco Mónica, en ese caso quisiera conocer a mis sobrinos!
Mónica: esta bien.
D. Catalina: y dime hijo como esta Sofía?
Andrés: bien tía...
Juan no le quita la mirada a Mónica, ella permanece callada.
Casa Andrés san Pedro.
Sofía: Juanita, busca a tu tío.
Juanita: si señora, con permiso.
En la cocina.
Juanita: tío, la señora quiere hablarle.
Bautista: me mando llamar.
Sofía: ya tienes la información que te pedí?
Bautista: no señora, ese des había estado de viaje, pero ya regreso, con unos días mas tengo los datos completos.
Sofía: esta bien, cuando ya tengas todo me avisas.
Bautista: si señora.
Casa Juan Playa.
Teresa: Mónica, entonces te regresas a San Pedro hoy?
Mónica: si, Teresa ya es tiempo.
Andrés sabe que Juan no esta de acuerdo y ve su cara de inconformidad así que
Andrés: creo que nosotros nos vamos, tía si quiere la llevamos!
D. Catalina: claro que si hijo, así, voy arreglando la casa para cuando Mónica y los niños lleguen. Hasta luego Mónica, Juan.
Juan: nos vemos.
Mónica: hasta luego mamá.
Andrés: Mónica, Juan tienen unos niños muy hermosos.
Mónica: gracias Andrés.
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PARTE XVII
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasJuan acompaña a la carreta a Doña Catalina, Teresa Y Andrés.
Enseguida ve que el tuerto esta llegando
Juan: Tuerto, que tal?
Tuerto: hola Juan, vine a
Juan: a ver a Meche.
Tuerto: pues, si!
Juan: jajaja sigue esta con Mónica, pero ya te la llamo.
Tuerto: gracias
Casa Don Noel
Amanda: Noel, como te fue?
Don Noel: bien. Ha venido Juan?
Amanda: no, dime Noel que podemos hacer por Mónica y Juan?
Don Noel: no lo se!, hace unos días estuve en el registro civil buscando los papeles de Juan pero el registrador estaba enfermo.
Amanda: así el matrimonio de ellos será valido?
Don Noel: si, espero que Mónica no se oponga a volver con él.
En la Palapa.
Mónica en la habitación esta ayudándole a Meche a cambiar a los niños, Juan llega.
Juan: Meche, quisiera hablar con la señora,
Meche: si, con permiso.
Juan: ah!! Y el Tuerto te esta esperando en la cocina.
Ella se avergüenza un poco por la situación pero sonríe y se va.
Mónica: me alegra mucho que Meche encuentre a alguien que la valore.
Juan: yo también me alegro por el Tuerto es mi amigo y se que la quiere.
Ella sigue organizando las cosas de los niños.
Juan: qué piensas de Andrés?
Mónica: no se, pero me agrada que hayas decidido llevarte bien con el.
Juan: si no tiene caso seguir discutiendo... me dijo que le dejaría la mitad de campo real a Juan Francisco y Ana Catalina.
Mónica: no creo que mi madrina lo permita.
Juan: lo mismo le dije, pero dice que ella deberá aceptar lo que el decida.
Mónica: no lo creo.
Juan se le ha acercado lentamente, mientras conversan.
Juan: Mónica, decidas lo que decidas yo lo acepto, pero quiero que sepas que te amo, eres mi vida, solo con la muerte dejare de hacerlo todo este tiempo la besa.
Mónica: por favor Juan, no es justo.
Juan: podrías esperarte a mañana?
Mónica: pero ya todo esta listo.
Juan: Mónica! (Mirándola a los ojos) por favor
Silencio
Mónica: esta bien, pero hay que avisarle a mi madre.
Juan: enseguida. Su expreción es la de un niño al recibir un regalo.
Juan le encarga al Tuerto ir donde Doña catalina a informarle que Monica iria al día siguiente.
Casa Mónica en la mañana
D. Catalina: Mónica, bienvenida!
Mónica: Gracias mamá.
Juan: donde te vas a quedar?
Mónica: en mi habitación.
El lleva a los niños junto con Meche.
D. Catalina: te gusto como quedo la casa?
Mónica: si madre quisiera recostarme un rato, anoche no pude dormir bien.
D. Catalina: esta bien hija.
Cuando Mónica entra a la habitación Juan juega con los niños.
Juan: como te siente?
Mónica: un poco cansada.
Juan: te dejo para que descanses, regreso mas tarde, con permiso.
Mónica le agradece y él se va.
Meche: doña Mónica, quiere que le traiga un tesito?
Mónica: esta bien Meche.
En la sala.
D. Catalina: Juan!, que le pasa a Mónica?
Juan: anoche tuvo un mal sueño y la tiene inquieta.
Meche: voy a llevarle un tesito, con permiso.
Juan: D. Catalina, quisiera que fuéramos donde Fray Domingo para hablar del bautizo de los niños.
D. Catalina: pero si Ana Catalina no tiene aun padrinos.
Juan: eso lo resolveremos pronto, no se preocupe, me despide de Mónica con permiso.
D. Catalina: siga.
Doña Catalina va a la habitación.
D. Catalina: como te sientes hija?
Mónica: bien mami y Juan?
D. catalnia: ya se fue.
Mónica no dice nada, pero le pesa que Juan no se haya despedido.
Ella está muy sencible y aunque ama a Juan y quiere volver con él le duele su abandono.
Es de madrugada Mónica tiene una pesadilla.
En ella alguien intenta arrebatarles a los niños Juan la despierta y ella se aferra a el.
Juan: Mónica, ya paso!
Mónica: no Juan, fue horrible!
Juan: tranquilízate
Mónica: es que era muy real, me querían quitar a los niños.
Juan: eso no pasara! Mientras yo este cerca te prometo que no pasara.
Mónica: Juan, no te vallas, quédate conmigo.
Juan: esta bien.
El espera a que Mónica se duerma y sin poder dejar de hacerlo la observa devotamente. Te amo Mónica... le dice aún sabiendo que ella no lo escucha. Después de un rato se duerme cerca a ellos.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:10 PM
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PARTE XVIII
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Es de noche en la Palapa.
Don Noel: me dijeron donde el Tuerto que estarías aquí.
Desde que supo que Mónica ya estab en San Pedro, ha buscado a Juan pues sabe que lo nesecita.
Juan: si, quiero estar solo!
Don Noel: bueno! Aun así quiero hacerte compañía. Tarde o temprano me hablará ha pensado este.
Juan: por que no quiere volver conmigo Don Noel?
Don Noel: Juan, esta muy dolida, yo pensé que estos días aquí
Juan: si! Yo también! Estoy desesperado! Tengo que hacer que me regrese conmigo!
Don Noel: Juan, se prudente.
Juan: así me toque obligarla Don Noel! Mónica es la mujer que amo y no la voy a perderla!
Don Noel: si aceptas mi concejo, ya una vez la conquistaste, por que no hacerlo nuevamente? No eras tu el que sabe como hacerlo?
Recordando este las palabras que Juan pronunciara pocos días después de aceptar casarse con Mónica.
Juan: tiene razón! Gracias nuevamente por estar conmigo.
Los dos se han quedado conversando y después de un rato Don Noel regresa a su casa dejando a Juan más calmado.
Pasa una semana, en ella Juan va a casa de Mónica a ver a sus hijos, aunque anhela pedirle a Mónica que vuelva con él, actúa tranquilo frente a ella, como un caballero.
Mónica se siente indecisa, pero al ver que Juan no ha vuelto a mencionarle nada prefiere quedarse callada.
Ese jueves en casa de Andrés, se lleva a cabo la cena con la familia de Teresa, él está tan enamorado que pide la mano de ella en matrimonio.
Los padres de esta acptan gustosamente; Sofía muestra su agrado por la unión.
El viernes en la tarde casa de Mónica.
Teresa: esta Mónica?
Meche: si, pase esta en el jardín.
Mónica: buenas tardes Teresa, como estas?
Teresa: feliz Mónica, Feliz! es que vengo a contarte algo maravilloso!
Mónica: y que es?
Teresa: pero primero dejame ver a estas criaturitas (ella les hace un cariño)
Teresa: fijate que ayer Andrés les pidió a mis padres mi mano en matrimonio, que te parece?
Mónica: creo que Andrés no ha escogido mejor compañera, y tu que quieres?
Teresa: creo que me he enamorado, Andrés es una persona tierna, atenta, divertida
Mónica: es cierto, creo que las circunstancias lo llevaren a ser lo que fue por un tiempo, pero en el fondo es una persona buena
Teresa: así es, te imaginas? tu y yo seremos concuñadas. jajaja
Mónica: y cuando será la boda?
Teresa: el quiere que sea en un mes, a mis padres no les gusto mucho la idea pero no quiere esperar tanto.
Se
Anochece y Mónica le indica a Teresa que deben entrarse pues el fresco de la noche podría resfriar a los niños y así lo están aciendo cuando...
Meche: doña Mónica, Azucena vino a verla.
Mónica: dile que pase Meche.
Como todos los días, Azucena visita a Mónica y a los niños.
Azucena: buenas tardes doña Mónica como esta?
Mónica: bien Azucena, mira ella es mi amiga Teresa, la recuerdas?
Teresa: mucho gusto, si ya la había visto.
Azucena: como esta. Y mirando a Mónica, Si quiere regreso mas tarde. -a lo mejor no le guste mi compañia a la visita, piensa para si-
Mónica: no Azucena, pasa vamos a la sala, es mejor entrar a los niños.
Azucena: esta bien doña Mónica, y como están esas bellezas ?
Mónica: bien, son unos juguetones.
Azucena: si eso veo ella toma uno de los niños.
Teresa: bueno Mónica, me retiro quería que supieras la noticia.
Mónica: te acompaño, ya regreso Azucena.
Esa tarde, alguien más recibe una visita...
Andrés: buenas tardes Don Noel.
Don Noel: buenas tardes Andrés, sigue por favor.
Andrés: vine a ver si ya tiene los papeles listos?.
Don Noel: si, ya los tengo listos.
Andrés: Y Juan?
Don Noel: no debe demorar, pero te digo que no va aceptar!
Andrés: ya va a ver que si.
Tocan
Don Noel: adelante Juan, te estábamos esperando.
Juan: buenas tardes Andrés! Don Noel como ha estado?
Don Noel: bien!
Andrés: Como estas Juan, los niños?
Juan: muy bien.
Don Noel: bueno! Y este cambio a que se debe?
Andrés: vera! Es que Juan y Yo vamos a tratar llevarnos como hermanos.
Juan: si, decidimos olvidar y perdonar...
Don Noel: no saben el gusto que me da, si su padre estuviera vivo, estaría dichoso.
Juan: Bueno, y para que nos cito? Cambia el tema bruscamente pues la herida que dejó Carmona en contra de su padre aun duele.
Don Noel: le decía a Andrés que ya tenia listos los documentos para el traspaso de las tierras.
Juan: aja... ya veo.
Don Noel: estas de acuerdo?
Juan: si, Mónica y yo hemos decidido aceptarlas.
Andrés: es lo que mi padre quería, que tú tuvieras lo que te mereces por ser su hijo y ahora tus hijos también disfrutaran de ello.
Juan: pero Andrés, Doña Sofía
Andrés: mi madre ha tenido que aceptarlo hermano, don Noel, donde firmamos? - No ha querido darle más espera al asunto para evitar que Juan se eche para atrás-
Don Noel: bueno, si es así aquí estan Juan.
En la sala charlan Mónica y Azucena.
Azucena: doña Mónica, no va a regresar con Juan?
Mónica: Azucena...
Azucena: pero es que Juan la ama, me consta, ya no es el mismo Juan que Yo conocí, se nota triste Usted sabe que no me gusta verlo así!
Mónica: es que han pasado tantas cosas.
Azucena: si, pero si el y don Andrés se han reconciliado, por que Ustedes no?
La pregunta de Azucena, es la que todos se hacen, solo ella sería capaz de hacerla, Mónica no reponde y le cambia el tema.
Mónica: Azucena, me gustaría que te vinieras a vivir aquí con Joaquín tu sabes que son como de la familia, tendrían su propia habitación en la planta alta de la casa, me ayudarías con los niños y tu hijo seria como sus primos, además Meche no puede con todo el oficio para ayudarme con los niños que dices?
Azucena: no lo se, tengo que hablarlo con Joaquín.
Mónica: por supuesto es una decisión de los dos.
Azucena: Juan! Doña Mónica quiere que me venga a vivir aquí, como la tía de Juan Francisco y Ana Catalina, que te parece?
Juan: que estoy de acuerdo... buenas tardes.
Mónica: buenas tardes.
Azucena: voy a hablar enseguida con Joaquín, con permiso.
Meche: Yo me llevo a los niños se están durmiendo.
Mónica: Gracias Meche.
Juan: y tú?, como has estado?
Mónica: bien.
Juan: por que le dijiste eso a Azucena?
Mónica: creo que es lo correcto, tú la quieres mucho como una hermana y yo también la aprecio.
Juan: te lo agradezco.
Mónica: no tienes por que, en todos estos meses se porto muy bien conmigo y además, quiero que se cuide bien durante su embarazo.
Esta un poc nerviosa...
Mónica: quieres sentarte?
Juan: Gracias.
Juan: Y crees que Joaquín acepte?
Mónica: no se si hablas con el.
Juan: si.
Juan: estuve con Don Noel y Andrés, firmando los papeles del traspaso de tierras y Andrés nos contó que se casa.
Mónica: si, Teresa estuvo hace un rato y me lo dijo.
Juan: que piensas?
Mónica: que puedo decir, Teresa ha sido mi amiga desde siempre y si se ha enamorado Andrés y la hace feliz pues esta bien que se case con el.
Juan: creo que el también esta enamorado.
Mónica: que bueno.
Juan: te dijo tu madre cuando iríamos a la iglesia para arreglar el bautizo?
Mónica: si, mañana en la mañana pero si no tenemos padrinos para Ana Catalina.
Juan: no te preocupes por eso, ya lo tengo resuelto, confías en mí para eso?
Mónica: creo que si.
Juan: Estarías de acuerdo si le pidiera a Segundo y su esposa que fueran los padrinos?
Mónica: ellos son tus amigos y son personas buenas, no veo por que no!
Juan: esta bien, dile a tu madre que nos vemos a las nueve en la iglesia.
Mónica: esta bien.
Juan: ahora con tu permiso quiero estar un rato con los niños
Juan va hacia la habitación, da unos pasos y le dice a Mónica
Juan: me acompañas?
Mónica: si (ella se emociona, pero lo disimula).
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PARTE XIX
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
En casa Azucena y Joaquín.
Azucena ha estado esperando la llegada de Joaquín.
Azucena: Joaquín! A que no sabes que me propuso la señora Mónica?
Joaquín: que cosa Azucena?
Azucena: ella quiere que nos vayamos a vivir a su casa, pero como si fuéramos de la familia, con nuestro cuarto en la parte superior de la casa, el que era de la señora Aimmé.
Joaquín: y por lo visto a ti te gusta la idea.
Azucena: pues si! A ti no?
Joaquín: yo por ti iría hasta el fin del mundo!
Azucena: eso no te lo creo.
Joaquín: claro que si! Para demostrártelo nos vamos para la casa de la señora Mónica. Ah! Pero mejor nos quedamos en uno de los cuartos de los criados.
Azucena: pero por que? Ella quiere que sea como la tía de sus hijos, y una tía no usa el cuarto de los criados.
Joaquín: Azucenaaa
Azucena: esta bien, esta bien, ahora cuéntame como te fue?
Joaquín: bien, el señor Juan va a transportar cargamento de cacao muy pronto
Juan se queda el resto de la tarde disfrutando de sus hijos, Mónica se siente dichosa aunque no se lo dice a Juan, mientras que él espera anheloso acercarse nuevamente a ella.
Iglesia al día siguiente.
Estan Fray domingo y doña Catlina conversando en el Jardín de la iglesia.
Juan llega.
Juan: Buenos días.
Fray Domingo: buenos días Juan.
Doña Catalina: como está Juan.
Juan: bien gracias.
Doña Catalina: Juan, le decia a Fray Domingo que Usted quiere bautizar pronto a los niños pero aún no tenemos los padrinos de Ana Catalina.
Juan: no se preocupe señora.
Doña Sofia ve que Andres y Teresa hablan con Sor Ines y esta les indicaba donde estaba Fray Domingo.
Teresa: Juan! Doña Catalina! Cómo están?
Doña Catalina: bien hija.
Teresa: Fray Domingo como está usted?
Andres: Fary Domingo, buenos días.
Fray domingo: cómo están hijos, que los trae por aquí?
Andres: cómo estas Juan, tía.
Teresa: venimos para disponer con usted la fecha del matrimonio.
Fray Domingo: así que se casan.
Andrés: asi es su eminencia.
Fray Domingo: bueno y para cuando lo desean?
Andres: lo antes posible.
Teresa: Y ustedes que hacen también aquí? Dirijiendose a Juan y Doña Catalina.
Doña Catalina: venimos a arreglar el bautizo de los niños con Fray Domingo.
Juan: Andrés, podemos hablar.
Andrés: si, claro.
A Fray Domingo lo llama Sor Ines un momentoy Teresa se queda conversando con doña Catalina.
Juan: quisiera pedirte un favor.
Andrés: el que gustes.
Juan: como pronto Teresa y tú se casan me gustaría que sean los padrinos de Ana Catalina.
Andrés: seria un honor Juan
Andrés llama a Teresa
Andrés: Teresa!
Teresa: dime.
Andrés: Juan quiere que seamos los padrinos de bautizo de Ana Catalina.
Teresa: Yo encantada!
Doña Catalina: pero hijos todavía no se han casado y deben estarlo para poder ser los padrinos.
Andrés: seguro Fray Domingo nos puede ayudar con eso.
Fray Domingo: En que puedo ayudarlos?
Doña Catalina: es que Juan quiere que ellos sean los padrinos de la niña padre y aun no se casan.
Andrés: y yo le digo a mi tía que Usted puede hacer la excepción puesto que ya pronto Teresa y yo nos casaremos, que opina?
Fray Domingo: bueno! Eso digamos que podemos solucionarlo.
Teresa: entoces, no se hable más.
Juan: muchas gracias padre.
Andrés: bueno, una vez resuelto esto nos despedimos, con permiso.
Todos hasta pronto.
Fray Domingo: bien hijos y cuando será el bautizo?
Doña Catalina: un una semana padre, el domingo.
Fray Domingo: bueno, vamos a anotarlo y también los nombres de los otros padrinos, quienes van a ser?
Ellos caminan hacia la sacristia.
Juan: serán Don Noel Y doña Amanda.
Fray Domingo: muy buena elección, supongo que Mónica regreso contigo Juan?
Juan: aun no!
Fray Domingo: pero esta niña que piensa!
Doña Catalina: ya se lo he dicho padre, pero no me hace caso.
Juan: doña Catalina, por que no se adelanta, quisiera hablar con Fray Domingo a solas.
Doña Catalina: esta bien Juan, buenos días padre.
Fray Domingo: buenos días hija...
Fray Domingo: Ahora si, en que te puedo ayudar Juan?
Juan: vera padre
Casa de Mónica tarde
Azucena: doña Mónica, Joaquín dice que esta bien, pero que nuestra habitación será con la de los otros criados.
Mónica: pero si yo te ofrecí una de las de la casa.
Azucena: noooo, el dice que es su única condición.
Mónica: esta bien, cuando se pasan.
Azucena: mañana!
Mónica: Meche, ve con Azucena y te cercioras que tengan todo lo que necesiten.
Meche: si señora, con permiso.
Azucena: Meche, y tu cuando es que te casas
Meche: Azucena!!
Mónica: se ríe de ellas
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PARTE XX
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Doña Catalina: Mónica, Mónica!
Monica viene de la cocina.
Mónica: que pasa mamá?
Doña catalina: Mónica!, adivina quienes serán los padrinos de Ana Catalina?
Mónica: no se, Juan me dijo que luego me lo diría.
Doña Catalina: pues serán Andrés y Teresa.
Mónica: de veras?
Doña Catalina: Fray Domingo aceptó, aún caundo no se han casado.
Mónica: pera ya pronto lo haran
Doña Catalina: si estaban en la iglesia hablando eso y será en un mes.
Mónica: bueno, me da mucho gusto.
Domingo en la mañana casa Mónica
Tocan a la puerta abre ella.
Juan: buenos días
Mónica: buenos días, pasa.
Juan: y Meche?
Mónica: me pidió permiso para a ver a sus abuelitos.
Juan: y los demás?.
Mónica: Azucena y Joaquín, también salieron.
Juan: entonces estas sola?
Mónica: si.
Juan: estaría mal si te acompaño?
Mónica: esta bien, pero debo ir a ver a los niños.
En la habitación.
Juan: tu madre no viene hoy?
Mónica revisa que todo este bien con los niños y les hace muecas.
Mónica: eh (se siente nerviosa) no esta con Sor Inés visitando unos enfermos.
El se acerca a ver a sus hijos y les acarici las manitas.
Juan: ya veo, venia a invitarte a dar un paseo, crees que sea posible?
Mónica: no lo se
Juan: piensas en lo que pueda decir la gente?
Mónica: No! Eso no me importa, si me gustaría salir, ir a misa.
Juan: entonces vamos y luego pazamos por la plaza; para los niños sería bueno.
Mónica: bueno, no mas déjame recoger algunas cosas que necesito.
Ese día asisten a la misa de diez y luego dan un paseo cerca de la casa, al regresar
Mónica: creo que les ha gustado el paseo. jaja
Juan: si, estuvieron muy tranquilos.
Mónica: voy a acostarlos ya regreso.
Mónica: Juan, muchas gracias la pase muy bien.
Juan: así quisiera que fuera siempre, que estemos juntos.
Mónica: Juan!!
Juan: ya se!...
Se levanta de la silla y camina cerca de Mónica.
Juan: Te gusta que Andrés y Teresa sean los padrinos de Ana Catalana?
Mónica: estoy de acuerdo, si las cosas entre tu y Andrés han cambiado pues siendo su tío que sea también su padrino.
Juan: si (Mira alrededor de la sala) veo que no has cambiado muchas cosas de lugar.
Mónica: no, solo mande poner los muebles en la recamara que era de mi madre.
Juan: te gusta vivir aquí?
Mónica: si necesitas la casa, yo me puedo
Juan: Mónica! Esta es tu casa.
Mónica: no, es tuya!
Juan: Mónica! Todo lo mio es tuyo, de que sirve tener sino hay con quien compartirlo No entiendes que eres mi vidad, ya es tiempo que estemos juntos!
Mónica: Juan, no me obligues
Juan: si no me dejas otra opción! Soy tu marido!!!
Mónica: cuando te fuiste no importo!!
Juan: sabes que estoy arrepentido, aquí tengo los papeles que me regresan mi apellido
Silencio.
Juan: Mañana me voy de viaje, regreso en unos días y después del bautizo tengo que hacer otro y quisiera que vengan conmigo.
Mónica: pero viajar por mar es peligroso.
Juan: estaremos cerca de la costa.
Mónica: los niños son muy pequeños aun.
Juan: si tu no quieres ir, me los llevo de todas formas.
Mónica: Juan!!! ellos no pueden salir sin mí.
Juan: bueno, tu decides, nos acompañas o no! -con actitud seria y dominante sin ser grosero-
Mónica: Juan! No me hagas esto!, si yo no voy quien los cuidaría.
Juan: Meche puede venir con nosotros.
Mónica: y su alimentación, es una locura lo que pretendes!
Juan: eso tiene solución.
Monica: Juan, por favor no me hagas esto!
Juan: piensalo! A mi regreso espero tengas una respuesta.
Mónica empieza a llorar.
Juan: por favor Mónica, no llores, esto no lo hago para lastimarte, entiende debo salir de viaje y no quiero alejarme de ellos, tampoco de ti
Se acerca, la abraza, la consuela, la mira a los ojos y le da un beso.
Juan: quiero quedarme
Monica: no es posible Juan!
Juan: pero
Tocan a la puerta.
Meche: Buenas noches doña Mónica.
Monica: Hola Meche, cómo están tus abuelitos?
Meche: bien. Ve que Juan está allí.
Meche:Buenas noches señor.
Juan: buenas Noches Meche.
Meche: Y los niños?
Mónica: están en la habitación, creo que ya es tiempo de alimentarlos.
Meche: si voy con ellos, con permiso.
Juan: mejor me retiro, buenas noches.
Mónica: Buenas noches.
Ese domingo Don Noel y Amanda se pasan a la casa que Juan le regaló a Mónica.
Al volver.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:19 PM
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PARTE XXI
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Lunes en la mañana.
Mónica bien temprano se va a casa de Don Noel.
Mónica: Amanda y Don Noel están?
Mucama: no, ellos se pasaron de casa ayer, yo estoy terminando de recoger algunas cosas.
Mónica: Gracias.
Ella se dirige a buscarlos.
Sofía: Juanita, sabes donde está tu tio?
Juanita: no señora, desde temprano salió y no ha vuelto.
Sofía: bueno, dile cuando lo veas que venga.
En casa de Don Noel Y Amanda.
Tocan
Mónica: Don Noel esta?
Mucama: si ya se lo llamo.
Don Noel: Mónica! Que sorpresa, que te trae tan temprano?
Mónica: Don Noel, tiene que ayudarme, a Juan se le ha metido una idea
Solloza
Don Noel: espera, cálmate! Ven sintate:
Mónica: es que Juan no me puede hacer eso
Don Noel: Que es lo que pasa?
Mónica: Juan! Que quiere llevarse a los niños después del bautizo.
Don Noel: pero Juan que piensa? No puede seguir lastimando a la gente de esa manera! Debo hablar con el!
Mónica: se fue de viaje en la mañana.
Don Noel: entonces esperaré a su regreso, pero cálmate Mónica, sabes que no es bueno para los niños.
Amanda: que ocurre?
Don Noel: ya Mónica te contará, debo ir al juzgado, con permiso
Campo Real
Entra Bautisata a la cocina
Juanita: tio, la señora quiere verlo.
Bautista: vamos.
Tocan
Sofía: adelante.
Bautista: queria hablar conmigo patrona.
Sofía: que has sabido del bandido ese.
Bautista: se fue de viaje.
Sofía: creo que voy a cambiar de planes, le voy a dar donde mejor le duele
Bautista: usted solo mande.
Sofía: quiero, que averigües cual el la habitación de Mónica.
Bautista: y como para que?
Sofía: Bautista, si haces lo que te voy a pedir, te convertiré en capataz de todo campo real y te daré unas tierras, que te parece.
Bautista: no más dígame que debo hacer.
Sofía: quiero que
Juzgado:
Secretario: don Noel, me avisan que tienen detectados a los ladrones de las cosechas.
Don Noel: dígale al comandante Suárez de la policía que quiero verlo.
Secretario: esta bien.
Casa Don Noel Y Amanda.
Después que Mónica le explica a Amanda lo sucedido
Amanda: yo creo que esa decisión de Juan es un pretexto para que tú vallas Mónica.
Mónica: tu crees?
Amanda: si, me costa que esta desesperado porque vuelvas con el, quizás piense que si se van un tiempo lejos y solos tu pienses mejor las cosas.
Mónica: pero ese no es el modo.
Amanda: en eso estoy de acuerdo, pero si tu lo amas que te impide volver con él?
Mónica: no lo se... Amanda, esto no se lo he dicho a nadie, mi corazón me dice que corra a sus brazos pero luego recuerdo todo y no me puedo.
Amanda: Mónica, el y tú merecen la felicidad.
Mónica: bueno, creo que mejor me voy, cuando don Noel regrese dígale que ya no hable con Juan, lo mejor es que vieje con él.
Amanda: creo que es lo mejor.
Mónica: con permiso.
Amanda: adiós.
Convento un día después.
Hermana Virginia: Doña Catalina, hay una epidemia en los jacales cerca de San pedro y necesitamos ayuda, nos acompaña?
Doña Catalina: si hermana, por supuesto.
Casa Mónica.
Azucena: doña Mónica, desde hace un rato note que Juan Francisco tenia un poco de calentura y no se le quita.
Mónica: a ver ay si, vamos a llevarlo al doctor, ve avisale a Meche para que se quede con Ana Catalina.
Azucena: si.
Consultorio Doctor Zamora:
Mónica: Venimos a ver al doctor, el está?
Mucama: si, por favor espere ya le aviso.
Dr. Zamora: doña Mónica, que gusto tenerla por aquí, en que le puedo servir.
Mónica: es que Juan Francisco tiene un poco de calentura y no se le pasa.
Dr. Zamora: a ver vamos a examinarlo.
Mónica: que ocurre doctor?
Dr. Zamora: si, tiene fiebre, pero déle estas gotas y póngale vendas para refrescarlo, si no se le pasa me lo trae o me manda buscar.
Mónica: esta bien doctor. Hasta pronto
Dr. Zamora: buenos días.
En el juzgado don Noel ya iba de salida y se encuentra con sl comandante Suarez.
Don Noel: comandante, queria saber si ya tenía programado el operativo de captura de los ladrones de cocecha?
Comandante Suárez: según nuestros informantes mañana llevaran a cabo una de sus fechorías y hay estaremos para capturarlos.
Don Noel: manténgame informado.
Comandante Suárez: así será!
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PARTE XXII
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Casa Mónica.
Meche: doña Mónica, que bueno que llega, Ana catalina tiene fiebre también.
Mónica: cómo? Vamos a verla!
Azucena que traia a Juan Francisco va detrás de ellas, en la habitación Mónica se acerca a la cuna.
Mónica: mi niña
La toma en sus brazos y le toma la temperatura con sus manos.
Mónica: vamos a darle las gotas que nos dio el doctor Zamora, y a ponerle las compresas, yo se que no es nada grave.
Meche: si señora.
Azucena: y Juan cuando regresa?
Mónica: no lo se Azucena.
Mónica intenta no preocuparse pero pasan las horas y la fiebre no cede.
Cae la noche y los niños estan inquietos, no quieren comer así que Mónica decide mandar llamar a doctor Zamora.
Mónica: Meche, ve y busca al doctor, dile que venga por favor.
Meche: si señora, pero por favor no se preocupe ya va ver que los niños no tienen nada grave.
Mónica: eso espero Meche, ve!
Azucena y Meche se miran sin saber que decir.
Mónica: Azucena ya llegó Joaquín?
Azucena: No doña Mónica, pero Serafín si está y si quiere voy con él a buscar a Tegua.
Mónica: pero
Azucena: ella sabe mucho de hiervas y se que nos puede ayudar.
Mónica: esta bien, ve!
Casa Doctor Zamora
Meche: esta el doctor?
Mucama: no, le toco salir a los jacales de aquí cerca, hay una epidemia.
Meche: gracias.
Casa Tegua.
Azucena: Tegua, debes venir conmigo los hijos de Juan están enfermos.
Tegua: calma! Calma! Debes cuidar de ti
Azucena: pero, son los hijos de Juan
Tegua: tranquilízate ellos estarán bien, dejame buscar a Licha para que se quede con Miguel.
En casa de Mónica, ella ya empieza a inquietarse pues la fiebre no cede, ella se asoma a la puerta a ver si viene Meche con el doctor.
Cuando ve llegar a Meche le pregunta
Mónica: y el doctor?
Meche: no viene, hay una epidemia en los jacales y tuvo que salir.
Mónica: y ahora que voy hacer. En su interior anhela que Juan este presente. Juan, te necesito
Azucena: doña Mónica, Tegua esta aquí.
Mónica: cómo esta Tegua?
Tegua: bien gracias señora, donde están los niños?
Mónica: en la habitación, vamos!
Tegua: sigue usted alimentándolos?
Mónica: si. A Mónica le parece extraño esa pregunta-
Todas van camino a la habitación.
Tegua revisa a los niños sin decir palabra y Mónica que al tocarlos los siente muy calientes se descontrola poniendose a llorar.
Monica: es grave?
Ella sigue sin decir nada.
Entonces...
Tegua: Meche, prepárale este te a doña Mónica.
Meche: enseguida.
Tegua: Azucena, es mejor que esperes afuera.
Azucena: no! yo me quedo.
Mónica: Azucena, por favor, acuérdate de tu hijo, mejor ve y dile a Serafín que le avise a mi madre.
Azucena: bueno, pero no me voy de la casa!
Mónica: si.
Tegua: ahora debemos esperar, usted debe tomar lo que le mande preparar y vamos a seguir con las compresas.
Mónica: eso será todo?
Tegua: por ahora nadie mas que Usted, Meche y yo debemos estar con ellos.
Mónica: esta segura? Yo los veo muy mal.
Tegua: traquilisece señora, en estos momentos no es bueno que este así los niños lo perciben.
Mónica: pero
Tegua: Por ahora con este Té lo que haremos es limpiar, a traves suyo ellos tomaran la leche materna y asi eliminaremos todo mal
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:23 PM
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PARTE XXIII
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasHan pasado varias horas ya y a lo lejos en la playa se ve lllegar a tres hombres uno muy robusto y otros dos que mas bien daban pena de lo delgados que eran, llegan a la choza y el mas robusto parece dar algunas indicaciones más a los marineros y es cuando Suerez da la orden- Ahora si muchachos!
El grupo de policias que podrian ser unos treinta se dirigen muy rápidamente al lugar donde se encuentran los bandidos, estos al darse cuentan arrancan a correr unos hacia el mar creyendo que el agua podría detener a la policia y otros hacia lo profundo de la selva que esta en la playa.
El hombre robusto y sus acompañantes no se quedan atrás y logrando escabullirse el más fuerte logra esconderse y ha sido imposible capturarlo, los otros dos se han entregado al verse acorralados.
Son quince hombres es total apresados en la playa y al decomisar el barco y su tripulación se capturan cinco más, la mercancía se estima en una tonelada de cacao y toda se ha llevado al comando.
En el convento las cosas estan un poco complicadas, la epidemia se ha extendido y las hermanas han albergado a los enfermos que han ido llegando buscando cura; Serafín que ha ido a avisarle a Doña Catalina sobre la enfermedad de los niños, no la encuentra pues está cerca de San Pedro ayudando a otros campesinos, así que le deja el mensaje.
Juan se encuentra con Segundo, han estado ultimado los detalles de la entrega del cacao y en el muelle escucha a unos pescadores hablar sobre la epidemia que hay en San Pedro así que decide viajar de inmediato dejando a Segundo encargado de todo.
Amanda que escucho sobre la epidemia fue en busca de Don Noel para ir a casa de Mónica pero no lo encuentra por ello le deja razón.
Don Noel se ha ido al comando de la policia para saber que ocurrió con el operativo que se llevaria a cabo en la mañana, allí se entera de los pormenores por parte del comandante Suarez.
Asi que después de eso va directo a su casa
Amanda: Noel que bueno que llegas.
Don Noel: Que pasa Amanda?
Amanda: no sabes de la epidemia que hay en San Pedro y sus alrededores?
Don Noel: si, estando en el comando nos informaron al comandante suarez y a mi lo que está pasando en el pueblo.
Amanda: lo grave es que los hijos de Mónica y juan tambien se han enfermado.
Don Noel: entonces debemos ir a ver que se le ofrece a Mónica!
Han pasado varias horas desde que Mónica, Tegua y Meche estan encerradas en la habitación con los niños, doña catalina al enterarse de la enfermedad de los niños inmediatamente se traslada a la casa de Mónica y al poco rato llegan don Noel y Amanda; la fiebre persiste, todos en la sala oran por la salud de los niños.
Juan a viajado a caballo durante todo el día
Son las dos de la noche, todos en la sala esperan, cuando la puerta principal de la casa se abre, es Juan que ha llegado y al ver las luces encendidas y todos reunidos en la sala ecepto Mónica y los niños un sentimiento extraño ha sentido.
Juan: qué hacen todos reunidos a esta hora?
Nadie responde.
Juan: dónde esta Mónica y los niños?
Unos a otros se miran sin decir nada.
Juan: con un demonio, contesten! Donde esta Mónica?
Don Noel toma la palabra.
Don Noel: Juan, tranquilizate, ella esta bien.
Juan: si no es ella, entonces mis hijos, que les ocurre?
Don Noel: ya te dije Juan tranquilo, estan con mónica en la habitación- no tardó Don Noel en pronunciar estas palabras cuando Juan ya se dirigia hacia ayá.
Doña Catalina exclama
Doña Catalina: oh Juan
Don Noel: Este tranquila doña Catalina.
En casa de Mónica
Es medio día cerca a la playa se divisa un gran barco y en la playa varias embarcaiones pequeñas que vienen y van hacia ese barco, estan transportando unas cajas que estan almacenadas en una choza cerca a la playa.
Cada ambarcación lleva dos personas y en la choza solo hay una; entre los arbustos se esncuentra el grupo de policias que estan esperando a que el comandante Suarez les de la orden de capturar a los hombresde las embarcaciones pues esos son los ladrones de cocechas que han estado robando a los pequeños agricultores de la región.
El comandante Suarez espera pacientemente pues sabe que esas personas no son mas que secuaces de alguien más, tiene pistas de quien puede ser su jefe pero solo esperando podrá aprenderlo
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:26 PM
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PARTE XXIV
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasCasa Andrés san Pedro.
Bautista: Juanita dile a doña Sofía que ya le tengo el encargo.
Juanita: que se había hecho tío, la señora lo andaba preguntando todo el día.
Bautista: que?... eh!! Este estaba revisando unas tierras cerca la playa, pero ya estoy aquí, anda! Deli que me reciba!
Juanita: esa bien, ya va! -Ella se detiene y le pregunta- tío, es que no me tiene confianza, dígame que le mando hacer la señora.
Bautista: no!
Juanita: pero tío, a quíen se lo voy contar?
Bautista: esta bueno, me mando a desaparecer a los hijos de Juan del Diablo!
Juanita: y usted se va atrever hacer eso?
Sin querer otra de las empleadas de la casa escucha todo y se devuelve para que no la vean.
Bautista: si!! Ya hace rato que quiero desquitarme de ese!.
Juanita: y doña Mónica?
Bautista: si a la Doña no le importa, a mi menos! Así que dile que mañana en la noche se le cumple el encargo.
Juanita: esta bien, pero piénselo bien tío.
Casa Mónica.
Juan: Mónica!!.
Mónica: Juan!! Lo abraza-
Juan se acerca a los niños, los mira con ternura y se les da un beso, luego mira a Tegua su mirada dice mucho-
Tegua: capitán no se preocupe, que este seguro que este no es su mayor peligro; hay que esperar.
Luego se acerca a Mónica la vuelve a abrazar y le besa. Ella lo necesita, por lo que no lo rechaza.
Pasan la horas, los niños estan alimentandose bien, Mónica continua tomando el te de hierbas que le manda hacer Tegua, ya casi amanece y Juan Francisco muestra señales de mejoría, Ana Catalina no.
Todos en la sala estan ansiosos, lo último que supieron fue que Juan Francisco estba un poco mejor pero Ana Catalina aun tenia fiebre, en la habitación Juan ha tomado a la niña entre sus brazos como queriendo transmitirle la fuerza y salud, Mónica lo ve la desarma, siente que ama aun más a Juan.
Amanece y los dos niños están aliviados, Tegua les da unas últimas recomendaciones y se despide.
Tegua: muchacho, el peligro esta cerca
Juan: de que peligro hablas?
Tegua: no estoy segura, pero no te alejes.
Juan no dice más y decide callar para no inquietar a Mónica.
Mónica: mamá, ya los niños están bien.
Doña catalina: si mi amor, ahora, por que no descansas también.
Don Noel: vio doña catalina todo resulto bien.
Doña Catalina: si don Noel, estoy muy contenta.
Don Noel: nosotros nos vamos, pero regresamos en la tarde.
Juan: muchas gracias por todo Don Noel.
Mónica: gracias Amanda por acompañarnos, hasta pronto.
Doña Catalina: Mónica debes descansar un poco, yo me quedo mientras tú lo haces hijita.
Mónica: esta bien mami. Dirigiendose a Juan le dice: Juan! Le dije a Meche que te preparara el baño, arriba hay una ropa y algunos objetos tuyos.
Juan: muchas gracias.
Doña Catalina ya había retirado a la habitación con los niños.
Juan y Mónica quedan solos
Mónica: por que volviste tan pronto?
Juan: escuche de la epidemia y me vine enseguida.
Mónica: muchas gracias.
Juan: no hay de que, son mis hijos y tenia que estar con ellos, contigo!... tu y mis hijos son lo mas importante
Meche: el baño ya esta listo señor!.
Juan: gracias Meche.
Mónica: Meche ve y descansa, tu también pasaste la noche en vela.
Meche: esta bien señora, le voy a decir a Azucena que me ayude con el almuerzo.
Juan: mejor dile a Serafín que busque a Jacinta en la casa de la playa y le diga que se venga para que ella le ayude.
Meche: como usted mande patrón.
Juan: y tú?
Mónica: yo? qué?
Juan: no vas a descansar,a tomar un baño también, porque lo podemos... Mónica lo interrumpe
Mónica: Juan!
Mercado de San Pedro.
Joaquín esta en el mercado haciendo las compras y escucha la conversación de:
Empleada casa Andrés: si, escuche cuando Bautista se lo decía a Juanita, que se va a llevar a los hijos de Juan del Diablo.
Dueña del puesto: pero debes decírselo al capitán, el siempre ha sido muy bueno con nosotros.
Empleada casa Andrés: no se, que tal si Bautista se entera? Me mata a latigazos.
Joaquín se va de inmediato para la casa a contarle a Juan.
Casa Monica.
Juan se esta vistiendo pero no haya la camisa que el quiere, asi que busca en los cajones del ropero y encuentra unos guantes de Monica, los coloca en la cama, termina de vestirse recostandose en la cama justo al lado de los guantes quedandose dormido.
Mientras Juaquin ha regresado a la casa y le abre Azucena.
Joaquin: Azucena! Y el señor Juan?
Azucena: esta arriba, descansando.
Joaquin: necesito hablar con el.
Azucena: y para que?
Joaquín: no preguntes.
Azucena: esperate un rato, ven vamos a la cocina y te tomas un café.
Joaquin no ha esperado mucho, pues sabe que es de vida a muerte que hable con Juan así que se dirige a buscarlo y al llegar a la sala se encuentra a Mónica en ella.
Joaquín: Buenas doña Mónica, cómo se siente?
Mónica. Bien Joaquín gracias.
Joaquin: me dice azucena que el señor Juan está aquí, ouedo hablar con él?.
Monica: no puede esperar?
Joaquin: vera, es importante!
Monica: esta bien ya lo lllamo.
En eso momento Meche atendia la puerta.
Monica toca suavemente pero nadie responde, asi que pasa y ve a Juan dormir, -por unos segundos se le queda mirando dandose cuenta de los guantes- decide mejor salir para luego volver a tocar más fuerte y así el no se diera cuenta que lo habia estado observando, Juan se despierta y toma las guantes de Mónica guardandolos en su bolsillo.
Juan: adelante!
Monica: disculpa te interrumpa, pero es que Joaquin necesita darte un mensaje importante.
Juan: esta bien, donde esta?
Monica: en la cocina.
Juan: vamos.
Monica nota que ya los guantes no estan en la cama.
A todas estas Andrés y Teresa no se han enterado de lo ocurrido pues ellos estan ultimando los detalles del matrimonio.
Joaquin espera en la sala y llega Juan.
Juan: que pasa joaquin?
Joaquin: señor Juan necesito decirle algo y es muy importante.
Monica pregunta por Azucena y va a buscarla.
Juan: sientate Joaquin,que es eso tan importante.
Joaquin: fijese que hace un rato, escuche a una de las empleadas de la casa de Don Andres diciendo que bautista se iba a llevar a los hijos de Juan del Diablo.
Juan: como? Quien fue?
Joaquin: no se como se llama, pero dijo que iba a ser pronto.
Juan: juaquin, no le digas nada a nadie, ve y busca a Segundo y al Tuerto que venga y que entren por la cocina.
Joaquin: esta bien.
Juan: y Joaquín, muchas gracias
Joaquín: no es nada, yo lo aprecio señor y no hay nada peor que eso que quieren hacerle a los niños.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:28 PM
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PARTE XXV
by Cris (no login)
Monica ha descansado por fin un rato y al llegar a la salsa encuentra que Juan se ha cambiado, le parese extraño Y no comenta nada, sin embargo ve en su cara preocupación y le pregunta si Joaquín tenía algun problema.
Monica: Juan, Juan!
Juan: ah! Que! Mónica, disculpa no te senti llegar.
Monica: te preguntaba si Joaquín tiene algun problema?
Juan: no! no es nada, solo que Pedro necesitaba que le enviara el nombre de la persona que nos alquilaria la casa en Veracruz; por cierto ya decidiste si vas hacer el viaje con nosotros?
Monica: si, y voy a ir
Juan: me alegra, creo que es lo mejor.
Monica: pero donde dormiremos los dias que estemos en alta mar? porque hasta donde se, tu barco solo tiene una recamara y no es peligroso?
Juan: eso no es problema ustedes dormiran alli, que la tripulacion y yo dormiremos en hamacas y mientras yo este a cargo no correran peligro no te preocupes, alguna otra pregunta?
Monica: Nada más
Al rato llegan Segundo y el Tuerto, Joaquin le avisa a Juan.
Ellos se va al acocina.
Segundo: que pasa Juan?
Juan: en la mañana Joaquin escucho decir que bautista se va llevar a mis hijos.
Tuerto: ese desgraciado
Juan: necesito que averiguen más y que uno de ustedes junto a Joaquin y otros mas vigilen la casa sin levantar sospechas.
Segundo: esta bien Juan, no te preocupes, y por que querra hacer esto bautista?
Juan: creo que todo es obrade Doña Sofia y creo saber por que.
Tuerto: bueno! Manos a la obra.
En la hora del almuerzo.
Mónica alimenta a los niños y dirigiendose a Meche le comenta que ya es muy poca la que les puede dar, que va ser necesario conseguirles una nodriza.
Meche: doña Monica, ya las tenemos pues Tegua me lo dijo en la mañana, yo le dije que debiamos esperar que usted dijera algo.
Mónica: entones Meche ves buscala y dile que quiero conocerlas.
Meche: si señora, con permiso, Ah! el señor me mando preguntarle si lo iba a acompañar a almorzar.
Mónica: dile que en un rato voy.
En la sala
Juan: y Mónica?
Meche: está alimentando a los niños.
Juan: y a donde vas?
Meche: voy a buscar a Tegua, porque la señora parace que ya no puede alimentar a los niños.
Juan: esta bien.
El va a la habitación.
Juan: Monica, puedo pasar?
Mónica: si Juan, pasa.
Juan: quisiera pedirte un favor muy especial.
Monica: dime.
Juan: podrian los niños y tu pasarse al cuarto que esta seguido del mio?
Monica: pero... por qué?
Juan: asi estaría más tranquilo, si llegara a necesitarse algo estaria más serca, por favor no me digas que no, solo seria por hoy.
Monica: esta bien.
Juan: están comiendo bien... Se les nota -Mirando a los chiquitos-
Mónica: si, pero me temo que ya no podre seguir alimentandolos.
Juan: Meche me dijo algo.
Mónica no dice nada
Juan: te ocurre algo?
Mónica: es que simplemente pense que no habria necesidad de una nodriza una buena madre
Juan: Mónica es quizás mejor así, no por eso dejaras de ser una buena madre
Mónica: pero
Juan: ya.., se le acerca y besando su mano le dice, ellos te tienen y eso es lo más importante ( el recuerda su niñez, donde nunca tubo el calor de su madre) también me tienen a mí y por esto te pido me permitas estas mas cerca a ustedes.
Mónica se da cuenta que Juan ha recordado su infancia donde no tuvo a su madre y sabiendo lo importante que es para él estar cerca a los niños le confirma que se pasara a la habitación cerca a la suya.
Juan: gracias.
En la tarde tocan.
Andres y Teresa: buenas y Mónica?
Meche: pasen, ya la llamo.
Juan: adelante! Tomen asiento.
Meche: señora Mónica, don Andrés y la Señorita Teresa estan aquí.
Mónica: diles que ya voy Meche. Azucena, te quedas con los niños?
Azucena: con todo gusto!! Agugugug aguu
Mónica: buenas tardes.
Teresa: Mónica, nos estaba contando Juan lo sucedido conlos niños.
Andrés: buenas tardes Mónica, nosotros nos enteramos en la mañana pero crei conveniente esperar hasta ahora.
Mónica: que tal Andrés, muchas gracias.
Teresa: pero dime Mónica, ya estan bien, no han tenido mas calentura?
Mónica: no!, gracias a Dios Ya paso.
Van rumbo a casa de Mónica, Don Noel y Amanda, Don Noel nota que el Tuerto, Joaquin y otros hombre de Juan estan alrededor de la casa, no dice nada y llegan a ella.
Tocan.
Juan abre la puerta: Don Noel, Doña Amanda, pasen!
Amanda: gracias, Juan.
Don Noel: dime Juan que hacen tus hombres alrededor de la casa? en voz baja-
Juan: ahora no se lo puedo contar.
Amanda: buenas tardes! Mónica, me alegra verte demejor semblante!
Mónica: gracias Amanda. Pero pasen! Que se quieren tomar?
Juan: se quedan a merendar?
Mónica: si por favor, nos alegraria mucho.
Don Noel: bueno!! Si no incomodamos.
Mónica: de ninguna manera.
Juan: Mónica! Dejame yo le aviso a Meche.
Mónica: extrañada acepta.
Escrito desde Jul 18, 2009, 7:58 PM
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PARTE XXVI
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasCocina casa
Juan: Meche, tenemos invitados a merendar, Joaquín, Tuerto vengan.
Se van al patio.
Juan: qué saben de Segundo?
En ese momento va llegando Segundo.
Segundo: Juan! Estuve investigando y dicen que efectivamente Bautista quiere robarse a los niños y va ser pronto.
Juan: entonces estaremos preparados, sigan vigilando la casa y hagan turnos para que nunca este sin vigilar, ya saben sean cuidadosos.
Segundo: esta bien Juan.
En la sala.
Don Noel: Andrés, notaste a los hombre de Juan en los alrededores de la casa?
Andrés: si, aunque se me hizo raro, no le di importancia, pero no cree usted que Juan esta tambien actuando extraño?
Don Noel: si, pero me dijo que luego me diria por que.
Teresa: Andrés y yo estamos emocionados con ser los padrinos de ana Catalina.
Amanda: Noel y yo tambien.
Llega Doña Catalina: buenas tardes.
Todos: buenas tardes.
Mónica: adelante mamá, sientate.
Juan esta regresando de la cocina y le da la bienvenida a doña Catalina
El tiempo pasa, toman la merienda y los niños deben alimentarse.
En el segundo piso habitación Monica.
Todas las damas presentes estan acompañandola.
Doña Catalina: dime hija, por que has cambiado de habitación?
Mónica: se lo prometí a Juan, me pidio que por hoy pasara la noche con los niños en la habitación cerca de la suya.
Amanda: es un poco raro, no creen
Teresa: si, ha estado inquieto toda la tarde.
Mónica: si, pero no se que podria ser
Después que las damas se retiran.
Don Noel: ahora si Juan! Me vas a decir que ocurre?
Andrés: habla Juan, si necesitas de nuestra ayuda debes decirlo.
Juan: esta bien, en la mañana me entere que Bautista se quiere llevar al os niños.
Andrés: Bautista? Pero por que?
Don Noel: yo si! Las tierras!
Andrés: pero eso a el que le importa?
Juan: pero a tu madre si.
Andrés: mi madre? Será posible?
Don Noel: Andrés, yo a tu madre la creo capas de todo!
Andres: si eso es cierto Juan, lo voy a remediar de inmediato.
Juan: que vas a hacer? Bautista ya tiene la orden y no se va a echar para atrás, yo se que tambien lo hace porque me tiene coraje.
Entra Joaquin, Señor Juan! Bautista tiene rato de estar dandole vueltas a la casa!
Juan: esta bien, que esten pendientes!
Don Noel: Juan que podemos hacer?
Juan: usted quedese aquí por si Mónica baja, Andrés ven conmigo
Habitación Monica primer piso.
Juan entra y apaga la luz, le indica a Andres donde ubicarse
Afuera Bautista ve que la luz se apaga, espera un rato y decide entrar, todos los hombres de Juan estan pendientes.
Habitación Monica primer piso.
Bautista entra por la ventana, Juan esta junto a ella y Andrés al lado del ropero; Bautista nota que no estan las cunas y da vuelta, enseguida Juan se le atraviesa en el camino y Andres enciende la Luz.
Andrés: Bautista!!! Que haces aquí??
Bautista: patrón! Asombrado.
Juan: entonces porque te metes en la recamara de Mónica?
Bautista: es que es que -l hombre no sabe que hacer, está al descubierto lo mejor será...- aprobechando que Andrés se le habia acercado este lo desarma rápidamente.
Bautista: Juan del diablo, si te acercas lo mato. Apuntando a Andrés.
Andrés: sueltame Bautista!!! Te lo ordeno!!
Bautista: usted ya no me da ordenes!!!
Juan no puede hacer nada asi que deja que salga por la ventana confiando en sus hombres.
Todos atentos ven cuando bautista sale y lleva a Andres de reen.
Andrés: Juan dispara!
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:29 PM
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PARTE XXVII
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasJuan dispara y como resultado hiere una de las pierna de Bautista y Andrés aprobecha y se suelta, los hombre de Juan capturan a Bautista que intenta huir, este cae rendido.
El disparo se escucho dentro de la casa y las mujeres corren a la sala, doña catalina prefier quedarse con los niños para no dejarlos solos, quedando con el Jesús en la boca.
En la sala.
Mónica: Don Noel que ocurre? No fue ese un disparo?
Don Noel tratando de calmar a las damas y a el un poco pues desconoce las concecuencias del disparo les dice.
Don Noel: calmense, por favor.
Mónica: donde esta Juan?
Y Teresa tambien pregunat por Andrés. Amanda un poco más calmada se dirije a Don Noel con tono sosegado.
Amanda: Noel, que ocurre?
Don Noel: les pido serenidad, ya lo sabremos.
Mónica: ese disparo vino de los jardines, cierto.
Andres: si, y no es nada serio Mónica no te preocupes.
Le interpela Andrés que viene de regreso por la cocina.
Teresa corre a abrazarlo. Estas bien, no te lastimaste?
Mónica: y Juan? Donde esta? Esta herido? Con voz deseperada y con lagrimas en los ojos.
Andrés: no Mónica, no te preocupes ya viene, esta dando las instrucciones para que lleven a Bautista a la carcel.
Mónica: Bautista, a la carcel?
Don Noel: si, ya que todo ha pasado es mejor que los sepaa, Bautista queria llevarse a los niños, no sabemos por qué?. Mirando a Andrés- pero Joaquín en la mañana se enteró y se lo contó a Juan por eso ha estado actuando un poco estraño.
Mónica al escucharlo apenas si lo cree y exclamando - mis hij.! Se desmaya.
Amanda que estaba más cerca apenas si alcanza a sostenerla: Mónica, Mónica!!
Cuando ella vuelve en si, Juan esta a su lado. Ella lo abraza
Mónica: oh Juan, pense que te habia pasado algo, y los niños? Mis hijos?...
Juan: ya Mónica, tranquila, ellos estan arriba con tu madre.
Mónica: y los demás?
Juan: acaban de irse, yo debo Salir
Mónica: no! No dejes sola
Juan: no te preocupes, no me demoro, debo ir a presentar la denuncia contra Bautista, Don Noel se encontrara conmigo alli.
Mónica: y vas a denunciar a mi madrina?
Juan: por qué lo preguntas? se hace el que no conoce la respuesta-
Mónica: aunque no lo haya dicho Don Noel, yo se que todo esto lo ordenó ella, crees que debas hacerlo?
Juan: no lo se! Por una parte esta Andrés, es su madre, y por la otra me temo que si no se le dá un tate quieto esa mujer acabará matandomé.
Mónica: no digas eso Juan! ella se angustia más-
Juan: esperemos, creo que es lo mejor.
Mónica:esta bien, pero por favor cuidate.
Juan: si, no te preocupes.. los muchachos estaran cuidando de la casa, así me quedaré mas tranquilo.
Mónica: esta bien.
Casa de Andres.
Andrés ha regresado de dejar a Teresa en su casa, apenas si cree lo que pudo hacer su madre através de Bautista, esta casi convensido que es cierto y aunque Juan no le dijo tiene la duda que este pueda denunciarla y esta vez aunque sea su madre no pedira por ella nada.
Así que sin más llega y manda a buscarla, esta se encuentra ya durmiendo tranquilamente sin que los remordimientos por todo cuanto ha hecho la perturbadaran.
Apena esta entra a l despacho Andrés la recibe con muy mala cara.
Andrés: madre!!! Madre!!!
Sofía: Andrés!, que ocurre, estas no son horas para despertarme y menos asi!
Andres: juarame que no has mandado a Bautista a llevarse los hijos de Juan
Sofía: pero Andres! -Indiganada- quien te ha dicho eso?
Andrés: juaramelo madre!!!
Sofía: fue él, ese malnacido de Juan del diablo que solo quiere perjudicarme!
Andrés: no madre, fue Bautista que esta ahora en la cárcel!
Sofía: pues esta mintiendo! -trata de disimular sus nervios pues sabe que Bautista puede delatarla-
Andrés: mamá! Como Bautista te delate, no harí nada por ti! Y ruega a Dios para que Juan no te denuncie, porque no pedire clemencia!! Ah! Y no te atrevas a salir de la habitación hasta que yo lo ordene.
Sofía: Andrés! Soy tu madre!
Andrés: si! Y creeme, estoy lamentandolo!. Buenas noches.
Sofía ha quedado inmovil, no sebe que hacer, si realmente Bautista la delata, vió en los ojos de su hijo mucho resentimiento y pena.
Cárcel
Facundo espera por Juan y por don Noel, sin embargo el un poco encandilado por las ganas de desquitarse de Bautista decide ir entregandolo y así evitar un problema mayor, pues sabe que aun esta bajo palabra.
Tuerto: venimos a traer este bandido.
Policia: bajo que cargos.
Tuerto: bueno, eso se lo va tener que preguntar a Juan, el no demora y viene a poner el denuncio.
Policia: y esa herida?
Bautista: quisieron matarme!
Tuerto: no es cierto! Al intertar escapar tuvimos que detenerlo.
Policia: esta bien, llevenlo al calabozo! Le ordena al oficial que allí estaba.
Azucena ha estado esperando a Joaquín para que le cuente los pormenores de todo, apenasl lo ve por qué te haz quedado callado? no sabes que debes decirme todo!- le reclama
Joaquín: calma mujer, me disculpas? Con tono suave le dice.
Ella medio enojada disimula y le rsponde: bueno será! Y dandole este un gran beso la desarma completamente
De vuelta en la cárcel, Don Noel ha llegado primero, Juan le pregunta a los suyos por Bautista y le cuentan que ya está en un calabozo que nomás estaban esperándolo a él. Se acerca a Don Noel para saber la situación, quiere conocer la opinión de este y así tomar una desición.
Don Noel: Juan! Bautista tiene cargos por robo de cocechas, pues es el cabecilla de la banda que se atrapo ayer en la playa, ya sus complicés lo delataron, así que si no quieres involucrar a doña Sofía denuncialo solo por intento de robo.
Este se a quedado pensativo, lo que le dijo a Mónica hace un rato es totalmente cierto esa mujer no se iba a quedar sin seguir lástimandolos pero por Andrés y hasta por la misma Mónica prefirió dejar las cosas así ya Bautista se encargaría de delatarla.
Juan: si, tiene razón a lo mejor Bautista se encarga de involucrarla.
Don Noel: a lo mejor.
Casa Monica
Mónica hija ya duermete, le dice doña Catalina que se ha quedado con ella y los niños.
Mónica: mamá no entiendes no puedo! Con voz un poco irritada. No me podré dormir si no veo que Juan esta ya de vuelta.
D. Catalina: hijita, no te había dicho nada por no molestarte, pero yo creo que Juan no debería dormir en la casa, que va decir la gente.
En ese momento escucha que la puerta de la calle se ha cerrado, es Juan que regresa y va directo a su habitacion, Mónica escucha sus pasos y sale al pasillo.
Al verlo el corazón le esmpieza a latir más fuerte, siente unas ganas inmensas de abrazarlo, besarlo pero se contiene.
Mónica: como te fue?
Juan: bien! Ya Bautista esta encerrado y no nos volvera a hecer daño; está tu madre allí?
Monica: si, con los niños, se quedó ya era muy tarde.
Juan: si tienes razon.
Mónica: y mi madrina?
Juan: Bautista no la ha mencionado, don Noel me dice que Bautista ya tenia orden de aprensión por robar cocechas asi que pensé mejor dejar las cosas como estan.
Mónica: me parese mejor.
Juan: por que?
Mónica: por favor no pienses mal, pero si esto se sabe, la mas perjudicada seria Teresa y no quiero eso.
Juan: temes que sus padres le impidan casarse con Andrés?
Monica: si, y el no tiene la culpa.
Juan: Santa Mónica!!! Siempre pensando en los demás.
Mónica se inquieta un poco, cree que Juan se ha enojado pero al verlo no es así, está muy sereno la mira de una forma muy particular, el ambiente se queda en calma y se escucha solo el viento en las ventanas
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PARTE XXVIII
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasSerá que la doña me ayuda? Se pregunta Bautista solo en su celda.
Si, ella sabe que la puedo delatar y no le conviene, seguro que mañana manda a Junita con un recado para mí.
La briza que viene de la costa crea pequeños remolinos de viento fuera de la casa y una que otra rama golpea las ventanas, uno de esos golpes asusta a Mónica lanzandola a los brazo de Juan, este la recibe como queriendola cubrir por completo, siente el olor de sus cabellos y la fragancia natural de su piel, Mónica en medio de su alarma siente como Juan la abraza, todo su cuerpo se estremese ante su solo tacto, en ese momento la puerta de la habitación se abre y ella se aparta rapidamente de él.
Ella se mortifica porque no sabe que hacer. Mientrastanto Juan permanece sereno sin decir nada.
Doña Catalina: Mónica, hija
Mónica: ya voy mamá, buenas noches Juan hablaremos mañana.
Juan: buenas nochesabre la puerta de la habitación
Cada uno entra a sus habitaciones pero se quedan pegados a la puerta deseando poder estar juntos.
En la mañana Casa de Andres.
Sofía entra a la habitacion de Andres, no lo encuentra y al bajar a la sala ve que regresa de fuera.
Andrés: que quieres madre? Dirigiendose al despacho
Sofía: Andrés, hijo!
Andrés: te dije que no debias salir de tu recamara!
Sofía: pero hijo! Que pretendes teniendome encerrada en mi habitación?
Andrés: así podré tenerta más controlada en lo que tomo una desición.
Sofía: entonces le crees mas a otros que a mí, que soy tu madre, sangre de tu sangre, yo te dí la vida Andrés!
Andrés no le contesta, esta muy preocupado por lo que pueda ocurrir pues si la noticia llega a casa de Teresa sus planes de boda se acabarian y otro fracazo lo soportaría. Y dirijiendose a ella le dice
Andrés: voy al juzgado a ver que a pasado con Bautista, ah y a denunciarlo también.
Sofía. Pero tu! Por que?
Andrés: por intento de asesinato!
Sofía: cómo?
Andrés: si, intento matarme y todo esto madre se lo debemos a Usted!!! Buenos días.
Se retira.
Casa de Don Noel.
Don Noel ya esta de salida, y al abrir se encuentra con Juan que venia en su busqueda.
Juan: ya se va para el juzgado?
Don Noel: si. Vamos!
Casa Monica
Mónica: Meche y el señor?
Meche: salio bien temprano.
Monica: esta bien, cuando vendran las nodrizas?
Meche: no debEn tardar.
Mónica: y bueno porque los niños ya están quedando con hambre.
Meche: no se preocupe señora, yo hable con ellas y se ven retebuena gente y bien limpiecitas.
Mónica: gracias Meche. Ella nota un poco inquieta a Meche, esta
Meche: doña Mónica, este podría pedirle un favor?
Mónica: dime Meche.
Meche: es que Facundo -Mónica le sonríe.- es él m pidió que fuera su novia y yo no se que decirle.
Mónica: pero por qué Meche, que sientes por él.
Meche: bueno, cuando lo veo siento como si tuviera un hueco en la panza y si me mira parese que me fuera a desmayar.
Mónica: entonces no veo tu duda, Facundo a demostrado ser una persona muy correcta y en sus ojos se le ve lo mucho que te quiero.
Meche: Usted lo cree? Con uan expresión de alegría en su rostro.
Mónica: si, a veces es mejor dejarnos guiar por nuestreo corazón.
Meche anto lo que le dice Mónica y sin pensarlo mucho le pregunta- Y entonces porque no se decide y regrasa con el señor
En ese momento entra Serafín y quedan en silencio.
Juzgado.
Don Noel y Juan llegan y encuentran que Andrés ya está alli.
Don Noel: Andrés, buenos días.
Andrés: buenos dias Don Noel, Juan como estas?
Juan: bien.
Andrés: vengo a poner el denuncio conta Bautista.
Don Noel: pasen al despacho.
La situación entre Andrés y Juan está un poco incomoda Andrés y Juan no saben que decirse aunque saben que ninguno de los dos tiene la culpa, don Noel lo nota y dirigiendose a Andrés.
Don Noel: Andrés, Bautista tiene orden de captura por robar cocechas y Juan lo denunciará solo por intento de robo a la casa pero no de los niños.
Andrés repira ondo, como aliviado.
Andrés: Don Noel, cuanto tiempo estara Bautista en la cárcel?
Don Noel: por los cargos que se le acusan, unos 15 a 20 años.
Juan: espero que con ese tiempo no quiera volver a lastimar a nadie.
Don Noel: Andres, me gustaria que estes preparado por si Bautista habla de tu madre.
Andrés: si Don Noel, y Juan afgradezco que no la denuncies.
Juan: no te apures, Mónica y yo decidimos no hacerlo.
Andrés: pues una vez más muchas gracias, ya pasaré a darsela a ella.
Juan con voz un poco triste le responde.- si parece que solo piensa en los demás-
Andrés y don Noel se miran y lo notan.
Andrés: Juan yo creo que Mónica te ama, no debe tardar , no debe tardar en volver contigo, dale tiempo hermano.
Y soltando yn caracjado exclama ¡ que ironía, yo dandole concejos de amor a Juan del Diablo!
Casa de Andres
Juanita: doña Sofía, me dicen que mi tio esta en la cárcel.
Sofía: si, el muy tarugo se dejó atrapar.
Juanita: y puedo ir a verlo?
Sofía: en la tarde, esperate que Andrés regrese.
Juanita: esta bien.
Con permiso doña Mónica, venia a ver si se le ofrecia algo- pregunta Meche.
Mónica: Meche, Azucena ya salió?
Meche: si, hace un ratico pero no demora.
Mónica: necesito salir, te encargo los niños.
Meche: quiere que le diga a Serafín que la acompañe?
Mónica: no Meche voy sola, no creo demorar.
Meche: esta bien señora no se apure.
Después del jauzgado, Andrés a pasado por casa de Teresa, la noticia por el pueblo que Bautista quería robarse los hijos de Jaun del Diablo ya se habiá regado por el pueblo y que su madre lo habia enviado también, aspi que creyó mejor hablar con los padres de Teresa para explicarles la situación y saber a que atenerse. El saber que ya no lo dejaría casarse con Teresa lo tenía muy triste.
Al llegar a la casa, teresa lo recibió muy alegre, su padre Don Aristobulo Santibañez era uin hombre recto, muy señido a las normas sociales pero su única hija era su adoración y siempre cedia ante lo que ella pedía, bueno eso pensaba ella ante la situacióny no le preocupaba tanto.
Andrés: Teresa, mi amor- dandole un beso respetuoso en la mano-
Teresa: Buen día Andrés, cómo estas. Ella que siempre a sido muy abirta y frentera no sabe que decirle.
Andrés: tus padres están, quisiera hablar con ellos.
Teresa: quiers contarles? Ella se alegra, sabe que con Andrés las cosas son muy derechas.
Andrés: si, creo que es lo mejor.
Pues bien la noticia de todo cuanto ocurre no les cayo muy bien, sin embargo el amor que Andrés demustra para su hija los hace entender que en muchas ocaciones los errores de los padres los hijos son los más perjudicados y si ya una vez Andrés había sufrido las concecuencias por los actos de Sofía en esta ocasión no sería igual, por lo tanto decidiron posponer la boda unos meses más en cuanto Andrés solucionara la suerte de su madre o las autoridades si era el caso.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:33 PM
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PARTE XXIX
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Juan ha regresado y le pregunta a Meche por Mónica, elle le dice que había salido y que no sabía a dónde, Juan se extraña y sin decir nada se va a la habiatción con los niños que se encuentran con Azucena.
Mónica había estado en la iglesia hablando con Fray Domingo, contandole sus preocupaciones e inquietudes, este le dice que su deber es estar con su marido y sus hijos, - el matrimonio por la iglesia es sagrado Mónica- recuerda ella mientras se dirige a su casa, al llegar se encuentra con doña Catalina y esta le dice que más tarde pasaría por la casa, así que lo primero que hizo ella al llegar fue preguntar: Meche todos los amigos de Juan se encuentran en casa? - pues necesitaba darles la gracias por todo cuanto han hecho por ella y sus hijos, era algo a lo que no podía deja pasar mas tiempo- pensó
Meche: Ellos están afuera, hace rato les dí de comer.
Mónica: les dices que pasen a la sala?
Meche: si.
Meche sale al patio y les dice que Mónica quería hablar con ellos, que pasaran a la sala.
Segundo: y para que? Un poco extañado.
Meche: no se.
Al pasar todos a la sala ella les pide que se esentaran.
A lo que ellos constentaron que preferimos estar de pie.
Mónica: como gusten.
Serafín: se le ofrece algo señora?
Mónica: si, bueno no, -sonríe- es que quería agradecerles por todo lo que han hecho.
Tuerto: no es nada señora, nosotros haríamos cualquier cosa por Juan.
Mónica: si, lo se, pero para mi es muy importante darles las gracias, todos ustedes desde que los conozcí me han sabido demostrar su cariño y su respeto por eso es muy importante para mí que sepan que yo también los aprecio y quiero y los concidero como mi familia.
Juan baja por las escaleras y lo escucha todo.
Serafín: capitan!
Juan: que paso! Hay una celebración y no me invitaron?
Pedro: no Juan, la señora Mónica estaba no mas
Mónica: estaba, agradeciendoles por cuidarnos.
Juan: si, yo tambien les quiero dar las gracias.
Tuerto: no hay de que Juan, tu sabes que es con mucho gusto.
Juan: si, lo se! Pero ahora Bautista esta en la cárcel y no creo que corramos mas peligro.
Tuerto: en ese caso, y aquí ante todos ustedes -Se acerca a Meche- te quieres casar conmigo Mechita?
Y buscandola por toda la sala ve que se ha ido al comedor, está muy apenada no sabe que hacer, que decir Azucena que había bajado antes que Juan tambíen le dice
Azucena: andale Meche, dile que si al Tuerto.
Meche: este, este esta bien!
Pedro con un grito le dice a Facundo, pero ve donde ella! Este da un salto que case llega de una al comedor, todos rien.
El Tuerto le da un gran abrazo.
Todos estan muy felices por ellos sonríen y se carcajean. Jaun mira en silencio a Mónica, ella se percata de su mirada y baja la cabeza sin saber como actuar.
Casa de Andrés.
Sofía esta un poco nerviosa y lo disimula con Juanita que ya se va a ver a su tío, Sofía solo le manda decir que no se preocupe que ella hará todo lo posible para que salga libre, y le advierte a Jaunita que debe preguntar los cargos por lo que lo acusan y así saber a que atenerse. mas por ella que por Bautista quería saber-
Ya había planeado cómo hacer para salir de ese problema, se iría de san Pedro lo antes posible, ella que desde más de 20 años no viajaba a Europa ahora las circunstancias la obligaban, era eso o que la encerraran en un calabozo y para Sofia de Alcazar y Valle era la muerte, se iría lo antes posible, sola sin que nadie lo supiera ni siquiera Andrés.
Han tocado la puerta
Mensajero: un paquete para el señor Juan de Alcazar.
Meche: si. El mensajero le entrega un paquete y va a llevarselo a Juan que se encuentra en la sala con Pedro.
Meche: señor, trajeron esto.
Juan: si, gracias.
Mónica ha vuelto a su recamara con los niños, ya ellos están alimentandose a través de las nodrizas, a Mónica les ha dado buena impresión así que las aceptó de una vez; Meche va a la habitación para ver como iba el asunto y Mónica le indica que no había problema, los niños han sabido aceptar a su nodriza, esta le pregunta.
Mónica: quién era Meche?
Meche: un mensajero que trajo un paquete para el señor.
Mónica se intriga pero prefiere no darle mucha importancia.
En la sala
Pedro: es lo que le compraste a tu mujer?
Juan: si, espero le guste nunca antes había comprado algo así, la joven del almacén me dijo que era de lo mejor.
Han tocado la puerta, es doña catalina.
Pedro: Buenas tardes señora.
Doña Catalina: buenas tardes, y mi hija?
Pedro: está en su recamára, bueno con permiso hasta luego Juan.
Juan: nos vemos Pedro, cómo esta Catalina?
Doña Catalina: bien Juan y Usted?
Juan le responde y va con ella a la habitación, en eso van saliendo junto con Meche, Lila y Mia las nodrizas, Meche se las presenta; ellas siguen a la cocina y ellos al cuarto
Juan: se puede?
Mónica: si pasa, ah! Buenas mamá.
Doña Catalina: buneas mi vidad. Se acerca a los niños y les hace un mimo.
Juan con el paquete en las manos se acerca a mónica.
Juan: esto es para ti, espero te guste.
Mónica: pero no tienes por queella se emosiona, el paquete era para ella, de Juan, su tormento-
Juan: por favor Mónica!!! espero lo aceptes. Su voz es un poco de orden.
Mónica: esta bien, te lo agradezco, y que es?
Juan: abrelo!
Doña Catalina: si hija abrelo, me tienes en ascuas.
Mónica: esta hermoso Juan, Muchas gracias!.
Doña Catalina: que vestido más hermoso Mónica.
-Juan estando en Veracruz había pasado por una tienda de ropa muy fina, en la vitrina estaba expuesto un vestido blanco, en lino bordado y cintas también blancas, el escote era moderado, dejando ver los el cuello por completo, eso le recordó mucho a Mónica, no sabía porque pero no dudó en comprarlo, además la vendedora le dijo que era exclusivo ninguna mujer tiendria ese vestido, eso le gusto más pues Mónica mercia solo lo mejor.-
Mónica: lo es, muchas gracias Juan.
Juan: cómo van los preparativos del bautizo, le pedi a Segundo contratara a Elvira Santamaría para que cante en la ceremonia, es una cantante muy famosa.
Mónica: y tu la conoces? sin querer hacerlo lo pregunta, le turba que Juan hable muy convencido de una mujer así- quizas es alguien que conoce de antes se imagina
Juan: no, pero es muy conocida en veracruz.
Mónica: esta bien. Ella responde y el alma parece volverle al cuerpo.
Juan: me retiro, desde esta noche me quedo en la Palapa, por si me necesitan, buenos noches.
Doña catalina: buenos noches.
Mónica: buenas noches. A Mónica la idea que Juan ya no s quedara en la casa no le gusto mucho y dejó que se fuera sin decirle nada, solo con unas buenas noches muy desabridas.
Ya solas la madre se dirije a la hija.
Doña catalina: hija, que piensas hacer? No tiene caso seguir separados, tu lo amas y el también.
Mónica: si madre, en la tarde que hablé con fray domingo también me lo dijo pero unas veces veo a Juan interesado en volver y otras lo noto indiferente, no se que pensar.
Ellas sigueron conversando y después de merendar doña Catalina se retira.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:34 PM
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PARTE XXX
by Cris (Acceso crispires)
ModeradorasEsa noche en la Palapa
Juan ha hecho un balance de su día y cree que la decisión con respecto a Sofía es la mejor no hay duda, espera que la señora no intente mas atropellos contra él o su familia; al pensar en ella recuerda a Mónica hablando con todos sus amigos así desee que fueran las cosas desde un principio, cuando recien casados le platicaba sobre cada uno y como quería que ella entendiera sus vidas tan diferente a la de ella-; rie al recordar la pedida de mano de Meche, ese Tuerto se aprovecho de la situación para que así Meche no se negara.
No sabe en que momentos se quedó mirando a Mónica fue como estar volando, solos ella y él porque sabe que ella se dio cuenta, ¡se ruborizo todavía la hago sonrojar! pensó. Y luego esa expresión cuando le habló de Elvira Santamaria, le darían celos?
Después de mucho meditar y tomarse un trago se recuesta en la cama que hace pocos días Mónica había utilizado, su olor aun lo persive y con esa sensación se duerme soñando que tiene en sus brazos su mejor regalo, Mónica.
Sabado en la mañana.
Meche: doña Mónica, Segundo acaba de llegar con una señorita.
Monica: si Meche, diles que ya voy, hazlos pasar a la sala.
Meche: si.
Mónica: buenos días.
Elvira: buenos días.
Mónica: mucho gusto, Mónica de Altamira.
Elvira: pense que conoceria a la señora Alcazar.
Mónica: bueno, mi nombre es Monica.
Segundo: doña Mónica yo me retiro.
Mónica: gracias Segundo.
Elvira: muchas gracias buen hombre. Mientras pronuncia las palabras su imaginación se echa a volar con respecto a la manera como Mónica se presenta.
Mónica: por favor tome asiento, le provoca tomar algo?
Elvira: un refresco por favor.
Mónica: Meche, te traes dos refrescos, por favor.
Mónica muy digna, mira a la mujer que tiene en frente, es una mujer joven, tes blanca y cabellos oscuros, bien vestida claro trabaja como cantante y los artistas visten bien.
Elvira: no pense que San Pedro fuera tan pintoresco!
Mónica: le parece?
Elvira: si, sus calles y casas
En ese momento tocan a la puerta Meche abre.
Juan: me avisaron que ya Segundo habia regresado.
Monica: si, y la Señorita acaban de llegar.
Juan: mucho gusto, Juan de Alcazar -le besa la mano-
A esta le gusta Juan.----Mónica lo nota---
Juan: y de que hablaban?
Elvira: la decia a la señora Mónica que me ha gustado San Pedro.
Mónica: si, asi parece
Juan: ha sido bueno el viaje? Pregunta por simple formalidad.
Elvira: Maravilloso, Don Juan, claro que me gustaría refrescarme un poco y cambiarme de vestido.
Juan: si claro, le pediré a Segundo que la lleve al lugar donde se querdará.
Elvira: su empleado debe estar muy cansado, me ha dicho que viajó toda la noche para recogerme, no sería mejor que me acompañe Usted? en su cabeza ya está planeando como estar a solas con esa maravilla de hombre que tiene en frente, además el no trató a Mónica como su esposa al llegar, no lleva llaves de la casa, todo esta muy raro entre esos dos - todo esto lo ha pensado en lo que Juan le responde la pregunta.
Mónica está absorta, no cree lo que acaba de ver y escuchar, esa mujer está coqueteandole a Juan de la manera mas osada y a Juan no le importa que ella se encuentre presente, los celos la ciegan quedandose muda, solo da respuetas cortas.
Juan: bueno, no veo el inconveniente, el hospaje queda aquí cerca, la acompaño, pero permitame me tome unos minutos antes para ver a mis hijos, la dejo en compañía de Mónica.
Juan no pidría dejar de verlos ya después de estar allí, ellos son la fuerza que necesita para comenzar sus días, así como lo es Mónica; los niños ya tienen un mes y unos días de haber nacido y Juan el tiempo que pasa con ellos los mira y los vuelve a mirar de arriba debajo de abajo arriba, tienen tanto de él como de Mónica, Ana Catalina es más parecida a ella con los ojos tan azules como el mar, la melena de sus cabellos se asoman muy claros, Juan Francisco se parece a él, ojos verdes y cabellos castaño oscuro, pero en el temperamento los niños han salido como su padre cuando tienen hambre su llanto llega hasta el mar.
Las señoras se han quedando conversando de lo último que se habla en Veracruz, aunque Mónica lo hacia por cortecía pues no era de su agrado hablar por hablar.
Al regresar Juan a la sala se despiden.
Elvira: señora, mucho gusto.
Mónica: el gusto es mío.
En la cocina
Azucena: Meche y para cuando será la boda con el Tuerto.
Meche: bueno después que regrese del viaje que haré con los señores, mientras Facundo se encargará de todo.
Azucena: quien iba a pensar Meche, nosotras que tuvimos que vivir esa vidad tan fea con Cagiga y ahora cómo nos ha cambiado, tu con Facundo yo con Joaquín y ahora con mi chamaquito.
Meche: si, pero mucho de eso se lo devemos a la señora Mónica y al señor Juan, te acuerdas cuando en campo real le contaste que Bautista se robaba a las niñas para darselas a Cagiga?
Azucena: si, Jajaa no aguanta la risa- la cara que puso la señora Mónica, no sabía que lugar era ese.
Meche: ella tambíen a cambiado, es toda una mujer.
Azucena: y mira como tambien cambió Juan, ni cuando andaba con la Aimeé dejó de buscar mujeres en la cantina, pero desde que se casó no volvió a buscarlas.
En eso entra Mónica, viene a avisarles que va a salir y que desea que Meche la acompañe.
Al llegar al hospedaje Juan le ha dejado claro a Elvira con sus respuestas y sus actos que no le interesa.
Han tocado la puerta y la señora Prudencia los atiende.
Juan: buenos días doña Prudencia, le presento a la señorita Elvira Santamarina, es la persona para la que se le alquiló la habitación
Doña Prudencia: buenos días caballero, mucho gusto joven pase por favor.
Juan: gracias, señorita yo me retiro, ya todo está arreglado con la señora Prudencia así que descanse, con permiso.
Elvira: muchas gracias señor Juan, nos vemos entonces.
Juan se ha ido para la cantina del Tuerto, debe dejar arreglado algunos asuntos antes del viaje, no quiere que nada lo estropee.
Casa de Don Noel.
Doña Catalina, Mónica, Teresa estan con Amanda ultimando los detalles del bautizo.
Amanda: dime Mónica, te gustaron los batones?
Mónica: si, estan muy bonitos.
Doña Catalina: Teresa, que ocurre? Desde que llegamos has estdo muy callada.
Mónica: si, es cierto y tu no eres asi!
Teresa: es que Andrés y yo decidimos aplazar la boda.
Mónica: por lo de mi madrina verdad?, tus padres se enteraron.
Teresa: si, Andres prefirio contarles, no quiere secretos.
Amanda: y es mejor.
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:35 PM
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PARTE XXXI
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Facundo: Juan, se puede? Ha entrado este a la habitación donde Juan llena y guardo los documentos y encargo que tiene para Joaquiín ahora que saldrá de viaje.
Juan: sigue.
Facundo: Ya tienes todo listo?
Juan: si, espero a Joaquín para entregarle te quedó muy bin la juagada para que Meche te aceptara. Jajaja
Facundo: jaja si, tenía que hacerlo antes del viaje, por eso quería hablarte. Su actitud es un poco timida pero decidida.
Juan: tú dirás. Se voltea para verlo a la cara centrando toda su atención el Facundo.
Facundo: este, bueno es que hablando con la Mechita, queremos que tú y la señora Mónica sean nuestros padrinos de lazo.
Y levantandose de la silla
Juan: por supuesto! Por mí no hay problema y creo que a Mónica también le gustará la idea. Diciendo esto le da un abrazo, y sigue hablando- pero espero que no te nos lleves a Meche de la casa.
Facundo: claro que no Juan, yo se que ella no dejaría a la señora y menos a tus chamacos que la traen loquita, los quiere como si fueran suyos, ahora con lo de Bautista estaba que se iba a la cárcel no se a qué, no más que yo la detuve. Jaja
Juan: y donde van a vivir?
Facundo: bueno Juan por un tiempo aquí en la taberna en lo que puedo ponerle su casita! Habla muy emocionado del asunto.
Juan: ummmm, tengo una idea mejor, como padrinos y hablo en plural porque se que Mónica aceptará, les regalaremos esa casita, para ti, Meche y tus hijos, porque espero que sean pronto!
Facundo: claro Juan! Eso espero yo también, no sabes la envídia que me da cuando te veo con los tuyos! de la buena eh! aclara-
En Casa de Andrés
Sofía ha mandado a Juanita a revizar sus vestidos con la escusa que los ha visto últimamente un poco descocidos y mal lavados, pero en el fondo es que los quiere tener todos listos para el viaje, en eso estaban cuando escuchan la campana de la puerta manda a la muchacha a que vea quíen es.
En el sepacho Andrés se encuentra entre sus papeles
Pablita: señor, el señor Juan esta aquí.
Andrés: dile que pase.
Juan: como estas Andrés.
Andrés: buenas tardes Juan, que sorpresa!
Juan: disculpa que venga hasta aca, se que tu madre no me quiere ver, pero necesito pedirte un favor.
Andrés: si esta en mis manos y por mi madre no te preocupes.
Juanita alcanza a ver a Juan cuando va hacia el despacho y regresa a la habitación donde Sofía impaciente espera.
Juanita: es el señor Juan.
Sofía: esta bien, ve termina de arreglar esos trajes.
Juanita: esta bien señora, con permiso.
Sofía: ah! No me has dicho que averiguaste de tu tío, cuales son los cargos?
Juanita: bueno como la señora no había preguntado
Sofía: si, si pero te pregunto ahora! le dice buscamente
Juanita: del asunto de los hijos del señor Juan no me dijeron nada, solo que está detenido por robo de cosechas, mi tío le mandó decir que mientras usted le ayude no hablará.
Sofía: bien Juanita así será, te puedes retirar.
Juanita: con permiso señora.
Sofía ya tiene todo listo, sin que nadie se diera cuenta en la mañana ha ido al puerto y conseguido un boleto para la mañana siguiente en una embarcación que parte a España, aunque se tranquiliza con lo que escuchó sobre Bautista no puede confiarse, ya estando lejos no le puden hacer nada, luego contactaría a Andrés y le informaría donde se encuentra, dinero no necesita que este le proporcione pues cuenta con la fortuna de sus padres en Francia, allí se instalará.
En casa de Amanda
Doña Catalina: entonces, no habrá boda?
Teresa: si, pero debemos esperar un tiempo, Andrés decidió ir de viaje con Doña Sofia.
Mónica: aunque mi madrina se ha portado muy mal, creo que seria bueno ese tiempo con Andrés, desde niño lo envió a estudiar lejos y no han tenido la oportunidad de estar juntos.
Doña Catalina: bueno hija, ya vas a ver que el tiempo pasa rápido.
Teresa: si.
En medio de la conversación escucha habrir la puerta.
Don Noel: señoras y señorita, miren a quienes me encontre!
Andrés y Juan: buenas tardes.
Andrés: Teresa, pasamos a buscarte a tu casa y nos dijeron que estabas aquí.
Juan mientras se acerca a hacerle cariños los niños.
Teresa: si, estamos terminando los detalles del bautizo, van a ver como todo sale como queremos.
Juan: y tu Mónica, que opinas?
Mónica: si, todo se va ver muy bonito.
Doña catalina: bueno, yo me retiro quiero descansar un poco.
Mónica: nosotros tambien nos vamos, pronto deben comer los niños, voy a buscar a Meche.
Juan: si quieres Meche acompaña a tu madre al convento y yo los acompaño a la casa.
Doña catalina: si hija, es mejor que los niños no esten tanto tiempo fuera de casa, que Meche me acompañe.
Mónica: esta bien, como gustes mamá.
Así que recogiendo las cosas de los niños, se han despedido tomado su camino.
Después que Juan y Mónica se retiran.
Amanda: cuando sera que Mónica terminara de aceptar a Juan.
Andrés: no se procupe Amanda, yo creo que pronto.---hace su cara de picardia-
Escrito desde Dec 13, 2008, 11:36 PM
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PARTE XXXII
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
En todo el camino a la casa, Juan y Mónica han conversado de todo y de nada.
Juan ha sido muy directo siempre y no se queda callado ante nada, pero por una extraña razón su actitud con Mónica ha cambiado un poco el piensa que si no la presiona ella termine por ceder, en el barco tal vez
Mientras ella en sus pensamientos tiene una pregunta que no sabe como hacerla pues no quiere demostrarle a Juan que tiene celos ante la coquetería de la cantante; sin embargo al llegar a la casa y dejar instalado a los niños en la habitación con las nodrizas, la conversación sobre el bautizo nuevamente sale a la luz y ella aprovecha para hacer su pregunta.
El prefier dejar las cosas así, ya ella le ha confirmado lo que el quiere saber y la hora de estar otra vez juntos está cerca; por eso cambia el tema y
Juan: en la mañana quede con Don Noel en que pasaría por ustedes.
Mónica: yo pense que vendrías por nosotros.
Juan: no, tengo que dejar arreglados unos asusntos y no se si alcance a venir, asi que ellos vendran por ustedes.
Mónica: como gustes.
Juan: buenas noches.
Mónica: buenas noches.
En la Mañana
En la madrugada, Sofía toma el barco a España, nadie la ha visto salir de casa, a pedido a Jaime que le lleve su equipaje al puerto, este como todos los empleados no pregunta, solo cumple las ordenes de sus patrones aunque sean un poco extrañas aveces.
Todos estan listos para el bautizo
Doña Catalina: Mónica luces radiante!
Ella se ha puesto el vestido que Juan le ha regalado, le queda perfecto como si lo hubieran hecho solo para ella, su cabello recogido le dan una elegancia aun mayor.
Mónica: gracias Mamá, los niños estan listos también.
Meche: si señora, se ve muy bonita y estos diabliyos estan preciosos.
Doña Catalina: Mecheeee se queja por lo que dijo de los niños-
Mónica: dejala mamá. y mirando a Meche: tu también te ves muy bien esos colores tecientan.
Mónica, les ha regalado a Meche y azucena la ropa que lucen este día, son faldas y blusas típicas úes sabe que vestidos muy elegantes no los usaria, sencillos como ellas pero que las hacen ver muy bien.
Meche: gracias señora.
Mónica: entonces, nos vamos?
Doña Catalina: si, ya Don Noel y Amanda nos esperan en la sala, Meche ve llevando la bolsa de los niños.
Meche: si, señora yo me adelanto con Facundo que ya vino por mi, Azucena se fue hace ratico conJoaquín, ya sabe como es ella de acelerada!.
Mónica: está bien Meche, ve!.
En casa de Andrés
Andrés toca la campailla para llamar a la servidumbre.
Pablita: mande patrón.
Andrés: podrías decirle a mi madre que necesito hablar con ella?
Pablita: si, con permiso.
Andrés quiere comentarle a su madre la decisión que tomó con respecto a ella, quiere llevarla a Francia y tomar un tiempo para ellos quizas asi la haga entender que Juan es su hermano aunque no le guste y desea vivir en familia y siendo ella su madre también la quiere cerca.
Andrés: gracias Juanita, te puedes retirar.
Esta hace una mueca de disgusto sin que Andrés se diera cuenta, pues quiere saber que dice la nota.
Andrés lee la nota que Sofía le ha dejado, después de hacerlo la quema y parte a recoger a Teresa.
Iglesia de San Pedro
Ya se escuchan los 10 campanazos de la iglesia por la plaza central, anuncian que la misa está por comenzar la comunidad se reune más que todo por el bautizo de los hijos de Juan de Alcazar y Mónica de Altamira, aunque en los últimos meses han sido la comidilla de todo San Pedro, los chismosos del pueblo se han dado cita en la iglesia con la excusa de la misa dominical.
En la entrada de la iglesia, se encuentran todos los que realmente están invitados al bautizo de Juan Francisco y Ana Catalina y no son más que los amigos más cercanos, Andrés, Teresa, Facundo con su Mechita, Joaquín y Azucena, Segundo con su señora, Pedro, Serafín, Lila y Mia las nodrizas, Tegua y los otros colaboradores de Juan, hasta fueron invitados los empleados de Campo Real
Doña Catalina y Amanda llevan en sus brazos a los niños, Mónica se retraza un poco pues su zapato se atascó al bajarse del coche y don Noel la ayuda; todos muy emocionados estan a la espera de ella, Teresa a cargado a su ahijada.
Pasan unos minutos y Juanita llega al despacho.
Juanita: con permiso Joven, la señora Sofía no está en su recamára, pero encontré esto.
El barco en el que viaja, no tiene los lujos de los barcos en los que ellla a estado, en el camarote no hay más que una cama modesta, su servicio y una pequeña ventana desde donde ve por última vez a San Pedro, al menos por un tiempo, para Sofía que está acostumbrada a los lujos de su casa y su hacienda, esa habitación es una pocilga, pero es también su salvación; al zarpar el barco, encontrandose ya fuera de la bahía Sofía se siente liberada, antes de salir le deja una nota a su querido hijo.
Mi quería Andrés, te dejo estas letras donde te explico el por qué de mi partida; una vez más me he equivocado y nuevamente te pido perdón, el amor de madre y mi orgullo de mujer traicionada no me han dejado ver las cosas con claridad, esta vez mi arrepentimiento es real pero la sosobra de que Bautista me delate no me deja otro camino más que el de huir, yo nunca terminaré mis días encerrada en una cárcel Andrés. Para cuando leas esta nota ya estaré lejos. Pronto tendras noticias mías Sofía
Al llegar a la habitación los niños duermen y ella se queda pensando en su vaije y la presencia de Elvira en él.
Mónica: y la señorita Elvira ya quedo instalada?
Juan: La deje en la entrada del hospedaje.
Mónica: y quien te la recomendo?
Juan: escuche hablar de ella en Veracruz, es muy agradable, no crees.
Juan buscar una reacción por parte Mónica ante la pregunta.
Mónica: te parece? Mónica trata de mostra una sonrisa, pero dentro de ella un gran ardor la quema.
Juan: si. Aunque ella lo dismula muy bien, ve en los ojos de su amada todo lo que ella siente, - tiene celos piensa y se alegra, aprovechando esto.
Juan: tienes todo listo para el viaje?
Mónca: si.
Juan: Elvira ira con nostrotros hasta Veracruz.
Juan sigue poniendo a prueba a Mónica.
Mónica: pero, no se regresaba después del bautizo?
Esa pregunta la hace muy rápido sin darse cuenta que con su cara dejó ver que no le gustaba la idea.
Juan: si, pero conversando con ella me a manifestado su agrado por viajar en barco, asi que le ofrecí llevarla, espero no te disguste la idea así tendrás con quien conversar?
Mónica: por con quien converse yo, no debes preocuarte, para mi lo más importante es cuidar de mis hijos, con eso me basta!
Su comentario es un poco reticente.
Juan: te incomoda que viaje con nosotros?
En tono irónico, y una leve sonrisa.
Mónica: no! Ademas es tu barco e invitas a quien quieras!.
Juan: si! tu lo acabas de decir
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PARTE XXXIII
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Una vez Mónica se aproxima donde todos están, nota que Juan no se encuentra entra ellos, por su mente pasan muchos ideas confusas ante la ausencia de Juan; pronto llegan y Andrés la toma del brazo -eso se le hace extraño a todos- y muy sonriente les indica
Andrés: por favor pasemos nos esperan, vamos Mónica!.
Todos hacen caso a las palabras de Andrés, pero
Cuando don Noel, Amanda y Catalina entran a la iglesia, no lo pueden creer, Azucena y Meche se les acercan y esta última les comenta que Juan había planeado todo con Fray Domingo y Andrés.
En el pasillo, Andrés sigue hablándole a Mónica: para mí es un muy importante que perdones a Juan y es un honor entregarte nuevamente a él todo este tiempo que han estado separados ha sido por causa mia, ahora quisiera que pedirte que aceptes...
Mónica lo escuha, no sabe que decir, se ha quedado sin habla...
Lo que los ojos de Mónica le muestran, es una capilla llena de flores, los amigos y conocidos allí se encuentran
Ve a Fray Domingo que espera en el altar ve que Juan está un poco más abajo, muy elegante, sus cabellos sueltos muy bien peinados, se impone su casta, se le ve ansioso Mónica sigue caminando sin soltarse del brazo de Andrés es como volver al día de su boda, escucha lo que él le dice pero solo tiene los sentidos centrados en Juan, lo ve y su corazón late tan fuerte que cree que todos lo escuchan, no puede más todo su ser anhela al hombre que la aguarda, todo su amor es para él y su vida también.
Juan al ver que Mónica se detienen en la puerta, se asoma en sus ojos la agonía del que está a punto de morir,-será que no acepta?- es la pregunta que se hace, pero al verla seguir su alma regresa gloriosa y todas sus dudas se apartan. Es tan hermosa- el vestido regalado le sienta muy bien y lo llena de orgullo que lo lleve puesto.
Don Noel: ya ve Doña Catalina, mi muchacho no es tan malo!
Y afloja una sonrisa que se propaga entre los más cercanos.
Mónica y Andrés siguen caminando mientras Juan aguarda anhelante.
All llegar al altar, Juan se acerca para tomarla de la mano.
Andrés: Juan, hermano pero se calla sus palabras sabe que todo caunto diga no será escuchado.
Sin dejar de verse el uno al otro escuchan muy lejos lo poco o mucho que Andrés ha dicho, las manos de Mónica tiemblan, Juan lo nota y resuelto le dice: Mónica, aceptas casarte conmigo?
Ella aun no sale de su aturdimiento, no responde, pero es Azucena con una jaloncito en el vestido la hace reaccionar.
Mónica: si!.
Entonces la toma del brazo y siguen hasta donde Fray Domingo.
Todos los familiares y amigos toman asiento; Fray Domingo inicia la eucarsitía; lo que Juan le ha pedido es poder renover los votos matrimoniales con Mónica, pues aunque en ningún momento este a dejado de tener válidez, él quiere para ella y para él un nuevo comienzo, tratar de olvidar todo lo que los ha apartado el uno del otro
Mónica se siente dichosa
Fray Domingo les pide repetir los votos Juan con voz fuerte y firme
Yo Juan de Alcazar y Valle, me entrego a ti, Mónica de Altamira, para amarte, respetarte, en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza todos los días de mi vida solo volviendome ciego sordo o imbécil dejaré que te vuelvas a alejar de mí
Ël coloca una argolla de bodas que ha comprado para ese día.
Un leve sonido de sorpresa se escucha entre los presentes, ante las palabras de Juan.
Ella con una sonrisa Mónica: y yo Mónica de Altamira, me entrego a ti Juan de Alcazar, para amarte, respetarte, en la salud, en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza y que la muerte nos lleve juntos.
Teresa y Andrés lcolocan sobre ellos el rosario de rosas blancas mientras Fray Domingo los bendice y declara su unión ellos durante ese momento, siguen mirandose fijamente, Juan impaciente deseando besar esos labios que lo subyugan y ella palpitante solo espera por fin ofrecer a Juan ese beso que también ella ansía.
Fray Domingo pide compostura, el también se alegra por Mónica y Juan pero es hora de celebrar el bautizo y pide a los padrinos tomar a sus ahijados.
Andrés está felíz
Teresa y Amanda cargan a los niños, don Noel y Andrés se paran a su lado, Mónica y Juan sostienen el círio mientras fray Domingo los unje con óleo consagrado para luego derramar sobre ellos el agua bendita Juan Francisco y Ana Catalina de Alcazar y Altamira yo los bautizo en enl nombre del padre, del hijo y del espiritu santo.
Todos estaban sorprendidos por lo bien que se portaron los niños, al salir de la iglesia todos muy emocinados felicitan a Juan y a Mónica.
Doña Catalina: Oh, hija, quiero que sepas que estoy feliz!, Juan espero que el pasado quede atrás y sean muy felices!.
Don Noel: Juan! Te lo tenias muy guardado! Dandole un gran abrazo Felicidades!
Juan: muchas gracias.
Juan toma a Mónica de la cintura y la besa nuevamente.
Dolores: prima, felicidades!
Mónica: pero que pasó? Me escribiste diciendome que no vendrías.
Dolores: ya te contaré prima, ven les presento a Raúl.
Mónica: Juan!
Juan: si?
Dolores: Mira Raúl ellos son Mónica y Juan.
Raúl: mucho gusto, Raúl Arizmendi y Torres hasta que por fin los conozco, Dolores no me ha hablado mucho de ustedes.
Juan: el gusto es nuestro y le agradezco haber venido a compartir con nosotros esta dicha.
Y apartandoce para que todos lo escuchen
Juan: vamos! Quiero que vean algo.
Por fín Juan escucha las palabras que tanto espera, acercándose progresivamente da ese beso sellando este momento, todos los presentes han dado un grito de júbilo ante la unión de esta pareja que sin querer o mejor queriendo, tardan un poco más de lo acostumbrado en su beso.
Mónica: pero Andrés, Juan! Su cara de angustia es evidente.
Andrés: no te preocupes Mónica, me han dicho que Juan no tarda.
Y diciendo esto procede a entrar a la iglesia.
Mónica: pero! A dado unos pasos por la presión que ejerce Andrés, cuando sus ojos le muestran una visión, se apodera del brazo de este deteniendose, Andrés sin embargo le hace seguir presionándola un poco más.
Mónica: que es esto Andrés? Su respiración es corta, y su voz apenas se escucha.
Andres: Mónica!, no te alarmes, sabes lo mucho que te quiero, que los quiero
Ella mira toda la iglesia y ve caras conocidas, su prima Dolores y su esposo
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PARTE XXXIV
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
Todos suben abordo, el barco es mucho más espacioso que el Satán, cuenta con seis habitaciones en total, distribuidas unas para el uso de la familia y dos más para la tripulación; Juan da las explicaciones del caso; al llegar a la habitación principal
Teresa: Mónica! Que recamara mas espaciosa! Juan tu barco esta muy bonito.
Juan: muchas gracias, cuando regresemos los invitaremos a dar una vuelta en el.
Mónica: Juan, creo que debemos regresar a la casa, los niños están un poco inquietos.
Juan: esta bien, volvamos.
Todos han recorrido el barco completamente y luego se reúnen en la casa a celebrar.
El festejo se lleva a cabo en los jardines de la casa...
Las mesas cubiertas con manteles azules y rosa adornados con rosas blancas, la comida se ha servido una vez llegan todos, de comer se ha dispuesto platos típicos, tamales, quesadillas, guacamole, frijoles y aguas frescas para la sed, todos han resaltado lo rica que ha queda esta.
Al llegar al jardín se encuentra con Juan que ya iba en su búsqueda.
Amanda: Mónica! Ven no sabes lo contentos que estamos por ustedes!
Teresa: si, como que te tardaste mucho. Jajaj
Juan la toma de la mano y como defendiéndola
Juan: solo lo necesario, verdad? Su cara muestra una sonrisa de complicidad.
Mónica: si. Sus mejillas se sonrojan.
Don Noel toma la palabra y alzando la copa de vino celebra por los novios y ahijados, por los que pregunta.
Don Noel: bueno, donde están los niños, si para ellos también es la fiesta.
Azucena y Meche traen los niños en ese.
Es el turno de Andrés que también quiere brindar y celebrar: por la felicidad de mi hermano Juan y mi cuñada Mónica, espero que Yo también pueda tener la felicidad que ellos tienen hoy mira a Teresa- y nuestra familia viva en armonía por siempre, salud!, todo esto lo dice sintiendo lo de su madre.
Todos: salud!!!
Dolores: lo feliz que soy a tu lado mi amado.
Y con una risa moderada las damas ocultan su bochorno.
La música comienza a sonar y los invitados a disfrutar también de ella.
Mónica comenta a Juan
Mónica: Juan, las maletas están listas.
Juan: que te parece si pasamos la noche aquí?
Mónica: sonríe como tú quieras
Él le da un beso
La tarde transcurre con muy buen clima y los invitados disfrutan de la felicidad de la familia Alcazar y Altamira; los caballeros siguen en su debate acerca de los cambios políticos del país, aunque Juan no pierde de vista a Mónica y ella de él haciéndola sofocar en varias ocasiones; las damas en su tertulia conversaban sobre la familia, los hijos y el matrimonio de Teresa y Andrés.
Caída la tarde, Mónica se retira pues debe dejar organizados a los niños en la habitación del segundo piso; su amor de madre la tiene aflige pues era la primera noche lejos de sus pequeños, pero por otro lado estaba Juan y su anhelo de estar con él.
Mónica: Gracias Meche, y quiero pedirte un favor, te quedas con los niños Lila y Mía también lo harán.
Meche: claro señora, usted sabe que yo encantada.
Doña Catalina: : hijita, me alegra mucho que las cosas ya se hayan solucionado, por ti los niños y también por Juan
Mónica: gracias mami, creo que si Juan no hubiera hecho todo lo que hizo hoy yo misma le hubiera pedido que arregláramos las cosas.
En el jardín
Juan: Andrés, te quedarás en Campo Real?
Andrés: si, hasta saber de mi madre y ustedes tardaran en su viaje?
Juan: no lo sé, quiero que Mónica y Yo nos tomemos el tiempo necesario para nosotros.
Andrés: por favor Juan ten mucho cuidado!
Juan: no te preocupes estaremos siempre cerca de la costa.
Don Noel: y a este pobre viejo, no lo invitan en su brindis?
Juan: Claro! Otra vez, muchas gracias, sin usted no se que habría sido de mí, ha sido mi amigo y mi padre!
Don Noel: gracias Juan, tu sabes que siempre te he sentido como mi familia, mi hijo!.
Andrés: bueno! Ahora quiero ser parte también!
Don Noel: ya lo eres, Andrés! Ya lo eres.
Teresa: Andrés, creo que mejor nos vamos.
Andrés: por supuesto! Buena noche caballeros.
Ellos: buenas noches.
Dolores: Juan, nosotros también partimos.
Juan: y dónde se hospedan?
Raúl: Andrés, muy gentilmente nos ofreció su casa.
Juan: bueno, en esa caso que pasen una buena noche.
Dolores: nos despides de Mónica.
Juan: por supuesto!
Don Noel: bueno Juan, nosotros también nos vamos, me imagino que partes mañana temprano?
Juan: si, ya todo esta listo.
Amanda y Catalina vienen de despedir a Dolores y Teresa
Don Noel: doña Catalina, si Usted gusta nosotros la llevamos al convento?
Doña catalina: le agradezco Don Noel buenas noches Juan.
Juan: buenas Noches.
En su habitación Mónica esta con Meche.
Meche: se le ofrece algo más señora Mónica.
Mónica: gracias Meche
Meche: los niños estarán bien en la otra habitación yo estaré muy pendiente, no se preocupe.
Mónica: gracias Meche.
Meche: con permiso.
Juan en la sala ve que vienen Azucena con Serafín están entrando las cosas del jardín.
Juan: saben dónde está Mónica?
Azucena: arriba, con Meche y los niños.
El con cariño le pregunta
Juan: y tú cómo te siente, Azucena?
Azucena: feliz Juan, muy feliz porque todos estamos donde debemos estar.
Juan: Serafín, ve que cuando no estemos Azucena no haga tanto oficio.
Serafín: no se preocupe capitán, así será.
Joaquín: y yo me encargaré que vaya con el doctor. Se le acerca circulándola con sus brazos
Azucena: bueno! Y esto que es, todos contra mi?
Todos sueltan una carajada.
Juan sube a la habitación de los niños, ve que Mónica no está allí.
Juan: Meche, ya se durmieron?
Meche: si, Ana Catalina solo hace unos minutitos que lo hizo, Juan Francisco apenas comió se durmió.
Juan se acerca y los observa, acariciándoles las manitos suavemente para no despertarlo.
Juan: y tú te quedas con ellos?
Meche: si, Lila y Mía también; doña Mónica estaba un poco inquieta pero le llevé un tecito.
En ese momento entra Mía.
Mía: buenas noches señor.
Juan: buenas noches, y sale de la habitación.
Mía espera que la puerta se cierre.
Mía: Meche, Facundo te espera en la cocina.
Meche: bueno, te quedas con los niños? una sonrisa se asoman en su rostro-
Mía: si, no te preocupes.
Doña Catalina: te ayudo hija?
Mónica: gracias mamá.
Doña Catalina: y los niños dormirán con Meche?
Mónica: si, aunque para serte sincera me angustia un poco dejarlos solos, son tan pequeños
Doña Catalina: no te preocupes hija, todas las madres sentimos lo mismo, son cosas de nuestra naturaleza pera ya veras que pronto se te pasará.
Meche entra
Meche: permiso, doña Mónica, las cunas ya están instaladas en la otra habitación.
Los caballeros se apartan un pocolas damas se sientan también a conversar
Teresa: cuéntanos Dolores, dónde conociste a tu marido?
Dolores: como ya saben luego de mi última estancia en San Pedro, estuve un tiempo en España con una tía que tengo allá, cuando era tiempo de volver me embarque en un crucero donde Raúl también viajaba, allí nos conocimos y nos enamoramos
Teresa: pero que romántico!
Mónica: Tere
Dolores: bueno, al llegar a México me dijo que nos casáramos, que viajaría con su familia a Puebla para pedir mi mano, así lo hicimos lástima que Mónica no puedo ir por lo adelantado que estaba el embarazo.
Mónica: si, y me escribiste diciéndome que irían de luna de miel a Paris, por eso me sorprendió verla aquí.
Dolores: si prima, pero hablé con Raúl y el entendió que yo quería estar contigo hoy y decidimos conocer mejor nuestro país y poder venir a San Pedro durante nuestra ruta.
Acercándosele a Dolores, Raúl le toma la mano y besándosela
Raúl: que les cuentas a las damas que las tienes tan embelesadas, querida
Para brindar Andrés ha regalado una caja de champaña francesa pues la ocasión lo ameritaba, no más trago fuerte pues entre los invitados está la tripulación del Santa Mónica y deben estar listos y sobrios para cuando su capitán les de la orden de zapar en la tarde.
Para ese momento Andrés les ha contado lo ocurrido con Sofía y que esperaría en San Pedro sus noticias, lo que alegro sobremanera a Teresa, pues ya estaba sufriendo por la partida de Andrés.
Juan no deja un momento solo a Mónica, solo el rato en el que al llegar ella se queda con los niños mientras comen
En la habitación llega Azucena
Azucena: doña Mónica esta no la deja terminar y le dice.
Mónica: Azucena, de ahora en adelante quiero que me llames Mónica, me he demorado mucho en pedírtelo
Azucena se emociona a tal punto que una lágrima de felicidad se asoma dándole un gran abrazo.
Meche entra: todos preguntan por usted señora Mónica y el señor la manda buscar.
Mónica: Meche terminas de cerrar la maletas y me avisas cuando estén listas, ya tienes listas las tuyas?
Meche: si, no se preocupe.
Ellas se quedan haciendo lo que Mónica pidió y cuidando a los niños.
Todos van tras él que no suelta a Mónica de la mano; los lleva al muelle, allí todos ven la embarcación que lleva el nombre Santa Mónica
Todos sonríen y miran la cara de Mónica, ella
Mónica: hasta que te saliste con la tuya! sonriendo
Juan: yo te lo había dicho, Santa Mónica me gusta!
Andrés: que bello barco Juan.
Juan: gracias, y está la orden, solo que por un tiempo estará ocupado.- mirando a Mónica-.
Teresa: Juan, podemos subir a verlo?
Juan: por supuesto! Adelante!
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PARTE XXXV
by Cris (no login)
Mónica en la habitación después de tomar el tecito que Meche le trajo está mas calmada, sabe que los niños estarán bien; no es solo alejarse de los niños lo que la aflige está también la inseguridad por su maternidad, su cuerpo cambió un poco, su figura la ha recuperado por completa en el poco tiempo que tiene de haber dado a luz, pero ella se siente diferente será que Juan me deseará igual? Se pregunta.
Mientras eso ocurre, a Juan camino a la habitación le retumban las palabras de Meche sobre el estado de ánimo de Mónica y recuerda haber escuchado a Amanda decir que las mujeres después de dar a luz eran más sensibles y dejar a sus criaturas en una habitación diferente la primera vez era un poco difícil.
En la cocina Joaquín, Azucena y Facundo están celebrando todo lo ocurrido y las carcajadas se oyen desde el comedor donde Meche se encuentra con Lila que ya va para la habitación; al llegar a la cocina ella con una queja les reclama el ruido.
Meche: bueno! Que van a despertar a los niños.
Facundo: no te enojes mi Mechita, que estamos muy contentos con todo lo ocurrido hoy.
Azucena: si Meche, ya era tiempo que Juan y Mónica volvieran a ser los de antes, cuando recién se casaron.
Joaquín: es cierto, cuando yo entre a trabajar en casa de los señores, ellos se veían muy contentos aunque algunas personas no lo quisieran
Azucena: bueno, y reconozco que en ese tiempo me porté mal con Mónica, pero las cosas han cambiado y se que ella es la felicidad para Juan.
Meche: bueno, bueno acepto todas las disculpas, yo también estoy muy contenta por los patrones.
Azucena ve como facundo mira a Meche y se dirige a Joaquín.
Azucena: vamos Joaquín, ya tengo sueño y quiero que me des uno de tus masajitos
Joaquín: te aprovechas, no más porque sabes que no te puedo decir que no!
Jajajaja risa general.
A solas
Facundo: que bueno que Juan aplazó el viaje para mañana?
Se lo dice tomándola de las manos- bueno,también está que el hecho que mañana se van
Meche: si, pero veras que pronto regresamos. -Le sonríe con ternura.-
Facundo: Meche este te puedo dar un besito? un poco pudibundo.
Meche aun sonriendo le responde moviendo la cabeza positivamente.
El se acerca dándole un corto beso, tierno y casto.
Facundo: te prometo que todo estará listo para cundo regresen, ya Juan me dijo donde queda la casita que nos regaló y es cerca de la Taberna.
Meche: ha sido muy bonito ese detalle de los señores, doña Mónica también me dijo que nos regalarían unos muebles.
Facundo esta vez sin preguntar se acerca nuevamente a ella dándole un nuevo beso esta vez más apasionado que el primero ella no lo rechaza, es tan diferente todo esto a lo vivido en el pasado, ella había decido mejor olvidar y crear una nueva vida con Facundo; para él Meche representa una oportunidad de vivir y amar, ella es una buena mujer y realmente nunca le importó lo ocurrido en su pasado, ella fue una victima más de Bautista.
Pronto ella lo empuja un poco, su intento por invadir su boca con su lengua la perturba un poco, el sin enojo acepta su rechazo y con una gran sonrisa
Facundo: creo que ya es tarde, mañana vengo temprano antes que te vallas. mientras dice esto se ha levantado de la mesa y se dirige a la puerta de atrás-
Meche: esta bien, buenas noches le contesta sonriendo.
De regreso a la habitación
Mónica recuerda su primera vez lo nerviosa que estaba.
Escucha la puerta abrirse.
Juan: todos te mandan sus saludos ella con una sonrisa se acerca a él y él le da un beso.
Juan: como te sientes? apoderándose de su cintura.
Mónica: bien! Pasando sus brazos por el cuello de él.
Juan: ellos estarán bien Meche no permitirá que pase algo malo -mirándola a los ojos-
Mónica: cómo? Murmura atónita por las palabras de Juan.
Juan: si quieres nos pasamos a la habitación ella no lo deja terminar
Mónica: no, no es necesario.
Juan la besa nuevamente en los labios, es un beso que arde, luego le susurra al oído Ha pasado mucho tiempo
Mientras sus manos acarician su talle y la despoja de la bata.
Mónica al escuchar esas palabras reafirma cuanto la desea y se olvida de todo temor o inseguridad que pudiera tener.
Poco a poco los besos se hacen más intensos, y las caricias ardientes, se desean y se necesitan, sus respiraciones se aceleran y Mónica emite uno que otro gemido aumentando en Juan su excitación...
Él la lleva en brazos y la tiende en el lecho ella se deja arrastrar recibiendo cada beso, cada caricia como la última
La besa ahora con más ímpetu, su lengua adentra en la de ella y se desliza por su cuello hasta llegar a sus pechos, los que ahora por la maternidad están mucho mas llenos y los pezones más crecidos él saborea y disfruta mientras que ella se enardece y exclama un sollozo
Sus manos recorren su cuerpo arrebatándole la pijama por completo, la observa electrizado ella embriaga de él, de su olor su sabor se muestra dispuesta él ante su desnudes su virilidad la exige!, la clama! si antes su sangre le circula al 100% ahora es al 200% y quitándose sus pantalones él se ladea sobre ella y la besa nuevamente, ahora ella como si bailaran al compás despeja el camino para que él lenta y suavemente penetre en su ser y siendo uno navegasen según el movimiento de las olas todo este tiempo separados la pasión se desborda
Pasados los minutos de mayor frenesí, sus cuerpos uno al lado del otro no se separan, siguen besándose con besos golosos Juan nota un leve temblor en Mónica.
Juan: tienes frío? Le susurra
Mónica: un poco
Entonces él busca las cobijas para cubrirse tal era su abstracción, que en todo ese tiempo después de hacer el amor no se habían dado cuenta que la noche estaba bastante fría, las corrientes de aire que entran por la ventana del cuarto son fuertes.
El se detiene y la observa nuevamente
Juan: Mónica, desde él día de nuestra boda he sido tuyo y mi mayor defecto han sido los celos, una vez me lo dijo don Noel pero quiero que sepas que eso cambiará y es preciso que me perdones por
Ella no lo deja terminar shuuuuu coloca su mano en sus labios- eso ya es pasado Juan, por el bien de los dos debemos olvidar - él la mira con devoción- ahora te replico que soy tuya, desde mucho antes de casarnos mi vida y mi alma dejaron de pertenecerme para pertenecerte a ti! te acuerdas?
Juan: si, que me haces que me sigues embrujando, Mónica?
Mónica: es solo amor Juan, solo amor
El se acerca y la besa haciéndole el amor una vez más
En la mañana en casa de Don Noel y Amanda.
Amanda: eh! Noel pero, a donde vas tan temprano?
El ya se encontraba listo para salir, se había acercado a darle un beso pero sin querer la ha despertado.
Don Noel: ah! Que torpe he sido, sigue descansando Amanda, solo voy al juzgado para darle por terminado ese asunto de Bautista.
Amanda: y ese hombre
Don Noel: no te preocupes todo saldrá bien.
Amanda: vendrás por mi para despedirnos de Mónica y Juan?
Don Noel: si, trataré de resolver las cosas lo más pronto posible, creo que parten al medio día.
Escrito desde Jul 18, 2009, 8:57 PM
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PARTE XXXVI
by Cris (no login)Tocan.
Meche: con permisobuenos días.
Mónica: buenos días Meche, tienes todo listo?
Meche: si, venia por los niños y a avisarles que en la mesa ya esta servido el desayuno.
Juan: segundo ya llegó.
Meche: también y ya se llevo las maletas. Meche le recibe el niño a Mónica, esta le besa en la frente.
Juan: bueno, entonces bajemos a desayunar!
Mónica se coloca su levantadora de dormir.
Meche: yo me llevo a los niños, Azucena me espera para bañarlos.
En casa de Juan y Mónica
Mónica despierta y Juan la esta observando, tiene en los brazos los niños.
Mónica: que me ves? Tomando a Juan Francisco y acariciando a Ana Catalina.
Juan: lo hermosa que te vez al dormir
Mónica: no es cierto jaja...
Juan: si lo es no sabes cuanto deseaba estar así! Juntos amándonos ahora con nuestros hijos.
Mónica: yo también
El la besa y la acaricia
Juan: eres tan suave Santa Mónica. El cree que va a regañarlo por decirle así
Juan: pensé que no te gustaba que te llamara así?
Mónica: ahora si!!
Juan: Santa Mónica
Mónica: ummm Juan, me has hecho la mujer más feliz!
Juan: y tu, el hombre mas dichoso la besa y se abrazan.
En casa de Andrés están tomando el desayuno
Dolores: Raúl quiero ir a despedir a Mónica.
Raúl: si amor, no te preocupes ya vamos!.
Andrés: yo voy con ustedes por supuesto, pasamos por Teresa? Creo que también le agradaría ir.
Al rato ya están listos para salir, doña Catalina ha llegado a despedirlos y la dejan en el convento de paso al muelle.
Doña Catalina: cuídate hijita, Juan cuídelos mucho.
Juan: no se preocupe, señora.
Mónica: adiós mamá.
Camino al muelle
Mónica: creí que la señorita Elvira!... venia con nosotros?
Juan: no, ella se fue ayer después de la misa.
Mónica: pero si tu me dijiste
Juan: lo hice, porque quería ver hasta donde llegarían tus celos
Mónica: entonces te diste cuenta
Juan: si, y eso me alago mucho.
Mónica: que presumido!
Juan: de tener al amor de mi vida? De tener la familia que siempre quise?
Mónica: entonces eres un hombre con suerte!
Juan la toma y la besa
Están en el muelle abordando, llega Don Noel y Amanda a despedirse.
Don Noel: Juan! Mónica! Buenos días.
Juan: buenos días Don Noel, Amanda.
Don Noel: queríamos despedirnos; saber a donde van siempre es bueno, por si se presenta algo
Juan: tiene razón Mónica, a donde vamos?
Mónica: no se tu me dijiste que era un viaje de negocios.
Juan: ahora lo más importante somos nosotros, lo del viaje de negocios solo lo use porque quería que vinieras conmigo, aunque fuera solo por los niños y ya vez
Don Noel: ya ves Mónica, yo tenía razón.
Mónica: Juan, eres un presumido
Juan: realmente viajaremos por la costa, no quiero arriesgarme con los niños, que te parece Mónica?
Mónica: como tu quieras.
Amanda: miren quienes vienen.
En eso ven llegar a Teresa, Andrés, Dolores y Raúl.
Andrés: hermano, estamos abusando de ustedes pero no podíamos dejarlos ir sin despedirnos. El le da la mano y un gran abrazo.
Juan: gracias Andrés. Devolviéndole ese saludo.
Dolores: prima, cuando regreses me escribes y me cuentas de tu viaje, espero la pasen de maravilla.
Mónica: gracias prima, yo también espero tener noticias tuyas.
Mientras las damas charlan..
Don Noel: Juan, la sentencia de Bautista ya se dio, lo enviaron a Tampico a trabajos pesados unos buenos años.
Andrés: pero si allí está
Juan: Alberto! Si, Dios los cría y el diablo los junta! Dice el dicho.
Don Noel: bueno, lo importante es que no volverá a molestar.
Una vez más se despiden con abrazos y buenos deseos y el Santa Mónica parte dejando tierra firme
Escrito desde Feb 19, 2009, 9:17 PM
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PARTE XXXVII
by Cris (no login)
Hombreeee al auguuaaaa!!!! Se escucha el grito del vigilante nocturno, la tormenta se vuelve mas violenta a medida que los minutos pasan, toda la tripulación del barco se encuentran en sus lugares, uno de los marineros que se encontraba en proa resbalo cayendo al agua y un compañero le tira una soga subiendo sano y salvo a la embarcación.
Todos los pasajero se encuentran en sus lugares, los niños lloran y las mujeres rezan, han sido horas de mucha angustia, el mar ha dado duros golpes a la nave; están cerca a la costa, el capitán ha cambiado el rumbo con el fin de evitar un poco la tormenta pero es en vano la furia del mar ha roto el casco de la nave y el agua empieza a inundarlos
Sofía de Alcázar la distinguida dama de San Pedro no sabe que hacer, se refugia en la oración pero la naturaleza no perdona, escucha a lo lejos el grito de los niños y las otras mujeres, la de los hombre indicando que deben dejar el barco, ella no sabe que hacer todas sus cosas, ¡!mis vestidos, mis joyas!! Se dice no las puedo dejar, toma la maleta mas pequeña y guarda dos de los vestidos y todas las joyas, el dinero que posee y sale de la recamara, pronto se da cuenta que ya hay agua en el pacillo y se apura a subir a cubierta, la tormenta se torna eléctrica y todo es caos solo hay tres botes para emergencias que ya están casi llenos sin embargo ella obtiene un cupo.
Unos minutos más y el barco se ha hundido, en su bote solo hay mujeres y niños, no saben donde están ni a donde dirigirse, las olas terminan por voltear el bote y un gran golpe recibe Sofía que hasta ese momento no soltó su maleta.
Unas semanas mas tardes en casa de Andrés, este se encuentra acompañado de don Noel.
Juanita: con permiso señor, un mensajero del puerto ha llegado.
Andrés. Hazlo pasar.
Andrés: que cree Usted que puede ser, don Noel?
Don Noel: esperemos.
Tocan
Mensajero: con permiso
Andrés: siga!
Mensajero: el señor Andrés Alcázar?
Andrés: soy Yo!, en que le puedo ayudar?
Mensajero: traigo este mensaje de la capitanía del puerto.
Andrés: de que se trata? (su voz se torna impaciente; a su mente los malos pensamientos lo llevan a)
Don Noel: calma Andrés, leer de una vez y saldremos de dudas. (Aunque don Noel se muestra sereno, su corazón también se acelera ante el mensaje desconocido)
Andrés: El capitán Gómez Méndez notifica naufrago sus manos aprietan el papel como si lo que sus ojos le hacen leer pudiese borrarse de un tirón barco LOMAIRE con destino España, Sofía de Alcázar tripulante de la nave desaparecida, sírvase presentarse para saber más detalles Don Noel, es mi madre!
Don Noel: si Andrés, doña Sofía ten esperanzas hijo, pero vamos! Vamos y buscamos al capitán!
Andrés: si, vamos!
Rápidamente han salido del despacho y el mensajero detrás suyo Juanita intrigada por la prisa de los caballeros detiene al mensajero..
Juanita: muchacho, que ocurre?
Mensajero: no se, creo que un naufragio.
Juanita: pero de quien? su curiosidad es mucha
Mensajero: no lo se! Dejándola sin más razones.
Mónica: Que días tan hermosos Juan.
Ellos se encuentran en su recámara después del almuerzo, han pasado dos meses desde que partieren de san Pedro y están de regreso; su viaje se ha prolongado pues Juan a encontrado a su paso buenas alternativas de negocio y Mónica ha estado muy atenta pues disfruta como él lleva a cabo sus negociaciones.
Juan: te ha gustado nuestro viaje?
Mónica: si, nuestras costas son hermosas y tu me has enseñado a amar el mar a verlo de otra forma, si te soy sincera siempre he temido viajar en barco, pero contigo me siento muy segura, gracias dándole un beso suave en los labios
Juan: Te amo, mi santa Mónica. Diciendo esto va recorriendo con sus manos por su espalda y respondiendo a ese beso que ella le da con uno más incitante.
De momento se escucha el tocar de la puerta un tanto brusca y se escucha la voz de...
Segundo: Juan! Creo debes venir!
Mónica: que ocurrirá?
Juan: voy a ver, ya te cuento.
Mónica: yo voy con los niños.
Juan: si.
Al salir Juan de la habitación, ve en Segundo una cara de temor.
Juan: que pasa?
Segundo: disculpa Juan, pero creo que debes ver esto.
Los dos van a cubierta, el cielo está nublado completamente y está tan oscuro como si fuera noche.
Juan: creo que va ser una gran tormenta.
Segundo: si Juan, será mejor desviarnos un poco, no crees?
Juan: si, gira a estribor y lleguemos a Islas de las mujeres, esperaremos allí que pase este tiempo, no quiero repetir la tormenta de hace unas semanas, por Mónica y los niños.
Segundo: esta bien Juan.
Pedro se les acerca y le cuentan lo decidido, luego Juan va a contarle a Mónica.
Mónica: Meche, están dormidos?
Meche: no señora, véalos! no dejan de jugar, quieren salirse de la habitación.
Mónica se acerca y ellos reaccionan ante su voz, extendiéndole los brazos para que los cargue, ella se arrodilla y los consiente.
Mónica: hola mi niña, estas inquiete hoy y tu mi rey pesas un poco más
Meche: como no señora, si ya comen de todo, ayer Lala comía una banana y tocó darle una a el también, su mamacita los ha de encontrar muy grandes cuando regresemos.
Mónica: si, le he mandado un telegrama avisándole que pronto estaremos de regreso, supongo que eso te emociona Meche?
Meche: no lo niego, estos meses lejos de Facundo lo he extrañado.
Juan escucha eso ultimo acercándose a Mónica que en ese momento veía desde la ventana el mal tiempo que se venia y exclama un poco alarmada. Pero que es eso?
Juan: eso es una nueva tormenta Mónica, no te preocupes, no se preocupen mirando alrededor a sus oyentes, nos desviaremos a una isla cercana.
Mónica: si llegaremos a tiempo Juan?
Juan: si, Mónica no tardaremos más que media hora, ya había pensado en detenernos allí, es una isla pintoresca y encantadora, que se localiza cruzando la bahía.
Mónica: y cual es su nombre?
Juan: Isla Mujeres
Una risa burlona se escucha, son Mía y Lala a quienes causa gracia el nombre.
Todas se contagian de la risa mientras Juan toma en brazos a Ana Catalina.
Juan: me acompañas a proa Mónica?
Mónica: si. Mientras lleva en los suyos a Juan Francisco.
Esa tarde en casa de Don Noel
Amanda y Teresa, toman el te en la sala.
Teresa: Amanda no sabe si Mónica le escribió a su madre?
Amanda: si, me encontré con ella en la mañana y me dijo que pronto estarán de vuelta, los niños están muy crecidos le comentó en su nota.
Teresa: por supuesto, como los extraño sus caritas tan pequeñitas y su ternura se queda un poco pensativa
Amanda: ya tendrás los tuyos Teresa.
Teresa: si, pero mientras no encontremos a doña Sofía, Andrés
Amanda: ya vas a ver que pronto sabremos de ella, Andrés pronto la encontrará y todo será un mal recuerdo.
Teresa: espero que sea así, ahora que está de viaje me hace mucha falta, será que si la encuentra? Podría estar muerta
Amanda: confiemos que Noel ayude a Andrés si esa fuera la realidad.
Teresa: que malas noticias tendremos a Mónica y Juan cuando regresen.
Amanda: si, también Juan ayudará a Andrés para que acepte lo que sea que deba aceptar.
Escrito desde Mar 30, 2009, 8:17 PM
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PARTE XXXVIII
by Cris (Acceso crispires)
Moderadoras
En la Proa del Santa Mónica, los vientos son fuertes y Mónica ha hecho entrar a los niños pues prefiere evitar un resfriado.
Ellos abrazados mirando el horizonte
Juan: veras que te agradará esta isla, fue descubierta por los españoles, originalmente la isla estaba consagrada a Ixchel, diosa maya de la Luna, el amor y la fertilidad, sus creyentes traían ofrendas con formas femeninas dejándolas en la playa, por eso le dieron este nombre a la isla; cuentan que las mujeres mayas debían hacer un peregrinaje a la isla como parte de su paso de niña a mujer
Mientras habla, ella lo observa extasiada.
Juan exclama con fuerza: Mira el faro maya, Mónica!
Mónica: es muy hermoso Juan ella admira la belleza de la construcción una de las pocas que quedaran después de la conquista.
Juan: ya pronto llegaremos al puerto, vez que no tardaríamos!
Mónica: eso me tranquiliza Juan, y nos quedaremos en el Santa Mónica o bajaremos?
Juan: veremos que pasa, no te parece?
Mónica: como tu quieres, yo confío en ti regalándole una sonrisa que ilumina su rostro pero sígueme contando Juan.
Juan: bien, cuentan que fue también refugio y hogar de famosos piratas, tratantes de esclavos, como Fermín Mundaca de Marecheaga quien se apoderó de gran parte de la isla y fundo la Hacienda Vista Alegre dedicándose a la agricultura y la crianza de animales.
Mónica: que aguas mas claras!
Juan: si, sus aguas transparentes a veces se pueden ver delfines y tortugas; ahora ya estamos llegando al puerto, el nombre de la ciudad es Dolores.
Siguiendo las leyes de los puertos, Juan acompañado por Pedro han desembarcado dirigiéndose a la capitanía del puerto; allí deben presentar los documentos que lo acreditan como dueño del Santa Mónica, cuantos ocupantes abordan en ella y declarar los motivos que lo traen a la ciudad.
Al llegar a la puerta de la oficina un guardia les informan que el comandante del puerto se encontraba dentro y que su nombre era Eduardo Piedrahita Khol, Juan pide que lo lleve donde él.
Juan: buenas tardes.
El comandante es un hombre alto y fornido, por el color de sus ojos y sus cabellos le delata su descendencia alemana, la edad podría decirse de unos 55 o 60 años; causa buena impresión al vérsele.
Cte. Piedrahita: Buenas tenga caballero.
Juan: Juan de Alcázar y Valle y mirando a Pedro también lo presenta.
Cte. Piedrahita: mucho gusto señor Alcázar, he escuchado hablar sobre las tierras prosperas de su familia pero no sabía que también se dedicaran a la navegación, pero por favor tomen asiento.
Juan: gracias, bueno así es, el negocio de la familia siempre a sido la agricultura y la cría de animales, pero Yo siempre he sido un marinero a lo mejor a oído también hablar de Juan del Diablo (Juan espera ver la expresión del rostro del comandante, este no muestra mucha extrañeza)
Cte. Piedrahita: por supuesto, muchos hablan de él y en muy buenos términos. Por qué lo menciona?; es una casualidad que Usted se llame así? o
Juan: como lo está pensando comandante, yo soy ese Juan del Diablo. Hasta hace poco recibí el nombre de mi padre como hijo legitimo, espero que usted no tenga inconvenientes con ese detalle.
Cte. Piedrahita: por supuesto que no, señor Alcázar, pero dígame que lo trae a esta hermosa isla?
Juan: pues nos hemos topado con un mal tiempo, un poco parecido al de unas semanas atrás, viajo con mi familia y no quiero ponerlos en peligro, con suerte en aquella ocasión pudimos también llegar una isla cercana y como dentro de mi ruta estaba visitar la isla este temporal solo la adelantó.
Cte. Piedrahita: aH! También viaja con su familia! Seria un gusto conocerlos.
Juan: cuando guste.
Cte. Piedrahita: le avisaré a mi esposa para recibirlos en casa pronto, ahora no lo quiero atrasar más supongo que su esposa lo espera, dígame por último, cuantos viajan con Usted?
Juan: se lo agradezco, somos 18 personas en total comandante.
Cte. Piedrahita: tomo nota secretario?
Secretario: si señor.
Cte. Piedrahita: es todo señor Alcázar.
Juan: muchas gracias, buenas noches.
Comandante y secretario: buenas noches.
Al salir de la oficina un hombre joven de cabellos negros, de cuerpo atlético y ojos vivos, se les acerca Juan Juan del diablo! Yo lo sabía, no me fallaron estos ojos! Con una gran alegría ha dicho estas palabras.
Juan un poco extrañado observa al joven y de repente lo recuerda Miguel?
Miguel es uno de los tantos muchachos que Juan ayudó para que dejaran de robar y tomaran el buen camino; por un tiempo le enseñó el negocio del comercio, la navegación, pronto obtuvo el aprecio de los otros comerciantes logrando negocios muy productivos tanto para Juan como para él y así en pocos años pudo compra su primera embarcación; para Juan fue satisfactorio ver de nuevo aquel muchacho.
Miguel: si Juan, Miguel. Este se acerca aun más y le da un fuerte abrazo a Juan, este le responde por igual.
Juan: Pero Miguel, como es que te encuentro por estas tierras?
Miguel: hace tres años vivo en esta Isla los negocios Juan, tú más que nadie sabe Juan.
Juan: sigues en el negocio del comercio?
Miguel: si Juan, ahora ya tengo mi capital y soy mi propio jefe y todo gracias a ti.
Juan: perdón Pedro, mira, te presento a Miguel.
Miguel: mucho gusto Miguel Espinoza a sus ordenes; pero dime Juan que te trae a estas tierras.
Juan: el tiempo que se avecina, viajo con mi familia y no quiero exponerlos a los peligros de las tormentas.
Miguel: si, ha estado muy fuerte en los últimos tiempos, la última tormenta nos afectó bastante, a nuestras playas llegaron restos de un barco y Yo me encontré a una de sus tripulantes escuché bien pero! Familia? Tu? Se admira al escuchar hablar a Juan sobre su familia.
Juan: si Miguel, ahora tengo una esposa y dos chamacos
Miguel: chamacos? Como que son muchas noticias Juan, que te parece si celebramos con un trago este reencuentro.
Juan: pero será en el Santa Mónica, vamos!
Miguel: ah si, de donde te vi bajar. Pero y el Satán Juan?
Juan: ya lo sabrás.
Camino al barco Juan le cuenta a Pedro como conoció a Miguel, este emocionado también comparte su experiencia al conocer a Juan.
En una posada del camino, Andrés ha decidido descansar, las horas de viaje lo han agotado; después de solicitar un cuarto para él y José su acompañante de viaje y merendar un poco toma un baño renovador; le ha dado ordenes a este de llevar los caballos al establo y que también les diera de comer. -Partiremos cuando los rayos del sol se asomen, José!- le indica.
Sentado en la habitación y con una copa de tequila en sus manos pues es lo único que allí venden, se detiene a meditar y organizar toda la información que tiene que lo pueda llevar a encontrar a su madre.
Ya hace unas tres semanas que partió de San Pedro dirigiéndose a los lugares donde se encontraron restos de Morelia así se llamaba el barco que doña Sofía de Alcázar tomara para huir de la justicia, en Santa Clara el primero de esos lugares que ha visitado no obtuvo mayor información, llegó a San Felipe y solo halló restos del barco, algunos náufragos pero de su madre nada.
Ahora descansa en Kan Kun población isleña de pocos habitantes, tiene una última esperanza, en la mañana se dirigirá a una isla cercana; según le dicen, allí hay sobrevivientes del barco.
En el Santa Mónica
Mientras la brisa se hace más violenta a raíz de la tormenta que se desborda mar adentro, todos los pobladores de la ciudad se retiran a sus casas, cubriendo las ventanas para evitar la furia de la brisa. El Santa Mónica se menea en el muelle sin menores contratiempos, Juan se dirige al comedor donde le informaron que se encontraba Mónica.
Mónica: Juan, ujjum como te fue? Dejándose besar por el.
Juan: bien, me extrañaste? Tomándola de su cintura y trayéndola hacia el.
Mónica: sabes que si, cada minuto lejos de ti, me hace anhelarte aun más. Mutuamente sonríen, sus miradas clavando el uno en el otro hacen del momento como si estuvieran suspendidos en tiempo, espacio y lugar, son solo ellos, no existe nadie más en ese momento. Pero Juan recuerda que tiene la visita de Miguel
Juan: Eh!! Se me pasaba, tenemos visita.
Mónica: visita? De quién?
Juan: Miguel, es un viejo amigo mío, ahora vive en Dolores y me lo encontré en la oficina del capitán del puerto; por cierto nos ha invitado a tomar la merienda mañana en su casa. Ven vamos!
Mónica: pero cuanto te rindió tu descenso a tierra, amor. Deja que este la guie a cubierta.
Pedro, Miguel, charlan con Segundo que al verlo le ha recibido con un fuerte abrazo; están poniéndose al día de cuanto les ha ocurrido desde que este empezó a trabajar por su cuenta, por supuesto también lo pusieron al día con respecto a la vida de Juan. Al verlo venir acompañado de Mónica
Miguel: no cabe duda Juan, tu mujer es muy hermosa!
Mónica sonríe ante el alago.
Juan: ya lo se!, mira Mónica el es Miguel.
Miguel: buenas noches señora, permítame como Juan lo ha dicho mi nombre es Miguel del mar por así decir que tengo un apellido.
Todos se han reído ante las ocurrencias del joven.
Sigue hablando: a Juan lo aprecia mucho, él me sacó de las malas compañías y de la delincuencia. Lo mira con ojos de gratitud.
Juan: Miguel, no nos vamos a poner sentimentales, ven pasa ya pronto merendamos.
Miguel: pero sin avisar? Seguro la señora no sin dejarle terminar de hablar.
Mónica: por mi no hay problema, todos los amigos de Juan son bienvenidos, por favor pasemos a la mesa.
Han tenido una velada muy entretenida, marineros con grandes historias por contar y momentos que recordar, así, pronto se hizo de madrugada, Mónica se estuvo un buen rato pero el sueño la venció, con todo cuanto había escuchado sabia que tardarían mas de una noche en ponerse al corriente. Juan la acompaña a la habitación. Juan: trataré de no tardar.
Mónica: Juan, sabré esperar. Y con un beso intenso se retira Juan de la habitación.
Escrito desde Jul 18, 2009, 10:56 PM
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PARTE XXXIX
by Cris (no login)
Han pasado solo unas horas, Juan despierta, Mónica aun duerme, la mira (en silencio la observa) cuanto te amo santa Mónica nunca pensé que todo mi mundo lo pudiera colmar una mujer; pero tú
Todos estos pensamientos desaten su pasión, el contacto de su piel siempre tan suave, sus cabellos sueltos tan brillantes como el sol que se levanta sus manos recorren su cuerpo; ella en medio de su somnolencia reacciona ante las caricias de él
Juan: buenos días
Mónica con una sonrisa que ilumina la habitación para él le responde ummm buenos días, haz dormido?
Juan: un par de horas, pero son suficientes -el le responde entre besos.
Ella comprende las intenciones de Juan, su cuerpo ha empezado a reaccionar ante sus caricias, ya no se pertenece la pasión también la envuelve su respiración se acelera y sus pechos estimulan el deseo en Juan quien bebe del néctar de su piel ya él ha rasgado con suavidad sus ropas no hay nada que evite el contacto de sus cuerpos que arden
http://img6.imageshack.us/img6/1127/cs61jyme.jpgJuan: Mónica! Me tienes enajenado! Solo se escucha su jadeo su cuerpo vibra al sentir los labios y las manos que la exploran ella le concede todo cuanto el desea después de sentirlo dentro, su gemir se aviva ya son uno los dos se imploran el uno al otro han llegado al clímax sus ímpetus han aminorado, los temblores en Mónica se disipan y Juan una vez relajado la acuna en sus brazos.
En San Pedro
Azucena regresa del mercado y se encuentra con Amanda quien parece ir muy a prisa.
Azucena: buenos día señora Amanda.
Amanda: buenos días Azucena, cómo has estado? Su semblante es de preocupación.
Azucena: Pasa algo?
Amanda: no, no te preocupes no es nada de importancia, disculpa Azucena debo llegar pronto con Noel, hasta luego.
Sin más sigue su camino rumbo al juzgado; Azucena por más que Amanda le dijera que nada pasaba no quedó tranquila.
Amanda no tarda mucho en llegar al juzgado, entra y sin preguntarle al secretario entra a la oficina de don Noel
Amanda: Noel!! Se abraza a él muy angustiada y empieza a llorar.
Don Noel la intenta tranquilizar: Amanda calma, calma
Amanda: Noel, es Ifs! Es Ifs! Toma!
No puede dejar de llorar y le entrega un telegrama que acaba de recibir, don Noel lo lee: Agradezco su colaboración, Mariana delicada de salud, esperamos su visita. Marcelo
una vez hecho esto pliega el papel como queriendo desvanecerlo; ahora comprende la actitud de Amanda, pero debe mostrarse fuerte y ayudarla a salid de ese estado Amanda, tranquilízate mujer! Ya veras que Marina saldrá adelante, es primeriza y a lo mejor Marcelo está un poco preocupado y preferiría que estuviéramos con ellos.
Amanda: ifs, pero para escribirnos esa nota tan directa? Yo conozco a Marcelo y si me manda a buscar es por algo grave Noel.
Noel: bueno, si fuera así creo que con esa actitud no vas a solucionar nada, ahora mejor vamos a casa, yo te acompaño y preparamos todo para el viaje.
Amanda: vendrás conmigo Noel, Y tus asuntos?
Noel: por supuesto, Mariana es mi hija y su hijo mi nieto, nada es más importante que eso, los pendientes los dejaré a cargo del juez de Frontera.
Andrés se embarca en una goleta pequeña rumbo al lugar donde dicen también encontraron restos del barco Morelia.
Andrés: capitán, buenos días.
Capitán Sevilla: buenos días Sr Alcázar, estamos listos para partir cuando usted disponga.
Andrés: bueno, no tardemos más.
En el Santa Mónica
Les han servido el desayuno
Meche: Desea algo más señor Juan?
Juan: gracias meche, ya estoy satisfecho. Mira a Mónica memorando esos momentos de la mañana; ello lo percibe y sus mejillas se sonrojan un poco.
Mónica: Meche ya los niños están listos?
Meche: si señora.
Mónica: Juan, cuanto tiempo estarnos en Dolores? No quisiera tardar en regresar, ya lo sabes.
Juan: no te preocupes, pronto partiremos, estas preocupada por Azucena
Mónica: si Juan, ya sabes que pronto podría nacer su hijo y quisiera que estemos presentes.
Juan: si, también me gustaría escucha que alguien se acercaah! Miguel sigue!
Miguel: no quisiera interrumpir perdón! Buenos días señora. Ella le sonríe.
Juan: no interrumpes, ándale siéntate; ya desayunaste?
Miguel: si, gracias.
Juan: Mónica, cuando gustes desembarcamos.
Mónica: esta bien, ya estamos listas.
Después de bajar del Santa Mónica todos se dirigen al Hotel Santiago.
Es un hotel pequeño, unas 5 o 6 habitaciones. Ahora está desocupado así que Juan decide alquilarlos todos para que todos sus colaboradores puedan descansar en tierra por lo menos un día; los niños se q quedan con Meche y las nodrizas en la habitación siguiente de la de ellos.
Una vez instalados.
Juan: Mónica, deseas darle un recorrido la pueblo?
Mónica: si, me encantaría Juan podemos pasar por la iglesia?
Juan: por supuesto! Acercándose a ella y dándole un beso.
En casas de Eduardo Piedrahita.
La esposa del comandante es una mujer joven, Diana Santana Olivares, de familia distinguida de Campeche, su matrimonio como muchos de la época fue programado por las familias pero bajo el consentimiento de ella, su padre León Santana Cuestas deseaba la felicidad de su hija así que antes del matrimonio propició el trato entre Diana y Eduardo, aunque este, estaba en su gran mayoría de viaje por su profesión, en el tiempo en que se trataron se enamoraron; son ya cinco años de matrimonio, los hijos tardaron un poco en llegar pero Eduardito tiene 2 y Diana se encuentra de encargo ahora.
Viven felices en Dolores y son muy devotos de la virgencita de Guadalupe, por lo que ayudan sin interés alguno a la iglesia y a las monjitas de la Providencia.
Eduardo: Diana, tenemos visita en el pueblo, es Juan de Alcázar y valle que viaja con su familia.
Diana: Alcázar
Eduardo: si, los Alcázar de San Pedro, están de viaje y ahora que están de regreso a San Pedro los detenido el mal tiempo en Dolores para nuestra complacencia.
Diana: así es, y los has invitado a la casa?
Eduardo: claro, déjame mando a investigar si ya se instalaron el hotel y les mando una invitación más formal, te parece?
Ella se encontraba acomodando unas sábanas mientras conversaban, él que es un hombre cariñoso con ella se le ha acercado y ha estado acariciando sus cabellos y para despedirse le ha dado un beso suave.
Diana: está bien.
En la plaza
La familia Alcázar Altamira dan su recorrido guiados por Miguel, la ciudad es un poco más pequeña que San Pedro, sus calles apedreadas y las casas de grandes ventanales para permitir el acceso de la brisa que viene del mar.
Han llegado a la Iglesia de la Inmaculada, a Juan lo detienen en la entrada un mensajero mientras Mónica y los niños ingresan.
Es muy bella sus altos techos dorados y un altar resplandeciente, las amplias ventanas refrescan el lugar los niños han estado calladitos y a esas horas no hay mucha gente; Mónica se acerca a la imagen de la Virgen de la Inmaculada y se arrodilla ante ella.
Mientras Juan en la entrada
Juan: que pasa?
Mensajero: señor Alcázar, de parte del capitán Piedrahita. Espero la respuesta.
Juan lee el mensaje.
Juan: dile que con gusto estaremos en la tarde en su casa,
Mensajero: esta bien, con permiso.
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PARTE XL
by Cris (no login)Cuando Andrés se acerca al puerto divisa al Santa Mónica; para él, en cierta forma es un alivio, tener a Juan y Mónica en esos momentos donde todas las esperanzas están cerca de acabarse.
Andrés: mire capitán mostrando la gran embarcación tenemos buena compañía.
Sevilla con una mueca responde ante el comentario de Andrés.
Luego de desembarcar, Andrés se dirige al Santa Mónica.
José: don Andrés!
Andrés: buen día José, me podrías indicar donde encontrar a Juan, porque supongo que no esta aquí?
José: buen día don Andrés, los señores abandonaron el Santa Mónica en la mañana y escuche decir que buscarían un hotel, un amigo del patrón los iba a llevar.
Andrés: esta bien, gracias.
Cap. Sevilla: seguro están en el único hotel del pueblo, vamos a reportarnos y luego lo llevo hasta allá.
Como lo hiciera Juan, Sevilla reporta su arribo a la isla y el motivo; Andrés a esperado fuera de las oficinas, en esos momentos a llegado Eduardo Piedrahita y notando su casta lo aborda presentándose.
Eduardo: buen día caballero
Andrés ante el rango del uniforme responde al saludo.
Andrés: buen día.
Eduardo: permítame presentarme Eduardo Piedrahita Khol.
Andrés: mucho gusto, Andrés Alcázar y Valle.
Eduardo: que coincidencia, su hermano está también en la isla!
Andrés: si, vi el Santa Mónica en el puerto, el capitana Sevilla me a traído hasta acá pero no precisamente para encontrarme con él. - su cara muestra dolor
En ese momento Sevilla salia de las oficinas
Sevilla: Eduardo buenos días-
Eduardo: Aníbal buenos días, cuando llegaste? Su saludo es fraternal Dirigiéndose a Andrés- sería para mi un honor contar con su presencia esta tarde en mi casa, ya su hermano a aceptado la invitación.
Andrés: agradezco su gentileza comandante si el motivo que me trajo hasta aquí me lo permite. -En ese momento, Andrés solo tenía un rumbo-
En la Iglesia de la Inmaculada
Mónica se encuentra frente a la virgen de la Inmaculada en sus oraciones, agradece todo cuanto tiene, en sus plegarias también se conjuran peticiones...
A su lado se encuentra una mujer de mediana edad; le recordó a su madre cuando la advirtió al llegar al lugar.
La mujer ha intentado levantarse del reclinatorio pero desfallece en el intento, Mónica se percata e intenta ayudarla, en ese momento Juan viene llegando hasta ella y logra sostenerla y colocarla en la banca.
Juan: qué paso?
Mónica: no se!, estábamos aquí y cuando se levanta se desmaya.
Juan: señora señora Meche, ve a ver si en la sacristía esta el padre!
Meche. Si señor.
Mónica: Lila, fíjate si en la bolsa de los niños hay alcohol y algodón. Tomando en sus brazos a Ana Catalina.
Mientras Juan insiste en despertar a la dama que poco a poco recobra el conocimiento.
Juan: señora, como se siente?
La desconocida aun no pronuncia palabra pero al ver a Juan este le causa una gran impresión esos ojos , ha pensado-
Juan: señora, me escucha?
Mónica: Espera un poco Juan, apenas si se sienta. Además, somos unos extraños para ella, mira! alguien viene.
Después de tomar completa conciencia de la situación la desconocida se dirige a la joven pareja que la ayuda: muchas gracias jovencitas- toma un poco de aire- son muy gentiles por ayudarme.
Mónica: no señora, no es nada, si que nos ha dado un gran susto. Pero cómo se siente?
La persona que se acercaba es Diana Santana, en su rostro se ve la preocupación, Meche la sigue después.
Diana: tía tía Paty. - se le nota si aflicción- se sienta a su lado- cómo te sientes tía?
Mónica y Juan retroceden un poco y miran a Meche.
Ella ablando bajito le cuenta que en la sacristía le dijeron que era pariente de la señora.
Doña Patricia: Diana, cálmate, no es nada. -Su tono de voz es de serenidad-
Diana: como no tía!, se lo dije cuando salimos del convento, era mejor regresarnos a la casa y descansaras! -Cambiando a un tono de reproche suave-
Patricia: hija, ya no importa, mira estos jóvenes tan atentos me han ayudado y mira que criaturitas mas lindas las que tienen.
Diana que por su preocupación no se percató de Juan y Mónica, ahora lo hace.
Diana: si, es cierto disculpen mi mala educación, muchas gracias por su ayuda.
Juan: no se preocupe entendemos perfectamente, pero permítame presentarnos, Juan de Alcázar y mi esposa Mónica de Altamira.
Diana: Mucho gusto señor Alcázar, señora Alcázar -Diana hace uso del protocolo correspondiente para estos casos e inclinando la cabeza un poco también se presenta- mi tía Patricia Hernández Murillo y Diana Santana Olivares de Piedrahita, mi esposo me comentó de su presencia en Dolores, sean bienvenidos y de nuevo muchas gracias por ayudar a mi tía.
Mónica: no fue nada. - Dirigiendo su mirada a doña Patricia- de verdad se siente bien.
Esta no ha quitado los ojos de Juan sin que se dieran cuenta los presentes.
Doña Patricia: si hija, ya estoy bien, muchas gracias. Responde con mucha amabilidad- Bueno Diana, no me habías dicho que los señores Alcázar irían a casa a merendar?
Diana: si tía Paty, aunque no se si Eduardo ya les envío el mensaje.
Juan: lo hemos recibido hace poco- mirando a Mónica-, ella comprende- y por supuesto que hemos aceptado tan gentil invitación.
Doña Patricia: en ese caso, nos disculpan si nos marchamos, porque ahora será para mí mucho más honor recibirlos en casa.
Mónica: doña Patricia por favor tenga prudencia, apenas si se le ve un mejor semblante.
Juan: así es y sin querer ser atrevido, esos tonos le hacen ver mucho más bellos sus ojos.
Doña patricia algo ruborizada: no es un atrevimiento hijo, en lo absoluto a mi edad esas monadas son cariño - mirando a Mónica- que galante y buenmozo caballero el que tiene por esposo Mónica, me permite llamarla por su nombre?
Mónica: claro que si doña Patricia- mostrando en su rostro una gran sonrisa y en sus ojos lo orgullosa que se siente por tener a Juan-
Juan solo sonríe
Diana: en ese caso nos despedimos.
Levantándose la banca donde se hallaba y ayudando a doña Patricia a levantarse también con permiso.
Mónica y Juan: sigan. Los dos observan a las damas salir de la iglesia-
En el Convento de las Hermanas de la Providencia
Andrés: Buenos días Madre superiora, mi nombre es Andrés Alcázar me podría ayudar?
Hermana Silvia: buenos días caballero si en algo le puedo colaborar, con mucho Andrés se entrevista con la superiora del convento, como encargada de este conoce todo lo que ocurre en el y por supuesto quienes son los enfermos que se encuentran internos en el dispensario del mismo.
Andrés: verá madre, vengo en búsqueda de mi madre, ella viajaba a España pero el barco en el que navegaba zozobró hace unas semanas
Hna. Silvia: quieres saber si está entre los enfermos del dispensario hijo.
Andrés: si madre, aquí es e último lugar mi última esperanza- ha bajado el tono de su voz al pronunciar esta palabra -su rostro se ve muy afectado, en sus ojos claros los sentimientos que lo invaden se asoman -este se torna y evita verse vulnerable-
Hna. Silvia: Hijo, confía en nuestro señor, el todo lo puede; quizás pueda ayudarte.
Andrés: si! Será posible? Que debo hacer? Dígame madre! -Una luz se asoma-
Hna. Silvia: hace unas semanas nos trajeron a una mujer en muy mal estado, no podría decir que sea su señora madre aun no sabemos quien es, pero
Andrés: lléveme a verla madre superiora, se lo suplico!
-Es una suplica fervorosa la que hace Andrés.
En la Iglesia de la Inmaculada
Después de ver partir a las damas, Juan toma entre sus brazos a Juan Francisco y camina con Mónica hacia el altar principal de la iglesia, Meche, y las nodrizas está, observando las demás imágenes y los muchachos se quedaron en la entrada de la iglesia cuando Juan entró.
Ya frente al altar
Juan: Mónica sabes que te amo?
Mónica: si Juan y yo también te amo, bueno a los tres apoyándose en su brazo.
El gira un poco y mirándola fijamente aquí frente este altar, en otras tierras, con otras gentes, prometo que siempre procurare hacerlos felices es tanta la dicha que me dan no se compara con nada - estrechándolos entre sus brazos - mi mayor regalo eres tú, y ahora con nuestros hijos No dejaré que nada nos impida amarlos, acompañarlos, guiarlos juntos siempre juntos -su voz se quiebra un poco-
Mónica con los ojos un poco húmedos: oh! Juan, cuan maravilloso eres, tanto tiempo soñando con el amor nunca estuve tan cerca a ese sentimiento sino estando contigo, ser tu esposa, tu amiga- un poco tímida su voz - tu mujer
Ahora la madre de tus hijos
- con su mano libre la acaricia el rostro- yo también prometo procurar que nuestra historia sea para siempre, es un juramento que no se romperá nunca Juan!
Los dos quedan mirándose fijamente, una sonrisa de complicidad y acercando sus rostros, ella
En el Convento de las Hermanas de la Providencia
Andrés: aquí?
Hna. Silvia: si hijo, el Dr. Solórzano está hoy visitando a los enfermitos, así que él podrá darle un mejor informe sobre la salud de la paciente.
Andrés: esta bien madre superiora, pase Usted- dándole espacio para entrar por la puerta de la habitación.
-Madre que seas tu- son los ruegos que Andrés hace, es su última esperanza de encontrarla.
Hna. Silvia: Buenos día Dr. Solórzano, nos permite?
Dr. Solórzano: por supuesto madre.
Hna. Silvia: el caballero aquí presente busca a su madre pues estando ella de viaje han zozobrado y todo parece indicar que se encuentra entre nuestros enfermos.
Dr. Solórzano: buen día caballero, madre habla Usted de la desconocida?
Hna. Silvia: si doctor.
Andrés solo quiere entrar y confirmar todo, no resiste pero espera
Dr. Solórzano: pase por favor acabo de visitarla.
Rápidamente Andrés se adelanta, la Hna. Silvia se queda pues la solicitan en otra habitación.
Escrito desde Aug 7, 2009, 2:47 AM
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Capitulo XLI
by Cris (no login)
Después de terminar de recorrer el pueblo Juan Y Mónica regresan al hotel, los niños están un poco inquietos y después de almorzar toman una siesta.
Pedro a llegado hasta el Santa Mónica y allí José le cuenta que Andrés había arribado en la mañana a Dolores, que había preguntado por Juan y la señora, como él sabía que buscarían un hotel donde quedarse se lo había dicho a Andrés.
Pedro una vez supo esto partió a contarle a Juan.- que raro, en el hotel no le dijeron nada a Juan del señor Andrés-
Por otra parte, Andrés feliz por haber encontrado a su madre.
Sofía llevaba ya unas semana en cama por las magulladuras del naufragio.
Andrés: Mamita querida acaricia su rostro porque no habla?
Hna. Silvia: con nadie a querido hacerlo.
Dr. Solórzano: es natural, el trauma que le ha causado la zozobra del barco y luego no sabemos cuantos días a la deriva en el mar; espero que con su presencia pueda regresar de ese estado en el que está.
Andrés: madre, me escuchas? Por favor responde!
En el Hotel
Juan: cómo? Andrés está aquí?
Pedro: así como lo oyes Juan, José le indicó que buscarías un hotel pero al parecer por aquí no ha pasado ya le pregunté al encargado.
Mónica se acerca a la conversación ha estado alistándose para la visita a casa delos Piedrahita
Mónica: Que pasa Juan? Por qué esa cara?
Juan: Que hermosa! Déjame verte. -Ella llevaba su vestido de flores de escote profundo, sus cabellos recogidos con un lazo color crema, impecable.
Mónica: gracias Juan sus halagos no dejan de ruborizarla.
Juan: al parecer Andrés se encuentra en el pueblo.
Mónica: pero, Andrés que podría estar haciendo aquí?... y ya saben donde está?
Juan: no, y se me hace extraño que no nos haya buscado Mónica, podrías adelantarte a la casa de los Piedrahita? Quisiera buscar a Andrés.
Mónica: Juan, pero no será mejor que me quede a ver si pasa por aquí, mientras lo buscas?
Juan: no, no quiero desairar a los Piedrahita; además Dolores no es muy grande y con suerte estaremos pronto entre ustedes.
Mónica: está bien Juan, como tu digas. -Una sonrisa y un beso concluyen con el tema- Entonces nos vamos, Meche tienes todo lo de los niños?
Meche: si señora.
Mónica: bien- Juan lo mira, sonríe.
Juan: Yo también. Un último beso antes que ellas marcharan.
Pedro: nos vamos?
Juan: si! Por donde empezamos?
Pedro: yo creo que lo mejor es buscar la embarcación en la que llegó
En el dispensario
Sofía duerme, sueña son imágenes de su agonía en al mar -No, no! mis joyas! Mis cosas!... Dios por qué me castigas de esta forma?... yo, que siempre he sido tan- Aferrada a un trozo de madera, ve como el baúl que sostenía se lo arrebata una ola -No! No! No!
La escucha gritar Andrés Madre! Madre!
Sofía en medio de su pesadilla escucha la voz- Hijo? Andrés! Donde estas? Perdóname!
Todo, es un torbellino de imágenes, ella aferrada al madero, el mar imponente en medio de la noche ruge -Señor eterno perdóname, si de esta salgo prometo enmendar mis errores
La visión de Francisco Alcázar y la de Juan, dos seres tan parecidos
-Francisco, perdóname fui una egoísta, no supe ser la esposa que esperabas, nuestro hijo él pagó por ello, debí aceptar a Juan
Juan! Andrés escucha a su madre como delira.
Andrés desesperado la llama, madre soy Yo, Andrés! Tu hijo!!!!
Sofía ve que las imágenes de Francisco y Juan se unen, le muestran la de Andrés Hijo! Mi Andrés!
Sus ojos empiezan a parpadear
Andrés: madre reacciona! Soy yo, Andrés!
Sofía: Andrés, hijo ya su mirada borrosa se va aclarando y descubre que no es un sueño, es la realidad y es su hijo el que está a su lado.
Andrés: si madrecita, aquí estoy y ahora ya todo estará bien.
Con un fuerte abrazo la estrecha entre sus brazos y ella aun con la poca fuerza que tiene también lo abraza.
Juan y Pedro solo pudieron saber que Andrés estaba buscando a una persona.
Pedro: Juan, a quién buscara tu hermano?
Juan: no se! Hay un silencio ahh ven, vamos!
Pedro: a donde?
En casa de los Piedrahita.
Diana y Patricia recibieron muy animadas la visita de Mónica y los niños; ella les explica el motivo por el cual Juan no los acompaña.
Patricia: es una lástima que su esposo no pudiera venir Mónica.
Diana: así es, pero por favor, vamos a la terraza del patio, a esta hora las sombras de los árboles y la brisa marina la convierten en un área muy agradable.
Las señoras se acomodan mientras que el mayordomo de la casa empieza a traer los diferentes aperitivos preparados especialmente para la ocasión.
Patricia ha tomado en brazos a Ana catalina, es una niña muy bella y el chico buenmozo como su padre.
Mónica sonríe es muy amable de su parte.
Diana: Eduardo no demora en llegar, ha tenido que salir con Eduardito nuestro hijo a quien le había prometido un nevado.
Mónica: entonces tienen un hijo.
Patricia: si mi Eduardito es un niño muy mono, nos tiene embobados pronto tendrá compañía. Mirando a Diana-
Mónica: cómo? Esta de encargo Diana?
Diana: así es, estoy en mi tercer mes de embarazo.
Patricia: estamos muy contentos que Diana este de encargo pues para que Eduardito llegara fueron varios años de espera y creíamos Diana y Eduardo no tendrían esa dicha otra vez.
Mónica: Tiene hijos Patricia?
La mujer baja la mirada y su semblante cambia: no Mónica, nunca tuve hijos propios, pero desde joven he estado al lado de Diana que es como si lo fuera.
Mónica prefiere no insistir en el tema, ve que incomoda un poco a Patricia.
Diana mira con ojos amorosos a Diana y casi húmedos es cierto desde que tengo memoria has estado conmigo como una segunda madre. Y mirando a Mónica- por eso la llamo tía. -Y ahora mirando a Patricia- ¿Alguna vez me contaras tu historia tía?
Patricia: si hija, pero mira que la nena quiero que la cargues, será una señal?
Todas se carcajean y siguen con su charla
En el Dispensario
El Dr. Solórzano le explica la situación médica de Sofía a Andrés, ella ahora duerme sin mayor dificultad.
Dr. Solórzano: su madre ahora necesita recuperarse lentamente, sin mucho esfuerzo poco a poco debe ir haciendo unos ejercicios que le daré por escrito para que ella valla tomando control de todas sus capacidades, es importante que tenga una persona que se encargue de esto y sobre todo señor Alcázar mucho amor.
Andrés! Este reacciona ante el llamado y por supuesto ante el tono de voz.
Andrés: Juan! Hermano pero
Juan se aproxima a Andrés y estrechando un fuerte abrazo
Juan: que bueno verte!, dime cómo esta doña Sofía.
Andrés muy contento le cuenta los avances que tuvo, cómo me hallaste?
Juan: tu sabes que para mí no existe lo imposible y como dijo Mónica, el pueblo es chico.
Andrés: cómo esta ella, los niños?
Juan: bien, muy bien. Su rostro muestra el júbilo que siente al hablar de ellos.
Andrés: disculpe doctor mi el es mi hermano mayor, Juan Alcázar.
Dr. Solórzano: mucho gusto caballero, le decía a su hermano que ahora su madre necesitaba atención y cariño, ustedes como sus hijos deberán proporcionárselo.
Andrés mira a Juan ante el comentario del médico; con su mirada de Juan, Andrés comprende.
Juan: no hay problema doctor, mi hermano y yo estaremos muy pendientes que nuestra madre se recupere completamente.
Hna. Silvia: buenas tardes caballeros.
Buenas tardes a unisonó.
Dirigiéndose a Juan- en la entrada se encuentra un joven que pregunta por Usted
Juan: ah! Es Pedro, lo dejé esperando.
Hna. Silvia: no se preocupe caballero yo lo he dejado entrar y se encuentra en la salita de entrada.
Andrés: es Usted muy amable madre superiora, le presento a mi hermano.
Juan: Mucho gusto hermana, Juan Alcázar; yo también le agradezco, no sabríamos qué hubiera pasado con nuestra madre si no estuviera entre Ustedes.
Hna. Silvia: no es nada jóvenes, es caridad y misericordia con el que lo necesita, si importar su condición, color y credo.
Dr. Solórzano: disculpen caballeros debo seguir con mi ronda, dejaré como le indique todo por escrito.
Andrés: y cuándo podremos partir?
Dr. Solórzano: mañana mismo!
Camino a Puebla
Noel: Amanda, aun nos hace falta un tramo largo para llegar a Puebla, deberíamos detenernos en alguna posada y retomar el camino bien temprano. El intenta mantener la calma y darle apoyo-
Amanda: pero Noel no quisiera que nos detuviéramos -Su corazón es una hoja, su única hija la necesita, no quiere perderla-
Noel: es lo mejor Amanda, para cuando lleguemos a Puebla no estaremos tan cansados y podremos estar con nuestra hija.
Amanda: tienes razón
Noel: cochero! Cochero! En el próximo pueblo pasaremos la noche, busque un buen lugar, por favor!
Escrito desde Nov 8, 2009, 3:59 AM
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Costa Bravía (Autora : Alyah)
by silvana (no login)
Costa Bravía
Autora : Alyah
Escrito desde Jun 17, 2004, 2:01 AM
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Return to IndexPrólogo - Primera Parte : El parto
by silvana (no login)Mónica abrió los ojos de golpe, sobresaltada. Aún no había amanecido, la habitación estaba oscura, y ella estaba húmeda por el sudor. Se sentó sobre la cama, aún adormilada. Al hacerlo, movió ligeramente las sábanas, y Juan se dio la vuelta, despierto. La miró fijamente, con sus profundos ojos verdes.
-¿Qué pasa, Mónica? –preguntó él.
-Nada, es sólo que... –ella se pasó suavemente la mano por la frente, limpiándose las gotitas de sudor –hace mucho calor... ¿no te parece?
-No, mi amor... no lo hace. –Juan sonrió, sólo un poco.
-¿Soy yo, verdad? Y este embarazo...
-Mónica, ya falta poco y todo habrá pasado... –la consoló él.
-Ese es mi problema, que tengo miedo al parto... ¿y si algo va mal?
-No dejaré que eso pase. –afirmó rotundo Juan. –Vamos a tener un hijo precioso.
Mónica se pasó las manos por su abultado vientre. Tenía ya casi completados los nueve meses de embarazo, y el peso y la incomodidad se habían apoderado de ella.
-Sólo quiero que esté sano... –musitó para sí.
Juan sonrió de nuevo, y se sentó también sobre la cama. Estiró la mano y le acarició dulcemente la espalda.
-No sé como puedo gustarte con este aspecto... –comentó Mónica.
-Estás más bonita que nunca.
Mónica sonrió, agradecida.
-No es verdad. –disintió. –Lo dices para animarme.
Juan se inclinó y la besó brevemente en los labios. Al separarse, clavó sus ojos en ella un instante. Mónica se sintió ruborizar levemente, mientras Juan deslizaba sus labios por su cuello, sintiendo su fresco aroma. Ella lo apartó delicadamente con la mano.
-Juan, ahora no...
-Lo sé. –la interrumpió él. –Lo sé. Recuéstate, y trata de dormir.
Mónica se acostó de nuevo, y cerró los ojos. Él la contempló un momento, y después se echó a su lado.
Andrés esperó la llegada de la mañana con ansia. Se levantó en cuanto hubo salido el primer rayo de sol, y recorrió su habitación, intranquilo. No tomó el desayuno que le subieron al cuarto. Se asomó al balcón, y respiró profundamente mientras observaba el gentío de las calles de Madrid. No volvería a verlas en mucho tiempo. Cuando regresó al interior de su recamara, alguien golpeó la puerta. Él la abrió, y un muchacho, empleado del hotel, le miró.
-El coche ya está esperando por usted para conducirlo hasta la estación. –le comunicó el chico.
-Gracias, bajo enseguida. –dijo Andrés y antes de cerrar de nuevo la puerta, le entregó un par de monedas al chico, como agradecimiento.
Sacó un traje gris del armario, se vistió apresuradamente, y sacó el equipaje, que había preparado la noche anterior, al centro de la habitación. Abrió la puerta, llamó de nuevo al muchacho, que procedió a bajar las maletas al coche, y abandonó el hotel.
Al subirse al coche que le estaba esperando, sintió el mismo nerviosismo compulsivo que el día en que dejara atrás Campo Real. Era la hora de su regreso, quizás anticipado, puesto que en realidad tan sólo había estado en España unos siete meses. Nunca pensó que volvería tan pronto, que volvería por esa razón.
El tren le llevaría hasta Cádiz, y allí tomaría el barco que le devolvería a su México natal. Suspiró de nuevo.
Juan cruzó el comedor, la mesa estaba servida. Mónica apareció pronto, con su gran y hermosa sonrisa, andando con cierta dificultad debido a su embarazo, llevando puesto un vestido humilde y ligero, desprovisto de la elegancia de sus ropas habituales. Hacía meses que sólo usaba ropa holgada y cómoda.
-Hola, mi cielo. –le saludó ella.
- Hola. Don Noel viene a cenar hoy con Amanda. Espero que no te importe. –le comunicó Juan.
-No, por supuesto, ya sabes que la presencia de ambos siempre es bienvenida... –contestó ella dejando una fuente sobre la mesa.
-Mónica, te he dicho que no quiero que te ocupes de ninguna tarea, al menos hasta que des a luz, ahora debes estar tranquila...
-Lo sé, Juan, pero francamente, estar parada todo el día se me hace cuesta arriba y...
Juan caminó hacia ella.
-Y tú eres muy hacendosa... a veces se me olvida que eres una santita... Santa Mónica. –se rió él.
-Juan, por favor, te he dicho miles de veces que no me gusta que me llames así...
-Y tú ya sabes que me encanta. Además hacía mucho tiempo que no lo hacía. –replicó Juan.
Él dio un paso al frente y la besó en la boca, un beso largo y cálido, como todos los suyos. Mónica apartó la cara un segundo, interrumpiendo abruptamente la caricia.
-¿Qué pasa? Nunca me niegas un beso. –protestó Juan, visiblemente molesto por su actitud.
-Nada, es sólo que aún no te he dicho algo.
-¿Qué?
-Llegó carta de Andrés.
-¿De mi hermano? –se sorprendió Juan. Cuando Andrés se había marchado a Europa, las cosas por fin habían quedado resueltas entre ellos, pero la correspondencia entre ambos apenas existía.
-Si, parece que vuelve a México, a San Pedro...
-¿Tan pronto? –él sintió la mirada de Mónica sobre él, como reproche. –Es decir, cuando se fue parecía que el viaje sería largo, para encontrar un poco de paz...
-Si, pero es que ha ocurrido algo...
Juan la miró, expectativo.
-Mi tía Sofía... está enferma. Andrés cuenta en su carta que recibió un aviso de ella... se está muriendo. –explicó Mónica.
-Mala hierba nunca muere.
-¡Juan! – se quejó ella indignada.
-Perdona, pero es que me cuesta creer que esa mujer esté en las últimas... es como un roble. –se excusó él, a su particular modo.
-La carta llegó esta mañana, pero yo ya sabía algo por mi madre... ya sabes que ayer la visité en el convento. El caso es que mi madre no sabe si visitar a mi tía o no... porque la situación es violenta...
-Entiendo. Bueno, conmigo no contéis. –dijo Juan.
Mónica no replicó a eso.
-Yo tampoco pienso ir a verla. Lo siento mucho, y que Dios me perdone, pero... no puedo verla después de todo lo que nos hizo... te hizo... a todos, también a Andrés. –se expresó ella.
-Andrés. Siempre pendiente de él, ¿verdad?
-¿A qué viene eso ahora, Juan? –se molestó Mónica.
Juan sonrió, instantáneamente, consciente de la absurdez de su comentario.
-Nada, perdona...
-Bueno, entonces voy a servir la comida, ¿te parece? –ella le sonrió y le besó en la mejilla, dirigiéndose a la cocina de nuevo.
Juan apoyó los puños sobre la mesa, pensativo.
Don Noel se puso la chaqueta lentamente en su despacho, y justo entonces Amanda entró en el lugar. Estaba lista para salir, con un sombrero y un chal puestos. Le miró mientras él colocaba algunos papeles en la mesa.
-¿Estás listo? –le preguntó ella.
-Si... estaba pensando en llevar los documentos, pero he pensado que ésta no es una noche de negocios, así que Juan y yo hablaremos en otro momento... –explicó Don Noel y levantó la mirada hacia ella. –Mariana y Marcelo...
-Están en la casa, acaban de llegar de su viaje de novios, y están agotados, por eso no insistí en que vinieran...
-Bien, bien... estoy deseando verlos. Pero no hay tiempo, así que lo dejaré también para mañana... vamos, Mónica y Juan deben estar esperando.
Al llegar a la puerta, donde ella lo esperaba pacientemente, él la tomó por la cintura, y la besó en los labios. Le sonrió largamente.
-Soy tan feliz de poder morirme a tu lado... –le susurró él.
-Querrás decir, envejecer... –le corrigió ella.
-¿Más? No creo que nadie pueda envejecer más que yo...
-Ay, por favor, Noel, no digas tonterías... –se rió Amanda –Te ves mejor que nunca...
-Sólo porque estoy a tu lado cada día, Amanda.
-Te estás poniendo muy galante, y me temo que vamos a llegar más tarde de lo previsto a casa de Juan...
Don Noel sonrió.
-Tienes razón... ¿ves? Hasta el sentido de mi responsabilidad lo pierdo por ti...
Amanda le respondió con una sonrisa de cariño, y los dos cruzaron el umbral de la puerta.
La mesa estaba recién preparada y servida cuando Don Noel y Amanda llegaron a la casa. Después de los saludos, se sentaron y empezaron a cenar conversando tranquilamente. Había tres candelabros sobre la mesa que iluminaban la estancia mientras comían.
-Así que Mariana y Marcelo están de regreso... Recién casados, al principio será todo felicidad para ellos. –comentó Juan sonriendo.
-Así es. –asintió Don Noel.
-¿Acaso no es todo felicidad cada día después de casados? –protestó Mónica.
-A veces. –se rió Juan.
Ella le miró, casi ofendida. Le conocía a la perfección, pero no le gustaba que se comportara así ante los invitados, aunque fueran Don Noel y su esposa.
Juan se dio cuenta por la mueca de su esposa de su infortunado comentario, así que estiró la mano sobre la mesa, y alcanzó la de Mónica, sentada a su lado, acariciándosela suavemente.
-Sabes bien que la felicidad más absoluta la he conocido casado contigo. –dijo Juan.
Mónica le sonrió, y le brillaban los ojos. Por un instante, la mesa se quedó en silencio mientras ellos se miraban. Amanda sonrió complacida, observándolos en silencio.
Mónica interrumpió el mágico momento al emitir un quejido abrupto.
-¿Qué pasa? –se asustó Juan instantáneamente.
Ella se llevó la mano al vientre, y Don Noel y Amanda se levantaron en el acto.
-Creo que he roto aguas... –les informó Mónica.
-Pero si aún faltan un par de días... –comentó Juan contrariado.
Mónica apartó la silla, e intentó ponerse en pie con la ayuda de Juan, que la sostenía.
-¿A quién llamamos? –inquirió Don Noel.
-Meche... ella es la que va ayudarme... –murmuró Mónica.
-Bueno, yo voy a avisar al médico... –dijo Don Noel y se retiró presuroso.
-Mónica, yo te acompaño a tu recamara... –se ofreció Amanda, y la tomó delicadamente por el brazo, ayudándola a subir las escaleras hacia el cuarto.
Juan fue hacia la cocina, e inmediatamente vio a Meche lavando algunos platos.
-Meche, Mónica está de parto, sube ahora mismo... ¡corre! –ordenó Juan.
-Tranquilo, no se preocupe... enseguida voy. Tengo que poner agua a hervir...
-¡No te demores, por favor! –exigió Juan y salió de la cocina, encaminándose hacia su habitación.
Amanda ya había ayudado a Mónica a recostarse. Estaba tumbada en la cama, gimiendo, y comenzaba a sudar. Amanda le acomodó los cojines detrás de la espalda.
-Todo irá bien, ya lo verás. –le dijo limpiándole el sudor de la cara con una pañuelo.
-Gracias, Amanda...
Juan entró corriendo en el cuarto.
-¿Estás bien? –le preguntó a su esposa.
-He estado mejor, Juan... –respondió Mónica e intentó reírse, pero una contracción le impidió hacerlo.
Él se acercó y le dio un beso en la frente.
-Juan, te recomendaría que salieras, sé que estás nervioso e impaciente, pero tu lugar es fuera... –le recomendó Amanda.
Juan se quedó paralizado, mirando a Mónica.
-No. –balbuceó.
-Juan, por favor... –pidió Mónica entre jadeos. –Vete...
Meche entró en la recamara con un balde lleno de agua y unas toallas.
-Ya estoy aquí, no hay problema... –habló Meche.
Amanda tomó a Juan por el brazo, y lo sacó de la habitación. Merche y Mónica se quedaron a solas, y la primera lo dispuso todo para comenzar el parto. El médico entró en el lugar a los pocos minutos. Las horas pasaban lenta y pesadamente.
-Empuje, señora Mónica... –la animaba Meche mientras Mónica gritaba de dolor.- Vamos, un poco mas...
-No puedo... –sollozó la parturienta.
-Tiene que hacerlo. –dijo el médico.
Mónica tenía las piernas abiertas, la sangre empapaba las sábanas, tenía la vista nublada y le faltaba la respiración. Estaba tan exhausta que creyó morirse.
Juan se paseaba nerviosamente por el recibidor de la casa, mientras Amanda y Don Noel le observaban sentados sobre el sofá, en silencio.
Juan miró hacia las escaleras, y lanzó un bufido.
-Juan, por Dios, cálmate, te va a dar un ataque si sigues en ese estado. Es sólo un parto, lleva su tiempo, todo irá bien... –replicó Don Noel.
-¿Y cómo lo sabe?¿Ha estado en muchos? –repuso Juan enojado.
-Juan, mi esposo tiene razón, tienes que tranquilizarte... –intervino Amanda.
En ese momento, Meche cruzó la estancia apurada, y sin decir nada. Juan la siguió instintivamente hasta la cocina. Ella cogió de nuevo más toallas.
-¿Qué pasa? –preguntó Juan. -¿Algo va mal?
-La señora Mónica sangra mucho... –contestó Meche tímidamente.
Juan la amarró por los brazos, bruscamente, obligándola a mirarle a la cara directamente.
-¿Está mal? –inquirió. –Si ese médico no cumple, lo mato...
-No, él está haciendo bien su trabajo, es que la criatura viene en una postura un poco más difícil, pero no tiene porque preocuparse...
Juan la soltó.
-Anda. –le dijo. –Ve y perdona, estoy muy nervioso...
-Lo entiendo, señor. Pero la señora Mónica es fuerte. –le sonrió Meche.
-Lo sé.
Juan le devolvió la sonrisa, con cariño. Meche salió de nuevo la cocina, en dirección a la habitación.
Comenzó a amanecer mucho antes de lo que Juan esperaba. La noche se le pasó con la rapidez de unos pocos minutos. Don Noel y Amanda seguían en el mismo sofá, se levantaban, caminaban, habían bebido varios cafés, y allí estaban, al lado de un Juan absolutamente angustiado.
El médico bajó al fin por las escaleras con su maletín negro en la mano. Les miró a todos, visiblemente cansado. Juan le dirigió una mirada interrogativa, tenía un nudo en la garganta, no podía hablar.
El médico, un hombre bajito, regordete, y canoso, avanzó hasta Juan y posó su vista sobre él.
-Ya es padre. Tiene una hermosa niña. –habló el doctor con una sonrisa en los labios. –Enhorabuena.
Juan dejó escapar una carcajada de risa, y la emoción se apoderó de él. Don Noel y Amanda sonrieron satisfechos, y el primero le dio una palmada en la espalda a Juan, en señal de afecto.
-¿Mónica? –inquirió Juan.
-Está agotada, fue un parto largo y difícil, pero se recuperará... con unos días de cama, estará como nueva. –les informó el doctor. –Bueno, sólo me resta decirles que si me necesitan, ya saben dónde encontrarme. Permiso.
Juan asintió con la cabeza, dejándole pasar. Luego, el hombre se retiró y salió de la casa.
Juan se volvió hacia Don Noel y Amanda.
-¿Qué esperas? –replicó Don Noel. –Ve a ver a tu hija y tu esposa.
Juan subió los peldaños de la escalera de dos en dos. Andando a zancadas llegó hasta la recamara. Abrió la puerta. Meche había abierto las cortinas y las ventanas. Era un bello día de verano, el sol entraba e iluminaba todo el cuarto.
Mónica estaba sentada en la cama, son su hija en brazos. El sol le daba en la cara, y él sintió la calidez de su sonrisa desde la puerta. Tenía el pelo suelto, desordenado, llevaba puesto un camisón blanco marfil, ligero, limpio... y la cama estaba vestida únicamente con sábanas bordadas en blanco. Toda la habitación olía a flores, que Meche había tenido tiempo de colocar antes de que él subiera, y oyó el primer llantito de su niña.
Juan supo que ese era el día más feliz de su vida. Sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas antes de poder evitarlo. Guardaría para siempre aquella imagen en su recuerdo.
-Mi amor, ¿ no te acercas? –preguntó Mónica.
Juan caminó hacia la cama, y se paró a su lado.
-Mírala. –dijo Mónica y movió a la niña para que él pudiera verle la cara. -¿No es preciosa?
-Nunca creí que diría esto, pero lo es casi tanto como su madre... –contestó Juan.
-¿Quieres tomarla en brazos?
Juan se asustó un poco, y Mónica lo percibió en su rostro.
-Vamos, Juan, tómala...
Él se inclinó y la cogió en brazos. Fue consciente de que apenas era un bultito humano, suave, pequeño, vulnerable, tierno, tibio... sintió su ligero peso sobre los brazos, y de pronto, una lágrima cayó por su mejilla.
Mónica le vio.
-Juan... estás llorando... –Mónica se rió. La reacción de Juan la conmovía, pero no pudo evitar sentir ese momento cómo algo divertido. –Tú nunca lloras.
-Ya ves, debo de estar haciéndome viejo...
Juan depositó de nuevo la niña en brazos de su madre. Luego, besó en los labios a Mónica.
-¿Qué nombre le vas a poner? –preguntó.
-Había pensado en Ana, si te gusta, claro. –propuso Mónica.
-Ana... suena muy lindo. Es breve, bonito... me gusta. Ana, entonces. –aceptó Juan.
Luego posó sus ojos sobre Mónica, y su voz adoptó un tono solemne.
-Te quiero, por todo lo que eres, por todo lo que me das, por cada momento que pasamos juntos, por cómo me haces sentir... y ahora también por haberme dado lo más bonito del mundo. Gracias, Mónica. –le dijo.
Ella le miró, ahora estaba realmente emocionada.
-Yo también te quiero, Juan.
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Prólogo - Segunda parte : El reencuentro
by silvana (no login)Andrés llegó a Campo Real al atardecer.
Bajó del carruaje que le había llevado hasta la hacienda y sintió todo el peso abrumador de los recuerdos sobre él.
La hacienda gloriosa que un día había estado bajo el cargo de su padre, y luego bajo el suyo, parecía haberse esfumado, como todos los sueños de grandeza que su madre y él ostentaran en el pasado. El orgullo, la soberbia, la venganza, el dolor, sólo habían dejado dentro de él una sensación de vacío, de cansancio y profunda melancolía.
Una vez creyó tener la felicidad, un amor y poder... y todo se desvaneció tan rápido como lo hace la oscuridad al encuentro de la luz. Como lo hace la mentira al ser desenmascarada por la verdad.
Ahora sólo quedaba de aquel niño ingenuo y hombre torturado por la verdad un hombre maduro, que llevaba sobre sus espaldas la sabiduría que dan los golpes y las equivocaciones. Ahora entendía a su padre. Ahora, sobre todo, entendía con más claridad a su hermano, Juan.
La hacienda estaba al borde del abandono. No lo entendía. No había criados, apenas empleados, todo se había desmoronado. Él se paró frente a la entrada, dubitativo.
Su madre había dejado que todo se viniera abajo, después de su partida a Europa, nada pareció importarle a doña Sofía. La pena y la soledad se apoderaron de ella, y enfermó. Eso le contaba la carta del nuevo abogado de su madre, que recibió en España, avisándole de la gravedad del estado de la mujer. Pero aún así no pensó que la situación fuera tan real.
Entró en la casa. Los muebles estaban polvorientos, la casa oscura, solitaria. Andrés creyó enfermar de pena sólo con poner los pies allí.
Subió las escaleras hasta la habitación de su madre. Se detuvo de nuevo frente a la puerta, paralizado por el miedo a lo que iba a encontrarse.
Finalmente tomó el pomo de la puerta, y lo giró, abriéndola. Se asomó con cierta timidez a un cuarto inmerso en la penumbra. Apenas podía distinguir a su madre tumbada en la cama, que emitía suaves quejidos.
-Mamá... –murmuró Andrés casi inconscientemente.
Sofía estaba lúcida, en contra de lo que él pensaba.
-¿Andrés? –balbuceó ella y se incorporó con cierta dificultad -¿Andrés, eres tú?
Él se acercó a la cama de su madre, y se sentó su lado, cerca, de modo que ella le tomó la mano.
-Hijo... no creí que vinieras... –dijo Sofía y los ojos se le llenaron de lágrimas.
-Madre, ¿cómo no iba a venir? Me educaste para ser un buen cristiano...
-¿Has venido sólo por deber?
Andrés vio asomar en el rostro de su madre un resquicio de dolor infinito, un dolor que nunca había visto en sus ojos, ni siquiera el día en que se había marchado de Campo Real. Se dio cuenta de que ya no era tiempo de rencores ni reproches. Dentro de él, pese a todo, encontró un gran cariño por ella.
-No, mamá. –dijo Andrés y suavizó el tono de su voz –Vine porque eres mi madre, y te quiero. Siento haberte dejado sola.
Sofía sonrió satisfecha.
-Gracias... ¿te vas a quedar aquí conmigo? –preguntó ansiosa.
-Sí.
-¿Me perdonas?
-Sí. Pero hay más gente, madre, más gente a la que dañaste. Tú misma. Te destruiste por culpa del rencor. Los dos nos destruimos por ello. Yo me perdoné a mí mismo y también a ti, ahora tienes que hacerlo tú. –habló él.
-Juan... ese hombre... supe desde el momento en que lo vi en esta casa cuando era un niño que iba a destrozarme la vida.
-Fuiste tú, madre, no él. Él no tiene culpa de nada. –sin darse cuenta, Andrés había tomado de nuevo un tono áspero en sus palabras.
Sofía gimió, quizás por los malestares físicos. Parecía muy fatigada.
-Sólo quiero saber si tú me has perdonado, hijo, lo demás no me importa... dímelo y podré morir en paz. –rogó ella.
-Si, madre, te he perdonado. A estas alturas no vale la pena lo contrario. Todo quedó atrás. –afirmó Andrés.
Ella le acariciaba la mano, y se la apretó más fuertemente.
-Hijo, prométeme algo... –la voz de Sofía zozobraba.
-¿Qué, mamá?
-Que después de que muera, tú te quedarás en Campo Real y harás que esta hacienda vuelva a ser lo que era en tiempos de tu padre. Que te casarás y la llenarás con tus hijos, no dejes que todo se acabe...
Andrés la miró, sorprendido de que incluso a puertas de la muerte quisiera gobernar su vida. Él quería irse, lejos, muy lejos y no volver en mucho tiempo, quizás nunca. No conseguía respirar en ese lugar, los malos recuerdos le agobiaban.
-Está bien, madre, te prometo que no dejaré que Campo Real se arruine... –prometió Andrés. Luego, se acercó a su madre, y le dio un beso en la frente.
-Ahora descansa, mamá. –le susurró.
Sofía cerró los ojos y se quedó dormida con absoluta facilidad. Dos horas más tarde murió.
Mónica estaba en su habitación, contemplando como dormía su hija. Ana dormía casi todo el día, pero cuando entreabría los ojos y le sonreía, Mónica se sentía la mujer más feliz del mundo. La adoraba, y podría pasarse horas mirándola.
Desde la habitación oyó cómo alguien llamaba a la puerta. Juan no estaba en casa, y recordó que Meche y Azucena habían salido al mercado.
Así que bajó a abrir. Atravesó el recibidor, y abrió la puerta. Allí estaba él parado.
-Andrés... –sonrió Mónica.
Él pareció turbado. Su rostro acumulaba la tristeza de los últimos años de su vida.
-Entra... –le invitó Mónica amablemente.
Andrés entró, se quitó el sombrero y lo posó en una butaca. Por fin, hizo un esfuerzo, y sonrió.
-Estás muy linda. –dijo.
-Gracias. Es que soy tan dichosa que...
-Mi madre murió. –soltó Andrés.
-¿Ya? –se sorprendió ella.
-La enterramos hace una hora. –le contó Andrés.
-¿Por qué no nos avisaste?
-Llegué ayer, y lo primero que hice fue visitarla. Estuve con ella hasta que murió. Luego pensé que no era justo obligaros a asistir a ese funeral, así que decidí enterrarla sin contároslo. Ni siquiera a tu madre. –explicó Andrés.
-Entiendo. Pero pudimos haber ido, para acompañarte. –repuso Mónica.
-Estoy bien, no te preocupes. ¿Juan?
-Salió, viene a comer, así que no tardará mucho en llegar.
-¿Cómo os marchan las cosas? –se interesó Andrés.
-Muy bien. –respondió ella con una amplia sonrisa. –Somos muy felices. ¿Y a ti? ¿Vas a quedarte?
-Aún no lo sé, no me gustaría, al menos por el momento. La verdad es que estoy confundido, quiero hablar con mi hermano. Campo Real está abandonado, no sabes que derruido está aquello...
-He oído algo al respecto, sí.
-Al entrar allí, sentí tantas cosas, Mónica... supongo que los recuerdos volvieron a mi cabeza. Todo hubiese sido distinto si Aimeé hubiera sabido amarme, o si yo la hubiera perdonado y hubiera sido capaz de hacer que ella me amase... –Andrés hizo una pausa. –O si te hubiera elegido a ti.
Mónica no estaba preparada para oír aquello en ese momento. No imaginaba que él aún pensara de esa forma.
-Deja el pasado en el pasado, Andrés. Eres joven, aún puedes encontrar una mujer que te quiera. –aconsejó ella.
-Eres maravillosa, Juan tiene mucha suerte. –dijo él.
Mónica dio un paso al frente, y le abrazó. Pensó que debía hacerlo, que Andrés necesitaba consuelo, que era la única forma que tenía para expresarle su cariño y apoyo. Sintió como los brazos de él la rodeaban y la sostenían, como le respondía con sinceridad y alivio. Le oyó suspirar. Entonces Mónica giró la cabeza y vio a Juan parado en la entrada. Se separó de Andrés, comprendiendo lo que el rostro de Juan reflejaba en ese momento, su gesto severo.
-Mi amor... no te oí abrir la puerta. – dijo ella contrariada.
Andrés se volvió y sus ojos se encontraron con los de Juan. Le sonrió, pero no fue correspondido. Andrés le abrazó, realmente contento de verle.
-¿Cuándo llegaste? –preguntó Juan suavizando la expresión de su rostro.
-Ayer.
-Sofía fue enterrada hace una hora, Juan. –-le informó Mónica.
-Ah. Lo siento, Andrés. –le dijo Juan dándole una palmada en la espalda.
-Estoy bien. –aseguró Andrés.
-¿Conoces ya a mi hija?
Andrés miró a Mónica.
-No, aún no. –contestó.
-Oh, que torpe soy. Ven a la recamara y así la conoces. Nació hace una semana y media. –se excusó Mónica.
-Se llama Ana –habló Juan.
Andrés comió con ellos, y luego regresó a Campo Real. Prometió volver al día siguiente, para hablar a solas con su hermano. Durante la comida les había hablado de España, de otros lugares de Europa, de cómo se encontraba, y a su vez escuchó cómo habían transcurrido allí las cosas, en monotonía y placidez.
Cuando él se hubo ido, y Juan y Mónica se quedaron a solas, ya era tarde, y Meche y Azucena empezaron a preparar la cena.
Mónica fue a ver a su hija, y Juan la siguió hasta la habitación. La niña dormía tranquilamente, después de que Mónica la amantase por última vez.
Juan se paseó por el cuarto, impaciente. Algo le rondaba en la cabeza, Mónica le conocía demasiado bien.
-Juan, ¿te pasa algo? –preguntó ella.
-No lo sé, dímelo tú.
-¿Perdón?
-Te vi muy emocionada con el regreso de mi hermano. –soltó él al fin.
Mónica le miró, desconcertada.
-¿No estás contento tú?
-Déjame pensar... el hombre que intentó arruinarme la vida, quitarme mi esposa y luego quiso violarla... sí, estoy feliz de verlo.
-¿De qué estás hablando? ¿Por qué tanto sarcasmo? Tú mismo dijiste hace meses que todo eso había quedado atrás, estabas contento por vuestra reconciliación...
Juan titubeó.
-Y así es. –corroboró él.
-¿Entonces qué te pasa?
-No me gustó lo que vi.
-¿Y qué viste?
-A mi esposa y mi hermano abrazados.
-¡Era una forma de darle el pésame! –se quejó ella, enfadada.
-Una forma muy efusiva. –añadió él.
-Por el amor de Dios Juan, ¿celos a estas alturas?
-No son celos, es realismo. Vi cómo te miraba, vi tu cariño... en el fondo siempre has tenido clavada la espina de lo que pudo ser y nunca fue... nunca pudisteis intentarlo.
Mónica no sabía si reírse o abofetearle por su insensatez. Estaba atónita.
-¿Qué? –acertó a preguntar.
-Amabas a Andrés, hasta que llegue yo... luego sentías indiferencia, y quizás un poco de odio, porque él nos hacía la vida imposible, y por el modo en que nos trataba... se comportó mal hasta contigo... era imposible que sintieras algo por él. Pero ahora ha cambiado, es el hombre que imaginabas en tus sueños, apuesto, gentil... bueno.
-Gracias por el gran análisis, Juan, pero nunca sentí indiferencia ni odio hacia Andrés. Le amaba, no me correspondió, llegaste tú, y te convertiste en mi vida entera... luego
él, simplemente me daba lástima por el daño que se estaba imponiendo a si mismo. –replicó ella enérgicamente.
-Bien, la lástima implica respeto y cariño...
-Siempre le he tenido cariño, eso no es nuevo. Es tu hermano. –refutó Mónica.
-¿Cambiaría algo si él estuviera interesado en ti? ¿Cambiaría tu grado de afecto? –la interrogó Juan.
-¿Qué? No me puedo creer, Juan, que después de todo lo que hemos pasado juntos, aún creas que puedo amar a alguien que no seas tú.
Juan sabía que todo aquello era cierto, pero algo que se había apagado dentro de él hacía siglos, había vuelto a encenderse al verlos abrazados. Eran los celos.
-Le gustas. –dijo él. –Vi cómo te miraba a lo largo de toda la comida...
-Él jamás pretenderá nada conmigo, Juan. Porque es tu hermano, y porque sabe que no puedo corresponderle.
-Quizás, pero el sentimiento existe, y eso me tortura... no desconfío de ti, ni siquiera de él... pero sí de sus sentimientos. Los sentimientos traicionan a la voluntad. –explicó Juan.
-Entonces sabrás que yo no puedo traicionarte. Mi corazón es tuyo, y lo sabes perfectamente. –dijo ella.
Juan la miró, de ese modo que a Mónica le hacía temblar, que la hacía sonrojarse y sentirse tan vulnerable ante él. Eso no había cambiado pese al tiempo, nunca cambiaría. Ella lo sabía y él también, por eso lo seguía haciendo. Sus ojos verdes la miraban de una forma excesivamente cálida e intensa, y Mónica se obligó a apartar la vista de ellos.
Juan se le acercó, y se paró a escasos milímetros de su cuerpo. Le tomó las manos entre las suyas, las acercó a su boca, y se las besó.
-Me haces perder el juicio... siempre ha sido así. Soy un necio, y un celoso estúpido... pero si antes temía perderte, imagínate ahora que me has dado a Ana. –habló él.
Mónica levantó la cabeza, y le miró a los ojos.
-Tú nunca podrías perderme, no sé vivir si no es a tu lado. –afirmó ella rotunda.
Juan esbozó una sonrisa.
-Perdóname. –pidió. –Perdóname por todas las tonterías que he dicho...
-Te perdono. –ella le devolvió la sonrisa. –Pero no desconfíes de tu hermano. Él no me ama, sólo envidia sanamente lo que nosotros tenemos. Nada más.
Juan asintió.
-Prometo no volver a pensar cómo lo he hecho hoy. –dijo.
Él se inclinó sobre ella, y la besó en los labios. Después, acercó su boca al oído de Mónica.
-Te amo, Mónica. –le susurró.
Mónica se dejó envolver por tu tibio abrazo, cerró los ojos, y se besaron nuevamente.
-Juan... –murmuró.
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Prólogo - Tercera parte : El trato
by silvana (no login)Mónica se despertó arropada en los brazos de Juan. Los dos estaban bajo las sábanas, y en esa quietud y paz, Mónica sentía con más profundidad la plenitud de su amor. Él se despertó, y la rodeó más fuertemente con sus brazos. Ella estaba de lado, y Juan la besó en la nuca, suavemente.
Mónica se dio la vuelta, le miró.
-Buenos días. –le dijo.
-Buenos días. –le contestó Juan y la besó en la boca.
Ella se sentó cuando tocaron a la puerta de la habitación.
-¿Quién es? –preguntó Juan, molesto por la interrupción.
Meche contestó al otro lado de la puerta.
-Lo siento, señor... su hermano Andrés le espera abajo.
-Dile que enseguida voy. –respondió Juan, y luego se volvió a Mónica.
-¿Tan temprano? –se sorprendió ella.
-Quizás tenga prisa.
Juan se puso en pie, y se cubrió con una bata.
-Sé amable con él, amor... –le pidió Mónica.
Juan le sonrió.
-Por supuesto. Es mi hermano. –afirmó con orgullo.
Juan se vistió rápido y apareció en el comedor, donde Andrés estaba tomando tranquilamente un café, y donde Meche había servido los desayunos.
Andrés se levantó y se saludaron dándose unas palmadas en la espalda.
-Viniste pronto. –comentó Juan.
-Si, salgo para la capital en dos horas, y allí tomaré un barco una hora más tarde. –-le comunicó él.
-¿Te marchas? –inquirió Juan –Creí que te quedarías, ahora que doña Sofía no vive...
-No puedo. Ese lugar me atormenta demasiado. Quizás en el futuro, si consigo ser feliz, pero no ahora.
-Es una lástima –opinó Juan sinceramente.
-Tengo que pedirte algo, Juan.
-¿Pedirme?
-Sí. Le hice una promesa a mi madre antes de morir. Y no puedo cumplirla, a menos que tú me ayudes.
-No entiendo. –dijo Juan desconcertado.
-Le juré, -continuó Andrés –que me ocuparía de Campo Real, de hacerla crecer para que vuelva a ser la que un día fue, que no la abandonaría. Pero yo quiero irme.
-¿Dónde entro yo?
-Quiero que tú te ocupes. –explicó Andrés y vio en su hermano un gesto negativo. –Pondría las tierras a tu nombre, estarían a nombre de los dos, tú serías su dueño y administrador, ya sabes cómo funcionan las cosas allí, y eres mucho más hábil que yo para hacer que la hacienda prospere.
-Hacer que yo me ocupe de Campo Real no es precisamente cumplir con la última voluntad de tu difunta madre, Andrés. Volvería a morirse de espanto si supiera que yo me encargo de esa hacienda.
-Ella ya no está para poner el grito en el cielo, sólo deseo cumplir con lo que le prometí, nunca dije en que modo. Puede sonar a trampa, pero en el fondo yo tampoco quiero abandonar aquello. Al fin y al cabo, fue mi hogar. –argumentó Andrés. –Y a nuestro padre le hubiera hecho muy feliz que Campo Real estuviera a nombre de sus dos hijos.
-No puedo aceptar. –se negó Juan. –Me va muy bien con el comercio, y no me gusta Campo Real, ni a Mónica ni a mí nos gustaría irnos a vivir allí.
-Pueden dejar un capataz encargado de todo, e ir sólo a días, ir y volver... piénsalo Juan. Tu hija heredaría parte de la hacienda, es una dote importante. Sé que les va a las mil maravillas, pero si un día no fuera así, con Campo Real nunca tendrían problemas económicos.
-Esto no lo haces por nosotros. –replicó Juan.
-No, estoy siendo egoísta, es mi naturaleza, perdona. No quiero obligarte. Pero pensé que era mejor que tú te hicieras cargo antes que un extraño. Además, confío en ti más que en cualquier otro. Así podría irme tranquilo.
-¿Volverás? –preguntó Juan.
-Muy probablemente.
-Hagamos un trato. –propuso Juan.
-Di.
-Yo me hago cargo de Campo Real, acepto ser su otro dueño, a medias contigo... si tú prometes volver aquí, con una esposa e hijos que hereden tu parte.
-Juan, no sé si volveré a casarme...
-Si no haces el esfuerzo, no, desde luego. Tienes que intentarlo. De otro modo, me desentiendo. –condicionó él.
-Eres tremendo... siempre tienes que tener la última palabra en todo.
-Más vale que te acostumbres. –advirtió Juan.
-¿Es un trato?
-Es un trato.
Andrés estiró la mano, dispuesto a aceptar. Juan hizo lo mismo, y ambos se las estrecharon. El pacto estaba sellado.
-Ahora puedo irme tranquilo. –sonrió Andrés.
Cuando Mariana le contó a Marcelo que estaba embarazada, él se quedó boquiabierto. En apenas dos meses de casados, ya iban a ser padres.
La noticia corrió como río de pólvora, y en casa de Don Noel y Amanda prepararon la celebración. Allí se reunieron con Mónica y Juan, y cenaron todos juntos, felices. Comieron, rieron y brindaron. Un futuro muy dichoso y próspero se les avecinaba.
Después de la cena, Juan le contó todo a Don Noel sobre Campo Real y los planes de los dos hermanos. Quería que él fuera el abogado de la hacienda.
Mónica y Juan decidieron dar un paseo bajo la luz de la luna antes de regresar a casa. Caminaban despacio, descalzos sobre la arena.
-No pude rehusar. –le contaba Juan.
-Lo sé, no me importa pasar temporadas de tiempo allí. Así Ana podrá aprender a montar a caballo, disfrutar más del campo y de los árboles. Además, allí nos empezamos a conocer.
-Me alegra que no te importe. Había pensado en arreglar La Palapa. Podría pedirle a mis hombres que la adecentaran, para poder estar también allí algunos días al año. Quiero que Ana aprenda a amar tanto el mar como yo lo hago.
-Me parece buena idea. Me gusta ese lugar, me inspira serenidad. Pero creo que estaremos todo el año preparando mudanzas. –rió Mónica.
Juan no contestó, se detuvo y se quedó mirando el mar, con un anhelo que pocas veces había visto en su rostro. Era una mezcla de leve desesperanza, de inquietud, de melancolía. Sus ojos casi estaban tristes. Mónica suponía que el mar le causaba ese efecto. Juan había tenido una vida muy dura, y aunque ahora era muy feliz, el pasado jamás desaparecería del todo. Su rebeldía, su constante necesidad de estar cerca del océano, en espacios abiertos... eran la muestra de ello. Mónica le apaciguaba, pero su espíritu sería siempre el de un alma indómita.
-Vamos a casa, mi amor. –le dijo ella.
Juan le sonrió, y la tomó de la mano. Con las manos juntas y los dedos entrelazados, continuaron su camino.
Una ráfaga de aire fresco empezaba a silbar en la costa.
FIN
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Capítulo I
by silvana (no login)Ana miró a Alejandro.
Los dos estaban de rodillas sobre la arena, descalzos, y en ropa interior, colocados el uno al lado del otro. Era mediodía, y el sol brillaba sobre el océano, produciendo unos destellos cegadores. Hacía un calor húmedo, pegajoso e insoportable.
-Entonces... ¿listo? –preguntó Ana.
-Listo.
-Cuento hasta tres. Uno, dos... y tres. –dijo ella.
Los dos salieron corriendo en el acto, a lo largo de la playa, y en dirección a una roca lejana. Iban igualados, cuando Alejandro consiguió dominar su fatiga, y adelantar a Ana.
Ella protestó con un gemido, y se cayó al suelo. Alejandro se detuvo, y se acercó a ella.
Ana se había llevado la mano a un tobillo, y se quejaba.
-¿Estás bien? –preguntó él y se agachó frente a ella.
Ana sonrió maliciosamente, y le empujó, tirándole al suelo. Luego, corrió hacia la meta.
-¡Eh! ¡Lo has vuelto a hacer! ¡Has hecho trampa! –gritó él ofendido.
Alejandro la siguió tan deprisa como pudo, pero ella ya había alcanzado la roca, y estaba saltando, dando vítores por la victoria.
Él se paró a un par de pasos de distancia de ella, y trató de recuperar el aliento. Se miraron unos segundos. Luego Ana rompió a reír.
-Eres una tramposa, ¿lo sabías? –la acusó él.
Ella se encogió de hombros.
-Pero te gané, te he vuelto a ganar... –rió de una forma bastante impertinente para Alejandro. –Porque corro más que tú, nado mejor que tú, y...
-Cállate. –exigió él.
-Soy mejor que tú en todo...
- Eres de lo más infantil. –protestó Alejandro.
-Que no se te olvide, mocoso, que soy un año mayor que tú... y también más astuta.
-E irritante, impertinente... ¿no hay modo de callarte?
-Sabes que no.
-A menos que yo te calle. –amenazó Alejandro.
-¿Cómo?
Él la tomó en brazos y la levantó del suelo antes de que Ana pudiera reaccionar. La puso a sus espaldas, como si fuera un saco de trigo, y pese a sus gritos de protesta, no pudo evitar que Alejandro se adentrara en el mar, y la dejara caer en el agua.
Ana se levantó furiosa y empapada, y le vio salir del agua, corriendo.
Le siguió decidida, pero él hizo una maniobra, girando alrededor del cuerpo de Ana, y empezó a perseguirla a ella. Corrían hacia un extremo de la playa, tanto como podían y los pies les dolían.
Finalmente, Ana se doblegó por el cansancio, y él pudo atraparla, estirando un brazo. La tomó por la cintura, y la tiró sobre la arena.
Alejandro quedó tendido sobre ella, que quedó inmovilizada ya que le sujetaba las muñecas con las manos. Estaba puesto a caballo sobre ella y sus rostros estaban tan cerca que sus narices casi podían tocarse. Los dos respiraban entrecortadamente por la carrera.
.¿Quién es más rápido? –preguntó él.
-Podría ganarte mil veces.
-No jugando limpio. –replicó él.-Y soy más fuerte. Soy un hombre, y puedo contigo.
-Eres un niño de diecisiete años. –le rebatió Ana.
-Que puede contigo.
Ana forcejó, intentando librarse de las manos que la tenían asida, pero no pudo.
-Me haces daño... –habló ella.
Alejandro se rió divertido. Ana le miró enfadada, y luego se echó a reír también.
-¡Santo Dios! Era lo que nos faltaba por ver... –oyeron los dos en la voz de una mujer.
Ambos giraron la cabeza y vieron las faldas de dos mujeres paradas delante de ellos. Levantaron la vista y se encontraron con una mujer de avanzada edad, la que les miraba con suprema indignación, y la otra, que probablemente era su hija, rondaba los treinta años y tenía aspecto de santurrona.
-Ya no se puede pasear tranquilamente ni siquiera por la playa. –continuó la mujer dándole la vuelta a su hija –No mires, Carla, es una visión demasiado indecente. Debería daros vergüenza, atrevidos...
Las dos mujeres se dieron la vuelta, y caminaron en la otra dirección, apresuradamente.
-No sé adónde vamos a ir a parar... –farfullaban mientras se alejaban.
Ana y Alejandro se miraron.
-¿La viuda de Vargas? –inquirió él.
-Creo que sí.
Ellos se quedaron callados un instante, quietos en esa postura tan comprometedora, mojados, semidesnudos y tan próximos. Por un momento, la situación se volvió violenta. Alejandro reaccionó y se puso en pie, tendiéndole una mano para ayudarla a levantarse.
Ana entró en casa con los zapatos en la mano, y la ropa sin secar, mal vestida y despeinada. Mónica la esperaba en el recibidor, con rictus inquieto.
-¿Dónde andabas? –le preguntó.
-¿Dónde andaba? Buenos días, mamá. –contestó Ana y le dio un beso en la mejilla.
-Eso no te va a servir, Ana. Cuando tu padre llegue de Campo Real tendrá que saberlo.
-¿Saber qué?
-Te fuiste antes del desayuno. –la reprendió Mónica ahora más bien enfadada.
-Me levanté temprano, desayuné en la cocina con Isaura, y me fui a la playa.
-Isaura no vino esta mañana, me lo dijo Meche.
-Entonces desayunaría sola, o con Meche, como otras veces, no recuerdo. –dijo Ana.
-El tema no es el desayuno, Ana.
-¿Cuál es el tema? –inquirió Ana fastidiada.
-Tu irresponsabilidad. ¿No te das cuenta de qué no puedes andar por ahí con ese aspecto? Ya no eres una niña, Ana, tienes dieciocho años...
-Por eso, no deberías preocuparte tanto. Sé cuidarme sola. ¿Dónde está mi hermano?
-No me cambies de tema. Ana, mírate. –insistió su madre.
-¿Qué tiene? Vengo de la playa.
-No puedes pasarte el día en la playa, y menos... –Mónica acabó la frase abruptamente. Estaba claro que a su madre le molestaba algo más que la playa.
-¿Y menos qué? –quiso saber Ana.
-Alejandro. Ya no sois unos niños, y no podéis comportaros del mismo modo.
Ana arqueó una ceja. No entendía una palabra.
-Don Noel estuvo aquí. Parece ser que fue a verle la viuda de Vargas, haciéndole ver que tiene un nieto demasiado alocado, y una ahijada poco decente. –expuso Mónica.
-De modo que es eso. No tienes porqué preocuparte, mamá. Ya sabes cómo le gusta hablar a este pueblo. Y me conoces bien, sabes que Alejandro y yo somos como hermanos, es mi mejor amigo, hemos crecido juntos.
-Si, eso ya lo sé. Pero la gente no lo ve así. Ellos ven a dos jóvenes que andan por ahí semidesnudos, juntos y en posturas... inapropiadas. –al decir esto, Mónica se sonrojó.
A Ana eso le resultaba gracioso. Afortunadamente, ella se parecía más a su padre, había heredado sus ojos verdes, su cabello oscuro, y su rebeldía. No tenía tantos remilgos ni se avergonzaba tan fácilmente como su madre. Sin embargo, Daniel, su hermano pequeño de catorce años, era igual a Mónica.
-Entre Alejandro y yo jamás pasará algo, mamá. Estábamos en la playa, como siempre en esta época del año. –dijo Ana.
-Si, ya lo sé, pero cuando se crece, no se pueden seguir las mismas costumbres. Uno tiene que madurar, y no puedes permitir que hablen de ti, los chismes arruinan la honra, y la honra se necesita para vivir con dignidad, y para que encuentres un buen marido. –argumentó Mónica.
-Ah, eso. Yo no quiero casarme, y me dan igual los chismes.
-¡A ti te da todo igual! –se exasperó Mónica. –Eres tan necia como tu padre.
-No puedo cambiar por lo que diga la gente, eso me lo enseñasteis vosotros. –respondió Ana.
-Puede ser, pero si no cambias tu talante, terminarás arrepintiéndote. Eres una señorita, no una... –Mónica se calló. –Simplemente, puedes hacer amigas, no puedes estar siempre con Alejandro...
-¿Amigas? Yo ya tengo una amiga, Isaura.
-Isaura es la hija de Meche, Ana. Haz amigas de tu clase, ve con ellas a la iglesia, a pasear...
Ana no podía creer lo que estaba oyendo, hizo un esfuerzo sobrehumano por no chillar.
-Tú nunca has sido clasista.
-No se trata de eso, se trata de que conozcas otros ambientes. –refutó Mónica ofendida. –Me gusta que seas amiga de Isaura, es una buena chica, pero no puedes pasarte la vida metida en la cocina y en la playa. Madura un poco.
Ana sabía que no podía ganarla en ese tema. Sabía que su madre estaba orgullosa de ella porque era abierta, libre, sin prejuicios, tan parecida a su padre. Sabía que le gustaba mucho más Isaura y Alejandro que cualquier otra compañía que pudiera tener. Pero ese no era el problema. El tema era que había crecido, sin darse cuenta, y entre sus nuevas obligaciones estaba la de mantenerse limpia de acusaciones, la de vivir en sociedad y ser responsable. Eso la desesperaba.
-Quizás tu primo Esteban pueda presentarte alguna nueva amistad. –sugirió Mónica.
Esteban era el hijo de su tío Andrés. El hermano de su padre había regresado hacía ocho años a San Pedro, casado con una española de familia humilde, y con un hijo dos años mayor que Ana. En realidad, Esteban era el hijo que Carmen, la nueva esposa de Andrés, que ella había tenido de soltera. Andrés le había adoptado legalmente, y lo quería como un hijo propio.
Esteban era muy amigo de Alejandro, pero Ana no tenía mucha confianza con él. Sin embargo, optó por ceder ante su madre.
-Esta bien, mamá. Como tú digas. –sonrió Ana. –Voy a cambiarme de ropa.
Alejandro entró en su nueva habitación, y se dejó caer sobre la cama, agotado. Sus padres acababan de mudarse, y su nueva casa estaba sumergida en el caos, llena de cajas sin vaciar y de muebles sin instalar.
En cuanto su cabeza tocó la suave almohada, alguien tocó a la puerta, y la abrió sin esperar respuesta. Era su padre, Marcelo.
Alejandro se incorporó, sorprendido.
-Tenemos que hablar. –anunció Marcelo seriamente.
Antes de que pudiera reaccionar, Alejandro estaba reunido con su padre y su abuelo en el despacho de éste último. Lo dos estaban en actitud tan misteriosa, que empezó a intranquilizarse.
-¿Qué ocurre? –preguntó el chico.
Su abuelo, un Don Noel inalterable al paso del tiempo, tosió para aclararse la garganta.
-Verás, hijo, tu padre y yo... hemos tomado una decisión sobre tu futuro inmediato. – comenzó a explicar Don Noel.
Alejandro lanzó una mirada interrogativa a su padre.
-Si, mira, dadas las circunstancias, lo mejor es que te vayas a la capital. –dijo Marcelo sin rodeos.
-¿México? –balbuceó Alejandro atónito.-¿Ciudad de México?
-Así es. Tú quieres estudiar la carrera de abogacía, como tu abuelo, y también como yo, y debido a lo sucedido, creemos que lo más conveniente es no demorar tu partida, y que sea ahora, en primavera, cuando te vayas... así podrás ir aclimatándote al lugar y...
-¿Os habéis vuelto locos? –protestó Alejandro incrédulo -¿Cuáles son esas circunstancias?
Marcelo y Don Noel intercambiaron una mirada, y fue su abuelo el que decidió hablar.
-La viuda de Vargas estuvo aquí, quejándose del comportamiento indecente que tú y Ana tienen... en medio de la playa, a pleno día.
Alejandro soltó una carcajada que no pudo contener.
-Por favor... esa mujer no sabe nunca de lo que habla. –dijo él. -¿Por lo que diga ella me vais a exiliar?
-Pareces no entender. –replicó Marcelo con tanta seriedad que su hijo no puedo menos que reírse de nuevo. –Escúchame bien.
Alejandro borró la sonrisa de su cara, turbado.
-Esa mujer conoce la suficiente gente como para arruinar la reputación de Ana. Tiene contactos, y le encanta hablar. Ana es hija de Juan Alcázar y Valle, pero ese Juan no fue noble de apellido, tuvo un pasado diferente y criticado, nadie le ve con buenos ojos. Lo mismo sucede con Ana por ser hija suya, y lo sabes bien. Esto era lo último que debía ocurrirle. Vosotros no le concedéis valor porque sois unos niños ignorantes de todo... –expuso Marcelo. –Tu abuelo y tu madre están nerviosos, imagínate los padres de Ana. Ellos no pueden permitir que vayan hablando por ahí semejantes cosas de su hija, ¿ no lo entiendes?
Alejandro empezó a comprender el alcance del problema.
-¿De verdad crees que yo haría algo que la perjudicara? –se quejó él, ofendido sinceramente.
-No estoy hablando de eso, Alex. –dijo Marcelo con un tono de cariño en la voz. –Sé cuánto la quieres, por eso mismo te pedimos que hagas esto por ella.
- Yo jamás haría nada que le hiciera daño, jamás la he mirado como esa mujer dice, la vergüenza está en el modo obsceno que interpreta las cosas, no en las cosas mismas. Ana es la hermana que no he tenido.
-Lo sabemos. –intervino Don Noel. –Pero esa mujer no. Esto lo veíamos venir hace meses. No podéis ir por ahí, en un pueblo tan pequeño como éste, comportándoos de esa forma. Aquí están los resultados.
-Al fin y al cabo no es tan trágico. Tenías que irte de todas maneras después del verano para comenzar tus estudios en la ciudad, sólo lo estás adelantando.
-¿No es tan terrible? ¿ Permitir que esa vieja bruja chismosa gane no es tan terrible? Esta es una cuestión de orgullo. –refutó Alejandro, furioso.
-Hazlo por Ana. –pidió Don Noel. –Soy su padrino, la adoro a ella, y sabes bien que Juan es como un hijo para mí. Hazlo por ellos, son los que más pierden en todo esto.
-¿Alejarme va a hacer que las habladurías cesen? –inquirió el chico, desafiante.
-No del todo, pero al no tenerte aquí y no veros juntos, el tema habrá acabado cuando finalice el verano.
-¡Son sólo unos pocos meses!. –bramó Alejandro.
-De crucial importancia. –le contradijo su padre. –Meses que permitirán que todo quede en una anécdota, pero si te quedas, esa anécdota se repetirá y sólo agrandará el chisme.
-¿Os dais cuenta de lo injustos que estáis siendo? –les preguntó el muchacho, dolido. –No volveremos a la playa, con eso basta.
Marcelo le lanzó una mirada de incredulidad.
-Os conocemos demasiado bien. –discrepó.
-Entonces es una cuestión de confianza, no confiáis en mí. Es bueno saberlo. –se molestó Alejandro.
-Es una cuestión de honor, el tuyo y el de ella. ¿No quieres que Ana se case con un buen hombre, no quieres verla feliz? –le atacó Marcelo.
-No será un buen marido si en vez de conocerla se deja llevar por lo que los demás digan.
-Serás un excelente abogado, sí señor. –habló Don Noel. –Pero piensa sensatamente. Piensa en Ana y en lo que la viuda de Vargas va contando a todo el que se le cruza por delante.
Alejandro calló y se quedó pensando un segundo. Lo peor de todo era que ellos tenían razón, y que terminarían por imponer su voluntad, quisiera o no. Únicamente le quedaba aceptar aquella tremenda injusticia con resignación y partir. Partir lejos del mar, lejos de su familia. Partir lejos de Ana.
-Te quedarás en casa de unos amigos míos, los años que duren tus estudios. –finalizó Marcelo.
Juan escuchó como Mónica le contaba la misma cuestión mientras almorzaban. Su esposa conservaba la belleza del día en que se casaron, estaba un poco más regordeta, y no tenía le piel tan tersa, pero la amaba si cabía más. Y amaba la familia que habían formado. Los cuatro alrededor de la mesa del comedor, conversando mientras comían, algo que no cambiaría por nada.
-¿Qué te parece? –le preguntó Mónica a su esposo una vez terminó de contar lo sucedido.
-Que la viuda de Vargas sigue siendo tan entrometida e insidiosa como siempre. –contestó Juan rotundo.
-¿No crees que prohibirme ser como soy es un atentado a mi naturaleza? –habló Ana, por primera vez levantado los ojos de la mesa.
-¿Cuál es el problema? –inquirió Daniel, al que la ingenuidad de edad y espíritu le impedían entender con claridad lo que sus padres discutían en la mesa.
-Ninguno, mi cielo, termina de comer. – le habló dulcemente Mónica.
-El problema, Dani, es que no me dejan ir a la playa porque alguien se está inventando cosas sobre mí. –le dijo Ana a su hermano.
-¿No te dejan ir? Tú no puedes vivir sin el mar. –opinó Daniel. –Haz lo que quieras.
-Gracias, hermanito... ¿lo veis? Él sí me entiende. –sonrió Ana.
-Ana, odio tener que actuar conforme los últimos chismes, pero creo que tu madre tiene razón en estar preocupada. –dijo Juan.
-¿Tú también piensas igual? –replicó Ana, dolida.
-Me temo que sí, mi cielo... –admitió Juan. –Esa mujer puede hacernos mucho mal. No puede vernos ni en pintura.
-Entonces... ¿debo dejar que me atropelle?
Juan suspiró, vencido.
-No, debes impedir que lo haga. De eso se trata. –respondió él.
Alejandro no podía olvidar las lágrimas de su madre al despedirse. Pero sabía que lo más difícil aún no había pasado. Para comunicarle a Ana que se iba y no volvería en años, ni siquiera él tenía las fuerzas y el valor suficientes. Todo había sucedido en menos de un día.
Llegó en carruaje hasta la casa de Juan y Mónica. Sintió un nudo de angustia en la boca del estómago al detenerse frente a la casa.
Ana se encontraba en el recibidor cuando llamaron a la puerta. Abrió y sonrió largamente al verle.
-Alex, entra... me alegro de verte. No sabes en que lío nos hemos metido por culpa de la maldita viuda de Vargas. –habló Ana.
Alejandro entró en la casa, y cerró la puerta tras de sí. Estaba tan tenso y serio, que Ana percibió rápido que algo estaba sucediendo. Él se quedó parado al lado de la puerta.
-¿Qué pasa? –le preguntó y entonces se dio cuenta de que iba vestido con un traje demasiado elegante para San Pedro.
-Sé el lío en que nos hemos metido, Ana.
Ella vio en sus ojos la pena que estaba sintiendo, y una sensación de pavor le recorrió el cuerpo.
-¿Qué pasa? –repitió ella con la voz temblorosa.
-Me voy a la ciudad, ahora. –le contó él.
-¿Ahora?
-Volveré cuando... –Alejandro tragó saliva para continuar. –Cuando haya terminado mis estudios.
-¿Qué?
-Me voy ahora, no cuando finalice el verano. Mis padres y mi abuelo creen que es lo mejor para acallar los rumores que circulan por todo el pueblo sobre ti y sobre mí... –aclaró él.
-No puede ser. Es ridículo...
-Al fin y al cabo, ya sabíamos que tendría que irme tarde o temprano. –intentó animarla él.
-Pero contábamos con el verano. ¡No puedes irte, no dejes que te obliguen por esa estupidez! –vociferó Ana indignada, pero sobre todo terriblemente entristecida.
-Me temo que las cosas son así. Oye, serán cinco años a lo máximo.
-¿No te veré en cinco años? –inquirió ella al borde del llanto.
-Te escribiré cada día.
-No puedes ser tan cobarde, no puedes permitir que te obliguen, eres un hombre...
-¿No soy un niño? –le sonrió él con un gran cariño.
Ana se quedó en silencio, con la cabeza baja, haciendo un esfuerzo sobrehumano para asimilar la noticia. También para no llorar.
Alejandro se acercó a ella, se acercó tanto que podía oír su corazón latiendo deprisa, y su respiración agitada. Le pasó el dedo pulgar por debajo de la barbilla y la obligó a mirarle a la cara. Los ojos verdes de Ana se clavaron en él como dos dagas afiladas.
-Vamos, Ana, tú lo dices siempre, eres mil veces más fuerte que yo. Demuéstralo. –la desafió.
-Nunca nos hemos separado, ¿te das cuenta?
-Tiene que ser así, algún día tenía que pasar.
-Pero no de este modo. –se quejó ella. -¿Qué voy a hacer sin ti, mocoso impertinente?
-Espero que no te metas en problemas. –sonrió Alejandro.
-Te voy a echar mucho de menos. –confesó Ana.
-Y yo a ti. Será terrible al principio, pero nos acostumbraremos. Te contaré todo lo que me pase en mis cartas.
-No dejes nunca de escribirme. –exigió ella.
-Tengo que irme, el coche me espera.
Ana se llevó la mano a la boca, tratando de acallar un grito de dolor. Ni ella misma entendía porqué sentía esa presión agónica sobre el corazón, porque de pronto le faltaba el aire. No entendía por qué las lágrimas asomaban en sus ojos sin darse apenas cuenta de ello.
Alejandro caminó hacia la puerta, y se volvió de nuevo hacia Ana. Le flaqueaban las piernas para cruzar el umbral. Era, sin duda, el día más difícil de su vida.
Ana se dirigió a él y le abrazó estrechamente. Alejandro la rodeó son sus brazos, y percibió como ella hundía la cabeza en su pecho. Él aspiró el aroma de su cabello, y se lo acarició con dulzura. Se quedaron así unos minutos eternos y a la vez demasiado breves. Cuando se separaron, Ana tenía la cara húmeda por las lágrimas.
Alejandro aproximó su boca a la frente de ella, y le dio un suave beso.
-Hasta pronto. –le dijo él y salió afuera, dejando la puerta entreabierta.
Cuando Ana salió de ese estado de conmoción y se dio la vuelta, vio a sus padres detrás de ella, observándola. No le dijeron nada.
Ella abandonó la estancia corriendo, subió las escaleras, y dio un portazo al entrar en su habitación.
Mónica abrazó a Juan.
-Se nos va a morir de pena, Juan. –sentenció ella.
-Lo sé. –murmuró Juan acariciando la espalda de su esposa. –Lo sé...
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Capítulo II
by Cris (no login)Cinco años más tarde
Ana había cumplido veintitrés años. Los últimos cinco años había recibido carta semanalmente de Alejandro, y se entretenía conversando con su buena amiga Isaura, y con su primo Esteban, con el que había estrechado su relación al irse Alejandro.
Pasaba los días montando a caballo por Campo Real, leyendo al aire libre o paseando sola por la playa.
A pesar de los esfuerzos de su madre, no quiso asistir a ninguna de las fiestas a las que Esteban la invitó, y tampoco quiso conocer nuevas amigas. Una vez lo había intentado, y se había aburrido enormemente oyéndolas hablar del soltero más cotizado o del ajuar más elegante. Su padre la entendía, él tampoco soportaba los círculos de sociedad, pero al igual que Mónica empezaba a sospechar que su hija no se casaría nunca.
Pero Ana no pensaba en eso. La idea de la soltería no le parecía para nada descabellada.
Alejandro había terminado la carrera de abogacía en el último mes, según decían sus cartas, pero no le había comentado nada acerca de su posible regreso a San Pedro. Ella estaba impaciente, aunque de algún modo se había acostumbrado a tener a su mejor amigo lejos. Marcelo, Mariana, Don Noel y Amanda habían visitado varias veces a Alejandro, pero ella nunca se había trasladado a la ciudad.
Durante todos esos años, Ana había crecido. Muchos creían que quizás era demasiado alta para ser mujer, también demasiado delgada. Tenía los mismos rasgos de su padre, indudablemente agresivos e intensos. Morena, de grandes ojos verdes, y labios sensuales, poseía una belleza poco convencional. Tenía el temperamento de Juan y la cortesía de Mónica.
Varias veces se había encontrado con amigos de Esteban en Campo Real, y más de uno quiso coquetear con ella, pero Ana era tan brusca como su padre. Ninguno la interesaba, y no tenía paciencia para oírles.
Aquella tarde hacía un sol radiante. A principios del mes de Junio, el pueblo estaba más bonito y bullicioso que nunca. Ana había salido a montar por Campo Real, mientras su tío y su padre trabajaban.
Estuvo una hora a caballo, cabalgando de una forma que su padre había calificado de imprudente y temeraria. De la forma en que Juan siempre había montado.
Ana llegó a las caballerizas con el pelo revuelto. Dejó el caballo, y se dirigió a la casa.
En la entrada se topó con Don Noel, que salía apurado.
-Buenas tardes, Don Noel. –le saludó Ana.
-Buenas tardes, hija.
-¿Tiene prisa?
-Un poco, sí. ¿No sabes nada?
-¿De qué? –preguntó ella, intrigada.
-Alejandro llega mañana. –la informó él.
El rostro de Ana se iluminó con una sonrisa.
-¿De veras? ¿Y se quedará?
-Por supuesto, va a sustituirme en Campo Real, yo ya estoy demasiado viejo y cansado para seguir ocupándome de la hacienda, así que mi nieto será el nuevo abogado.
Ana se mordió el labio inferior.
-Tengo muchas ganas de verle. –dijo.
-Pues pronto lo harás. Ahora si me disculpas, tengo que ir a la casa, Amanda y mi hija quieren preparar una especie de fiesta para recibirle. Permiso.
-Propio.
Ana se quedó viendo cómo su padrino se alejaba. Ahora todo sería distinto. Alejandro volvía a casa.
Daniel, era ya un muchacho de diecinueve años que ayudaba a su padre en Campo Real. Tenía el carácter dulce que le faltaba a su hermana en muchos momentos, y por eso Ana le adoraba. Le seguía viendo como un niño pequeño, quizás porque parecía tan indefenso como si lo fuera. De facciones suaves, y ojos azul pálido, tenía cierto éxito entre las muchachas del pueblo, pero no parecía atraerle ninguna.
Recibió a su hermana con un beso en la mejilla, lo que alegraba el día a Ana. Mónica y ella estaban sirviendo la comida, cuando entró Juan, bufando, en el comedor.
Mónica le saludó con un tierno beso en los labios.
-Hola, mi amor. –le dijo. –Siéntate, enseguida comemos.
-Alejandro vuelve, ¿lo sabéis, verdad? –habló Juan.
-Sí, papá. –respondió Ana que no podía disimular su emoción.
-En efecto... sus padres querían prepararle un recibimiento, yo sugerí a Don Noel hacerlo en Campo Real, dado que hay más espacio... pero Esteban piensa en hacer una fiesta con sus amigos, y “amigas”. –al pronunciar esta última palabra había cierto sarcasmo en la entonación.
-No entiendo por qué Andrés no controla un poco los excesos de su hijo. Ya no es un niño, es un hombre apuesto, inteligente... pero se pasa el día vagueando. Sólo se preocupa de andar con mujeres, pero no de encontrar una esposa, y no puede estar constantemente de fiesta en fiesta. –comentó Mónica. – Ni Carmen ni Andrés le educaron para que fuera de este modo. No lo entiendo.
-Mi primo es así. –intervino Ana. –Un vividor.
-Lo que más me molesta no es que Andrés se lo consienta todo, sino que ahora que yo quiero usar la casa para preparar la bienvenida a Alejandro, los estúpidos intereses de Esteban prevalen. –expuso Juan francamente enfadado. –Se lo prometí a Don Noel, y ahora no puedo cumplir. ¿No se supone que yo también soy el dueño de esa casa? Nunca dispongo de ella, y esta era una ocasión especial.
-Que anulen esa fiesta. –dijo Ana. –Papá, yo puedo hablar con mi primo, y hacerle entender. Si no, siempre podemos usar La Palapa, ¿no crees?
-Hace tiempo que no la usamos, Ana. –repuso Juan.
-Bueno, yo me encargo. Confía en mí. –sonrió Ana.
En cuanto hubo terminado de comer, Ana se dirigió de nuevo a Campo Real. Esteban acababa prácticamente de levantarse de la cama, y ella le esperó en el despacho de Andrés.
Apareció aún con el pelo mojado, recién lavado y vestido. Eran las cinco de la tarde.
Esteban era un hombre de veinticinco años, atractivo, moreno, de ojos color miel. Pero demasiado irresponsable y mujeriego.
Él la saludó con un beso en la mejilla.
-¿Qué pasa, primita? –le preguntó.
-Oye, necesitamos la casa para darle la bienvenida a Alejandro, así que olvídate de tu fiesta. –dijo Ana sin rodeos y en tono imperativo.
Esteban rió.
-¿Y esa contundencia?
-Tu padre no quiere arruinarte el caprichito, pero yo sí.
-Está bien. –aceptó Esteban.
-¿Está bien? –Ana se sorprendió de lo sencillo que había sido.
-Sí, no me importa. Dentro de una hora hay un cóctel en la casa de la hija menor de la familia Castro, y no me lo perdería por nada. Así que me compensará por lo de mañana.
Además, yo también tengo ganas de ver a Alejandro. –explicó él.
-No sé entonces porqué tío Andrés le dijo que no a mi padre, ¿ni siquiera te consultó?
-No. Pero no lo haría porque está desesperado porque me case, y pensaría que en la fiesta podría emparejarme con alguien. –se rió Esteban.
-¿A ti te da todo igual, no?
-Oh, habló la rebelde de la familia. Y la solterona... –se burló él.
-¿No te das cuenta de lo mucho que mi tío y tu madre te quieren? Dales un motivo para que estén orgullosos de ti. Que no se te olvide que mi tío Andrés te lo ha dado todo. –en la voz de Ana había un tono de reproche y de consejo.
-Yo quiero mucho a mi padre, que no se te olvide a ti. Yo no me meto en cómo vives tu vida, no te metas tú en cómo la vivo yo.
Alejandro sintió una emoción indescriptible al llegar a casa de Juan y Mónica. No era la misma que había sentido al ver a su familia después de ocho meses, era más intensa. Cinco años sin estar en San Pedro. Cinco años sin ver a Ana.
Isaura le abrió la puerta. Él casi no la reconoció. La hija de Meche tenía tres años menos que Ana, veinte. Era una jovencita tímida y bonita, que siempre había estado al lado de sus padres. Le saludó amablemente, y fue a buscar a Ana.
Alejandro se quedó esperando en el recibidor, de pie al lado de los butacones. Ana apareció ante él un minuto más tarde. Por la expresión de sorpresa de su cara dedujo que Isaura no le había contado que era él quién la esperaba.
Ella le miró, él sonrió. Ana estaba preciosa, su belleza casi era abrumadora. Era toda una mujer, comprendió.
Alejandro estaba más alto, tenía el porte de su abuelo, la elegancia natural de su madre, unos ojos negros y profundos que la miraban con un afecto infinito.
Después de observarse el uno al otro durante unos minutos, ensimismados y en silencio, por fin Ana se lanzó a sus brazos. Se abrazaron efusivamente, Ana le puso los brazos al cuello, colgándose de él. Alejandro percibió el aroma de su cabello, tal como lo hiciera el día en que se fue a la ciudad.
Al separarse, ambos se lamentaron de que ese leve contacto había resultado demasiado breve e insatisfactorio.
-Tenía tantas ganas de volver a verte... –murmuró ella.
-Yo también, no sabes cuántas.
-¿Por qué no me contaste en tus últimas cartas que ibas a venir hoy? –preguntó Ana.
-Quería que fuera una sorpresa.
Se miraron a los ojos, y se produjo un silencio incómodo.
-Dentro de un par de horas cenamos todos juntos en Campo Real. –le informó ella.
-Lo sé, llegué hace tres horas, y de hecho me he escabullido para verte, mi madre pensaba que lo mejor era que me vistiera para la cena, y que ya te vería entonces, pero...
-Lo sé. –le interrumpió Ana. –Lo sé. Yo tampoco podía esperar más. Apenas dormí esta noche.
Alejandro se rió.
-Yo tampoco. Estaba más nervioso que cuando me gradué.
Entonces fue ella quién rió, y Alejandro se sintió embargado por una extraña emoción. Echaba mucho de menos su risa, tan jovial, tan sincera.
-Ana, tengo que contarte algo... –empezó a decir él. –Algo que aún no te he dicho...
Pero fueron interrumpidos por alguien que abrió la puerta. Los dos se giraron, era Juan.
-Hola, Alejandro. –le saludó él y le abrazó. –Me alegro de que ya estés aquí.
-Yo también, señor.
-Por cierto que tu abuela anda buscándote como una loca, quiere que te vistas ya para la cena. –le contó Juan.
Alejandro miró a Ana y sonrió.
-¿Has visto? Me controlan más que si fuera un niño de dos años.
-Mentalmente, nunca dejarás de serlo. –rió Ana.
Alejandro le dio un suave empujón, a modo de queja.
-Bueno, debo irme. –dijo y se encaminó a la puerta.
-¿Alex? –le llamó ella.
-¿Sí?
-¿Qué era eso que querías contarme? –inquirió Ana.
Alejandro miró a Juan, y luego a ella.
-No importa, ya lo haré en la cena. –contestó y salió de la casa.
Juan abrazó a su hija.
-¿Ya estás contenta? –le preguntó.
-Sí, papá. –suspiró Ana, y cerró los ojos mientras su padre le acariciaba la nuca.
Mónica, Juan, Ana y Daniel fueron los últimos en llegar a Campo Real. Andrés y su esposa Carmen lo habían dispuesto todo con ayuda de Amanda y Mariana. La larga mesa del comedor estaba llena de comida, flores y estaba alumbrada con varios candelabros.
Todos se encontraban ya allí, pero Ana se dio cuenta enseguida de que había alguien más, alguien desconocido. Una mujer, al lado de Alejandro. Una mujer joven y hermosa, de cabello castaño rojizo y ojos verdes. Ana palideció.
Mientras sus padres saludaban a la familia de Don Noel, y todos conversaban animadamente, ella se quedó unos pasos atrás, junto a su hermano. Alejandro les vio, y fue hacia ellos. Saludó a Daniel, y la miró.
-Ana, quiero presentarte a alguien. –le dijo.
Alejandro hizo una seña con la cabeza a la mujer, que se dirigió a ellos. Se detuvo junto a Alejandro, y Daniel se reunió con sus padres.
-Ana, ésta es Carolina Mendoza, mi prometida. –la presentó él.
Ana se quedó boquiabierta, paralizada. Un nudo de angustia se le instaló en el estómago, y apenas pudo disimular el disgusto.
Carolina tendría dos años más que Alejandro, calculó. Sus ojos la escudriñaban de un modo casi grosero. Ana vio un destello en ellos, un destello de profunda antipatía, mezcla de desprecio y odio.
-Y Carolina, esta es Ana Alcázar y Valle, ya sabes.
-Sí. –habló Carolina y le estrechó la mano a Ana. –Alex habla mucho de ti, constantemente...
Dicho esto, Carolina se dio media vuelta y volvió junto Marcelo y Mariana.
-¿Esto era lo que...? –Ana tuvo que tragar saliva para poder continuar. –¿Era lo que querías decirme?
-Así es. –musitó él.
Ana le miró, sin poder ocultar su enfado.
-¿Por qué no me lo dijiste por carta? ¿Eh? –ella no pudo contenerse y le dio un golpe en el brazo con el puño.
-Lo siento, pero no sabía cómo hacerlo, lo intenté, pero por alguna razón me resultaba difícil, no me salían las palabras. –se excusó Alejandro.
-¿Y esto te parece más fácil? –replicó ella.
Alejando calló, extrañamente confuso.
-¿Y bien? –preguntó Ana. -¿Cuáles son tus planes?
-Carolina es huérfana, su hermano viene en unos días para la pedida de mano. Nos casaremos aquí en San Pedro, yo ocuparé el puesto de mi abuelo en Campo Real, y luego viviremos en una casa que construirá Nicolás. Él es el hermano de Carolina, arquitecto. –le contó él.
Ana no respondió, todo se le había venido encima de golpe. Alejandro creyó ver dolor en sus ojos, y la culpa le inundó.
-¿No venís a sentaros? –dijo alguien, mientras ellos seguían mirándose.
Durante la cena, Ana apenas habló. Todos conversaban, reían y escuchaban como Alejandro y Carolina narraban la historia de cómo se habían conocido y enamorado, y de los muchos planes que tenían. Ana permanecía al margen, sentada entre su hermano y su primo Esteban. Se alegró de que nadie percibiera su turbación, o que al menos no le preguntaran nada. Estaba ausente, y no vio venir la copa que se le derramó sobre el mantel. En cuanto terminaron de comer, se excusó diciendo que le dolía la cabeza, y volvió a casa.
Fue a buscar a Isaura, necesitaba contárselo todo. Entró en la cocina y se encontró con Meche y El Tuerto, que estaban a solas, besándose. Seguramente, Azucena ya se había ido a casa con Joaquín y su hijo. Los dos se sobresaltaron por su presencia, y se apartaron, un poco avergonzados.
-Señorita, ¿desea algo? –le preguntó Meche.
-Sí, Meche... ¿sabes dónde está Isaura? –solicitó Ana.
-Voy a buscarla. –se ofreció El Tuerto.
Pero antes de que se moviera, Isaura llegó. Ana se la llevó de la mano a su habitación.
Se sentaron juntas en la cama. Isaura estaba esperando que hablara.
-Isaura yo... –trató de empezar Ana.
-¿Que pasó, Ana? Pareces triste, y pensé que era todo lo contrario.
-Alejandro nos presentó a todos en la cena a su prometida, Carolina Mendoza. Se va a casar con ella. –le explicó Ana.
Isaura se sorprendió tanto que abrió la boca. Ana empezó a llorar y se recostó sobre el regazo de su amiga.
-¿Se va a casar? –repitió Isaura atónita.
Juan acompañó a su hermano hasta el despacho. Andrés se lo había pedido cuando todos se habían ido, y Mónica se quedó esperando en la sala, con Carmen.
Andrés se sirvió una copa, Juan rehusó tomar algo.
-¿Qué pasa? –quiso saber Juan.
-He pensado en algo, y quería consultarte.
-Bien. ¿De qué se trata?
-Había pensado en colocar a mi hijo como administrador, ya que tú y yo nos encargamos de lo demás... ¿te parece bien? –habló Andrés.
-No. –dijo secamente Juan. –Yo pensaba en Daniel para ese puesto, es mil veces más responsable y está mucho mejor preparado, lleva años ayudándome.
Andrés contrajo su expresión, molesto.
-Daniel no necesita ese puesto.
-¿Cómo qué no? –le rebatió Juan.
-Podemos hacer que se ocupe de otra cosa... mi hijo...
-Tu hijo no sabe hacer nada. Es un completo inútil y un vago. –soltó Juan sin pensarlo.
-Mi hijo es muy inteligente.
-Lástima que no utilice esa inteligencia más que para manejar la entrepierna. –prosiguió Juan.
-¡Basta! ¡Se hará lo que yo diga!
-¿Por qué? –inquirió Juan, furioso y dolido. –Porque siempre has pensado que yo tengo menos derechos, ¿verdad? Siempre creerás que esta hacienda te pertenece sólo a ti. Pero escúchame, Andrés, acepté tu proposición de ocuparme de ella por ti, y por mis hijos, tengo tantos derechos sobre ella como tú. Yo la levanté de la nada mientras tú huías de todo en Europa.
Andrés suspiró.
-Lo siento. –se disculpó. –Lo siento. Me he dejado llevar... tienes toda la razón, mi hijo es un vago, y esta hacienda es tan tuya como mía. Quizás más tuya que mía. Y sé que Daniel está mucho más capacitado para hacerse cargo de esa tarea que mi hijo, pero lo hago por Esteban. Pensaba que un trabajo en la hacienda le serviría para convertirse en un hombre. Entiéndeme, Juan, ya no sé qué hacer con él...
-Entiendo. Y me parece razonable. Tal vez podamos dejar que ambos se encarguen de ello. Daniel podría enseñar a tu hijo, y así ninguno pierde.
-Me parece buena idea.
-Perfecto.
-Gracias, Juan. –sonrió Andrés.
Isaura pasaba la mano por el cabello de Ana, consolándola.
-No sé que decirte, -hablaba Isaura –siempre pensé que se casaría contigo.
Ana se sentó, perpleja.
-¿Qué? –acertó a preguntar.
-Bueno, era obvio. ¿Quién iba a pensar algo como esto?
-Isaura, ¿de qué hablas? Alejandro es como mi hermano. Nunca se me pasaría por la cabeza casarme con él. –repuso Ana.
Isaura se rió, verdaderamente divertida.
-Sí, claro. –comentó escéptica.
-La razón por la que estoy molesta es porque no me lo contó, porque yo soy su mejor amiga y porque de alguna forma le perderé... y porque no me gusta esa tal Carolina. –se explicó Ana.
-Es decir, que no estás enamorada de Alejandro, ¿no?
-¿Qué... qué te hace pensar eso? –tartamudeó Ana.
-Todo. Y creía que él te correspondía, esto me confunde. –dijo Isaura. –La relación tan íntima que tenéis, cómo os miráis, la forma desesperada y angustiosa de la despedida, la constante necesidad de estar juntos...
-¡Yo no estoy enamorada de Alejandro! –chilló Ana, y al oírse pronunciar esas palabras, se dio cuenta de cuán falsas eran.
Alguien tocó a la puerta. Ellas se miraron, desconcertadas.
-Adelante. –dijo Ana.
Alejandro abrió la puerta, y se apoyó en el marco de la misma, con la chaqueta en la mano. La miró.
-¿Qué haces aquí? –inquirió Ana.
-Mis padres y Carolina ya están durmiendo. –habló él. –Meche me abrió la puerta abajo.
-¿Qué quieres?
-Me preguntaba si... –Alejandro esbozó una sonrisa. –si querrías dar conmigo un paseo por la playa.
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Capítulo III
by Cris (no login)Ana y Alejandro caminaban descalzos sobre la arena. La noche era templada y una suave brisa azotaba los árboles. La luna llena iluminaba el mar con su reflejo plateado.
Alejandro tomó aire, respirando el olor a salitre, oyendo las olas romper contra las rocas.
-Añoraba tanto esto... –comentó él. –El mar, estar contigo.
Ana sonrió para sí. Estaba nerviosa, y por alguna razón no podía dejar de juguetear con las manos. Se sentía ridícula en ese estado. Se sentía ridícula porque él la ponía nerviosa.
-Alex... ¿te das cuenta de qué por hacer esto te enviaron a la ciudad? Me parece que no estamos siendo sensatos... y no quiero meterme en otro lío. –dijo ella.
-Te has vuelto muy prudente. –se rió él.
-Si nos viera alguien, a esta hora...
-A esta hora la gente duerme. Al menos la clase de gente que podría criticarnos. –Alejandro hizo una pausa. –Lo siento, lo menos que quiero es ponerte en una situación comprometida. Pero tenía ganas de venir a la playa, de venir contigo, y pensé que era buena idea.
-¿Tu novia lo sabe? –preguntó Ana, que hizo un gran esfuerzo para pronunciar la palabra “novia”. –Dijiste que no.
-No. Decidí salir cuando ya estaban todos acostados, como te conté.
-¿Te parece bien hacerlo a escondidas? ¿Por qué se lo ocultas? –le interrogó Ana.
-Oye, ¿qué te pasa? No voy a abusar de ti ni nada por el estilo. No se lo dije, porque ella estaba ya en su cuarto, y pensé esto de pronto. –contestó él algo molesto.
-No es eso lo que quise decir, Alex, es que ahora vas a casarte, y las cosas cambian. –explicó ella.
-¿Qué cambia exactamente?
-¡Tú! Ahora tienes que estar con ella, no conmigo.
-¿No puedo estar contigo por qué estoy comprometido? Eres mi mejor amiga, si no estoy contigo, me muero. –soltó él casi sin darse cuenta.
Ana se detuvo, y le miró. Le temblaban las piernas, tenía ganas de decirle lo que sentía, pero se dio cuenta de que por primera vez en su vida, no podía contarle todo lo que se pasaba por su mente.
-Tienes que estar con ella, y guardar las apariencias. –aconsejó.
-Eso antes no te importaba.
-Ahora sí.
-¿Por qué?
-Yo he cambiado. Nosotros, Alex. Tenemos que ser adultos. ¿La quieres, no? No la hagas daño.
Ella esperaba que él dijera cuánto quería a Carolina, pero no lo hizo.
-Entiendo. Y tienes razón, no puedo ser tan egoísta, debo pensar en ti. Pero bueno, este paseo no te perjudicará. ¿No te agrada estar conmigo a solas después de cinco años? –habló él.
-Mucho, demasiado.
-Entonces no te quejes tanto. –sonrió Alejandro.
Siguieron caminando, pero entonces fue él quién se paró. Sacó algo de un bolsillo de su chaqueta. Algo envuelto en papel de regalo.
Extendió la mano, y se lo entregó a Ana. Ella observó el paquete, de tamaño mediano.
-¿Qué es? –inquirió.
-Mi regalo de cumpleaños, sé que llega con una semana de retraso, pero no quería que pensaras que lo había olvidado.
Ana le sonrió con cariño, y lo abrió. Era un libro, con una encuadernación de lujo.
-Sonetos de William Shakespeare. –leyó ella.
-Sé que ya los tienes, pero como también sé que te encantan, y esta es una edición nueva, pensé que era el regalo perfecto. –explicó Alejandro. –Primero pensé en un brazalete o unos pendientes, pero... no es lo adecuado para ti.
-Me conoces perfectamente. Mejor que nadie. Me encanta el regalo. Muchas gracias.
Ana se puso de puntillas y le dio un beso en la mejilla. Alejandro sonrió, satisfecho.
Ella notó como el rubor asomaba en sus mejillas. Nunca le había pasado, se sentía demasiado violenta. Comprendió que tener conciencia de su amor hacia Alejandro sólo complicaba las cosas.
-¿Te parece si...? –intentó proponer él.
-¿Si qué?
-¿Cómo en los viejos tiempos?
-Es de noche, ¿te has vuelto loco? –se escandalizó Ana.
-Tienes razón, perdona.
Ana le rodeó y salió corriendo hacia una de las rocas.
-¡Tonto el último! –gritó.
Alejandro no pudo contener la risa, y la siguió. Logro alcanzarla, la tomó por la cintura, y la tumbó sobre la arena. El libro de Ana cayó a un lado. Los dos estaban fatigados, y él estaba montado sobre ella.
-Sigues siendo una tramposa. –la acusó.
-Y tú un mal perdedor.
Los dos rompieron en risas. De pronto Ana se sintió aún más incómoda, debido a la extrema cercanía de Alejandro. Quiso besarle, pero se contuvo.
-Es tarde. –dijo ella. –Tengo que volver a casa.
Alejandro asintió, y la ayudó a levantarse. Ella tomó su libro, buscaron los zapatos, se los pusieron, y regresaron.
Carolina se levantó temprano, y después del desayuno, pensó en dar un paseo por el mercado. Le pidió a Alejandro que fuera con ella, pero él se excusó diciendo que tenía que reunirse con su abuelo en Campo Real para organizarse en su nuevo trabajo. Carolina rechazó la compañía de Mariana, porque la aburría, y le dijo que prefería caminar sola.
Recorrió las calles, llenas de gente, observando los puestos y los vendedores. Se paró frente a un puesto que tenía una variedad extraña de cosas, desde fruta hasta faldas y enaguas. Estaba entretenida contemplando, cuando una mujer chocó contra ella.
-Lo siento. –se disculpó.
Para su sorpresa, la mujer no era una campesina o criada, era una mujer de sociedad, a la que habían empujado accidentalmente.
-Usted es nueva en el pueblo, ¿no? –preguntó la mujer que obviamente no podía ocultar la curiosidad.
-Sí. –respondió escuetamente Carolina.
-¿De dónde es?
-De la capital. –contestó Carolina. –Vine para casarme.
-Enhorabuena. –sonrió la mujer, de unos cincuenta años. –¿Y quién es el afortunado?
-Alejandro Romero.
-¿De veras? –la mujer contrajo la expresión. –¿Ese muchacho ya está en San Pedro?
-Sí. –Carolina vio que quería hablar, pero no se atrevía, así que la empujó a hacerlo. -¿Le conoce bien?
-Bueno, conocerle, conocerle... más bien por las habladurías. –explicó la mujer.
-¿Y qué habladurías son ésas?
-No sé si deba...
-Por favor, se lo ruego, voy a casarme, así que me gustaría saber que cosas se hablan de mi futuro marido. –sonrió falsamente Carolina.
-Pues se dice que sus padres le mandaron a la capital para separarlo de Ana Alcázar y Valle.
-Eso es ridículo, él fue a estudiar su carrera de derecho.
-Sí, pero le enviaron apresuradamente para acallar los rumores. –dijo la mujer en voz baja.
-¿Qué rumores?
-Pues, más de uno vio a su prometido y a esa chica en la playa. Juntos, casi desnudos, y en posturas poco... decentes.
Carolina abrió los ojos desorbitadamente.
-¿Qué? –preguntó.
-Sí, todos saben que ellos eran amantes o algo así, y para evitar el escándalo, lo enviaron allí. La familia de Ana nunca se deja ver en las fiestas ni los círculos de sociedad, son raros. Y Ana es una muchachita, en fin, ya sabe... alocada. –añadió la mujer, que ya no podía callar.
-Gracias por la información. –dijo Carolina, y se marchó de allí, dejando a la mujer con la palabra en la boca.
Juan había invitado a comer a su hermano y su familia a la casa, para informar a los dos muchachos que desde entonces trabajarían juntos en Campo Real. Meche tuvo preparada pronto la comida.
Mónica y Ana pusieron la mesa.
Andrés, Carmen y Esteban llegaron puntuales. Esteban parecía aún algo dormido, y poco interesado en comer con sus tíos y primos.
Ana se encontraba en la cocina con Meche e Isaura mientras ellos se sentaban en la mesa.
-Bueno, en sólo unos minutos hay que servir la sopa. –comentaba Meche. –Isaura, hija, ¿quieres hacerlo tú?
-Ni hablar. –se negó la chica. –Me pondría demasiado nerviosa.
-Algún día tendrás que hacerlo. –replicó su madre sonriendo.
La puerta de la cocina que daba a la calle se abrió de golpe. Era Azucena, venía visiblemente apurada.
-Meche... –la llamó.
-¿Qué ocurre? –preguntó ésta.
-Es el Tuerto, tiene fiebre... está mal. Hemos llamado al médico, pero pensé que sería bueno que estuvieras aquí. Acabó de llegar del mercado, y Joaquín me lo dijo. Quizás sea de la caída... –contó Azucena.
-¿Qué caída?
-Estaba en el puerto, se cayó, y se cortó con algo. Tiene una herida en la pierna.
Meche se sobresaltó. Se quitó el delantal, y lo dejó sobre la mesa. Miró a su asustada hija.
-Isaura... tendrás que servir tú la comida, ¿de acuerdo? Yo me voy con Azucena. –le dijo.
-¿Qué? Pero yo no puedo... –intentó negarse Isaura, pero de nada sirvió. Antes de poder continuar, su madre y Azucena habían salido de la cocina.
Ana la miró.
-Tu padre va a estar bien. –la animó.
Isaura asintió con la cabeza.
-Pero yo no puedo servir...
-¿Quieres que te ayude? –propuso Ana.
-No, mi madre me mataría.
-Oye, tranquila. –habló Ana –Somos nosotros, no hay problema.
-No estáis solos. –replicó Isaura.
-Lo hagas mejor o peor, mis tíos no te dirán nada. Ellos no son así.
-¿Y tu primo? Hace años que no le veo, pero era muy impertinente.
-Seguramente estará tan dormido que no tendrá tiempo para fijarse en cómo sirvas, y cómo diga algo, nos echaremos todos encima de él. No te preocupes. –la tranquilizó Ana. –Y ahora voy al comedor, te espero allí.
-Ana... deséame suerte. –pidió Isaura.
Ana sonrió a su amiga desde la puerta.
-Suerte. –musitó.
Ana entró en el comedor, y besó a sus tíos y a su primo, antes de sentarse junto a ellos.
-Papá, -habló Ana –Meche ha tenido que salir por motivos de urgencia, así que Isaura servirá la comida.
-¿Motivos de urgencia? ¿Qué pasó? –preguntó Juan preocupado.
-El Tuerto tuvo una caída en el puerto, se cortó y quizás tenga infectada la herida porque tiene fiebre. –le informó ella.
Juan se puso en pie, dispuesto a irse. Mónica le detuvo cogiéndole una mano.
-Cariño, si fuera grave te avisarían. Tranquilo, siéntate. –le dijo ella dulcemente.
Juan escuchó a su esposa, y se sentó de nuevo en la cabecera de la mesa.
-En cuanto terminemos de comer, iré a verle. –dijo Juan.
-¿Y bien? La razón por la que estamos hoy aquí es... –intervino Esteban, que era incapaz de disimular su fastidio.
-Esteban, no seas grosero. –le reprendió Carmen.
-Hijo, es tu familia, ten un poco de respeto. –dijo Andrés a su vez.
-Lo siento. –se disculpó Esteban. –Pero imagino que hay un motivo.
-Sí. El motivo es que Daniel y tú vais a trabajar juntos en Campo Real. –le comunicó Juan.
Daniel miró a su padre, sorprendido.
-¿Trabajar juntos? –preguntó.
-¿Trabajar? –dijo a su vez Esteban.
-Es hora de que aprendas lo que es el trabajo, y adquieras un poco de responsabilidad. –se dirigió Andrés a su hijo. –Y Juan y yo pensamos que quizás Daniel pueda enseñarte ambas cosas. Os encargareis de la administración de la hacienda.
-¿Los dos? –inquirió Daniel.
-Sí, así que haceros a la idea, porque mañana empezareis en ello.
-Pero papá... –quiso protestar Esteban, pero Andrés no se lo permitió.
-Pero nada. Es una orden, y no hay discusión. –dijo.
-Tendrás que tener paciencia conmigo, primo. –habló Esteban mirando a Daniel.
Daniel le sonrió.
Entonces Isaura pasó al comedor con la sopera en las manos. Esteban levantó la cabeza, y la vio.
Carolina estaba en su habitación cuando la informaron de que tenía visita. Bajó a la sala de la casa, allí estaba él con las maletas. Un joven alto y guapo.
-Nicolás... –murmuró Carolina y le dio un beso en la mejilla como recibimiento. –No pensé que llegarías tan pronto.
-Terminé los planos de la casa de la familia Garza, y pensé que era mejor no demorarme más tiempo. Así puedo empezar a diseñar vuestra casa.
-Me alegra que hayas venido.
-¿Algún problema? –quiso saber él.
-No, no todavía. Vamos a tu recamara para que dejes las maletas, y acompáñame a Campo Real. –dijo Carolina. –Alejandro está allí.
Esteban la miraba fijamente mientras ella servía la sopa uno a uno. Tenía sus ojos clavados en ella, de una forma insolente. Isaura se sentía tan violenta e incómoda que sus nervios aumentaron.
Por fin, le tocó el turno a él. Esteban se apartó un poco para permitir que ella le sirviera la sopa en el plato.
Cuando Isaura se inclinó con el cucharón, él acercó su boca al oído de la muchacha.
-Estás muy bonita, Isaura. –le susurró imperceptiblemente.
Ella se sobresaltó, y derramó el líquido sobre los pantalones de Esteban. Todas las miradas se volvieron hacia ellos. Él se levantó de la silla.
-Oh, Dios mío, lo siento, lo siento muchísimo, señor... no quería... –tartamudeaba Isaura echa un manojo de nervios.
-Está bien, no importa... –aceptó Esteban. –No importa, tranquila.
-No sabe cuánto lo siento, soy tan torpe, perdone, yo... –continuaba ella.
-Isaura, ¿por qué no llevas la sopera a la cocina? –intervino Juan. –Y no te preocupes, así has despertado a mi sobrino.
La muchacha se retiró a la cocina. Esteban la siguió.
-Voy a limpiarme un poco los pantalones. –se excusó.
Isaura dejó la sopera sobre la mesa de la cocina, y rompió a llorar, avergonzada. Esteban entró justo detrás de ella. Al percibir su presencia, ella se irguió y se limpió las lágrimas.
-¿Se le ofrece algo, señor? –inquirió ella.
-Descansa Isaura, no hace falta tanta seriedad. –contestó Esteban. -¿Tienes algo para limpiarme un poco?
-Claro.
Ella se dio la vuelta, y abrió un cajón. Mientras, Esteban tuvo tiempo para contemplarla de arriba abajo, sin reservas.
Isaura sacó un paño, y lo humedeció un poco. Se acercó a él, y lo frotó contra la mancha.
-Isaura... ¿cuánto tiempo hacía que no nos veíamos?
Ella le dio el paño.
-Creo que será mejor que se limpie usted, señor. –le dijo.
-¿Me tienes miedo? –preguntó él, divertido.
-Es respeto, señor. –precisó Isaura.
-Miedo. –insistió Esteban. –Sólo soy unos pocos años mayor que tú, no hace falta que me llames “señor” constantemente. Tengo un nombre para ser utilizado.
-Así me enseñaron a tratar a la gente, señor... –replicó Isaura.
Ana les interrumpió entrando en la cocina, y miró a su primo, con desconfianza.
-Esteban, ¿por qué no vas al cuarto de mi padre? Él te dejará unos pantalones secos. –habló.
-Sí, claro.-respondió él sin apartar la vista de Isaura.
La muchacha bajó la cabeza, ruborizada.
Ana fue a Campo Real por la tarde. Quería montar a caballo y olvidarse de todo lo ocurrido en los últimos días. Alejandro, sus recién descubiertos sentimientos por él, la próxima boda. Todo.
Ensilló su caballo preferido, y salió a montar. Iba tan absorta en si misma, y tan rápida, que no vio lo que se venía encima. En los amplios y largos prados verdes de Campo Real había otro jinete. Cuando Ana se dio cuenta, intentó sofrenar su caballo, pero no tuvo tiempo. A un paso del caballo que tenía enfrente, el suyo se encabritó, y la lanzó al suelo.
Cayó de costado, y maldijo al animal. El otro jinete detuvo su caballo, desmontó y se acercó a ella.
Ana comprobó que se trataba de un hombre joven y atractivo. Su pelo era de color castaño, y sus ojos verdes. Se parecía mucho a Carolina...
-Perdone, la culpa ha sido mía. –habló él ofreciéndole la mano para ayudarla a ponerse en pie.
-Desde luego que ha sido suya. –contestó ella, furiosa.
-Me parece que no. –se molestó él, que no esperaba una respuesta tan poco educada. -¿Dónde ha aprendido a montar así? ¿Iba a suicidarse o quería matar a cualquiera que se cruzara en su camino?
-¿Quién diablos es usted? –preguntó Ana.
-Nicolás Mendoza.
-El hermano de Carolina, lo suponía.
-¿Y usted es...?
-Ana Alcázar y Valle. –se presentó ella.
-La amiga de Alejandro.
-Exactamente.
-Déjeme ayudarla a levantarse.
Ana le dio la mano, pero no pudo ponerse en pie, y dejó escapar una exclamación de dolor.
-No puedo... –dijo ella. –Me duele el pie izquierdo...
Nicolás la tomó en brazos y la alzó.
-¿Mejor así? –comentó él.
Carolina y Alejandro estaban juntos en la sala de estar de Campo Real. Él había terminado de poner las cosas en orden con su abuelo, y dado que su prometida y su hermano habían aparecido allí, los tres habían decidido quedarse el resto del día en la hacienda.
Ella hablaba y hablaba sobre la boda, y el modisto que había escogido para hacerle el vestido de novia.
Entonces Nicolás entró en el lugar con Ana en sus brazos. Alejandro se asustó y se adelantó, quitándole a Ana de los brazos, y depositándola cuidadosamente en uno de los sofás.
-¿Qué ha pasado? –inquirió mirando alternativamente a Ana y Nicolás.
-Se cayó del caballo, porque iba demasiado rápido. –contó Nicolás.
-Por qué el suyo se interpuso en mi camino. –protestó Ana.
-Lo que usted diga. –replicó Nicolás.
-Por supuesto. –afirmó Ana.
Carolina los observaba dos pasos más atrás, en silencio.
Alejandro tocó el tobillo dañado de Ana, y ésta se quejó una vez más.
-Quizás sólo necesites unas vendas. –comentó él. –Carolina, ¿quieres decirle a las criadas que llamen a un médico, por favor?
-No creo que sea necesario, es sólo un tobillo dolorido. –replicó ella con su habitual frialdad.
-Haz lo que te digo. –exigió Alejandro. –Y tú, Nicolás, ¿querrías traerme de la cocina unos paños mojados para limpiarle la sangre?
-¿Yo? –preguntó Nicolás.
-Sí, pídelo y te lo darán.
Los dos hermanos obedecieron de mala gana, y se retiraron. Alejandro aprovechó para reprender a su amiga.
-¿Cuántas veces te hemos dicho que no montes así? –le dijo.
-Eso es asunto mío.
-Podrías haberte abierto la cabeza, ¿lo sabías?
-¿Desde cuándo te interesa tanto lo que me pase? –repuso Ana, enfadada.
-¿Qué? No sé que te ocurre, pero por el bien de los dos, pasaré ese comentario por alto.
-Pues no lo hagas. –le azuzó ella.
-¿Por qué estás tan enfadada? No entiendo tu actitud últimamente. Desde que llegué, estás distinta, no pareces la misma.
-Vas a casarte, y fui prácticamente la última en enterarme. Me ha dolido, se suponía que yo era tu mejor amiga. –explicó Ana, obviamente ocultando parte del motivo de su furia.
-Eres mi mejor amiga. –aseguró Alejandro rotundo.
Ana le miró fijamente a los ojos.
-¿De verdad?
-No lo hice por qué no lo estimé necesario...
-¿No consideras necesario comunicarme la noticia de tu compromiso? –preguntó Ana, incrédula.
-Tú y yo, y nuestra amistad, quedan al margen de Carolina.
-Como los amantes quedan al margen del matrimonio. –comparó ella aún más molesta.
-No te lo oculté con ningún propósito determinado, lo siento, nunca sabía como decírtelo por carta, el tiempo fue pasando, y al final, pensé que lo mejor sería decírtelo en persona.
-Delante de ella.
-No pude hacerlo de otro modo. En cualquier caso, deberías perdonarme. –opinó Alejandro. –Tampoco es tan grave.
-No lo es para ti.
-Entonces simplemente has decidido odiarme porqué no te conté una cosa, cuando siempre solía contarte todo. Ya no quieres ser mi amiga, después de veinte años.
-No seas cínico ni le des la vuelta al tema, Alex. –replicó Ana.
-Tú lo haces constantemente.
-El punto es que...
-Cállate. –ordenó Alejandro.
-No. Me mentiste, ese es el problema, la persona que creía que mejor conocía, me mintió...
-Cállate.
-¡Cállame tú! –gritó Ana perdiendo el control de su furia e indignación.
Alejandro vio que se ponía roja de ira. Ana estaba fuera de sí, y en esos momentos era mejor dejarla hasta que se calmara.
Ella respiró hondo, tratando de apaciguar su enfado, y sus celos descontrolados.
Carolina y Nicolás regresaron.
-El médico llega en unos minutos. –les informó Carolina.
Nicolás se acercó a Alejandro y le entregó un paño empapado. Alejandro lo tomó, y le limpió cuidadosamente el pie a su amiga.
Poco después llegó el doctor. Atendió a Ana, y le vendó el pie. Le recomendó reposo, y se fue.
-Bien, yo la puedo llevar a su casa. –se ofreció Nicolás.
-No, yo lo hago. –le rebatió Alejandro tomando en brazos a Ana.
Mientras se alejaba con ella, Carolina vio como Ana apoyaba su cabeza sobre el hombro de Alejandro. No dejó de mirarles hasta que salieron por la puerta de la casa.
Luego, se volvió hacia su hermano.
-¿Qué te parece Ana? –le preguntó.
-Hermosa, y demasiado complicada para mí. –contestó Nicolás.
-Tú tienes mucha experiencia con las mujeres, has estado con demasiadas. –comentó Carolina. -¿Podrías con ésta?
-¿Adónde quieres ir a parar, hermanita? –quiso saber él.
-Quiero que me hagas un favor. –expuso ella.
-¿Qué clase de favor?
-Enamórala y sácala de mi camino. Quiero que la alejes de Alejandro.
Escrito desde Jun 24, 2004, 2:57 AM
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Capítulo IV
by silvana (Acceso 3909041167)
ModeradorasNicolás posó sus ojos en su hermana, atónito.
-Eso no es un favor, Carolina, es una locura. –opinó él.
-No te estoy pidiendo que me juzgues. Te pido que me ayudes para que esa mujercita no me arruine el matrimonio. Es tu deber cómo hermano mayor protegerme.
Nicolás rompió en risas.
-Tú no necesitas protección, hermana. –dijo. –¿Que te preocupa tanto?
-Lo mucho que le importa a Alex esa chica, cómo la mira cuando cree que yo no me doy cuenta, el hecho de que me ignore totalmente cuando ella está presente...
-Si a Alex le gustara tanto Ana no se casaría contigo.
-Ese es el punto. Estoy segura de que él no sabe cuánto le gusta. –explicó ella.
-¿No has pensado que si yo me acerco a ella con intenciones románticas él puede averiguar sus sentimientos? Los celos son poderosos. –le advirtió Nicolás.
-Si lo haces con discreción, no. Yo sé que Ana está enamorada de Alex, eso no se puede ocultar ante otra mujer. Pero los hombres siempre estáis mucho más ciegos y no lo veis. Lo que quiero es que ella se fije en ti, sin que él se dé cuenta, al menos al principio.
-Los hombres pueden tener amantes, Carolina.
-Alex no, es demasiado transparente, y no podría. Su conciencia es demasiado escandalosa. –repuso ella. –Si Ana se enamora de ti, asunto resuelto.
Nicolás se quedó pensando un instante.
-¿Por qué quieres casarte con un hombre que no sabes si está enamorado de ti? –preguntó él.
-Porque yo sí lo amo. Tú sabes que he tenido varios pretendientes, la mayoría de los cuáles estaban mucho más interesados en la fortuna que nos dejó nuestro padre al morir, que en mí. Pero Alex no es así. Quizás le gusté o lo que fuera, no me importa que no esté enamorado, aunque él crea que sí. A él le aceptaría de cualquier manera, no me importan sus razones para estar conmigo, sólo quiero que esté conmigo. Es el único con el que quiero casarme... es él a quién yo quiero. –dijo ella.
Nicolás guardó silencio nuevamente.
-¿Entonces vas a ayudarme? –insistió Carolina.
-Sí, pero lo haré porque a mí me interesa. Lo haré porque esa chica me divierte... y me gusta.
Alejandro dejó a Ana sobre la cama, en su habitación. Uno de los coches de Campo Real les había llevado hasta la casa de Ana, y él la había trasladado en brazos hasta su cuarto. Todo el camino habían estado en silencio.
-¿Qué tengo que hacer para que me perdones? –habló él.
-Nada, ya lo sabes. Las disculpas nunca han hecho falta entre nosotros. –contestó Ana más serena.
-Pero antes no discutíamos como lo hacemos ahora... ¿qué nos está pasando, Ana? –él hizo una pausa. –Quizás sea que te he decepcionado, y no puedo dar marcha atrás. No sabes cuánto lo siento.
Ana le miró, con los ojos llenos de lágrimas.
-No, no eres tú, no es culpa tuya, Alex... soy yo. Sabes que tengo mal carácter. –dijo ella. –Me dolió que no me lo contarás, pero sobre todo... me tomó por sorpresa la noticia. Quizás...quizás hubiera reaccionado igual si me lo hubieras contado por carta.
-¿Qué te preocupa de mi boda?
Ana tuvo que morderse la lengua para no gritarle su amor desesperado hacia él, sus ganas incontrolables de besarle, y de estar a solas con él. Era un deseo que no podía dominar, algo que jamás había sentido, y que de algún modo, la avergonzaba.
-Pues... me da miedo perderte. Ya no seremos los mismos. Ya no seré... la mujer... la persona más importante de tu vida. –expuso ella.
Alejandro la sonrió, con ternura, y se sentó a su lado.
-Siempre serás la chica más importante de mi vida, aunque esté casado. A ti te quiero de una manera absolutamente distinta a cómo quiero a Carolina.
Ana bajó la vista, reprimiendo el llanto. Esas palabras le hicieron más daño que cualquier otra cosa. Ella quería que él la amase de la forma en que lo hacía con Carolina, lo suficiente para hacerla su esposa.
-Ya lo sé. –le sonrió Ana haciendo un esfuerzo sobrehumano. – ¿La quieres mucho?
-Sí. –respondió él. –Es decir, supongo, porque estoy deseando que llegue la boda.
-¿Cuándo es?
-En una semana.
-¿Una semana? –repitió Ana aterrorizada. –¿Tan pronto?
-Me gustaría que ese día tú compartieras mi felicidad. –pidió él.
Ana asintió con la cabeza.
Alejandro estaba tan cerca, que sus manos se rozaban. Ella fijó su vista en ellas, y se estremeció al sentir el contacto de su piel.
-Debo irme. Esta noche será la pedida de mano. Tengo que vestirme. –habló él.
Alejandro se levantó y la miró.
-¿Te duele mucho?
-¿Qué? –se sobresaltó ella cómo si él hubiera podido leerle el pensamiento.
-El pie. –aclaró Alejandro.
-Ah, no, no... soy fuerte. –sonrió Ana.
-Lo sé.
Una vez él se hubo ido, Ana hundió la cabeza en la almohada, y se echó a llorar. Isaura pasó por delante de su puerta, y al oír su llanto, entró en la habitación y corrió a su lado. Le acarició la espalda con cariño, intentando consolarla.
-Ana... ¿qué pasó? –quiso saber ella. –¿Es el pie?
-No, no... es Alejandro, Isaura... la boda es en una semana.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Le vas a confesar lo que te pasa? –sugirió Isaura.
Ana se volvió hacia ella, y dejó de llorar.
-No puedo hacer eso. –balbuceó.
-¿Por qué no? Tenéis la suficiente confianza cómo para hacerlo, él tiene que saber lo que sientes... –repuso Isaura.
-No puedo, ¿no lo entiendes? Si lo hago, sólo irá a peor. Se romperá nuestra amistad, le haré sentirse culpable por estar haciéndome daño. Él quiere a Carolina, punto y final de la historia. Yo no puedo hacerle esto a unos días de su boda. Todo se estropearía más. –explicó Ana.
-¿Entonces qué vas a hacer?
-Tragarme lo que siento. –contestó Ana. –Ser fuerte, y luchar para controlar lo que me pasa por dentro. Olvidarle o lo que sea.
Isaura la abrazó.
-Bueno, -le susurró Isaura. –escojas lo que escojas, yo estoy a tu lado.
-Gracias, amiga.
Ana se secó la cara con las manos.
-¿Qué tal tu padre?
-Mejor, la fiebre ha remitido. Han detenido la infección, y aunque está débil, el doctor dijo que se pondrá bien. –le contó Isaura. –Tus padres están ahora en mi casa, con él.
Los días pasaron rápidamente. Daniel y Esteban empezaron a trabajar juntos en Campo Real, al igual que Alejandro, aunque éste repartía su tiempo entre sus tareas en la hacienda, y la organización de su inminente boda.
Daniel tuvo que armarse de valor con su primo, que cada día llegaba a una hora distinta al despacho, hacía poco y mal, y le dejaba encargado de todo a él. Juan quiso enfrentarse a su sobrino, pero Daniel le pidió que no interviniera, dado que ya era un hombre y sabía resolver las cosas él mismo. Aunque lo cierto es que no conseguía imponerse ante su holgazán primo.
El día de la boda llegó antes de que Ana pudiera darse cuenta.
Durante aquellos días, apenas había salido de su casa. No había ido a Campo Real, debido a su tobillo, y sobre todo, porque no quería encontrarse con Alejandro o Carolina. A él no le había visto desde la conversación en su habitación, puesto que estaba muy ocupado con la boda, y ella le rehuía.
Esa mañana, su casa estaba alborotada, sus padres vistiéndose y arreglándose para el momento. Ella encerrada en su cuarto, tumbada en la cama, despierta. No había conseguido conciliar el sueño un sólo día desde el regreso de Alejandro.
Isaura había sido invitada a la boda por Alejandro, que recordó la época en que jugaba con ella y Ana en la playa. La muchacha estaba nerviosa porque ese no era su ambiente, y quiso rechazar la invitación, pero nadie le dejó hacerlo. Ana prometió dejarle uno de sus vestidos, así que Isaura apareció en su habitación temprano.
La obligó a levantarse, y las dos se vistieron y prepararon para la boda en la habitación de Ana. Se peinaron la una a la otra, y Ana le recordó cómo debía comportarse en la mesa y en la ceremonia.
Los bancos de la iglesia estaban abarrotados. Toda la gente del pueblo había ido a ver la boda, al fin y al cabo, hacía mucho tiempo que no se celebraba ninguna en San Pedro.
Había una alfombra roja que llegaba hasta el altar, y tantas flores adornaban la capilla, que el olor impregnaba el aire de un modo casi empalagoso.
Ana entró acompañada de su hermano y de Isaura, caminando tras Juan y Mónica. El novio estaba al pie del altar, esperando. Sus padres y sus abuelos estaban sentados en el primer banco.
Alejandro la vio llegar, y se dirigió a ella.
-Estoy nervioso. –le dijo antes de que ella ocupara un sitio en el banco.
-Todo irá bien. –le susurró Ana.
Él la sonrió, y ella se sentó en el segundo banco con su familia, tras la de Alejandro.
Toda la capilla se sumió en el silencio. Ana observaba a su amigo, la expectación y ansiedad de su rostro. Pocos minutos después, Carolina apareció en la puerta de la iglesia con el padrino, su hermano.
La marcha nupcial comenzó a sonar justo cuando la novia dio el primer paso por la alfombra. Lentamente avanzaba, y Ana la contemplaba, llena de pena y celos.
Carolina iba a convertirse en la esposa de Alejandro, y nada podría evitarlo. Su vestido era blanco nieve y el velo le cubría toda la cara. Estaba hermosa, aunque su extraña sonrisa, más de victoria que de felicidad, estropeaba la expresión de su rostro.
Carolina se detuvo al llegar al lado de Alejandro, Nicolás pasó a sentarse en el banco, y Ana creyó ver cómo éste le sonreía.
Entonces dio el comienzo de la ceremonia.
Toda la esperanza y la angustia de Ana se centraron en el instante del “sí, quiero”. Carolina aceptó tan rápidamente que casi atropelló al sacerdote con sus palabras.
Alejandro tardó unos segundos en contestar. Pero para desgracia de Ana, lo hizo.
-Sí, quiero. –dijo él.
Ana no oyó las siguientes palabras que pronunció el sacerdote, el resto fue una sucesión de imágenes. Sintió la mano de Isaura aferrada a la suya, dándole fuerzas. Nada más. Sólo vio a través de un velo de lágrimas como Alejandro y Carolina, que ya eran marido y mujer, se besaban sellando su matrimonio.
El banquete se celebró en Campo Real a sugerencia de Andrés y Carmen, pues ya que era un caluroso día de verano, colocaron las mesas en el exterior. Por parte de Alejandro estaban invitados solamente la familia y algunos amigos de su padre y abuelo.
Pero por parte de Carolina el número de invitados aumentaba crecientemente, a pesar de que Alejandro hubiera preferido una boda más íntima.
Las mesas eran circulares y estaban situadas debajo de las copas de los árboles, en la sombra.
Ana apenas probó bocado, y tuvo ganas de salir corriendo en cuánto empezó el vals de los novios. Una pequeña orquesta amenizó toda la celebración con música suave.
Ella los vio bailar, y su dolor de cabeza se volvió más agudo. Le pidió a Isaura que le trajera una pastilla para calmarlo.
La chica se dirigió a la cocina para pedírselo a una de las criadas. En la puerta de la casa se topó con dos amigos de Esteban. Los dos estaban bebiendo, y riendo. No había nadie más allí.
Isaura agachó la cabeza, y apuró el paso. Pero uno de ellos ya la había visto, y la agarró por la cintura, atrayéndola bruscamente hacia él.
-Oye, preciosa, ¿cómo te llamas? –le preguntó el tipo echándole todo su aliento a alcohol sobre la cara.
Isaura apartó la vista, y forcejeó inútilmente para que la soltara. Al hacerlo, el hombre la apretó más, y buscó su boca.
-Eh... ¿no quieres hablar? –continuaba él. –Tal vez prefieras divertirte de otro modo...
Isaura le empujó, y él la sostuvo más violentamente.
-Déjeme... –exigió ella.
-No si antes no me das un beso... vamos, sólo uno...
-¡No! –gritó Isaura.
-¿Nunca te han besado?
Cuando ella creyó que tenía la batalla perdida, Esteban apareció de pronto. Nunca le había visto tan serio. Apartó al tipo de un simple empujón.
-Con ella no te metas, ¿me has oído? –le dijo Esteban y le dirigió una mirada tan fría como el hielo.
-¿Qué? ¿La quieres para ti? –le increpó el otro.
-Ese no es el tema. El tema es que ella está fuera de tu alcance. –replicó Esteban.
-Tú no eres mejor que nosotros, Esteban. –habló por primera vez el otro hombre que estaba junto al que había intentado propasarse con Isaura. –Y si crees que por revolcarte con una jovencita virgen y sumisa lo serás, te equivocas.
Isaura no entendía con claridad que estaba pasando. No creía que esos hombres se estuvieran peleando por ella, y de pronto, la cosa simplemente estalló.
Esteban ni siquiera contestó, se limitó a asestarle un fuerte puñetazo en la nariz al tipo, que cayó al suelo, y empujó al otro.
-¡Fuera de mi casa! –gritó.
Luego, tomó a Isaura por el brazo.
-¿Estás bien? –le preguntó.
Ella asintió.
-¿Dónde ibas?
-Iba a buscar una pastilla para el dolor de cabeza de Ana, señor.
Esteban sonrió al oírle decir “señor”.
-Está bien. Voy contigo. –dijo él.
Nicolás se acercó a Ana cuando vio que se había quedado sola en su mesa.
-¿Me permite? –dijo extendiéndole una mano para invitarla a bailar.
-En realidad me voy a ir ahora, en cuánto regrese mi amiga... –intentó excusarse Ana.
-No sin antes bailar conmigo.
-Me temo que sí.
-¿Siempre es tan desagradable? –inquirió él.
-Sólo con la gente que provoca que me caiga de los caballos.
-Eso fue culpa suya. Y de todos modos, le estoy ofreciendo una tregua. Sólo es un baile.
Ana suspiró. Si quería quitarse de la cabeza a Alejandro, lo mejor era empezar por conocer a otros hombres, aunque fueran hermanos de Carolina.
-Está bien. –aceptó.
Isaura y Esteban pasaron a la cocina, y la joven consiguió la pastilla para Ana. De regreso a la fiesta, él se paró en el recibidor, que estaba vacío.
-¿Qué quiere ahora? –quiso saber ella.
-Dime, Isaura... ¿qué piensas de mí? –preguntó él sin contestar a la pregunta de ella.
Isaura dio un paso atrás.
-No debo decirlo.
-Te lo estoy pidiendo. No voy a amonestarte ni nada por el estilo, puedes decirlo con confianza. –aseguró Esteban.
-No creo que quiera oírlo.
-Te equivocas.
-En ese caso... –Isaura tomó aire. –Pienso que es usted un engreído, donjuán, vago, irresponsable, incorregible, grosero, impertinente, y sin sentimientos.
Esteban la miró, francamente divertido.
-Vaya... –dijo. –Y algunos creen que no sabes defenderte... ¿de verdad piensas todo eso de mí? ¿No me ves nada bueno?
-Bueno, hace años, la última vez que le vi, me tiró de las trenzas, y se estuvo burlando de mí todo el tiempo...
-¿Yo hice eso?
-Sí. –afirmó ella, e hizo una breve pausa. –Pero también es verdad que acaba de salvarme de sus amigos.
-No eran mis amigos. Sólo unos malos compañeros de fiesta. No debí dejar que vinieran a la boda de mi primo.
-Se lo agradezco, estaba asustada.
Esteban se aproximó a ella, tanto que sus bocas estaban a escasos milímetros. Isaura sintió el calor en sus mejillas, y bajó la vista. Algo daba vueltas en su estómago, y creyó que estaba mareada. Él percibió su sonrojo.
-¿Qué te pasa conmigo, Isaura? –inquirió.
-Creo que... que me pone nerviosa. –titubeó ella.
Esteban sonrió para sí.
-Me alegro. –musitó.
Ana bailaba con Nicolás en el centro de la fiesta. Era un hombre que realmente bailaba muy bien, aunque ella no tenía mucha experiencia.
-¿Qué tal está su pie? –se interesó él.
-Bien, sino no estaría aquí bailando con usted.
-¿No cree que deberíamos olvidarnos de tanta formalidad y empezar a tutearnos?
-¿Por qué? ¿Vamos a ser amigos? –repuso Ana.
-Ahora entiendo porqué no tiene ningún pretendiente. Es usted demasiado seca, si me permite decírselo.
-No, no se lo permito. Eso es asunto mío.
Nicolás entendió que Ana no era la clase de mujer que estaba acostumbrada a coquetear, tampoco le interesaban las conversaciones habituales de otras chicas de su edad.
-¿Sabe? Si sigue tratándome así, me veré obligado a pisarle el otro pie. –bromeó Nicolás y consiguió arrancarle una sonrisa a Ana.
-Ah... ¿usted sonríe? –prosiguió él. –Es todo un descubrimiento.
Alejandro salió de la casa. Había entrado con su esposa para meter las maletas. Se quedarían viviendo en la hacienda hasta que la nueva casa estuviera lista.
Lo primero que vio cuando regresó a la fiesta, fue a Ana y Nicolás bailando juntos.
Se quedó paralizado. El semblante de Ana mostraba que estaba cómoda con él, sonriente. Estaban coqueteando. Estaban juntos, y se divertían.
Algo se removió dentro de Alejandro, algo desconocido, algo a lo que no podía ponerle nombre. Carolina le llamaba desde la puerta, quería irse a la habitación con él.
Alejandro no la oyó. Sólo tenía en la mente a su cuñado y su amiga bailando. No veía nada más.
Sintió un pinchazo profundo en el pecho. Era el aguijón de los celos.
Escrito desde Jun 26, 2004, 9:40 PM
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Capítulo V
by Cris (no login)Juan y Mónica regresaron a casa con sus hijos e Isaura al anochecer. Al entrar, Isaura se reunió con su madre, y la familia se quedó de pie y junta en el recibidor. Juan y Mónica se abrazaron.
-La boda fue bonita. Aunque la novia... –comentó Mónica. –No me resulta muy parecida a Alex, en fin, no creo que tengan mucho en común.
-No lo sé, pero Mariana estuvo llorando todo el tiempo en la iglesia, y Don Noel estaba absolutamente emocionado. –habló Juan. -¿Tú qué piensas, Ana?
La chica miró a sus padres.
-Estoy cansada. –murmuró.
-Claro, tanto bailar, tanto bailar... –bromeó Daniel y le dio un suave empujón a su hermana.
-Sí, sobre ese asunto, Ana. –intervino Juan. –Hija, ¿te gusta el hermano de Carolina?
-¿Qué? –se sorprendió ella.
-Tu madre y yo veníamos hablándolo, si es así, no nos importa que te corteje, pero con visitas en la casa, en determinados horarios.
-¡No! Sólo bailé con él por ser amable. –replicó Ana.
-Cielo, tú nunca eres amable con los hombres. –disintió Mónica.
-No me vais a casar con él, si es lo que esperáis. –repuso Ana. –Voy a acostarme. Buenas noches.
-Yo también me voy. –dijo Daniel.
-Buenas noches. –les despidió Juan.
Ana y Daniel se retiraron. Mónica suspiró, pensativa.
-¿Crees que Ana encontrará alguna vez a un hombre que le haga feliz? –preguntó.
-No lo sé. Espero que sí. Tal vez ese Nicolás... al menos ha conseguido más que la mayoría. –comentó él.
-Muchas veces no entiendo a nuestra hija, es igual a ti.
Juan no respondió a eso, y se limitó a besarla en la boca.
-¿Qué te parece si...? –propuso él. –Hoy es una noche de bodas.
Mónica le sonrió, y se fijó en los pequeños surcos blancos que empezaban a asomarle en su negro y largo cabello. A pesar del tiempo, Juan no había cambiado ni una pizca en nada.
-Me parece bien. –dijo.
Ella le besó, y se fueron a su habitación.
Alejandro entró con Carolina en la que sería su recamara en Campo Real. Se la habían preparado especialmente para esa noche, el mobiliario era lujoso, el cuarto amplio, había flores y sábanas de seda.
Él vio el deseo prendido en los ojos de su esposa, y sintió una súbita oleada de culpa.
Alejandro había estado con un par de mujeres en la intimidad en toda su vida, y siempre creyó que la noche de bodas con Carolina sería maravillosa. Le gustaba, pensaba que la amaba. Pero en ese instante crucial, lo único de lo que se ocupaba su cabeza era de Ana y Nicolás, y la posible relación que podría surgir entre ellos.
No conseguía comprender por qué no podía pensar en otra cosa, porque le importaba tanto. Al fin y al cabo, debería estar contento porque Ana podría prometerse con un hombre. Pero la verdad es que no le gustaba Nicolás para ella, le recordaba demasiado a Esteban. En realidad no creía que ella pudiera encontrar a alguien suficientemente bueno.
Carolina se acercó a él, y le besó suavemente en los labios. Se dio cuenta de que su esposo estaba ausente.
-¿No te gusta la habitación? –le preguntó.
-Por supuesto.
-¿Entonces?
-Nada, cariño, el día ha sido largo, y estoy cansado.
-Espero que no mucho. –le sonrió ella.
Alejandro forzó una sonrisa de respuesta. Estaba tenso, frío, distante. No quería estar así, Carolina no se lo merecía, pero algo se había desbocado dentro de él y ya no podía pararlo.
Ella le llevó hacia la cama, y Alejandro decidió quitarse el asunto de la cabeza. Hizo el amor con su esposa, que se durmió plácidamente y feliz.
Él no durmió en toda la noche. La tortura acababa de empezar.
-El viaje de novios durará dos semanas. –le contaba Ana a Isaura en la cocina la mañana después de la boda, mientras se bebía su zumo de papaya.
-¿Y dónde irán?
-Creo que a Francia, no sé. Se van esta mañana.
-¿Y qué vas a hacer tú? –preguntó Isaura.
-No lo sé. Ayer Nicolás me invitó a pasear por Campo Real, a montar a caballo... pero la verdad es que no me apetece demasiado. Es hermano de Carolina, y sólo me recordaría más a Alejandro.
-Ese hombre es guapo, yo creo que deberías darle una oportunidad. Se le ve muy interesado en ti.
-Me gusta, pero... tú y yo sabemos a quién amo.
-¿Sabes cuál es tu problema? –comentó Isaura y no esperó respuesta. –Que en toda tu vida sólo has conocido bien a un hombre, Alejandro. Bueno, yo no soy muy experta en el tema, pero está claro que si no descubres a otros, no podrás comparar.
Ana rió, divertida.
-Tienes mucha razón, pero Alex nunca fue “un hombre” para mí. Es decir, era como mi hermano, nunca le miré de ese modo, y jamás habría imaginado que estaba enamorada de él. Le conozco desde siempre, he estado con él desde que puedo recordar. –le rebatió Ana. –Y sé que no puedo seguir atormentándome, él no siente lo mismo y se ha casado... pero necesito tiempo para superarlo. Tú no lo sabes, porque no te has enamorado todavía.
Isaura se aclaró la garganta.
-Ayer cuando fui a buscarte la pastilla para tu dolor de cabeza, me encontré con dos invitados borrachos, e intentaron propasarse conmigo. –le confesó.
-¿Te hicieron algo? –se asustó Ana.
-No, porque tu primo intervino. Le dio un puñetazo a uno, y los echó a los dos.
-¿Mi primo hizo eso? –se sorprendió claramente Ana.
Isaura asintió con la cabeza.
-Esteban está muy extraño contigo, Isaura. No me gusta. –opinó Ana. –No dejes que se acerque a ti, es mi primo, pero ya te he dicho como es, y no quiero que te haga daño. Lo último que tú necesitas es convertirte en una de sus queridas.
-Yo jamás haría eso. –se ofendió Isaura.
-Él tiene mucha experiencia, -prosiguió Ana –es guapo, inteligente aunque vago, simpático...
-¿Adónde quieres ir a parar?
- A ninguna parte, Isaura. Sólo quiero que tengas los ojos bien abiertos. –la aconsejó Ana. –Y los pies en la tierra. Si pasara algo entre vosotros, estoy segura de que él no se haría cargo. Primero, porque se aburre de todas las mujeres, y segundo... porque nunca se casaría con la hija de una criada.
Isaura apartó la vista de Ana. Aunque se lo negara, aquello le había dolido.
-Isaura... –Ana hizo una pausa. -¿Tú sabes lo que pasa entre un hombre y una mujer?
La muchacha la miró, violentada.
-¿Qué? Por supuesto, por supuesto que sí...
-¿Quién te lo ha contado?
Isaura calló.
-No pasa nada, Isaura. Yo me siento afortunada, porque mi madre habló conmigo de ello para que lo supiera, pero la mayoría de los padres no lo hacen, les da reparo. Mi difunta abuela nunca lo hizo con mi madre. Y a mi madre le costó bastante hacerlo conmigo. –dijo Ana. –Te lo contaré, y sabrás lo que Esteban busca.
Daniel perdió por completo la paciencia al ver todos los documentos sobre la mesa de su despacho. Le había pedido a su primo que los ordenara, que firmará las facturas, y que las enviara, pero nada se había movido de aquella mesa desde que él la había visto por última vez.
Salió a buscarlo, recorrió media hacienda, y lo encontró fuera, hablando con una chica de clase alta, una de sus amantes, pensó. Se le acercó, enfadado.
-Esteban, tenemos trabajo. –le recordó Daniel sin siquiera mirar a la chica.
-Subo ahora, primo, estaba despidiéndome de una amiga, Isabel Rivas.
Daniel se fijó en ella. Una mujer que tendría probablemente la misma edad de su hermana, rubia, de tez blanca y ojos castaño oscuro. Bonita, con la nariz respingona y bastante insípida en conjunto. Luego, miró nuevamente a su primo.
-Esteban, o subes y te haces cargo de tu parte del trabajo, o yo renuncio. –le amenazó.
Esteban se sorprendió visiblemente.
-Está bien, subo ahora. Tranquilo. –dijo.
Luego, sonrió a Isabel, y le besó la mano.
-Buenos días, Isabel. Espero verte pronto. –se despidió Esteban, y Daniel tuvo que esforzarse para contener la risa mientras la mujer suspiraba.
Alejandro y Carolina se fueron de viaje de luna de miel, y Ana no tuvo la oportunidad de despedirse de su amigo. Se preguntaba a sí misma si lograría dominarse y acallar sus sentimientos para cuando él regresara, tenía dos semanas. Quería, ante todo, mantener su mente ocupada, y no tener tiempo para pensar en él.
Decidió ir a la Palapa. Recordó los veranos que había pasado allí con su familia, cuando era una niña, luego el trabajo de su padre había aumentado, y simplemente habían dejado de ir. Juan la había enseñado a nadar, a correr por la playa, a amar el mar. Y si Ana estaba segura de algo, era de que nunca podría vivir en un lugar sin costa.
Al llegar al lugar, la nostalgia la invadió. Sonrió melancólicamente. Aquel escondite lo amaban por encima de todo su padre y ella, porque eran espíritus afines.
Así que tomó una resolución. No iría a Campo Real, no le apetecía ser asediada por Nicolás Mendoza, deseba estar sola y tranquila. Pidió ayuda a Isaura, y ambas se dedicaron a alistar el sitio para que volviera a ser habitable.
En ello pasaban gran parte del día, limpiando, restaurando, sacando los trastos inservibles y luego decorándolo un poco. Al final la Palapa quedó sobria, pero cómoda.
La semana siguiente, Ana la pasó yendo allí simplemente a leer, o a pasear por la playa. El resto del tiempo estaba con Isaura, o ayudando en casa, o con su hermano.
Fueron dos semanas monótonas y tranquilas.
Alejandro regresó el día del cumpleaños de Esteban.
Esteban, haciendo honor de su carácter, había decidido celebrar sus veinticinco años con una fiesta en Campo Real. A ella invitó a toda la familia, a los recién casados y a Isaura, por mediación de Ana. Se lo dijo en la puerta de la casa, y se fue.
Ana pasó a la cocina a decírselo a su amiga.
-Isaura... mi primo acaba de irse. –habló.
Isaura estaba preparando la cena, y se le cayó un cuchillo al suelo al oírla.
-¿Tu primo? –repitió ella.
-Quiere que tú también vayas a su cumpleaños.
-¿Yo? Pero...
-Isaura, déjame dar mi opinión. Mira, es obvio que él está detrás de ti, y lo sabes, no eres tonta. Lo mejor sería que no fueras. –dijo Ana.
-¿Por qué? ¿ Me consideras tan poca cosa para él? –Isaura pronunció la última frase sin darse cuenta de lo que esas palabras conllevaban. –Lo siento, no quise decir eso...
-¿Te gusta, verdad? –inquirió Ana. –No te culpo, él es muy atractivo y galante, pero no es para ti... y no por lo que piensas. Es que no te merece. Y además, en una cena con sus amigos... te sentirías muy incómoda. Si ellos descubren quién eres... Isaura, son unos malcriados. No son como mi familia o la de Alejandro. Olvídate de él.
-¿Y qué hay de Alejandro?
-Eso es distinto. Yo estoy resignada, y lo sabes.
-Lo único que sé, Ana, es que somos tan estúpidas que a las dos nos gustan hombres que no podemos tener. –replicó Isaura.
-Lo sé, somos un fracaso, ¿eh? –sonrió Ana.
Isaura asintió.
-Gracias, Ana. Tienes razón, lo mejor es cortar con esto de raíz. Cortarlo antes de que empiece. –dijo para sí Isaura.
Mónica obligó a Ana a ponerse unos de sus vestidos de gala, dado que seguramente la fiesta de Esteban estaría llena de gente de sociedad. La peinó con un elegante moño, y no aceptó sus quejas.
Llegaron todos a Campo Real a media tarde. Ana vio los carruajes a la puerta, y tuvo náuseas y ganas de salir corriendo. La casa estaba llena, y la primera cara conocida que vio fue la de Nicolás.
Esteban se acercó a ellos en cuanto los vio. Saludó a sus tíos y a su primo, y se dirigió a Ana.
-¿Isaura? –le preguntó en voz baja.
-No viene, se quedó recogiendo la cocina, porque Meche y Azucena estaban ocupadas en otras cosas. Felicidades, primo, y espero que los veinticinco te hagan madurar un poco. –le contestó Ana.
-¿No viene? –murmuró Esteban visiblemente decepcionado.
Mónica y Juan se reunieron con Andrés, Carmen, Mariana, Marcelo, Amanda y Don Noel, y juntos pasaron a otro comedor un poco más pequeño, dónde estarían solos. Ana les vio retirarse, y también vio como su hermano la abandonaba después de felicitar a Esteban, pues quería ir al despacho a terminar de hacer algunas cosas. Daniel tampoco era proclive a esas fiestas, y si había asistido, era como ella, obligado.
Así que Ana se quedó sola en medio de todos. Pero ello no duró mucho. Nicolás fue hacia ella, con una sonrisa en su rostro.
-Vaya... creí que no volvería a verla. –la saludó. –Déjeme decirle que está radiante esta noche. No parece usted.
-No soy yo. Es cómo mi madre querría que fuese. –aclaró Ana.
-Entiendo. –él hizo una pausa. -¿Porqué no vino a verme a Campo Real? Pensé que aceptaría mi invitación.
-A mí no me corresponde hacer las visitas de cortejo. Ni me apetece.
-¿Cortejo? ¿Cómo ha dicho?
-Hablemos claro, -replicó Ana –usted me asedia con algún tipo de propósito que prefiero no saber, y yo ni soy de las que se hacen amantes de los hombres, ni tampoco de las que se casan, así que está usted perdiendo el tiempo.
-Siempre tan amable... –bromeó Nicolás sin alterarse ni ofenderse. –Yo sólo quiero conocerla.
-¿Por qué?
-Porque me parece interesante. La única mujer interesante de toda esta sala, y la única que yo he conocido hasta ahora.
Ana no supo que contestar a eso. No estaba preparada para que él le dijera algo así. Giró la cabeza, y vio a Alejandro entrar acompañado de su esposa. Carolina se veía feliz. Alejandro estaba extraño, como contrariado.
Antes de que pudiera decidir mentalmente que iba a decirle cuando lo tuviera delante, Alejandro y Carolina ya estaban a su lado. Ella ni siquiera le dirigió la palabra, y fue directamente a besar a su hermano.
Alejandro, bastante tenso, besó en la mejilla a Ana.
-¿Qué tal todo? –le preguntó con un hilo de voz.
-Bien... –murmuró ella. -¿Qué tal el viaje?
-Fantástico.
Ellos se miraron a los ojos, y por un instante fue cómo si no supieran que decirse.
Poco después, todos se sentaron en la larga mesa. Ana aceptó sentarse junto a Nicolás, puesto que no conocía a nadie más, y su hermano prefirió no bajar a la fiesta, e irse temprano a casa. Enfrente estaban Carolina y Alejandro. Ella estuvo hablando durante toda la cena, mientras que Alejandro apenas pronunció cuatro monosílabos.
Carolina hablaba del viaje, de París, de lo mucho que había comprado allí, y de la buena comida. De lo inmensamente feliz que era su vida de recién casada.
Nicolás quiso entablar conversación varias veces con Ana, y ella acabó escuchándole. Luego, Nicolás informó a su hermana de que los planos de su nueva casa estaban casi terminados. Al término de la cena, Nicolás invitó de nuevo a Ana a bailar.
-En serio, no creo que... –intentó rehusar ella.
-Vamos, ha aceptado prácticamente ser mi pareja esta noche. No puede negarse.
Ana miró a Alejandro, que estaba recibiendo un beso de su amorosa esposa.
-Está bien. –dijo.
Mientras ellos bailaban, Alejandro los contemplaba desde la mesa. La misma escena del día de su boda. Ana reía. Y sintió el mismo dolor agudo en el pecho.
-¿Hacen buena pareja, verdad? –le oyó decir a Carolina.
-¿Qué? –balbuceó Alejandro saliendo de su ensimismamiento.
-Mi hermano y Ana. –explicó ella. -¿No te parece, mi amor?
Alejandro no contestó.
-Es obvio que existe una atracción entre ambos. Se gustan. –prosiguió Carolina con una sonrisa malévola dibujada en su cara.
Esteban se escapó de su fiesta apenas pudo. Nadie lo notó, había demasiada gente. Ya era de noche, y las calles estaban casi vacías. Se coló en la casa de sus tíos por la puerta de la cocina. Tal como había esperado, y tal como había deseado, allí se encontraba Isaura barriendo. La muchacha se sobresaltó al verle.
-Buenas noches, Isaura. –habló él.
-Señor... ¿qué hace aquí?
-¿Estás sola?
-Sí, y dentro de unos minutos me iré a mi casa, con mis padres. –contestó ella.
-Te acompaño, no es acertado que vuelvas a casa tú sola, a estas horas. Podría pasarte algo.
-Lo único que podría pasarme es usted. –repuso Isaura molesta.
-¿Perdón?
-¿Qué hace aquí? –insistió ella.
-Esperaba que me felicitarás en mi cumpleaños, y ni siquiera apareciste. Creía que éramos amigos.
-¿Amigos? Usted nunca ha sido amigo de una mujer, señor. Menos de mí, la hija de una sirvienta. No me va a convencer con su sonrisa y sus encantos. No soy estúpida. –protestó Isaura más enfadada aún.
-¿Qué te pasa? La última vez que nos vimos, parecías más amable. –observó Esteban.
-Eso fue porque me defendió, nada más. Las cosas son como son, así que váyase.
Esteban la miró, y no se movió del sitio.
Nicolás se fue con su hermana a su habitación para enseñarle los planos de la casa. Alejandro alegó estar cansado para analizarlos entonces, y se quedó abajo, en la fiesta. Ana se dispuso a sentarse un poco, cuando Alejandro la tomó por un brazo, con una brusquedad inusitada en él.
-Tenemos que hablar. –le dijo. –Vamos.
Ana sabía por su mirada que se trataba de algo importante, así que no opuso resistencia. Los dos se fueron de la sala sin ser vistos, y él la llevó a la habitación suya y de su esposa.
Ana entró y se quedó junto a la puerta, contemplando la bonita habitación. La tristeza volvió a ella sin darse cuenta siquiera. Alejandro daba vueltas por el cuarto, pensativo. Luego, se volvió hacia ella.
-No voy a andar con rodeos. –le dijo. –Quiero saber que hay entre tú y Nicolás.
Ana se rió, pero la expresión de absoluta seriedad de Alejandro le interrumpió la carcajada.
-¿Qué? –preguntó ella, atónita. –¿Por qué...?
-Ese hombre no te conviene. –la cortó él.
-Alex... pero yo ni siquiera...
-Nicolás, por si no lo sabes, es una copia perfecta de tu primo Esteban.
-Nicolás no es como Esteban, te lo aseguro, aunque se parezcan.
-Oh... ¿lo has tratado mucho, entonces? –la increpó Alejandro. –Tanto como para defenderlo...
-Yo no le estoy defendiendo, ¿qué te pasa?
-Te gusta, ¿verdad? Lo vi el día de la boda, lo vi hoy. Bailabas con él, te reías. Te conozco, nunca lo haces, él te gusta... seguramente ya estás pensando en casarte con él. –prosiguió Alejandro.
Ana le observó. Estaba rojo de rabia, nunca le había visto así.
-Alex, yo también te conozco, y sé que te ocurre algo, así que tal como hemos hecho siempre, dímelo.
-Me preocupa que te enamores y te hagan daño. –titubeó él. –Soy como tu hermano, y aunque tenga un año menos, mi deber es protegerte.
-¿Protegerme de un hombre apuesto y de un momento de diversión? No tienes que protegerme de él, ni de nadie... yo sé cuidarme sola. –replicó Ana.
Alejandro se acercó más a ella.
-Eres una necia, ¿no te das cuenta? Hay cosas que no se pueden evitar, como el amor cuando aparece y... –él tragó saliva, nervioso. –Si te enamoras de él, te hará daño, y yo quiero impedir eso...
-Tú no puedes impedir que sufra, Alex. Te lo aseguro. –dijo ella.
-Si me hicieras caso...
-Oye, basta ya. Es asunto mío de quién me enamoro o de quién no, yo decido. Y si Nicolás me parece bueno, tú no tienes nada que decir. Mejor mira con quién te has casado tú. –le espetó Ana.
-¿Qué pasa con Carolina?
-No me gusta. –confesó Ana.
-Y a mí tampoco me gusta Nicolás.
-No empieces otra vez, Alex... –replicó ella casi furiosa.
-Cállate y escúchame... ¿porqué nunca puedes callarte cuando intento hablar?
-No quiero callarme, vuelves de viaje y...
-Cállate. –exigió otra vez Alejandro.
-Y estás raro, apenas me hablas o me miras, y luego me sueltas todo este...
-Cállate.
-Este montón de tonterías, y me haces esta ridícula escena que te juro que no entiendo...
-¿Quieres callarte?
-¡Cállame tú! –gritó Ana fuera de sí.
Alejandro reaccionó instintivamente, en el acto. Ni siquiera lo pensó. Alargó la mano, y la tomó por la cintura, con fuerza. La atrajo hacia él, y buscó sus labios. La besó. La besó en la boca, y Ana se quedó paralizada al principio por la sorpresa. En cuanto pudo reaccionar, lo hizo y respondió al beso.
Alejandro la estaba besando, por vez primera. Habían estado juntos desde niños, cada día, cada hora, siempre, porque no podían estar separados. Y nunca hubo ningún toqueteo, nunca un beso ni una caricia que no fuera de amistad.
Era su primer beso, y se lo daba el único hombre que ella había visto crecer fuera de su familia, y que había estado a su lado toda la vida. Era su primer beso, y se lo daba Alejandro.
Él le abrió suavemente la boca, y tanteó con su lengua, que se abrió paso hasta encontrar la de Ana. Ella se sintió embargada por un sentimiento desconocido. Estaba abrumada, y apretó sus labios contra los de él, mientras el beso se prolongaba y los encendía. Algo similar al fuego salió de sus entrañas y les incendió.
Alejandro apretó sus manos al talle de Ana, ella subió sus brazos hasta el cuello de Alejandro, y le abrazó.
Entonces, él tomó conciencia de lo que estaba haciendo, y la empujó, interrumpiendo súbitamente la caricia. Se miraron.
Alejandro tenía en su mirada todo el dolor, la confusión y el deseo del mundo. Ana vio cómo la miraba, y entendió que la estaba viendo ante él por primera vez en su vida.
Los rostros de ambos estaban enrojecidos, y respiraban con dificultad, debido al cúmulo de emociones.
-Es... es la... única forma de callarte. –tartamudeó Alejandro.
Ana no respondió. Se llevó una mano a los labios.
La puerta de la habitación de abrió de golpe. Era Carolina. Les miró, y vio sobre todo, el abatimiento de su marido.
-¿Interrumpo algo? –inquirió.
Escrito desde Jun 28, 2004, 7:36 PM
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Capítulo VI
by Cris (no login)Carolina observó que su marido se había puesto pálido.
-No, no. –respondió Alejandro. –Ana y yo estábamos... le estaba hablando del viaje.
-¿Y para eso la has traído a nuestra habitación? –objetó Carolina.
-Sí, es que abajo había mucho ruido y no se podía hablar con comodidad. –mintió él.
-Ya veo. –aceptó Carolina poco convencida. Estaba segura de que Alejandro estaba mintiendo, porque no sabía hacerlo.
-Bueno, yo ya me voy, mis padres deben de estar esperándome para volver a casa. –intervino Ana sin atreverse a mirar a Alejandro a la cara.
-Bien. –contestó Carolina, y se abrazó a su esposo. –Porque ya sabes, los recién casados necesitan intimidad...
-¡Carolina! –se quejó Alejandro cada vez más tenso.
-¿Qué? –preguntó ella con una fingida inocencia. –Ella es mayor, sabe de lo que hablo, ¿no es cierto, Ana?
-Yo ya me voy. –se limitó a decir Ana, y salió por la puerta.
Alejandro contuvo la respiración, y luego exhaló un suspiro. Tampoco tuvo valor para mirar a los ojos a Ana cuando se había ido, ni siquiera lo tuvo para levantar la cabeza.
-Por fin, a solas... –murmuró Carolina y trató de besarle, pero él se apartó.
Carolina no pudo ocultar su enfado.
-¿Qué te pasa hoy, eh? –dijo ella. –¿Estás cansado otra vez... o tienes que madrugar mañana?
-Yo, simplemente...
-¿Simplemente qué? No me has tocado desde la noche de bodas, ¿tan horrible fue?- gritó ella. –Dos semanas de luna de miel, y cada noche una excusa diferente... me mareo en el barco, me sentó mal la comida, estoy cansado, hay que madrugar mañana, no me apetece... ¡estamos recién casados! He fingido ante todos que somos un matrimonio feliz, y apenas sé si somos un matrimonio.
-Tienes razón, lo siento, yo...
-¿Qué, Alex? ¿Porque no le ponemos nombre a tu problema?. –le soltó Carolina.
-¿Nombre? –se sorprendió él.
-Ana.
-¿Ana?
-Oye, ¿crees que soy estúpida o qué? Pasas más tiempo con ella que conmigo, la traes a nuestra habitación, hablas de ella, piensas en ella... nunca te dije nada, pero ahora soy tu esposa y no voy a permitir que te veas con ella de esta forma... –explicó Carolina.
Alejandro hubiera podido argumentar eso que tantas veces había dicho, que Ana era tan sólo una hermana para él. Pero hacía unos minutos que eso había dejado de ser cierto, y no podía mentir a su esposa tan descaradamente. Guardó silencio.
-Además, ya sé que tuviste algo con ella. –agregó Carolina.
-¿Qué?
-Me lo contó una mujer del pueblo, antes de la boda. Me dijo que por eso te enviaron a la capital.
-Eso es mentira. –replicó él. –La gente interpreta las cosas como le da la gana... me enviaron para hacer que los rumores dejaran de circular, y para estudiar.
-¿Por qué no me lo contaste nunca entonces?
-Porque era una mentira, y no le concedí importancia. No sé cómo pudiste creer a esa mujer.
Carolina se mordió la lengua. Decirle que sabía que él amaba claramente a Ana sería descubrir demasiado.
-Puedo confiar en ti. Muy bien. –dijo ella. –Pero también necesito intimidad.
-Te prometo que en cuanto tenga en orden las cosas en la hacienda, todo será normal entre nosotros. –contestó Alejandro para tranquilizarla, poco seguro de su promesa. Menos seguro que nunca.
Daniel llegó a casa, y entró en la cocina para beber un vaso de agua. Se sorprendió al ver allí a Esteban, parado cerca de la puerta, y a Isaura, inmóvil con una escoba en la mano.
-¿Esteban? –preguntó él como si no creyera lo que veía. -¿Qué estás haciendo aquí?
-La invité y no vino a mi cumpleaños, así que me pasé por aquí para saber cómo se encontraba. –contestó Esteban.
-¿Isaura? –inquirió Daniel atónito.
-Sí, somos buenos amigos. –dijo Esteban.
-Tú nunca has tenido amigas. –repuso Daniel.
-Eso parece que cree todo el mundo, sí.
-Ya se iba. –habló Isaura.
-La voy a acompañar a su casa. –insistió Esteban.
-No. –replicó Isaura secamente. –No es necesario.
-Yo te acompaño, Isaura. –propuso Daniel.
Isaura le sonrió.
-Muchas gracias. –le dijo.
Esteban les miró, molesto. Vio en sus rostros una nota de complicidad que no le gustó en absoluto.
-Maldita sea. –farfulló para sí en un susurro. Aquello le molestaba más de lo que hubiera pensado.
Ana regresó a casa con sus padres. Corrió a la cocina para hablar con Isaura, pero ni ella, ni su madre ni Azucena se encontraban en el lugar. Suspiró y se sentó en la mesa. Estaba cansada. Había sido un día demasiado intenso. Un día inolvidable, pero también lleno de complicaciones. Un día que no le dejaría dormir en paz. Se pasó de nuevo la mano por la boca, recordando el contacto cálido y suave de Alejandro. Se estremeció, y sacudió la cabeza, como si eso le permitiera quitarse el asunto de la mente.
Se dirigió a su habitación, y allí se soltó el cabello frente al espejo. Un río desordenado de rizos le cayó a ambos lados de la cara. Luego, tomó un peine y trató de desenredarlo con cuidado.
Fue hacia la ventana, y la abrió, dejando que el aire la refrescara. La calle estaba desierta y en penumbra. Era ya muy tarde.
Se quedó allí algunos minutos, y poco después vio a un hombre joven pararse frente a la verja de la casa. Le observó, inquieta. Estuvo apunto de alertar a su padre, cuando aguzó la vista y vio quién era.
Salió de la habitación, atravesó la casa, en la que todos ya dormían, y salió al patio. Abrió la verja, y se quedó junto a él.
-Alejandro... –murmuró ella -¿Qué haces aquí?
-Pensaba en tirar una piedra a tu ventana, o escalar hasta el balcón de tu habitación, o algo así. –rió él.
Ana le observó y se dio cuenta de que estaba borracho. Muy borracho. De hecho llevaba una botella casi vacía en la mano derecha.
-Veo que mi primo te ha contagiado sus vicios en bien poco tiempo de vivir bajo el mismo techo. –dijo ella.
Él estiró una mano y le tocó el pelo, sólo un momento.
-Te queda mejor así, suelto. –opinó Alejandro.
-¿Cómo se te ocurre venir a esta hora? ¿Y Carolina?
-En casa, bien dormida, estaba agotada del viaje... –contestó él y bebió un poco por la botella.
-No deberías beber más. –comentó Ana. –Nunca te había visto así.
-Lo sé. El prudente y responsable Alejandro. –él sonrió sarcásticamente. –Al cuerno.
Ana vio con pena como empinaba la botella. Se la arrebató de la mano, y vertió el poco líquido que quedaba en el suelo, mientras Alejandro protestaba con una exclamación abierta.
-¿Por qué haces eso? –preguntó él.
-Alex... vete a casa, lávate la cara y duerme.
-No puedo, ¿no lo ves? No podía dormir, así que decidí tomar una ayuda.
-Emborracharse a base de ron no es una ayuda. –repuso Ana.
-¿Conoces otra mejor?
-Sí, deja de atormentarte.
-¿Dejar de atormentarme? –repitió él incrédulo. – Esta tarde, te besé. ¿Te das cuenta de lo que supone eso? Ya sería una locura en condiciones normales, pero ahora es mucho más. Estoy casado. Y te he besado. Ana, tú siempre has sido... mi hermana.
-Ese cuento ya acabó. –replicó ella. –Somos amigos y...
-Hemos traspasado esa línea. –la cortó Alejandro. – Ana, te besé... pero no puedo olvidar el hecho de que tú también lo hiciste. Pudiste rechazarme o gritarme que estaba loco, pero no lo hiciste. Lo aceptaste.
Ella bajó la cabeza, sonrojada. No sabía qué mentira inventar para ocultar lo obvio. Alejandro posó sus ojos sobre ella, sobre la curva de sus labios, los lóbulos de sus orejas, la forma de su cuello. Sintió una apremiante urgencia de besarla de nuevo, de mordisquearle suavemente una oreja, de tocarla y probarla. Se asustó tanto que dio un paso atrás. Tragó saliva, tenía la garganta seca y le sudaban las manos.
-¿Qué vamos a hacer? –inquirió.
-Olvidarlo, y enterrar el asunto, Alex. Francamente, no sé cómo pudiste hacer algo así. Yo creo que sólo estás confundido. Céntrate en Carolina, es tu mujer y la quieres. –resolvió Ana.
-Carolina... ¿soy despreciable, verdad? –Alejandro hizo una pausa. – No puedo enterrar el asunto. El tema es que... ese beso, fue el mejor y el peor de mi vida. ¿Lo entiendes?
Ana asintió con la cabeza.
-Es tarde, Alex. Si alguien nos ve... mejor vete ya. –pidió ella.
-Pero tenemos que resolver esto. Tenemos que hablar.
-Ahora no es el momento ni el lugar.
-¿Cuándo entonces? ¿Dónde?
-Mañana. En la Palapa. Allí podremos hablar a solas. –propuso Ana. –Por la tarde.
-Nos vemos mañana.
Alejandro pensó en darle un beso en la mejilla como despedida, pero entendió todo lo que ese gesto conllevaría esta vez. Le dio una palmada en el hombro, y se dio media vuelta.
Ana le vio alejarse, vio como se tambaleaba por la calle. Tenía un nudo en el estómago.
-Nos vemos. –susurró y cerró la verja.
Isaura se levantó temprano, como cada mañana. Llegó a casa de Ana todavía adormitada, y al entrar en la cocina vio como su madre ya se ocupaba de la comida, y Azucena se dirigía a las tareas de limpieza. Sorprendió a su madre dándole un sonoro beso en la cara.
-Por fin llegaste. –le sonrió Meche.
-Papá se fue a la taberna, y me despertó. –la informó ella.
-Isaura, mi cielo, la señora Mónica estuvo aquí hace sólo un momento. Tenemos planes para ti.
-¿Planes? –preguntó Isaura desconcertada.
-Así es. Verás, durante bastante tiempo he estado pensando en buscarte un trabajo fuera de esta casa, para que te hagas mayor. Esta casa es casi como la tuya, y necesitas un trabajo de más responsabilidad. –empezó a explicar Meche.
-¿Y qué habéis pensado?
-El señor Juan comentó que la señora Carolina está buscando una criada personal, y hemos pensado que tú...
-¿Qué? Yo no puedo ser la criada de esa mujer. –replicó Isaura.
-Más respeto, niña. –la reprendió su madre.
-Pero esa mujer... es demasiado... es de ciudad, y seguro maniática y pesada, y además, tendría que trasladarme a Campo Real.
-Campo Real está cerca, y es lo que quiero. Que empieces a hacerte mayor, lejos de nosotros. Te conviene, hija. Hasta que te cases. –dijo Meche.
-Entonces no tengo opción. –comprobó Isaura.
-No. Ve haciéndote a la idea.
Ana apareció en la puerta, y entró. Tenía ojeras, y el pelo aún revuelto.
-Buenos días. –las saludó.
-Buenos días. –contestó educadamente Meche.
Ana cogió una manzana roja del frutero de la mesa, y dio un mordisco.
-¿Has dormido bien? –se interesó Isaura. –No lo parece.
-No he pegado ojo. –dijo Ana sentándose en una silla.
-¿Le sirvo el desayuno, señorita? –le preguntó Meche a Ana.
-Sí, por favor.
-¿Que pasó? –inquirió Isaura sentándose enfrente de su amiga.
-Luego te cuento en mi habitación. –dijo Ana.
Daniel llegó a las seis y media a su despacho en Campo Real. Para su sorpresa, Esteban ya estaba allí, colocando algunos papeles.
Daniel cerró la puerta, y avanzó hacia la mesa.
-¿Y este milagro? –comentó.
-Para demostraros a todos que estáis equivocados. –contestó Esteban. –Puedo trabajar, y ser como tú.
-Me alegro.
Daniel dejó el sombrero sobre una silla, y se dispuso a ojear unos documentos. Esteban no dejaba de mirarle, guardando una pregunta.
-¿Qué? –preguntó Daniel sintiendo su mirada sobre él.
-¿A ti te gusta Isaura? –lanzó Esteban.
-¿Perdón?
-Anoche la acompañaste a casa.
-Para que no fuera sola. –repuso Daniel.
-Para que no fuera conmigo.
-Es lo mismo. –concluyó Daniel.
-¿Lo mismo?
-Oye, dejarla ir contigo, es dejarla en manos del mismo peligro. Y lo sabes.
-¿Creéis que voy a violarla o qué? –protestó Esteban.
-No te hagas el ofendido, te conocemos demasiado bien. Tú seduces a todo lo que lleva faldas, y no dejaré que te metas con ella. A Isaura ni te acerques.
-Entonces te gusta.
-La aprecio. –corrigió Daniel.
-Te gusta. –insistió Esteban. –Yo no la haré daño. A ella no.
-¿Vas a casarte con ella?
-¿Qué? No... yo...
-Entonces sólo quieres divertirte. –prosiguió Daniel.
-No, eso no es así.
-¿Ser su amigo y llevarla a misa los domingos? –se burló Daniel.
-No seas ridículo.
-¿Entonces qué?
Esteban movió los labios, y calló. No sabía que responder.
-Si no puedes hacerla realmente feliz, déjala ir. Para lo que quieres de Isaura, puedes tener a cualquier otra. –sentenció Daniel.
Alejandro se metió en la cama a las cuatro de la madrugada. Carolina dormía tranquilamente, tal como la había dejado.
Al amanecer despertó con ella abrazada a su torso. Él se movió, y sintió un dolor punzante en las sienes. La cabeza le dolía terriblemente.
Carolina se despertó, y le sonrió. Le besó brevemente en los labios. Alejandro fue incapaz de devolverle la sonrisa.
-¿Has dormido bien? –habló ella.
Él asintió.
-¿Qué te parece si... si lo intentamos ahora? Tenemos tiempo antes de que sirvan el desayuno en el comedor. –sugirió Carolina.
-Yo tengo trabajo ahora. –se excusó él y se incorporó.
-Ya veo. –ella hizo una pausa. –Tienes mala cara, mi amor, ¿te pasa algo?
-No, son cosas tuyas.
Alejandro se puso la bata y se dirigió al cuarto de baño para lavarse. Carolina también se levantó, y le siguió.
-Alex... –dijo ella. –Había pensado que tal vez tus problemas se deban al cansancio, o la presión. La casa que aún no tenemos, el largo viaje que hemos hecho, tu trabajo aquí... no sé, había pensado que podríamos tomarnos un día libre e ir por ahí, de campo.
Alejandro que se estaba secando la cara con una toalla, la miró.
-¿De campo? –repitió.
-O a la playa, me han dicho que antes te gustaba mucho, y todavía no me has llevado. Podríamos invitar a Nicolás y Ana, así tendrían oportunidad de intimar más. ¿Qué te parece? –dijo ella y sonrió con malicia.
-No creo que ellos tengan tiempo. –repuso Alejandro.
-Mi hermano sí. Estoy segura. Y Ana... ¿por qué no iba a tenerlo?
Él no contestó.
-No te preocupes por nada, yo les invito a ambos. Es que, estaba pensando que apenas conozco a Ana, y es tu mejor amiga, así que me gustaría que también fuese la mía.
Alejandro salió del baño, y fue hacia el armario del cuarto, de donde sacó un traje.
-Ayer no querías que la viese con tanta frecuencia, y ahora quieres que sea tu amiga íntima. –observó él. –¿A qué viene ese cambio de parecer?
-Bueno, si tú la quieres tanto, no veo porque yo no pueda. Digo, si es buena para ti, seguro que también para mí. –explicó Carolina tras una sonrisa falsa.
Alejandro dejó la ropa sobre la cama.
-¿Qué te parece? –inquirió ella.
-Haz lo que quieras. –masculló Alejandro.
-¡¿Qué te besó?! –chilló Isaura perpleja.
Ana se aseguró de que la puerta de su habitación estaba bien cerrada.
-¿Quieres bajar la voz? –le rogó.
-Perdona. –se disculpó Isaura. –Pero eso es... es... muy importante, que digo yo, casi catastrófico.
-Es catastrófico, y lo peor es lo mucho que me gustó, y que comprobé lo muy vulnerable que soy ante él. Me olvidé de Carolina, de su matrimonio... ¡de mis principios! –le contó Ana.
-Ya veo. Eres humana, Ana. –la justificó Isaura. –Pero... ¿porqué crees que lo hizo?
-No lo sé, parecía tan confundido y atormentado, como cuando vino a la casa ayer.
-¿Vino ayer?
-Cuando todos dormían, y estaba borracho. –continuó Ana.
-Dios mío, y ¿qué te dijo?
-Se sentía culpable por lo que había hecho, está lleno de dudas. Y me dijo que el beso había sido el mejor y el peor de su vida. Quería que lo hablásemos, así que hemos quedado esta tarde en la Palapa.
-¿Solos? –se escandalizó Isaura. –Ana, ¿eres consciente de lo que puede pasar allí?
-No vamos a hacer nada, sólo a conversar. Hemos estado solos cien mil veces.
-Pero no en estas circunstancias. Tú misma lo has dicho, si él se acerca, tú no puedes pararlo...
-Él no se va a acercar con esas intenciones, no está tan loco. –replicó Ana – Es Alex, jamás lo haría.
-Ya te besó una vez. –le recordó Isaura.
-¿Y qué voy a hacer? ¿Dejarlo plantado? –balbuceó Ana.
-Ten cuidado, y piensa bien en lo qué haces. En lo que hacéis, porque supongo que sabes que entre vosotros todo está ya perdido.
Ana se sentó sobre la cama, y cerró los ojos, reprimiendo las lágrimas.
-Sí, ya sé. –musitó.
-Ana...
-¿Qué?
-Voy a ser la criada personal de Carolina. –le comunicó Isaura. –Mañana me voy a Campo Real.
Ana abrió los ojos, y la miró.
-¿Cómo?
-Así es. Mi madre quiere que trabaje en otra parte, con otros patronos.
-Eso es terrible, te vas con esa mujer... y ya no estaremos todo el tiempo juntas. Primero Alejandro, ahora tú. –comentó Ana y se le escapó un sollozo.
Isaura se sentó a su lado. Puso un brazo alrededor de ella, y la abrazó.
-Te prometo que estaré todo lo distante que pueda con ella, y que nos veremos siempre que podamos. Tú irás a verme, y yo haré lo mismo. –la consoló Isaura.
-Echaré de menos tenerte en casa.
-Yo también lo echaré de menos. –confesó Isaura.
Era una tarde calurosa y soleada, como todas las de aquel mes.
Alejandro anduvo el camino hacia la Palapa en menos tiempo del que calculó. Recordaba exactamente el sitio, había estado allí cientos de veces.
Pero ésta vez los nervios y la angustia casi no le dejaban respirar. No sabía qué iba a decirle a Ana, no sabía con qué propósito acudía a la cita. Pero tenía que verla.
Subió unas escaleras, y entró en el lugar. Entró en la habitación principal. Vio a Ana mirando el mar desde la ventana. Cerró la puerta tras él, y ella se sobresaltó.
Ana sintió como le daba un vuelco el corazón. Se giró y sus miradas se encontraron.
-Hola. –la saludó él.
-Hola. –le sonrió nerviosamente Ana. –Te estaba esperando.
Escrito desde Jul 4, 2004, 1:29 AM
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Capítulo VII (XXXXXXX)
by Cris (no login)Se hizo un incómodo silencio entre ambos. Alejandro caminó hasta pararse a unos pocos pasos de Ana.
-Este lugar... está diferente. –comentó él echando un vistazo a su alrededor.
Había una cama grande con mosquitero en el centro del cuarto, un par de pequeñas mesas redondas y otro par de sillas, un butacón, lámparas en dos mesitas contiguas a la cama, una estantería con libros, un armario y unas cortinas bordadas y de color azul pálido en el amplio ventanal. El lugar era muy acogedor.
-Isaura y yo lo arreglamos mientras estabas de luna de miel. –explicó Ana.
-Se ve lindo.
-¿Sabes que Isaura va a trabajar para tu... para Carolina? Será su criada personal.
Alejandro la miró, extrañado.
-¿En serio? No sabía nada. –dijo él.
-Mañana se trasladará a Campo Real, y me gustaría pedirte que la cuides, porque todo va a ser nuevo para ella.
-Claro, no hay problema. –Alejandro tosió para aclararse la garganta. –Carolina me ha propuesto que vayamos de picnic o algo así, con Nicolás y contigo. ¿Qué piensas?
-¿Qué pienso? Como comprenderás, no es mi idea de un día perfecto, sobre todo teniendo en cuenta lo que ha pasado últimamente.
-Creí que Nicolás te gustaba.
-¿Cómo dices? –se molestó Ana.
-¿No disfrutas de su compañía? No hagas caso de lo que te dije ayer, él es un buen hombre, y te puede dar comodidades y una vida feliz...
-¿Qué estás haciendo? –replicó Ana furiosa y separándose de él. – ¿Para eso querías que habláramos? ¿Para expiar tu culpa y arreglarlo como si nada? Ya sé que ese beso fue un tremendo error, que lo hiciste sin pensar, que no significó nada y que desearías borrarlo, pero no es necesario que intentes casarme desesperadamente con Nicolás. Sé cómo son las cosas, Alex. Y te aseguro que no tengo intención de ser tu amante, ni la pobre de tu amiga que se enamoró de ti y pasará la vida lamentándose por no ser correspondida. Tranquilo, no vas a tener que cargar con eso.
-¿Enamorada? –se sorprendió él.
-Hablo hipotéticamente. –balbuceó Ana.
-Hipotéticamente enamorada, ¿me lo dirías?
-¿Qué?
-Si lo estuvieras, de él o de mí, ¿me lo contarías? –preguntó Alejandro.
-Tú te prometiste con Carolina y casi me enteré el día de tu boda. –le recordó ella.
-Ya. Entonces no me lo dirías.
-¿Cuál es el tema, Alex? Quieres que me enamore de Nicolás, ¿es eso?
-Te conviene, sí. –corroboró él y se dio cuenta de lo poco que creía en sus palabras.
-Muy bien. Entonces asunto arreglado. Ya puedo estar contenta porque cuento con tu aprobación para tener hijos con él. Permiso. –dijo Ana con sarcasmo y bastante dolida. Salió del cuarto, dando un portazo.
-¡Espera, Ana! No era eso lo que yo quería... decir. –titubeó Alejandro y salió tras ella.
Meche llegó a casa antes de lo habitual, acompañada de su hija. Azucena se ocuparía ese día de todo en la casa de Mónica y Juan.
Facundo aún no había regresado de la taberna, así que Meche se dispuso a preparar la cena para los tres. Isaura fue a su cuarto para hacer la maleta.
Poco después apareció su padre, y besó a Meche.
-Qué linda estás... –le susurró él al oído.
Meche le sonrió con cariño. Aquel hombretón de apariencia ruda tenía el corazón más tierno que ella había conocido nunca. Le amaba por lo mucho que él la quería y cuidaba.
Isaura tenía la puerta abierta de su habitación y pudo oír a sus padres hablar, probablemente de su marcha a Campo Real.
Su recamara estaba al lado de la cocina, la casa era pequeña, pero ella la echaría de menos. Ahora tendría que dormir en Campo Real, porque a diferencia de Juan o Daniel, ella no podía disponer de carruaje diario para transportarla. Suspiró y se dejó caer sobre la cama.
Pensó en Esteban. Ahora lo vería a diario, y él continuaría con su acoso. Isaura tenía miedo porque no sabía cuánto tiempo podría resistir a su asedio. Contárselo a su madre era una posibilidad, pero verle cada día era una idea que la emocionaba. Si sus padres lo averiguaran, Meche la metería poco menos que en un convento como medida preventiva, y el Tuerto se agarraría a golpes con Esteban sólo por acercarse a su niña, de eso estaba segura. Así que concluyó que lo único que podía hacer era enfrentarse sola a él y sus sentimientos.
Notó la presencia de su padre, y se puso en pie.
-Hola, papá. –dijo ella y le besó en uno de sus rechonchos mofletes.
Facundo sonrió, y observó su maleta abierta.
-¿No has terminado? La cena está casi ya lista. –comentó él.
-Luego termino de hacerla. Aún es pronto, no se ha puesto el sol.
-Tu madre me ha dicho que te apenas por irte.
-Echaré de menos estar con Ana, y esas cosas. –se sinceró Isaura.
-Es por tu bien, no puedes estar todo el día bajo las faldas de tu madre.
-Ya lo sé, papá. Y te aseguro que estoy orgullosa de poder trabajar por mi cuenta. Es sólo que... os voy a echar de menos.
El Tuerto la encerró en sus grandes y fuertes brazos.
-No te aflijas, no te vas al fin del mundo, te veremos casi todos los días. Y si no te tratan bien sólo tienes que decirlo, e iré a rescatarte. –dijo él y la besó en la nuca.
Alejandro vio desde las escaleras de la Palapa cómo Ana se desnudaba en la playa. Se quitó el vestido y se quedó tan sólo con las enaguas y el corsé. Luego, se adentró en el mar, y empezó a nadar. Él se dio cuenta de que hacía mucho tiempo que no la veía nadar, se había perdido cinco años de su vida.
Levantó la vista al oír el canto de una gaviota sobrevolando su cabeza. Adoraba aquel lugar. Adoraba San Pedro y el mar. Comprobó que las nubes estaban cubriendo los rayos del sol y que se estaba formando una tormenta.
Bajó a la playa y gritó a Ana ordenándola que saliera del agua, pero ella no le oyó o fingió no hacerlo. Cuando se enfadaba, no escuchaba. Era terca como una mula. Esperó.
El sol desapareció por completo, y escuchó silbar el viento. Poco después el crujido seco de un trueno. Y dos segundos más tarde llovía torrencialmente sobre la playa. Las olas crecían y se estrellaban con furia contra las rocas. La llamó de nuevo, pero Ana no hizo caso.
-Maldita sea. –masculló él.
Alejandro se desprendió de la chaqueta y fue a por ella. Se lanzó al agua, y nadó hacia Ana. La agarró por la fuerza, en medio de sus protestas, y la arrastró hacia la costa. Ella se cayó sobre la arena al forcejear con él, y bufó. Se levantó, airada.
-No tienes ningún derecho a...
-¿Qué demonios te pasa? –la interrumpió él. -¿Quieres matarte o qué? Mírate, estás empapada, vas a enfermar.
-Tú también estás empapado. –repuso Ana.
-¡Por culpa tuya! ¡Estás loca de remate! Eres peor que una niña pequeña.
Ellos callaron. La lluvia seguía cayendo sobre ellos. Ana se estremeció de frío cuando el viento empezó a soplar de nuevo.
-Estás helada. –dijo él e intentó acercarse, pero ella se movió.
-Déjame. –exigió ella, molesta.
Alejandro sintió aumentar la ira dentro de él, y simplemente recogió la ropa de ambos de la arena, y luego la tomó a ella en brazos, colgándola a su espalda como si fuera un saco.
-¡Suéltame! –gritó Ana.
Alejandro la llevó a la Palapa tan rápido como pudo, la metió en la habitación, y la dejó caer sobre la cama. Tiró su chaqueta y el vestido sobre una silla.
-¿No hay mantas o toallas por aquí? –preguntó él, todavía enfadado.
Ana contempló su ceño fruncido, y cómo su mirada se hacía más intensa en ese estado. Sus grandes ojos negros brillaban, y ella casi se quedó absorta en ellos.
-¿Ana? –insistió él devolviéndola a la realidad.
-En el armario hay varias. Las tengo ahí para cuando vengo a bañarme en el mar. –respondió.
Alejandro sacó dos largas toallas del armario, y envolvió a Ana con una de ellas. Luego, frotó sus brazos para que entrara en calor.
-Tápate, tienes toda la ropa mojada. –indicó ella calmada.
Alejandro cogió la otra toalla y se la pasó por la cabeza, intentando secarse el pelo. Luego, se quitó la camisa, y se arropó con la toalla. Se sentó al lado de Ana, sobre la cama.
Mónica y Juan observaban la lluvia caer desde la puerta de su casa. Azucena ya había servido la cena, y Daniel estaba con ellos.
-¿Dónde puede estar? –hablaba Mónica.
Juan, detrás de ella, puso sus brazos alrededor de la cintura de Mónica.
-No lo sé. –contestó. –Ella siempre suele estar en casa a esta hora.
-¿Crees que le habrá pasado algo?
-No. –afirmó él.
-¿Por qué estás tan seguro?
-Porque es Ana. En fin, es hija mía.
-Quizás esté con Isaura, en su casa, ayudándola a prepararlo todo para ir mañana a Campo Real. –intervino Daniel desde la mesa. – Como hay tormenta, se habrá quedado allí.
-¿Lo ves? Seguro que Daniel tiene razón, mi amor. –dijo Juan. –No hay por qué preocuparse. ¿Quieres que vaya a buscarla?
-No, no es necesario. Seguro que llega cuando pare de llover. –sonrió Mónica. –Aún no ha anochecido. Esperaremos.
-¿No vas a volver a hablarme? –le preguntó Ana a Alejandro.
Él no respondió.
-Estás furioso conmigo. –dedujo ella.
-No es eso, Ana. Tú no tienes la culpa, es lógico que estés decepcionada y dolida con mi actitud. No he sido un buen amigo. No te conté lo de Carolina, me despreocupé de ti, y luego te falté al respeto al besarte.
Ana respiró hondo.
-Cómo tú bien dijiste, yo te devolví el beso, Alex. Y te he reprochado cada palabra y cada acto en el último tiempo, cuando sólo te preocupabas por mí. Hemos metido la pata ambos.
-Pero yo he sido el insensato. –la rebatió él. –Uno siempre tiene que tener en cuenta las consecuencias de sus actos.
Ana se levantó, y anduvo un poco por la habitación, hasta volver a pararse frente a él.
-¿De verdad... de verdad quieres que acepte a Nicolás? –se atrevió a inquirir.
-No. –contestó él secamente.
-¿No? Porqué no le consideras apropiado...
-No, porque... porque...
-¿Qué?
-La razón por la que te dije todas esas cosas ayer fue porque... tuve un ataque súbito e incontrolable de celos. –confesó Alejandro.
Ana sonrió, inevitablemente ilusionada y complacida.
-¿Celos?
-Sí. –afirmó él. –El día de la boda os vi bailando, tú te reías, y ayer otra vez en el cumpleaños de Esteban. Y Carolina me comentó que hacíais buena pareja, y que se os veía interesados el uno por el otro.
-¿Y no te haría feliz que yo me enamorara?
-Pues antes creía que sí, luego pensé que no me gustaba Nicolás para ti, pero debo reconocer que es un buen partido, y ahora... simplemente sé que no me gustaría verte con ningún otro hombre, Ana.
-¿Por qué?
-No lo sé, supongo que el beso lo explica todo. –dijo Alejandro.
-¿Lo explica? Creo que lo complica todo, porque Alex... ya nada volverá a ser igual entre nosotros.
-Explica mis sentimientos, quiero decir. –aclaró él. –Ana, yo... siento cosas muy distintas por ti que por mi esposa.
-Lo sé.
-No, no lo sabes. No es como te he dicho siempre, no te veo como mi hermana o mi amiga de la infancia, ya no. Creo que nunca fuimos simplemente amigos. Nuestros lazos no son tan fraternales como yo creía. –expuso Alejandro.
-¿Estás preparado para esto? ¿Para hablar de ello?
-La verdad me asusta incluso a mí. Entendí algo al besarte, Ana. Pero no sé si debo decirlo. –prosiguió él.
Ana se calló un instante. Quería saberlo, el corazón le latía deprisa. Ése era el momento que tan desesperadamente había ansiado. Pero llegaba demasiado tarde.
-Si vamos a ser sinceros, seámoslo del todo. –apuntó finalmente ella ignorando a la razón.
Alejandro se puso en pie, y la miró fijamente a los ojos.
-Creo que... creo que estoy enamorado de ti. –declaró.
Ana notó como le temblaban las piernas, y por un segundo creyó desvanecerse de la emoción. Movió los labios, pero no pudo hablar.
-Lo sé, es terrible. Pero soy sensato, y espero que tú no me odies por esto, y puedas perdonarme. Y también espero que seas feliz, con Nicolás o con quién sea. Yo intentaré guardarme esto, y enamorarme de mi esposa. –dijo Alejandro.
-¿Enamorarte? ¿No lo estás?
-No. Sea lo que sea que confundí con el amor, no lo es. El amor es... lo que yo sentí al besarte, Ana. ¿Espantoso, verdad? –él bajó la cabeza, sinceramente avergonzado.
Ella retuvo las lágrimas. Tenía una gran presión sobre el corazón, le faltaba el aire para respirar. Deseaba besarle, desprenderle de la toalla y tocarle. Se ruborizó.
-Alex, yo...
-No hace falta que digas nada, Ana. –la interrumpió y la miró de nuevo. –En cuanto pase la tormenta, te llevaré a casa.
-Yo también... –Ana tomó aire. –Yo también te amo, Alex.
Él clavó sus ojos en ella, perplejo. Luego sonrió.
-La buena de Ana... gracias por intentar apoyarme.
Ella cambió la expresión de su rostro, se enfadó.
-No te estoy apoyando, no seas imbécil. Estoy diciéndote la verdad. ¿Por qué crees que me cayó tan mal la noticia de tu boda? ¿Por qué crees que estoy aquí? ¿Por qué sino iba a responder a tu beso? Alex, te amo, no sé desde cuándo, pero lo averigüé el día en que regresaste prometido. –Ana sintió un gran alivio al terminar su confesión.
-¿Estás hablando en serio? ¿Por qué nunca me dijiste nada?
-¡Por qué pensé que tú no sentías lo mismo! –replicó ella.
Guardaron silencio, mirándose intensamente. Luego, Alejandro vio como Ana tiritaba de frío.
-Tienes que ponerte algo seco, o te resfriarás. Mejor quítate la ropa interior, y envuélvete con una o dos toallas secas. Mientras lo haces, te espero afuera. –aconsejó él.
-¡No cambies de tema! –protestó ella. –No te va ser tan fácil ignorar esto. Tenemos un problema muy grande, Alex.
-Y tendrás otro si no te quitas esa ropa húmeda.
-No te vayas ahora, por favor... –rogó ella ahogando un sollozo.
Alejandro dudó, y finalmente, la abrazó. Ella apoyó la cabeza en su hombro, y notó como las manos de él le acariciaban la espalda. Fue un abrazo largo, tibio y efusivo.
Ana rompió a llorar, inevitablemente desbordada por las emociones.
-Ey, tranquila... –le susurró Alejandro. –No pasa nada, todo va a estar bien. Estamos juntos en esto.
Ella se separó, y él estiró una mano, limpiándole las lágrimas que aún caían por sus mejillas.
-Deja de llorar. –pidió Alejandro. –No lo soporto.
-Te quiero tanto que...
-¿Qué?
-Me olvido de ella, podría olvidarme de ella. –dijo Ana.
-Yo también, Ana. Ni siquiera pienso en ella.
Alejandro posó una mano sobre la boca de Ana. Ella cerró los ojos, y él le pasó el dedo pulgar por el labio inferior. Sin poder resistirse, la atrajo hacia él, y terminó con la escasa distancia que separaba sus cuerpos. La besó, largamente. Sus lenguas se encontraron, hambrientas, titubeantes. Ana percibió el tierno contacto de los labios de Alejandro moviéndose al compás sobre los suyos. Su cercanía la conmovió, y la excitó inexorablemente. Se abrazaron mientras seguían disfrutando lentamente de la caricia y de sus sentimientos.
Sus toallas cayeron al suelo. El beso se hacía cada vez más urgente, cuando Alejandro la agarró por los brazos y la separó con firmeza.
-Esto no está bien, Ana. –dijo mientras ambos jadeaban. –No puedo hacerte esto a ti, no te lo mereces. Yo tengo que cuidarte, no hacerte daño.
-Ya sé que no está bien, pero ahora no me hacías daño, me hacías feliz. Y no tienes porque adoptar una postura paternal conmigo, Alex. Soy mayor que tú. –repuso ella.
-Pero no sabes nada de esto... de lo que supondría... continuar. –balbuceó Alejandro.
-Alex, puede que sea virgen, pero no soy estúpida. En fin, no conozco los detalles... pero sé lo que supone.
Él sonrió, y luego habló.
-Siento tener que decir esto, Ana, pero estoy casado.
Ana bajó la vista, indudablemente herida.
-Entiendo. Ella merece todo tu respeto, pensarás que soy una cualquiera... y además, no tienes que desearme como yo te deseo. –musitó.
-Ana, mi Ana... –murmuró Alejandro. –Jamás pensaría eso de ti, nunca de ti. Y en cuanto a lo otro... he de decir que nunca en toda mi vida he deseado a alguien con la misma fuerza que lo hago contigo. Me está quemando por dentro.
Ella volvió a alzar la vista.
-A mí me pasa igual, he tratado de calmarme, pero no puedo. –manifestó Ana.
Alejandro tenía una expresión de aturdido anhelo y confusión dolorosa. Le sonrió de nuevo, con ternura, y luego se inclinó sobre ella, besándola suavemente. Pero finalmente el beso se hizo tan intenso como los anteriores.
Él le mordisqueó levemente el labio inferior, y Ana sintió un ligero vértigo. Un escalofrío recorrió las espinas dorsales de ambos. Alejandro siguió besándola mientras sus manos se dedicaban a desatarle el corsé.
Cuando hubo terminado de soltar el corsé, Alejandro la miró buscando en sus bellos ojos verdes su consentimiento. Ella no habló, sólo mordió un poco el lóbulo de la oreja derecha de Alejandro, y le besó el mentón.
Alejandro cerró los ojos, y simplemente, se dejó llevar. Hundió la cabeza en el cuello de Ana, besando y acariciando con sus labios cálidos. Ella le abrazó, y entonces él la tomó por la cintura, acercándola aún más a la cama.
Se separó un instante, y le quitó por completo el corsé. Ana tenía el torso totalmente desnudo, y él la observó, maravillado. Estiró una mano, turbado, y le tocó uno de sus senos. Vio como Ana se ponía más roja, excitada, nerviosa, y húmeda. Luego, ella se desprendió de las enaguas, y se sentó en la cama, abrumada. Le faltaba el aliento. Alejandro se colocó delante de ella, y le besó en la cabeza. Ella buscó con timidez el cierre de su pantalón, pero retiró la mano, avergonzada. Alejandro sonrió ante tal gesto, y la besó en la boca, empujando delicadamente hasta tumbarla sobre la cama.
Estaba colocado sobre ella, y la miró a los ojos.
-No tienes que tener miedo de nada. –le susurró Alejandro. –Puedes tocarme, no tiene nada de malo. Ana, te quiero, te quiero más que a nada. Jamás pensé que te quisiera de esta forma. No entiendo cómo...
Ana le sonrió y le interrumpió con un beso.
-No entiendo cómo... –continuó él. –Como no me he dado cuenta antes.
-Ya te dije una vez que soy más lista que tú.
Los dos se rieron un momento, como solían hacer cuando compartían confidencias o corrían por la playa, con la misma sinceridad y complicidad.
Se besaron de nuevo, y Alejandro se las arregló para quitarse el pantalón, y lanzarlo a un lado de la habitación. Notó los pezones de Ana apretados contra su pecho, y se excitó aún más. Se detuvo un instante.
-Ana, no tenemos... no tienes que hacer esto, piensa en las consecuencias, en las complicaciones, podemos parar. Todavía podemos parar. –habló él.
-Ya no, Alex. Yo no puedo parar, y veo en tus ojos la misma necesidad acuciante de seguir adelante. Por primera vez en mi vida, no voy a pensar en las consecuencias, sólo en este instante. –respondió ella, y gimió al sentir una mano de él explorándola.
Alejandro deslizó suavemente la mano por su pierna hasta llegar a su parte más íntima. La tocó, y ella gimió más fuerte, acompañada por él.
Se besaron, y empezaron a hacer el amor. Se acariciaron, Alejandro gozó de cada rincón nuevo del cuerpo de Ana, iba despacio para no perderse nada. Descubrió los caminos, los atajos, toda la geografía de la mujer que amaba. Cuando se hundió en ella, fue el final de todo un viaje. Arqueado sobre ella, la penetró con una ternura infinita y casi imposible. Lo hizo lenta y cuidadosamente, dominándose con una voluntad de hierro, mirándola fijamente, y parando cada vez que veía el dolor en el rostro de ella.
Ana se sentía tan extraña que no podría explicarlo. Alejandro le estaba haciendo daño, y sin embargo, si él no hubiera continuado, se hubiera muerto de la pena. Apretó los dientes, dolía más de lo que había pensado, pero cuando él estuvo por completo dentro de ella, sintió un placer tan grande que tuvo que gritar.
Alejandro se movía rítmicamente, y poco después, cuando todo hubo terminado, se quedó tendido y relajado sobre ella. Ambos sudaban, y ella le besó en la frente, tan dichosa que apenas podía contener las lágrimas.
-Gracias, Alex. Ha sido el momento más maravilloso de mi vida. –dijo.
Se quedaron dormidos juntos, bajo las sábanas. Cuando Alejandro volvió a despertarse, Ana estaba a su lado, próxima y tibia. Sonrió, y la acercó más a él. Alargó otro brazo y le acarició el cabello suelto y desordenado. Dejó allí la mano, jugueteando tiernamente con su pelo.
Ana abrió los ojos y le miró, sonriendo adormitada. Él la besó dulcemente en los labios.
-Me temo que los rumores han dejado de ser falsos. –comentó ella.
Alejandro apoyó su nariz sobre la de ella, y la movió, rozándose ambas. Ana rió, y se quedaron quietos, juntos, pero sin apenas tocarse. Ambos sentían el latido del corazón del otro, y su respiración entrecortada.
-Te amo. –repitió Alejandro.
-¿Qué vamos a hacer ahora, Alex?
-No lo sé. Pero... supongo que la anulación es una buena solución.
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Capítulo VIII
by Cris (no login)Había parado de llover, y estaba anocheciendo. Ana se incorporó al oírle decir aquello, y cubrió su desnudez con la fina sábana.
-¿Anulación? –murmuró ella. –Alejandro, tu matrimonio se celebró hace dos semanas, ningún tribunal eclesiástico o civil lo permitiría...
-Lo sé, ya lo sé. –la cortó Alejandro sentándose también sobre la cama –Pero soy abogado, tengo que encontrar una solución.
-¿Y si no la hay?
-Tiene que haberla, Ana. No nos puede estar pasando esto, no por lo estúpidamente ciego que he estado. No es justo para nadie. Pienso en Carolina y me siento peor que un canalla, por hacerla sufrir, por haberla arrastrado a esto, por engañarla, y luego pienso en ti y... en que te hice sufrir porque no me di cuenta de que te amaba, por casarme con otra, y ahora por confesarte mis sentimientos tan egoístamente y...
-Alex, para. –pidió Ana. –No te tortures, por favor. Sé que lo que nos está pasando parece una terrible pesadilla, pero no tienes porque cargar con ello tú solo. Si yo no te correspondiera, o si te hubiera contado lo que me pasaba antes de casarte... somos víctimas de las circunstancias. Yo tampoco me siento muy bien que digamos ahora mismo.
Alejandro calló, pensativo.
-Quizás sea el destino. –prosiguió Ana.
-Tú no crees en el destino, siempre dices que tenemos lo que conseguimos.
-Así es.
Alejandro se levantó y se puso los pantalones rápidamente.
-Debemos irnos, tus padres estarán preocupados. –dijo él.
-Alex... –habló Ana e hizo una pausa como reflexionando en si debía decirlo o no. – Te parecerá absurdo e infantil que te pregunte esto... pero...
-Dime.
-Pues... –ella respiró hondo. –Lo que hemos hecho... ¿con Carolina es igual?
-¿Qué? –se rió Alejandro, sonoramente.
-Oye, no te rías de mí, ¿vale? Porque yo no soy muy experta en estas cosas y...
-Perdona, no me río de ti, Ana. ¿Qué si es igual, qué?
-Sabes perfectamente de que hablo. Si es igual... ya sabes. –Ana se sonrojó y él volvió a reírse, divertido.
-Nunca te había visto tan tímida. –comentó Alejandro.
-No te burles.
Él se sentó de nuevo en el borde de la cama, se inclinó sobre ella y la besó en la mejilla.
-No me burlo. –afirmó.
-Entonces... es igual. –dedujo Ana.
-¿Cómo puedes pensar que es igual? Por supuesto que no. –respondió Alejandro tajante. –Esta ha sido la primera vez en mi vida que he hecho el amor. Y como no podía ser de otro modo, fue contigo.
A Ana se le llenaron los ojos de lágrimas. Ella sentía lo mismo. Nunca había imaginado un momento tan íntimo con un hombre, y cuando por fin lo concibió, sólo lo hizo con él en su pensamiento y su corazón. Avergonzada, Ana se limpió los ojos con las manos.
-Me estoy volviendo una llorona insoportable. – dijo ella, molesta consigo misma.
Alejandro se mordió el labio inferior, sofrenando el impulso de besarla y repetir lo que habían hecho tan sólo hacía algunos minutos.
-Te cuento un secreto. –habló él. –Sólo he estado con Carolina en la noche de bodas.
-¿Cómo? –inquirió Ana desconcertada.
-Que sólo he hecho el amor con mi esposa una vez. –aclaró Alejandro. –No he podido volver a repetirlo. Desde que te vi bailando con Nicolás en mi boda, y los celos empezaron a torturarme, no he podido... sólo puedo pensar en ti.
Ana sonrió, indudablemente contenta, y también un poco culpable por la ilusión que la embargaba.
-Alex... tú siempre tan fiel a tus sentimientos. –musitó ella.
-Fiel a ti, supongo. Y mi matrimonio es un infierno, como imaginarás. Y ahora... no puedo llegar a casa, y cumplir con mi esposa... sería un cerdo aún más grande. –prosiguió Alejandro.
-¿Y qué vas a hacer?
-No lo sé, las excusas se me acaban. –confesó Alejandro. –Quizás deba contarle la verdad.
-No. –se opuso ella. –Si lo haces, las cosas sólo empeorarán para ti. Primero intenta averiguar si puedes separarte legalmente de tu mujer, sino es así, lo mejor es que nos olvidemos, y trates de que funcione tu matrimonio. No la cargues a ella también con nuestro pecado. Mientras buscas una salida o tomas la decisión adecuada, nos mantendremos separados. Ya sabes... esto no volverá a suceder. Y en cuanto a cumplir con ella... mi mente dice que lo hagas, y mi corazón... no lo soporta.
-Esto es lo que haremos. Buscaré una solución, y mientras tanto, me mantendré lejos de ti y de ella... y sino la encuentro... lo siento, Ana, pero se lo contaré todo... ella no se merece más mentiras. Y yo no puedo hacerla feliz.
-Ya, pero tampoco se merece saber que... –ella rectificó. –Tienes razón. Pero si no puedes separarte... ¿de qué sirve decirle que me amas a mí? No podremos estar juntos. Y entonces, en vez de sufrir dos, sufriremos tres.
-Ella ya está sufriendo. Entiéndelo... estamos recién casados y no la toco.
-Lo sé. Somos dos personas horribles, ella no se merece nada de esto. –Ana hizo una pausa. – Entonces lo mejor sería...
-Necesitamos tiempo. Tiempo... eso es.
Ella esbozó una sonrisa de aprobación, bastante angustiada. En su interior sabía que les esperaban tiempos difíciles. Alejandro la besó en la boca tiernamente. Ella se estremeció, y quiso llorar. Pero consiguió dominarse.
-Vamos a casa. –dijo él.
Mónica daba vueltas por el recibidor de su casa, preocupada. Ya era de noche, la luna llena iluminaba el cielo, y Ana no aparecía. Juan había ido a buscarla, y Daniel estaba acompañando a su madre, sentado sobre un butacón.
Entonces por fin, la puerta se abrió, y entró Ana. Mónica la observó, tenía el pelo y la ropa mojada, y parecía muy cansada. Mónica se acercó a ella inmediatamente, y la abrazó. Luego la miró, severa y enfadada.
-¿Se puede saber dónde demonios has estado? –la reprendió.
-Perdona, mamá... estaba en la playa cuando vino la tormenta, y me refugié en la Palapa hasta que terminó... lo siento. –se excusó Ana.
-Tu padre está buscándote... nos tenías muy preocupados. ¿Te parece normal hacer esto? Te hemos dicho cientos de veces que no nos gusta que pases tanto tiempo allí, pero eres obstinadamente desobediente...
-Lo siento. –se limitó a decir Ana.
Mónica le puso una mano en la frente.
-Estás ardiendo... Santo Dios, tienes fiebre. –comprobó Mónica. –La playa nos va a traer un disgusto. Anda, ve a la habitación, cámbiate, y recuéstate... enseguida te llevo un zumo de naranja y algo de cenar.
Ana se retiró sin más, y Juan entró en ese instante por la puerta.
-No está en casa del Tuerto, vengo de allí. –declaró.
-Tranquilo, cariño, Ana está en su habitación... estaba en la Palapa. Y creo que se ha resfriado. –le informó Mónica.
Juan suspiró, aliviado.
-Esta hija nuestra... –masculló.
-Ha salido a ti. Sois como dos gotas de agua. –sonrió Mónica.
-Perdóname, cielo, pero tú tampoco resultas muy fácil de manejar que digamos. –repuso Juan con cariño.
Ana todavía sentía calor en su entrepierna, y una leve molestia. Se quitó la ropa mojada, y se puso un camisón blanco de lino. Luego, se cepilló el cabello, mientras las imágenes de lo que había sucedido en la Palapa regresaban a su cabeza. No conseguía medir las consecuencias de su acto, no sabía si estaba llena de felicidad, angustia o culpa. Suponía que era una mezcla de todo ello, pero la intensidad de lo que Alejandro y ella habían hecho superaba el resto.
Se metió en la cama, y se cobijó bajo las sábanas y la delgada manta de verano. Estornudó, y creyó que la cabeza le iba a explotar del dolor. Su madre entró sin llamar, con una bandeja en la mano. Ana se sentó, y Mónica le puso la bandeja sobre el regazo. Había zumo, una sopa caliente, un pedazo de pescado, y una manzana roja.
-No tengo hambre, mamá... –repuso Ana.
-Tienes que comer algo, mañana llamaré al doctor para que te revise y te dé alguna medicación. Tienes fiebre, cariño. Vamos, al menos la sopa y el zumo. –insistió Mónica.
Ana prefirió no discutir, y bebió un sorbo de zumo. Luego, empezó con la sopa.
-Mañana vienen a comer Don Noel y su familia. –comentó Mónica.
-¿Todos?
-Bueno, no sé si Alejandro y Carolina vendrán o no... si sigues con fiebre, tendrás que quedarte en la cama. No quiero que empeores.
-Está bien, mamá. –respondió escuetamente Ana.
-Cielo... ¿qué hay de ese hombre?
Ana se sobresaltó.
-¿Qué hombre?
-Nicolás Mendoza. –aclaró su madre. –No sé, se os veía bien juntos, quizás...
-No.
-¿Por qué eres tan testaruda? –protestó Mónica. –Tu hermano se casará algún día, y nosotros no viviremos para siempre... ¿qué va a ser entonces de ti? ¿Acaso no quieres formar una familia como la que tenemos tu padre y yo?
-Para eso se necesita amor. –replicó Ana.
-Podrías enamorarte si lo intentaras, pero ni siquiera dejas que se te acerquen, cariño.
-Sé que lo que dices... sé que tiene una p