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Apologia de un amigo

November 10 2003 at 11:13 AM

  (Acceso carlos_corral)

EL DISCURSO DEL ANO


Si las vaginas y los penes monologan yo quiero dar un discurso.
Permítanme presentarme. Para algunos, los más discretos, soy el poto o las nalgas. Los cultos me llaman tafanario o derriere, hay quienes se refieren a mí como el trasero o las posaderas. No me ofendo si al reconocerme alguien me grita ¡culo!. No faltara quien quiera decirme asentadera; otros me dirán trancaílo y a los más exquisitos les autorizo a que me digan tancahigo.
Sin embargo y a diferencia de mis amigas las vaginas, yo no quiero ser el centro de gravedad de mi discurso. Mi alocución debe tener como protagonista al despreciado, ignoto, vilipendiado y zaherido pedo.
Superman no es nadie sin su capa, Batman es un cualquiera sin su antifaz y el Chapulín Colorado pasa desapercibido sin su Chipote Chillón, de igual forma yo no soy nada sin mi flatulento amigo. Como el dicente, mi compañero de aventuras también tiene varios nombres. Ventosidad, flatulencia, gas, cuesco, vapor, moñeta y regüeldo, son algunos de sus apelativos más comunes.
Aunque hoy no es bienvenido, hubo un tiempo en que su ruidosa presencia mereció recibimientos más delicados. En la Edad de Oro española, cuando el oído o el olfato anunciaban su casi siempre inesperada llegada, se escuchaba decir: “se ha escapado un preso” , o “se fue una pluma”. Alguien con cierta gracia podía acotar : “entre peña y peña, río que suena. Uno con vocación lírica podría decir “entre dos peñas feroces, un fraile daba voces", y otro muy suelto de huesos y nada escandalizado comentaría : "El señor don Argamasilla cuando sale chilla"
Sin embargo por estos tiempos su presencia espanta, algo que no llego a entender pues como dice el gran Quevedo “ su llegada es cosa alegre, pues donde quiera que se suelta anda la risa y la chacota… es tan importante su expulsión para la salud, que en soltarle está el tenerla “. Y precisamente para cautelar la salud de sus vasallos, el emperador romano Claudio César promulgó un edicto en el que otorgaba libertad para tirarse pedos. Como si se tratase del anticipo de la campaña antitabáquica, imagino al reino lleno de carteles diciendo “ no tiirarse un pedo puede ser dañino para la salud”. En tiempos donde los soberanos merecían una atención divina, el edicto daba libertades para tirarse un vapor aunque sea delante de su majestad. Sabia determinación que elevó al cuesco a categorías mayestáticas. Pero mi vaporoso amigo alcanzaría niveles más sublimes todavía. Quevedo en Gracias y Desgracias del Ojo del Culo, le da al pedo la categoría de prueba de amor. “…pues hasta que dos se han peído en la cama, no tengo por acertado el amancebamiento; también declara amistad, pues los señores no cagan ni se peen, sino delante de los de casa y amigos..” Si Quevedo y Claudio César lucharon por darle al pedo el lugar que se merece, Salvador Dalí no hizo menos que ellos.. En su Diario de un Genio el pintor catalán cuenta que pensadores de la talla de Luciano, Hermógenes y Quintilinio no sólo han tratado el tema sino que incluso han considerado a las ventosidades útiles para la vida. Con la precisión de un relojero suizo, Dalí define al pedo, hace la división del mismo, las ventajas de tirárselo en sociedad y las diferencias con el eructo. Demostrando que el tema también conmovió a los poetas cita un verso de Horacio: " Mi pedo hizo el mismo ruido que habría hecho una vejiga hinchada ". Sonoro o silencioso, con aroma o sin el, mi siempre cálido partenier también ha merecido la atención de los lingüistas. En ese bastión del buen decir llamado El Pequeño Larouse Ilustrado, los pedos han encontrado un espacio de honor: PEDO m. (latín peditum). Ventosidad que se expele del vientre por el ano. PEDORRETA f. Abundancia de ventosidades PEDORRERO, RA adj. Fam. Que con frecuencia o sin reparo expele ventosidades por el ano. Y los científicos tan preocupados en ADNs, mapas genéticos y clonaciones, también se han dado tiempo para estudiar a las flatulencias. Hace algunos años tan oloroso e incómodo tema mereció un congreso internacional. Una de las ponencias mas aplaudidas aseguraba que el cambio climático que ocasionó la extinción de los dinosaurios, se debió a sus propias ventosidades. Como si se tratara de un suicidio masivo, las mascotas de los Picapiedras pasaron a mejor vida debido a su mala digestión. Pero que no nos cause gracia tan absurda muerte. La capacidad de destrucción de mi socio aún se conserva intacta. En este congreso realizado en Miami, los especialistas alertan sobre las ventosidades de las vacas : sus cuescos, abundantes en gas metano, serían los responsables del actual recalentamiento de la tierra. Si la locura mereció el elogio de Erasmo y la estupidez humana la atención de Tabori, ¿ por quë una apología del pedo no puede ocupar un espacio en la historia de la literatura ?. Después de todo, como dice Dalí, debería darnos vergüenza que con el tiempo que llevamos tirándonos, aún no sepamos nada de él. Ignorancia que con este discurso apologético, espero haber remediado en algo. He dicho.

NOAH SNYDER



 

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