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"Mi Bella Dama"... Excelente entrevista a PAOLA... "Actriz Multiuso"

January 8 2005 at 10:50 PM
Foro Paola Krum  (Acceso lucykrum)
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Domingo 23 de Abril de 2000

Paola Krum

Actriz multiuso

Canta, baila, actúa, y lo hace muy bien. A los 29 años es una de las pocas argentinas preparadas para el musical. Dijo no a la TV para protagonizar Mi bella dama. Hizo muy bien: es un gran éxito



Un taxi se detiene. Alguien busca dinero bajo un manto de pelos alocados y oscuros. Se abre la puerta y aparecen un par de ojotas apuradas, una pollera interminable y del color de las arvejas, una camisa algo tapada por tanto cabello largo y unos anteojos negros. En la esquina de Corrientes y 9 de Julio, sólo un fan bien entrenado podría descubrir a Paola Krum. A esa chica camuflada en ropas que, seria y veloz, ahora se deja tragar por las puertas del teatro El Nacional.

Paredes adentro huele a sala de embarque: el aire es fresco, seco y tranquilo. Afuera, en cambio, las taquillas atienden con ruido y sin pausa. Hace dos noches se estrenó Mi bella dama, un clásico musical de Broadway, adaptación de Pigmalión, de George Bernard Shaw, que hoy ha recibido los primeros comentarios de los medios. Paola estuvo esperando las críticas como un procesado que aguarda sentencia. Y sólo ahora, eléctrico y feliz, el encargado de prensa se acerca al camarín con un escueto veredicto: -Nos están dando bárbaro.

Dice el hombre con vuelo triunfal, y después se va. Y entonces, sólo entonces, Paola relaja los hombros, suelta el aire anudado en el estómago. Muestra su primera sonrisa.

-Pensé que no iba a poder. Cuando Mick Gordon, el director, me dijo que yo iba a ser la protagonista, acepté pero no festejé. Di el sí desde el miedo, y también desde la fiaca, porque sabía que me esperaba un trabajo de mucha preparación y mucho entrenamiento. Y frente a estas propuestas me aparece la sensación de que no voy a poder.

El camarín es un rectángulo de dos por cuatro con olor a incienso, un ramo de claveles rojos acodado en un rincón, un discman enchufado a dos parlantes y miles de ropas colgando de un perchero como cuerpos sin alma. Un paseo lento por el vestuario deja entrever el camino recorrido por el personaje principal: Eliza Doolittle -vendedora de flores malhablada, malvestida y tosca- logra, gracias a la educación de un experto en fonética, abrir sus alas hasta ser un cisne.

-Eliza también pensaba que no iba a poder.
-Es cierto. Las dos compartimos una misma sensación. Pero lo bueno es que no usé esa sensación como un límite, sino como un punto desde donde apoyarme y entender a Eliza. A mí se me mezclaban dos puntos de presión muy fuertes: la reapertura de El Nacional, un acontecimiento histórico que me daba emoción y responsabilidad, y el hecho de interpretar un personaje protagónico y difícil, que va sufriendo una transformación y que implica no sólo actuar, sino también cantar y bailar.

Nada nuevo, se podría pensar. Trabajo de rutina para una chica que abandonó el teatro independiente a los 19 años para protagonizar dos musicales de lujo: Drácula y El jorobado de París. Y, sin embargo, no hay experiencia capaz de enfriar los nervios y la pena, no hay escenario igual a otro escenario y no hay pasado suficientemente útil. "Este fue uno de los procesos más angustiantes que viví en el trabajo. A un mes de la inauguración, yo todavía estaba con muchas inseguridades. Pero, por suerte, el día del estreno estaba inusualmente tranquila. Esto fue un crecimiento muy grande, porque me sacó de un lugar conocido. Habían pasado muchos años desde Drácula y El jorobado... Hasta llegar a Mi bella dama hubo un tiempo larguísimo en el que yo aparecía en otros lugares."

Sólo para parejas, Inconquistable corazón, Alén luz de Luna, Alas, Mujercitas, El Rafa, El Arcángel, Muñeca Brava. Sí: otros lugares. Durante años, Paola anidó en el silloncito cómodo de las telenovelas, probó los labios de galanes que cotizan bien en la bolsa de la histeria y el llanto. Entre tanto, tuvo noviazgos filtrados por el ojo de la prensa chismosa -capaz de atribuir embarazos, peleas y reconciliaciones con tal de seguir viva-, y escarmentó. Y bajó la cortina de su vida privada. Y lentamente, silenciosamente, salió de la pantalla: hizo teatro con Puck, Sueño de una noche de verano (donde también cantó); tuvo un papel secundario en la película El faro, y llegó a su primer protagónico en cine con Río escondido. Ahora, incluso, rechazó ofertas para hacer televisión -una de ellas, de Adrián Suar- sólo para protagonizar Mi bella dama.

Y antes, mucho antes que Drácula, El Nacional y todo lo demás, hizo una fugaz aparición en cámaras. Paola tiene un secreto bien guardado. Un cassette de video perdido en el baúl de cosas olvidables. Si un duende malo lo robara, si un gnomo interceptara los satélites y, despiadado, apretara play, el mundo entero podría ver el contenido.

-¡Ay!, sí. Participé del Yo sé de Feliz domingo. Pero esa grabación no se la muestro a nadie.

A Paola Krum -Normal Nº 6 de Palermo- la risa le estalla en la boca como agua fresca. Los labios de carmín furioso tiemblan y se estiran en una carcajada fácil. "Hace un tiempo, el notero del programa de Georgina me recordó que él había estado en ese Yo sé como alumno que evaluaba. Dice que pensó: Esta pirada, ¿de dónde salió? Yo había elegido representar un cuento de Gudiño Kieffer que me encantaba. Se trataba de una mina que se volvía loca contra las cosas materiales y destruía todo lo material y la metían en el loquero. Un delirio total."

-¿Ganaste?
-¿Sabés que sí? Y eso que yo al principio quería ir al Yo sé a bailar. Porque yo era bailarina, pero en esa época me lesioné y tuve que hacer el cuento.

Ni papá -comerciante- ni mamá -profesora de chicos con capacidades diferentes- imaginaron que la niña Krum estudiaría para ser pobre. El terror de la hija artista les estrujaba el alma, pero a la hija artista le importó un comino: quería ser bailarina. A los 9 años ya estaba estudiando con Basile Tupin, el entonces director del Teatro Colón, y luego entró al ballet de Liliana Belfiore. "Y ahí me lesioné. Entonces aproveché para estudiar teatro y fue alucinante. No es que antes no tuviera el deseo, pero la danza ocupaba todo mi tiempo. La danza tiene esa cosa culposa de que tenés que entregar toda tu vida o nada. De esos años me quedó la noción del sacrificio y la disciplina, la idea de que todo tiene su precio."

El precio también se pagaba en casa. Papá -"querible, divino, un sol"- era más absorbente que un pañal. La dependencia económica, por lo tanto, salía cara. Y a los 14 años comenzó una larga saga de trabajos molestos. Paola diminuta atendiendo una caja en Casa Tía; Paola encantadora vendiendo productos y sonrisas falsas en boutiques; Paola rápida y servil arrastrando bandejas en los bares; Paola encallecida repartiendo folletos por la calle. "Y mientras tanto terminé el colegio y empecé a estudiar Psicología. ¿Viste que eso de la Universidad deja tranquilos a los padres? La carrera igual me encantaba, pero dejé en tercer año, cuando conseguí un trabajo estable en Drácula. Pero hasta entonces laburé de cualquier cosa. Tenía un papá que... me obligué rápidamente a tener independencia económica porque si no me iba a comer. Pero estuvo bueno, porque en este caso me sirvió un montón para el personaje de Eliza: no es que yo tenga mucha calle, ni ahí, sé que estoy en la burbuja de poder vivir de lo que más placer me da, y eso es una abstracción en este país en el que estamos, pero creo que tuve mi pequeñísima calle. Sé lo que es hacer cosas que no son tu deseo, y hacerlas de todas maneras." Su único referente, en la película My fair lady, estaba protagonizado por una Audrey Hepburn tan ramplona como un pompón de tul. "La versión de Hollywood no me pareció que pudiera identificar a los argentinos que vinieran a ver esto al teatro", explica mientras tira, afloja, retuerce, casi estrangula, un mechoncito de pelo. Y deja entender que Eliza, para ella, era un bollo amorfo que hubo que amasar lentamente. Para conocer la carne del personaje, y moldear algún perfil posible, Paola decidió codearse con toda esa gente condenada de por vida a no cumplir sus deseos. Habló con abrepuertas, floristas, hijos varios de la miseria. Y se sorprendió.

"Me di cuenta de que no hablan tan distinto de como hablamos nosotros. Tal vez el léxico sea más ajustado, pero la forma no difiere tanto, porque está la televisión, que unificó todo. Entonces no tenía un referente claro. Yo tenía que hablar muy mal y ser horrenda cuando se me escuchara, porque si no la obra no tenía sentido. Ese desfase me desesperaba, me hacía pensar en que no iba a poder."

-¿Y qué pasó que pudiste?
-Decidí decir el texto exacto, pero inventar la forma de decirlo para que no quedara tan armado y lograra una identificación con la gente. Y después, como los musicales tienen algo de juego infantil, eso me ayudó a despojarme de nervios y contradicciones. Dejé de enroscarme tanto y adopté pensamientos más lineales, como los que puede tener el personaje. Antes de entrar en escena, las ideas que se me cruzan son muy simples. Ohhhh, miráaaa... me cuelgo con el asombro. Creo que a ella, que tiene una vida muy cruel (pero como esto es una comedia musical el punto de vista es más rosado), todo lo que pertenece al mundo de lo luminoso y lo estrafalario la asombra. Entonces, cuando empieza la obra me cuelgo con los trajes, las luces. Es como si a Eliza la llevaran a la trastienda de un teatro.



En la trastienda, Paola habla encerrada en una bata de rojo incandescente. Paola, cuando todavía es Paola, cuando falta una hora para empezar la obra, es un recuerdo de chica hippie envuelto en inciensos y música tranquila. A pocos metros, polvitos y maquillajes esperan esparcidos como damas sin tablero. Sólo el espejo será testigo de la transformación: Paola lentamente será Eliza, será pasmo y simpleza. Y cuando Eliza salga al ruedo, el sombrerito chingado como un guiño, la cara tiznada y el andar tan tosco, soltará su asombro sobre el escenario. En ese preciso instante, entonces, lo atajaremos nosotros.

Texto: Josefina Licitra
Fotos: Daniel Pessah

Aporte de Alina

 
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