| Una velada con EpitemeoSeptember 22 2004 at 2:57 PM | German Dehesa (no login) |
| Perdón, hasta ahorita pude conectarme, aquí está la columna.
Germán Dehesa
Una velada con Epimeteo
Por alguna razón que, en su momento, ya expliqué, uno de mis amigos del alma ha decidido llamarse Epimeteo (el hermano de Prometeo. Si éste encarna la inquietud, la inventiva, el progreso, el futuro, el cambio y la creatividad; el sosegado Epimeteo atisba en el pasado, rescata lo mucho que tiene de rescatable, descree del progreso y defiende lo ya obtenido. Opino que ambos son necesarios y que uno de los elementos principales del actual desasosiego del mundo consiste en el exceso de Prometeos y la escasez de Epimeteos). Creo que con lo dicho bastará para hacerse una idea del talante espiritual de mi amigo Epimeteo y de su decisión de llamarse así cuando, en realidad, es igualito a Abraham Lincoln y además posee por nacimiento un nombre bonito y muy tronador. Todo lo dicho hasta aquí es ambientación. Procedo ahora a exponerte, lectora lector querido, los motivos que me han empujado a traer de regreso a estas páginas al noble Epimeteo.
Voy. Entre las peculiaridades de mi vida está la de ser suscriptor (¡y lector!) de una ardua revista llamada "Ixtus" dedicada a explorar la cultura y el pensamiento cristianos de la actualidad (todavía nos quedan algunas suscripciones, apresúrense). Bueno, pues en esa revista animada por la hermosa inteligencia de Javier Sicilia, colabora el antedicho Epimeteo. Es correcto avisar que se trata de una publicación cuya lectura puede ser pedregosa, pero siempre es fructífera. En el viaje que emprendí para enfrentarme con el Real Madrid, llevé conmigo el ejemplar que acababa de recibir. El nocturno avión me dio tiempo sobrado para leerlo de cabo a rabo. Ya se imaginarán que llegué a Madrid con cara de loco místico estilo Rasputín. Después, a golpe de Jabugo, me repuse y archivé las teológicas cuestiones.
De regreso en mi sureño condado, organicé una amable velada a la que asistió Epimeteo, quien abrió violentamente los ojos cuando le aseguré que me había recetado el número completo de "Ixtus". Te admiro, me dijo; pero me dijo algo más importante: yo ya sabía el tipo de ladrillazo que le íbamos a propinar al lector y por eso yo decidí escribir acerca de Rossini y de su implacable alegría. Y añadió: no venía muy a cuento mi colaboración, pero el lector necesita alivio y felicidad. En ese momento, experimenté el irrefrenable deseo de darle un abrazo a mi amigo. Me contuve porque Epimeteo ha de medir unos 60 centímetros más que yo. Recuerdo que pensé: vamos a parecer Fox y Sojo y pues nomás no va, no checa.
Lo que yo quería avisarte, lectoraza y lectorazo, es que yo me encuentro totalmente imbuido en el espíritu de mi amigo Epimeteo. Cotidianamente los medios electrónicos y gráficos nos sepultan a ladrillazos. Entiendo que la actualidad política del mundo y del País está como para que a todos se nos chispe la cuiria. Agradezco, leo y aprecio a los que se encargan de suministrarme rectamente la información referente a estos graves asuntos e igualmente agradezco los comentarios y reflexiones inteligentes y honestos en torno a ellos, pero entiendo que alguien se tiene que quedar a cuidar la alegría y alguien se tiene que encargar de no tomarse las cosas tan en serio. Realmente me propongo asemejarme a Rossini y a Epimeteo. En mitad de los rumores, las balaceras, los discursos tramposos, los engolados heroísmos, a mí lo que me gustaría sería componer una pequeña música sonriente que inaugure nuestro día y lo haga digno de vivirse.
¿Sospechosismo nosotros? Muy atinado estuvo el Secretario Creel al señalar el advenimiento de este nuevo flagelo que azota a la sociedad mexicana: el sospechosismo. Yo, no es por presumir, pero ya sospechaba que también traíamos ese destructivo mal. Desde que leí que los de Azcapotzalco sospechaban de los aztecas, los indios de los españoles, todos de los negros, el virrey del arzobispo, el corregidor de su señora, Villa de Obregón, Camacho de Córdoba, mi vecino de mí; de inmediato hice mi certero diagnóstico: aquí hay sospechosismo. Es más: sospecho que la palabra sospechosismo no existe.
¿Qué tal durmió? CCCLXXIII Vendettas, balaceras horrendas en espacios civiles, los policías metidos a escoltar narcos, crímenes de toda índole... la justicia mexicana sale momentáneamente de su sopor y dictamina: otro ajuste de cuentas. Dicho esto, vuelve al sueño de los injustos.
Cualquier correspondencia con esta columna cual urraca ladrona, favor de dirigirla a germandehesa@prodigy.net.mx o al Apartado Postal 186, Centro, Monterrey, N.L.
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| | Autor | Reply | Anonymous (no login) | PAPA PITUFO ES UN CHAYOTERO DE LA SEGOB | September 22 2004, 4:52 PM |
EL PAPA PITUFO DEHESA ESCRIBIÓ:
¿Sospechosismo nosotros? Muy atinado estuvo el Secretario Creel al señalar el advenimiento de este nuevo flagelo que azota a la sociedad mexicana: el sospechosismo. Yo, no es por presumir, pero ya sospechaba que también traíamos ese destructivo mal. Desde que leí que los de Azcapotzalco sospechaban de los aztecas, los indios de los españoles, todos de los negros, el virrey del arzobispo, el corregidor de su señora, Villa de Obregón, Camacho de Córdoba, mi vecino de mí; de inmediato hice mi certero diagnóstico: aquí hay sospechosismo. Es más: sospecho que la palabra sospechosismo no existe.
ALGUNA DUDA? DEHESA ES UN ABURRIDO PANADERO Y DEDICADO A TI ENANO PANADERO Y A TODOS LOS "ABURRIDOS" QUE LO LEEN EL EDITORIAL DE "LA JORNADA" :
Momento de confesiones
Anteayer, después de dos semanas de embarazoso silencio, la Presidencia de la República, por medio de un vocero, admitió que el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN), Mariano Azuela Güitrón, fue citado a un cónclave realizado en Los Pinos en abril pasado para, en compañía del presidente Vicente Fox, el secretario de Gobernación, Santiago Creel, el procurador Rafael Macedo de la Concha y la consejera jurídica del Ejecutivo federal, María Teresa Herrera
Tello, hablar de las modalidades del proceso de desafuero iniciado por la Procuraduría General de la República (PGR) contra el jefe de Gobierno capitalino, Andrés Manuel López Obrador, por delitos inexistentes. Ayer tocó el turno de confesarse al propio Azuela Güitrón, quien reconoció que había sido "convocado" a la residencia oficial para "tocar (sic) temas relacionados con situaciones derivadas de resoluciones emitidas con anterioridad por jueces de distrito, confirmadas por tribunales colegiados de circuito, vinculadas con su exacto cumplimiento".
Ahora, tanto el titular del Poder Judicial como los personeros del Ejecutivo se empeñan en asegurar que el encuentro no tuvo nada de malo, que se trata de "una práctica habitual en los estados modernos" (comunicado de Azuela), que "los poderes tienen la obligación de reunirse, de platicar" (vocero de Los Pinos), o que es "algo que ocurre normal y regularmente" y a lo cual "se le quiere dar un tinte específico" (Creel). No es fácil entender, entonces, que la reunión se haya celebrado a espaldas de la sociedad ni que se la haya mantenido en secreto hasta que fue revelada por informaciones periodísticas. Por lo demás, en los días en que se realizó el cónclave secreto de Azuela con Fox y sus ayudantes, López Obrador recibía negativas del Ejecutivo federal a concederle una cita para analizar el tema del desafuero, con el argumento de que Fox no debía ni quería tratar asuntos del Ministerio Público, para no afectar la "independencia" de esa instancia.
Las confesiones de estos días no sólo exhiben, pues, la doble moral del foxismo y su empecinamiento en emplear las instancias del poder de manera facciosa para perjudicar a potenciales adversarios y favorecerse a sí mismo y a su entorno, sino también la carencia de espíritu institucional, de tacto y de maneras con que se comporta la actual Presidencia en sus contactos con los otros poderes de la Unión. Por desgracia, el titular del Judicial se dejó tratar -según confesión propia- como un subordinado del Ejecutivo y acudió presto a Los Pinos, no a asegurarse de que el Ejecutivo federal cumpliera con su "obligación de auxiliar al Poder Judicial de la Federación en el ejercicio expedito de sus funciones", sino para asesorar a un grupo gobernante obsesionado hasta el desfiguro por destruir mediática, política y jurídicamente a quien considera su principal rival potencial en las elecciones de 2006. De esa forma, Azuela Güitrón degradó su investidura, causó un severo daño a la soberanía de la institución que preside y realizó un aporte incalculable al descrédito de la justicia en el país.
Por su propio bien y por el del Poder Judicial de la Federación, el "convocado" de Los Pinos tendría que dejar la titularidad de la SCJN en manos de otro ministro con mayor visión y entendimiento republicano. De su lado, el grupo foxista tendría que admitir sus extravíos, renunciar a organizar nuevas conjuras contra López Obrador y empezar a construir las condiciones para realizar una entrega decorosa del poder a quien la sociedad elija en los comicios próximos. A fin de cuentas, no hay más salida digna para los atolladeros a los que conducen los errores propios que tener el coraje de reconocerlos en público y ofrecer disculpas a los agraviados que, en este caso, son todos los ciudadanos.
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