Germán Dehesa
Caligrafías
Me gustó este título para continuar la conversa "Mujeres a mujeres" que principiamos el día de ayer. Además, algo diremos acerca del olvidado arte de la caligrafía que, si se mantiene vivo entre nosotros, es para no variar y según mi experiencia, gracias a las mujeres. Pienso en esto que he dicho y de inmediato mi memoria baja su diablito de aquella primera carta que recibí de mi exposa La Tatcher en aquella tempranísima época en la que fervorosamente me andaba correteando. Yo hacía lo propio con ella y esa carta significó un notable avance, no tanto por su contenido sino por el imperio de su inconfundible caligrafía picuda del Sagrado Corazón. Eso fue lo que me pudo y eso es lo que recuerdo. Esos disciplinados trazos, esos Alpes de tinta, ordenaban una declaración y un rendimiento instantáneos. Ahí conocí el poder de la caligrafía. Sucumbí.
Todo lo que escribo cuando estoy en el extranjero, o lo que invento para mi propio gobierno y regocijo lo hago de modo manuscrito. Con ninguna otra técnica obtengo la confortable sensación de estar dibujando mi pensamiento (o lo que ocupe mis neuronas); pero con todo y el ejercicio, mi caligrafía se va deteriorando por acción de la prisa y los bolígrafos. Ni de lejos estoy calificado para competir con mi amiga Blanca Luz quien, no conforme con ser poeta de altos vuelos, posee un vasto arsenal de plumas, plumones, pinceles y tintas de todos los colores y así, el original de cada uno de sus poemas, aún antes de ser leído, es ya un pasaporte a la belleza. Algo similar debo decir de esa real mujer llamada Laura Restrepo. No ha mucho, la entrevisté para que me platicara de su novela "Delirio". Ella accedió, fue sensible, paciente, divertida y goapíssima (pero ya lo era). Al término de la faena, le pedí que me autografiara mi ejemplar y ella, para mi sorpresa, sonrió y puso cara de enorme felicidad; tomó el libro, se retiró a un apartado rincón, de su bolsa extrajo extraños instrumentos con los que se puso a elaborar la solicitada dedicatoria que es a la vez un mensaje perfectamente legible en español y un delicado hexagrama del I Ching. El libro está conmigo y por una parte me enamora, aunque por otra me produce relámpagos de vergüenza cuando a mí me solicitan una dedicatoria. Ni modo: contra la base por bolas y la buena caligrafía no hay defensa.
Hago un intermedio para enviar un aviso a todas las usuarias de esta columna: entre ustedes, muchachas, imagino que hay cientos, quizá miles, que querían todo conmigo, pero que fueron aplazando su solicitud. Casi cinco años tuvieron para enviarla y no lo hicieron. Lo siento. Yo estaba dispuesto a la gozosa reciprocidad, pero ahora, como ya le advertí a mi amiga "La Piyamitas", todo ha cambiado; ahora ya está libre Gloria Trevi y como comprenderán, tengo mis prioridades. ¿Ven lo que ocurre, chicas, por su mexicana manía de dejar todo para lo último?
Sigo en el intermedio. Anoche vi durante diez minutos un programa de TV que es una infamia cometida a nombre del muy supuesto humor. El videoprobio se llama "El Hospital El Paisa" y es tonto, es inverosímil, homogéneamente fallido, pero, como premio adicional, el capítulo de este miércoles nos desenchufó súbitamente la sinapsis con la presencia (a su modo milagrosa) de Irma Serrano. Me espanta esa señora, no tan sólo ha de tener una caligrafía horrenda, sino que ella misma es un error de ortografía de la genética. En esta semana, precisamente en esta semana, en la que México ha sido sede de un notable encuentro sobre las funciones públicas que han de cumplir los medios, teníamos que padecer este bochorno y el que complementariamente nos producen el resto de los programas "cómicos" de la TV y aquellos otros dedicados al sensacionalismo y a los chismes. Para tranquilidad de mi amigo El Gordo, reitero mi tesis de ayer: hay de mujeres a mujeres.
Vuelvo y remato con la caligrafía: la redención nocturna llegó gracias a un libro de mi amiga Amparo. La caligrafía de la dedicatoria supera a la de la Restrepo y el libro en sí es un espejo de agua donde temblorosamente se reflejan el Buda, la luna y el rostro de mi amiga.
Además hoy tenemos que cumplir las labores propias de nuestro sexo. Con muy buena letra, HOY TOCA.
¿Qué tal durmió? CCCLXXV. Me da igual. Ojalá y despierten en el Hospital El Paisa.
Cualquier correspondencia con esta columna que quisiera ser dibujada, favor de dirigirla a germandehesa@prodigy.net.mx o al Apartado Postal 186, Centro, Monterrey, N.L.
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