INFAMIA EN EL MUNDO LIBRE
PRELUDIO DE GUERRA.
Año con año, miles de turistas procedentes de todo el mundo (incluyendo muchos estadounidenses) visitan México para bañarse en sus encantadoras playas, recorrer sus catedrales y museos o maravillarse ante sus pirámides y templos prehispánicos. Año con año, miles de trabajadores procedentes de todo el mundo (incluidos muchos mexicanos) llegan a Estados Unidos con la esperanza de obtener buenos empleos y alcanzar una vida próspera.
De algún modo, México y Estados Unidos han tenido que aprender a llevar una coexistencia de la que ambos obtienen beneficios. Pero la relación entre ambos países también ha tenido muchos puntos críticos, algunos de los cuales han desencadenado amargos conflictos bélicos...
...conflictos tan amargos como la guerra de 1847.
Incluso antes de alcanzar su independencia, los Estados Unidos de América (EUA) ya buscaban hacer crecer su territorio. Entre 1773 y 1812, las trece colonias originales multiplicaron su extensión varias veces, anexándose Florida y Luisiana en el Sur y extendiendo sus fronteras en el Noroeste hasta los actuales estados de Montana y Wyoming.
Esta rápida expansión, tenía como meta final dotar a EUA de costas en el Océano Pacífico. El problema es que la mayor parte de esas costas eran propiedad de la Nueva España, que se hallaba en pleno proceso de independencia. Aún así, EUA hizo a su vecino la primera de numerosas peticiones para comprar todas las tierras al Norte del Río Bravo. España no aceptó la propuesta de los norteamericanos, pero cometió un error que, a la postre, resultaría ser fatal...
...en 1813, dio permiso a los extranjeros (básicamente norteamericanos) para colonizar Texas.
Cuando finalmente la Nueva España alcanzó su independencia y se convirtió en el Imperio Mexicano (1822), el embajador norteamericano, Joel R. Poinsett, se entrevistó con el emperador Agustín de Iturbide para plantearle la posibilidad de revisar las fronteras entre México y EUA. Tal revisión significaba, en realidad, la entrega de Texas, Nuevo México, las dos Californias, así como parte de Coahuila y Sonora.
A cambio de obtener los territorios arriba mencionados, EUA se comprometía a reconocer el gobierno de Iturbide...
...ése, fue el primer acercamiento entre el México independiente y el mundo libre.
Evidentemente, ningún gobierno con dignidad aceptaría una propuesta de esa naturaleza. Sin embargo, las fricciones entre Iturbide y el congreso, así como la actividad de mexicanos opositores al Imperio, le permitieron a Poinsett orquestar toda una serie de maniobras que culminarían con la abdicación del soberano y su posterior salida de México hacia Europa.
Peor aún. El congreso declaró que la coronación de Iturbide como emperador había sido un acto ilegítimo y obra de la violencia. Se desconoció todo su trabajo como libertador de México (plasmado en los Tratados de Córdoba y el Plan de Iguala), llamándolo traidor y se le prohibió volver al país.
Al llegar a Europa, el emperador exiliado se enteró de los planes que tenía el rey español, Fernando VII, para reconquistar México, por lo que decidió volver al país para tratar de ayudar si era requerido y, de paso, recuperar el trono. Iturbide no conocía las disposiciones promulgadas por el congreso mexicano, ni sabía que cualquier autoridad estaba facultada para ejecutarlo sin juicio previo.
Pasó lo que tenía que pasar: Iturbide fue fusilado y todo quedó listo para que México se convirtiese en una república a imagen y semejanza de los Estados Unidos...
...pero también quedaron sembradas numerosas semillas de odio y rencor que plagarían al siglo XIX mexicano de numerosas guerras entre hijos de la misma patria.
INFAMIA EN EL MUNDO LIBRE
EN EL PRINCIPIO FUE TEXAS.
A medida que España perdía sus colonias otras naciones comenzaban a frotarse las manos ante la posibilidad de conquistar esos nuevos países. Incluso México intentó apoderarse de Cuba. Al mismo tiempo, en América del Sur, Simón Bolívar soñaba con unificar a toda Hispanoamérica bajo una misma bandera.
Los Estados Unidos ya habían alcanzado un desarrollo que los convertía en un rival fuerte frente a las potencias europeas y no podían darse el lujo de permitir que el viejo continente mantuviera su influencia en el nuevo mundo ni, mucho menos, que las ex colonias españolas se convirtieran en una sola nación capaz de competir con ellos. Es por eso que su política exterior giraría alrededor de la llamada doctrina Monroe, la cual podría resumirse en la frase “América para los americanos”...
...o, mejor dicho: “(Hispano)américa para los (norte)americanos.
Ya sin el fantasma de Europa, los Estados Unidos pudieron ejercer una especie de tutela sobre las demás naciones americanas para dejar en claro quién era el dueño del continente. Declararon que no permitirían ningún acto de imperialismo por parte de México hacia Cuba y nunca ratificaron sus límites territoriales con la antigua Nueva España. Por el contrario, volvieron a insistir en la compra de Texas, Nuevo México y California.
En México, la muerte de Iturbide se convirtió en el detonante de numerosos conflictos y revanchas entre dos bandos principales: por una parte estaban quienes deseaban convertir a México en una república de corte similar a EUA; en el otro lado se encontraban los que preferían establecer una monarquía al estilo Europeo. La historia oficial de México recuerda a estos grupos como liberales y conservadores, respectivamente.
Aquí es donde entró a escena Antonio López de Santa Anna, un personaje que ocuparía once veces la presidencia de México (no me pregunten por qué) y cuyos mandatos serían recordados por la constante perdida de territorio mexicano en beneficio de EUA...
...una pérdida cuyo primer capítulo se llamó Texas.
Desde que la Nueva España, primero, y luego el gobierno mexicano, habían permitido a los norteamericanos establecerse en Texas, el número de colonos había aumentado considerablemente. En contraste, eran pocos los pobladores nacionales y menos aún la atención que daba el gobierno central a la región.
Pero la anexión de esta provincia mexicana a EUA no sería un proceso inmediato, pues antes era necesario arrancársela a sus dueños originales y convertirla en un estado títere que, más tarde, se anexaría a la Unión Americana. Además los colonos necesitaban un argumento legal que justificara su separación de México.
Este argumento lo encontraron en 1835, cuando una nueva constitución mexicana fue aprobada. Los colonos afirmaron que la nueva legislación los mantendría en un mayor abandono, así que declararon su independencia en 1836. Entonces, el presidente Santa Anna formó un ejército de dos mil hombres para someter a los texanos, quienes estaban bajo el mando de Sam Houston.
En teoría, un ejército de dos mil hombres debería haber aplastado a los separatistas de Texas...
...en la práctica, las cosas fueron muy diferentes.
Las fuerzas de Santa Anna alcanzaron varias victorias significativas, entre las que destaca la batalla de El Alamo. En ese momento, la única opción que le quedaba a Houston era huir hacia la frontera con EUA, donde aguardaban tropas de aquel país, y luego esperar que el ejército mexicano cometiera un error que justificara la intervención norteamericana en el conflicto (algo que nunca ocurrió oficialmente).
Santa Anna, consciente de esta situación, decidió ir al frente de una pequeña expedición para bloquear el camino de Houston. O eso era lo que pretendía, pues el general mexicano fue emboscado (mientras estaba dormido) y hecho prisionero a orillas del río San Jacinto. Aún así, el grueso del ejército mexicano permanecía intacto y podría haber continuado la guerra. Sin embargo, para recobrar su libertad, Santa Anna y Houston concertaron una serie de acuerdos por los cuales México reconocía la independencia de Texas y se comprometía, además, a retirar sus fuerzas hasta el Sur del Río Bravo...
...el ejército mexicano volvió a sus bases completamente desmoralizado, sabiendo que su comandante supremo los había apuñalado por la espalda.
Antonio López de Santa Anna desapareció de la escena política por algún tiempo. Por muy poco tiempo en realidad, considerando que, en 1838, México entró en guerra con Francia. Esa era la oportunidad que el general había estado esperando para reaparecer y lo hizo organizando la defensa de Veracruz. Las embarcaciones galas bombardearon la ciudad y durante las acciones Santa Anna perdió su pierna.
El conflicto con Francia terminó cuando México se comprometió a pagarle 600,000 pesos a Francia. Pero Santa Anna, quiso presentar al pueblo la salida de las tropas galas como un gran triunfo del ejército mexicano y de él en particular:
“Hemos conquistado. ¡Sí! Hemos conquistado. La bandera de México ondea triunfante. Que todos los mexicanos olviden mis errores políticos. No me nieguen el único título que quiero heredar a mis hijos. El de ser un buen mexicano.”
Santa Anna se convirtió de nuevo en presidente. Ordenó construir un teatro con su nombre y mandó erigir una estatua de él mismo que miraba desafiante hacia Texas, la cual juraba que recuperaría. Claro, todo ello con dinero proveniente de los crecientes impuestos que debían pagar los ciudadanos (se llegaron a gravar, incluso, la posesión de perros, el número de ventanas en las casas y las ruedas en las carretas). Sólo era cuestión de tiempo antes de que el descontento se generalizara y estallara una rebelión...
...así, en 1844 Santa Anna dejó la presidencia y salió exiliado a Cuba.
1847 – EL PODER DA EL DERECHO
Luego de su independencia, Texas no se anexó inmediatamente a EUA, sino que se mantuvo como un estado títere hasta 1845. Ese año se incorporó a la Unión Americana señalando, además, que su frontera con México era el Río Bravo.
México reaccionó suspendiendo las relaciones diplomáticas con EUA y declaró que los límites de Texas no se extendían hasta el Río Bravo, sino sólo hasta el Río Nueces (unos 240 kilómetros más al Norte), tal como había sido desde la época colonial. Norteamérica –por enésima vez- insistió en comprar los territorios de California y Nuevo México, pero también envió tropas a ocupar la región entre los Ríos Nueces y Bravo. Finalmente, tras varias advertencias para que los norteamericanos se retiraran de las tierras en disputa, el ejército mexicano atacó...
...México mordió el anzuelo.
Este incidente era todo lo que necesitaba la nación de las barras y las estrellas: el presidente norteamericano, James Polk, pidió al congreso de su país que reconociera la existencia de una guerra con México, tomando en cuenta que la sangre de once estadounidenses había sido derramada por los mexicanos en suelo estadounidense.
Mucho más apegadas a los hechos fueron las palabras de Abraham Lincoln, un joven representante de Illinois:
“El presidente sería mas fiel a la verdad si hubiera afirmado que esa sangre fue derramada en un territorio en disputa entre México y Estados Unidos.”
A partir de ese primer choque, ambas naciones siguieron caminos diametralmente opuestos. En Estados Unidos numerosos voluntarios se alistaron en el ejército...
...en México, Santa Anna volvió de su exilio para retomar la presidencia por la fuerza de las armas.
La invasión a México siguió tres rutas principales: una, al mando del general Taylor, avanzó desde Texas hasta Coahuila, Tamaulipas y Monterrey. Otra hacia el Oeste, que rápidamente ocupó Nuevo México y California. La tercera, comandada por Winfield Scott desembarcó en Veracruz para tomar Ciudad de México. Frente a tal panorama, y nuevamente en el poder, Santa Anna dispuso que sus tropas salieran a combatir a Taylor.
El ejército norteamericano ya contaba con las legendarias armas Colt, servicios médicos y excelentes líneas de abastecimiento. México tenía más hombres, pero sus líneas de abastecimiento eran malas, sus recursos limitados, no contaba con servicios médicos y casi todas sus armas eran deshechos de las guerras napoleónicas, (básicamente los fusiles de “espérame tantito”: esos que debían limpiarse y cargarse cuidadosamente luego de cada disparo).
Aún así, México obtuvo victorias en los primeros enfrentamientos contra Taylor en La Angostura. Pero, inexplicablemente, cuando estuvo a punto de dar un golpe decisivo, Santa Anna se retiró. Además, el vicepresidente Valentín Gómez Farías tuvo que enfrentar constantes revueltas internas.
La situación se agravó con el desembarco de Winfield Scott en Veracruz y el fácil avance de sus tropas hasta Puebla...
...en donde el obispo de la ciudad recibió con beneplácito al general norteamericano.
Podría decirse que la guerra de 1847 estuvo marcada por numerosas divisiones internas y errores tácticos del ejército mexicano. En Cerro Gordo, por ejemplo, Santa Anna dispuso una defensa que aprovechaba las difíciles condiciones del terreno, pero los americanos simplemente optaron por rodear a las tropas mexicanas, en lugar de enfrentarse directamente con ellas.
Scott avanzó hacia Churubusco, encontrando fiera resistencia por parte del general Pedro María Anaya. Desafortunadamente para los mexicanos, las municiones se agotaron y tuvieron que rendirse. Cuando el general estadounidense le ordenó a Anaya entregar el parque (municiones), éste exclamó:
“Si hubiera parque, no estaría usted aquí”.
El Colegio Militar en el Castillo de Chapultepec era, ya, todo lo que se interponía entre las fuerzas norteamericanas y el centro de la Ciudad de México. Esa última batalla tuvo lugar el 13 de septiembre de 1847 y la memoria mexicana recuerda a los “niños héroes”, seis jóvenes cadetes que dieron la vida en un intento desesperado por detener a los invasores. Incluso se cuenta (aunque no hay evidencia histórica de ello) que uno de esos jóvenes tomó la bandera mexicana que ondeaba en lo más alto del castillo y se arrojó al vacío envuelto en ella, para evitar que el enemigo la capturara.
Todo fue inútil. Esa misma tarde la bandera de EUA ondeaba en el castillo de Chapultepec y al día siguiente lo hacía en el Palacio Nacional. Santa Anna, por su parte, huyó a Colombia, tras haber renunciado a la presidencia...
...ningún 15 de septiembre en la historia de México ha sido tan triste como el de aquel 1847.
EPÍLOGO.
Finalmente, el 2 de febrero de 1848, México y Estados Unidos firmaron los Tratados de Guadalupe Hidalgo. En ellos, el país derrotado otorgaba a su vecino del Norte la alta California, Arizona y Nuevo México (a cambio de 15 millones de pesos), y reconocía la anexión de Texas –con su frontera en el Río Bravo- a la Unión Americana.
El único tanto a favor de la diplomacia mexicana, fue haber conseguido que en los tratados quedara claro que México cedía los territorios mencionados a consecuencia de la guerra. Además, se había logrado conservar la península de Baja California. Aún así, se perdieron 2.3 millones de km2 (lo que equivale a 143 veces la superficie de Kuwait), quedando el país reducido a únicamente 2 millones de km2.
Ante la complacencia de todas las naciones que hoy se declaran defensoras del mundo libre, Estados Unidos mostró la peor de sus caras al haber invadido a México sin otra razón que el deseo de arrancarle más de la mitad de su territorio...
...tanta ambición bien podría haber sido digna de Adolfo Hitler y Sadam Hussein.
Claro, la sociedad mexicana también mostró una de sus peores caras durante aquél conflicto: su apatía, su poca solidaridad, su falta de pasión para defender al país y menor disposición para hacer a un lado las diferencias personales e ideológicas.
Un episodio tan vergonzoso como el propio resultado de la guerra tuvo lugar días antes de que se firmaran los Tratados de Guadalupe Hidalgo. Resulta que varios políticos mexicanos (casi todos de corte liberal) ofrecieron un banquete al general Scott. Durante la reunión, algunos pidieron que las tropas invasoras se quedaran más tiempo en el país para destruir la influencia de la iglesia Católica y otros llegaron a considerar la total anexión de México a EUA.
Además, lejos de formar un frente común contra las tropas invasoras, persistieron las diferencias al interior del ejército y los ciudadanos comunes prácticamente no se involucraron en la contienda. Y, por si esto hubiera sido poco, sólo 7 estados, de los 19 que integraban México, contribuyeron con armas, hombres y/o dinero para la guerra...
...sólo de esa manera se explica que un ejército de apenas 7,000 hombres haya doblegado a un país con 10.5 millones de habitantes.
Es difícil hablar sobre los conflictos que involucran a la nación donde uno ha nacido, pues siempre existe el riesgo de perder la exacta dimensión de los hechos y dejarse llevar por las emociones. A modo de conclusión, me encantaría poder decir que, tanto México como Estados Unidos han aprendido las lecciones que dejó aquella guerra de 1847. Lamentablemente, no es así.
Los estadounidenses siguen pensando que Dios, ese Dios que bendice a América, les ha dado el derecho de invadir y humillar a otros países cuando les plazca. Hace un año expresé mi opinión sobre los cobardes ataques a Nueva York aquel 11 de septiembre, pero también creo que la sociedad norteamericana debería voltear a su pasado, elevar una plegaria y pedir perdón por los muertos, no sólo en México, sino también en Bagdad durante la guerra del Golfo, en los hospitales de la ex Yugoslavia, en Hiroshima, en Panamá, o en diversas ciudades alemanas sin la menor importancia militar durante la segunda guerra mundial.
Para México, las cosas no han sido mucho mejores: seguimos siendo una sociedad apática, con escasa cultura cívica y menos patriotismo (a menos, claro, que se trate de alentar a la selección de futbol o ponernos ebrios el 15 de septiembre). Año tras año, nuestras autoridades y legisladores proponen cobrar nuevos impuestos. Buena parte de nuestros políticos y clérigos, parecen estar más empeñados en revivir aquellas sanguinarias contiendas entre liberales y conservadores que en alcanzar acuerdos con quienes piensan diferente. Como ciudadanos, constantemente criticamos a la sociedad mexicana por todos sus defectos, pero al mismo tiempo consideramos que esos defectos sólo se encuentran en los demás, nunca en nosotros mismos.
Termino de escribir estas líneas la madrugada de un 12 de septiembre. Ayer, los norteamericanos recordaron a sus víctimas caídas en los atentados del 2001. Mañana, los mexicanos recordaremos a nuestros “niños héroes” de 1847...
...tal vez no sea mucho pedir que, el día de hoy, mexicanos y estadounidenses recordemos las lecciones del pasado y nos tendamos la mano para alcanzar un mejor entendimiento entre ambos pueblos.
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