Hola! Por fin tengo mi computadora, aquí van los editoriales. Primero es el de hoy:
Germán Dehesa
¡Qué mal está todo!
Podría haber pasado en Burundi del Sur, pero pasó en México: Dolores Padierna, una Lucrecia Borgia de quinta, engañó a otra joyita de nuestra corona política, Manlio Fabio Beltrones, y así, con la señora Bejarano al frente, los legisladores del DF (los que hacen la ley y la salvaguardan) invadieron el recinto principal de la Cámara de Diputados de la República. Digan lo que digan la pasmada Lorena Villavicencio, don Pablo Gómez que todo lo quiere arreglar a gritos y ¡oh, prodigio! Leonel Godoy "el Niño Burbuja" que abrió su boca siempre sabia y dijo que no había ningún problema, que era una protesta pacífica y por lo tanto respetable; digan lo que digan estos próceres, lo que hicieron estos salvajes fue una agresión frontal a la legalidad y a nuestras instituciones. Y no nos engañemos, con esto no sale ganando la Ciudad, tampoco gana López Obrador; el único ganador se llama René Bejarano, a quien nosotros tenemos que agradecerle que no haya incendiado el Congreso y a quien AMLO tiene que reconocerle que por amor a él, Bejarano es capaz de ofrendar no tan sólo su vida, sino a su señora y a las ligas.
Con razón, vaya a donde vaya, platique con quien platique, todos terminan diciéndome ¡qué mal está todo!, o alguna expresión equivalente. La verdad, no les falta bibliografía a estos que se miran en el espejo humeante y negro de Tezcatlipoca (así decía López Portillo cuando le tronó el Ixtoc). Si pensamos que nuestro destino está en manos de Vicente Fox y de López Obrador, ésta, no lo voy a negar, es una buena razón para que se nos frunzan dermis y epidermis. Abrimos un poco más la toma y en nuestra pantalla aparecen doña Marta y el Jefe Diego y Borola Tacuche de Sánchez Anaya y la Profa Gordillo y los Birhank y Montiel y ¡Madrazo!; resultado: nuestro catastrofismo se robustece y da muestras de asfixia por sobrepeso. Si sólo eso pudiese ser mirado, sería inevitable que termináramos diciendo ¡qué mal está todo!
Permíteme, lectora lector querido, hacer un paréntesis para contarte una brevísima anécdota. Hace muchos años, cuando todavía, para generalizado pavor, su Charro Negro manejaba un veloz Datsun llamado "Filiberto", ocurrió lo siguiente: venía yo a una velocidad razonable, alcé la mirada y vi a una camioneta amarilla que circulaba, carros adelante, en la misma dirección que yo. Frente a la luz ámbar de la preventiva, la camioneta frenó y con ella todos los que veníamos atrás. Como solía ser mi discutible costumbre, me puse a leer mientras duraba el alto; interrumpí mi lectura, alcé los ojos, vi que la camioneta amarilla arrancaba, yo hice lo propio y me estampé en un Renault que estaba enfrente de mí. No sé si ya captaron todo el simbolismo de esta brutalidad vial en la que incurrí. Por estar con la vista fija en lo que eventualmente podría ocurrir en el 2006, nos estamos perdiendo del aquí y el ahora; no nos fijamos en el afán que acarrea el día de hoy y no encontramos mejor cosa que atropellarlo.
Arthur Rubinstein, el deleitoso pianista, confesaba que era profundamente feliz y añadía: cada vez que digo esto, no falta quien me diga que lo digo porque soy Rubinstein, o porque tengo salud, o porque soy razonablemente rico, o por todo esto junto; no es así, se trata de un misterio mayor; la felicidad es una luz que alumbra desde el interior de los seres; creo que si no fuera Rubinstein, y fuera pobre y estuviera enfermo en un hospital, seguiría sintiéndome muy feliz. A mí, Germán Dehesa, me pasa exactamente lo mismo, aunque yo no hago las maravillas, ni los rubattos que Rubinstein hacía en el piano. Así las cosas, no me nace andar diciendo que todo está muy mal. No puedo decirlo porque veo a mis hijos florecientes, oigo a la Jaguara hacer sus últimos górgoros antes de saltar a escena a dar testimonio de su pasión, veo a mi país en ánimo de darse a luz y de buscar formas más justas de convivencia, veo también el daño y el dolor, veo a un amadísimo amigo seriamente enfermo y entiendo que de nada me serviría el quejumbre fatalista. Los grumos de la maldad y los pinches tumores si pueden disolverse es a base del alegre e iluminado amor de los hombres. Puesto que estamos en la pelea, no todo está tan mal. Amados compatriotas: achíquenle.
¿Qué tal durmió? CCCLXXXIV Espero que bien, o mejor dicho: bien mal.
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Germán Dehesa
El abanico
Volátil cual Dalai Lama, mi amiga, mi amada amiga, la Maga Vaga aparece de vez en cuando por estas latitudes y una vez que se cerciora de que su presencia es indispensable, desaparece para, tiempo después, reportarse desde unos lugares enormemente absurdos. A ti, lectora lector querido, te habrá pasado algo similar; habrás tenido afectos importantes hasta la necesidad y casi dependencia que, de pronto, por un golpe del viento o del triste destino, desaparecen y nos dejan un poco huérfanos. Sabedor de esto, acabo de atrinchilar a la ya mencionada Maga Vaga que estaba ahí abanicándose como si fuera buena ("bajo el ala aleve del leve abanico", diría Darío). Creo que todos sabemos cuánto se queda de nosotros en los objetos cotidianos que nos acompañan por un buen trecho de vida. Tal es el caso del abanico de mi amiga la viajera que va por cielo y por mar. Con tal motivo, y en un acto de interés público, le expropié su ventilador adminículo que ahora me acompañará a mí. No piensen por esto que tengo la intención de llegar a lugares tan públicos como el restorán "La Cava" (mi favorito) y sacar mi abanico cual Maja de Goya. No. Lo que sí voy a hacer es lo siguiente: cuando extrañe a mi amiga, buscaré el abanico, lo moveré en el viento y desde el aéreo oleaje que se levante y el suavísimo perfume que se disperse, sabré que mi cuatacha sigue aquí conmigo. Estoy encantado con mi descubrimiento. Me tendrían que dar el premio Nobel de algo. Porque ya envuelado a golpe de abanico, descubro un ínfimo Mediterráneo que me indica que, bien mirado, todos los afectos se disuelven y confunden unos con otros. Descubrir esto en mi actual trance existencial es muy importante por razones que ahora paso a revelar.
Adriana Landeros, Carlos Díaz Caíto y Luis Eduardo Aute entraron en una confabulación que ríanse de la conspiración de Querétaro. El resultado de estos subversivos lances es un disco titulado "El Aute de Amar" que hoy miércoles será presentado en la Sala Miguel Covarrubias de CU. Ha sido un parto complicadísimo. Con toda legitimidad, la señora Landeros me informó que para ella era muy importante lanzarse por su cuenta al ruedo y que le hiciera el favor de honrarla con mi ausencia. No he de negar que sentí que me hacían la vasectomía con un cortauñas, pero cerrando los ojos la dejé pasar: está bien, me relego a ser un mero espectador. Así le dije, pero ya estuve pensando y llego a la conclusión de que es imposible no estar. Cuando solito y mi alma doy una conferencia, o escribo alguna página, mi soledad es ilusoria, pues me hallo en el centro mismo de las aromadas e invisibles presencias de todos los que amo y así, cuando hablo, hablo por todos y desde todos; con su afecto, cada uno me ha regalado un abanico irrenunciable. Si esto ocurre con amigas y amigos, imagínense cómo será con la mujer que es el centro mismo de mi vida. Ella que es un aire suave de pausados giros; ella quizá no lo sabrá, pero ahí estaré. Y todavía hay más: lo deseable hubiera sido que en la presentación hubieran estado Luis Eduardo Aute y, sobre todo, Carlos Díaz Caíto. El primero anda vagando por el mundo y no pudo atracar en México; el queridísimo Caíto ensayó intensamente esta presentación (porque la cosa va en grande), pero una orden médica le impedirá estar. Desde mi teoría del abanico, puedo decir que no estarán (no estaremos) de modo visible, pero no hay la menor duda de que en el aire habrá intensísimos oleajes que navegarán por el laberinto del oído de Adriana y llegarán a su corazón para avisarle que ahí estamos todos sus enamorados.
A mí me suele pasar con el abrigo de mi padre. Cuando me entra la nostalgia, me lo pongo y es como si Don Angel Dehesa me abrazara. Sé que todos nos movemos en esta delicada dimensión de la realidad. A veces es importantísimo recordarlo y dejarnos mecer por sus tenues aromas. Que así sea.
La Bella Dama. Margarita Gralia ha comparecido con su entera e iluminada piel en una revista de circulación internacional. Es imposible no verla y al hacerlo, es imposible no aceptar que la belleza es un argumento inapelable. Dehesa sufre.
¿Qué Tal Durmió? CCCLXXXIII. Hay tantas mujeres heridas que quieren contar su historia. El problema es que no basta con querer, también hay que aprender a contar. Esta es una tarea que sí podemos cumplir. Lo haremos.
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