Germán Dehesa
El espanta tiburones
En la situación actual, el fin de semana ya no es el principio de nada. Frío, neblina, lluvia empecinada y el Bucles exigiendo su película y pidiendo su canción. Si por mí fuera, me hubiera quedado en mi vasto lecho viendo beisbol de manera obsesiva (de una vez hago mi pronóstico: la Serie Mundial será entre Medias Rojas y Cardenales y la ganarán los de Boston. Si quieren apostar, hablen con Jorge Birhank que es el que me lleva estos asuntos). Tendría que haber permanecido en mi camota, pero nos encanta (y necesitamos) creer que, en nuestra ausencia, el mundo se atasca primero y luego se desmadeja. La Jaguara y su Charro Negro veníamos de una semana pletórica de afanes, emociones, trabajos y congojas. Tocaba descansar. Pues no. El sábado, a las diez de la mañana, ya estábamos en intensa ebullición. Teníamos muchas tareas pendientes y más nos hubiera valido que así se quedaran. Comparto ahora con ustedes uno de los tantos frutos de mis 60 años de experiencia: si estás de pie y te echas a andar y en lugar de humano te sientes medusa flotadora y experimentas la sensación de que estás soñando con un lugar llamado Periférico, créeme, lectora lector querido, que ha llegado la hora de regresar a la cama y dormir con antifaz.
De toda la jornada, sólo recuerdo que visité en el hospital a mi amigo Caíto, que estuve en un cine en bonita excursión familiar para ver "El Espanta Tiburones" (bien hecha, divertida y con la infaltable basura ideológica yanqui). Ya que tocamos este punto, recuerdo también que los pérfidos Yanquis de Nueva York volvieron a hacerle la perrería a los patéticos Mellizos dirigidos por un megababas igualito a Tzekub Baloyán (llegar a la octava entrada con ventaja de 5-1 y terminar perdiendo 6-5 es claro indicio de disfunción neuronal).
Muchas cosas más hice en este sábado sin huella y más podría haber hecho si no estuviera viviendo en la zona cero, esa que está delimitada por el Periférico, Las Flores, las obras y San Jerónimo. Observo con horror que los que vivimos en esta zona cero ya optamos por el aislamiento, la pérdida de todo vínculo con el mundo, por ¡la castidad! y la consecuente postración anímica. Vivir así influye de modo muy negativo en nuestro humor y estado de ánimo. Observo que en los buenos tiempos, para que yo hiciera un coraje tenía que procesar la bilis a lo largo de una semana; hoy reclamo para mí el derecho de ser el inventor de la bilis instantánea y en aerosol. El Jefe Diego es un aparato de bulbos al lado de mi pasmosa capacidad para lograr pasar, en nanosegundos, de la sosegada placidez a la llameante ira con fuego en los ojos y sangre en las comisuras (entre la presencia de la Padierna y la ausencia de la nicotina estoy como Don Roque o como los jabones exfoliantes: ¡le rajo la cara a cualquiera, maldita sea!). Soy el único y verdadero Espanta Tiburones.
Al primer escualo al que me encantaría aventarle la asiática bronca es a un plomito que se llama Ren Jingyu y aunque podría ser villano de película de James Bond, en realidad trabaja de "Embajador" de China. Primero apareció el gran Derbez con su habitual mirada huidiza y sus palabras blandengues para explicarnos que los chinos entendían y respetaban nuestras amabilidades con el Dalai Lama. Al ratito apareció Ren Jingyu, agarró el micrófono y nos regañó (¡háganme el c. favor!). Según el primo de Lin May, somos una bola de ignorantes que nos dejamos apantallar por todos y que sólo esto explica la cantidad de fiestas que le hicimos al Dalai. Ante esto, Derbez reaccionó con firmeza y gallardía y dijo que iba a pedir, mediante nota diplomática, una explicación. No entiendo por qué no le dijo que, ignorantes o no, los mexicanos invitamos a nuestra casa a quien se nos da la gana, le hacemos las fiestas que mejor nos cuadren y que no estamos dispuestos a permitir que un furris Embajador nos regañe. Yo así le hubiera dicho y, para no faltar al protocolo, hubiera añadido: pinche chino metiche.
Aprovecho el viaje y la dentellada para añadir mi firma al desplegado "Llegó la Hora" que exige un cambio a fondo en la televisión mexicana, tan vulgar, tan tonta, tan mercachifle y tan irresponsable.
¿Qué tal durmió? CCCLXXXVI. Cayó Ponce. Se entiende la urgencia política de aprehenderlo. ¿Y como para cuándo esclarecerán los feminicidios?
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