Mi opinión sobre la cuestión, es que si bien no está mal que las clases que brindamos los docentes sean pagas, así como cualquier trabajo que realizamos, considero que si fuimos estudiantes graduados de una universidad pública, lo mínimo que podemos brindarle a nuestra universidad es nuestra dedicación, esfuerzo y empeño, y de esta manera, devolverle a la facultad todo lo bueno que nos dejó. Asimismo, aquellos que decidimos ser docentes en una universidad pública, lo hacemos por vocación, y no por dinero. Alejandro.