Más allá de las vocaciones, que siempre son bienvenidas, y de las devoluciones a la universidad pública, considero que la docencia tiene que ser paga. La docencia es un trabajo como cualquier otro, y tan necesario como cualquier otro. Además un docente hace constantemente "inversiones" para su trabajo como docentes: mínimamente se compra un libro, por no hablar de pagarse un postgrado, o ir a algún congreso. Con lo que un docente que se precie de ser bueno y estar actualizado, si trabaja ad honorem ni siquiera va a suma cero: subvenciona a la Universidad.Cuando en el mundo la universidad se vuelve cada vez más una institución de construcción de desarrollo social y productividad económica, aquí seguimos con el mecanismo de honores y vocaciones.El conocimiento no es un lujo, es una necesidad económico y social. Por eso, transmitirlo es un trabajo, y debe ser remunerado como corresponde.