Con ansias, digamos, de "forear" el otro día ingresé en la weblog y publiqué unas consideraciones sobre el problema del autor y del sujeto, a raíz de un texto colgado en el Foro de la weblog por un alumno, creo, del curso de los lunes, donde se preguntaba por el autor intelectual y las posibles regalías en ámbitos tan difusos como la red. Viendo que nuestro debate anda por aquí, transcribo a continuación dicho texto.
Regalando regalías
Los estoicos, en su tiempo, esbozaron un pensamiento de los incorporales. Además de que, por ejemplo, las cosas se mueran, hay un suceder del morir que permanentemente se reactualiza en los estados de cosas, pero que, podríamos decir, no tiene materia, no es designable, pero no por ello es menos "real".
Lo virtual, entonces, existe y es pensado hace mucho. Hay un cierto espejismo en creerlo propio de esta época. Sin embargo, lo que estos tiempos tecnológicos han quizás logrado es hacer explícita la cuestión. Tanto, que la negación de la operatividad de lo virtual constituye, al presente, una apuesta de tono recalcitrante.
Que ciertas tecnologías nos han colocado de frente a la pregunta por la consistencia, la posibilidad, la determinación del Autor, no es novedad. Aún cuando nuevos debates presten al problema formas renovadas de originalidad. Esto sucede porque la cuestión está lejos de agotarse.
Pero lo que aún aparece velado, desplazado, semioculto (aunque tampoco sea reciente) es la pregunta a la que conduce la disolución, la fragmentación de la autoría: ¿QUÉ ES EL SUJETO?
Noción absolutamente cara al Derecho (como, sino, juzgar), la ficción de la autonomía, de la propiedad (primero del intelecto y a partir de ahí de todo lo demás) se revela cada día como sobreviviendo en medio de flujos que la exceden, que atropellan y desordenan todo el tiempo su transparencia. Y como ver y oír la novedad siempre es difícil, en la medida que se está ante la carencia mayor o menor de un lenguaje, la opción es el PARCHE. El sujeto, pero así... El sujeto, pero conectado intersubjetivamente; el sujeto pero expresado como flujo comunicacional; el sujeto pero operando a través de un lenguaje que hace cosas (performatividad). Pero, de un modo que parece inexorable, son los predicados los que configuran eso que (sin sujeto) necesita cada vez más de comillas: lo "real". Está claro que las comillas revelan una insuficiencia de la idea de sujeto, al mismo tiempo que una potencia porque parece que sin él (sin el sujeto) todavía no podemos hablar.
En la relación económica el sujeto está antes del intercambio. Su capacidad es en tanto sujeto; no en tanto se produzca el intercambio. La subjetividad permite algo muy extraño: ser capaz de intercambiar sin hacerlo.
Fuente antropólogica: parece ser que, entre otros, ciertas tribus del noroeste americano desplegaban mecanismos de "intercambio" muy particulares y sustancialmente diferentes al archisabido antepasado de la economía moderna, esto es, el trueque. Estos mecanismos son conocido bajo el nombre genérico de potlacht.
En el potlacht el "intercambio" se produce a través de la exhibición de una capacidad de gasto, de dilapidación de los "bienes personales". La cuestión estriba en exhibir una cierta capacidad de de desprendimiento, lo que constituye, al tiempo que una posición honorífica de aquel que gasta, expresada justamente en esta capacidad de gastar sin mella "individual", también un desafío lanzado a un destinatario incierto y en la expectativa de una contra-donación también incierta, que, según el ritual, debe devolver el gasto con usura. No hay sujeto anterior al don, al "intercambio" (palabra que no se ajusta bien a la idea de potlatch). El "sujeto" es en la donación. Sin gasto no hay sujeto. La capacidad de gastar, de donar, de "intercambiar", de poseer, no es previa, ni potencial; se da o no se da, sucede o no sucede. Es inmanente. Y en la variabilidad de este suceder, aquellos "indios" se jugaban el honor. Eso que nosotros, modernos, a veces parece que postulamos también como si lo "tuviéramos" de iure, antes del uso. En esto, tal vez, seamos más primitivos que los "primitivos", si es que la tal "primitividad" existe.
Dejo aquí. Espero que esta disgresión cause alguna inquietud (de cualquier tipo -si algo caracteriza al sujeto es ser un trabajador de la previsión, pero para prever un comentario hay que volver previsible al pensamiento-).
Me cansaron tantas comillas.
Me llaman Gustavo Simona (a veces, a eso estoy sujeto).
Sobre el potlacht se pueden consultar: Ensayo sobre el don de Marcel Mauss; La parte maldita de G. Bataille y Dar (el) tiempo de J. Derrida, entre otros.
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