A ORIOL LE GUSTA ANA

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Ana se ha quedado paralizada viendo a Xerxes. Tiene un nudo en la garganta. SientE lo mismo que sintió la primera vez que lo vio. Es como si Xan hubiera regresado de entre los muertos años después. Su rostro se inunda de lágrimas.
--¿Qué te pasó? –Marta.
--No me siento bien.
--¿viniste a pie? MI marido y yo tu llevamos.
Ana mira impactada a Xerxes, hay una revolución en su interior. Está segurA que si lo tiene cerca no va a poder reprimir la atracción que siente por él y se va a lanzar a sus brazos. Le cuesta controlar sus impulsos. Mira a su hijo. Siente miedo. Padre e hijo están muy cerca y sin saber nada el uno del otro.
Muy nerviosa, la Vico dice:
--Nosotros nos vamos a quedar un rato más... Gracias.
Marta quiere presentarle a su marido pero Ana le dice que otro día. Marta le da su teléfono a la mujer para que La llama y se vuelva a ver. Ana le promete que lo hará. Atormentada por los recuerdos, Ana mira con rabia como Marta y Xerxes se besan y se abrazan.
--Él no es Xan, él no es Xan –se repite celosa—Tú quisiste que así fuera, que encontrará una mujer que lo amará por el mismo y no por ser el fantasma de nadie... –se dice con triste mientras ve como se van en el coche.
--Xan, Xerxes... ¿por qué no os he podido olvidar? –se pregunta Ana.
Ana mira a su hijo, el rostro que la vuelve loca está demasiado presente en su hijo como para olvidar el pasado. Ana se acerca a abrazar a su hijo angustiada.
--Es su hermana, es su hermana la que se está muriendo –se dice sintiéndose culpable.
Sin mencionar su nombre, Marta habla a Xerxes de la mujer que ha conocido.
--Es muy buena mujer y tiene un niño precioso... Por cierto que su cara la he visto en otra parte... Me encantaría que los conocieras.
El hombre sonríe y dice:
--Me gusta verte más animada.
--Si, no sé siento algo raro, pero dentro de mi algo me dice que nuestra Sandra va a ponerse bien. Es como si la aparición de esa desconocida me hiciera ver que va a aparecer un donante. Y es una tontería pues no tiene nada que ver una cosa con otra... pero siente algo en el pecho... No sé como explicarlo. Es una intuición.
--Nuestra hija se va a poner bien... Mi tío está removiendo cielo y tierra. Ya verás como en cualquier momento encontramos un donante. Te juro que yo no voy a permitir que nuestra hija se muere.
El matrimonio se mira esperanzado.
Ana está en su hotel. Mira como su hijo duerme atormentada. No deja de pensar en la hija de Xerxes y también en las horas de pasión que compartieron ella y él.
Augusto llega a Cadaqués con su hija mayor. Susana los recibe feliz. Los cuñados se abrazan y tiemblan. Los dos sienten deseos de besarse pero saben que se deben controlar.
Mientras, Raquel está en la casa pensando en Mariano. Se pregunta que habrá sido de su vida y si ya tendrá el hijo varón que siempre deseó.
El doctor Oriol Novell, tío de Xerxes, está en su despacho en su lucha desesperada por encontrar un donante para su sobrina. Le anuncian que tiene una visita. No la quiere recibir pero al decir que sabe de un posible donante cambia de opinión. Ana entra en su despacho.
Susana tiembla al sentir a Augusto a su lado. Los dos hablan de todo y se nada para intentar olvidar la atracción mutua que sienten. El hombre desea besarla, hacerle el amor. La mira con deseo.
--ella no es mujer para ti, ella no es una cualquiera. No es como las otras mujeres que conociste –se dice triste.
Susana está muerta de amor por él.
--Es el padre de tu hermana y de tu sobrino... Es un hombre prohibido para ti.
La mujer lo acompaña hasta su dormitorio, el que está al lado del de ella. Augusto le agradece todas sus atenciones.
--voy a ducharme y en seguida bajo –él.
--Mientras le daré algo de tomar a Bertita.
Susana lo ve encerrarse en su dormitorio.
--Otra vez lo voy a tener para mi sola, otra vez comienza un infierno... Un infierno de amor que me quema por dentro y que temo que algún día vaya a estallar. Te amo, te amo Augusto –se dice mientras lleva a la niña a la cocina.
Ana está muy nerviosa. Oriol la mira hechizado. Una energía ha recorrido todo su cuerpo. La mira con deseo.
--Soy el doctor Oriol Novell, ¿usted quería verme?
--Usted es el tío de Xerxes Baldrich ¿verdad?
--Me dijeron que usted tenía un posible donante para su hija ¿Es cierto eso?
--Así es pero antes quiere saber una cosa. ¿Qué pasa con el donante?
--Para la persona que dona su médula no hay problema... Es una intervención muy sencilla, ni siquiera lo ingresaríamos. ¿pero usted quien es? ¿por qué cree que tiene un donante para la pequeña Sandra Baldrich?
--Yo fui amante de Xerxes por una noche y tengo un hijo suyo.
Esta revelación ha impactado al hombre que está fascinado por la mujer. Se siente decepcionado pero también lo excita saber que esa mujer que tanto le gusta fue amante de su sobrino y tuvo un hijo con él.
Marta está en el hospital visitando a su hija. Se angustia al ver como su vida se apaga poco a poco. La mira a través de unos cristales.
--Te vas a poner bien, estoy segura que te vas a poner bien muy pronto.
Xerxes está en su casa muy desesperado intenta localizar a una mujer.
Des del el otro lado del hilo se escucha la voz de una mujer. A Xerxes se le ilumina la cara. Ella se nota nerviosa cuando reconoce la voz del hombre.
--¿se puede saber qué quieres?
--Mi hija se muere y sólo tu hijo la puede salvar.
--¿De que diablos hablas?
--Mi hija necesita un transplante de médula y no encontramos un donante... La compatibilidad más alta se da entre hermanos pero mi esposa no puede tener más hijos... Tal vez tu hijo le pueda salvar la vida a mi hija. ¿ya nació verdad? –dice él con esperanza.
--tú fuiste mi primer hombre, acababa de cumplir los 18 años... Casi me obligaste... Luego no quisiste saber de mi, me trataste como una basura –dice una molesta voz de mujer al otro lado del teléfono.
--Sí, sé que fui un miserable... Llevo semanas tras de ti, me ha costado tanto encontrarte... Te suplico que me ayudes... Mi hija se podría salvar gracias a tu bebé.
--¡Eres un desgraciado¡ ¡tú no creíste en mi pues ahora busca a otra que te resuelva el problema¡
La mujer le cuelga el teléfono. El hombre desesperado vuelve a marcar. Contesta un hombre que se presenta como su marido, Eugenio Balanyà. Xerxes se impacta mucho al saber que la mujer está casada. Xerxes desesperado le dice:
--Soy Xerxes Baldrich el padre del hijo que está esperando su mujer.
--¡ya sé quién es usted... He oído la conversación de mi esposa... Usted no tiene derechos a reclamar nada. ¡Déjenos en paz¡
Eugenio lo insulta y a pesar que Xerxes le suplica que lo escuche, el hombre le cuelga. Xerxes está muy angustiado.
--Se casó, maldita sea... Cumplió su amenaza... Si no la hubiera abandonado... Debí decirle que iba a responder por su hijo... Tal vez no me mintió... yo fui el primero... No podía estar seguro. A lo mejor la vida de mi hija depende del hijo de esa mujer. Ella nunca salio del pueblo me consta que el tal Eugenio no puede ser el padre de su hijo... ella me dijo que se casaría con el primero que encontrara... Estoy seguro que no lo conocía... Voy a averiguar la verdad. Si la salvación de mi hija está en manos del hijo de Eloisa iré a por todas aunque pierda a mi Marta.
El hombre se atormenta en pensar en el dolor de su esposa si supiera de sus infidelidades y recuerda cuando él y Marta se conocieron. Luego piensa en ese hijo que no conoce.
--¿Habrá sido niño a niña? Me hubiera gustado tanto tener un hijo varón... Tal vez Eloisa me ha dado el hijo varón que no me pudo dar Sandra y no lo veré nunca –dice con frustración.
Eugenio está muy atormentado. Le grita a su esposa que ha salido de la habitación para no oír los gritos.
--¡te prohíbo que vuelvas a tomar el teléfono. No quiero saber que hablas con ese desgraciado¡ Xènius es mi hijo. No voy a permitir que ese me lo robe. Tú y tu hijo sois míos, sólo míos –dice con rabia.
Oriol está fascinado con Ana y además se alegra por haber encontrado la posible salvación de su sobrina.
--Pero ¿porque él no me lo dijo?... Su hijo puede ser la salvación de la niña... Son hermanos. Xerxes debió decírmelo, la vida de su hija podría estar dependiendo del hijo que tuvo con usted.
--Los detalles no interesan sólo le pide discreción. Yo no quiere hacerle daño a la mujer de Xerxes . Él no lo sabe. Yo no se lo dije y me gustaría que no lo supiera. No le quise reclamar nada en su momento y tampoco lo voy a hacer ahora. Sé que es feliz con su esposa y no quiero complicarle la vida. No me gustaría que ni supiera que estoy aquí.
--Seré discreto pero Xerxes debe saber la verdad... No es justo que él no sepa que tiene un hijo.
Ana está muy nerviosa. Él sonríe y toma de la mano de la mujer pero ella se la retira. Ana siente el deseo de él y aunque lo encuentra muy atractivo no le despierta ningún interés. Eso sí le gusta sentir que le ha gustado, hace años que no siente que gusta a los hombres.
--Esto debemos hablarlo tranquilamente, ¿por qué no hablamos durante la cena?
--Suena a cita... –ella.
--Tómalo como quieras.
--No, lo veo necesario.
El hombre me toma de las manos:
--Me gustaría volver a verte... vernos fuera del hospital.
-Usted va muy rápido...
--con mi sobrino nos irías muy lenta.
Ana lo bofetea:
--Es usted un grosero.
..Perdoname, aunque no lo creas no acostumbro a hacer esto pero es que tú me despiertas una ternura muy especial –dice él.
--Yo no he venido para vivir un romance... Estoy de vacaciones con mi hijo, no quiero complicarme la vida.
--No te pongas a la defensiva conmigo. Si tú lo deseas hablaremos solo de lo que te ha traído a mi despacho... ¿cenamos solo para hablar de eso?
--No es usted de los que se rinde fácilmente.
Él sonríe:
--Era sólo por si acaso pero si es que no pues no.
--Pues no, ya le dije que no me interesa usted –Ana.
--Así que te gusta es de dura... Si me dieras la oportunidad de conocerme...
Ella lo mira regañona y él se disculpa.
--No volveré a insistir. Pero no me trates de usted... Ya sé que soy unos cuantos años mayor que tú pero tampoco soy un viejo –Oriol.
--¿cómo quiera doctor?
--Oriol, llámame Oriol.
--Esta bien, Oriol.
Él la sonríe, ella se siente más tranquila.
--aún no me has dicho tu nombre.
--Ana, Ana Vico.
--¿y bien Ana? ¿cuál es tu teléfono? ¿en que hotel estás?
Ella lo fulmina con la mirada y él muy sonriente dice:
--Tengo que saber dónde localizarte.
Ella le da los datos del hotel y él toma nota muy excitado.
Ana llega a su hotel muy alterada. Todo su interior está revolucionado por haber visto a Xerxes. Su sorpresa es enorme cuando en seguida le anuncia que le llegó algo.
“perdón si te causé mala impresión, deseo volver a verte” dice la tarjeta firmada por Oriol. Ana pide que devuelvan el ramo.
Oriol no deja de pensar en Ana.
--Tiene que ser mía... la tengo que tener entre mis brazos aunque sea sólo una vez. Si se regaló a Xerxes y luego desapareció de su vida no me debe ser muy difícil tenerla en mi cama aunque sea una sola vez.
No tarden en llamarle de la floristería para decirle que la mujer no aceptó las flores.
Xerxes entra en el despacho de su tío en ese momento. El hombre lo mira con cierta rivalidad:
--que encontraría en él.. que no le despierte yo. Xerxes no es que sea un romántico –piensa.
Xerxes mira a su tío con complicidad:
--¿quién es ella?
--¿Perdona? --Oriol
--conozco esa expresión, ¿tienes cara de enamorado? ¿quién es? ¿La conozco yo? –Xerxes.
Oriol no sabe qué decir.
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