LA MADRE DE ANA EN PELIGRO
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Diego y Carolina hablan muy amistosamente mientras comen. Él le acaricia la mano, ella no se opone. Se sonríe enamorados, la respiración de los dos es entrecortada. Él sonríe tímidamente.
--ahora vuelvo, tengo una urgencia –dice con cierta vergüenza.
Feliz, el hombre se retira al lavabo, la hija de Ana queda ausente y cuando alguien se sienta en su mesa cree que es él. Dulcemente le dice:
--si que has vuelto pronto ....
Se deja tomar de la mano pero cuando se da cuenta que es Sergio lo rechaza con rabia. Se levanta furiosa.
--¡¡fuera de la mesa¡¡ --le exige.
Él ríe y con cinismo le dice:
--conmigo no te hagas la estrecha que ya sé que no eres ninguna santa... Ya sé que te dejas hacer lo que sea por mi hermano. Con él olvidas tu supuesta decencia.
Furiosa lo bofetea. Él protege sus genitales y rie como diciendo que ya la conoce. Molesta. La joven le pone por sombrero el plato de pasta que comía dejándole todo empastado. Él está resignado, ella se va molesta pero satisfecha. Cuando iba a dejar el comedor se topa con Diego que volvía del lavabo y sin decirle nada lo bofetea. Él la agarra del brazo para impedir que marche.
--¡¿qué está pasando?¡¡¿qué tienes?¡ --le suplica desesperado.
Ella lo derroca con una patada en sus partes más blandas y se va dejándolo retorciéndose del dolor y rabia. Grita desesperado, no entiende nada. Carolina se va llorando.
Raquel no se recupera de la impresión por la propuesta de Zack. No puede hablar. Él se pone de rodillas, la toma de la mano y con voz muy dulce le pregunta:
--Raquel Montana, ¿te quieres casar conmigo?
Ella lo hace levantarse, no se sueltan las manos.
--Ya sabes que yo no creo en el matrimonio. No me casé de joven y aún menos lo voy a hacer ahora.
Él le habla con desesperación:
--¡pues hazlo por mi, yo te amo...Sería una prueba de amor por tu parte. Así me demostrarás, le demostrarás a todos que yo soy importante para ti, que el pasado no importa, que yo he borrado el recuerdo de los otros hombres que han pasado por tu vida.
Ella le acaricia el rostro con ternura y él se estremece. A Raquel le atrae mucho el joven y no le apetece nada romper con él pero no quiere compromisos.
--Yo estoy muy bien contigo ¿porqué no podemos seguir como hasta ahora?
--¡porqué yo no quiero ser una más en la sombra, si no te quieres casar podemos vivir juntos¡ Yo lo que quiero es que tus hijos, todos sepan que yo soy tu hombre. No quiero ser simplemente tu amante, quiero ser tu pareja.
--¿y que importa si somos pareja o no? Me gustas mucho...
él la corta decepcionado:
--¿te gusto¿ sólo eso para ti soy, un cuerpo con el te revuelcas en la cama?
--yo nunca te he dicho lo contrario, no te he prometido nada. No quiero que mis hijos sepan que...
--¿qué eres una zorra? –la interrumpe dolido.
--Llámame como quieras. Me gustan los hombres y me gusta el sexo y el amor libre... No quiero, no necesito nada más.
Él le devuelve las llaves del estudio con dolor:
--pues yo no soy objeto sexual de nadie –le dice.
Zack se va muy triste. Raquel se siente sola y frustrada. Toma su bolso y vuelve a su casa.
Medio recuperándose del fuerte golpe que le ha dado su amada y sin entender lo que ha pasado, Diego oye como su hermano riendo le dice:
--duele ¿eh? Ya te dije que era una experta en este tipo de golpes.
Aún adolorido y con el corazón herido, Diego se enfrenta a su hermano:
--¿¡qué haces aquí?¡¿se puede saber qué le hiciste a Carolina?¡
El otro pone cara de bueno y Diego le dice furioso:
--¡te juro que si por tu culpa pierdo a Carolina no te lo pienso perdonar¡
Diego sale corriendo, Sergio va detrás de él riendo:
--¡eres un exagerado, el mundo está lleno de tías más buenas que esa¡
Diego se mete en su coche angustiado. Mira a todos lados desesperado. Se tranquiliza cuando la ve caminando muy deprisa. Para el coche y corre hacia ella con mucha ansiedad. La joven sale corriendo, él la atrapa, la agarra del brazo e intenta que la escuche pero ella lo vuelve a herir con una nueva patada en la misma parte. Ella se va furiosa, él queda tendido en el suelo bien adolorido por fuera y por dentro.
Silvia llega a su casa eufórica. Gus y Fernanda la reciben sorprendidos.
--descorcha el cava, lo tenemos que festejar –dice la mujer a su hija.
--¿el que tenemos que festejar?¿qué esta casa ya no es nuestra? –le reclama la joven con ironía.
--Esto será siempre casa nuestra, ¿verdad que sí? –dice la mujer mirando a Gus que hace que sí con la cabeza.
Silvia es quien va a buscar el champán y las copas que ella misma reparte y llena:
--Hoy es un día muy importante para nuestra venganza –dice—Ana está en la cárcel y ...–su perversa sonrisa hace prever lo peor.
Fernanda se asusta por la cara de su madre.
--¿se puede saber qué hiciste ahora? –le pregunta.
Silvia ríe y sarcástica dice:
--una obra de caridad... la pobre madre de Ana tenía qué saber dónde está su hijita del alma... No le ha sentado nada bien... Los Vico mañana tendrán un nuevo velorio.
Gus sonríe, él y Silvia alzan sus copas y brindan. Fernanda está horrorizada por la maldad de su madre:
--¿¡cómo has podido hacer una cosa así?¡ esa familia tiene desgracias a diario, no les hace falta tu ayuda –le dice molesta.
Gus agarra del brazo a su chica:
--si tienen tantas desgracias es porqué es lo justo, se lo merecen y Díos siempre da lo que cada uno se merece, la vida les está cobrando sus crímenes.
Fernanda se va dejando solo a su novio y a su madre que celebran su triunfo y ríen con odio.
Angustiado, Diego llega a la empresa y justo cuando llega a la puerta le cae sobre la cabeza un ramo de rosas. La Carolina se lo ha tirado por la ventana de su despacho. Él sube desesperado pero la joven se ha encerrado en su despacho. Como un loco golpea la puerta suplicándole a la mujer que le abra. Todos lo miran. Él respira aliviado cuando le abre pero ella sólo abre un poco la puerta pero impedir que pase.
--déjame pasar, tenemos que hablar –le suplica.
Herida ella le escupe en la cara.
--¡usted y yo no tenemos nada que decirnos¡¡ --le dice con desprecio.
Le quiere cerrar la puerta y hay una lucha ya que él no se lo permite.
--¡No se lo que te ha hecho mi hermano pero yo no tengo nada que ver¡¡ --dice angustiada.
Ella suelta la puerta y con mucha rapidez lo bofetea y le da una tercera patada allí, luego cierra la puerta con tanta rabia que le engancha al hombre los dedos de la mano. Carolina vuelve a abrir la puerta, empuja a su jefe y cierra la puerta. El hombre llora, grita. Su alma y su cuerpo están deshechos pero le duelen más las heridas del alma que las del cuerpo. Todos los empleados lo miran.
--¡vuelvan a su trabajo¡ --grita.
Se encierra en su despacho y lanza por los aires todo lo que tiene al alcanza de su mano.
Con la excusa de ir a ver a Diego, Miriam consigue que su abuelo la acompañe a Barcelona. No van directos a la empresa sino que como quién no quiere la cosa le pide que la acompañe a la tienda de discos que hay por allí, él no dice nada pero sonríe y la acompaña. El joven Oriol está allá. Los dos se buscan, está distraídos y acaban por chocarse, los dos sientes escalofríos de emoción. El joven sonríe feliz. Ella, antes que él abra la boca, lo bofetea y empieza a gritar:
--¡A ver si miras por dónde vas, pareces idiota... casi me tiras¡¡¡¡
Oriol queda sorprendido por la “bienvenida” pero le hacen gracia los arranques de la joven. Juan es muy amable con él y lo saluda afectuosamente. Esto alegra al chico y le da confianza. Se dan las manos.
--Yo soy el abuelo de Míriam, me ha hablado mucho de ti.
Oriol sonríe, Míriam se muestra fría:
--¡sí le he dicho que eres un estúpido y que no te quiero volver a ver¡
Juan sonríe.
--Miriam, así que te llamas Miriam –susurra él dulcemente—Es un nombre precioso. Yo me llamo Oriol.
Él tiene intenciones de besarla en la mejilla pero ella lo mira con mala cara, aunque en realidad lo está deseando, y no se atreve. Miriam, haciéndose la que está molesta, pide a su abuelo que se vayan ya. Juan se despide muy amable del joven. Miriam presiona a su abuelo para que se vayan de una vez. Oriol se despide de la joven fascinado. No deja de mirarla feliz. Ella está radiante pero no dice nada al joven que se queda allí embobad mirando como se va la chica que le gusta.
--No tienes que tratarlo tan mal si te gusta, se ve que es muy buen chico –Juan.
Ella borra su sonrisa de ilusión y dice molesta:
--¿¡pero qué dices?¡ ¡¡¡lo odio¡¡
A pesar de la dureza que quiere fingir, sonríe al pensar en el joven. Su abuelo la mira divertido.
Zack llega a su casa muy triste. Marc se burla de él.
--¿y qué, qué dice la santita de tu amante? –dice.
El joven lo fulmina con su mirada llena de dolor. No dice nada, entra en su cuarto y se tumba sobre la cama. Piensa en su primera vez, en sus nervios, en la paciencia de Raquel, en todo lo que han compartido, en su ruptura... Está deshecho.
A la hora de la salida, Diego espera a Carolina en la puerta de la empresa. Lleva una rosa en la mano.
--¿vamos a dar una vuelta? –pregunta dulce –tenemos que hablar, Carolina.
Ella sonríe, toma a rosa. Él la mira feliz. De pronto ella deshace la flor con rabia y además “regala” a su jefe una patada más en el mismo sitio y se va dejando al hombre caos. Diego cae al suelo derrotado por el dolor física y espiritual y chilla rogándole a la mujer que no marche, llora de rabia.
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