ANA VE A XÈNIUS SEMIDESNUDO
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Lucia se queja con Xènius sobre el rechazo de la supuesta Rosa.
--tu papá me ha recibido como a una hija pero en cambio tu madrastra... yo no le he hecho nada pero se nota que no me puede ni ver.
Xènius está preocupado porque haya algún enfrentamiento entre las dos mujeres durante su convivencia.
--Ella está enferma, tiene que ser paciente con ella. Rosa es una mujer muy dulce, pronto recuperará la memoria y renacerá su verdadera personalidad.
La joven se refugia en brazos de su amado que muy dulce la llevando al dormitorio. Mientras la pareja sube las escaleras, Ana entra al cuarto de la pareja y esparce los polvos que le ha dado la bruja sobre la cama.
--no me va gustar vivir en esta casa --Lucia.
--lo importante es que estamos juntos, yo no tengo otro lugar donde poder llevarte. Todo saldrá bien.
Ana se muere de celos al ver como la pareja entra en la habitación muy cariñosa. Tiene el frasco vacio en las manos y sonríe con maldad esperando que los polvos surgan efecto al instante.
Xènius y Lucia hacen apasionadamente el amor. Ana está tras la puerta y los celos la martirizan. Oir jadear a Xènius la atormenta y la excita. Se queda allá de pie un buen rato y se imagina que es ella la que se encuentra en brazos del atractivo joven, es lo que más desea. Eugenio sale de su dormitorio y se sorprende al ver a su supuesta esposa parada frente la puerta del dormitorio de su hijo. Ana se siente descubierta pero el hombre no se puede ni imaginar cuales son los sentimientos de la que él cree su mujer. Él la acaricia muy dulce pero ella lo rechaza. Él no entiende.
--ayer estuviste muy dulce, me hiciste muy feliz. ¿Porque estás tan esquiva hoy? Ayer no la pasamos muy bien.
Ella lo mira con rabia y dice:
--¡tú te la pasaste bien¡¡¿a caso me sentiste gozar a mi? ¡lo que pasa es que eres un egoista que sólo se preocupa por sí mismo¡
él está muy triste y le dice:
--no grites tanto y vayamos abajo para no distraer a los chicos, ellos sí que se lo están pasando bien.
Ana no puede con su rabia y sus celos y dice:
--¡si yo me tengo que aguantar y oir sus jadeos pues que ellos oigan mis gritos¡
Eugenio intenta que su esposa se calme.
La discusión de la pareja pone nervioso a Xènius que pierde el autocontrol y se descarga antes de tiempo. Lucia se enfada mucho ya que se ha quedado insatisfecha.
--hoy tenía que ser un día muy especial y ni siquiera me has podido cumplir como hombre --se queja.
Él está avergonzado. Se sienta sobre la cama dando la espalda a su chica.
--no hace falta que te pongas así, hasta hora siempre te lo he hecho pasar muy bien --Xènius.
--¡¡todo esto es culpa de la histerica de tu madrastra¡¡yo no la pienso aguantar, si tú no tienes otra casa donde llevarme yo quiero que nos vayamos a Valencia, a casa de mi padre¡
--pero la casa de ellos es pequeña y son tres, estamos mejor aquí.
--¡si tu lo dices¡ --dice ella muy molesta.
Él no sabe que hacer.
Eugenio está suplicando un poco de amor (sexo) a su esposa.
--¡el amor no se suplica, se siente y yo no siento amor por ti... tú lo único que quieres es sexo¡¡¡sólo piensas en eso¡ --ella.
--pero es que ayer ya te entregaste a mi. Siento que no te gustara, debió ser como la primera vez... debemos practicar. Hoy irá mejor.
Ana siente horror. Recuerda la vergüenza de su violación y la ternura de su 1ª noche de amor con Xènius. Mira al desesperado hombre con rabia.
--yo sé que con paciencia podré conseguir que me amas... cuando recobres la memoria...
Ana lo interrumpe:
--es que aunque no lo recuerde sé que ya no te amaba cuando el accidente...
--sí pero ayer...
--Así no podrás decir que yo no lo he intentado, dame tiempo, necesito tiempo.
Ana se encierra en el otro dormitorio, Eugenio va al suyo decepcionado.
Al cabo de un rato, Ana siente que alguien sale del dormitorio de Xènius. Sabe que es él, reconoce sus pasos. Aturdido, el chico baja a la cocina. Va en calzoncillos, tipo boxer. Bebe agua. Ana se le acerca lentamente por detrás. La excitación se apodera de ella y es que nunca lo había tan desnudo. Le acaricia la espalda jadeando. A él se le cae el agua que empieza a resbalar por su pecho. Se gira nervioso. El pecho desnudo y mojado excita horrores a la mujer que se le lanza al cuello con intención de devorarlo. Él se aparta de ella como si se apartara del mismo diablo. Ella mira su partes más sensibles con deseo, intenta imaginar lo que esconde la única pieza de ropa que lleva. Al chico se le remarca su parte más íntima y el deseo que siente Ana es infinito. Más que nunca desea hacer el amor con él. Muerto de la vergüenza, Xènius se pone las manos ante sus partes para tapársela y mira por si hay algo con que cubrirse. Ana no disimula su atracción. Él dolido le dice:
--te suplico que no me mires así, me lastima. No me gusta saber que me vees como hombre.
La mirada de deseo de ella no disminuye y él acaba dándole la espalda. Ella se le acerca apasionada. él, muy nervioso, quiere ir hacia la puerta pero ella se le avanza y le barra el paso. Están cara a cara. Él se quiere dar la vuelta pero ella le agarra la mano y le dice:
--seguro que no es la primera vez que te veo así, debo haberte visto desnudo miles de veces, ¿a que sí?
--pero antes tu mirada no me hería, tu eras mi madre y ahora te has convertido en una cualquiera.
--no me llames cualquiera.
La triste mirada de ella se clava en el alma de él. Siente compasión por ella pero no le gusta sentirse acosado.
--es evidente que tú no piensas respectar nuestro pacto. Será mejor que mañana nos ignoremos... Lucía no quiere vivir contigo y yo tampoco. Viviremos en Valencia.
--¡no me hagas esto... si te vas me mato¡
--correré el riesgo. Espero que seas razonable.
Ana está desesperada. La mujer le acaricia el rostro y con voz muy dulce le canta aquello de:
--¿quien te va a querer así como yo?¿quien te va a querer...?
La mujer lo mira con ojos llorosos. Él no sabe que hacer. Le conmueve el amor de la mujer pero también le molesta. Ana tiene su mano acariciando el rostro de su amado, él le agarra esa mano y le dice triste:
--¿porqué me haces esto? Has un esfuerzo para olvidarme, espero de todo corazón que lo puedas lograr.
Él se separa de la mujer, se da media vuelta y se va.
--Xènius, Xènius. Vuelve --le suplica ella.
Aturdido, Xènius se mete en su cama en donde duerme la que pronto será su esposa. El joven está muy triste y confundido. Ana está fuera del dormitorio, acaricia la puerta ardiendo en deseo. No puede deja de pensar en el cuerpo casi desnudo de su amado.
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