Esta es la historia de una joven que después de ser violada por el gemelo de su novio cree que el amor ya ha salido de su vida para siempre pero conoce a Xan. A partir de entonces su vida estará marcada por la tragedia y por un mismo rostro. A lo largo de su vida conocerá a tres hombres que aparentemente no tienen ningún lazo de sangre pero que son iguales físicamente.
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CAPITULO 163

February 12 2004 at 1:21 PM
  (Acceso ebalaguer)
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SALVADOR VA A SER PAPÀ DE NUEVO
GALERIA:
http://ar.geocities.com/tresamer2000/cap163.html

Diego deja a su mujer sobre la cama. Se siente muy culpable de su supuesto dolor.
--¿cuándo te piensas ir? –dice ella con una tristeza fingida.
--¿quieres que me vaya? –Diego.
Ella lo abraza con una desesperación de mentira.
--No, no... yo te necesito... sin ti no sobreviviré a este infierno.
Ella lo quiere besar pero él la rechaza. Muy triste el hombre dice:
--nuestro matrimonio ya no tiene sentido.
Haciéndose la sufrida ella dice:
--siento todo lo que te dije antes, yo sé que estás sufriendo pero no tanto como yo que soy la madre... yo estoy destrozada y sólo estar contigo me reconforta.
--yo estoy contigo pero no olvidaré que eres la amante de mi hermano.
Lucía se hace la víctima:
--yo no soy la amante de tu hermano... eso fue una tontería de la que me voy a arrepentir toda la vida.
Ella desea abrazarla haciéndose la angustiada pero él la rechaza. Ella finge llorar:
--¡no me hagas esto... no seas cruel conmigo... ¿es que no te importar mi dolor, el gran sufrimiento de esta madre cuyos brazos han quedado vacíos?
Ella llora lágrimas de falsedad, el dolor y la culpa de él sí son sinceros:
--yo estoy aquí a tu lado para reconfortarte... No nos divorciaremos hasta que aparezca nuestra hijita y hasta ese día me tendrás aquí pero no habrá intimidad entre nosotros, no compartiremos recámara.
Él la besa en la mejilla, ella lo mira agradecida. Cuando él se va ella sonríe con odio y maldad:
--¡tu hijita querida nunca aparecerá así que estarás condenado a quedarte conmigo siempre... tus palabras te han sentenciado.


Mientras su padre y su padrino la esperan en la sala, Lucía Maria se viste de negro para el entierro de su marido. Delante tiene una urna que contienen unas cenizas. La acaricia con pena:
--Desde hoy descansarás con tu padre... Ahora creo que no te quise lo suficiente... y fue tan dulce lo nuestro –dice pensando en su romance con Xènius—No quería deshacerme de tus cenizas, tu recuerdo me ha ayudado a soportar las caricias de tu padre pero ha llegado el momento de olvidar el pasa e ir hacia adelanta.
La joven está muy amargada. Su hermano entra en el dormitorio. Llena una urna funeraria.
--¿ya estás lista? –Mauricio.
--¿por qué tienes una urna como la de Xènius?
--son las cenizas de Rosa, Eugenio no las quiso reclamar y a mi me dio pena.
--¿quieres que los enterremos a todos juntos?
--No, no... Eugenio no lo hubiera querido pero sí las podemos esparcir en el cementerio –Mauricio.
Lucía María no está apenada pero sí afectada. Mauricio le da ánimos:
--Tranquila, ya pronto todo va a acabar. Se ha demostrado que tu marido murió de un infarto... hoy será enterrado y tú harás tu vida... serás feliz...
Los hermanos se miran con ternura.

La joven viuda entra al cementerio acompañada de su familia. Una vez el ataúd que contiene los restos de Eugenio han sido sepultados, Lucía María, deshecha, abre la urna con las cenizas del supuesto Xènius y poco a poco las va esparciendo sobre el ataúd. Paralelamente, Mauricio esparce las cenizas de la que falsa falsa Rosa y las esparce en un rosal cercano.
Ajenos a que se está celebrando su entierro, Xènius llega al pueblo con todos los hombres. Vienen cargados de animales muertos. Ana va a buscar a su hombre tal y como hacen las otras mujeres. Los niños y las mujeres reciben a los hombres con una gran fiesta. Ana se lanza al cuello de su amante y lo besa con efusividad. Todos los miran sorprendidos. A ella no le importa, Xènius se aparta de la mujer y sonríe con timidez. Molesto le susurra:
--esta gente no está acostumbrada a estas demostraciones... sé más discreta...
Ella no le hace caso y se engancha a él. No deja de besarlo y acariciarlo. Él mira a todos lados avergonzado:
--te amo y esta gente no sabe lo que se pierde con su frialdad.
Demostrado que no le hace caso, Xènius se calla y se deja querer por su madura mujer.

Carolina acaba de cerrar un importante negocio, sale de su despacho con los responsables del negocio. La hija de Ana se queda de piedra al ver que en recepción la espera Sergio con una bebita en brazos.
--¿¡qué haces aquí?¡¿cómo me has encontrado?¡ --dice molesta.
--pues no creas que ha sido fácil...
La bebita llora.
--¡otra vez no... Carolina, haz callar a tu hija... lleva un rato llorando y no se calla¡ --secretaria.
Todos están muy sorprendidos. El hermano de Diego pone a la bebita en brazos de Carolina y dice sin dudar:
--perdón por la intromisión, yo soy el marido de Carolina y esta es nuestra hija...
-¿no sabíamos que acababas de dar a luz? –le dicen sus socios.
--yo tampoco –susurra ella perpleja.
La pequeña se ha callado, Sergio abraza a la mujer diciendo:
--tú y tus bromas cariño... pero a la que la agarra ella –se dirige a los presentes—la pequeña se calla.
La supuesta madre no sale de su sorpresa, se ha quedado muda de la impresión. Sergio sonríe divertido.

Xènius felicita a la falsa Rosa por cómo le ha quedado la carne que él ha traído. La besa muy amoroso para recompensarle el trabajo. Se van acercando a la cama mientras se van desnudando. Después de hacer el amor, Xènius se queda dormido en brazos de Ana que lo acaricia satisfecha.
--sí todo es tal y cómo esa mujer ha dicho cuando llegue el avión yo tendré un hijo de Xènius en los brazos y nadie me podrá sacar a mi hombre... Xènius no me podrá dejar, no podrá ocultar nuestra relación y tendrá que elegir entre su hija o su hijo... La tonta de Lucía María le dio una niña pero yo le daré un varón... ahora sí que podré vivir con mi Xan para siempre.
Ana se acurruca bien en los brazos de su joven amante y se queda dormida con una sonrisa en la cara.

La pequeña de Diego duerme sobre la cama de Carolina después que ésta le cambiará los pañales y le diera el biberón. Le hace mimitos.
--lo sabía, tú sí que serías una buena madre para esta pobre niña... contigo a penas llora. Siente que eres su madre –Sergio.
Ella acaricia muy amorosa a la bebita y se acerca al hermano de su ex.:
--bien, he hecho todo lo que tú has querido, y ahora me vas a explicar cómo es eso que yo soy tu esposa y esa bebita es nuestra hija.
El hermano de Diego marca un número desde su móvil y dice:
--está bebé es la hija de Diego, su mujer te lo explicará todo.
La hija de Ana se impacta mucho al saber que ese bebé que tanta simpatía le despierta es la hija de su amor. Como un flash pasan por su mente los mejores momentos de amor vividos con el padre de esa niña. Se le escapan las lágrimas. Sergio siente envidia ya que saben que a él nunca lo van a querer así.
--no lo puedes negar, aún estás muy enamorada del idiota de mi hermano--- tú serás una gran madre para su hija.
Carolina tiene el rostro desencajado por la tristeza y la sorpresa pero Sergio no le aclara nada. Lucía contesta a la llamada de su cuñado.
--¿está ésa contigo? –pregunta Lucía a Sergio.
Él dice que sí. La mujer sonríe con satisfacción.
--¡pásamela¡ --ordena.
Sergio le pasa el teléfono a la asustada mujer. Lucía va al grano:
--yo me quedé embarazada para retener a mi marido pero él me ha dejado para volver contigo.
--señora, yo no quiero saber nada de su marido –Carolina.
--¡no me interrumpas¡ ¡si tú no quieras nada con Diego pues todo será más fácil... Lo que pasa es que él si quiere aún contigo... él cree esa mentira que le dijiste que estabas embarazada y por eso de momento no te ha molestado pero pronto volverá a atacar... Yo sé que tú aún lo amas aunque no lo quieras reconocer y estoy segura que no quieres que le pase nada malo a su hijita.
Carolina escucha nerviosa. Teme lo que se le haya ocurrido a la mujer de Diego, mira a la bebita que duerme tranquila en su cama, con pena. Lucía sigue hablando:
--Yo he encontrado una manera perfecta para retenerlo... él cree que se han robado a su hija y me ha prometido que se quedará a mi lado hasta que la niña aparezca y por eso yo no voy a permitir que la beba aparezca.
--¡pero es su hija¡¡no puede ser tan cruel¡ --Carolina horrorizada.
--¡mira niña, no quieres moralismo¡¡puedo abandonar a la pequeña en cualquier calle y ves a saber en que manos caería, que vida tendría esa bebita y Diego nunca la vería o puedes quedártela tú.
--¿¡cómo?¡
--Yo retengo a mi marido y él se aleja de ti al creer que tienes una hija de otro hombre.
Carolina no sale de su sorpresa. Lucía sigue hablando:
--esa bebé aún no está registrada, no existe.... así que la puedes registrar tú cómo tuya y nunca te dices la verdad a nadie pues si hablas te acusaré de secuestro y yo mismo me desharé de la niña.
--¿¡y cómo sé que eso no es una trampa para meterme en la cárcel?¡
--No lo sabes, tú verás si te arriesgas... pero sí dices que no tendrás remordimientos toda la vida ya que por tu culpa esa niña caerá en las peores manos... a lo mejor hasta la venden para prostituirla. Diego y yo tendremos otros hijos pero esa niña no la quiero... si no me sirve para que Diego se decepcione de ti pues la votará a la basura.
Carolina está horrorizada por la maldad de esa mujer:
--¡pero usted no puede estar hablando en serio¡
--¡uy y tanto... por retener a mi marido soy capaz de matar a esa maldita niña, es una desconocida para mi, a penas la vi... además será mi sobrina.
--¿¡como su sobrina?¡
Sergio está aparta, mira a Carolina excitado. Le encanta el plan de Lucía.
--Así no dejamos cabos sueltas, hay peligro que al crecer la niña se parezca a Diego y alguien sospeche... tienes que volver a Mataró con tu hija y con tu marido, con Sergio.
--¿¡usted pretende que me case con Sergio?¡
Sergio sonríe seductora. Carolina lo mira con asco.
--¡sí no haces las cosas tal y como yo te las pido abandonaré a esa niña en cualquier lado y Diego no la verá más y tú tendrás remordimientos de por vida... Yo soy capaz de matar porque defender mis cosas.... ¡no se me da la gana que Diego me deje¡
Carolina está como en shock. Mira a la bebita sin creerse lo que ha oído. Sergio le saca el teléfono.
--Por favor, Carolina, Lucía es un monstruo... No puedes dejar a esa niña en sus manos... Aunque no la abandonaría sería una madre cruel... No condenes así a mi sobrina.
Carolina se sienta al lado de la pequeña y la acaricia aturdida. Sergio sonríe, está seguro que la mujer va a aceptar.

Salvador y Aditi llegan a casa de Raquel con las maletas de la joven. Se ven muy enamorados. Cuando van a entrar al edificio, Rocío se les enfrenta. A Aditi la hiere el odio con la que la mira la amante de su marido. Salvador mira a Rocío con miedo.
-¿¡que significa esto?¡ --Rocío.
--¡eso no es asunto tuyo, entre nosotros no hay compromiso –a Rocío—vamos, cielo –a Aditi.
Salvador quiere que se vayan de ahí, teme que Rocío humille a Aditi y ésta lo deje de nuevo. Pero Rocío se pone ante la puerta y no les permite entrar:
--¡me has hecho tu mujer muchas veces... no puedes jugar conmigo... tú y yo tenemos un compromiso¡ --Rocío.
Aditi está hundida, se quiere ir pero él la sostiene a la fuerza, defiende su amor:
--¡Aditi es mi esposa, mi mujer. Nos hemos reconciliado... a ti nunca te prometí nada¡
Salvador mira a Aditi que está destrozada. A él le duele este nuevo dolor que le ha causado a su amada. Rocío, enloquecida, dice:
--¡pues la vas a tener que dejar para casarte conmigo porque estoy esperando un hijo tuyo¡
Salvador se queda de piedra, Aditi aprovecha la distracción del hombre para irse corriendo llorando. Salvador fulmina con la mirada a su amante y se va detrás de su esposa. Rocío sonríe con odio.
--¡antes te mato niña... si esto no me sale bien... vas a morir... tú serás mi primera víctima mujer¡ --se dice trastornada.

Aditi está muy herida y no quiere hablar con Salvador. Él está desesperado:
--¡me tienes que escuchar... me tienes que dar una oportunidad para demostrarte que no voy a tener otro hijo... ¿¡Què piensas, que soy una máquina de tener hijos?¡
--¡eso no me lo tienes que preguntar a mi... te di una oportunidad pero fue la última... Guarda mis cosas en la portería... mi madre las vendrá a buscar... no te quiero volver a ver...¡
--¡pues si quieres tus cosas tendrás que venir tú a buscarlas¡
--¡pues te las quedas¡
Salvador agarra en brazos a su amada y se la lleva allí en brazos. Ella grita, patalea. Él sonríe con ternura. Caminan así, todos los miran. Así llegan a la pensión en la que vive Rocío. Ésta estaba llegando y se sorprende por el espectáculo. Salvador suelta a Aditi que está histérica. Lo bofetea.
--¿¡porque me has traído a ver a la zorra de tu amante?¡ --Aditi.
--¡la única zorra aquí eres tú¡ --Rocío.
Salvador se pone en medio de las dos mujeres para evitar una pelea.
--¡ahora mismo demostraré que no es cierto que vaya a ser padre –dice mirando a Rocío—quiero que los tres vayamos a la farmacia a hacerte la prueba¡
Hay miedo en los ojos de Rocío. Se niega. Salvador sonríe:
--¡lo ves, mi amor –a Aditi—es una mentirosa¡
Rocío acaba aceptando el desafío lo que asusta a Salvador.
--¡esto es ridículo, yo me voy¡ --Aditi.
--¡no ahora te quedas¡ --Rocío.
--Acabemos con esto, si el resultado es negativo, y lo será, --a Aditi—tú te olvidas tus tonterías, vivirás conmigo y nos casaremos por la iglesia.
Aditi no dice nada ya que Rocío se le adelanta.
--¡pero cómo sí estoy embarazada –a Aditi—tú dejarás en paz a mi hombre para que se pueda casar conmigo¡
Aditi está cansada, desea acabar con esto y acepta. Rocío le extiende la mano:
--¡es un pacto de mujeres¡ --Rocío.
Aditi agarra la mano de su rival. Las dos se miran con rencor y se encaminan a la farmacia más cercana. Salvador va con ellas nervioso. Sabe que se juega su felicidad.

A pesar que Carolina no ha aceptado su propuesta de matrimonio, Sergio se ha instalada en la habitación de hotel de ella. Insiste en dormir con ella y cuando Carolina se niega él sentencia:
--¡yo voy incluido en el lote... no te puedes quedar con la bebita y rechazarme a mi... si no la registramos juntos pues ahora mismo me llevo a la niña y la dejaré en cualquier basurero y ni tú ni Diego la veréis más¡
Carolina mira con ternura a esa pequeña que duerme dulcemente:
--¿y si ahora mismo le cuento la verdad a Diego?¡
--No lo hagas... yo te aseguro que esa niña no lleva viva a sus brazos... tú ya tienes tus papeles listos, yo ya arreglé los míos... Si quieres mañana nos podemos casar... nuestra hija y yo te acompañaremos hasta el final de tu viaje y luego volveremos a mi casa como una familia...
Carolina teme por la vida de la pequeña, en esas horas que han pasado muchas la ha empezado a querer y tiene miedo que le hagan daño. Quiere ser la madre de la hija de Diego pero le da asco la idea de casarse con Sergio que la mira con cara de depravado.
La espera en la farmacia se les hace eterna a los tres. Ni Aditi, ni Salvador, ni la misma Rocío están seguros de los resultados. Los tres cruzan los dedos para que sean los que a ellos les conviene. Rocío sabe que puede estar embarazada o no estarlo ya que nunca tomó precauciones pero Salvador es el único hombre con el que ha estado últimamente y si espera un hijo sólo puede ser de él. Aditi y Salvador se miran nerviosos esperando que el resultado sea negativo. Él se acerca a ella para acariciarla pero ella se aparta. La tensión se puede cortar con un puñal. Rocío está embarazada. Ni la misma madre se lo cree, no se puede creer que haya tenido tanta suerte y que haya podido lograr retener al hombre que le gusta. Grita pletórica. Salvador y Aditi se hunden. Aditi mira a su marido llorando sangre, quiere irse pero él la agarra para retenerla. Aditi lo golpea con odio:
--¡olvídate de mi, hazte a la idea que estoy muerta¡
--¡no me digas eso¡ --dice Salvador llorando sangre.
Rocío celebra su triunfo.
--¡yo no soy el padre de ese niño¡ --Salvador desesperado.
Rocío lo bofetea:
--¡descarado... tú nunca te cuidaste ni me viste que yo lo hiciera... Yo nunca me cuidé, con ningún hombre y te tocó a ti ser el padre de mi hija... porque va a ser una niña... ¡yo no quiero un niño... y así tendrás la pareja... cuando puedas se puede hacer la prueba de sangre... si quieres ni esperamos a que nazca mi hija¡
Aditi bofetea de nuevo a su marido y dice:
--¡es de poco hombres negar a sus hijos¡
Aditi se va destrozando. Salvador la ve irse muerto por dentro. Rocío lo abraza pero él se la saca de encima y se va deshecho. Rocío está segura que ha triunfado.
--Aditi ya está fuera de juego y tú Salvador... por tu bien no juegues conmigo como jugaron con mi madre o tendrás la misma suerte que esos hombres –dice con odio saliendo de la farmacia.

Ana se despierta a su amado con besos y caricias. El guapo chico se levanta totalmente desnudo mientras su madura amante lo devora con deseo. Con mucho sueño, Xan se pone el taparrabos. No deja de bostezar.
--no sé porque me has tenido que despertar tan temprano... aún no salimos... iré todo el día cansado... –Xènius.
--sólo has perdido un rato de sueño.... te voy a extrañar tanto... ahora todos duermen... el pueblo es nuestro...quiero que nos bañemos desnudos en el río... como antes...
El amor de la mujer lo hace sentir importante y la quiere complacer. Salen tomados de la mano. Llegan al río bien divertidos. Se sacan los trapos y se meten en el agua desnudos. Ríen, juegan, se acarician, se besan.
--No me gusta tener que pasar todo el día sin ti... me gustaba más cuando estábamos solos en la playa –Ana.
--pero aquí estamos más cómodos y seguros... yo estoy por ti todo lo que puedo.
Seductora ella le PIDE:
--hazme el amor ahora mismo, aquí... No quiero esperar hasta la noche para volver a estar contigo.
--¿¡estás loca?¡ Para nada ... ¿y si nos ve alguien?
--pues que disfrute del espectáculo.
Ella lo besa y él lucha por no sucumbir.
--mira que esta gente no está acostumbrado a todo esto –jadea él.
--todos están dormidos y procuraré no gritar tanto como de costumbre... aunque me costará...
él sonríe y se deja caer en los brazos de la mujer. Se unen en un solo cuerpo una vez más. Mientras el agua los acaricia, el cuerpo de uno se funde en el otro en una unión perfecta de pasión y ternura.

La noche cae en la isla, las nativas, con Ana en la cabecera, reciben a sus hombres. Después de repartir las piezas que han cazado, cada mujer se va a su cabaña a cocinar mientras los hombres se duchan. Las duchas es una caseta externa y descubierta. Hay 10 rústicas duchas. Se duchan en grupos y por turnos. A xènius le ha tocado de los últimos. Ana ya ha preparado la cena y él aún no ha vuelto.
--ojalá le haya tocado en el último grupo –se dice yendo para allá.
Los hombres que van regresando a sus casas la miran con extrañeza pero ella se mantiene alejada. Quedan 4 hombres, Xènius es uno de ellos. A Ana le encantaría ducharse con él pero como el chico no se ducha solo se tiene que conformar. Xènius sale en ese momento con el taparrabos y la cabeza mojada. Ella se acerca a él mirándolo excitada. Lo abraza y lo besa. Él mira a atrás con vergüenza por si alguien los está mirando.
--sabes que no puedes estar aquí... sólo las prostitutas lo hacen... las mujeres a las que todos pueden tomar quieran ellas o no... ¿quieres que te tomen por una de esas mujeres?
--No seas injusto, yo sólo te busco a ti.
--¡sí pero no todos lo verán así... ya verás tú lo que te conviene¡¡te vas a meter en un lío¡
él está furioso y ella se pone a llorar. El llanto de la mujer lo conmueve. La abraza:
--te tendrás que acostumbrar a ser como todos aquí si no...
ella no lo deja seguir y lo besa apasionadamente.
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