CAPITULO 164
BODA DE CAROLINA Y SERGIO
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Xènius y Ana entran en su cabaña. Él está un poco enfadado.
--aquí hay unas normas, las mujeres no pueden hacer los que se les pegue la gana... entiéndelo.
Ella lo abraza, lo besa.
--hablo en serio, Rosa. Procura comportante como todas...
--estas negras no saben lo que se pierden... son unas amargadas... Ellas no aman a sus hombres como yo te amo a ti, sus hombres no las enloquecen como tú me enloqueces a mi –dice ella dándole un azote en el trasero.
A él se le empieza a pasar el enfado:
--es que temo que te falten al respecto, que crean que eres una cualquiera.
--A mi no me importa lo que piensen mientras todos tengan claro que sólo sólo tuya y eso eres tú quien lo tienes que dejar claro...
--tranquila, aquí una mujer es propiedad de un hombre y ya todos me tienen por tu dueño...
--Pues si soy tu propiedad pues ya todo está claro... Aquí nadie roba lo ajeno.
él sonríe:
--no se puede estar enfadado contigo mucho tiempo.
Ella pone cara de buena y lo besa. Él sigue:
--pero aunque sea sólo por una vez hazme caso, procura controlarte... No me gustaría que te echaran del poblado.
--Y si eso pasara ¿tú que harías?
--¿y tú que crees? ¿no pensarás que te iba a dejar tirada en la selva?
Ella lo abraza feliz:
--entonces no importa si me echan... era más feliz antes cuando estaba a solas contigo, cuando no te tenía que compartir con nadie, cuando no había normas... Aquí no tenemos nada de intimidad.
Él pone cara de pícaro y dice:
--ahora estamos solos y podemos hacer lo que se nos de la gana...
--sí pero después te quedas dormido en seguida y al amanecer te vas...
--¿de verás preferías la vida de antes? Rosa, aquí tenemos comida, ropa limpia, un techo, una cama...
Ella le arranca el taparrabos, le golpea las nalgas y dice tirándose encima y cayendo a la cama:
--ya me he cansado de hablar... te quiero a ti...
--pero tengo hambre ... –protesta él.
--yo también.... te quiero devorar a ti... –jadea ella...
--pero aún no me has prometido que no vas a ser tan apasionada en público.
--Lo prometo, lo prometo –dice ella gimiendo,
--la cena, la cena –jadea él intentando desengancharse de la apasionada mujer.
--la cena no tiene patas... te espera... así se irá enfriando... estaba demasiado caliento como yo que estoy ardiendo...
Los instintos sexuales del chico finalmente vencen al hambre y se deja llevar. Los dos se devoran con una pasión agresiva. Ninguno de los dos pone límites a la pasión.
Los dos caen en el lecho reventados de placer. Se sonríen satisfechos.
--creo que he cumplido como a ti te gusta... ahora me merezco mi premio –dice Xènius sonriente.
--te has portado como el más macho... Mi macho...
Ana lo besa. Él intenta separarse de ella:
--la cena, la cena... –reclama él.
Ella lo azota en el pecho divertida:
--¡que poco romántico eres... con lo bien que lo estamos pasando¡
él pone cara de bueno y dice tocándose la barriga:
--lo siento, pero es que no me alimento de aire...
--Yo tampoco... yo me alimento de ti...
él la mira dulce, se besan. Él hace intención de levantarse pero ella lo retiene.
--¡me matarás de hambre¡ --protesta él.
--ya te lo traigo yo... te has portado muy bien... te quiero consentir...
Los dos se sonríen. Ella se levanta. Pone la carne en un plato. Se lo acerca con unos cubiertos y pone algo de agua en un vaso. Él devora la comida. Ella se sienta a su lado, no le saca los ojos de encima.
--cuando acabe tendré energías renovadas y te voy a volver a hacer ver las estrellas... verás de los que somos capaces los hombres para que después no vayas diciendo que me quedo dormido en seguida...
Los dos se miran bien seductores.
Carolina, con la pequeña de los Noguera en brazos a la que trata con mucho amor, entra en el registro civil acompañada de Diego. Él tiene cara de triunfo, ella está muy triste. Él trata de besarla pero ella lo rechaza. Él ha citado a dos testigos a los que ha pagado.
--¿por qué no registramos a la niña antes? –suplica Carolina.
--No, mi amor, esta niña que tanto quieres no será tuya hasta que tú seas mi esposita –susurra él.
El hombre la besa en la mejilla y ella lo mira con asco.
--pero que quede claro que será un matrimonio sólo en los papeles... no habrá consumación –dice ella.
--lo has dejado muy claro pero no hace falta que lo digas ahora para que todos se enteren –le recrimina él.
Ella no deja de rechazar los brazos de ese hombre con el que se va a desposar.
Hera es trasladada, como muerta, a su domicilio. Carmen va detrás de ella con angustia. Toni no se separa de ellas.
--ya han desahuciado a mi pobre hija... todos están convencidos que no se va a recuperar jamás –llora ella.
--no digas eso, ya verás cómo pasa un milagro y se recupera –Toni.
Él acaricia a la madura mujer y se estremece. La mira de una manera muy especial. Ella lo ve como a un hijo. Le besa en la mejilla y él suspira.
--gracias por querer tanto a mi hija... si no fuera por ti ...
Toni no sabe cómo decirle que para él Hera ya es pasado y que todo lo que hace es para estar al lado de ella y no de la hija. Zack permanece clavado en su silla de ruedas, fuera de toda realidad. Carmen mira por un lado a su hija que está postrada en la cama y a su hijo que está más allá. La mujer está muy atormentada. Toni la acaricia con mucha ternura. Luego se acercan a Zack. La mujer acaricia a su hijo con ternura pero él no se mueve, es como si no estuviera.
--mis dos hijos –llora la mujer--- ¿por qué no se recuperan? Zack no presenta ninguna mejora...
Ella llora y Toni la consuela con sus brazos. Sus labios desean los de la mujer pero la respeta demasiado:
--es cuestión de voluntad, de encontrar un buen fisioterapeuta que conecte con él y le inyecte ganas de vivir.
Toni mira a esa mujer con amor. Sabe que es inalcanzable para él pero no puede luchar contra sus sentimientos, él es feliz amándola en secreto.
Lucía María, ahora que es una viuda joven y rica, desea empezar una nueva vida y pide a su padre y a su padrino que vivan con ella y su hermano.
--Ahora soy una mujer muy rica. Mi hija y yo somos las únicas dueñas de todo lo que tenía Eugenio pero yo no tengo ni idea de negocios.. Papá, tú podrías ser el gerente y tú, padrino, el subgerente... Mauricio ha hecho un gran trabajo y os puede asesorar pero no está preparada para dirigir la empresa.
Los dos hombres aceptan. Lucía María los abraza.
La ceremonia que reconoce como matrimonio a Carolina y Sergio es breve pero a ella se le hace eterna. No puede evitar llorar recordando los mágicos momentos vividos con Diego. Sentir como la pequeña hija de éste duerme en sus brazos la anima a seguir adelante. Sergio firma el acta en seguida. Luego el hombre agarra a la pequeña que rompe a llorar. Carolina duda, Sergio la mira amenazante. Carolina firma y agarra a la pequeña que con su amor de madre se calma. Sergio, mientras firman los testigos, sonríe victorioso.
Diego está sobre su cama muy triste. Llora besando la ropa de su bebita. Se siente como muerto. Siente un mal pálpito y se asusta. Teme que le haya pasado algo a su hijita.