Capítulo 20. Raúl abandona a su esposa.
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Rocío va a buscar a su marido para darle la noticia.
--¡Qué bien! ¡Un hijo de Raúl y mío! ¡Soy la mujer más feliz del mundo! ¡Qué contengo se va a poner cuando lo sepa!
Ella no sabe como darle la noticia a su marido y va a una tienda de ropa de niño y compra un bodi y unos patucos. ¡Los pondré encima de la cama y le doy la sorpresa!
Raúl y Mario están en la oficina.
Raúl: ¡Tengo que tratar contigo algunos asuntos de trabajo! ¿Qué te parece si vienes a la casa a cenar y hablamos tranquilamente?
A Mario se le iluminan los ojos. Piensa que así puede ver a su amada.
Mario: ¡Encantado! ¡Esta noche nos vemos en tu casa!
Sarai aprovecha la ausencia de su marido para meter a Rodolfo en su casa.
Sarai: ¡Hoy mi marido no llega hasta tarde y podemos pasárnosla bien aquí!
Rodolfo acepta y los dos están bebiendo y hacen el amor.
Rocío pone la ropa de bebé sobre su cama y baja a la sala. Allí está Mario que se sorprende al verla tan feliz.
Mario: ¿Qué te pasa? ¿Por qué estás tan radiante de alegría?
Rocío no sabe que decir.
Rocío: ¡Pronto lo sabrás!
En ese momento sufre un desmayo. Mario se pone muy nervioso.
Mario: ¡Rocío! ¿Qué te pasó? ¡Reacciona! ¡Tienes que despertarte!
Ella está tirada en el suelo y Mario le hace la respiración artificial boca a boca en el justo momento que entra Raúl y los sorprende.
Raúl: ¡Pero bueno! ¿Qué significa esto? ¡con que era verdad!
Rocío se despierta.
Rocío: ¿Qué me pasó?
Raúl: ¡Nada! ¡Eres una cualquiera!
Mario: ¡NO, no es lo que tú te piensas!
Raúl: ¿Entonces, qué es lo que tengo que pensar! ¡Llego y os encuentro abrazados y besándose en el suelo y no es lo que pienso?
Rocío: ¡Mi amor!
Raúl: ¡No me digas mi amor! ¡Ya me dijeron que eráis amantes y no lo quise creer! ¡Ahora entiendo que es cierto! ¡Los dos me engañan en mi propia casa! ¡Al menos podíais tener la delicadeza de iros a otro sitio!
Mario:¡Papá! ¡Ella...!
Raúl lo interrumpe. ¡Cállate! ¡Eres un mal hijo! ¡Sacrifiqué mi juventud por ti, para que no te criaras con una mujer extraña y mira como me pagas! ¡Iros de mi casa los dos!
Rocío: ¡NO es justo que me trates así!
Raúl: ¿Quién eres tú para decirme a mí lo que es justo y lo que no?
Mario: ¡Estás confundido!
Raúl: ¡Vete de mi casa y de mi empresa! ¡No te quiero volver a ver nunca más, ni a ti ni a tu amante!
Rocío llora desconsoladamente y Raúl se retira hacia su habitación.
Cuando ve la ropa sobre su cama baja hecho una fiera.
Raúl: ¿Qué significa esta ropa de bebé? ¡Encima quieres engañarme diciéndome que esperas un hijo mío? ¿Hasta dónde quieres llegar?
Rocío no sabe que contestar.
Raúl: ¿Ves como tengo razón? ¡El que calla es porque algo oculta!
Mario pone cara de sorprendido.
Mario: ¡Ahora entiendo tu alegría y tu desmayo!
Raúl: ¿Estás embarazada? ¡Habla!
Rocío: ¡Ese hijo es tuyo! ¡Te juro que tú eres el padre!
Raúl la agarra por el cuello.
Mario: ¡No te permito que la trates así! ¡A las mujeres no se les pega y menos si están embarazadas!
Raúl: ¡No la defiendas! ¡Claro, tú eres el padre de su hijo!
Mario: ¡No es verdad!
Raúl: ¡Encima tienes el valor de negarlo! ¡Qué poco hombre eres!
Mario está muy triste y piensa: ¡Ojalá ese niño fuera mío!
Raúl golpea a su hijo.
Mario: ¡Porque sé que estás nervioso y confundido! ¡De lo contrario te hubiera respondido igual!
Raúl: ¡Fuera de aquí los dos!
Rocío: ¡Ya me voy! ¡Quiero que sepas que este niño es tuyo!
Raúl: ¡Fuera de aquí!
Seguidamente la toma por un brazo y la saca a la fuerza.
Rocío: ¡Me estás haciendo daño!
Raúl: ¡Eso es lo mínimo que te mereces! ¡Debería matarte!
Rocío va andando por la calle y Mario la sigue con el coche.
Al rato de estar en esa situación, Rocío se sienta a llorar en un banco de un parque y Mario para su coche y la consuela.
Mario: ¡Cálmate! ¡No me gusta verte así! ¡Vas a tener un hijo y todo esto le hace daño a él!
Rocío: ¡No puedo calmarme!
Mario: ¡Me hubiera gustado que de verdad el niño fuera mío, pero no lo es!
Rocío: ¿Y ahora, que voy a hacer con un niño en los brazos y sin padre?
Mario: ¡Despreocúpate! ¡Ese niño es hijo de mi padre y de la mujer que amo! ¡Es mi hermano y yo siempre voy a velar por él! ¡Voy a tratar que nunca le falte nada!
Rocío se emociona al escucharlo y se da cuenta que no es tan malo como pensaba.
Raquel llama a casa de Raúl y él coge el teléfono.
Raúl grita: ¡Bueno!
Raquel: ¿Qué te pasa?
Raúl: ¡Nada, o me pasa nada!
Raquel: ¡Vaya humor que tienes!
Raúl: ¡A ti no te importa! ¡Además, tu hijo no está aquí!
Raúl cuelga el teléfono con mucha rabia.
Seguidamente, la exnovia del padre de Mario llama a su hijo.
Aquiles: ¡Mamá, qué sorpresa!
Raquel: ¡Cállate, echúchame con atención! Acabo de llamar a Raúl y está hecho una furia. ¡Tienes que averiguar que pasa!
Aquiles: ¡Pero...!
Raquel: ¡Pero nada! ¡No seas inútil! ¡Haz lo que te digo! ¡Ve a buscar a Mario y le preguntas y luego me lo dices!
Aquiles: ¡Está bien! Lo voy a averiguar.
Raquel: ¡Más te vale!
Rocío llega al departamento y sus amigas la ven en el estado que se encuentra. Ella les cuenta todo lo ocurrido y ellas la abrazan y le dan todo su cariño y apoyo.
Meche: ¡Voy a ser tía por partida doble! ¡Aquí todo el mundo tiene hijos menos yo!
Rocío se ríe.
Laura: ¡Por lo menos, tú fue por voluntad propia, mientras que yo fue por una violación!
Las tres se abrazan.
Rocío: ¿Puedo seguir ocupando la habitación que he ocupado siempre?
Laura: ¡Por favor, Rocío! ¿Qué tonterías preguntas?
Meche: ¡Claro que te puedes quedar! ¡Esta sigue siendo tu casa!
Mario ha ido al departamento donde vive su “hermano”.
Aquiles: ¿Qué te pasa?
Mario: ¡Rocío espera un hijo de mi padre! Lo peor de todo es que él la corrió de la casa.
Aquiles: ¿Y eso?
Mario: ¡Ella se desmayó y yo le hice la respiración artificial boca a boca en el momento que llegó mi padre y se imaginó lo peor! ¡Por mucho que le explicamos no nos quiso creer!
Aquiles: ¿Y qué vas a hacer?
Mario: ¡Me duele que espere un hijo que no sea mío, pero velaré por los dos! ¡Yo no puedo casarme con Rocío! ¡ Sarai nunca me daría el divorcio! Además, el recuerdo de saber que tiene un hijo que no es mío me atormenta y nunca me dejaría ser feliz.
Aquiles: ¡Hermano, no sé que decirte!
Los dos se abrazan y Aquiles está excitado, siente ganas de besarlo pero se contiene.
Aquiles se ha quedado solo y llama a su madre para contarle todo.
Raquel: ¡Qué buena noticia! ¡Además no has tenido que ir a buscar a Mario porque él ha ido a verte!
Aquiles: ¡No es ninguna buena noticia que Rocío espere un hijo de Raúl y los abandone a los dos!
Raquel sonríe feliz y cuelga el teléfono.
Seguidamente va a casa de Raúl.