Esa llama... que se va extinguiendo, llamada Gibb, bee gees o como lo queramos denominar.
Noto en primera personal y primera del plural, que el ánimo ha decrecido pero confío que no desaparezca del todo porque eso es imposible. Yo, y sé que cuento con la comprensión de muchos de vosotros y vosotras, que no vuestra conformidad, creo y me reitero que somos un reflejo de las andanzas actuales de los hermanos. Robin reviviendo el maravilloso legado de su familia, Barry picando aquí y allí, intenando apurar sus opciones como compositor (que son muchas) y como vocalista (que son menos)... su actución es lícita pero me infunde un pesar (lo siento amiga, y ya sabes tú quién eres) del que no logro desembarazarme.
No se llevan y eso se refleja en nosotros. Y, de verdad, no lo entiendo. No entiendo cómo, 60 años después, han abandonado el territorio profundo y estrecho que les unían y aparecen dos extraños, que calculan sus interpelaciones, recordando lo muy diferentes que son y olvidando lo mucho que se quieren, porque se tienen que querer mucho... uno es lo que vive, y uno es una combinación de lo mejor que le rodea, Robin es mucho de Barry y viceversa...
La llama se extingue porque es ley de vida y ley de muerte, pero mientras perdure el recuerdo y uno de nosotros siga tarareando, pinchando un disco o intentando comunicar que el influjo Gibb no acaba en la fever... entonces, la llama no se apagará del todo...
Y si un dia todo cambiara, y Barry y Robin se vieran juntos, compartiendo proyectos, composiciones... guau, entonces, la llama brotaría... aunque fuera un canto de cisne final... porque del resto nos tenemos que encargar nosotros.
Un abrazo muy profundo de Aitor, un fan de bee gees que no sabe inglés y enciende su mechero con un tema que no sabe lo que dice, pero le emociona al punto de no querer saber lo que dice, porque lo importante es la emoción...