El protagonista de Olvidarte jamás, Gabriel Porras, conversó con Facetas
“El sexo es un regalo de Dios”
El mexicano participó en un casting, en Miami, para un reality show, con el que buscan llevar actores latinos a Hollywood. “Me entrego completamente cada vez que me enamoro”. “Soy un fanático de las mujeres”.
Texto: Jescenia Dovale
Gabriel Porras es como una fruta prohibida para las televidentes del horario vespertino. Despierta pasiones. Enciende fantasías. Esa imagen de mero macho cala en la audiencia y enamora a todas las mujeres latinoamericanas. Aunque ya casi pisa los 40 años, hasta las más pavas lo consideran un objeto de deseo.
La afición por el fútbol bandera que jugó de “chavito” no la ha dejado a un lado. Cada domingo, lo practica con algunos “chamacos” y corre a la misma velocidad que ellos.
El actor mexicano, que da vida al personaje Diego Ibarra, en la telenovela Olvidarte jamás, transmitida a la 1:00 de la tarde, por Venevisión, al menos sí demuestra fuerza y mucha energía en cada palabra que expresa.
No le cuesta soltar una carcajada si algo le parece gracioso. Es alegre y divertido, pero tiene algo muy claro: no le gusta hablar de su intimidad, ni de su pareja. “Ella me lo prohibió”, dice.
Asegura que los comentarios que hizo la prensa de sus anteriores relaciones amorosas con Itatí Cantoral y Liz Gallardo fueron los únicos escándalos en su vida y no quiere “ni uno más”.
“El periodismo de espectáculo, desgraciadamente, se ha convertido en un gran chisme: que si éste se acostó con aquélla, que ayer fue con otra, que si aquél es homosexual, que si es ‘marihuano’; parece que es lo único que importa”, criticó durante en una conversación fraccionada en dos días, con Facetas, desde Bogotá, donde se encontraba realizando algunas audiciones.
—¿Cómo describiría su personaje en Olvidarte jamás?
—Diego Ibarra es un héroe clásico de telenovelas. Es convencional. Es un tipo incorruptible que, pase lo que pase, no sucumbe ante el mal y tiene un amor muy claro: Victoria. Me gustó mucho porque se parece a mí en algunas cosas. Es un amante de los animales, del campo, ama a los suyos y a su familia.
—¿El dramático le deja un mensaje claro sobre el odio?
—Sí, claro. El odio no deja nada bueno. Cristo, el hombre más inteligente de la Tierra, nos lo dijo muy bien “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Lo más importante en este mundo es saber perdonar y entender que el odio no nos lleva a ningún lado.
—¿Se ha enamorado de una mujer llena de odio como Victoria?
—Diego es muy diferente a Gabriel en ese aspecto. Tal vez en la novela él se enamora, a pesar de ese odio y de ese dolor. Él ve más allá. Ve en esos divinos ojos azules cosas para el futuro, la ve como la madre de sus hijos. Yo no sé si Gabriel podría estar cerca de una persona tan resentida y con sed de venganza. Pienso que no.
—¿Tuvo que someterse a una rutina de entrenamiento para mantener el cuerpo?
—¡Gracias! Antes de entrar a la novela andaba medio flacón y mi gran jefe Arquímedes Rivero, a quien quiero muchísimo, me pidió que subiera un poco de peso y que le metiera a los brazos. Estuve trabajando sobre eso junto con el actor William Levy (su mejor amigo en la telenovela). Cada vez que teníamos una oportunidad nos íbamos al gimnasio y hacíamos una rutina diaria.
—Más allá de los éxitos, ¿cómo asume Gabriel Porras las críticas?
—Todo el mundo tiene una opinión y, evidentemente, hay unas que nos halagan y otras que no. Como figuras públicas nos sometemos al juicio del público. La gente puede opinar lo que mejor le plazca. Pero, no me gusta escuchar cosas feas porque, como cualquier ser humano, soy sensible y no se siente bonito que le digan que no le gusta lo que uno hace. A fin de cuentas, entiendo que es parte de mi profesión y lo trato de asumir con la mayor entereza posible.
—¿Qué lo lleva a aceptar un determinado personaje?
—Casualmente estoy en esa la coyuntura. Si me ofrecen un personaje que no me gusta, trato de hablar con los escritores para saber por qué lo quieren de esa manera. Cuando empecé mi carrera hacía lo que me propusieran; ahorita me he vuelto un poquito más selectivo porque, de alguna manera, soy un ejemplo para la sociedad. No hago personajes mediocres. Siempre me voy a los extremos, por los heroícos o los villanazos.
—¿Le saca provecho a su fama?
—Nunca me he aprovechado de la fama. Sin embargo, si la gente en algún restaurante me dice: “Señor, Porras, adelante, pase usted por favor” es un gesto que me conmueve y lo acepto, al igual que una señora del banco me reconozca y me diga: “Pásele por acá”...
—¿Cuántos tragos se bebió para olvidar a su primer amor?
—Jajajaja... ¡Todavía no paro! No recuerdo realmente, pero sí he agarrado un par de “guarapetas” buenas por los desamores. Cuando era más joven me echaba unas borracheras que al día siguiente me paraba tan mal que de allí aprendí la lección y ya no me pasa.
—Después de Itatí Cantoral, ¿ha tenido alguna otra relación seria?
—Sí, pero prefiero no hablar de eso porque a mi mujer no le gusta. Estoy muy contento con mi relación actual, pero a ella no le gusta ni que la mencione. Ella es medio famosa y no le gusta eso... Me lo prohibió. Estoy muy enamorado de ella.
—¿Cómo fue la experiencia de trabajar con Sonya Smith?
—Es la actriz más hermosa que he conocido en mi vida, no sólo por su belleza física, sino también por su belleza interna. Es una mujer noble y humilde para el talento que tiene. Sonya es la mejor pareja que he tenido en un protagónico.
—¿Es muy difícil mantener una pareja cuando se es famoso?
—Sí, es muy difícil. Sobre todo ahora cuando estoy viajando demasiado. Unos días estoy en Bogotá, luego debo ir a México, después salto a Los Ángeles, me voy a Miami... Ambos deben tener mucho amor y mucha paciencia porque, además, trabajo a veces con mujeres muy guapas y los celos de la pareja suelen estar allí.
—¿En la actuación se vale todo?
—A veces pienso que sí. Aunque no podría asegurarlo tajantemente. He visto actores que de repente no pueden llorar y utilizan unas gotas y lo logran hacer tan bien que me convencen. Si a ellos les sirve, qué te puedo decir.
—Dijo en una oportunidad que Itatí lo tenía muy enamorado y, en Prisionera, cuando se topó con su ex, Liz Gallardo, mencionó que la tensión era horrible. ¿Cómo hace para no ligar lo profesional con lo personal?
—Ese período de mi vida, en particular, fue muy extraño. No me gustó mucho porque era una situación incómoda, pero me hizo aprender que hay cosas que no se pueden mezclar, y esta es una de ellas.
—¿Hasta dónde llega su capacidad de amar?
—¿Quién sabe? Nunca he visto un amarómetro. No sé, yo pienso que me entrego cada vez que me enamoro. Espero que la mujer con la que comparto actualmente sea el amor de mi vida. No quiero revelar nada ahora porque cada vez que lo digo parece que las cosas se ponen mal.
—¿A quién interpreta ahora?
—Bueno... No, no, no... La última novela que hice la terminé en diciembre. Fue Campeones, en México. Me gustó muchísimo porque interpreté a un boxeador, el campeón. Era un “chavo” de barrio, muy mujeriego, dicharachero, medio loco. Fue opuesto a Diego Ibarra, en Olvidarte jamás.
—¿Cuáles son sus actividades?
—Ahora estoy sembrando semillas por todos lados. Aquí en Bogotá ya hice tres casting diferentes uno para RTI, uno para Caracol y para una película. En Miami hice otro para un reality show, que se realizará en Los Ángeles. Ese es muy interesante porque tratan de llevar actores latinos a Hollywood.
—Si se encontrara una lámpara mágica, ¿cuáles serían sus tres deseos?
—¡Híjole, qué difícil!... Pero supongo que tendrían que ver con lo que uno siempre quiere: salud, porque te juro que cuando estoy enfermo me siento tan mal. Pero en general, yo soy como los que piensan en la salud, el dinero y el amor. El dinero es menos importante, pero cómo ayuda. ¿No?
—¿Se considera un hombre sexy?
—En gustos se rompen géneros. Hay personas que a mí me parecen sexy y quizás a otros no. Opinar de uno mismo es delicado, más bien que cada quien piense lo que quiera pensar. Lo que sí puedo decir es que no tengo un rostro precioso de telenovela. Tengo un tipo de fuerza animal y si a eso se le llama sexy, pues lo seré...
—¿Siente el paso de los años?
—Todavía no me afecta. Me siento muy bien. Soy más experimentado, con ciertas arrugas en la cara, pero eso significa experiencia. Y no sabes cómo ayuda en la carrera de televisión.
—¿Qué tienen las mexicanas que no tengan las venezolanas?
—Más bien que tienen las venezolanas... Las venezolanas, por tradición, son las mujeres más bellas del mundo, eso todos lo sabemos. En lo particular me encantan las venezolanas, las cubanas, las colombianas... Las mujeres me parecen fantásticas, aunque son complicadas. Soy un fanático de las mujeres. Tienen una inteligencia, quizás, mayor a la nuestra. Son más sensibles. La mujer es un ser mágico. Me fascina el universo femenino.
—¿Qué lo hace llorar?
—Yo soy muy llorón. La película The pursuit of hapyness, con el negro Will Smith, cada vez que la veo lloro y lloro. ¡Qué cosa más bella! También me hace llorar la injusticia, el abandono, estar lejos de mi familia.
—¿A quién jamás olvidaría?
—A ninguna persona que se haya cruzado en mi vida la puedo olvidar. Jamás olvidaría a alguien. A quienes he conocido han sido parte de mi formación y de mi crecimiento. Con Liz, por ejemplo, nuestros amores no se llevaban bien, pero igual la voy a recordar toda mi vida porque de ella me enamoré perdidamente, la amé como a nadie. Soy una persona que se involucra mucho con quien está.
—¿Qué parte de su cuerpo sometería a una cirugía estética?
—Ninguna. En lo absoluto. No tendré la nariz perfecta o no seré el más guapo del mundo, pero con lo que tengo estoy feliz. Mi cuerpo me funciona muy bien. No sé si en un futuro, por no decir, de esta agua no beberé, y si la televisión me lo exige, tal vez después de los 60 años, termino haciéndomela. Si en ese momento me la hago no van a decir este menso dijo que no.
—¿Su fantasía más recurrente?
—Vivir en un mundo ideal... Sin hambre, sin guerra, sin muertes.
—¿Cómo lo conquistan?
—Me conquistan con el intelecto. Necesito una mujer pensante, me gusta una mujer culta, que le guste el arte, que lea. La empatía va mucho más allá de una cuestión física.
—¿Se atrevería a posar desnudo?
—Sí, claro, mientras esté bien justificado. Mi educación me ha permitido ser libre con mi cuerpo. Lo respeto mucho y no me importa mostrarlo si no voy a ofender a nadie.
—¿Qué es lo que nunca le perdonaría a una mujer?
—El perdón es lo más grande que hay en el mundo. A mí me han perdonado muchas cosas y yo siento que debo corresponder de la misma manera.
—¿Con qué puede comparar su apetito sexual?
—¿Con qué se puede comparar? Creo que todos los apetitos son placeres. Pero te digo que me encanta el sexo y es lo que más disfruto en esta vida. Es un regalo muy grande que nos da Dios. El sexo debe hacerse con respeto porque si se va abrir el corazón, el alma y las piernas creo que debe hacerse con alguien que uno realmente ame.
—¿Se considera seductor?
—Es muy arrogante decir que del uno al diez, soy el diez. Me encanta el juego de la seducción. Disfruto mucho el enamorar y enamorarme, las sonrisas, las miradas, las atenciones. Yo soy muy caballero. Soy de los que todavía abre las puertas de los carros, de los que retiran las sillas para que las damas se sienten. Estoy educado a la antigua en ese sentido. La calificación les toca a ustedes.
—¿A quién confiesa sus pecados?
—A mí mismo y creo que es más que suficiente. Pero cuando tengo un cargo de conciencia se los confieso a mi hermana, que es psicóloga, y aparte de eso es un gran ser humano. Ella ha sido mi amiga toda la vida.
-Nombre: Gabriel Porras
-Fecha de Nacimiento: 13 de febrero de 1968
-Lugar: Ciudad de México, México.
-Dramáticos: Campeones (2006), Olvidarte jamás (2006), Prisionera (2004), El alma herida (2003), Feliz navidad mamá (2002), Perro negro (2001), El tío Alberto (2000), Todo por amor (2000), En un claroscuro de la luna (1999), La casa del naranjo (1998), Tres veces Sofía (1998).
Sus mujeres
-Ana Serradilla es la figura principal de su más reciente dramático Campeones (2006)
-Con Sonya Smith protagonizó Olvidarte jamás (2006)
-Junto con Gabriela Spanic finalizó la novela Prisionera (2004)
-Itatí Cantoral fue su más grande amor en El Alma herida (2003)
Fanáticas
-Aileen Hernández, 27 años. Empleada de institución bancaria. “Él no es bello, pero es muy sexy. Además tiene un cuerpo extraordinario. Veo la novela en mi hora libre”.
-Jasmely Bracho, 32 años. Gerente de agencia de viaje. “Es un hombre demasiado atractivo. Me gustaría que la novela la pasaran para la noche para tener más tiempo de verlo”.
-Zuleydis Cabrera, 15 años. Estudiante. “Es simpático y el personaje que hace junto con Sonya Smith. Es espectacular