A Letizia no le gustó nada que el jugador de fútbol, Francisco Narváez, Kiko, que cubrió los últimos 300 metros con la antorcha olímpica, le pidiera al Príncipe, que la había recibido de manos del alcalde, Alberto Ruiz Gallardón, se la diera. Le correspondía quedarse con ella, por ser el último relevista. Don Felipe reaccionó con simpática sencillez, riéndose, al tiempo que se la entregaba.A Letizia no pareció gustarle que el deportista se la reclamara (¡qué osadía!) ni que el Príncipe se la entregara sin consultar con ella. ¡Ay! Ese temperamental protagonismo que tantos problemas le va a ocasionar. A lo mejor es por haber sido periodista. A lo peor es porque es así. Pero debería tener en cuenta que el protagonista siempre será el Príncipe Felipe. ¿Protagonista yo? ¡Dios me libre acaparar protagonismo! Yo, en mi sitio. Lo mío es facilitar. Lo mío es ayudar. Lo mío es servir. Yo soy quien soy por estar casada con él. Mi estatus es la de consorte. Si no fuese su esposa, su consorte, yo sería sólo lo que soy por mí misma y punto. ¡Ah! Sabemos que somos personas públicas a quienes se mira con lupa y, por el bien del Estado, tenemos que dar buen ejemplo
Estas reflexiones, desgraciadamente, no son de Letizia, ¡hubiera sido demasiado pedir!, sino de esa gran profesional de la realeza que es Doña Sofía hablando de sí misma. Toda una lección que la Princesa de Asturias debería tener siempre presentes para no errar.
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