Capítulo 1
"Y así, a la orilla del mar y con los tenues rayos de la luna iluminando sus rostros, ambos se juran que ya nada ni nadie podrá separarlos y con un dulce beso sellan su amor, que ahora sí saben que durará para toda la eternidad"
Una joven llamada Natalia lee en voz alta estas palabras con una luz de ilusión en sus ojos como si ella misma hubiera vivido la historia que acaba de escribir. Luego busca en el teclado de su computadora las letras de la palabra "FIN" y la escribe llena de orgullo y satisfacción. Al mirar por la ventana de su habitación, se da cuenta de que acaba de amanecer y que se pasó toda la noche escribiendo, pero está tan feliz que no siente ningún cansancio.
—¡Por fin la he acabado! Fueron muchos meses de esfuerzo pero valió la pena porque me ha quedado preciosa... Algo me dice que esta será la buena, que con esta novela cumpliré mi sueño... Nada más imagínate lo maravilloso que sería que la hicieran en televisión... Comenzaría con un tema musical de ensueño y en los créditos pondrían: “Idea original y adaptación: Natalia Torres Quintero” Suena muy bien ¿verdad?
No obtiene ninguna respuesta, ya que en la habitación no hay nadie más que ella. Pero la joven se pone de pie y toma un portarretrato de la mesita que está junto a su cama. Es la fotografía de una mujer joven y muy parecida a ella, a la que Natalia le habla como si estuviera allí.
—Mamá, me gustaría tanto que estuvieras aquí conmigo... algunas veces me hace mucha falta tener alguien con quién compartir mis penas y mis alegrías... es que me siento muy sola.
Con lágrimas en los ojos, vuelve a dejar la fotografía en su sitio mientras le dice:
—Ayúdame, mamita, por favor, ayúdame desde el cielo a que mis sueños se hagan realidad... y sobre todo, tú que estás tan cerca de Dios, pídele que me haga el milagro de que mi papá me quiera...
En otro extremo de la ciudad, en una colonia de clase media, muy alejado del lujo en el que vive Natalia, un joven despierta al oír la voz de su madre.
—Emiliano... Emiliano, hijo, despiértate...
—Mamá, espérate, ¿qué no es muy temprano?
—¿No me dijiste anoche que hoy tenías que ver a...
Doña Consuelo, la madre de Emiliano, no logra completar la frase porque su hijo mira el reloj y se levanta con mucha prisa.
—¡Tienes razón, lo había olvidado! Ay, mamá, ¿qué haría yo sin ti?
—No, pues si lo mismo digo yo...
—Déjame solo para que me cambie ¿sí?
Consuelo sonríe y sale del cuarto de su hijo. Pocos minutos después, él va a la cocina y le da un beso para despedirse.
—Adiós, mamá, me ya voy.
—¿Tan pronto? ¿No vas a desayunar?
—No puedo, es demasiado tarde... Me tengo que ir corriendo si quiero llegar a tiempo.
—Veo que es algo muy importante.
—Sí, me tengo que ir a ver al señor Santibáñez ¿sabes quién es?
—¿Cómo no voy a saberlo si hace años que te la pasas hablando de él? Siempre me dices que es un señor “rete importante” y “rete buena gente” que te dio tu primer trabajo en Televisa y que es como un padre para ti... Pero en tanto tiempo aún no me lo has presentado y yo quiero saber quién es el hombre que está ayudando tanto a mi hijo.
—Es que él es un hombre muy ocupado... Por eso mismo no puedo llegar tarde. Seguro que tiene algún puesto para mí. Ojalá, porque nos vendría muy bien. ¡Deséame suerte!
—Mucha suerte, hijo.
Emiliano vuelve a darle un beso y está a punto de salir, pero su madre lo llama y le dice:
—¿No se te está olvidando algo?
—¿Qué?
Ella le hace un gesto para que se acerque y le da su bendición, como hizo desde que él era un niño. Él protesta diciéndole que no sea cursi, pero en el fondo le gusta esa costumbre de su mamá. Luego Consuelo le dice que ya puede irse.
Aún más lejos de allí, en Tlacotalpan, un humilde y pequeño pueblo, una adolescente llamada Lupita está sentada frente a su televisión mirando “Hoy”, un programa de espectáculos.
—Ya viene, ya viene... Estoy segura de que después de este corte viene él...
Pero al acabar el corte, comienza la sección de chismes. Lupita hace un gesto de desilusión y continúa esperando hasta que por fin oye que Ernesto Laguardia uno de los conductores del programa, anuncia lo que ella estaba esperando:
—Y ahora sí, para todas las niñas y no tan niñas de México, está con nosotros un gran cantantes que seguro que las hará suspirar... Él es ¡Charlie Valentino!
Lupita sonríe y suspira al ver a su amor imposible, aunque sea en televisión, pero el gusto le dura poco porque llega Manuel, su padrastro y le apaga el televisor.
—¡¡Lupe!! ¿Qué demonios estás haciendo? ¿Cuántas veces te he dicho que en mi casa no se ven estos programas para retrasados mentales?
Lupita está a punto de llorar cuando le dice:
—Por favor no me hagas esto, déjame ver a Charlie ¿sí? Luego haré cualquier cosa que me pidas, pero déjame... Llevo toda la semana esperando para verlo...
—¡Aunque llevaras un año! Mira si voy a estar pagando la electricidad que tú gastas en estas estupideces... ¡Vete a tu cuarto y ya no molestes!
Isabel, la madre de Lupita, llega en ese momento y pregunta qué está pasando. Su esposo le responde muy enojado:
— ¡Es tu hija, que no hace más que perder tiempo con babosadas!
Lupita mira a su madre suplicante, con lágrimas en los ojos, mientras le dice:
—Esto es muy importante para mí, dile que me deje ver a Charlie...
—Si tu padre dijo que no, es no. –dice Isabel.
—Pero...
—¡No insistas!
En realidad, Lupita no iba a insistir sino a recordarle que Manuel no es su padre sino su padrastro, pero decide callarse y va a encerrarse a su recámara, donde llora desesperadamente.
En un cementerio de la ciudad de México, una mujer toda vestida de negro y con el rostro lleno de dolor, deja flores en una tumba.
—Mi amor, hoy hace 5 años que me dejaste, 5 años que he pasado sin ti... Ni te imaginas lo duro que ha sido para mí tener que acostumbrarme a vivir sin tu amor... ¿Por qué tuviste que morirte, Alejandro, por qué tú? Yo debí morir en tu lugar, hubiera sido preferible eso antes que seguir viva pero sin ti... Nuestro amor era lo más bello que me había pasado en la vida ¿por qué te tuve que perder?
Lucero, que así se llama la mujer, se queda allí unas cuantas horas hablando con su esposo muerto y llorando, y cuando ya está alejándose, llega Guillermo, quien fuera el mejor amigo de Alejandro. Él la reconoce y la llama por su nombre, pero ella, que no quiere hablar con nadie, finge que no lo escuchó y se aleja lo más pronto que puede.
Charlie, el cantante del que está enamorada Lupita, sale del foro 14, donde acaba de grabar un programa. En uno de los pasillos de Televisa se cruza con una joven modelo llamada Brenda, que al verlo se lanza a sus brazos.
—¡Mi amor, qué sorpresa, no creí que te encontraría aquí! –dice ella luego de darle un apasionado beso.
—Espérate, Brenda, acuérdate de que no pueden vernos juntos... nadie puede saber de nuestra relación. Ya sabes lo que dice mi manager, que eso sería perjudicial para mi carrera y en este momento no puedo permitirlo.
Brenda dice que lo entiende, aunque en el fondo le da mucha rabia que Charlie no quiera hacer público su noviazgo.
—Estuve grabando una entrevista y unos musicales para “Hoy”, acabo de terminar. –dice él.
—Y yo vine a presentarme en un casting... ¿Y adivina qué? ¡Gané! Voy a ser la nueva imagen de los promocionales del Canal de las Estrellas.
—¡Felicidades! Aunque no sabía que eso te interesara, creí que lo tuyo eran las pasarelas.
—En realidad, lo bueno de estos promocionales que voy a grabar es que tal vez algún productor me vea y me llame para alguna telenovela... Ya sabes que aunque me gusta modelar, mi sueño es ser actriz.
—Lo vas a lograr, estoy seguro... tu carrera va en ascenso y no dudo que muy pronto te veré convertida en una gran actriz.
Brenda sonríe con un brillo de ambición en sus ojos, mientras piensa:
—Claro que lo voy a lograr y tú me vas a ayudar... ¿Por qué crees que estoy contigo, por tu linda carita? ¡No, lo hago porque estando contigo me daré a conocer con más facilidad! ¡Voy a ser tan famosa como tú, o incluso más!
Charlie le sonríe sin siquiera imaginar los verdaderos sentimientos de su novia.
Emiliano entra a la oficina de Arturo Santibáñez, uno de los más altos ejecutivos de Televisa. Él, que lo estaba esperando, lo mira con tanto orgullo como si se tratara de su propio hijo y le pide que se siente.
—Buenos días, Emiliano. ¿Cómo estás?
—Muy bien, don Arturo.
—¿Te imaginas para qué te he mandado a llamar?
—Supongo que por algún puesto de trabajo.
—Así es. Empezaste desde muy abajo y poco ha poco has ido escalando puestos. Tu desempeño en la última producción en la que interviniste fue excelente, así que hemos decidido darte la oportunidad de que produzcas una de las nuevas telenovelas de Televisa.
Emiliano lo mira con los ojos muy abiertos, sin poder creerse lo que le está diciendo. Arturo agrega:
—A partir de la próxima semana quedas a cargo del Foro 1.
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