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Capítulo 23

June 15 2004 at 4:04 PM
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Capítulo 23



Natalia entra a la oficina de Emiliano justo para verlo abrazando a Lucila, muy cerca uno del otro, como si estuvieran a punto de besarse. Se siente morir de los celos y desea reclamarle, pero sabe que no tiene ningún derecho a hacerlo porque, aunque ella quisiera lo contrario, él no es nada suyo, así que se limita a mirarlo con reproche y luego se aleja corriendo con los ojos bañados en lágrimas. Emiliano, al darse cuenta de que Natalia estaba allí, se separa de Lucila y corre tras ella.

En el Departamento de Imagen, Brenda espera que Licha y Chole acaben su trabajo. Ellas se vez en cuando se miran y ríen, pero no dicen nada.
—¿Hasta cuándo piensan seguir? ¡Apúrense porque yo no tengo su tiempo! –les dice Brenda de muy mal modo.
—No te impacientes, ya acabaremos...
—Pues con todo lo que se están tardando, tienen que estar haciéndome algo muy bueno... ¡Más les vale que así sea!
—Sí, claro... –responde Chole con algo de ironía.
Siguen trabajando y poco después, dice:
—Ahora sí estás lista...
—Pásame un espejo.
—¿Por qué? ¿No confías en nosotras?
Brenda no responde, pero se para y se acerca a un espejo grande que está colgado en la pared. Su rostro se desencaja al ver que su cabello está pintado de color verde.

Lucila busca a Adrián, que se preocupa al verla llorando y le pregunta qué le pasa. Luego de que ella le cuenta, la abraza.
—No sabes cuánto me dolió lo que hizo... ¿Por qué tenía que ir tras ella? ¿Será su novia? –le dice Lucila, entre lágrimas.
—Si ya tiene novia lo mejor será que te olvides de él...
—¡No puedo!
—Estoy seguro de que sí podrás...
—¿No me entiendes? ¡Estoy enamorada de él!
—Pronto lo olvidarás y te veré ilusionada con otro amor.
—Esta vez no será así... ojalá fuera algo pasajero, pero yo sé que no lo es. Nunca había sentido lo que estoy sintiendo...
—Es que no tiene sentido que sufras por alguien que no siente lo mismo que tú. Si te fijas bien, seguramente encontrarás una persona que te valore y que te quiera... Y tal vez esa persona esté más cerca de ti de lo que te imaginas...
Lucila no dice nada, sólo sigue llorando en su hombro.
—Sonríe, no quiero verte llorar –le dice Adrián, secándole las lágrimas con ternura y pensando si alguna vez se atreverá a decirle que, si ella se lo permitiera, él podría hacerla feliz y enseñarle lo hermoso que es el verdadero amor.

Brenda mira con horror cómo ha quedado su cabello, y luego, con mucha rabia, les dice a Licha y a Chole, que no pueden reprimir las risas:
—¿Qué me hicieron?
Licha y Chole se siguen riendo. Brenda está furiosa y no deja de gritarles que son unas inútiles y que van a pagar por lo que le hicieron.
—¡Te lo merecías! –le dice Licha- Eso fue por llamarnos adefesios... ¡La próxima vez cuídate de meterte con nosotras!
Brenda les dice, muy enojada:
—¡Ni crean que esto se va a quedar así!
Luego se va, mientras que Licha y Chole chocan sus manos y siguen riéndose.

Emiliano trata de alcanzar a Natalia para asegurarle que lo que vio es un error, que entre él y Lucila no hay nada, que es a ella a quién ama, pero antes de encontrarla, se arrepiente de lo que está por hacer y regresa a su oficina, mientras se dice:
—No tengo obligación de decirle nada... Si quiere pensar que pasa algo entre Lucila y yo, pues que lo piense, al fin que a mí ni me importa.
Pero aunque trata de convencerse de eso, por supuesto que le importa, le duele que Natalia piense que tiene algo que ver con otra mujer, cuándo en la única que piensa, la única que ocupa un lugar en su corazón, es ella.

Brenda intenta salir de Televisa sin que nadie la vea, pero en su esfuerzo por no cruzarse con nadie que la conozca, tropieza con un joven muy guapo, al que inmediatamente le grita:
—¡Imbécil!
Él no sólo no le responde que ella tuvo la culpa por distraída, ni le hace algún comentario desagradable sobre el color de su cabello, sino que le sonríe y le dice, con mucha amabilidad:
—Discúlpame...
—¡La próxima vez fíjate por dónde caminas!
Él vuelve a ignorar lo que le dice y le pregunta:
—Oye... tú eres Brenda Castillo, la modelo ¿verdad?
—Sí ¿y?
—Nada... sólo que te veía conocida. Yo soy Eduardo. Es un gusto conocerte.
Él quiere darle la mano pero ella lo rechaza. Antes de que ella siga su camino, Eduardo le dice:
—Bonita tu nueva imagen... Extraña sí, pero se te ve bien.
Ese comentario termina de enfurecer a Brenda, que le pega una bofetada al joven y luego se va corriendo.

Natalia va llorando por los pasillos de Televisa y se cruza con don Arturo, que al verla la llama:
—¡Natalia! Ven aquí, niña, ¿por qué lloras?
Ella se acerca, y luego de secarse las lágrimas, le responde:
—Nada, don Arturo, no pasa nada.
—Claro que te pasa algo, sino no estarías llorando. Cuéntame qué pasó... te volviste a pelear con tu padre ¿verdad?
Ella niega con la cabeza, y Arturo le dice:
—Entonces me imagino que tu problema debe ser amoroso... Una jovencita como tú no puede sufrir más que por amor...
La expresión de tristeza de Natalia le indica a Arturo que no se equivocó. Su sonrisa paternal que le inspira tanta confianza, hace que ella decida contarle su sufrimiento, así que con un tono de voz lleno de desesperación, le pregunta:
—¿Qué puedo hacer, don Arturo? Me enamoré de un hombre que nunca se va a fijar en mí, que ya es de otra mujer...
Él no le dice nada, pero hace exactamente lo que ella necesita, le da un abrazo con mucho cariño, como lo haría un verdadero padre.




Galerías:

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