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Capítulo 95

September 23 2004 at 4:09 PM
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Capítulo 95



Natalia mira a Emiliano con asombro, sin poder creer lo que él le ha dicho en un arrebato. Se deja caer sobre una silla, como si la noticia fuera demasiado impactante para ella.
—¿Tienes una hija? –le pregunta, deseando haber entendido mal, aunque sabe que es imposible.
—Hubiera preferido decírtelo de otra forma, pero sí, Julieta tuvo una hija mía, al menos eso es lo que ella dice.
—¡¡Y hasta ahora me lo dices!!
—¡Apenas lo supe ayer, además, ni siquiera estoy seguro que esa niña sea hija mía!
—¡No quiero oír tus excusas! ¡Si por mí fuera, me iría hoy mismo con mi hijo dónde tú no pudieras encontrarnos, así no tendría que volver a verte nunca más!
Emiliano le pide que lo escuche, pero Natalia se va sin hacerle caso.

Lupita mira a Charlie con rabia, y le dice:
—¡A mí no me llamas zorra!
—¿Y cómo se le dice a una mujer casada que sale con un hombre que no es su marido y no regresa a su casa en toda la noche?
—¡¡Ya te dije que yo voy tengo todo el derecho a hacer lo que se me pegue la gana con mi vida!!
—¡Sí, podrás hacerlo cuando nos divorciemos, pero hasta entonces, no quiero que des que hablar, así que te prohíbo que te sigas viendo con Eduardo! ¡Mientras sigamos casados, tienes que ser una mujer de reputación intachable!
—¿Ahora sí te preocupa mucho mi reputación? ¿Luego de las cosas que dijiste de mí?
—¿De qué me estás hablando?
—¡¡Eres un cínico!!
Lupita se aleja de él antes de que pueda pedirle una explicación, y casi inmediatamente se encuentra con Natalia, que sale de la oficina de Emiliano con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Qué te hizo esta vez el desgraciado de Emiliano? –le pregunta Lupita.
—No quiero hablar de eso... Mejor dime por qué se peleaban Charlie y tú. Desde aquí oí sus gritos.
—Yo tampoco quiero hablar de él...
—De acuerdo... Cambiando de tema ¿por qué no vamos a ver a mi papá? Tal vez nos diga que pasó anoche.
—Déjalo tranquilo, si no quiere decirnos nada, no es asunto nuestro...
—¡Claro que es asunto nuestro! Él es nuestro padre y ve a saber qué le habrá hecho a tu hermanastro para defenderte. ¡Anoche, por un momento pensé que lo había matado! Sentí mucho miedo y tú también... ¿Por qué ahora finges que no te importa?
—No estoy fingiendo, es la verdad. Anoche volví a ser Lupita, pero ahora soy nuevamente Guadalupe, y no me interesa en lo más mínimo nada que pueda haberle pasado a Diego o a ese hombre que dice ser mi padre.
Natalia la mira con tristeza, le duele que haya tanto resentimiento en el corazón de su hermana.

Virginia va a su casa a buscar un informe que le pidió Emiliano y que ella cree haber olvidado allí, pero no lo encuentra por ninguna parte. Pensando que se pudo traspapelar entre las cosas de su esposo, abre un cajón donde él guarda sus documentos y comienza a revisarlos, hasta que da con uno que atrae su atención. Se trata de las pruebas que inculpan a Rodrigo del fraude cometido con los fondos de la producción, pero antes de que pueda comprender lo que significa lo que tiene en sus manos, suena el teléfono. Es Emiliano, que quiere avisarle que no se preocupe, porque ya encontró el informe. Ella aun está viendo los papeles de Rodrigo, y muy pronto se da cuenta de lo que son, pero se niega a creer lo que tiene frente a sus ojos.
—Esto tiene que tratarse de un error... –se dice, muy convencida- Rodrigo sería incapaz de robarle a alguien...

Natalia sale temprano del foro para ir a buscar a su hijo, que está con doña Consuelo.
—Natalia, qué sorpresa... –le dice Consuelo- ¿Qué haces por aquí tan temprano?
—Vengo a buscar a mi hijo...
—Ahorita te lo traigo, pásale...
—No, mejor no...
—Emiliano no está.
—Ya lo sé. Lo que pasa es... que no quiero verla.
—¿Te refieres a la niña? ¿Ya lo sabes?
—Sí. Déme a mi hijo, doña Consuelo... Quiero irme lo antes posible. Y también le aviso que ya no será necesario que cuide al niño.
—Perdona que te lo diga, pero estás siendo muy injusta. Yo puedo entender que te sientas mal por eso, no debe ser nada fácil aceptar que el hombre que quieres tiene una hija de otra mujer, pero yo no tengo la culpa de eso... No me impidas estar con mi nieto por tus problemas con Emiliano.
—Perdóneme, doña Consuelo... Es que me siento tan mal... Yo siempre pensé que aunque Emiliano nunca llegara a quererme, siempre me recordaría por ser la madre de su hijo, pero ahora descubro que no soy la única mujer que lo ha hecho padre, ni siquiera soy la primera...
Consuelo trata de decirle algo para consolarla, pero en ese momento aparece la niña, y Natalia no puede evitar emocionarse al darse cuenta de lo mucho que se parece a Emiliano.
—Abuelita, mi hermanito se acaba de despertar...
Consuelo inmediatamente va a ver al bebé, y Natalia se queda sola con la niña.

Virginia regresa al foro, y decide ir a buscar a Rodrigo, para preguntarle qué significan los documentos que encontró entre sus cosas. Antes de entrar a la oficina de su esposo, se encuentra con José Luis, que intenta detenerla para impedir que descubra algo que le haría mucho daño, pero ella no le hace caso y, al entrar, ve algo que le hiela la sangre: a su marido teniendo relaciones con Brenda.

Natalia contempla detenidamente a la pequeña. Antes de que ella llamara hermanito al niño, no se le había ocurrido pensar que esa niña es hermana de su hijo.
—¿Quién eres tú? –le pregunta Juliana.
—Soy la mamá de tu hermanito.
—Qué extraño... Eres la mamá de mi hermano, pero no eres mi mamá... ¿Cómo te llamas?
—Natalia ¿y tú?
—Juliana... ¿Sabes? Tú y yo nos parecemos en algo... Las dos estamos tristes.
—¿Y tú por qué estás triste?
—Porque me quedé sola... Mi mamá se fue al cielo y mi papá no me quiere...
Los ojos de Natalia se llenan de lágrimas al oír a la niña, ya que le hace recordar a sí misma cuando era pequeña y se sentía igual que ella, y sin pensar en nada más que en aliviar su pena, le da un abrazo cariñoso y maternal. Así las ve Consuelo, y se emociona mucho.
—Aquí está tu hijo, Natalia –dice Consuelo- Espero que mañana también lo traigas.
—Lo haré, no se preocupe... Pero ahora me voy, antes de que se haga tarde.
—¿Tan pronto te vas? –le pregunta Juliana- ¿No te quedas a jugar conmigo?
—Otro día, te lo prometo.
Emiliano llega en ese momento, y al ver a Natalia con el bebé, va hacia ella para darle un beso muy tierno a su hijo. Quiere cargarlo, pero Natalia no se lo permite, y le dice:
—¿No piensas saludar a tu hija?
Emiliano asiente, y va hacia donde está Juliana y le da un beso, pero no es tan cariñoso como cuando saludó al bebé. Natalia se indigna porque su actitud le recuerda a la de su propio padre, y sin poder reprimir su rabia, le grita, para sorpresa de él:
—¡Emiliano, eres un monstruo! ¿¿Cómo puedes ser así con tu hija??


Galerías:

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Galería 2: http://es.geocities.com/taemd1/unamor2.htm
Galería 3: http://es.geocities.com/taemd1/unamor3.htm
Galería 4: http://es.geocities.com/taemd1/unamor4.htm
Galería 5: http://es.geocities.com/taemd1/unamor5.htm



 
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