Capítulo 96
Emiliano reacciona con sorpresa a las palabras de Natalia, no puede entender por qué defiende tanto a esa niña que no es nada suyo. Consuelo decide llevarse a los niños a su cuarto para que no presencien la discusión. La mirada de Natalia está llena de furia, y sigue diciéndole a Emiliano:
—¡Eres de lo peor! ¡Pasé mucho tiempo deseando que me quisieras, pero veo que eso es imposible porque tú no puedes querer a nadie, ni siquiera a tu propia hija!
—¡Todavía no estoy seguro de que Juliana sea mi hija!
—¡La niña es idéntica a ti! ¿Cómo puedes dudar que sea tuya? ¡En realidad, lo que quieres es evadir tus responsabilidades!
—Mi único hijo es el que tengo contigo...
—¿Ah sí? ¿¿Y por cuánto tiempo más seguirás pensando así?? Ya me has acusado de tantas cosas horribles, que lo único que te falta es decirme que mi bebé no es tuyo... Además, veo que acostumbras tener hijos y dejarlos en cualquier parte para después negarlos, como haces con Juliana... Dime, Emiliano... ¿Cuántos otros hijos tuyos podrían aparecer en los próximos días?
—¡¡Deja de decir tonterías y escúchame!!
Consuelo regresa a la sala y les dice:
—¿No pueden dejar de pelear? ¡Gritan tanto que Juliana ha escuchado todo lo que dicen!
—Entonces será mejor que me vaya para no seguir diciéndole a Emiliano lo que pienso de él. –responde Natalia- ¿Puede traer a mi hijo?
Consuelo asiente, y cuando vuelve a la habitación a buscar al bebé, Natalia mira a Emiliano con rabia y le dice:
—Siempre pensé que eras un cerdo, pero ahora me doy cuenta que me equivoqué... ¡Tú eres peor que cualquier animal, porque al menos ellos sí quieren a sus hijos!
Isabel oye que alguien golpea la puerta de su casa y se apresura a abrir, pensando que es su hija, que olvidó sus llaves. Su mirada se llena de temor al encontrarse con Manuel, su esposo, que entra a la casa sin que ella lo invite a pasar. La sorpresa y el miedo de ella se hacen mayores al darse cuenta de que él trae sus maletas.
—¿Qué haces aquí, Manuel? –le pregunta, con un temblor en la voz.
—Lo que estás pensando... Me vengo a vivir contigo.
—No, eso jamás... Yo dejé tu casa porque quería librarme de tu maltrato. Pude cambiar de vida gracias al apoyo de mi hija y por nada del mundo...
Manuel se enfurece tanto que Isabel retrocede, muy asustada. Él le grita:
—¡¡A esa no me la menciones, tu hija ha causado la peor de las desgracias!!
—¿De qué estás hablando?
—¡Por su culpa, Diego, mi único hijo, está muerto!
—Lamento que tu hijo haya muerto, pero ¿qué tiene que ver Guadalupe en todo esto?
—¡Las últimas palabras de mi hijo fueron para decirme que la Lupe era la causante de lo que le pasaba y para pedirme que lo vengara! ¡Yo le juré que lo haría, así que me ocuparé de que su muerte no quede sin castigo!
Isabel piensa que se volvió loco, así que decide huir corriendo.
José Luis lleva a Virginia a su casa. Ella permanece en silencio, esforzándose por no llorar, aunque por dentro se está muriendo de dolor. Mentalmente, se repite una y otra vez:
—Me engaña... Rodrigo me engaña con otra...
José Luis la mira con preocupación e insiste en que le cuente lo que sucedió, como ya ha hecho varias veces, pero la respuesta de ella no es más que un breve silencio.
—¡Me estás preocupando, Virginia! ¡Por favor, dime algo!
—Todo está bien... –le dice, con un temblor en su voz que demuestra lo contrario.
—¿Estás segura? No lo parece...
—Ya llegamos a mi casa, aquí es...
Él se baja del carro y rápidamente va a abrirle la puerta. Virginia le pide que entre con ella.
—Eso no estaría bien... –responde José Luis- Además, Rodrigo puede llegar en cualquier momento.
—No lo creo, él siempre llega muy tarde... Ahora sé por qué.
A pesar de que Virginia se ve muy tranquila, tal vez demasiado, José Luis sabe lo que está pasando por su corazón, y teme que haga alguna locura si la deja sola, así que acepta entrar con ella.
Cuando Lupita regresa a su casa, ya de noche, encuentra a su madre esperándola afuera. Al preguntarle qué sucede, ella trata de explicárselo, pero está tan nerviosa que Lupita no puede entender nada.
—Trata de tranquilizarte así te entiendo, mamá... ¿Por qué no entramos y así explicas bien lo que pasa?
—¡¡No!! ¡No quiero entrar a la casa! Él está allí...
—¿Quién es él?
—Manuel... Ha regresado y creo que se volvió loco... Habla de cosas muy raras, dice que su hijo murió y que tú lo mataste o que tuviste la culpa...
Lupita se horroriza al pensar que fue su padre quien mató a Diego.
José Luis mira a Virginia con la esperanza de que ahora que ella sabe la verdad sobre los engaños de su marido, se aleje de él para siempre. Pero por el momento, lo que más le interesa es tranquilizarla, ya que sabe que su actitud de absoluta tranquilidad no es más que una máscara para ocultar su dolor.
—¿Quieres que hablemos? –le dice él- Tal vez te sientas mejor si me cuentas lo que sientes...
—No, en este momento no quiero hablar. Acompáñame a mi cuarto.
A él no le parece correcto, pero como ella insiste, la acompaña. Una vez que están en el cuarto, Virginia hace lo último que José Luis hubiera esperado, le da un beso mientras lo lleva hacia su cama. Al principio, él se siente feliz y responde a sus besos, pero enseguida reacciona y se esfuerza por separarse de ella.
—¡No, Virginia! ¿Qué haces? ¡Esto es una locura!
—No soy tonta, me doy cuenta cómo me miras... Sé que te gusto ¿o no?
—No sólo eso... Te amo. –le confiesa él.
—Entonces me imagino que también me deseas. –mientras habla, ella sigue besándolo.
—Pues sí, pero... No voy a hacerte el amor porque sería aprovecharme de ti... Tú estás muy dolida por el engaño de Rodrigo y no te das cuenta de lo que estás haciendo.
Virginia se desnuda rápidamente y después empieza a desnudarlo a él, que en vano intenta alejarse.
—Virginia, si sigues así no respondo de mí...
Pero Virginia continúa hasta que él no puede hacer más que dejarse arrastrar por la pasión.
Isabel está al borde de un ataque de nervios, pero Lupita, a pesar que está muy impactada por creer que su padre es un asesino, trata de calmarse y calmar a su madre:
—Ahora mismo entraré a preguntarle a Manuel qué es lo que sucedió.
—¡No, no lo hagas! Ni tú ni yo volveremos a esa casa mientras él esté aquí.
—¡Él debe irse, no nosotras!
—¡Te digo que está loco, que habla de vengarse de ti! No voy a arriesgarte así...
—Está bien, vamos a un hotel y mañana empezamos a buscar otro departamento.
—¿¿A un hotel?? ¿Y si Manuel va a buscarnos?
—¡Bueno, mamá! ¿Por qué no propones tú una solución?
—Lo único que podemos hacer es ir a pedirle a tu papá que nos deje quedarnos en su casa...
A Lupita le sorprende que su madre le proponga eso, que sea tan grande su miedo a Manuel que prefiera tener que pedirle un favor a Ricardo.
Emiliano entra al cuarto donde duerme su hija y la contempla con una extraña mezcla de sentimientos. Con ella le pasa algo similar que cuando conoció a Natalia, no sabe si adorarla o detestarla. Su corazón le dice una cosa pero su cerebro otra...
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