Capítulo 103
Natalia se siente sorprendida por el secreto que acaba de revelarle Consuelo.
—¿Por qué me cuenta esto? –le pregunta.
—Para que no repitas mi error. La felicidad de muchas personas, incluyendo la tuya, depende de tu decisión.
—Mi caso es muy distinto al suyo... Yo no tengo otra opción.
—Yo pensaba lo mismo, pero conforme iban pasando los años, más me convencía de que mis problemas con Arturo se pudieron haber arreglado. Si hubiera hablado con él, todo hubiera sido tan diferente... Mi hijo habría tenido una familia y yo... yo habría sido feliz con el hombre que amaba y que me amaba...
Consuelo se seca algunas lágrimas y Natalia la mira con compasión:
—Lo siento mucho...
—Más lo vas a sentir cuando tengas mi edad y te des cuenta que estás sola, que tus oportunidades de ser feliz se esfumaron y que lo único que esperas de la vida es que tu hijo sí encuentre la felicidad que tú no tuviste.
—Ya entiendo... en lo único que piensa es en su hijo, por eso me está contando todo esto...
—Te hablo como le hablaría a una hija mía que está a punto de arruinar su vida. Es verdad que deseo lo mejor para Emiliano aunque a veces se comporte de forma equivocada, pero también pienso en ti y en mis nietos.
—Ya me voy... No quiero que Juliana se dé cuenta de que estoy aquí.
—¿No te he hecho cambiar de opinión, ni siquiera un poco?
—Ya tomé una decisión y nada podrá cambiarla. En pocos días me voy de la ciudad, y mientras tanto, no volveré a ver a Juliana, así que por favor háblele para que lo entienda...
Natalia se va inmediatamente después de decir esas palabras, así que no se da cuenta que la niña ha escuchado todo lo que ella dijo.
Al día siguiente, varios miembros de la producción de la telenovela van a Xochimilco a grabar alguna de las últimas escenas. Emiliano no deja de pensar en Natalia y se siente triste por no haberle pedido que fuera con ellos, pero trata de no demostrar que la extraña. Lucero ha ido con su hijo Alex, pero el niño no está con ella sino con Guillermo, platicando muy alegremente. Charlie ve a Lupita, que está sola y se acerca a ella, aunque no sabe ni que es lo que quiere decirle.
—¿Necesitas algo? –le pregunta ella, muy fría y cortante.
Charlie no le responde, sino que inesperadamente le da un beso muy apasionado.
Consuelo llama por teléfono a Natalia, y con voz desesperada, le dice:
—Natalia, que bueno que te encuentro... Pensé que tú también te habías ido...
—¿Qué pasa, doña Consuelo? ¿Se siente bien?
—Sí, sí... La que está mal es la niña.
—-¿Qué tiene Juliana?
—No sé... tiene mucha fiebre. ¡Ay, Natalia, no sé que hacer!
—No se preocupe, ahora mismo voy para allá...
Natalia cuelga el teléfono y luego de dejar a una mucama encargada de su hijo, se va rápidamente.
Lupita responde al beso de Charlie con todo el amor que aun siente por él, pero solamente por pocos segundos, ya que rápidamente se suelta y le grita:
—¡¿Qué te pasa, estúpido?!
Charlie la mira con tristeza y se aleja.
Natalia llega a la casa de Emiliano, dónde Consuelo la está esperando ansiosamente.
—Gracias por venir... No sé como encontrar a Emiliano y a Juliana no le baja la fiebre...
—¿Ya llamó a un doctor?
—Sí, pero todavía no llega...
—Hay que avisarle a Emiliano lo antes posible.
—No sé como localizarlo...
—Présteme el teléfono, voy a llamar a mi hermana a su celular para que le avise.
Consuelo le da el teléfono y Natalia marca un número, pero inmediatamente lo deja, y le dice a Consuelo:
—Lo tiene apagado... Pero no se preocupe, le voy a hablar a Lucero, ella seguro que también está allí.
Natalia vuelve a marcar, pero ahora sí le responden:
—¿Bueno?
—¿Lucero? Soy yo, Natalia... ¿Podrías hacerme un favor?
—Sí, claro...
—Dile a Emiliano que venga inmediatamente a su casa, que su hija está enferma.
—De acuerdo, yo le digo...
Lucero corta la comunicación y busca a Emiliano para darle el recado de Natalia, pero antes que a él, ve a su hijo que está jugando muy cerca del río. Antes de que pueda gritarle que se aleje, el niño se inclina sobre el agua y cae.
Natalia le dice a Consuelo:
—Ahorita mismo van a avisarle a Emiliano para que venga.
—Gracias, me quedo más tranquila sabiendo que él viene para acá. Y perdóname por molestarte, pero no sabía que hacer...
—No se preocupe.
—No tienes que quedarte aquí... seguro que ya llega el doctor que llamé y luego vendrá Emiliano...
—De todas formas, yo me quedo hasta que estemos seguras de que la niña está bien.
Lucero grita con desesperación al ver como su hijo se hunde, y sus gritos son escuchados por Guillermo, que inmediatamente se lanza donde cayó el pequeño. Durante unos cuantos segundos que a ella le parecen años, Lucero llora en silencio, suplicándole a Dios que no vuelva a sucederle otra desgracia como todas las que marcaron su vida.
Juliana despierta y al ver a Natalia sentada junto a su cama, sonríe..
—¿Cómo te sientes? –le pregunta Natalia.
—Bien, porque tú estás conmigo... creí que no ibas a volver...
—¿Y por qué pensaste eso?
—Porque tú lo dijiste... Pensé que ya no me querías.
—Claro que te quiero, para mí eres como mi hijita...
—¿De veras?
—Por supuesto que sí, te quiero igual que a tu hermanito.
—Y yo te quiero a ti, Natalia. Te quiero mucho, como si fueras mi mamá.
Natalia se emociona y le da un abrazo.
Lucero está segura de que todo ha acabado, que tanto Guillermo como su hijo han muerto en el río, pero cuando ella ya no tenía ninguna esperanza de volver a verlos vivos, Guillermo sale con el pequeño en brazos, y Lucero corre hacia ellos.
—¡Están vivos! ¡Alex, mi niño! ¿Estás bien? ¿Y tú, Guillermo?
—Tranquila, los dos estamos bien...
Lucero quiere decirle algo a Guillermo, pero no le salen las palabras así que solo lo abraza, llorando.
Emiliano regresa a su casa bastante tarde, y le sorprende encontrar a Natalia esperándolo.
—¿Qué haces aquí?
A Natalia le da rabia que le hable como si no pasara nada, así que le grita:
—¡No podía esperarme hasta mañana para decirte en tu cara lo mal padre que eres! ¡¡Tu hija podía estar muriéndose, pero a ti te vale!!
Emiliano la mira, muy sorprendido, y sin comprender lo que ella le dice.
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