
primero, unas cuantas sobresalientes del capítulo anterior para ponerles al tanto.
*Manina sale de su coma y descubre que no solamente es Pedrito su nieto de verdad, sino que su hijo Renzo, que ella ha
creido muerto desde mucho tiempo, realmente está vivo y disfrazándose como el "Conde Minelli" -el dueño del mismo
castillo en donde Manina había refugiado cuando ella huyó del Castillo Farnesio con Pedrito.
*Rudolfo tiene a Adriana encarcada en el calabozo del castillo, junto con María (hija de Martín/ esposa de Sergio)
mientras completa la venta del Castillo Farnesio para luego salir del Villa Florencia con Adriana en cuanto Isa se
case (aunque en algún lugar yo deba haber perdido la parte donde él explica exactamente cómo él planea asegurar que
Isa le dará la mitad de la fortuna de " Conde Minelli" si él es millas y millas lejos de ella).
*Martín intenta decirle la verdad a Renzo acerca de Isa y de que Manina (la madre de Renzo) realmente está vivo, pero
Renzo rotundamente rehusa creerle. Sin embargo, a pesar de estar bien enojado con Martín por eso, Renzo lo perdona y le
asegura que él y su hija María pueden continuar a vivir bajo su protección en el Castillo Minelli.
*La mañana de su boda con Isa, Renzo recibe una nota fingiendo ser de los secuestradores del bebé (Pedrito, aunque Renzo
no sabe que es su hijo), y ya vestido para la boda, Renzo sale corriendo a reunirse con ellos. Pero al llegar al sitio,
Jonás (el capatáz de la Isla de los Condenados, quien había sido pagado por Rufolfo para matarle a Renzo) le está
esperando.
Los dos comienzan a luchar furiosamente con sus espadas. Realizando que no sabe el verdadero historia de "Luna" y cómo
y por qué ella dejó la isla y Renzo, y con el proposito de hacerlo sufrir antes de matarlo, Jonás decide contarlo a Renzo.
También le cuenta que cuándo Adriana recuperó su memoria y vino a buscarle a Renzo en la isla, ella había mencionado a un
niño -un hijo.... ¿¿Podría ser ese bebé el mismo que él había raptado del castillo de "Conde Minelli"?? Hasta este
momento parecía que ganaría Jonás, pero esto lo del bebé le enfurece tanto a Renzo que halle las fuerzas necesarias
para que él vence al capatáz. Queda parado sobre Jonás con el punto de su espada a la garganta de Jonás y exige saber
en dónde está el bebé, pero Jonás dice que su parte terminó cuando él lo entregó a Rudolfo, y no se preocupó más del
asunto; es posible que Rudolfo puede haber matado al bebé ya - él ni sabe ni le interesa saber (durante todo esto tiempo,
la amiguita de Jonás - la que le ayudó raptar Pedrito del castillo - está viendo y escuchado por detrás de algunas
arbustos, y se apena al oir esto). Al saberse vencido, Jonás demanda que Renzo lo mate para que él no tiene que vivir
con la vergüenza de ser derrotado por un gitano miserable, pero Renzo dice que él no es un asesino. Se da vuelta y
comiemza a marcharse. Jonás saca un cuchillo con la intención de tirarle a la espalda de Renzo, pero la amiguita
advierte a Renzo, quien gira y despacha a Jonás con su espada.
*A pesar de ser ensuciado, desaliñado, y en una misera inagotable por todo lo que acaba de conocer sobre Adriana,
Renzo continúe ciegamente hacia la iglesia con la intención de cumplir con su promesa de casarse con Isa, aún a pesar
de saber que él nunca la podrá amar. Mas él todavía cree que Isa es una mujer buena que le ama. Pero al bajar de su
caballo a una cuadra de la igesia, Renzo recibe otro golpazo más: Su amada madre Manina está viva, y cojea hacia él con
sus brazos abiertos. Las lágrimas sollozan -- del asombro aturdido (Renzo) y de la alegría (Manina) mientras se abrazan.
Todo lo cual (¡y más!) nos trae al Gran Final:
Todavía gravemente afectado por el golpe doble de finalmente llegar a creer que "Luna"/Adriana no sólamente no lo había
traicionado sino haberle dicho la verdad todo el tiempo, y descubrir que su amada madre no es muerta, Renzo es tambaleado
de nuevo cuándo Manina insiste que él no puede casarse Isa porque esa trató de matarlos a ella y al hijo de él. Entonces
explica que ella era la mujer que había dejado a su nieto refugiado en el castillo del "Conde Minelli," y que ese nieto
es nada más ni menos que el hijo de Renzo y Adriana. Al realizar por fin lo injusto que había sido hacia Adriana, Renzo
le cuenta a Manina que Adriana le había insistido muchas veces que tuvieron un hijo y no sólamente no la había creido
sino la había rechazado e insultado. Se tira nuevamente a los brazos de Manina, llorando desesperadamente que ha perdido
a Adriana -- ¡la ha perdido para siempre! Manina lo apacigua, pero entonces dice que aún tiene otras malas noticias:
Rudolfo tiene a su hijo y ella teme que Rudolfo hará al bebé lo que él había estado tratando de hacer a Renzo para tan
largo - lo matará. Aturdido, Renzo comenta que él no entiende ese odio tan grande de Rudolfo hacia él y su familia.
Manina lo dice que Nicola (el gitano quien mató Rudolfo cerca al comienzo del cuento) no era realmente el padre de Renzo.
La razón por el odio de Rudolfo hacia Renzo es porque Rudolfo sabe que su tío, el Conde Clemente Farnesio, era el padre
verdadero de Renzo con tal que Renzo es el heredero legítimo al todo que Rudolfo ha querido tomar para si mismo.
Mientras tanto, después que un encuentro breve con su madre, Astrid (que actúa cada vez mas extraña), durante la cuál
Isa se goza de su conquista del ex-prometido de Astrid, el "Conde Minelli," y Astrid advierte a Isa que un día de esos
Isa se dará cuenta de lo cuánto que se ha convertido en su hija, Isa orgullosamente llega en la iglesia en un coche
suntuoso. Bernal tiernamente la ayuda a bajar. Ella está recibiendo las felicitaciones no muy sinceras de los invitados
(ninguno de lo cual la respetan a causa de creerla muy arribista) cuando llega Renzo, furioso, junto con su
madre. Anuncia en voz alta que no habrá una boda. Isa trata de actuar como que él esté bromeando, diciendo a su
prometido que no es la hora para chistes, pero Renzo no le hace caso (parece que Isolda es la única que se nota el pequeño
error que cometió Isa cuando se llame a Renzo por su nombre verdadero en vez de fingir que cree que es el "Conde Minelli").
Enojado, él anuncia a los invitados que Isa no sólo lo separó de la mujer que él ama, sino trató de matar a su madre y
su hijo. Agrega que Isa merece estar en el Infierno, y de ahora en adelante ella está muerto para él. Renzo y Manina se
dan vuelta y marchan, dejandola a Isa parada como si nada allí en frente de la iglesia, tratando desesperada de hallar
una manera de salvar a sus planes arruinados y rodeada por gente que ahora empiezan a murmurar en contra de ella. Luego
comienzan gritar contra ella, y alguien la tira un puñado de barro hacia Isa. Los demás también empiezan a tirar barro,
mientras Bernal -desengañado, pero todavía sintiendo que no se debe tratarle así a las personas- ineficazmente intenta
paralos. En este momento, el agente del Principe Regente llega a galope, junto con sus guardias, y Bernal rápidamente los
dice que se apuren al Castillo Farnesio porque el "Conde Minelli" se fue a allí con la intención de matarle al Rudolfo.
Mientras Manina se reencuentre con los gitanos (quienes estan supercontentos a verla viva) y los reune para todos irse a
resbaldarle a Renzo, éste se dirige directamente hacia el Castillo Farnesio para enfrentarle a Rudolfo. Llegando a galope
en el patio del castillo, se nota que Rudolfo, Dino y los escuderos de Rudolfo están todos arriba en un tipo balcón,
junto con el Barón (este que arregló la venta del castillo para Rudolfo -no me acuerdo su nombre), y el comprador
del casillo junto con sus propios escuderos. Todos están festejando la venta del castillo. Al verle llegar, Rudolfo le
saluda a Renzo como su estimado amigo "Conde Minelli" --con la “felicidad” sardónica que usa ahora que sabe que realmente
es Renzo-- pero Renzo despectivamente contesta que él no es el "Conde Minelli," y Rudolfo bien lo sabe. Él es Renzo, el
gitano, y ha venido a recuperar todo que Rudolfo le ha robado: Su mujer, su hijo, y su nombre. Las reacciones de los en el
balcón son viariadas: algunos le miren a Renzo con desdén altiva (Rudolfo, Dino, y los escuderos de Rudolfo), otros con
curiosidad despreciativo (el comprador y sus hombres), y uno con la mirada de uno que ha empezado a ver la luz de la
verdad (el Barón). Rudolfo rie sardónico y opina en voz alta a sus compañeros en el balcón que esto es probablemente
el resultado de alguna confusión estupida y que Renzo debe de ser loco. Mientras habla, sus escuderos bajen hacia el patio
con sus espadas en las manos, listos para defender a su señor. Renzo no les hace caso, y insiste a que Rudolfo les cuenta
toda la verdad a todos. Ya enojado, Rudolfo dice que Renzo no es nada más que un impostor y -cierto que Renzo no tiene
manera de comprobar sus acusaciones o ya lo habría hecho cuánto antes-- demanda que Renzo le muestra sus pruebas. En
esto llega a galope el Agente del Príncipe Regente, quien muestra los papeles del Conde Clemente Farnesio; sus guardias
también lleguen y rapidamente se arreglan atrás de su señor y Renzo en una medialuna protectora. Anuncia en voz de
autoridad que los papeles son auténticos, y que nombran al hijo de Clemente con una gitana como su heredero legítimo.
Al oir eso, el Barón y el comprador y sus hombres abandonen al balcón (y, se supone, al castillo), dejándoles solo a
Rudolfo y Dino. Todavía seguro que terminará el "ganador," Rudolfo admite al Agente que él ya sabe de los documentos
que tiene, pero ellos no comprueban a que Renzo sea este hijo de que hablan. En este momento, Zokka también llega a
galope junto con todos los gitanos. Ella trae un medallón con el sello de los Farnesio que el Clemente había entregado
a los gitanos cuando nació Renzo en confirmación de él ser el heredero de Farnesio.
Ahora Rudolfo realize que ha perdido –públicamente— cualquier posibilidad de continuar insistiendo que Renzo no es el
heredero legítimo, pero sigue determinado de no ser derrotado por Renzo. Arrogantemente, Rudolfo baja al patio y avance
hacia su rival odiado mientras saca su espada; por su parte, Renzo apea y saca a su propia espada. Los dos hombres se
circulan y amenazan el uno al otro; Rudolfo dice a Renzo que Adriana nunca será suya y Renzo le recuerda a Rudolfo de
cómo él (Renzo) se había asegurado que Rudolfo jamás ovidería de su primer encuentro (refiriendose a la cicatríz larga
y muy vívida que trae Rudolfo en la cara). Comienzan a pelear furiosamente, mientras por sus partes el Agente,
sus guardias, y los gitanos todos combaten conta los escuderos de Rudolfo.
Mientras la batalla continúe furiosamente en el patio, Isa –quién todavía está vestida en su ropa de la boda (que ahora
esta todo ensuciado y rasgado) y ahora trae una pistola— se entre en la habitación de Adriana. Toma apunta a Adriana,
pero es distraída momentáneamente por los sonidos de la batalla. Cuando aparta la mirada hacia la ventana, Adriana toma
la oportunidad para quitarle la pistola de la mano con un golpe, y la pistola cae al suelo. Enloquecida, Isa se precipita
sobre Adriana y las dos mujeres luchan hasta que Patricio entra de golpe. A la fuerza separe a las mujeres, y se tira a
Isa por un lado. Tomando la mano de Adriana, él y ella salen corriendo sin ni siquiera parandose para recoger a la pistola
(¡idiotas!). Isa recupera pronto, agarra nuevamente la pistola, y sigue rapidamente tras ellos. Adriana y Patricio
llegan a un jardín pequeño, pero de repente los pies de Adriana enredan en sus faldas y ella cae al suelo, tirandose
también a Patricio (quien todavía la tiene por la mano). Mientras tratan de ponerse a pie para continuar su fuga,
Isa alcanza la pareja, nuevamente toma apunta a Adriana y esta vez logra estirar el disparador. Patricio se tira
desesperado enfrente de Adriana para protegerla, pero Isa esta lo suficiente cerca a los dos que la bala hiere a
los dos (parece que pasa por medio de Patricio antes de terminar en Adriana). La pareja cae al suelo, los dos sangrando
libremente. Isa queda parada, como estupificada. Pero antes de que puede intentar algo más, Dino llega. La tira sobre
su hombro como una bolsa de harina, y se marcha con ella protestando y pegándole.
La grieta de la pistola hace que todos los peleadores en el patio se inmovilizan –incluyendo a Rudolfo y Renzo. Aunque
él había ganado la ventaja, Renzo inmediatamente abandona la pelea y va corriendo desesperadamente hacia el sonido,
sólo para tener realizados a sus temores más terribles al llegar y verle a Adriana tirada como muerta junto a Patricio,
los dos rodeado por sangre. Mientras Renzo abraza a Adriana y frenéticamente la dice que él la ama, ella no puede morir,
ella tiene que vivir, Rudolfo, su cara una máscara implacable, se escabulle calladamente en hacia el interior del
castillo donde entra el corredor secreto en el cual él había encerrado a su tío y el gitano Nicola.
Sergio abraza a Patricio, quien está mortalmente herido y lucha para el aliento que necesita para contarle su a hermano
que María está presa en los sótanos del Castillo. Por fin Adriana muestra señales de ser viva, murmurando "Mi hijo,
mi hijo," y suplicando a Renzo que no se permite que Isa escape ya que Isa sabe en dónde está su bebé. El Agente y
algunos de sus guardias llegan y anuncian que a pesar de haber buscado por todo el castillo, no dieron con el escondite
de Rudolfo. Entonces el Barón llega y dice que los coches estan listos para llevarlos a Adriana y Patricio al hospital
del convento. Adriana hace una esfuerza estrechando su mano para tocarle al Patricio, quién apenas logra decirla que él
es feliz que ella haya encontrado por fin al padre de su hijo y que Dios la bendiga antes de morirse en los brazos de
Sergio (todos sollozan con mucha angustia). Luego Renzo por fin se da cuenta que Rudolfo ha logrado escapar. Después
de tiernamente colocando a Adriana en un coche, Renzo y una tropa compuesto de los gitanos, el Barón, y el Agente y
sus guardias se dirigen hacia el bosque para buscarle a Isa y rescatar al bebé.
Mientras Sergio y Martín libran a María de su céldula en el sótano (todos llorando del contento y alivio; María no puede
creer que por fín va a poder estar con su esposo...), Isa y Dino llegan al bosque, donde tienen un desacuerdo muy serio
provocado por Dino cuando intenta abrazarla y besarla a su amada. Isa no puede contener más a su repugnancia y ante su
insistencia termina revelandole a Dino sus verdaderos sentimientos hacia él. Enfurecido por esta traición, Dino la ataca,
tirandola al suelo donde la mantiene puesto a la fuerza por tirarle a si mismo encima de ella. La dice que ella ya le ha
sido suyo y que siempre sería suyo. Ahora es ella que está furiosa al realizar lo que está diciendo. De repente, Isa
cambia sus tácticas y, fingiendo cariño hacia él, le alenta a Dino que la abraze. Pero al hacerlo, ella lo apuñala con un
puñal que él la mismo le dió(había alguna discusión acerca de esta tema en el foro y parece que estamos de acuerdo a
que él la abrazó aún sabiendo que le atacaría así). Ella agarra el pequeño cofre de validosos de Dino y lo abandona.
Con la intención de llevar a cabo el plan de Dino de hacerle a Renzo pagar una fortuna para rescatarle al niño, se va
corriendo a encontrarse con la ama que ha sido cuidando al Pedrito. Pero una vez que tiene al bebé, Isa está tan apurada
que no se preocupa por cuidar a sus pasos y corre directamente en un pántano. Confusada y no dispuesta a abandonarse
ni al bebé ni al cofre para major tratar de salvarse a si misma, Isa comienza a caer lentemente a su muerte...
Renzo y los demás hallan a Dino y, creyendole ya muerto, están a punto de continuar su búsqueda cuando Dino jadea el nombre
de Renzo. Oyendolo, éste inmediatamente se da vuelta y se arrodilla al lado del jorobado moribundo, quien chuchichéa
jadeantemente que Isa fue a obtener al bebé. Suplica a Renzo que la persigue y intenta hacerle prometer no lastimarla,
pero muere antes de que Renzo puede comprometerse. Todos separan en en bosque para buscarla a Isa y Renzo es el primero
en encontrarla. Ya está hundido hasta sus sobacos en el centro del pantano. Llamando al resto de los hombres, Renzo
se resbala cona una vid en un mano y con la otra estrecha para tratar de alcanzar a Isa y el bebé. El logra agarrar
el bebé y lo entrega a uno de los gitanos que acaba de llegar. Entonces Renzo dirige al hombre que le resbala para que
él puede inclinarse más para rescatar a Isa también. Pero ella ya es muy lejos y demasiado hundida y aunque él trata,
Renzo no non logra más que tocar los puntos de sus dedos con los suyos antes de que Isa se hunde completamente, con el
pequeño cofre de Dino agarrado fuertamente a su pecho.
En el hospital de convento, los medicos operan desesperadamente para salvar la vida de Adriana mientras Manina y Petra
observen, rezando, desde la puerta. Después de recuperar el conocimiento, Adriana se sienta en una cama en el hospital,
preocupada por su hijo. De pronto Renzo aparece en su puerta con el bebé acunado en un brazo. Ella estalla en lágrimas
del alivio cuando él tiernamente entrege el niño. Observando su alegría sincera e inconfundible al ser reunido por fin
con su hijo, los últimos vestigios persistentes de las dudas y los resentimientos que tuvo Renzo acerca de Adriana se
esfuman para siempre, y Renzo, superemocionado, le suplica a Adriana que le perdone. Tras sus lágrimas, Renzo comenta
con asombro que Adriana lleva el collar que él la había dado en la isla. Ella lo dice que sí, ya que aparte del bebé
("este pedacito del cielo”), el collar era la única cosa suyo que ella tuvo. Al mirarles más a Adriana y el bebé, se le
ocurre a Renzo que ella nunca le había dicho el nombre del bebé (“nuestro hijo...”). Cuándo ella contesta que le llamó
Pedro, por el Pedro Minelli, Renzo comenta que él hubiera querido que Pedro haya sabido ya que le hubiera gustado
(a Pedro). Adriana le cuenta que Pedro *sí* supo --ella le había dicho justo antes de su muerte; de hecho, Pedro se había
dado cuenta de toda la verdad acerca de Adriana, Isa, el bebé -- todo. Ahora algo defensiva, Adriana pregunta si Renzo
todavía cree que ella mató a Pedro. Él contesta que ahora sabe que Isa lo asesinó. Al oir el nombre de Isa, Adriana se pone
nerviosa de nuevo y, con actitúd a la vez protectiva y defensiva hacia su hijo, insiste que la tienen que hallar a Isa
porque tiene miedo que Isa tratará de lastimar nuevamente al bebé. Entonces Renzo la alivia por contar que Isa murió en
el pantano. Es profundamente conmovido cuando Adriana dice que Dios la perdone a Isa. Un tiempo después, Adriana despierta
otra vez a ver que Manina está sentado a lado de su camita con Pedrito teniendo sobre sus piernas. Cuándo Adriana pregunta
a Manina si ella había visto al padre del bebé (ella no dice el nombre "Renzo," solo dice 'el padre de mi hijo' o algo
por el estilo), Manina contesta felizmente que su hijo había vigilado a Adriana durante toda la noche y revela que
este hijo es nada más ni menos que Renzo. Adriana queda asombrada.
En el mercado de Villa Florencia, Isolda encuentre con Astrid, quien ahora está algo harapienta y sucia.
Trate de insistir que Astrid viene a vivir con ella en la taberna, en donde por lo menos Isolda la podría cuidar,
pero ahora que no le queda más que el orgullo y el resentimiento, Astrid niega la invitación de su antigua colega
y se va, caminando algo vagamente.
Luego, en el jardín del castillo, Sergio dice a Martín que Renzo los había invitado a él, Martín y María a permanecer un
tiempo con él en el Castillo Minelli. Martín contesta calladamente que Sergio y María deben hacer así pero que él,
Martín, volverá a su choza vieja en la playa para reflejar sobre sus pecados.
Mientras Adriana se recupera, los soldados del Príncipe Regente sigan buscando a Rudolfo por todas partes; Sergio muy
apendado, junto con María y Martín, asisten al entierro humilde de Patricio (oficiado por Fray Quintín); y Renzo
se disculpa a Zokka y Bernal -dos otros que él había lastimado durante su persigo ciego de la venganza. Primero él
dice a Zokka que es muy arrepentido por no haberla escuchado cuando ella trató de decirle que Adriana lo amaba y
que ella fue rodeado por gente que trataban de lastimarla y mantenerlos separados. Cuándo agrega desanimadamente que
Adriana todavía rehusa verlo, Zokka le indica que aunque los corazones de él y Adriana se pertenezcan el uno al otro,
la que sufrió más era Adriana: Ella tuvo que confrontarles a todos -¡sola!- para defender su amor. Zokka añade que Renzo
tiene que seguir intentando, tiene que luchar como un gitano para recuperar su amor.
Ya vuelto al Castillo Mineli y vestido de nuevo en su ropa de Conde, Renzo le cuenta todo la historia a Bernal y pide
su perdón por haber rehusado tercamente escucharle cuando él (Bernal) había tratado de decirle que estaba seguro que los
papeles que Adriana le dió a Renzo eran genuinos. En respuesta, Bernal comenta que él siempre había notado lo mucho que
Renzo se parece a su antiguo amo Clemente, así que cuando los papeles hablaban de un hijo y heredero, él nunca dudó
a que Renzo era ese hijo. Al oirle nombrar a Adriana, Renzo comenta a Bernal también que ella no lo quiere ver, al cuál
Bernal indica suavemente que el tratamiento de Renzo hacia Adriana la había causado muchísimo sufrimiento. Agrega que
Adriana se había acercado a Renzo varias veces y él siempre la había rechazado con insultos y desprecio. En este momento,
el agente del Príncipe Regente llega para avisarle a Renzo que a pesar de buscar cada día más lejos durante estas
semanas, aún no podían dar con el escondite de Rudolfo. Algo tentativo, Bernal sugiere que en vez de buscar aún más
lejos, quizás ellos deben intentar en algún lugar más cercano. Renzo se da cuenta inmediatamente a que refiere Bernal
–el pasaje secreto del Castillo Farnesio— y todos se dirigen rapidamente hacia el castillo. Allí descubren que la
puerta secreta está cerrado por adentro. Rompen a la puerta y, cerca el fondo del pasaje, se topan con Rudolfo,
apenas vivo, tendido al lado de los cuerpos de su tío y de Nicola (el postrero todavía encadenado a la pared, tal y
como lo había visto Renzo la noche de su fiesta enmascarada). Al reconocerle a Renzo, Rudolfo logra chuchichear
que él debe de haberle matado a Renzo él mismo, y muere.
Poco después, en el jardín de la Casa Astolfi, Petra le cuenta a Adriana que Rudolfo ha muerto. Cuándo Adriana
observa que ella no puede creer que por fín se acabó todo, Petra indica que Pedrito necesita a un padre. Adriana
dice que no está segura de que se puede permitir a Renzo entrar en su vida de nuevo, pero Petra dice en tono firme
pero dulce que Adriana necesita escuchar a su corazón. En este momento, Renzo aparece en la orilla del césped.
Él esta vestido en su ropa gitana, y atrae la atención de Adriana por llamar en voz bajo el nombre que ella usó
cuando la conoció en la isla y se enamoró de ella, "¡Luna!". Con Pedrito tendido en sus brazos, ella se levante y
camina hacia él mientras él la mira con anhelo. Ella para apenas fuera de su alcance, y queda allí, mirandolo sin decir
nada. Renzo abre la boca como para decir algo, pero ella le dice que no habla. Mirandose fijamente, Adriana sigue
parada con Pedrito todavía en sus brazos, mientas Renzo, sin decir nada, se acerca hasta poder besar su boca
tiermanente. Al sentirla responder a su caricia, el abraza felizmente a Adriana y su hijo, todos juntos por fin.
Ahora estamos de nuevo en la misma iglesia en donde Adriana se había "casado" con Rudolfo el año anterior. Está festivamente
decorada con flores y cintas, y los bancos estan llenos de todos los amigos y las “familias” de Renzo y Adriana
–gitanos, la nobleza, los pescadores y los ciudadanos—todos mezclados felizmente. Renzo, en su ropa de Conde Minelli
más fina, espera al lado del altar, junto con el Fray Quintín. Los dos hombres sonríen contentos al verle a Adriana
–sonriente, en un vestido blanco hermoso con un tren largo— caminando lentamente hacia ellos, saludando felizmente a
todos. Esta boda está el opuesto total a la con Rudolfo: Aunque Adriana lleva puesto un velo, lo tiene por atrás
y no cubriendo su cara, para que todos pueden ver su alegría; la novia y el novio sonrien cariñosamente el uno
a la otra; permanecen tomados de manos durante mucho de la ceremonia, hablan con gusto e intercambian los anillos
con amor y reverencia (Recuerda que Rudolfo casi forzó su anillo en el dedo de Adriana, y puso el suyo él mismo).
Al terminar la ceremonia, todos aplaudan, y Manina, en su ropa gitana más fina, se acerca a la pareja feliz y les
entrega Pedrito.
Un poco después, todos –los nobles, losgitanos, etc, hasta el Fray Quintín y el agente del Príncipe Regente— han ido
al campo gitano, en donde se ha puesto una carpa grande con los lados abiertos. Renzo y Adriana están en traje gitano
(Adriana lleva puesto la misma ropa que tenía en el medio sueño que tuvo Renzo la vez que visitó a los gitanos después
de convertise en “Conde Minelli” y estaba bailando con Zokka). Todos miran felizmente mientras uno de los gitanos
valida la unión de “Hermano Renzo y Hermana Luna” en una ceremonia gitana con sal y vino. Al terminar la breve
ceremonia, los músicos gitanos comienzan a tocar y todos se ponen a bailar, beber vino, comer, festejar,
y abrazarles uno al otro mientras los créditos desarollan por la última vez.
FIN.
