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capitulo 5:

May 25 2004 at 7:51 AM
mauricioislasclub  (no login)



Alberto celebra su 17 cumpleaños en el aula donde las chicas de la clase le han sorprendido con un regalo. Le han regalado unos originales calzones con un simpático estampado y con una bolsita muy larga para meter el colgajo masculino y todo acompañado de unas letras que ponen: ”más vale que sobre que no que falte...” Alberto lo recibe con una sonrisa encantadora. Con el regalo va una postal gigante en la que han firmado todas las chicas. Adriana, por supuesto, es una del grupo. La pareja se mira con complicidad. Una a una dan sendos besos en la mejilla al guapo gitano. Ni él ni Adriana se dicen nada pero se miran de una manera especial. Tomás agarra los calzones y dice divertido:
--esto tendría que ser para mi, A Alberto ya ni le llega a la bolsa pero a mi me van pequeño... ¿no? Alfonsina...
La amiga de Adriana lo mira con mala cara y dice hiriente:
--pues aquel día te la dejarías en casa...
Todos se ríen, Tomás se va muy molesto... Alberto da gracias a las chicas por el regalo pero en realidad solo tiene ojos para una, para Adriana.

En la hora del recreo, Alberto enseña con orgullo el regalo de sus compañeras a todos. Jose y T0omás están con él.
--seguro que eso ha sido idea de la cualquiera de Adriana, seguro que si tú quieres hoy te acuestas con ella... --Tomás.
--A mi déjame tranquilo y preocupa de tus cosas, menuda plancha con Alfonsina, así aprenderás a respectar a las mujeres... Prefiero que no me des consejos... --Alberto.
Tomás no dice nada pero lo mira molesto.
--Tú lo que tienes que hacer es olvidarte de esa niña y fijar tus ojos en alguien como Mercedes, te está mirando con mucha rabia... --Jose-- le dan celos que las chicas de la clase te hagan regalo...
--ese es su problema, yo no le he dado esperanzas... No me interesa como mujer, no quiero nada con ella.. --dice Alberto suspirando y pensando en Adriana.
A Mercedes le duele que ni la mire.

En la noche, después de ducharse, Alberto se pone esos calzoncillos que le van bastante grandes. Se mira al espejo divertido.
--¿Será verdad que lo del regalo ha sido idea de Adriana...? ¿le gustaré tanto para llegar hasta el final?
Se mira y se siente inseguro:
--no soportaría que me rechazara, que me creyera un mal tipo... No creo que nunca me atreva yo a dar el primer paso... Si ella se atreviera... si ella hiciera algo que me indicara que no me va a decir que no...
El chico piensa en los labios de la joven y se estremece todo.

17 de diciembre de 1991 (martes)
Mi Alberto ya tiene 17 años. Es todo un hombre. Me enteré de que hoy es su cumpleaños y quería hacerle algo especial porque es un chico encantador y se lo merece todo pero me daba cosa proponerlo... Se lo insinué a Alfonsina y ella habló con las otras chicas y le compró el regalo... Cuando he visto esos calzoncillos con la bolsa tan grande para la trompa... casi me muero del susto. Todos los chicos se le han reído y él ha sonreído con una sonrisa encantadora. Tal vez me estaré volviendo loca pero yo creo que me miraba a mi, yo creo que se ha creído que era una indirecta de mi parte aunque Alfonsina dice que me lanze yo me muero de la pena... No quiero que él se crea que soy una cualquiera... Si es por mi nunca pasará nada entre nosotros... él es tan tímido pero estoy segura que él, que puede elegir entre todas, nunca me elegiría a mi.

Esa misma semana finaliza el trimestre. A Alberto le quedan ocho, a Adriana tres.
--esta noche es la fiesta, ¿vendrás? --dice el nervioso.
--sí y con coche... Me llamaron de la auto-escuela, esta tarde ya puedo ir a recoger el carné...
Los dos se miran con complicidad. La pareja sabe que se enfrentan a unos días en los que, a no ser que se atrevan a hablarse de sus sentimientos, no se van a ver. Los dos desean que sea el otro el que tome la iniciativa.

Adriana llega a la fiesta, va sencilla pero llamativa. Está muy nerviosa. Alberto está en la fiesta de hace rato. Ella lo busca con la mirada pero no lo ve. Él estaba muy atento y en cuento la joven pisa el recinto el guapo gitano se le acerca. El sentirse el uno al lado del otro hace que los jóvenes se estremezcan y sonríen felices.
--¿bailas? --pregunta él con timidez.
Ella dice que sí. “Bailar pegados” de Sergio Dalma es la canción que está sonando en ese momento y Alberto pega el cuerpo de la joven al de él. No dicen nada pero sus corazones laten con más fuerza que nunca. Los dos bailan ajenos a las inquisitorias miradas de Jose y las envidiosas miradas de Tomás. La siguiente canción es una más marchosa y Alberto seduce a Adriana con seductores y provocativos movimientos. El chico lleva esos jeans negros que a ella la enloquecen y lo devora con deseo. Él cuerpo de él grita el nombre de ella, arde en deseos, le está suplicando que le diga algo... Adriana no puede más y se lo juega todo a una última carta. Se deja llevar y abraza de una forma salvaje al chico y le obsequia con un explosivo beso en los labios que lo deja en shock. Hay un momento de silencio, Adriana teme que él la desprecie, Alberto no dice nada ya que está que se muere, no se puede creer que esto haya pasado en realidad. Tiene el rostro desencajado por la emoción.
--Yo... lo siento... no te quería molestar... --dice ella nerviosa.
Él la agarra de la mano y se la besa feliz:
--¡no, no sí yo es lo que quería... lo que pasa es que no me lo esperaba... supongo que eso quiere decir que te gusto ¿no?
Ella hace que sí con la cabeza. Él sonríe. Los dos se sienten increible. Alberto la toma de la mano y se la lleva a un rincón de la fiesta. La respuesta de él es su segundo beso más intenso que él anterior y es que el gitano le ha agarrado el gusto y tiene prisa en aprender. No dice nada, jadea. El corazón de los dos parece que les va a salir de la garganta para meterse uno en el cuerpo del otro. Él acaricia la mano de ella, aún no está seguro que lo que ha pasado sea lo que él cree.
--¿en que piensas? --le pregunta ella.
--¿y tú?
--En ti, te quiero... Estoy enamorada de ti, estoy locamente enamorada de ti.
Él sonríe y muy dulcemente dice:
--yo también estoy enamorado de ti.
La pareja se sonríe feliz y se vuelven a besar. Él se levanta con la joven tomada de la mano y los dos juntos empiezan a caminar.
--Vamos a un lugar más intimo... ¿quieres? --dice él excitado pero nervioso-- es el momento de dar esa vuelta en tu coche que me tienes prometida.
Ella dice que si muy contenta y los dos dejan la fiesta felices. Se acercan al coche de la joven. El paseo no es muy largo. Adriana al volante y Alberto al lado.
--vamos al descampado que ahí detrás del instituto... ahí estaremos tranquilos –dice él que tiene los ojos clavados en el escote y la falda de ella.
Aparcan el coche. Se miran con complicidad. Él la acaricia con deseo.
--eres tan bonita... ¿estos asientos se echan para abajo?
Ella dice que sí. Ella baja el asiento y él se le pone encima. Saca la brusa de la joven y se vuelve loco al verla en sostén, le acaricia los senos como un loco. Como una bestia se saca la camisa y mete la mano bajo la falda de la chica para arrancarle las bragas. Él jadea como un animal en celo. Ella desea estar con él pero no quiere que se envale ya que sabe que ninguno de los dos debe llevar preservativos.
--vamos a hacerlo... vamos a hacerlo ahora... quiero que mi primera vez sea contigo... --jadea él.
La boca de Alberto se pierde entre los senos de la joven y a mordiscos le quiere sacar el sostén, mientras su mano está en la falda de ella.
--no me digas que no... quiero dejar de ser virgen... quiero estrenarme contigo... ¿es que no te gusto?
Él se lo suplica desesperado.
--¿tienes preservativos?
--no importa, no importa –jadea él mientras le va bajando las bragas a ella y se vuelve loco al poder acariciar su sexo.
Ella le da un golpe en la mano. Insiste en tomar precauciones..
--No me hagas esto –dice desesperado.
Ella lo mira con ternura.
--Vamos a hacer el amor, pero bien... tenemos que cuidarnos...
Desesperado pero excitado por la promesa de ella, Alberto se pone la camisa.
--Tomás siempre lleva encima... no te vayas... --jadea él.
Ella lo besa y seductora le dice:
--aquí te espero...
Alberto va corriendo hacia la fiesta muy alterado. Alberto vuelve a la fiesta como loco. Entra a empujones y jadeando por las prisas y el deseo. Se acerca a Tomás y su primo a los que dice sin vergüenza:
--¡condones... quiero condones¡
--¿para que quieres eso? No hagas ninguna locura –Jose.
--¡por favor... ya estaba apunto pero ella dice que sin goma nada de nada –jadea Alberto.
--no lo hagas, no te enredes con esa tipa –Jose.
Tomás mira con complicidad a Alberto y le da unos cuentos.
---ya te dije que yo que esa te convertía en hombre cuando tú quisieras...
Alberto no escucha ni los consejos de su amigo ni los reproches de su primo. Con los preservativos en la mano, el gitano se va a empujones y con prisa como llegó. No puede abrir la puerta del coche, Adriana le abre pidiendo que se calme y le abre ella. Alberto se sienta al lado de la joven y enseña lo que le ha dado su amigo jadeando. Ella no dice nada, se desabrocha el sujetador y le muestra sus pechos desnudos él se los besa como un loco. Ya no hay quien lo pare. Se baja los pantalones y los calzoncillos hasta los pies y se pelea para abrir un preservativo. Su aparato ya está apunto, los dos están muy excitados. Adriana le acaricía ahí y él siente que se rompe. Alberto se cubre nervioso, le da miedo no dar la talla. Luego se lanza sobre la joven para la penetración. Él es un poco torpe pero los dos se complementan a la perfección. Ella le ha sacado la camisa y le agarra la espalda con fuerza... hasta lo arraña. Después de la explosión, él cae en el asiento de al lado retorciéndose de placer. Se queda un buen rato así, está como en shock.
--ha sido la mejor experiencia de mi vida –jadea.
Ella lo mira contenta.
--para mi ha sido un sueño... estar contigo es un sueño...
Él la mira emocionado, aún no tiene fuerzas para decir nada. Está extasiado:
--¿de verás te gustó?
Ella lo acaricia con amor y le dice:
--te has portado como todo un experto...
Las palabras de ella lo animan. Se quedan un rato en silencio y es que él no puede dejar de jadear. Ella sonríe feliz de estar con él, feliz de haberlo hecho disfrutar. Los dos se sienten en una nube, ninguno de los dos puede creer que sea cierto que acaben de hacer el amor. Cuando él ya se ha tranquilizado un poco. Adriana quiere que hablen pero él está muy ansioso por descubrir todos los secretos del cuerpo de la joven, se arrodilla ante ella y le mete la cabeza bajo la falda. Él está muy enamorado pero además tiene mucha sed, sed de ella. Juega con el cuerpo de ella hasta que ya se ha recuperado otra vez y la mira con cara de bueno. Ella no dice nada, sólo le abre el preservativo y es ella quien se lo pone.


 

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