La madre está muy enfadada, Alberto está asustado. El padre lo mira con complicidad. Alberto no sabe que decirle a su madre.
Su padre se le adelante y le pregunta con complicidad:
--¿no me digas que has conocido una cualquiera? Si encuentras una mujer que no sé dé a respectar tú aprovechala que para eso eres hombre...
--¿¡pero cómo le dices eso al niño?¡ --madre.
--Alberto ya no es un niño y si encuentra a alguna guarra que se deje... --padre.
--¡Él se tiene que casar con una gitana...¡ --madre.
--claro que sí pero bien se tiene que divertir y aprender antes y eso solo puede hacerlo con una paya... tú deje a los hombres actuar... Alberto se casará con una de nuestra raza pero es hombre y las payas están para eso, deja que se divierta...
Alberto quiere defender su amor por Adriana pero no se atreve. Su padre se le acerca y con complicidad le pregunta:
--¿y que hijo?¿ya eres hombre?¿ya conoces a las mujeres?
La madre se escandaliza y no los deja seguir hablando. El padre de Alberto lo mira con orgullo.
Adriana se enfrenta a su padre que mira con desprecio la rosa que lleva.
--¡ya sabía yo que te estabas revolcando con cualquier desgraciado¡
La madre saca la cara por su hija:
--¡No tiene nada de malo que tenga novio... seguro que es un buen tipo...¡
Adriana deja a sus padres solos discutiendo. A media tarde se prepara para salir. Se arregla. Su madre entra.
--yo hablaré con tu padre, no te maquilles mucho... Dile que vas a ver a mi abuela... No quiero que te enfrentes con él... Ten prudencia, hija...
--Alberto es muy buen tipo, seguro que te gustaría... Ahora estoy segura...
--me gustaría conocerlo...
--claro que sí...
Al anochecer, Alberto vive su segunda vez, en día diferente, con más emoción que la primera. Después de un nuevo encuentro en el mismo lugar que el primero, la pareja habla mientras se van arreglando la ropa jadeando.
--¿así no es seguro que puedas ir al viaje? –le pregunta él.
--mi madre me dijo que sí si aprovaba pero ahora las cosas no están muy bien...
--sería divertido que fuéramos juntos...
--Sí pero los de letras vamos a París y los de ciencias a Alemania...
--Podríamos arreglarlo... a lo mejor nos podemos cambiar, o tú vas al mío o yo al tuyo...
--Después de las vacaciones hablo con mi madre y a ver...
Los dos se sonríen y se besan.
Alberto está en mataró, ha ido a ver a Tomás.
--me lo tienes que contar todo, con lujo de detalles.
--No que luego tú lo largas... --Alberto
--Entre amigos no secretos de eso para algo yo te di tus primeros condones...
--Para eso te he llamado... Necesito más condones...
--Oye que té di un montón... ¡que fieras¡ no me digas que te los gastaste todo en una sola noche, ¡que viciosos...¡
--bueno es que este fin de semana nos hemos seguido viendo y lo hemos hecho cada día... No me ha dicho que siempre vaya a ser así pero quiero estar preparado...
--¡si es que yo lo sabía, tiene cara de zorra¡
Alberto se le agarra del cuello:
--¡Adriana es mi novia, quiero que la respectes¡
Tomás lo mira con ironía:
--¿y ya lo sabe tu familia?¿Jose?¿?donde quedó eso de que no se puede tener nada serio con una que no sea de tu raza...?
--Nadie lo sabe, a Jose se lo diré luego...
--No seas tonto... Adriana es una regalada, no te metas en broncas por ella... disfrutala hasta que te canses... Si ya te acostaste con ella ¿para qué vas a tener algo serio con ella?
--¡eres un cerdo... fue un error llamarte¡
Alberto está molesto se iba a ir pero Tomás le agarra del brazo y le dice:
--era broma, no te enfades... ¿para qué me has llamado?¿necesita condones? No creas que a mi me lo regalan...
--no es eso, es que no sé donde se compran, además me da vergüenza pero no quiero que ella crea que soy un tonto si no llevo...
Tomás se le ríe y dice:
--para eso están los amigos... yo te llevo a donde los compro yo... están acostumbrados a venderlos... si actuas con naturalidad no te van a decir nada...
Los dos se sonríen con complicidad y se van juntos.
Para celebrar que hace una semana que hicieron el amor por primera vez, Alberto le da una rosa a su chica.
--hace una semana que me diste el regalo más hermoso... hacer el amor ha sido lo mejor que me ha pasado, gracias por complacerme. Hacer el amor contigo todos los días es un sueño... es muy importante para mi, pero no quiero que pienses que es lo único que me importa de ti...
Ella lo acaricia y lo besa.
--ser tu chica, tu amiga, tu amante, eso es lo que quiero ser siempre... No es solo tú a quien le da gusto hacerlo todos los días...
Los dos se miran con complicidad.
--¿vamos? se preguntan mutuamente.
Los dos se sonríen y entran en el coche.
Y llega la última noche del año. Como la bisabuela de la joven está sola y para que sus padres no la controlen, Alberto y Adriana toman las uvas con la anciana que está encantada. La mujer le da la bendición a la pareja. Doña Casimira queda encantada con Alberto pero él nota que lo mira demasiado y eso le pone nervioso. Cree que se ha dado cuenta que es gitano y se lo dirá a Adriana. La anciana ve tan feliz a su nieta que no le importa nada más aunque sí de da cuenta que el joven no pertenece a su raza. Adriana y Alberto a las 12 en punto comen lo que ellos llaman las uvas del amor. Él se las da a ella y viceversa. Él se las acaba pero ella las escupe encima de su chico. Los dos se sonríen y se dan un discreto beso. Luego se besan con discreción para que el año nuevo les dé más felicidad de las que tienen ahora. Alberto tiene que llegar no muy tarde a su casa y así que cuando la anciana se va a dormir, Adriana acompaña a su amado hasta el pueblo de abajo, Vilassar de Mar. Como aún no es muy tarde, la pareja baja a la playa. Aunque ya han hecho el amor esa tarde en el coche, Alberto quería repetirlo pero no puede ser ya que hay demasiada gente. Eso sí, pasen por la orilla tomados de la mano y se besan apasionadamente con las estrellas y la luna como testigos de excepcion.
Como regalo de reyes, Adriana obsequia a Alberto con un bonito reloj. Él la mira muy sorprendido.
--No lo puedo aceptar... Es muy regalazo... Te habrá costado mucho...
--Ni tanto, pero tú te lo mereces... Si no lo aceptas me voy a enfadar... --dice ella poniéndoselo.
--pero es que yo no te he podido comprar nada... Te había traido esto... era mio de cuando chico...
Ella lo mira ilusionada. Es una piedra atada a una cuerda, ella no lo sabe pero es un amuleto gitano.
--Es precioso... seguro que me dará muerta suerte...
--¿de verás te gusta?
--Me encanta porque es un regalo tuyo... tú has sido mi mejor regalo... te quiero tanto...
--y yo a ti...
Los dos jóvenes se besan.
--¿de verás te gustó mi regalo? --dice él.
Ella le pide que se lo ponga mientras le dice que le encanta.
--No tienes que ponértelo si no te gusta...
--claro que sí, así cuando no estés a mi lado igualmente te sentiré cerca.
Alberto se lo pone muy contento.
--igualmente no debiste gastar en mi. No quiero que me hagas regalos caros... --él.
--es que me hacía ilusión, pero tranquilo que no lo volveré a hacer... tampoco tengo con qué...
Los dos se sonríen y se besan.
8 de enero 1992(miercoles)
Ha sido la navidad de mi vida. Soy tan feliz al lado de Alberto. Hemos estado casi todo el día juntos, hemos hablado, nos hemos querido, hemos hecho el amor... Lo quiero tanto. Pero en fin, la realidad a su lado tampoco es mala. Alberto y yo somos inseparables. Lástima que no podamos estar en todas las clases juntos. Tomás me ha cedido su sitio para que pueda estar al lado de mi chico. Cuando no tomamos apuntes nos acariciamos las manos bajo las mesas. Es fantástico. Entre clase y clase nos la pasamos besándonos y riéndonos. La felicidad es maravillosa. Hemos ido juntos a todos lados. Nos besamos muy apasionadamente cuando nos tenemos que separar porque tenemos asignaturas diferentes. Uno de los dos siempre ha llegado tarde ya que el otro siempre se espera a que venga el profesor... Es un sueño, un sueño del que no voy a despertar...
Adriana y Alberto viven su vida ajenos a las miradas de Jose y Mercedes. A la salida de clase, después de que la pareja se separe, alguien se acerca a Adriana, es Mercedes.
--¿¡se puede saber tú lo que haces con un amuleto gitano?¡ --le pregunta Mercedes intentando agarrar el colgante que le regaló Alberto a Adriana.
Adriana protege su regalo, no entiende el enojo de la chica:
--bueno, es un regalo de mi novio.
Mercedes se le ríe:
--¿¡novio?¡ Los gitanos nunca salen con una paya... Alberto nunca tendría nada serio contigo, lo que pasa es que él respecta a las mujeres de su raza por eso se divierte contigo...
--¿¡de que hablas?¡
Mercedes la mira divertida y le dice hiriente:
--¿a caso tu novio no dijo que no sois de la misma raza? Alberto es gitano...
Adriana está desconcertada.

Amparo Arozamena - doña Casimira