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New York Times, miente de nuevo sin rectificar

September 29 2007 at 1:02 PM
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Este articulo del New York Times de hace varios dias, se publico hoy en español en el periodico Fort Lauderdale Sun Sentinel en el condado de
Broward en la Florida.

Y como es costumbre del New York Times, publican mentiras y no rectifican.

Destaco del articulo solo una:

...." El sacerdote declaró en una entrevista que la iglesia no le ordenó testificar y que no hablaba a nombre de ella...."

Capitanio si dijo que pedia perdon a nombre de la iglesia, y a buen entendedor pocas palabras no?

Vean:


“Pido perdón en nombre de la Iglesia”

Lo dijo el sacerdote Rubén Capitanio; fue compañero de seminario del ex capellán y ex colaborador de las Madres de Plaza de Mayo

http://www.lanacion.com.ar/politica/nota.asp?nota_id=942757&pid=3169853&toi=5256
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From the South Florida Sun-Sentinel
IGLESIA ARGENTINA ENFRENTA EL PASADO DE LA "GUERRA SUCIA"
Caso de sacerdote podría mostrar íntima relación entre algunos prelados y los torturadores
Por ALEXEI BARRIONUEVO
THE NEW YORK TIMES
29 de septiembre, 2007
LA PLATA -- Con una simple cruz de madera colgada al cuello, el reverendo Rubén Capitanio se sentó ante un micrófono el 17 de septiembre e hizo lo que pocos sacerdotes argentinos se habían atrevido a hacer antes que él: condenar a la Iglesia Católica por su complicidad en las atrocidades cometidas durante la "guerra sucia" en Argentina.

"La actitud de la iglesia fue escandalosamente cercana a la dictadura" que mató a más de 15,000 argentinos y torturó a decenas de miles más, declaró el sacerdote ante una comisión de tres jueces en esta ciudad, "hasta tal grado que diría que podría alcanzar un nivel de pecado". La comisión intenta decidir el destino del reverendo Christian von Wernich, un sacerdote acusado de conspirar con los militares y que se ha convertido para muchos en un poderoso símbolo del papel de la iglesia.

La iglesia "fue como una madre que no cuidó de sus hijos", añadió Capitanio. "No mató a nadie, pero tampoco salvó a nadie".

La admisión de mea culpa de Capitanio surge casi un cuarto de siglo después de que la junta fuera derrocada en 1983 y la democracia fuera restablecida. Sin embargo, de alguna forma, ocurrió en el momento adecuado. Por medio del juicio de Von Wernich, Argentina confronta finalmente el oscuro pasado de la iglesia durante la guerra fría, cuando, algunas veces, apoyó la persecución del ejército contra opositores de izquierda.

Ese pasado sale a la luz en un gran contraste con el papel que tuvo la iglesia durante las dictaduras en Chile y Brasil, donde sacerdotes y obispos condenaron públicamente a los gobiernos y trabajaron para salvar a los perseguidos de la tortura y la muerte.

Oficialmente, la iglesia ha mantenido su silencio durante el juicio de Von Wernich, aun cuando sabía con semanas de anticipación que Capitanio fue llamado a testificar por el tribunal. El sacerdote declaró en una entrevista que la iglesia no le ordenó testificar y que no hablaba a nombre de ella.

Von Wernich trabajó como capellán de la policía durante la dictadura de 1976 a 1983. Posteriormente, escapó a Chile y fue hallado en 2003 en la ciudad costera de El Quisco por un grupo de periodistas y defensores de los derechos humanos. Trabajaba como sacerdote bajo el nombre de Christian González.

Cerca de tres meses de testimonios en el juicio, en algunos casos escalofriante, ilustraron hasta qué grado algunos sacerdotes trabajaron estrechamente con líderes militares durante la guerra sucia. Varios testigos contaron cómo Von Wernich estuvo presente durante sesiones de tortura en centros de detención clandestinos. Afirmaron que los clérigos obtenían confesiones para ayudar a los militares a descubrir supuestos enemigos, al tiempo que ofrecían palabras de consuelo y, tal vez lo más cruel, esperanza a los familiares que buscaban a seres queridos secuestrados por el gobierno.

Su abogado, Juan Martín Cerolini, dijo que Von Wernich es un "chivo expiatorio católico" para aquellos que desean enjuiciar a la iglesia. "Los testigos no afirmaron que torturó, secuestró o asesinó", aseguró Cerolini durante una reciente entrevista. "Nadie dijo que participó en algún acto de tortura".

El testimonio en el juicio terminó el 13 de septiembre. Una comisión de tres jueces leerá los documentos en el registro antes de reunirse para decidir el destino de Von Wernich, una decisión no esperada antes de octubre. Es acusado de estar involucrado en siete homicidios y 42 casos de secuestro y tortura. Podría ser condenado a prisión de por vida en caso de ser hallado culpable, aunque muchos esperan que el sacerdote de 69 años de edad sea sentenciado a vivir el resto de sus días bajo arresto domiciliario.

Von Wernich se ha negado a testificar; se presentó solamente algunas veces durante los procedimientos a petición de los jueces que buscaban aclarar los testimonios de otros testigos. En esas presentaciones, vistió un chaleco a prueba de balas y se sentó detrás de una pantalla de cristal.

No hay muchas dudas de que los defensores de los derechos humanos esperan convertir a Von Wernich en un ejemplo. Hernpan Brienza, un periodista que ayudó a localizar al sacerdote en Chile y escribió un libro sobre el caso, dijo creer que aproximadamente otros 30 sacerdotes argentinos, algunos ya fallecidos, pudieron haber sido enjuiciados por acusaciones sobre derechos humanos por su participación en torturas. No obstante, Brienza afirmó que, si Von Wernich es hallado culpable, probablemente sería el último en ser juzgado.

El juicio contra Von Wernich se lleva a cabo mientras los vecinos de Argentina siguen sacando a la luz violaciones contra los derechos humanos por parte de sus dictaduras.

En Brasil, el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva divulgó el mes pasado un informe de 500 páginas — resultado de una investigación de 11 años — que buscó información acerca de los casos de opositores del gobierno que fueron asesinados o fueron "desaparecidos" por fuerzas de seguridad del estado de 1961 a 1988. Se sabe que más de 350 personas fueron asesinadas.

Asimismo, el mes pasado, en Chile, una corte anunció que llevaría a juicio a un sacerdote católico, Luis Jorquera Molina, por su supuesta participacion en los asesinatos de 26 personas de la oposición en octubre de 1973, al inicio de la dictadura del general Augusto Pinochet.

No obstante, en Argentina existía una relación más estrecha entre el clero y el ejército de la que existía en Chile y Brasil. "El patriotismo llegó a ser asociado con el catolicismo", señaló Kenneth P. Serbin, professor de historia de la Universidad de San Diego que ha escrito acerca de la Iglesia Católica en Sudamérica. "Así que era casi natural que el clero argentino saliera en defensa del régimen autoritario".

Esos días terminaron. Después de completar su testimonio, Capitanio se vio rodeado por un mar de ancianas pertenecientes a las Madres de la Plaza de Mayo, un grupo que ha presionado a sucesivos gobiernos argentinos para obtener respuestas desde que comenzó la guerra sucia en 1976. Vestían pañuelos blancos en el cabello con los nombres de familiares que desaparecieron. Enjugándose las lágrimas, asieron al sacerdote, negándose a permitirle salir de la corte sin besarlo en la mejilla y susurrarle su agradecimiento.

Capitanio dijo que sintió que se liberó de un enorme peso, y que no está solo.

Vinod Sreeharsha colaboró con reportes desde La Plata, y Andrew Downie desde Río de Janeiro


Copyright © 2007, South Florida Sun-Sentinel





 
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Articulo original en Ingles

September 29 2007, 1:12 PM 


September 17, 2007
Argentine Church Faces ‘Dirty War’ Past
By ALEXEI BARRIONUEVO

Send an E-Mail to Alexei Barrionuevo

http://www.nytimes.com/2007/09/17/world/americas/17church.html?_r=1&oref=slogin




LA PLATA, Argentina, Sept. 10 — A simple wooden cross hanging from his neck, the Rev. Rubén Capitanio sat before a microphone on Monday and did what few Argentine priests before him had dared to do: condemn the Roman Catholic Church for its complicity in the atrocities committed during Argentina’s “dirty war.”

“The attitude of the church was scandalously close to the dictatorship” that killed more than 15,000 Argentines and tortured tens of thousands more, the priest told a panel of three judges here, “to such an extent that I would say it was of a sinful degree.” The panel is deciding the fate of the Rev. Christian von Wernich, a priest accused of conspiring with the military who has become for many a powerful symbol of the church’s role.

The church “was like a mother that did not look for her children,” Father Capitanio added. “It did not kill anybody, but it did not save anybody, either.”

Father Capitanio’s mea culpa came nearly a quarter century after the junta was toppled in 1983 and democracy was restored. But in some ways, it occurred at just the right time. Through the trial of Father von Wernich, Argentina is finally confronting the church’s dark past during the dirty war, when it sometimes gave its support to the military as it went after leftist opponents.

That past stands in stark contrast to the role the church played during the dictatorships in Chile and Brazil, where priests and bishops publicly condemned the governments and worked to save those being persecuted from torture and death.

Officially, the church has maintained its silence throughout the trial, even knowing weeks in advance that Father Capitanio had been compelled by the tribunal to testify. The priest said in an interview that he was not ordered by the church to testify and was not speaking on its behalf.

Father von Wernich worked as a police chaplain during the dictatorship, from 1976 to 1983. He escaped to Chile but was found in 2003 in the seaside town of El Quisco by a group of journalists and human rights advocates. He was working as a priest under the name Christian González.

Some three months of often chilling testimony in the trial illustrated how closely some Argentine priests worked with military leaders during the dirty war. Witnesses spoke about how Father von Wernich was present at torture sessions in clandestine detention centers. They said he extracted confessions to help the military root out perceived enemies, while at the same time offering comforting words and hope to family members searching for loved ones who had been kidnapped by the government.

His lawyer, Juan Martin Cerolini, said Father von Wernich was a “Catholic scapegoat” for those who wanted to prosecute the church. “The witnesses did not say that he tortured, kidnapped or murdered,” Mr. Cerolini said in a recent interview. “Nobody said he participated in any act of torture.”

Calls to Father von Wernich’s home parish were not returned.

[Testimony in the trial ended Thursday. Now a three-judge panel will read documents into the record before convening to decide Father von Wernich’s fate; a decision is not expected until October. He stands accused of involvement in seven murders and 42 cases of kidnapping and torture. He faces life imprisonment if found guilty, though many expect the 69-year-old priest will be sentenced to live out his days under house arrest.]

Father von Wernich has declined to testify; he appeared only a few times during the proceedings at the request of the judges seeking clarification in other witness testimony. At those appearances, he wore a bulletproof vest and sat behind a glass screen.

There is little question that human rights advocates hope to make an example of him. Hernán Brienza, a journalist who helped find the priest in Chile and wrote a book about the case, said he believed that about 30 other Argentine priests, some already dead, could have been brought up on human rights charges for their involvement in torture. But Mr. Brienza said that if Father von Wernich was found guilty, he was likely to be the last to be tried.

Either way, Father Capitanio, a 59-year-old priest from the town of Neuquén who attended the same seminary as Father von Wernich, said he saw the trial as a noble effort. “There are some who think that this trial is an attack on the church, and I want to say that this is a service to the church,” he said in his final words to the tribunal. “This is helping us search for the truth.”

The von Wernich trial takes place as Argentina’s neighbors are also continuing to unearth human rights violations from their dictatorships. In Brazil, the government of Luiz Inácio Lula da Silva just last month released a 500-page report — after an 11-year investigation — that sought information about the cases of government opponents who were killed or “disappeared” by state security forces from 1961 to 1988. More than 350 people are known to have been killed.

And in Chile late last month, a court said it would put on trial a Catholic priest for his suspected involvement in the assassinations of 28 opposition figures in October 1973, at the beginning of Gen. Augusto Pinochet’s rule.

In Argentina, however, there was a much tighter relationship between the clergy and the military than existed in Chile or Brazil. “Patriotism came to be associated with Catholicism,” said Kenneth P. Serbin, a history professor at the University of San Diego who has written about the Roman Catholic Church in South America. “So it was almost natural for the Argentine clergy to come to the defense of the authoritarian regime.”

Those days may be over. After he finished his testimony on Monday, Father Capitanio was surrounded by a sea of elderly women from the Mothers of May Plaza, a group that has pushed successive Argentine governments for answers since the dirty war began in 1976. They wore white scarves in their hair bearing the names of family members who disappeared. Dabbing away tears, they clung to the priest, kissing him on the cheek and whispering their thanks.

Father Capitanio said that he felt that a weight had been lifted — and that he was not alone. “Many men and women of the church, bishops as well, have come to agree with my way of looking at the reality of the church’s role,” he said. “We have much to be sorry for.”

Vinod Sreeharsha contributed reporting from La Plata, and Andrew Downie from Rio de Janeiro.





 
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